20 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 13: Climbing in the rain

A las 5 ya era día en Pokhara. DEsde primera hora hubo cientos de pajarillos cantando y el día prometía ser luminoso y agradable. Fuimos a desayunar a una cafetería cercana en la que tardamos horas en ser servidos, pero en contrapartida, fue uno de los mejores desayunos que yo recuerdo.

Bajamos al lago Phewa, el que caracteriza a la ciudad de Pokhara, junto con el hecho de ser la segunda ciudad en la que más llueve del mundo (probablemente ambas cosas están relacionadas).  Allí dimos un pequeño paseo y en seguida nos decidimos a subir a la World Peace Pagoda, uno de los principales hitos de Pokhara, que estaba en un monte, al otro lado del lago.

Phewa con la World Peace Pagoda al fondo

Pokharlos y su arrozal. Foto buscada todo el viaje

Así que miramos en la guía y observamos que había dos formas de llegar, cruzando en barca y subiendo por un camino directo, o dando un rodeo impresionante y con una caminata de 2 horas largas. En vista de lo negro que se estaba poniendo el día, haciendo honor a la tradición de la ciudad, habría sido lógico usar el camino corto, pero nos decidimos por el largo (braaaavo). El camino largo implicaba atravesar todo POkhara, rodear el lago entero, y subir por la parte trasera del monte. En la travesía por POkhara paramos a mirar algunas tiendas de baratijas, observando que aunque los productos seguían siendo baratijas, aquí eran caros! Así que no nos paramos demasiado tiempo y seguimos, siempre acompañados por «papá cuéntame otra veeeeezz», que se convirtió en la sintonía oficial del viaje. Menos mal que Pokharlos, Xhabitse y Tse-dhano se iban hoy… y con suerte Iñigorkha no me la iba a cantar a mí los demás días, porque podría haber resultado mortificante…

Qué jóvenes e inexpertos... pensábamos que caerían 4 gotas...

Pronto empezamos a bordear la ciudad y a pasarnos a la Pokhara Rural

En el momento en que llegamos al punto de no retorno, ya que estábamos a tomar por el saco, empezó a llover como si no hubiera llovido nunca. En ese momento fue también cuando llegamos al final del camino que estábamos siguiendo, y empezamos a ir monte a través siguiendo las indicaciones de los lugareños, y no siguiendo en absoluto el sentido común. (total, quién quiere sentido común cuando vas al monte…)

La oscuridad se cierne sobre nosotros

 

Así empezamos la subida, sin rumbo, sin un camino que seguir, sin nadie por alrededor, y bajo una intensa lluvia. Cuando pasaba cierto tiempo alguien comentaba «ya tiene que estar cerca, yo creo que es ahí arriba.» Por supuesto siempre se equivocaba porque las afirmaciones no tenían ningún tipo de fundamento lógico. Simplemente andábamos instintivamente hacia adelante. Cuando pasaron 2 horas ya las dudas eran tremendas, porque habíamos subido y bajado ya 3 cimas y no llegábamos a nada, no estábamos orientados, y seguía lloviendo. Sin embargo seguimos una dirección (de forma completamente aleatoria), que nos llevó a un camino, que habíamos perdido hace mucho, y por pura casualidad estuvimos en la cima en menos de media hora. Allí estaba la World Peace Pagoda.

todo para esto...

la motivada de la cumbre

a cubiertooooorrrlll

 

Cobertura tropical

Tras un rato de especulación por la cumbre, empezamos el descenso, pero esta vez por el camino corto. El camino corto suena muy bien, pero era corto por algo: estaba cortado a pico sobre un maldito acantilado selvático. Era terriblemente empinado y resbaladizo por lo que el descenso fue durillo, con múltiples resbalones, caídas y torceduras. En media hora estuvimos abajo, junto al lago, preparados para coger una barquita  y cruzar al otro lado. Con la mojada que llevábamos y la brisilla del lago iban a ser 20 minutos bastante frescos.

Phewa bajo la lluvia

Así, conseguimos un guía, una barca, nos compramos dos paquetes de patatas y unas cocacolas para reponer y nos pusimos a cruzar en barquita.

De vuelta en la barquita

Algo no funcionó bien. Algo no encajaba. De pronto miré adelante, y Pokharlos estaba remando. Miré atrás y Xhabitse estaba remando. Miré más atrás, y el tipo al que habíamos contratado estaba repanchingado comiéndose nuestras patatas. Vaya crack. Le pagamos, hacemos su trabajo y encima le damos nuestra comida. Fue una transición tan orgánica que nadie se dio cuenta hasta que nos bajamos de la barca… Eso sí, las patatas eran estilo Tandori, con lo cuál tuvieron en mí un efecto estilo Alex en la Naranja mecánica, casi me echo al suelo y empiezo a farfullar hecho un ovillo. En algún otro generaron un efecto ansia bastante gracioso.

Pokharlos Remando mientras el remero se comía nuestras patatas

Por fin de vuelta

Por fin llegamos al embarcadero en el que había bastante gente riéndose, probablemente en complicidad con nuestro guía y remero, y probablemente lo que decían era «jodidos pringaos». DE todas formas se agradecía pisar Pokhara de nuevo. Lo que no hizo tanta gracia fue darse cuenta de que en el mismo instante en el que pisamos suelo, de pronto dejó de llover. 5 minutos después saldría un sol que ni en Benidorm. La lluvia duró exactamente el tiempo que tenía que durar para jodernos.

Jodida lluvia

5 minutos después ya estábamos secándonos al sol

Así nos fuimos al Butterfly Lodge, nuestro refugio, y nos dimos la ducha más gloriosa de todos los tiempos, y nos pusimos la ropa seca más gloriosa de todos los tiempos. Fuimos a comer, que el monte había abierto apetito, y no nos privamos de nada.

Una merecida comida

Sobremesa en Pokhara

El lago y los Annapurnas al fondo

Después de comer habría estado bien una siesta, pero no cayó la breva. Decidimos subir a Sarangkot, un monte de 2000 metros que está al lado de Pokhara, y desde el que hay vistas impresionantes de todos los Annapurnas, a parte de poder hacerse paragliding, que nadie quiso hacer… pero habría sido espectacular hacerlo, con la tarde que se quedó.

A este monte no íbamos a ser tan pringados de ir andando, así que cogimos el primer taxi que encontramos y le dijimos que nos llevara para allá. Si de por sí era un infierno ir los 5 en un taxi, en este fue especialmente infernal, ya que el camino era extralargo, y algo estuvo mal planificado, porque los que iban atrás iban 3 sentados y uno tumbado encima a lo largo de los otros 3, como una morcilla. Para subir a Sarangkot había un puerto de montaña bastante empinado. Las dudas sobre que aquel Suzuki maruti cargado con 6 personas pudiera subir ese puerto se despejaron en seguida: NO podía. El coche petó, y nos dejó tirados en una curva. Tuvimos que darle nuestra agua de beber para poder refrigerarlo de nuevo y que nos hiciera el camino final. El taxista era un crack y nos había llevado haciendo rally todo el camino.

El recorrido mereció la pena. Las vistas eran espectaculares.

Los Annapurnas

El machapuchare(cola de pez), con 6993m domina las vistas de Pokhara

"Yo quiero una foto como la de carlos!!!"

+ Annapurnas

El Valle entre el Sharangkot y los Annapurnas

Viejuno contemplativo

NO tan viejunos, pero tb contemplativos

Hipnotizados por los Annapurnas

Estuvimos allí más de una hora. Después iniciamos el descenso, pero al de 200 metros, pasando por un gran socavón, el taxi volvió a romper. Esta vez no hubo manera de arrancarlo. Estábamos lejísimos, y sin opciones de bajar. El tipo nos pidió que lo empujáramos un poco para sacarlo del socavón, y cuando estaba fuera nos pidió que montáramos. Todo parecía indicar que iba a usar la pendiente para arrancarlo, pero para qué molestarse! bajamos todo el Sarangkot sin motor!!! El tipo puso punto muerto, y ala,. dejarse caer. No habría sido tan espectacular de no ser porque el tipo casi no frenaba, iba  haciendo rally, y nosotros íbamos ultra apretados,con un nuevo hombre morcilla en la parte de atrás, que iba con la cabeza por fuera de la ventanilla. En sentido contrario pasaban autobuses, camiones… Fue bastante espectacular, y lo mejor fue que con la inercia casi llegamos hasta el hotel. Pero antes de eso el taxista paró en una gasolinera a ver si podía hacer algo. Como no pudo, paró otro taxi  y nos lo pagó para hacer el resto del recorrido. Increíble bajada en goitibera del Sarangkot! Eso es ahorro energético!

DEspués de aquello dimos una nueva vuelta por Pokhara, para acabar en una terraza donde pedimos la cena y vimos el atardecer. No tardaríamos mucho en irnos a la cama. Al día siguiente era la separación (era nuestra última cena). POkharlos, Xhabitse y Tse-dhano volvían a Bilbao, mientras que Iñigorkha y Bayupur se quedaban para hacer el trekking de los Annapurnas.

Durísimo.

18 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 12: Durmiendo con los elefantes

No llegó a amanecer. Habíamos quedado con Dil Pahari a las 5 de la mañana! El día 12 era completo, ya que íbamos a ir a Chitwan y después a Pokhara, que están cada uno hacia un lado. Lo normal cuando se va a chitwan es hacer noche allí, pero nosotros, titanes, decidimos hacerlo todo en un día. Así que allí vino Dil con un driver que era más señor lobo que el propio dil, para llevarnos en furgoneta. El viaje a Chitwan se hace normalmente en autobús, pero Dil nos comió el tarro diciéndonos que las carreteras estaban muy peligrosas para hacer el viaje de noche y en autobús público. Además, eran 200 km y el viaje duraba 5 horas, así que podíamos hacernos una idea de lo duro que iba a ser. El nuevo driver probablemente dijo 6 palabras en las 5 horas. Era un tipo silencioso. Pero el viaje se llevó bien entre adivinanzas y el juego de las pelis. Finalmente sobre las 10 llegamos a Chitwan. Aún no lo he dicho, pero es el parque natural más chachi de Nepal, donde se ven elefantes, tigres, cocodrilos, monitos… De hecho según íbamos llegando ya veíamos diversos elefantes.

Junto al hotel

La terracita del hotel

Nada más llegar nos dieron una habitación en un complejo y nos dieron de desayunar. Desayunos ligeros a base de té y arroz para nuestros delicados estómagos.

Un buen desayuno en el resort paradisíaco

buen desayuno??

Tse-dhano sin altitud estaba mucho más saludable

Y mucho antimosquitos pestilente y crema de factor 90. De allí fuimos a nuestra primera actividad, bajo un calor fatigante y una humedad asfixiante. Paseo en canoas.

El embarcadero de los cocodrilos

Yo me lo había imaginado como un descenso por un río embravecido e iba un poco preocupado por llevar la cámara, pero al llegar allí descubrimos que era un paseíllo en una canoa de madera por una especie de manglar muy tranquilo en el que había cocodrilos. Era un poco preocupante ver a los cocodrilos por allí teniendo en cuenta la seguridad que ofrecía la barca. Íbamos tiesos como los juncos que había en la orilla, no fuera a volcar aquello.

Rodeados de pirañas

Parecíamos tranquilos pero se mascaba la tensión cocodrílica

El guía, estiloso, elegante, e irrelevante

El guía tampoco inspiraba demasiada confianza, pero era un tipo gracioso, cimbreante y siempre con unos prismáticos que nosotros nunca llegamos a catar.

las barcas no daban mucha seguridad

Después de aquello estábamos tan petaos (sin hacer nada, pero por el calor), que fuimos al hotel de nuevo y descansamos hasta la hora de comer en un baño de sudor.

de vuelta al hotel

Después de comer nos llevaron al hito estrella, el paseo en elefante.

En el jeep descapotable, de camino al elefante

Taxi elefante esperando

Normalmente se complementaba con un baño a los elefantes, pero al parecer el río estaba muy crecido como para bañarlos así que nos tuvimos que conformar con el paseo, que aunque suene a algo breve, duró dos horas y acabó con todos nosotros queriendo salir de las diminutas carcasas donde íbamos, ya que era agotador mantenerse allí. Una vez te montaban en elefante era curioso notar cómo respiraba, cómo se movía y cómo reaccionaba aquella mole.

Xhabitse e Iñigorkha, encajonados con los franceses que eran pareja pero no eran pareja

Menos mal que nos tocó el elefante de 3

Una moto se interpone en el camino del elefante. No dudó en comérsela

Entonces guiaban al elefante por una serie de recovecos en la jungla y allí podían verse monos, rinocerontes, ciervos, y pájaros diversos. En teoría había tigres también, pero no hubo suerte. Había bastantes momentos en los que parecía que el elefante caería (al bajar a una charca, o al entrar en un lodazal profundo), pero siempre aguantaba.

Un martín pescador posado en el lomo del rino

Rinos entrando en el agua tóxica

En cada elefante íbamos 3 o 4. Por lo que comentó Xhabitse, el conductor de su elefante era muy hablador y les contó que bajó hasta la india a por el elefante y luego se subió en elefante a Nepal, ya que había algún tipo de vínculo entre ele lefante y su piloto, que lo era hasta su muerte. Por lo visto también cayeron unas cuantas fichas a una francesa que iba en la carcasa con ellos.

En general los elefantes fueron un poco bluff, y después de aquello partimos hacia Pokhara, la ciudad antiguamente hippy, ahora hiperturistizada de Nepal. Personalmente la ciudad que más me gustó. Llegamos de noche y no pudimos ver gran cosa; es difícil imaginarse andar por una ciudad sin ningún tipo de iluminación nocturna hasta que estás en una Parece que hay un apagón continuo. Es bastante siniestro y curioso pensar que hasta hace 120 años todo el mundo vivía así… El driver nos llevó diligentemente hasta el Butterfly Lodge, nuestro Asmita bed and breakfast de Pokhara, un sitio realmente recomendable, sobre todo por lo amable de los tipos de la recepción.

Cenamos en una terraza, un plato de pasta brutal y nos fuimos a dormir.

15 Nov

Nepal y Tibet. Capítulo 11: Nepali History X


El día 11 amaneció jodido. Yo estaba en medio de la fiebre que algo por dentro me estaba provocando, y que me había impedido dormir. Iñigorkha tampoco había dormido nada por una colección de mosquitos que había en la habitación. De los demás poco supe, ya que estaba tremendamente jodido. Para rematar, el agua de la ducha era unas risas. O estaba congelada, o salía a 200º. No había término medio ya que sólo había un canal y pasaba por el termo, por lo que 0 ó 1.

Además, frente a la mayoría de los días, que llovía por la tarde, el día 11 amaneció con mr monsoon. ASí que estuvimos un buen rato en la terraza del cutrehotel y en cuanto pudimos fuimos a nuestra nueva ubicación para la siguiente noche, Asmita, nuestra supercasa.

Allí caí moribundo, cogí un libro de Asmita, y dediqué toda la mañana a leer, mientras todos los demás iban a visitar Bakhtapur.

 

 

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La ultra protección solar de Tse-dano

Tras la visita volvieron a comer, a lo que de forma inadecuada me uní. Al menos tuve la suerte de ver a las chicas de valencia, que me hicieron unas recomendaciones para mi estado, que vinieron muy bien.

Por la tarde todos se fueron de compras por Tamel, y volvieron cargados de singing bowls, trapitos baratos, pendientes de 5 pelas, etc. Allí seguí postrado, había que recuperarse para el día 12, que tocaba viaje a Pokhara, con parada en Chitwan.

Por la noche, Pokharlos, Xhabitse, Iñigorkha y Tse-dano se fueron a cenar con las chicas de Valencia, a ver si caía algo. Los ecos de aquella cena aún perduran, en forma de «papa cuéntame otra veeeeezz»

13 Nov

Nepal y Tibet. Capítulo 10: El efecto tandori

Nyalam es un pueblo feo. Y nuestro hostal era muy cutre. Fue casi agradable largarse de allí. Volvíamos a Nepal tras nuestro periplo por Tibet. El día 10 vino a ser un entreacto en el viaje, que no supuso mucho más que viajar y comer (con mala suerte para algunos). La frontera de china con Nepal estaba, según nos dijo Tenzin a 30 km… pero tardamos más de 2 horas en llegar. La verdad es que el camino no lo ponía nada fácil, pero la sensación fue de haber hecho bastantes más kilómetros. EL camino a la frontera era un descenso vertiginoso hacia la selva. No quiero ni pensar lo que podría suponer para alguien hacer el camino a la inversa, como nos contaron aquellos catalanes, en Lhasa, hacía ya tanto tiempo. Qué locura. Menudo desnivel.

Camino de descenso

Selva

Entre medio del camino estaba Zhangmu, lugar en el que la mayoría de turistas duermen, y que es bastante más chachi que Nyalam. Zhangmu era un pueblo curioso: Al ser tan empinada la ladera en la que estaba construido, eran casas y casas y casas siempre junto a la carretera. Pudieron ser 4 ó 5 kilómetros de casas a ambos lados. Como la carretera iba serpenteando, las casas de la derecha se apilaban sobre las de la izquierda del tramo siguiente. Era una especie de ciudad colgante. Allí tuvimos un gran atasco ya que había como 200 jeeps, y una carretera ínfima. Nepali style.

De fondo se puede ver el arremolinado Zhangmu

Tras mucho camino, y seguir durante un buen rato a unos ciclistas que iban haciendo el mismo camino, pero en bici, llegamos a la aduana, donde nos encontramos con las chicas de Valencia. Ya estábamos tardando! Nos pusimos al día y nos despedimos de Tenzin y del crack del driver. LEs dimos una propina a ambos. Del driver no esperábamos nada, pero de TEnzin era lógico esperar que nos dijera que no a tanto dinero, después de todas las lecciones sobre budismo honrado que nos había dado. Pero el tío lo cogió sin dudar, ni se inmutó, casi como si lo estuviera esperando…

El puente sobre la frontera. A la derecha, china. A la izquierda, Nepal

Tras pasar los controles chinos, que no estuvieron exentos de humor, cuando los soldados metían sus manos hasta el fondo de las mochilas, para encontrarse con vaya usted a saber qué porquerías, ropa usada etc, nos dirigimos al control de fronteras nepalí. Mucho más bochornoso. El caos nepalí contrastaba con la ordenada frontera china unos metros más arriba.

Edificios de la frontera nepalí

En Nepal había que rellenar unos papeles, nadie proporcionaba bolis, y no existían colas, solo montones de gente apilada. DEspués de bastante tiempo conseguimos salir, y encontrarnos con nuestro nuevo guía y driver, cortesía de Dil Pahari. Si nos dijo su nombre, ha caído en el olvido. El calor y la humedad eran insufribles. Pues allí nos metieron en un patrol, todos apiñados. Parecía que estaba chupao.. pero quedaban 4 horas hasta katmandú!!! Fueron 4 horas durísimas, chupando polvo y humo de autobuses y camiones, esquivando ríos y desprendimientos, y oyendo la música del nuevo driver (un tipo gigante).

POr el camino paramos a comer en lo que sería el peor restaurante de carretera aquí… pero en Nepal. Uno se puede hacer una idea de cómo estaba esa comida. Aún así nos pusimos las botas (y así me fue). Comimos con las chicas de Valencia, que siempre iban cerca nuestro. Tras hacernos unas fotos en un puente colgante de los que hay por Nepal, seguimos el infernal camino hacia Katmandú.

Desde puentes como estos la peña hacía puenting..

Llegar a Katmandú fue un horror. Con la sudada espectacular, las ventanas abiertas, el tráfico y la ausencia de asfalto, nuestro coche era una nube de polvo y humo, y nosotros unos golems de polvo.-.. y humo.

Antes de ir al centro, nos llevaron a un centro del gobierno en el que Iñigorkha y yo tramitamos los permisos para el trekking por los Annapurnas. Pensando la pasta que pagamos por el trekking, y toda la gente que lo hace, nos da una idea de la pasta que se sacan por turismo esta gente. SI ya están jodidos de por sí, dónde estarían si no tuvieran turismo…

De allí nos llevaron al centro de Tamel, donde fuimos al hostal que habíamos reservado antes de ir al Tibet, ya que Asmita no tenía sitio. El tipo había sido muy majo el día que fuimos pero al volver se nos puso tonto. No nos quiso dar las habitaciones que habíamos pactado y terminamos durmiendo en dos habitaciones hiper rancias, con Iñigorkha y Xhabitse durmiendo en colchones de.. 40?? aquello no llegaba al medio metro de ancho. Aquello no llegaba a «colchón». Tuvimos una pequeña discusión con el impresentable del pavo pero finalmente no tuvimos otra que quedarnos allí. Aprovechamos al menos la terraza que tenía el hostal, y estuvimos tomando unos chispazos que reanimaron a algunos.

Hicimos la enésima visita a Dil Pahari para gestionar nuestros futuros viajes, y decidimos ir a cenar. El sitio elegido: Doodle Bar.

Doodle bar y sus mil pisadas

Doodle bar es un restaurante de Tamel, al parecer muy visitado (aunque cuando fuimos nosotros no había ni quisqui), que tiene pies por todas las paredes con inscripciones. Muchos de los pies han sido dibujados por gente famosilla del alpinismo que se pasaba por aquí y dejaba su pisada antes de subir algún 8000.

El inicio de nuestro pie

Nosotros no podíamos ser menos y pedimos un pie, y 5 pizzas tandori. Mientras íbamos rellenando el pie la pizza tandori iba entrando y esparciendo su tumor. Aún recuerdo el sabor, la sensación de lleno, y todavía me provoca rechazo. La pizza tandori fue el golpe de gracia para mi tripa. El pie sin embargo quedó muy bien.

Todo tibet contado en un pie. Lo pusieron en una esquina en la que nadie lo verá jamás. Atención a los retratos en los dedos.

Después de tomar algo, nos fuimos al hostal, ya que había sido duro.

La noche del día 10 fue la más dura de la primera parte del viaje. La comida del restop y la pizza tandori acabaron conmigo. La fiebre llegó. Y la noche fue un calvario.