27 Oct

Noruega, Capítulo 6: ultra-men

El día 6.

El día 6 era el día de los ultra-men.

Debíamos ir desde Sogndal hasta Jostedal, el GPS estimaba una hora, pero sin saberlo a ciencia cierta porque Jostedal no aparecía en el GPS. En Jostedal comenzaríamos nuestra ice-adventure con Ice Troll, una compañía que organiza viajes por el glaciar, sólo que en nuestro caso habíamos añadido kayak por un lago y trekking. Yo me había imaginado cruzar un laguito, remar durante 15 minutos, pero no; Karlstad me dijo que eran 2 horas de ir y 2 más de volver. Era un lago considerable. Después había un trekking de unos 40 minutos y luego hikear por el glaciar durante otra hora y media. Era un día de darlo todo. Además, tenía que hacer bueno, pero después de 5 días de buen tiempo, el día salió gris, con un poco de llovizna. Mal comienzo.

Había dos glaciares míticos para ver, Nigardsbreen y Tunsbergdalsbreen. Por lo visto agosto no es buena época para ver el primero, ya que está blando y peligroso (o algo así), así que íbamos a Tunsbergdalsbreen, a donde en principio no se podía ir con mal tiempo. Con esperanzas de que el viaje no se cancelara por el mal tiempo y con el otro glaciar como backup, partimos hacia Jostedal.

El camino a Jostedal era impresionante. Una carretera estrecha, a un lado el bosque más cerrado. Al otro lado, un río que bajaba del glaciar, verde y salvaje, cubierto constantemente de una capa de bruma. La bruma se acotaba únicamente al cauce del río, dándole un efecto misterioso y espectacular.

nieblita sobre el río

más nieblita camino al glaciar

Cuando fuimos avanzando y el GPS empezó a perderse, nosotros dejamos de fijarnos tanto en el río y empezamos a pensar que estábamos perdidos.

También había puentecitos

Pero no, finalmente y tras preguntar a algún granjero, llegamos a Jostedal, donde encontramos un edificio que parecía que había reventado de dentro a fuera. La madera quemada y las vigas retorcidas daban la sensación de que había caído ahí un buen pepinazo que lo había mandado al guano. Karlstad lo identificó como Breheimsenteret, era el edificio que albergaba la casa del parque natural, y también a la compañía de hiking que habíamos contratado. Un edificio singular con el que había que hacerse fotos (y encontrarnos con el guía). Y estaba allí chamuscado. Qué bien.

Sin embargo conseguimos encontrar al guía en un edificio cercano que parecía un hotel. El guía era un tipo desarrapado con pelo largo y la nariz reventada. La compañía se llamaba ice-troll y yo estuve a punto de decir “éste debe de ser el troll”. Menos mal que no lo dije, porque segundos después nos saludó en castellano, y se presentó como Matías. Era argentino. Aparentemente bastante crack, hacía bromas constantes, la mayoría con poca gracia, pero bueno era un tipo divertido. Nos comentó que no cancelaban viajes por el tiempo a menos que la gente lo pidiera, así que si llovía durante nuestra travesía por el lago o el glaciar, simplemente nos mojaríamos. También nos explicó que al Breheimsenteret le había caído un rayo la semana anterior y se había quemado hasta las entrañas (como se puede ver aquí: http://www.firda.no/tv/article5685318.ece). El halo negro que nos (me) sigue a los viajes, de nuevo.

Así, le ayudamos a cargar crampones, remos, arneses, etc en su jeep y le seguimos hasta el lago. El lago era mucho más grande de lo que nos habíamos imaginado, al menos yo.

Era un gran embalse de agua verde-gris, del que no se veía el final. Por el camino, Matías nos contaba que íbamos a remar 7 km. Nos pusimos las botas húmedas, los “dispositivos de flotación” (según Matías “los chalecos no salvan vidas, sólo dios y sho”, así de fino hilaba el argentino), metimos las mochilas en los compartimentos de los kayaks, y a duras penas conseguimos entrar sin volcar. Al principio daba un poco de miedo: junto a la zona de embarcar había una pequeña presa con un salto de agua que quizá usaban para conseguir energía. Fuera así o no, el agua estaba revuelta y con corriente por la zona así que cuando Karlstad y yo hubimos montado en el primer kayak hubo unos momentos de tensión pensando que nos llevaba la corriente. Pero practicamos un poco el remo, bajamos el timón y ya estábamos ready to go.

 

Iñigorg y Xåbi no tardaron en embarcar

Iñigorg y Xåbi

Parece que remar en un kayak es algo trivial, pero tiene su punto, que hay que pillar. La primera media hora es posible que yo no remara nada y todo el esfuerzo se lo comiera Karlstad. Yo mover el remo lo movía pero parece que hay una técnica. La cosa es que tras 7 km remados, Karlstad estaba cansado y yo no, así que probablemente yo estuve haciéndolo mal y él comiéndose el esfuerzo de llevarnos a los dos. A ratos intentábamos competir con Xåbi e Iñigorg, pero ellos iban todo tranquilos, mil veces más rápido, aparentemente sin esfuerzo, por lo que por lo visto lo hacían mejor. Además una buena parte Xåbi iba hablando de fútbol con el argentino, que increíblemente, no era excesivamente futbolero.

Se puede observar quién ganaba, y lo parados que iban algunos

La sincronización no era nuestro fuerte

El agua del lago estaba dos grados, siempre según el inefable Matías. Yo llegué con la camiseta calada por mi ineptitud remadora y no tuve una hipotermia así que intuyo que no sería tan baja la temperatura. A nuestros lados dejábamos cascadas salvajes, islotes, y pequeños refugios. De vez en cuando pasaban lanchas con gente blanda a bordo que hacían olas y epificaban nuestra travesía (sí, me he inventado un verbo para hacerlo todo más grandioso). Aunque salimos con sol, de vez en cuando caían pequeños golpes de agua, breves, y que mojaban lo suficiente para que el constante viento del glaciar nos dejara helados. De pronto, quietud. Esto no era bueno. Ni una ola, ni un golpe de brisa. Una sombra se hacía cada vez más grande bajo nuestros kayaks.

El tentáculo pilló desprevenido a Iñigorg, que lo sacó del kayak como si fuera el relleno de una aceituna. Todo fue rápido, y pronto, el calamar gigante de los glaciares nos tenía subyugad….

ejem.

Tras dos horas remando contra el viento glaciar llegamos al otro extremo, con las manos amoratadas e insensibles, con la gran sensación de haber cruzado el lago, y con el reto del trekking y el hiking. Allí paramos para comer en una fría roca, donde Matías sólo se había traído un triste sandwich, por lo que le subalimentamos con nuestro chorizo horrible. Parece que estaba hambriento porque le supo a gloria.

comiendo con matías

El aparcamiento para barcas inspiraba confianza. Menos mal que no había mareas.

Cuando terminamos de comer no tardamos en iniciar el trekking que nos llevaría al glaciar. El trekking discurría por el lateral del río del glaciar, entre charcas, rocas musgosas y resbaladizas, rocas afiladas cortadas por el hielo y el río que bajaba con ímpetu. No había ningún camino, íbamos simplemente saltando de roca en roca. Mientras, Matías nos explicaba cosas como que “ashá en la Argentina, es normal tener uno o dos cabashos” “pero tú tienes uno?” “si, sho… mi familia… tenemos cabashos…” bueno botes de humo diversos nos vendió. Pero el paisaje era espectacular.

río glaciar

a veces teníamos que cruzar afluentes por rocas. Al volver esas rocas ya no estaban, ya que por lo visto el caudal y lecho de los afluentes cambiaba constantemente

recibiendo una dosis de humo

Empezamos a ver la lengua, aunque aún quedaba mucho para poder subir al glaciar por una zona segura

Panorámica cedida por Karlstad-metralleta

Cuando por fin llegamos al glaciar cogimos los crampones y empezamos a recibir instrucciones completamente opuestas a las que el bueno de Gudjon nos había dado en Vatnajökull. ¿qué nos dijo el bueno de Gudjon? Pisad fuerte para clavar los crampones, os cansaréis más pero es más seguro. ¿qué nos dijo Matías? No piséis fuerte, pisad normalmente, que si no os cansáis.

G: los montoncitos de tierra no son tierra, son hielo que se ha quedado más duro porque no le da el sol gracias a la tierra, no los chutéis que os podéis hacer daño

M (tras chutar varios montoncitos de tierra): estos montones se forman por la erosión de la tierra y blablablabla…. (WTF)

G: si veis hielo azul se debe a que por la presión es hielo que tiene más densidad

M (sin que nadie preguntara sobre el hielo azul): Bueno, mucha gente me pregunta sobre el hielo azul, y esto es porque los rayos de luz, unos … los azules… eee, pues tienen más fuerza y entonces el hielo atrapa esa luz, y no la otra, y blablablabla

G: No podemos saber la profundidad de las grietas, sólo estimarla. En cualquier caso son peligrosas

M: Veis esa grieta? es fácil saber qué profundidad tiene. (tira una piedrilla por la grieta, escucha el supuesto sonido)… mmmm 10 metros! (nos miramos incómodos aguantando la risa)

G: vamos a hacer este recorrido. Empezaremos por aquí, iremos hasta allí (Carlos, stop walking on your toes like a model!!!!!!), y después volveremos por tal sitio.

M: vamos a ir hasta arriba que hay unas cuevas que bla blablabla, luego no sé por dónde volveremos, porque el hielo cambia cada día y es un laberinto (finalmente nada de cuevas).

Pero, después de todo, Matías fue el auténtico jefe que nos conquistó. Cuando más flaqueaban nuestras fuerzas de andar por el glaciar (clavando bien los crampones por si acaso), cuando se puso a llover en medio de aquella mole de hielo, cuando más fuerte azotaba el viento, de repente, va el tío y se saca UN TERMO CON CHOCOLATE CALIENTE!!!!!! Fue nuestro maldito héroe!

dulce néctar de los dioses

cómo se puede ser tan jefe?

Allí, bajo la lluvia, sobre el hielo, contra el viento, sin ningún tipo de comodidad, me tomé uno de los chocolates más satisfactorios de mi vida. Un tipo que sabe cuidar de sus clientes. Después de aquello, hacer el mono en diferentes cuevas, agujeros azules y cavernas heladas fue algo trivial y divertido, y parecíamos un equipo de Al filo (en los vídeos al menos), y no un grupo de camaradas deportados a siberia.

con la barriga llena de chocolate, a quién le importaba porqué el hielo era azul?

la cueva más grande que vimos

La foto mítica. Límite vertical.

el equipo del Al filo

Después de una hora haciendo el mono por el glaciar, iniciamos la vuelta empezando a darnos cuenta de que había bastante camino que desandar: glaciar, trekking, y otras dos horas de lago… Quién dijo vacaciones de sol  y playa??…

Por el camino fuimos viendo como  había pasos que habían desaparecido porque el entorno del glaciar es muy cambiante y con la lluvia se inundaban algunos ríos. Sin embargo la vuelta fue trivial, y nos enteramos de porqué Matías tenía la nariz reventada. Cosas de fiestas populares. También supimos que dedicaba 4 meses a ser guía en Noruega pero que en el verano del hemisferio sur se iba a Argentina donde también era guía en los Andes, y tenía unos cuantos 6000 a sus espaldas. En el fondo era bastante crack pero parecía que los glaciares no eran su jodido elemento, Donnie.

Después volvimos a remar los 7 km, pero se hicieron livianos, además, Karlstad y yo ganamos, y llegamos mucho antes que los demás, ya que aplicamos una férrea disciplina de remo (y yo remé..).

llegada al inicio

Cuando llegamos al inicio habíamos echado el día, y lo habíamos echado bien. Un día completo.

petada

 

Tal era el paisaje que dejábamos atrás

Cuando nos despedimos de Matías salimos hacia Lom, el que sería nuestro albergue para esta noche. No estaba muy lejos pero decidimos ir por una carretera “turística” en la que en teoría íbamos a ver alces. La carretera turística pronto se volvió camino de cabras lleno de caravanas gigantes y todoterrenos y más bien pocos alces.

Cuando llegamos a lo más alto de la carretera turística pudimos entender porqué era turística. Arriba, entre glaciares, lagos helados, y montes picudos serpenteaba la microcarretera. Las vistas eran excelentes

 

carretera hacia el valle

Cuando faltaban 15 km para llegar la carretera empezó a ser infernal. Habían quitado el asfalto para echarlo de nuevo y la carretera  era gravilla, así que tardamos el doble en hacer este recorrido, no pasando nunca de 30km/h. Finalmente llegamos ya en noche cerrada a Lom, y nos metimos en el cámping más grande que habíamos visto, con incontables calles, cabañas y parcelas. Nuestra parcela era delux benelux como otras que habíamos tenido antes. Bien equipada, calentita, y con una habitación acogedora con las 4 literas juntas.

Cuando despertamos y fuimos a hacer la compra del día descubrimos que Lom no era una ciudad que tenía un camping, si no un camping que tenía una ciudad. El camping era inmenso y ocupaba la mayor parte del pueblo. Alrededor había un bar, una iglesia, una oficina de turismo. Pero el centro era el camping. Lom era uno de los sitios más bonitos que habíamos visto, un pueblo-camping entero de madera.

Pero eso es parte del capítulo 7

04 Oct

Noruega, Capítulo 5: los fríos fiordos

La noche en la cabaña podría haber sido excelsa, de no ser por las constantes locuras y movimientos nocturnos de Xåbi, incorporándose constantemente y hablando en sueños. En cualquier caso, fuimos a una gasolinera cercana a por zumo galletas y yogures y nos pegamos el que para nuestros estándares era un desayuno homenaje en el porche de la cabaña.

El plan del día era sencillo: Coger un ferry en Gudvangen para ver un fiordo espectacular que era patrimonio de la humanidad, recorrer un túnel gigante, y opcionalmente coger un tren con bonitas vistas. Después ir a Sogndal, donde dormiríamos.

Algo se tenía que torcer, y en efecto cuando llegamos al ferry de gudvangen nos encontramos con un ferry que sólo llevaba personas y que los que llevaban coches salían al cabo de 3 horas. Si íbamos sin coche luego tendríamos que volver a por él, pagando el ferry de vuelta, etc. Nos dieron una tercera solución que era ir al otro extremo del fiordo en coche y coger un ferry que viniera hasta Gudvangen, que salía en 30 minutos y sí que soportaba coches. Flåm, que es la ciudad al otro lado, y desde la que sale un mítico tren turístico estaba a unos 40 km, así que en principio, teníamos tiempo de sobra, aunque con las carreteras noruegas íbamos a andar un poco justos. La parte buena era que de camino íbamos a cruzar el Gudvangentunelen, un túnel de 25 km, el más largo de Noruega y que era un punto a visitar. El túnel era como un día sin pan, y cada 8 ó 9 km había un área iluminada bonita, supongo que para que la gente no se durmiera, aunque había gente que paraba a hacer fotos.

Gudvangentunelen, área bonita

Aprovechamos el túnel para hacer unas cuantas fotos y poder hacer un timelapse de nuestro recorrido por el mismo:

 

 

Finalmente, con el tiempo bastante justo llegamos a Flåm, y conseguimos montar en el ferry que nos devolvería a Gudvangen, cruzando Nærøyfjord, un fiordo espectacular declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. El fiordo, a diferencia de lo que habíamos visto tenía aguas verdes intensas y paredes enormes a los lados con cascadas y un reguero de casitas, casetas y chozas por las orillas

 

a

Salimos desde Flåm, junto a un crucero. Los cruceros entraban hasta la cocina en los estrechos fiordos.

Tough guys

Y así durante algo más de una hora fuimos recorriendo lentamente el espectacular fiordo. Las gaviotas del fiordo parece que ya se conocían a los turistoides que suelen hacer estos recorridos y nos acompañaron flanqueando el barco durante todo el recorrido. La gente tiraba comida y la cogían al vuelo. En ocasiones hasta se acercaban a la mano de algún chino para comer directamente allí. Al final, las gaviotas eran más entretenimiento que el propio fiordo.

Había gente que tenía super casas junto al fiordo

Gaviotas persiguiéndonos

Talking to me?


 

Muchas casetas en el borde del lago

las cascadas caían a chhhorrrroooo

En ocasiones eran cabañas para ganado, pero siempre estaban en sitios interesantes y siempre había algún rayo de sol bañándolas

 

El fiordo en su inmensidad

 

Cuando llegamos a Gudvangen sería medio día. Teníamos el resto del día para llegar a Sogndal, nuestro alojamiento para esta noche. Aunque quedaba bastante tiempo, Sogndal estaba a una tirada, y no con buenas carreteras, así que en realidad no nos sobraba demasiado tiempo. La razón por la que íbamos a Sogndal, algo que se alejaba un poco de nuestra ruta hacia el norte, era que al día siguiente queríamos hacer un trekking por un glaciar cercano.

En cualquier caso decidimos ir a comer un nuevo bocata de epic-chorizo en una visita a la Stavkirke de Borgund. Aunque había una stavkirke mucho más mítica cerca de Sogndal, había que coger un ferry para ir a verla, por lo que decidimos ver la de Borgund, que es una de las más grandes también, y ésta sería la última que íbamos a ver en el viaje.

Cuando llegamos a la zona, estaba llena de turistas. También había puestos de fresas locales; habría sido glorioso comer unas fresitas, pero la cartera no acompañaba, y la férrea gestión de Bayusson tampoco.

Fuimos a ver la stavkirke, que desde fuera era espectacular, pero no pudimos entrar porque la habían reconvertido en museo y había que pagar, así que nos conformamos con tirar fotos desde la barrera y ver el bonito cementerio que tenían montado junto a ella.

 

La stavkirke de Borgund

un buen sitio para ser enterrado

Al parecer es una de las más grandes

Magnhild Eggum, seguro que fue un vikingo!

Comimos nuestros cutrebocatas en un banco, bajo un poco de lluvia que caía de vez en cuando, junto a un edificio museo que había al lado de la stavkirke, donde había un restaurante con grandes ventanales desde los que nos veía toda la gente que estaba comiendo caliente. Auténtica scum éramos.

Salimos hacia Sogndal experimentando de nuevo las divertidas carreteras noruegas, y parando cada vez que veíamos cascadas.

 

Norwegian highway

Por el camino tuvimos que coger varios de esos ferrys que eran continuación de la carrtera

Iñigorg disfruta cara al viento

 

Cascadas a chhorrro everywhere

CUando por fin llegamos a Sogndal sería media tarde. El albergue hi hostel tenía buena pinta pero comparado con nuestra cabaña anterior era escoria. En cualquier caso al día siguiente teníamos que madrugar así que tampoco importaba tanto. Al llegar no había nadie pero en cambio encontramos un campo de fútbol con un balón reventado, así que estuvimos echando unos toques hasta que por fin apareció el encargado.

El encargado era un tipo con pinta de surfer que nos atendió mojado y al que Karlstad no pudo evitar preguntarle sobre Lofoten. Luften, como decía el encargado, era un sitio desconocido, con legendarias playas de arena blanca, pero en el que no había estado él ni nadie. También le preguntamos sobre sitios para ir por la zona, pero todo los que nos dijo fue la stavkirke mítica, a la que había que ir en ferry, así que nos dio un poco de pereza. Sogndal estaba junto a un fiordo así que Xåbi y Karlstad se propusieron cumplir uno de los checkpoints del viaje: nadar en un fiordo. El encargado del hostel nos dijo que el agua estaba a 18-19 grados. Parecía un poco optimista esa temperatura, pero nos vendió el humo de la corriente del golfo y tiramos hacia el fiordo bañadores en mano.

 

En el fiordo había un embarcadero, pero no daba el perfil buscado por Karlstad

El agua no parecía a 18-19 grados, parecía mucho más fría, así que ahí estuvieron pensándoselo Xåbi e Iñigorg. KArlstad lo descartó directamente.

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Tras unos momentos de indecisión Xåbi se lanzó se dio una vuelta rápida y volvió. Iñigorg tardó algo menos en decidirse, aunque el grito que pegó al entrar fue bastante esclarecedor del frío que hacía.

 

Rápido, volver!

 

Preparado para la hazaña

Cuando Xåbi e Iñigorg se secaron, fuimos al centro de Sogndal a hacer unas compras para cenar esa noche y sobrevivir al glaciar al día siguiente. BArritas energéticas  y demás. DEspués volvimos al albergue, donde a falta de televisión, nos dedicamos a hacer reservas de campings para algunos de los días que nos faltaban; después de cenar otro de nuestros bocatas mierder, nos fuimos pronto a la cama.

El día siguiente iba a ser el más duro de todo el viaje, había que descansar bien.