29 Sep

Noruega, Capítulo 4: a chhhooorrrro

Por fin habíamos podido dormir en condiciones. Amaneció en Bergen, la turist-o-ciudad de Noruega. Tras un escueto desayuno a base de sobras nos dirigimos a mover el coche de sitio ya que lo habíamos aparcado muy cerca pero la OTA se acababa a las 10. Preguntamos a la chica de recepción si conocía algún sitio para aparcar gratis, y se rió de nosotros, diciendo que eso no existía en Noruega.

Cuando llegamos al coche con idea de no hacerle caso y encontrar algún sitio aunque fuera lejos del centro, nos encontramos con una bonita multa en nuestro parabrisas. No entendíamos nada más que las 500NOK que costaba. SAbiendo cómo las gastan los noruegos decidimos ser un poco escandinavos e ir a pagar la multa. Buscamos la oficina de tráfico y, aparcando mal, Karlstad y Xåbi fueron a reclamar la multa. La OTA estaba pagada y el sitio era zona normal para aparcar. Por qué demonios nos habían puesto esa multa? Al parecer aquí hay algo más que la OTA. La multa nos la habían puesto porque habíamos aparcado en batería (como todos los demás de esa zona) pero a menos de 5 metros de la esquina. En efecto el coche estaba pegado a la esquina pero se podía pasar sin problema y esa norma parecía inventada a medida para sangrar a extranjeros on demand. Para evitar rollos posteriores con Avis, decidimos pagar los 65€ de multa y buscar un parking para no tener nuevos problemas.

Fuentecita junto a la jefatura de tráfico

Ya con el coche aparcado a buen recaudo empezamos a visitar Bergen de verdad. A estas alturas ya no esperaba en absoluto encontrarme con seguidores de Burzum, Immortal o Gorgoroth, y así fue. La visita empezó por la zona comercial de Bergen, muy al estilo escandinavo, calles adoquinadas, edificios señoriales, y plazas grandes con monumentos imitables.

Scandinavian Style

Monumentos imitables

Después de las fotos absurder de rigor, fuimos a la zona del puerto, cerca del hostal en el que habíamos dormido. Aquí había un mercadillo al aire libre que vendía productos noruegos como cardigans con motivos polares, calcetines de ultra invierno, botas forradas de pelo, trolls en todas sus variantes, postales horribles (en Noruega, con los pedazo paisajes que tienen, no hay un sitio en el que vendan postales bonitas, siempre son horribles), y alfombras de reno. Éstas produjeron grandes chanzas y mofas de Bayusson, por su reciente mudanza a un piso en el que la habitación tenía chimenea, con las supuestas implicaciones romantico-eróticas que debe de tener; supuestamente a la habitación sólo le faltaba una alfombra de piel de vaca o de tigre o de algún animal, para ponerse junto a la chimenea. Aquí no paró el «bayusson compra estooooo, necesitas esta alfombraaa, piensa en las posibilidadeessss». Por supuesto la alfombra no cayó, y la chimenea puede que no se encienda nunca.

Sí, chicos, ahora me lo compro

Cuando ya tuvimos baratijas suficientes nos dirigimos al mítico mercado de pescado de Bergen. Este mercado al aire libre en el que se vende pescado fresco de todo género, y se cocina allí mismo, debe de ser uno de los más grandes de Europa. En todos los puestos ofrecían probar los pescados en frío y después te cocinaban algo por un «módico» precio. No había ni un solo trabajador de este mercado que no fuera español o italiano. Así que nos veían acercarnos y debíamos de tener pinta, porque directamente empezaban a hablarnos en castellano y a ofrecernos los más variados salmones: de piscifactoría, marinado, salvaje, ahumado… Todos estaban exquisitos. Así fuimos pasando de unos puestos a otros probando diferentes cosas, y evitando otras, como las anguilas o el caviar. Al fin y al cabo… It’s free!

Todo tenía una pinta excelsa, pero debíamos ceñirnos a nuestro awful chortizo

Noruega?? no! italiana (just chuck testa)

Era un poco pronto para comer, así que prometimos a varios de los vendedores que iríamos a su puesto a la hora de comer (cosa que fue mentira en casi todos los casos), y nos dirigimos a la calle mítica de Bergen, el famoso Bryggen. Éste es el distrito antiguo de la ciudad, junto al puerto, y que consiste en un montón de casas de madera picudas pintadas de colores vistosos. Por la parte exterior parecen eso. Pero una vez dentro del barrio, descubrimos un barrio medieval perfectamente conservado, con casas en las que se podía entrar, y comercios de artesanos totalmente integrados en las casas. Casi se podían ver a los pescadores vikingos descargando pescado aquí y subiéndolo por las diversas poleas que había en los pisos superiores. El barrio era espectacular.

Fachadas de Bryggen con diversas tiendas de productos de navidad

Las míticas casas de madera. Hasta donde llega mi conocimiento escandinavo, Jule es navidad, así que ésa es la "casa navidad". Había unas cuantas, supongo que será su época favorita (y más larga) del año.

Xåbi en el catálogo de otoño de...

LAs callejuelas de Bryggen

Casas de artesanos

Ye olde shoppe

Casitas decorativas

Tras recorrer Bryggen nos dirigimos a la zona del puerto donde estaba la fortaleza de Bergenhus, un imponente castillo con murallas e iglesia que estaba casi en el extremo de tierra de Bergen, vigilando el mar. Allí se concentraban varios cruceros y barcos grandes; Bergen es el el puerto de cruceros más grande del norte de Europa, y se podía ver por qué.

REsidencia de algún vikingo

kiss kiss chof chof

Después de unas vueltas por la fortaleza negra volvimos por Bryggen hasta el mercado de pescado, donde ahora sí, nos merecíamos un pescadito a la brasa. Al llegar descubrimos que las promesas que nos habían hecho los vendedores eran un humo más negro y denso que el que salía de las parrillas. Así que finalmente nos lanzamos a probar el salmón y la ballena a la brasa, que estaban deliciosos, pero a precios noruegos.

Comida calienteeeee

Después de comer nos dirigimos al funicular de Bergen, que lleva a una área elevada muy similar a Artxanda, aunque está más alta y el funicular es más impresionante; da una vista general de la ciudad y tiene un parquecillo con diversas actividades y un paseo que serpentea hasta la ciudad.

El Artxanda de Bergen

La metralleta de Karlstad

Está el enemigo?... que se ponga!

TRolls everywhere

quien es el troll?¿

Spider-Xåbi. El cómo se hizo es más gracioso que la foto en sí, ya que no trepó, si no que se acercó corriendo y saltó hacia la red, y así fue como quedó

Tras echar unas fotos y dar un paso por el parque, en el que había unas estatuas de trolls bastante graciosas, volvimos a bajar a BErgen. En el centro de nuevo, nos dio la sensación de que la ciudad no tenía mucho más que ofrecer (al menos sin pagar por entrar en sitios, ya que las entradas eran prohibitivas), así que nos acercamos a una iglesia bastante elegante que se veía desde toda la ciudad.

Desde la iglesia también se veía Bergen

Sin darnos cuenta eran las 6, y decidimos salir hacia Gudvangen, el sitio en el que dormiríamos hoy, y que aunque no estaba muy lejos, no llegaba a 200 km, sabíamos que íbamos a tardar un buen rato porque las velocidades máximas en Noruega no suelen pasar de 70km/h.

Fiordos y embarcaderos

no puede faltar la foto-barco

Por el camino a Gudvangen pudimos empezar a ver y disfrutar el espectacular paisaje de fiordos noruegos. Agua negra tranquila en el centro, montañas escarpadas y altas justo al lado. Todo salpicado de casas rojas, barquitos y los embarcaderos tan perseguidos por Karlstad para conseguir la ultrafoto de embarcadero.

Algo que parece un embarcadero! corre, vamos a por la wordpressphoto!

pero Xåbi estaba pensando en otra cosa...

También empezamos a ver cascadas para el deleite de Karlstad, que empezó a usar una expresión que luego se nos pegaría: «diossss mira como cae!!! a chhhhorrrrooooooooooo!!!!». El «A chhhhorrrooo» sería una frase estándar del viaje.

dioosssss

au au

A CHHHHORRRROOOOO

Cuando por fin llegamos al camping de Gudvangen estábamos en éxtasis. Era un valle estrechísimo, que en algún momento habría estado cubierto por una pequeña lengua de agua del fiordo que estaba unos km más adelante, y ahora era una campa.

A los lados, montes de más de 1000 metros que emergían de la campa de forma abrupta y sorprendente. Finos hilillos plateados caían desde las cimas formando cascadas altísimas y estrechas y la carretera se perdía al fondo del valle, donde empezaba el fiordo. Allí, en medio de aquel paraíso estaba el camping, unos bungalows de madera totalmente equipados que no podía ser cierto que fueran para nosotros, teniendo en cuenta que habíamos pagado poco más de 25 euros cada uno, un precio bajísimo para ser Noruega.

en serio es nuestra cabaña?

Like...

..a...

...boss!

En efecto, nos dieron la primera de las cabañas, totalmente equipada, hasta con televisión por cable, y extremadamente acogedora y con un porche para desayunar como un jefe. Con una cabaña así, casi hasta nos parecía bien que hiciera un tiempo poco apacible (niebla y un poco de sirimiri), ya que estar dentro entre las paredes calentitas de madera apetecía más que estar en la calle.

Tras muchas fotos de pose nos pusimos a hacer la cena, por fin una cena decente: espaguetis con tomate (y sin sal), para después quedarnos viendo Jerry Maguire, que la echaban en la tele, e irnos a dormir como unos jefes.

21 Sep

Noruega, Capítulo 3: on the road again!

Amaneció en el tren. Muy pronto, la luz vikinga se filtraba por las cortinillas del compartimento.  A las 7 llegábamos a Stavanger, la ciudad de Liv Kristine, y una de las principales de Noruega. La noche en el tren, con sus traqueteos, vaivenes de frenadas y acelerones, metidos en ese catre de 70 cm no podía haber sido más placentera, al menos para Bayusson.

llegando a Stavanger

Iñigorg en el compartimento

Todavía un poco albardados por no haber dormido demasiado, buscamos un punto de información en el que nos indicaran cómo llegar a la oficina de Avis, donde teníamos que coger nuestro coche para el resto del viaje.

HAcía sueño

Dimos una vuelta a la plaza principal del pueblo, hasta llegar a la zona antigua donde estaba la oficina de turismo… cerrada. No había wifi. No teníamos forma de saber dónde estaba la oficina. Sin embargo apareció un barrendero equipado con un super smartphone, que amablemente nos miró en internet dónde estaba la oficina, ya que a él no le sonaba la calle tampoco. Resultó que la condenada oficina de avis estaba como a 20 km al sur, y habíamos pasado en tren por allí hacía 20 minutos. Así que fuimos de nuevo a la estación de tren y autobuses donde nos informaron de cómo llegar en bus local. En media hora, el bus nos soltó en medio de un polígono industrial en medio de nada.

No tardamos en encontrar la oficina, por aquí los noruegos eran muy simpáticos y colaboradores. Teníamos cierta preocupación porque no habían cobrado el coche a Karlstad, y costaba más de lo que su tarjeta podía pagar, por lo que no sabíamos si nos iban a dar el coche o íbamos a tener que volver andando a Stavanger y pasar allí los 15 días. Finalmente, cuando la chica de la oficina de avis consiguió abrir la caja fuerte de llaves (que le llevó un buen rato), nos dieron el VW Golf que sería casi nuestro hogar en los próximos días, aparentemente sin problemas de dinero.

Volvimos a Stavanger, esa ciudad que se nos quedó sin ver, para inmediatamente subirnos a un ferry que nos llevaría a la carretera de Preikestolen. En Noruega los ferrys son como prolongaciones de la carretera. Cuando te encuentras un fiordo, si es estrecho puede que hagan un puente. Si no es muy ancho, puede que hagan un túnel de 7 km, en los que 3.5 km son bajada empinada y 3.5 subida empinadísima. El resto de veces, hay un ferry esperando. Para ser Noruega, los ferrys no son demasiado caros, pagábamos unos 20 euros de media por cruzar los 4 con coche, y en una buena parte de ellos había todo tipo de comodidades, como wifi, y otras más irrelevantes.

Los ferrys siempre eran un buen momento para deglutir

Ya en el otro lado del fiordo arrancamos hacia Preikestolen (sufriendo el disco del verano de Karlstad, aunque este año no estaba tan mal, he de decir, a pesar de mis incesantes quejas).

Preikestolen es un gran púlpito de piedra cortada a pico en un acantilado que cae 640 metros hasta el Lysefjord, el fiordo de la luz. Había un complejo turístico alrededor y muchos muchos turistas. La subida al púlpito era casi tan espectacular como el púlpito mismo, sólo enturbiada por la cantidad de gente que había, que parecía que habían abierto el grifo de turistas. Arrancaba en la base del fiordo, y había un ascenso de 2 horas, con algunos tramos un poco más rocosos y complicados (estilo parte final del Anboto). Empezamos la subida con el día fresco y un poco nublado pero 15 minutos después ya hacía un sol de justicia, y algunos tuvimos que buscar formas de evitar quemarnos (no siempre con éxito)

Parada tras el primer repecho, todavía nos quedaba un montón

KArlstad es un tipo interesante

Dejamos a nuestro lado uno de los fiordos, con excelentes vistas. Después pasamos por una zona pantanosa, que era muy verde, parecía un campo de fútbol, pero si pisabas te dabas cuenta de que era todo fango y charcas. Era el Moscagua noruego. Y después teníamos que subir al monte del destino, para llegar al púlpito donde lanzaríamos el anill… podríamos decir que en la subida al Preikestolen la imaginación volaba. A mitad de camino descubrimos que no teníamos agua. Éramos unos felices que habíamos salido con las botellas a medias, pero cuando llegamos a la recta final ya no quedaba nada. Sol abundante y poca agua.

 

En la recta final había buenas vistas

El tremendo púlpito Preikestolen

Así llegamos a la cima, y tras unos pasos estrechos con un abismo a nuestro lado, no aptos para gente poco ágil estuvimos en la plataforma de Preikestolen, que parecía el primer día de rebajas. Había gente para llenar fiestas de Elantxobe. Las vistas eran impactantes.

Lysefjord

El lado norte de Lysefjord

Después de unas cuantas fotos míticas, nos preparamos unos sandwiches de chorizo infame, y sin agua para pasarlo, emprendimos la bajada.

Asomarse daba un poco de cosa así que nadie se asomaba de pie

Bajar de Preikestolen era muy divertido, había pendientes empinadas, rocas que había que ir saltando, y gente a la que había que esquivar. Bajamos en escasa hora y 20, frente a las 2 horas que habíamos tardado en subir.

Ya abajo fuimos a ponernos finos a agua, rellenar cantimploras y comprar unos helados. Sí, volvimos a ceder a las presiones de Xåbi.

Xåbi disfruta de su último helado

No tardamos en arrancar hacia Bergen, nuestro primer destino, en un viaje que nos ocupó toda la tarde.

Llegamos a Bergen prácticamente de noche, y aparcamos como pudimos en una esquina cercana al hostel. Pusimos la OTA y nos fuimos a cenar y dar un breve paseo por el centro de Bergen, que estaba junto al hostel.

Restaurante que había junto a nuestro hostel, de precios imposibles

El cansancio estaba haciendonos deambular sin dirección, así que acabamos en una terraza donde nos tomamos una sidra de pera exquisita, de a 10 euros la botella de tercio. La sidra noruega era famosilla por lo que habíamos visto, pero la que encontramos era como la inglesa, o sea zumo de manzana (de pera en este caso) con un poco de burbujeo y un poco de alcohol. Más un refresco que sidra de verdad, pero estaba bien.

Sidra de pera

Bergen parecía una ciudad elegante, de las grandes, con una zona claramente turística. Pero mañana sería el día, ya que hoy había sido un día duro, y pillar una cama después de todo iba a ser muy agradecido.

 

 

07 Sep

Noruega, Capítulo 2: estatuas inmóvileeees, qual piuma al ventooo

Hoy era el día de la liada. No teníamos muy buenas referencias de Oslo así que habíamos pensado largarnos el mismo día de llegar, es decir, ayer. Sin embargo la liamos al coger el tren nocturno a Stavanger y lo cogimos un día más tarde por error. De modo que teníamos todo el domingo para estar por una ciudad que aparentemente no tenía mucho que ofrecer.

Tras un desayuno derretido en una cafetería italiana que hacía las veces de restaurante del hostel, aunque era un poco cutreibol y tenía muy poco sitio para las dimensiones del hostel, arrancamos hacia el famoso parque de Vigeland, el parque de las estatuas de Oslo.

El ayunta, bastante feo, de camino al parque

 

 

Una caminata no demasiado larga nos llevó a la otra punta de Oslo, que es una ciudad pequeña. El parque de las estatuas es un parque lleno de estatuas creadas por un escultor a petición del ayuntamiento (ver arriba :P).

La fuente central, sujetada por titanes

una vista de todo el parque

También había lagos

 

 

Es bonito, y hace las veces de central park de la ciuedad. Las estatuas adoptan formas curiosas, que llevan a las obligatorias fotos de paripé.

Paripé

+paripé

 

 

Había un gran monolito central con figuras bizarras, y campas que se extendían a los lados con más estatuas y fuentes. Era un sitio agradable para pasar el día, especialmente hoy que hacía bueno.

 

el monolito

 

 

Los oslotarras, siendo domingo, se habían echado a los jardines con sus barbacoas portátiles y similares. Definitivamente el parque de Vingeland era algo que merecía la pena visitar y cambió nuestra percepción de Oslo; la cosa mejoraba con un parque como este. Hicimos una pequeña parada técnica con cacahuetes implicados

Exhaustos estábamos después de andar durante media hora

Cascahueses y siesta

 

 

Después seguimos nuestro paseo hasta que llegó la temida ….. hoooora del almueeerzoooo. El bocata de chorizo cutre nos esperaba en la mochila da Xåbi. Por qué tanto sufrimiento? es que no podíamos pagar 30 euros por una hamburguesa como cualquier noruego?

Después de comer, y para ayudar a digerir tal aberración, salimos hacia Bygdøy, una península en frente de la urbe de Oslo en la que había varios museos. Sobre el mapa parecía un viaje absurder, pero tampoco teníamos mucho que hacer así que fuimos andando. El paseo hasta Bygdøy, a parte de largo, fue revelador: era el Neguri de Oslo. Allí vivían los noruegos de la capital,  (ya que en el centro pocos noruegos había), con unas casas de al menos 3 pisos, buenos jardines y la siempre inexcusable cama elástica. Alguien pensó un día en vender camas elásticas a los noruegos y debió forrarse porque toda casa con jardín tenía una. Bygdøy era una zona arbolada, con carreteras estrechas, barrios residenciales de lujo, y el sitio que pretendíamos visitar: Norsk Folkemuseum, una especie de museo etnográfico noruego al aire libre en el que se podía ver la cultura noruega desde los vikingos hasta los años 50.

La puerta trasera del museo

 

Según entramos y vimos que había que pagar entrada hubo un pequeño bajón. Hacía un calor terrible, llevábamos casi una hora andando y había allí unos sofás excelsos. Así que se impuso una sentada que duró más de lo previsto, con sesión de fotos incluída.

tiradillos en el museo

DEspués de refrescarnos decidimos pagar la entrada y visitar el museo. Buena decisión.  El museo noruego replicaba, según entrabas, una aldea vikinga, con réplicas (o igual no eran réplicas) de las casas vikingas, con vigas y troncos gordos, habitaciones pequeñas (y camas pequeñas, los vikingos debían ser gente muy pequeña o dormir muy acurrucados), y elevadas sobre el suelo, suponemos que para evitar la nieve, o las alimañas, o ambas. Las casas eran espectaculares, y completamente navegables. Uno podía entrar, sentarse en los precarios bancos a base de tronco, y coger el cuerno que algún vikingo había usado para libar hidromiel.

Una cocina vikinga

LEs sobraba madera

Xåbi es un tipo duro

Pero Bayusson es más duro

Había casas cocina, con chicas vestidas tradicionalmente, que incluso te hacían comida tradicional allí mismo (que no probamos por su precio, Bayusson puño-cerrado).

Una de las chicas cocineras sale a la ventana. Las casas eran totalmente funcionales!

Tenían campos con cultivos, que no sabemos si usarían para autoabastecerse, y había zonas en las que unos tipos hacían una demostración de las danzas noruegas tradicionales.

trigo a cascoporro

Todas las casas eran elevadas

Karlstad hizo migas con los bailarines

y luego bailaron para nosotros

Las turfhouses aquí eran la norma

También pudimos ver la Stavkirke, las famosas iglesias medievales de madera tan notorias y en realidad tan poco presentes en el país. No pudimos ver muchas más que la del Norsk Folkemuseum, pero la verdad es que eran bastante impresionantes. Estaban construídas en madera íntegramente y tenían detalles muy vikingos como las gárgolas, en vez de gárgolas, dragones.

nuestra primera stavkirke

No había nada que no fuera madera

Por dentro, más madera

También encontramos una zona de en la que se podían coger unos zancos para hacer el mono, y por supuesto tuvimos que hacer el mono con ellos. Nadie consiguió dominarlos

Al final del recorrido se entraba en la Noruega del siglo XX, con un recorrido desde las casas típicas de principios de siglo hasta una gasolinera de los años 50.

Pajarillo en un teatro vikingo

El museo del pueblo noruego había merecido la pena y nuevamente mejoraba la perspectiva que teníamos sobre Oslo. Salimos hacia la bahía, ya que la idea era volver en ferry, así que bajamos por el lado opuesto de la colina que habíamos subido, siguiendo con las cajas de lujo y las camas elásticas.

Xåbi no perdía oportunidad para hacer el mono

Llegamos a una zona en la que había diversos museos marítimos, y de barcos vikingos a los que no entramos, aunque tenían buena pinta. En vez de eso, nos echamos a descansar junto al fiordo. Xåbi e Iñigorg en la hierba, y Karlstad y Bayusson metiendo los pies en el fiordo. El agua noruega no está tan fría como dicen, aunque yo no me bañaría. Allí echamos la tarde viendo barcos, y a unos niños coger karramarros entre las rocas (que sería la próxima monserga de Xåbi «quiero coger karramarrroooos que soy un expertoooo blablabla»)

ñam ñam, acabemos con ellas!

Cuando el paquete de galletas de chocolate eroski llegó al fondo arrancamos hacia el ferry. Tocó esperar, ya que la puntualidad no parece uno de los fuertes de los ferrys, pero pronto estuvimos junto al ayuntamiento de Oslo. Ya no nos quedaba mucho tiempo aquí, teníamos el tren a Stavanger en unas horas, por lo que volvimos a Anker Hostel a por nuestras mochilas, y seguimos hacia la estación

En la estación nos reencontramos con el chorizo, aunque esta vez uno de los tipos de limpieza pegó unos gritos a Xåbi por llenarlo todo de migas… MAldito Xåbi…

De lo que no nos acordábamos, o al menos yo, es que teníamos que coger un bus hasta una localidad intermedia para coger el tren, así que tuvimos que esperar hasta las 12 para poder meternos en las minicamas del tren. Dormir en el tren fue glorioso. Y mañana a Stavanger!

 

01 Sep

Noruega Capítulo 1: Viaje al centro del Blackmetal

Este año tocaba Japón. Pero algún tipo de maldición debe de pesar sobre nosotros , y Japón fue tachado de la lista. Así que elegimos Noruega, un sitio pacífico, desarrollado, en el que nunca pasa nada. ¿Nunca?… Nunca hasta que hemos decidido ir… :D

Como casi todos los viajes, éste empezó con una noche en Stansted, el sitio odiado.

No se hizo demasiado dura, e intentamos dormir junto a las cintas de equipajes (Iñigorg lo consiguió, con ronquidos incluidos).  Pronto fuimos a la facturación donde nos encontramos nuestro primer inconveniente: Ryanair. El resentimiento hacia Ryanair sólo es equiparable al que tenemos hacia el propio Stansted. Al parecer en nuestro billete, que imprimimos nosotros mismos porque si no te cobran más, no habíamos incluido maletas. Estoy seguro de que las incluimos, pero como para hacer la compra y el checkin online la página peta mil veces porque pasa el tiempo y hace timeout, porque llega la publicidad y porque llegan unos vídeos absurdos que todos hemos visto, así que cuando acabas el proceso no sabes si has incluido equipaje o si estás facturando una tabla de surf.  El caso es que tuvimos que apoquinar 40 pounds más por persona en concepto de maletas. Ryanair, esa aerolínea modélica.

Tras un vuelo corto hasta Oslo, y una horita de bus (míticos aeropuertos de Ryanair que están a 100 km del sitio al que dice que vuelas), por fin llegamos a la capital. Hacía más o menos bueno, bastante calor para lo que se puede esperar de un país escandinavo. Tras dar un par de vueltas por la estación encontramos el punto de información donde fuimos a pedir info sobre cómo llegar a nuestro hostel, qué ver en Oslo, y de paso, Karlostad preguntó la que sería la pregunta mítica de todos los puntos de información: «qué vemos en Lofoten». Los puntos de información noruegos son bastante de mofa. Tienen mil equipamientos, pero cero ganas de darte explicaciones. Normalmente responden a tu ataque con la defensa del brochure.

«Qué puedo ver en XX»

«toma, aquí tienes un brochure de XX, léetelo».

El tigre fumando un ramo de flores que había junto al Tourist Information

En Oslo tenían un método de defensa adicional: «qué conoces de Oslo??».  A ver, maldita rata, he venido a pedir información, crees que conozco algo?? Cuando conseguías sacarles de su letargo al final te daban alguna indicación, pero siempre pasaba por «he oído que hay un parque con estatuas» «ah, sí, es el parquenoseque, está aquí, podéis visitarlo. También podéis bañaros en el fiordo pero está frío a menos que seas noruego». Por supuesto no tenían información de Lofoten, les sonaba que existía, pero nunca habían estado.

Iniciamos la marcha hacia Anker Hostel, nuestro refugio para esta noche, que estaba en el centro centro de Oslo (Uslu para los noruegos), y según una página de internet donde lo cogimos, «junto a un parque en el que ha habido varias violaciones». El parque pasó a llamarse inmediatamente «el parque de los violadores».

La caminata hasta Anker Hostel nos llevó por unas calles viejas y poco cuidadas, con muy poco estilo y glamour. Era el centro de Oslo pero parecía el extrarradio de Londres.  Estos primeros días me dio muy mala impresión, pero al final del viaje terminaría cogiendo cariño a esta zona, tenía su encanto multicultural. Prácticamente no se veían noruegos, supongo que la mayoría están de vacaciones, y al parecer esta zona concentraba a toda la población inmigrante de Oslo, que por lo visto es mucha. Uno de los pocos noruegos que nos cruzamos era un blacker profundo. Por fin! Aún no había visto ninguno pero me esperaba encontrar un montón, ya que por lo visto una de las mayores exportaciones culturales de Noruega (actualmente, no cuando Grieg) es el black metal. Era un tipo curioso que se parecía a Raymond el de Theatre of Tragedy (vamos que tampoco tenía mucha pinta de noruego :D) . Empezaba a hacer calor pero el tipo ahi iba todo abrigado de negro, y comiéndose un helado del seven eleven con un envoltorio claramente diseñado para niños. Habría sido foto-portada, el blacker con su helado de frambuesa para niños, pero en ese momento estaba bastante cansado para sacar la cámara y sólo quería llegar al Anker Hostel. Soy un fotógrafo de palo cantimpalo. Pensé que si veía a alguna blacker que se pareciera a Liv Kristine le haría una foto…pero tampoco pasó.

Llegamos al hostel, que no parecía un hostel si no un hotel. Un edificio de 8 plantas con una recepción llena de gente y unos recepcionistas muy atareados. Serían las 12, así que ya estábamos saboreando nuestra cama. Llevábamos toda la noche sin dormir. Fracaso. El check-in empezaba a las 3 de la tarde!!! Así que dejamos las mochilas en un cuartito y nos fuimos a buscar un sitio para comer y hacer tiempo hasta las 3. El sitio no pudo ser otro que el mítico parque de los violadores. En efecto el parque se prestaba mucho al tema. Estaba hundido respecto a las calles colindantes, pasaba por debajo de un puente, y tenía pinta de no haber casi luz por la noche. Además, durante las dos horas que estuvimos allí había dos tipos paseándose constantemente con pinta bastante sospechosa. Probablemente traficantes.

De día, el parque de los violadores no parecía tan de violadores... pero había que imaginárselo de noche...

Nuestro primer Awful Sandwich (TM)

Con la agradable compañía del traficante y su compinche de no más de 11 años nos comimos nuestro primer bocata de chorizo infecto. El que sería el alimento de los campeones a partir de ahora durante dos semanas. Después volvimos al hostel y nos dieron la habitación. Aprovechamos para dormir dos o tres horas, ya que la reventada de la noche anterior era máxima.

Tras la reparadora, pero insuficiente siesta fuimos a conocer el centro de Oslo.  Empezamos por la Karl Johanns Gate, la principal calle peatonal de Oslo, que va desde el centro hasta el palacio real. A diferencia de las calles que habíamos atravesado para llegar al hostel, esta calle estaba llena de gente (con noruegos y todo), tiendas (muchas, muchas tiendas de videojuegos, se ve a qué dedican los duros inviernos), artistas callejeros y vidilla de ciudad en general. No tardamos mucho en llegar a la catedral y ver la zona con flores (bastante extensa) dedicadas a las víctimas de los sucesos recientes. También había fachadas destrozadas a bastante distancia, parece que el tipejo este no se quedó corto con el fertilizante.

Improvisado Memorial

Más adelante llegamos a Eidsvolls Plass, un parque grande, con varias fuentes, mucha gente haciendo actividades y que parecía el centro centro de la ciudad, con hoteles, bancos, Zara, y demás equipamientos.  Aquí vimos a nuestra primera colección de moteros, aunque veríamos muchas más. Noruega se presta mucho al moterismo.

Super hotel en Eidsvolls Plass

No era un embarcadero, pero valía para ensayar posturas

A los noruegos les molan mucho los coches clásicos, vimos bastantes.

Seguimos la caminata para llegar finalmente al parque donde está el palacio real. El palacio real parece de todo menos real, es absolutamente sobrio y austero (al menos por fuera).  Ahí andábamos haciendo fotos a la guardia real, todavía preguntándonos si era un palacio o un edificio de mucha menos relevancia cuando una limusina salvaje apareció, con nada menos que Håkon, el príncipe, la guardia se cuadró, presentó armas y el palacio se tragó al coche. Bastante curioso, la escolta del príncipe consistía en…. 2 policías en moto. Nunca había visto a un miembro de la realeza pero no me los imaginaba tan poco protegidos, aunque supongo que en este país, que es bastante pacífico, y además bastante patriota, no será necesario.

El palacio real

Los tipos estos salieron de la casa para recibir a Håkon. Paseíto y vuelta adentro. Trabajo interesante...

El rey observando la calle principal

Recorrimos otras calles del centro pasando (de largo) por museo Grieg y museo Munch, las dos grandes figuras del arte noruego, y de los que estaban bastante orgullosos (en los ferrys ponían «la mañana» de Grieg, no me imagino un ferry español poniendo «el amor brujo» de Falla :D). Finalmente llegamos al puerto deportivo, en el que está el ayuntamiento, y la gente de pasta de Oslo. Había pisos de esos que Unai calificaría de «un poquito excesivos», yates, barcos-bar, heladerías, y tiendas y restaurantes de lujo. También estaba el ayuntamiento, un edificio horrible.

Los supercruceros andaban como pedro por su casa en las estrecheces del fiordo

En el puerto nos comimos nuestro primer helado noruego. Los noruegos hacen helado muy bien, supongo que porque están rodeados de helado blanco gran parte del año. Nos supo a gloria, pero dolió en los bolsillos. A Xåbi le dolió más saber que Bayusson, administrador del bote, no iba a comprarle más helados.

Xåbi a dos manos: "delicioso y efímero"

Iñigorg, fiel al chocolate

Tras un paseo, unas cuantas lanchas pepino y unos cuantos barcos gigantes, empezamos la vuelta al hostel para reencontrarnos con el bocata de chorizo.

Después de cenar decidimos probar suerte con la noche oslotarra. Seguía haciendo mucho calor (unos 29-30º, que no esta mal para esas latitudes), y entramos en un bar un poco bizarro, ponían Judas priest y Iron maiden, pero estaba decorado con haimas alrededor de las mesas y velas así rollo chillout. Supongo que Judas priest es el chillout de los blackers. No duramos mucho, ya que hacía mucho calor (esta gente no conoce el aire acondicionado… para qué? ) Seguimos por la zona que nos habían indicado como festiva, y acabamos en una plaza bastante elegante y finalmente en un pub llamado Ryes, que triunfó notablemente. Era un bar lleno de matrículas americanas, placas de bares americanos, posters con pin-ups, y el gran musicón de los años 50 y 60. Allí cogimos mesa y tomamos una rubia espumosa a precio de oro. Allí estaba la juventud noruega, bastante hipster y modernilla. Éste es el estilo de jóvenes típicos del país, gente con americana, camiseta con frase ingeniosa, rayban wayfarer y converse. Dónde están los blackers?? Dónde el black metal??? Ryes prometía de todas formas, pero ésta no era la noche, había mucho cansancio acumulado, y la noche siguiente era noche de tren por lo que igual seguíamos sin dormir.. ASí que volvimos pronto para Anker Hostel y confiamos nuestra suerte a Thor esperando que el dios del trueno contuviera las tronadas de ronquidos de Iñigorg.