25 Ene

Noruega, capítulo 11: Rodeo polar

Día gris en Mosjoen, que anticipaba lo que sería la jornada.

Teníamos dos rutas posibles para hacer unos 500 km. La ruta turística que bordeaba la costa y una ruta interior que no tenía gran cosa, pero en la que se hallaba la casa museo del círculo polar, en la altura en la que se cruzaba la línea del polo Norte. Éste era un checkpoint importante así que decidimos subir por la ruta interior hasta el círculo polar, después volver a bajar hasta Mo i rana y coger la carretera de la costa. El círculo polar estaba a 100 km, más otros 100 de bajar, más l0s 500 de costa, nos daba unos 700 km. Podía hacerse.

Así que empezamos no demasiado pronto, aunque tampoco muy tarde, el ascenso a Polarsirkel. Estaba en una zona bastante elevada así que nos comimos un puerto de montaña bastante estrecho, caravanas, camiones y muchas motos. Aunque no hacía un día muy bonito, cuando fuimos llegando a la parte más alta se fue despejando y dejando ver unos paisajes espectaculares. El bosque se convertía en tundra y los trenes trans-noruegos circulaban en paralelo a nosotros por estrechos pasadizos.

recordando a Alerta máxima 2

paisaje islandés

Hacia la una llegamos al Polarsirkel, con el monumento que indica que estábamos cruzando al círculo polar, y la casita turística llena de souvenirs y una cafetería. Aprovechamos para hacer unas buenas compras, la mayor parte de regalitos los trajimos de allí, del mismo círculo polar.

Junto al Paralelo 66.5º

esto esta por todo el mundo, va a haber que introducirlo en Bilbao también

Karlstad contribuye a la causa

super turist senteret

más en el paralelo

Después de un buen rato haciendo el mono por allí, bajamos de nuevo todo el puerto, haciendo una parada ultra rápida en un área de carretera para comprar unas patatillas para sobrevivir, ya que el hambre empezaba a apretar.

Al llegar a Mo i Rana tomamos la carretera turística de la costa, que tenía una pinta estupenda. Serían cerca de las cuatro de la tarde. Y el GPS nos marcaba… 13 horas hasta el destino! 13 horaS? cómo podía ser tanto! eran 500 km… Estaba mal, no podía ser…

Seguimos avanzando unos cuantos kilómetros pero pronto nos dimos cuenta de que el GPS no engañaba. Eran 13 horas, ya que la ruta incluía unos cuantos ferrys, que son más lentos y hay que esperar a que aparezcan. El GPS por lo visto da una estimación de la media que se puede esperar, aunque puedes tener suerte y llegar y que haya un ferry, también te puede tocar esperar 1 hora. Sin pensarlo demasiado, nos dimos la vuelta de nuevo para volver a la carretera no turística, la del polarsirkel, la que acabábamos de bajar.

Como eran horas un poco indecentes, nos pusimos a comer allí mismo en el coche, dejando indecente el propio coche. En una rápida parada en un Kiwi para comprar provisiones, Xåbi aprovechó para comer, ya que estaba conduciendo.

No tardamos mucho en recuperar la vieja ruta, hola de nuevo puerto, hola de nuevo vías del tren junto a la carretera, hola de nuevo paisaje de la tundra… hola de nuevo Polarsirkel!

hola otra vez polarsirkel!

hola otra vez tren!

hola otra vez montes!

Tras unas cuantas horas de coche insulso, y algún que otro ferry, llegamos a Hamarøy, el pueblo en el que pasaríamos la noche. Una vez más, el pueblo no era mucho más que el propio camping, que era enorme. Nos costó encontrar la recepción, ya que ésta consistía en un bar que estaba al fondo del mismo. El camping era un terreno en cuesta que bajaba hasta la costa de un tranquilo fiordo y donde se arremolinaban cabañas y caravanas. Podía haber habido un atardecer espectacular, pero el tiempo era bastante gris, y por una vez, estábamos empezando a notar un frío que se clavaba, más propio de Noruega.

Los recepcionistas no estaban, sólo su hija, una muchacha de unos 16 años que creo que estaba flipando por ver extranjeros, por la forma en que nos miraba y nos hacía preguntas de todo lo preguntable. Igual el camping era frecuentado por noruegos… Al día siguiente descubriríamos info adicional sobre la chica que nos dio alguna pista de porqué le fascinábamos.

Nos enseñó nuestra cabaña, enorme, a todo lujo, con un gran salón con sofás, y dos dormitorios independientes, y una calefacción muy agradable, teniendo en cuenta el frío que hacía fuera. Además, esta noche daban… sí! el episodio V de Star Wars!! estábamos en racha!!

Y allí, en medio del frío de Hamarøy, vimos las escenas de Hoth el planeta helado. Calentitos en nuestra cabaña de madera. Eran las 23.30 y aún era de día. El círculo polar se notaba!

Mañana llegábamos a Lofoten, la tierra prometida!

21 Ene

Libre.

Information Freeway

Parece que llego tarde

A ver si es verdad.

Una explicación para legos:

Con el iconito CC se pueden poner subtítulos transcritos. No es óptimo al 100% pero es algo, si no se pilla todo lo que dice. Lo que se dice en el último minuto es lo realmente preocupante, pero bueno por lo visto se están echando atrás…

 

18 Ene

Noruega, capítulo 10: 20 horas de coche y una discusión desesperada

La paliza.

Nos esperaban un montón de horas de carretera para llegar a la mitad de nada, de donde saldríamos a Lofoten. Lofoten, la tierra prometida.

El décimo día teníamos que llegar hasta mitad de camino entre Trondheim y Lofoten, concretamente hasta Mo i Rana. Una pequeña palicilla, que se iba a quedar en nada, ya que no íbamos a llegar hasta Mo ir Rana, si no que nos quedábamos antes, con lo que el día 11 sería peor incluso.

El único incentivo del viaje era ver alces, porque la carretera atravesaba varios bosques. No vimos alces. Las horas de coche pasaban entre el juego de adivinar películas y el juego de adivinar personajes.

En algún momento cruzamos a la provincia de Nordland, dejando nuestro único testimonio gráfico de este día.

única foto del día; nuestro paso a Nordland

También paramos a comer en un restaurante, pero no amigos, no comimos «dentro» del restaurante, si no «junto» al restaurante, en uno de los bajos del mismo, ya que llovía y era como rancio comer en el coche. Así que mientras la gente se pinchaba unos buenos chuletones en el restaurante nosotros comíamos el choricillo barato pegados a una de sus paredes. El sabor del chorizo empezaba a ser imperceptible.

Llegó un momento en el que los juegos eran aburridos así que nos empezamos a dedicar a polemizar sobre diferentes cosas como la Iglesia o el Athletic (otra iglesia)

Al final llegamos a Mosjoen, nuestra «ciudad» intermedia. No era demasiado tarde y mientras Xåbi se daba una ducha vimos en la tele que esa noche daban el Episodio IV de Star Wars!!! Tremendo. Ya había plan.

Pero era pronto, así que fuimos a echar una partida de bolos a la bolera del camping, que sonaba a que tenían una de esas cutre pistas con bolitas de madera que caben en la palma de la mano. Pero no, tenía 3 señoras pistas de bolos en condiciones. Ganó alguien que no se lo merecía :P

Después de los bolos visitamos el pueblo de Mosjoen, que no tenía más que un par de calles, eso sí, con hotel y centros turísticos. Serían las 7 de la tarde y no había ni cristo así que era difícil saber quién demonios visitaría este pueblo perdido en la mitad de Noruega.

No demasiado tarde nos fuimos al camping, a cenar y ver un nuevo peliculón.

11 Ene

Noruega, Capítulo 9: a Moria!

Tocaba Lofoten. Parece que Noruega es pequeño pero es un país enorme, al menos a lo largo. Llevábamos 8 días dando vueltas por el sur y sólo habíamos visto una quinta parte de su longitud. Subir a Lofoten desde Vinstra o en general desde la zona de los fiordos era una tarea ardua y que nos llevaría varios días.

Eran más de 1200 km, pero no debemos imaginar los 1200 km de Bilbao a Bruselas, que ya son matada per se. Eran 1200 km por carreteras de ir a 60. En Noruega sólo vimos dos autopistas (de 2 carriles y 100km/h de velocidad máxima), estaban en Oslo y Trondheim. Probablemente haya más, pero no las que íbamos a coger nosotros. Así que tocaba Lofoten, y según nuestro planing teníamos 3 días para ir y hacernos los 1200 km suavemente entre paradas varias, como 4 Bilbao-Madrid seguidos, pero en vez de 4 horas, 7 u 8 horas cada uno.

Pero Xåbi tuvo una idea para complicar las cosas y hacerlas un poco más interesantes: visitar Røros. Røros es un pueblo minero al este de Noruega que está entre nada y absolutamente nada y suponía un desvío terrible de nuestra ruta, lo cual supondría dos jornadas de viaje posteriores intensísimas. Lo interesante del pueblo es que conservaba el aspecto de cuando se fundó, con sus casas de mineros, sus cantinas y demás. Vamos era como ir al Far West, pero con vikingos. Además contaba con una auténtica mina de cobre visitable, que por lo visto fue una de las más importantes de Europa en su día y motivo de conflictos entre reyes daneses y suecos.  Algo de miga ya tenía el pueblecito. Aunque Røros estaba en la zona baja de Noruega, era el este profundo, casi en la frontera con Suecia, mientras que nosotros estábamos en el oeste.

calles de Røros

Karlstad era un cowboy

Así que llegar a Røros nos llevó toda la mañana y cuando llegamos nos pusimos a comer en un banco que había cerca del centro. El chorizo empezaba  a ser insoportable. Cuando acabamos de comer nos lanzamos a explorar Røros. Era un pueblo bonito con comercios interesantes, puertas bonitas, y casas antiguas.

wa-wa-west

Casas estándar de Røros

La iglesia, parece de los canteros. El símbolo son dos martillos de los mineros y el símbolo de venus, que por lo visto es el símbolo alquímico del cobre

qué puertas más bonitas, parecen de Invernalia o de Gondor

El río bajaba por el centro, con el lecho completamente rojo, y unas cuantas casas arremolinadas alrededor, que sirvieron en su día para procesar el cobre y desechos varios.

Algunas instalaciones junto al río

Algunas vías de extracción se conservan en el mismo centro del pueblo

Junto al centro había una gran montaña de material sacado de la tierra que tuvimos que trepar para poder ver todo el valle.

The country of flavour

EL barrio Turfhouse

He comentado ya que me encantan las puertas?

he comentado ya que a Karlstad le encantaría ser vaquero?

DEspués de unas cuantas vueltas por la ciudad, cogimos el coche otra vez para visitar la mina del rey Olav, Olavsgruva. Esta mina fue una de las más productivas de Europa y estuvo activa hasta los años 70, cuando la convirtieron en centro turístico. Allí cogimos una visita guiada, con un guía divertido de gran bigote con puntas rizadas y buena barriga. La visita empezaba en el propio centro de visitantes donde explicaban cosas genéricas de la mina como su profundidad, extensión y uso a lo largo de los años.

El inicio de Olavsgruva

REcordando un poco a Indiana Jones

Pero después se entraba en la mina y se experimentaba algo poco conocido. Tras bajar unos cuantos metros casi en vertical ya se podía notar que el frío y la humedad se multiplicaban, la sensación era muy diferente a la de las cuevas naturales. Aquí la piedra y el barro estaban encima rezumando humedad y frío. La mina estaba muy bien ambientada, ya que a parte de conservar escaleras , máquinas, cuartitos, iluminación y  equipamiento originales, tenía una grabación con sonidos que se podían escuchar como obreros picando o gritando, y en ocasiones, en las grutas en las que los mineros comían, ponían iluminación para simular hogueras y ambientaban con sonido de platos y cazuelas.

La pendiente para bajar a la zona nueva era considerable

La excursión se iba adentrando desde la parte vieja, que no estaba muy profunda, y en la que se podían ver vetas de cobre de un intenso azul, hasta la parte más reciente, para la que había que bajar otro buen puñado de metros, y en la que había maquinaria, trenes y otros artefactos.

veta de cobre (oxidado, claro)

escaleras a la parte nueva

En la parte vieja también se podía ver cómo había unas escaleras especiales para caballos, ya que los metían ¡¡¡hasta allí!!! para tirar de los carros llenos de cobre. Y en la parte nueva se podían ver cavernas mucho más grandes, agujeros mejor hechos, y un sistema mejor de bombeo de agua y aire. El frío era intenso y pegadizo, se metía hasta dentro. Ser minero tiene que ser algo muy jodido.

Finalmente la excursión, que no la mina, llegaba a una gran galería donde había ¡una iglesia! Sí! una iglesia en la que se había casado gente (mineros), con sus 10 filas de bancos de madera y su altar.

No se aprecia bien, pero ahí estaba! El altar y los bancos

Al volver hicimos unas cuantas fotos de rigor, y salir a la superficie fue agradable ya que la mina agobiaba bastante. No era un día de mucho calor, sin embargo parecía sofocante al salir de la mina. Qué héroes los mineros…

Después de salir visitamos otra mina más reciente, pero sólo los edificios exteriores, que estaban abandonados y daban un poco de mal rollo. Tras unas pocas fotos, seguimos nuestro viaje.

Parecía que había pasado el día, pero todavía nos quedaba un largo trayecto hasta Malvik, el pueblo donde tocaba dormir hoy, y en el que ya teníamos alojamiento asegurado. Malvik es una zona cercana a Trondheim, y como no íbamos a visitar la ciudad fuimos al pequeño pueblo, con gran acierto. El camping de Malvik, regentado por una viejecilla, era un camping enorme, con muchas parcelas, que casi parecía un campo de golf, con bunkers, lagos y pequeñas casitas blancas. Nuestra cabaña estaba muy bien situada, cerca de la playa, con buenos equipamientos y tele, fundamental por lo que habíamos podido ver recientemente.

Como habíamos llegado con tiempo y estábamos cerca de la playa, bajamos para que Karlstad se pudiera hacer sus ansiadas fotos con embarcadero.

ansiado embarcadero

Las fotos del embarcadero quedaron bien, así como la foto con el coche…

Pepino GTI

Aunque a Karlstad seguían sin convencerle, así que nos fuimos hacia el hogar de nuevo. De camino, vimos como todos los tejados se volvían rojos. Miramos atrás y nos encontramos con una puesta de sol imposible. El cielo estaba completamente rojo, ocupando todo el horizonte. Una sesión de fotos considerable vino a continuación.

Cuando terminó de anochecer nos fuimos a la cabaña donde cenamos mientras veíamos un nuevo peliculón, como ya venía siendo habitual en las noches noruegas.

Mañana paliza

03 Ene

Noruega, Capítulo 8: la escalera de los trolls

Los días de turisteo por el sur de Noruega acababan hoy. La paliza de coche para subir a Lofoten empezaba hoy mismo, aunque con tranquilidad, nos esperaban 3 largos días de conducción intensiva. No nos levantamos demasiado pronto sin embargo. Las cabañas de Geiranger invitaban a dormir.

Geiranger y su fiordo

Antes de coger el ferry que nos llevaría por el fiordo más famoso de Noruega, subimos el superpuerto que habíamos bajado la noche anterior, ya que Karlstad había leído que había una cascada en alguna parte de ese puerto. La realidad era que si había una cascada no estaba en un lugar accesible, o no lo encontramos, pero en cualquier caso las vista de la ciudad con el fiordo a sus pies eran impresionantes.

trazas de la supuesta cascada :S

No tardamos mucho en volver a bajar el puerto para ir a por el ferry de Geiranger. El fiordo de Geiranger es en efecto espectacular, pero desde dentro del propio fiordo es muy parecido a otros fiordos vistos antes, así que por el frío que hacía, que era considerable, Iñigorg y yo nos pasamos casi todo el tiempo dentro del barco. Xåbi y Karlstad estuvieron como titanes en la cubierta peleándose con los chinos diversos y con las señoras (hasta en Noruega hay señoras!)

feed the birds, tuppence a bag...

El recorrido acabó hacia medio día, y emprendimos el camino hasta el que sería nuestro último checkpoint del día, y por ende, de la región sur de Noruega. Se trataba de la escalera de los trolls, Trollstigen, una carretera serpenteante que baja de una montaña hacia un gran valle, y que se ha usado en incontables anuncios y pruebas de coches. Trollstigen no estaba demasiado lejos. Además, había que cruzar un fiordo en ferry por lo que era un buen momento para darle al awful chorizo e ir ya comidos.  Nada más salir de Geiranger tuvimos que subir otro empinadísimo puerto que nos ofreció unas vistas bastante impresionantes del fiordo, de las que Karlstad no pudo evitar echar unas panorámicas.

Geiranger desde el otro lado

Superpan de Karlstad

En lo alto del puerto, todo volvía a ser como Islandia, rocas, paisaje árido, y nada de vegetación, lagos de los deshielos y glaciares.

La parte alta, mucha visibilidad

No tardamos mucho en llegar hasta la parte alta de Trollstigen, con una lluvia intensa y una niebla que no dejaba ver casi nada. Salí del coche y monté mi GoPro en el parabrisas, y he aquí el supervídeo que salió de la bajada de Trollstigen:

Ah no! que olvidé ponerla a grabar y me di cuenta cuando estábamos abajo! :D. La verdad es que una vez pasado tampoco fue para tanto, cualquier puerto de montaña un poco escarpado tiene cuestas y curvas como esas, lo más impresionante era el valle y tampoco se veía mucho. DE hecho, el puerto de bajada a Geiranger era mucho más abrupto y digno de una grabación con GoPro.

la bajada de trollstigen

La escalera de los trolls

entre la niebla


bajada empinada

Al llegar abajo, las nubes se quedaron atrás y vimos el esplendor del valle. Ahí más o menos fue cuando nos dimos cuenta de que no teníamos albergue para esa noche. Así que empezó la búsqueda de alojamiento para esa noche, que tenía que estar de camino a Dombås. Al buscarlo en un mapa se ve que está bastante desviado al este respecto a nuestro objetivo norteño de Lofoten, pero es que a petición de Xåbi íbamos a hacer un pequeño detour para visitar Røros, un pueblo minero que se alejaba bastante de nuestros destinos…

Desde Trollstigen hasta Dombås había unos 220 km, los cuales dan bastante de sí para buscar un alojamiento, aunque por ser tan turística la zona estaba mucho más complicada de lo que pensábamos. Teníamos un firme candidato «Kirketeigen», en Kvam. Kirketeigen figuraba en nuestra guía de campings como «camping cristiano», una cosa un poco rara… En cualquier caso, fuimos entrando en los campings que veíamos de camino por si había sitio, pero todos estaban hasta arriba.

Trollstigen atrás, en busca del camping

La cosa empezaba a ser un poco agobiante y nos veíamos durmiendo en el coche como en Islandia, sólo que aquí el clima era un poco más duro. Llegamos a Kvam y entramos de cabeza en Kirketeigen.

Al entrar nos dimos cuenta de qué era eso de «camping cristiano» (a parte de que Kirke sea iglesia en noruego). El camping era en efecto un centro de culto cristiano con un montón de cruces, capillas, etc, pero lo más llamativo es que estaba regentado por moteros cristianos, y en ese momento había una superconcentración de moteros cristianos. Cientos de motos, tipos con el pelo largo, cuero y cruces y cristos tatuados por todas partes. El tipo que nos atendió, que se parecía un poco a Hulk hogan nos dijo que por la concentración, estaba lleno y nos podía dejar un cuarto de utillajes para dormir en el suelo :D

Evidentemente pasamos en moto, nunca peor dicho, ya que éramos los únicos 4 pringados en coche, rodeados de motos, moteros, gente vendiendo biblias y gente rezando, todos ellos enfundados en cuero. Nadie se atrevió a sacar un foto, ya que  a pesar del entorno cristiano, y pacífico, su aspecto intimida a los legos como nosotros.

Seguimos nuestra búsqueda de camping cada vez más a la desesperada, siendo rechazados en unos cuantos más, hasta que por fin llegamos a Vinstra, el último pueblo medianamente grande (más de 50 personas viviendo) que quedaba por la zona. Allí encontramos el camping de Sjoa, que nos ofreció una cabaña por tan solo 180 NOK, unos 23 euros…

Claro, así era. La cabaña era sin duda la peor de todas las del viaje, un agujero infecto, para los estándares de Noruega, con camas llenas de polvo y una nevera que tuvimos que desenchufar por que hacía demasiado ruido. Aun así, fue gratificante saber que no teníamos que pasar la noche al raso. No tardó mucho en anochecer, por lo que nos fuimos al salón de televisión (en este camping no había tele en la cabaña), donde un nuevo peliculón nos esperaba: Cocktail.

Fuera caía el chaparrón de la década. Tras el chorizazo de rigor, y media peli de Cocktail, nos fuimos a la cama, esperando un día duro de camino a Røros