16 Abr

Noruega, capítulo 15: una cena en condiciones

Era nuestro último día en Noruega, aunque Xåbi y Karlstad se quedaban unos días más para visitar Copenhague. Nuestro último día, y amaneció en el aeropuerto de Evenes, tras toda la noche sin dormir. Tras el avión a Oslo y el tren al centro de la ciudad (los trenes de cercanías noruegos son una delicia, como cabría esperar), fuimos a Anker Hostel, donde habíamos vuelto a reservar, con intención de echarnos a dormir por la mañana.

La gran decepción llegó cuando descubrimos que aunque la reserva estaba bien hecha, no admitían checkins hasta las 3 de la tarde! Como la reventada era máxima, nos tiramos en los ya de por sí petados sofás de la recepción, que estaban hasta arriba de gente en situaciones similares, o con sus portátiles chupando del wifi, y allí echamos la mañana entre partidas de angry birds, sueños ligeros y conversaciones farfulladas.

Para hacer tiempo dimos un pequeño garbeo por el centro que no nos llevaría a mucho, por lo cansados que estábamos, así que cuando vimos una carpa de Microsoft publicitando la Xbox no dudamos en quedarnos a probar todos los juegos que había, así como el Kinect, en la caja de un camión:

Después de comer algunas patatas y galletas que nos sobraban conseguimos acceder a nuestra habitación, bastante mejor que la anterior que habíamos tenido, y nos echamos una siesta épica para recuperar y poder salir un poco por la noche.

Sí, nuestro último día de Oslo nos lo pasamos durmiendo.

Ya por la noche preguntamos un sitio para cenar y un sitio para salir. Parece que la zona del puerto estaba bien para salir, pero era un poco exclusiva. Así que decidimos cenar cerca del hostel (y del parque de los violadoreS), dándonos un supercapricho: Hamburguesas!!!

Cuando sacaron las hamburguesas nadie sacó ni un momento para hacerles una foto

No nos privamos de nada, langostinos, una hamburguesa gorda y jugosa, y un buen postre. Puede que la cena nos saliera a 70 u 80 euros por cabeza, pero la gozamos.

DEspués, tras buscar un rato, nos las arreglamos para encontrar el único bar que estaba ambientado en el rock de los 50, y que tenía un auténtico cadillac descapotable aparcado fuera (no decorativo, era el coche del dueño!)

La noche oslotarra

El bar Ryes, en una plaza cercana a Anker Hostel estaba lleno de señales de tráfico y de bares americanas, mucha gente, y música de calidad. Estuvimos un buen rato sentados probando los caros cócteles locales.

DEspués nos fuimos a la parte trasera, en la que había una pista donde la gente bailaba auténtico swing y rock’n’roll, con lo que ello suponía en codazos para los que estábamos cerca. No tardamos mucho en volver a la parte delantera, siempre siguiendo los dictados de Xåbi y su cacería. En la parte delantera hubo suerte. El exotismo de Xåbi atrajo a una muchacha de Stavanger,  que tras poco tiempo de conversación nos invitó a su mesa, donde había más amigas suyas.

Después de meditarlo, y reconociendo la fortaleza mental de Xåbi, nos fuimos al hostel de nuevo. En realidad había bastante sueño, y al día siguiente madrugábamos para coger los aviones, a Ibiza (sí, Iñigorg y yo volábamos vía Ibiza), y a Copenhague.

Aunque Xåbi se quedara a medias, fue un buen final para nuestra visita a Noruega. Siempre hay que dejar algo sin conocer para tener motivos para volver. En este caso, la chica de Stavanger y sus amigas.