31 May

Jordania, capítulo 4: el Incidente Bayush

DISCLAIMER: Coge aire porque creo que ésta es la entrada más larga que he escrito nunca. (3113 palabras, cuando lo habitual son 1200 ó 1500)

Fue un plácido amanecer en Madaba, uno de los pocos en los que no teníamos prisa. El día 4 consistía en ver la fortaleza de Al Karak y terminar en Wadi Musa, habiendo recorrido una buena porción del país, ya que Wadi Musa era el punto de partida para visitar Petra, al día siguiente.

Como no había mucho planing, pensamos en hacer una ruta por Wadi Mujib. Se trata de un cañón de altas paredes lisas y sinuosas, y por la parte de abajo pasa un río. La parte alta es desierto pero tiene bastante riqueza natural, y el avistamiento clave son los íbices. Wadi Mujib ofrecía varias rutas diferentes, con diferentes duraciones y dificultades. Todo pintaba muy bien hasta que el día antes, durante la sheesha Mariyah leyó la guía y se dio cuenta de que salvo la ruta de los íbices por la parte alta del cañón, todas las rutas eran «húmedas». Y con húmedas no se referían a musgo en las paredes, si no a que ibas por dentro de un río, cubierto de agua hasta el pecho, y en ocasiones nadando.

Esto tenía algunas implicaciones más, al ir atravesando un río tenías que subir y bajar en ciertos momentos algunos bloques de piedras y cascadas, con cuerdas y haciendo un pequeño rappel. La noche anterior esto había generado una pequeña polémica. Mohamiñigo e Irantzullah no sólo no veían problema si no que les apasionaba la idea; por otro lado Mariyah había tenido malas experiencias con el rappel y este tipo de excursiones y creía que lo iba a pasar mal, y Bayush no tenía el calzado adecuado, y no quería estropear sus zapatillas técnicas. Además estaba el tema del frío, ya que la guía decía que el agua estaba muy fría y que había que arrastrarse en varios momentos.  Había ciertas reticencias. Sin embargo la decisión fue ir, verlo, informarse bien, y si nos convencía lanzarnos a la ruta húmeda corta, ya que las largas eran demasiado largas (y caras porque necesitaban guías); si no a por la ruta seca.

Monte Nebo, siempre monte Nebo

Bajamos pues la carretera del monte Nebo, siempre en contra de la opinión de Mariyah, para llegar a la carretera del mar Muerto. Unos cuantos kilómetros más adelante se encontraba la entrada a Wadi Mujib, un pequeño recinto con mapas de la reserva natural y un tipo simpático en el mostrador. Rápidamente nos explicó que la ruta húmeda corta era muy fácil, no tenía riesgos y yendo con dos tipos como nosotros no tendrían nada de que preocuparse. También nos dijo que había que dejar en el coche todo cuanto fuera susceptible de estropearse o perderse en la corriente, incluyendo gafas de sol. También dijo que vendían zapatos adecuados para río, por lo que las dudas de Bayush se disiparon de inmediato. Las de Mariyah seguían ahí, pero decidimos intentarlo. Mohamiñigo aseguró que pararíamos en caso de que la cosa estuviera mal o Mariyah lo pasara mal.

Bayush, decidió llevar sus gafas, no las de sol, pero las de ver. Con algo tenía que ver. El vacilón tipo del mostrador le dijo que las llevara sólo si no le importaba perderlas. Qué demonios, pensó Bayush, cómo voy a perderlas??

Así se inició el recorrido de Wadi Mujib. Al entrar en el cañón la sensación era impresionante. Paredes altísimas, pulidas, rojas, y entre medio el río, con corriente fuerte, verde azulado. Al principio no hacía falta ir por dentro así que lo íbamos evitando, pensando en el frío. Veíamos a gente bajar y, pudiendo ir por las esquinas, iban por el centro del río tan tranquilos. Gente dura, pensamos.

Tinoniiii no niiii tinoniii no niiiii ti no niiii no ni no niiiiiii (música de jurassic park sonaba cada vez que entrábamos en un cañón)

Pero cuando empezó a ser algo obligatorio el ir por dentro del río nos dimos cuenta de que frente a lo que decía la guía el agua no sólo no estaba fría, si no que estaba bastante caliente. Era agradable, refrescaba del calor exterior pero estaba calentita. Al principio sólo metíamos los pies por las esquinas, pero en cuanto nos hicimos, lo más divertido era ir por el centro, luchando contra la intensa corriente.

fue una lástima disponer sólo de la cámara acuática

Llegaba un momento en que no había orillas y había que ir por dentro

El cañón era simplemente espectacular. No sabías si mirar a las rendijas en frente, por donde teníamos que pasar, al cielo engarzado entre paredes, o meterte un poco más en el agua.

Mohamiñigo y su sonrisa estándar

Todo iba muy bien hasta que encontramos las primeras rocas. De pronto en medio del cauce, unas rocas bastante altas impedían el paso, y había que hacer varias maniobras relativamente complicadas para subirlas. El agua caía con fuerza y te arrastraba hacia abajo. Por suerte, en los puntos complicados había unos tipos, trabajadores de la reserva natural, que te decían dónde pisar y cómo hacer las partes complicadas.

una de las zonas de rocas sencillas

La sensación de trepar por las rocas mientras te cae el agua a chorro es increíble. Había una mezcla de emoción y adrenalina mientras subías, sin equivocar la pisada, agarrando la cuerda en el punto adecuado… Mariyah sin embargo no pensaba lo mismo, pero se sobrepuso y pasó la roca sin problemas.

Unas rocas un poco más complicadas

A partir de ese momento tuvimos que escalar 4 ó 5 rocas más, algunas bastante más complicadas que la primera, pero igual de emocionantes, con el añadido de que cada vez cubría más en el río y cada vez había más corrientes. Después de unos 40-45 minutos ascendiendo entre agua, llegamos al final del recorrido corto. Se trataba de una cascada de unos 3 ó 4 metros de alto, que rompía con fuerza en la poza donde nos íbamos a meter de cabeza.

Así que podías pasar tranquilamente por debajo de la cascada y a su parte posterior. Supuestamente la ruta húmeda larga ascendía la cascada y seguía subiendo río arriba, aunque es difícil decir por dónde.

Dentro de la cascada

La zona de la cascada era espectacular, y muy divertida. Te tumbabas en el agua justo en la base de la cascada y la corriente te llevaba bastante rápido 15 ó 20 metros hacia el río. Con el chaleco salvavidas sólo había que flotar. De hecho, quitando las zonas de rocas, Irantzullah se bajó todo el Wadi Mujib así, flotando de un sitio a otro y arrastrada por la corriente. Ibas andando por el río y aparecía allí flotando y te adelantaba.

Después de un buen rato haciendo el mono en la cascada, iniciamos el descenso, con nuevas emociones en las zonas de rocas, ya que bajarlas era más complicado que subirlas. En una de las rocas, hubo un momento de tensión cuando Mariyah se quedó paralizada por la angustia, y tuvieron que ayudarla. Al intentar ayudarla, el bikini se rompió!! Cuando bajó, lejos del miedo, lo único que le preocupaba era que se hubiera visto algo, pero gracias a la camiseta y al chaleco no pasó nada. Se pudo amarrar provisionalmente el bikini, pero la tensión estaba ahí.

La penúltima zona de rocas sin embargo, aunque era complicada de bajar, tenía una roca bastante alargada y resbaladiza que parecía un tobogán. Además la zona de abajo era una poza relativamente profunda. Así que el tipo que estaba allí y nos vio bien, nos dijo que probáramos el tobogán, para hacerlo más rápido y divertido. Bayush, cámara acuática en cabeza, y motivación en ristre se lanzó el primero.

Cuando salió del agua, ni cámara… ni gafas!! Allí estaba, en una poza que cubría por el pecho, habiendo perdido la cámara acuática, y sin gafas, por ende, sin ver un carayo. Los demás estaban arriba. Unos americanos se agolpaban metros más abajo. Bayush tanteaba a ciegas el fondo de la poza intentando encontrar algo, pero no había más que cantos en movimiento, ya que la corriente era bastante fuerte. Al cabo de un rato una americana le dijo que había encontrado la cámara.  Algo era algo, pero Bayush seguía sin ver un pimiento. Las gafas no aparecían y cuanto más tiempo pasaba más daba la sensación de que aunque las encontraran estarían destrozadas. Cuando fueron llegando los demás, Bayush decidió dar por perdidas las gafas, tal como el tipo de la recepción le había dicho.

Así, Bayush tuvo que bajar el resto del cañón sin ver demasiado bien.

Bajando Wadi Mujib

Cuando ya estaban en la zona baja, llegaron a una zona de rocas pequeñas que tenía una pequeña prominencia de tierra en uno de los lados. Uno de los trabajadores de la reserva se quedó muy quieto señalando la zona de tierra. BAyush, que no veía un guano, salió del río para subirse a la zona de tierra, ya que pensaba que el tipo le estaba indicando que esa era la zona para pasar. Las piedras no parecían peligrosas, eran pequeñas y se salvaban de un salto, pero igual había corrientes o algo.

El tipo, que no hablaba inglés, seguía apuntando al suelo, haciendo gestos con la cara y sin decir nada. Bayush miraba al suelo y no había nada más que un pedazo de cuerda pequeño. Miró al tipo.

Gráfico de situación

El tipo no hacía nada, más que señalar al suelo una y otra vez, y abrir mucho los ojos. Bayush no entendía, así que pensó que le estaría diciendo que cogiera la cuerda. No sabía muy bien, la cuerda parecía pequeña y la zona no parecía requerir de una cuerda para bajar, pero bueno, el tipo estaba tan insistente que por algo sería.

Cuando Bayush cogió la cuerda entendió todo.

No era una cuerda.

La serpiente de color ocre se revolvió en las manos de Bayush, que sintió algo escamoso, y blando pero con cierta rigidez moviéndose. No dio tiempo a nada más. Bayush pegó el salto de su vida y al instante siguiente estaba en la otra orilla del río. El tipo gritaba algo en árabe y cuando Bayush se giró vio a Mohamiñigo con los ojos y la boca abiertos hasta casi rozar el suelo. Irantzullah diciendo «Pero qué haceeeeessss!». El tipo corrió a preguntar si había habido picadura. Todo estaba bien. La sensación de repelús y de poca confianza sin embargo se multiplicó por mil.

Éste fue el Incidente Bayush.

El resto del descenso del cañón, fue una suma de vaciles, Mohamiñigo repitiendo una y otra vez lo flipado que estaba, y «cuando cuente esto no se lo van a creer…», aderezado con Irantzullah flotando a nuestro lado esporádicamente.

"Pero venga hombre, es que nunca habéis cogido un áspid del desierto con vuestras propias manos?", dijo Bayush sin saber muy bien a donde mirar, ya que no veía nada

Llegamos al coche, Bayush se puso sus gafas de sol graduadas y seguimos el camino hacia Al Karak.

No tardamos demasiado en llegar hasta Karak. Las coñas habían sido una constante en el coche «síii, clarooo, seguro que encuentras ópticas en Karak!» «te van a hacer tres pares de gafas…» Karak es un gran macizo que se impone sobre los valles a sus lados, y la ciudad se arremolina por sus laderas, recordando a algunas ciudades de Nepal. En la primera cuesta en la que había edificios vimos 3 ópticas seguidas! Terrible. Luego las visitaríamos. De momento la idea era conseguir llegar en ese remolino de callejuelas estrechas y empinadas hasta la fortaleza de los cruzados, que era el auténtico checkpoint de KArak.

La carretera retorcida de Karak

Todo estaba bien indicado y encontramos la fortaleza, de modo que antes de entrar fuimos a comer a uno de los sitios recomendados de la guía. Un nuevo éxito! Junto a la fortaleza y por poco dinero comimos un cordero exquisito, con abundante pan de pita, que casi no nos repitió por la tarde. El pan de pita empezaba a rayar.

Seguido salimos a la visita de la fortaleza cruzada, una fortaleza realmente impresionante y grande. Un chavalillo nos asaltó cerca de la entrada para vendernos chicles. El chico se lo curró tanto y fue tan majo que acabamos comprándole un paquete por un jordano. Pero el nos dio un paquete a cada uno.

El niño de los chicles. Saludar siempre

Entramos a la fortaleza y entendimos por qué los cruzados habían construido aquí. Se controlaban todos los valles y montañas anexas. Eran unas vistas espectaculares. Y además se habían currado bastante el tema. Más adelante sabríamos que la fortaleza, a parte de soldados había alojado a varios millares de caballos y a unos cuantos elefantes.

La fortaleza cruzada ocupaba lo más alto de Karak

Empezamos la visita y se nos acopló un autoguía. Tipos que sin que tú les digas nada se te acoplan y te empiezan a explicar cosas, a cambio de que luego les des algo. Éste fue majo, nos explicó algunas cosas y nos dijo que si queríamos seguir con él eran x dinares. Le mandamos al guano educadamente.

Según entrabas a la fortaleza había unos calabozos con luz natural

Sin embargo, un amigo del guía original se nos acopló de nuevo, y empezó a explicarnos cosas, sin preguntarnos si queríamos guía. Por un lado está bien enterarte de algunas cosas, pero, como ya nos había pasado otras veces, estos guías que se autocontratan, hacen todo el recorrido a toda piña, no te dejan ni respirar, no tienes tiempo para hacerte fotos a gusto (menos aún si tienes que medir para tirar en modo manual). Sin embargo no captó las indirectas. Así que a cambio de ver el castillo en cero coma dos, tuvimos cierta información útil sobre sus estancias

El auto guía

Así, nos enseñó diversos comedores (curiosos porque tenían agujeros para tirar los restos de comida, que iban a pisos inferiores, que podían ser celdas o sitios para animales), habitaciones, un baño gigante, y el sistema de tuberías, complejísimo y bastante elaborado, ya que estaban excavadas en la roca.

Caballerizas

 

Las vistas desde los patios superiores eran increíbles. Cuando ibas bajando era todo cada vez más oscuro, pero aún así se curraban estancias enormes.

Después de la visita en modo Flash, el tipo nos pidió pasta, que no le dimos. Y nos miró mal.

Cuando nos libramos por fin del beduino pesao, Mohamiñigo se pone a hacerle fotos!

Cuando nos libramos de él volvimos dentro del edificio y revisamos varias de las estancias, incluyendo una galería de celdas y una iglesia bizantina por las que habíamos pasado fugazmente.

POr fin libres!!

Cuando salimos de la fortaleza, fuimos a la óptica, que no estaba demasiado lejos, sólo había que bajar una calle y listo. Era un poco surrealista entrar en una óptica de este pueblo perdido y preguntar si me podían hacer unas gafas para miopía, sin hacer medición ni nada, y al momento. Fue mucho más surrealista encontrar que en efecto PODÍAN! El tipo me dijo que sin problema, me enseñó unas monturas, me dijo el precio, que sólo era de 18 jordanos, incluyendo cristal (18 euros unas gafas nuevas!!!!!), y que me las hacían en una HORA!!!! Como las fotos de antes!! Sus gafas a medida en una hora!! Para que luego hablen de subdesarrollo.

Gracias a la óptica, pudimos conocer el bazar de Karak, auténticamente jordano, Mohamiñigo pudo arreglar su chancleta en un zapatero local, y estuvimos sentados en un banco viendo el estilo de vestir de las jordanas, muy tapado pero a la vez bastante elegante, con zapatos de tacón, y muchos pañuelitos y chorradas. Los jordanos las miraban intentando adivinar algo de lo que no se veía.

Las gafas eran estupendas, salvo que al no tener el tratamiento anti brillo a veces salían brillos. Pero estaban al nivel de cualquier gafa occidental.

Tiramos hacia Wadi Musa, que estaba bastante lejos y teníamos una buena tanda de autopista del desierto.

Atardecer desértico

Tiri tiri, tiririririiii, tiri tiri, tiririririririiii, tari tari tariririrariiiii, ta-ti-to-tiiii

Wadi Musa es la ciudad que se construyó alrededor del turismo de Petra. Es una ciudad originariamente plenamente turística. Como Petra está en en lo más bajo de un desfiladero, Wadi Musa está en pendiente, en la ladera de un monte. Al llegar bajamos una buena cuesta y hacia la mitad de la misma estaba el Cleopetra, nuestro hotel para las dos siguientes noches. Cleopetra es uno de los sitios míticos para dormir al visitar Petra. Su dueño, Mosleh (o Mosles, como decía Irantzullah), en cuya tarjeta ponía «Mosleh, Peace Maker» era un tipo agradable, un poco hiperactivo y muy muy hospitalario. Nos acogió y nos enseñó las habitaciones, que no tenían nada que ver con las que habíamos visto en cualquier otro sitio, aunque Cleopetra era el hotel más barato que habíamos visitado. Eran auténticas habitaciones de lujo, con baños que tenían una ducha entera (no un grifo y un desagüe en el suelo).

Fuimos a por un poco de comida para el día siguiente, tarea compleja en un país que sólo come pita y cordero. Conseguimos comprar pita y unas latas de atún y volvimos a Cleopetra, donde Mosleh nos dijo que podíamos cenar allí mismo.

La cena estaba correcta, pero nada del otro mundo. Fue un poco liada, ya que la cena no era barata. En Wadi Musa hay muchos sitios en los que cenar mucho mejor por mucho menos dinero. Sin embargo, la cena era en bancos corridos, en mesas comunes, e invitaba a hablar con otros huéspedes. Estuvo bien conocer a Tatsuya, un japonés que estaba visitando el país en tiempo récord, y que al día siguiente también iba a Petra.

Tras la agradable cena, nos fuimos a dormir en aquellas estupendas y nuevas camas, ya que para ir a Petra, si no quieres encontrarte con 200000 turistas, hay que levantarse muy muy pronto. En nuestro caso, 7, para estar allí a las 8. Luego descubriríamos que los cracks llegan allí a las 6 de la mañana, pero esos son auténticos castas.

 

24 May

Jordania, capítulo 3: Flotaré, oh oh

Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien. Parece que el tercer día se hicieron mares y tierras, según cierto compendio de libros. El mar que íbamos a visitar en nuestro tercer día de viaje parecía haber sido olvidado de la creación de vida de dios… y eso que no podía estar en tierra más santa…

Tras el ya clásico desayuno basado en pita y huevos duros, salimos al primer checkpoint del día, la iglesia bizantina de San Jorge en la que estaba nuestro albergue de peregrinos! Esta iglesia es un referente dentro de la iglesia ortodoxa ya que tiene un mosaico que es la representación cartográfica de Jerusalén y alrededores más antigua que se conoce. El mosaico es todo un mito y de hecho se conoce como el Mapa de MAdaba, y representa la ciudad romana de Jerusalén, con su ya tradicional cardo, el mar Muerto, Arabia y cuenta la leyenda (la leyenda al pie del mapa) que en una esquina aparece Egipto, aunque yo no lo indentifiqué muy bien

el Mapa de Madaba

Mariyah vestida de Harry Potter porque las reglas de recatación no le permitían entrar con sus short-shorts

Dorados varios del mundo ortodoxo

La iglesia era bastante pequeña, una visita de 15 minutos debería bastar. Salimos pues para el monte Nebo. Este monte está muy cerca de Madaba, a unos 10 minutos en coche y presuntamente es donde dios le enseñó a Moisés la tierra prometida, después de 40 añazos haciendo el mono por el desierto. Después de ver la tierra prometida, palma, porque ya tenía 120 tacazos y no estaba para bromas. Ya se la podía haber enseñado antes, que desde el mar Rojo que cruzara para escapar de Egipto hasta aquí sólo hay 300 km (aunque al parecer cruzaron por abajo y fueron 1000km).  Esto me suena a Scumbag god

Scumbag God - te hace vagar 40 años por el desierto cuando encuentras la tierra prometida palmas

Anyway, lo bonito del monte Nebo, mitologías a parte, es que se ve todo el valle del Jordán, e incluso se puede ver Jerusalén en un día despejado (que está a tomar por saco en realidad). Tal como pensábais, no fue un día despejado…

De fondo se puede ver el día exquisito que nos salió

PIedras conmemorativas de la custodia franciscana ¿?¿?

El bonito, y cubierto valle

El monumento mítico a Musa (Moisés en árabe es Musa, mola mucho más!)

En realidad hacía sol (y qué sol!), pero había tanto polvo en suspensión que no se veía casi ni el valle del Jordán.

El Jordán y la tierra santa. Será maná eso que ha puesto el cielo marrón?

Aún así, sin vistas, el monte Nebo es un «montículo aburrido» (como nos diría un jordano hiperactivo unos días después), pero merece la pena hacer la visita (y pagar los pocos jordanos que cuesta la entrada). Además, hay un templo para visitar (que estaba en obras…) con mosaicos y frescos interesantes. En nuestro caso los mosaicos los habían sacado fuera, a una tienda de beduinos para poder hacer la reparación del templo, así que no nos los perdimos. También hay un olivo plantado por Wojtyla y unas cuantas figuritas de diversos acontecimientos judeo-cristianos.

Los olivos varios, probablemente el de Wojtyla esté por ahí

Más piedras, en este caso judías.

Cuando ya no quedaba mucho por ver, nos lanzamos carretera abajo hacia el valle. El monte Nebo está a 817 metros, y el valle del Jordán está por debajo del nivel del mar, por lo que el descenso se hacía por una carretera enroscada, empinada y complicada.

Sólo el principio de la carretera

La mítica carretera del monte Nebo, que comenzó como una scenic route, y acabó siendo la carretera por la que más veces pasamos, a pesar de la reticencia de Mariyah.

Checkpoint camello. En el medio del monte Nebo había unos camelleros, que estaban justo antes de un control del ejército, por lo que era una especie de referencia que teníamos para saber dónde estábamos

Los camellos dieron mucho juego

Que quieres pasar por aquí? Tengo cara de que me importe?

pppprrfrfrfrfrfr

El destino no era otro que Betania, lugar donde presuntamente se bautizó a Jesús. Iba de santería la cosa, el día 3. Cuando llegamos a Betania, desde la carretera del mar muerto estaba constantemente anunciado descubrimos que donde se dejaba el coche estaba bastante lejos del sitio bautismal, y que había que pagar nada menos que 15 jordanos por persona para que te montaran en un autobús y te llevaran hasta el sitio. 60 jordanos para ver el agua sucia del Jordán era un poco excesivo, así que decidimos huir hacia las playas del mar Muerto, que iban a dar mucho más juego.

El mar Muerto es más bien un lago, con sólo 16 km de ancho y no mucho más de largo… Aun así, lo que cabe esperar es que haya playas (o algo similar) donde puedas entrar libremente. Pero no, las playas del mar Muerto (y las del Rojo veríamos que también), son privadas! Un megacomplejo hotelero acapara la zona de playas y para poder usarlas tienes que entrar pagando en uno de los hoteles, con sus respectivos spas. A parte de esto, hay una playa pública (de pago) de la municipalidad de Amman, y ya está. Si quieres entrar al mar Muerto por otro lado tienes que comerte un super acantilado o cosas peores. No está fácil la cosa. Una de las playas privadas estaba recomendada por la guía, la que estaba dentro del hotel Mövenpick. Cuando fuimos a entrar, susto! 60 jordanos (1 JOD=1€, más o menos) por entrar! 60 por persona!!!! Es cierto que podías usar los servicios de spa pero 60!!

Como había más hoteles fuimos a probar al Marriott… pero en el Marriott, 50 jordanos por «only swimming»!!! Esto era peor aún, sólo acceder al mar 50 euros! Si querías spa eran 2o o 25 jods adicionales!!! Tras la desmotivación inicial arrancamos hacia la playa pública de Amman, que estaba un poco desrecomendada. Al menos sólo costaba 15 jordanos entrar.

Cuando entramos vimos que la cosa no estaba nada mal, es un pequeño complejo con piscinas, duchas (fundamental si te vas a bañar en un agua tan salada), restaurantes y algunas tiendas. Además en la zona de la playa estaba el mítico señor poniendo betún a la gente, que supuestamente servía para dejar la piel fina y blablabla (tecnoverborrea de spas y balnearios)

a la bartollah!

 

No tardamos nada en lanzarnos a las cálidas aguas del Mar Muerto. La experiencia de bañarse en un sitio un 24% más denso que el agua pura (de 1000kg/m3 a 1240kg/m3), es impactante a pesar de que te lo esperes. La alta densidad, además de hacerte flotar, hace que el agua parezca aceite. Realmente parece que te estás metiendo en un pozo de aceite de girasol. Es una sensación un poco rara y bizarra.

Al margen de esto, el tema de flotar es bastante risas y puedes ponerte en posición de vivir por un periodo indeterminado sin hacer ningún tipo de esfuerzo, aunque si estás mal fabricado, como yo, es complicado permanecer boca arriba y te das la vuelta solo. Darse la vuelta es un poco arriesgado porque en teoría no debería entrarte nada de este agua en la jeta, ya que si te toca los ojos puedes ver las estrellas y la galaxia entera. No obstante había algún chino por allí que se estaba dando unos buenos chombos cabeza incluida. No quiero ni pensar lo que sería después sacarle la sal de la melena. Tampoco es un sitio muy apto para nadar, pero es que realmente no invita a nadar… es como si te tumbas en una hamaca, pues la hamaca no te invita a nadar.

postura antivuelco perfeccionada, como los autobuses

bayush el socorrister

-Mohamiñigo, no sé cómo decirte esto pero... no hemos traído ningún periódico.... +NOOOOOOOO!!! LA FOTO DE POSTURA NOOOOOO!!!

 

Después de estar un buen rato flotando por allí (en ocasiones con silla incluida),

y de hacer el mono todo lo que daba de sí, nos dimos cuenta de que era un poco tarde por lo que fuimos a la zona de hamacas de arriba para comer. Hoy era un día especial, ya que en previsión de que comer aquí iba a ser caro, habíamos comprado comida antes! Y no había pan de pita en el menú! Brutality! Sin embargo el menú se redujo a unos cheetos, unos panes de ajo, algo de fruta y un poco de chocolate. No habíamos caído en la cuenta de que comprar embutidos aquí no era algo trivial.

La zona de comer estaba un poco elevada

Quién dijo dos horas de digestión?

Tras unos pequeños chapuzones en la piscina, que no estaba nada mal, nos lanzamos de nuevo a probar las salinas aguas. Pero esta vez, Mariyah, Irantzullah y Mohamiñigo se atrevieron a embadurnarse con el betún (a sólo 3 jordanos por persona :S). Esto aunque parezca muy de spa, no era nada glamuroso. Era un pote con betún que parecía de zapatos y lo ibas cogiendo plotch plotch, hala, a ponerse por todo el cuerpo.

hummm delicioso betún maloliente!! ponme más!!

El último mohamiñigo

La pinta y el olor eran bastante chungos por eso Bayush se abstuvo, pero los otros tres intrépidos no tuvieron inconveniente. Es más, Mohamiñigo quería parecer un auténtico etíope, y se tapó hasta los agujeros de la nariz. Nada podía quedar blanco. Luego sería unas risas quitarlo.

podría tratarse perfectamente de una gaviota tras una marea negra

la guerrera del antifaz, pero al revés

ya soy etíope??

Después de un buen rato poniéndose engrudo y reposándolo, la cosa se solidificó.

el repose del engrudo

Parecían zapatos, y daban un poco ganas de pasarles un cepillito para dar lustre. Fue el momento de quitarlo en el Mar Muerto.

La cosa no salía! la primera capa se iba rápido pero después se quedaba la piel negra y con rayas. Por no hablar de los bañadores. Se habían perdido para siempre!

Costó bastante quitar toda la roña del betún, y tuvo que acompañarse de una intensa ducha y de un bañito en la piscina. Un rato más de relajación allí y salimos hacia Madaba de nuevo, para darnos una ducha en condiciones, con jabón abundante y quitar toda la sal y pegajosidad del cuerpo.

Como no podía ser de otra manera, tras la épica ducha, cayó una pipa en Madaba, en el mítico sitio. Después claro, de  un wrap de cordero (con pan de pita), que nos supo a auténtica gloria. Como los kebabs de aquí pero sin la sensación de estar comiendo basura.

una alegre discusión sobre canyoning ante la pipa de menta y limón

El día 4 era un día tranquilo, por lo que Mohamiñigo tenía intención de hacer una ruta por un cañón. Descubrimos que era una ruta húmeda (vas por dentro de un río) y que igual había que hacer un poco de rappel.. Esto fue algo polémico y tuvimos un pequeño debate sobre si debíamos hacer esa excursión o no. Lo dejamos todo en el aire. Mañana era el día.

Hoy a dormir, a ver si no se oía mucho al muecín.

 

18 May

Jordania, capítulo 2: fronteras sin fronteras

El muecín nos despertó a las 4 de la mañana. A todos menos a Mohamiñigo que seguía experimentando su viaje. No costó mucho volver a dormirse hasta las 8, para ducharnos en las negras duchas del Palace Hotel y bajar a desayunar el glorioso pan de pita con huevo duro, mermelada y quesito.

Hoy tocaban los castillos del desierto. A lo largo de Jordania hay un montón de castillos antiquísimos de diversos orígenes: omeyas, cruzados, de reyes españoles… de todo había… La mayoría se conservan en bastante buen estado en medio de desiertos, y hoy íbamos a ver los 4 más míticos del norte de Jordania, haciendo una ruta circular que nos acercaría peligrosamente a la frontera de Iraq, algo que excitaba a Mohamiñigo de sobremanera.

Tras conseguir salir de Amman, no sin pocos problemas, nos dirigimos al primer castillo: Qasr Al-Hallabat. Para llegar a este castillo desde la carretera que iba a Iraq tuvimos que desviarnos a la izquierda tras una cantera. La arena estaba en suspensión y no se veía demasiado bien, pero por suerte teníamos el móvil con conexión de Mariyah, que mal que bien nos fue guiando. Llegamos a un pueblo en el que no debía de vivir mucha gente y en una intersección nos encontramos con esto:

peligrosísimos granjeros

Mohamiñigo volvió a emocionarse: un camión lleno de gente con la cara tapada con keffiyehs jordanos!!! Parecen tipos armados y peligrosos!! No les mires a los ojos que igual sacan un AK47!

Probablemente eran granjeros o cabreros que llevaban la cara tapada por la arena que se estaba levantando. Un poco más adelante encontramos lo que parecía el castillo, cuatro piedras tras una valla. Un poco decepcionante.

Irantzullah y Mohamiñigo no se creían que «eso» fuera el conocido castillo así que preguntamos y nos enteramos de que en efecto el castillo estaba un poco más adelante, por lo que nos dirigimos allí.

5 Km más adelante estaba el auténtico castillo (que no era un castillo)

Al llegar, Mariyah empezó a ejercer su nueva afición: guía turística que nos iba radiando toda la historia de los lugares que visitábamos (historia que leía en la Lonely). Resulta que Al Hallabat era más bien un palacio de la dinastía Omeya que usaban para vivir, y bañarse (debía de tener unos baños excepcionales). El palacio en cuestión también era 4 piedras, pero tenía su interés, sobre todo pensando que tenía más de 1300 años de antigüedad.

seh... nostamal...

La visita a Qasr Al Hallabat no duró mucho, y seguimos hacia Qasr Azraq, el castillo más grande y oriental (y por tanto más cercano a Iraq). Ohhh síii, la frontera de Iraq! Vamos a estar a 200 km de la frontera de Iraq!!! Es lo más cerca en nuestra vida que blablablabla…

Iraq!! a sólo 55 km... :S

sehhh-... nostamal...

En resumen, nos quedamos a unos 200 km de Iraq, pero Mohamiñigo no pudo evitar estar más cerca de la frontera.

Qasr Azraq era el castillo más grande, ya que realmente había sido una fortaleza. Era curioso porque estaba construido con basalto, por lo que es negro.

pose en la entrada.

Radio Mariyaaaah efe emeeee. Con todos los éxitos de los castillos jordanos!

Por lo visto este castillo fue un asentamiento militar de los romanos por estrategia, ya que estaba junto a un oasis, el único en un montón de kilómetros de desierto. Del oasis quedaba ahora un pequeño humedal. DEspués de los romanos, los famosos mamelucos construyeron la fortaleza, y posteriormente los árabes lo tomaron y construyeron una mezquita, existiendo una pequeña mezcla de estilos en el castillo. También vinieron omeyas y bizantinos. Un poco de todo.

Lo más llamativo de Qasr Azraq era que Lawrence de Arabia había vivido allí. Incluso se podía entrar en la estancia que había sido su habitación/oficina para gestionar la guerra contra los turcos.

Mohamiñigo reflexiona en la habitación de Lawrence

La habitación estaba más concurrida de lo que parecía

 

Arcos de los cristianos (pseh... nostanmal...)

Pequeña tormentita de arena que estaba empezando a formarse...

seh...nospatanto la tormenta....

Parece que cada día hay una foto de Mohamiñigo con algún tipo de soldado o policía

Cuando salimos de allí nos dimos cuenta de que era ya medio día y el hambre apretaba, así que fuimos a Azraq a ver si encontrábamos algún restaurante local. Así fue, no pudo ser más local. En la recta de los restaurantes, de la carretera que baja a Arabia Saudí encontramos un sitio de aspecto cutre, que estaba vacío y con una legión de camareros que se pusieron a atendernos todos a la vez. Mientras nos sentábamos, los camareros nos ofrecieron amablemente uno de los reservados que había en los laterales del recinto, aparentemente más cómodos, con sofás y mesas bajas. Después me explicó que era donde se separaba a las mujeres para comer. Me dio un poco mal rollo, así que a pesar de que nuestras infieles esposas vestían como malditas rameras occidentales le dije que íbamos a comer en el comedor general. Poco después entraron unos saudíes que no nos quitaron ojo en toda la comida.

La comida sin embargo fue excelente, brochetas de cordero (creo que se llamaban shish), con verduras y un taboule delicioso, hummus y pan de pita!

Cuando salimos del local parecía que había anochecido. No sé si técnicamente eso era una tormenta de arena, pero lo parecía. El cielo era marrón, el sol era una simple bolita blanca detrás del velo de arena, el viento era intenso y no había prácticamente nada de visibilidad.

conduciendo entre arena

Así, bajo el manto de arena tapándolo todo, arrancamos hacia Qasyr Amra, sin duda uno de los más conocidos  en foto. También se trata de un castillo omeya del siglo VIII, que estaba mucho mejor conservado. Algo que nos tenía intrigados era que en la Lonely se hablaba de que había un fresco de un oso tocando el banjo. Sonaba un poco raro…

Qasyr Amra, tal como sale en las fotos

Al llegar encontramos que el castillo estaba en muy buena forma. Lo que se conserva son principalmente termas con unos ingeniosos sistemas de almacenamiento de agua, evacuación de vapor y demás. Al llegar nos asaltó un hombre pequeñito y cansino, que nos hizo de guía por todo el palacio sin que nosotros se lo pidiéramos (por supuesto luego pediría una remuneración que nunca tendría). El tipo nos enseñó el castillo bastante a fondo y muy rápido. Lo más interesante de este castillo/palacio eran los frescos. Casi todas las habitaciones que se conservaban eran termas con canalizaciones, y chimeneas para el vapor, pero en sus techos había interesantes frescos con mapas del cielo, y en uno de ellos efectivamente había una escena en la que salía un oso tocando el banjo.

En la parte inferior se puede apreciar el famoso oso con banjo... es bastante inquietante que este fresco tenga más de 1000 años... en qué demonios pensaban?

En otra habitación que parecía más de oración aparecían seis reyes que parece que estuvieron implicados en la construcción del castillo, uno de ellos español, al parecer.

En la parte de fuera había un pozo bastante profundo y un molino que permitía cambiar el agua a las termas. Mohamiñigo lo probó, y el mini-guía le dijo que era un camello, ya que eso lo hacían los camellos. También le lanzó el clásico «jalla jalla», una especie de «vamos, vamos» que usaban mucho por allí, y del que nos apropiamos rápidamente.

 

Aurki putzu bat emango zaik egongutzat

jallah, jallah!

Photo performed by gabachos

Después de una última foto salimos hacia Qasr Kharana, el último castillo que íbamos a visitar.

Qasr Kharana era algo más parecido a un castillo que lo que habíamos visto antes. Tenía unos muros bastante más altos, torres (aunque según Radio Mariyah eran macizas y no había tipos dentro para disparar flechas o tirar aceite hirviendo)

Contaba con bastantes habitaciones visitables y que se conservaban bien.

cortado por las muñecas. toda una lección de composición

habitaciones y escalinatas se sucedían

the f* is this? ... the f* was that?

Tras acabar con los 4 castillos, el regustillo general era un poco de desilusión. Los castillos son algo que hay que visitar en Jordania pero tampoco ofrecían tanto. Así que arrancamos hacia Madaba, una ciudad no muy grande al sur de Amman, aunque un poco más elevada, rodeada de huertas y campos de cultivo, ya que al parecer esta zona es bastante fértil.

No nos costó demasiado llegar a nuestro hotel en Madaba: Pilgrims House. Resulta que en Madaba se encuentra la iglesia de San Jorge, y es su punto más conocido por ser una iglesia ortodoxa que alberga un mosaico antiquísimo. Y resulta que en esa iglesia hay un albergue de peregrinos que fue ampliamente recomendado por Al-Xabier. Así que allá fuimos, y la encontramos fácilmente por que no había muchas iglesias ortodoxas en el panorama de minaretes.

Al llegar nos recibió una señora extremadamente amable (y que de apariencia me recordaba a la imagen mental que tengo de la madre de Howard de Big Bang Theory) que nos sacó un zumo y nos hizo esperar un rato, durante el que estuvimos hablando con unos popes que andaban por allí filosofando entre ellos y lanzándose cuestiones éticas y metafísicas (presuntamente). Inicialmente la cosa daba un poco sensación de «demasiada santidad» en el ambiente, como que no encajábamos mucho allí. Con el paso del tiempo, la casa de Peregrinos de Madaba sería nuestro alojamiento favorito en Jordania.

Por fin nos dieron las habitaciones, espartanas, funcionales, y muy muy limpias y cuidadas, algo que agradecimos. La ducha para quitar la arena del desierto fue intensa, y después dimos un garbeo por Madaba, conociendo la otra iglesia cristiana que había (donde se estaba celebrando una intensa misa), y la calle principal.

Fiestón nocturno en Madaba

Como no había gran cosa que hacer, la solución fue fumarse una sheesha en el bar Queen Ayola, una de las acertadas recomendaciones de la guía y de la señora del Pilgrims House (que se llamaba Hind). Cenamos un poco en un restaurante cercano, que no fue demasiado barato pero incluyó pan de pita!!!, y nos fuimos a la cama, ya que al día siguiente nos esperaba el Mar Muerto, uno de los grandes highlights del viaje.

14 May

Jordania, capítulo 1: a photo please!

Día 0

El minuto 0 del viaje a Reino Hachemita ocurrió en la T4 de Barajas, cuando Mohamiñigo, Bayush, Mariyah e Irantzullah se encontraron ante los mostradores de Royal Jordan. Era un comienzo excelente coger un avión y 5 horas después aparecer en el destino, sin conexiones, sin esperas,… sin Stansted… :S

Cuando Mohamiñigo se hubo metido el doble de la dosis recomendada de benzodiazepinas, el viaje empezó de verdad.

Todo fue ligero y no tardamos en estar montados en el pequeño pero bien equipado avión de la Royal.

En-route. Mohamiñigo, a pesar de su dopaje extremo se dedicaba a hacer fotos. La cosa no era para tanto

Tras un placentero vuelo de 5 horas que parecieron 2, en el que no quedó más remedio que tragarse Speed (la peli de Keanu, «pregunta de examen listillo», y «chan chan chan chachachachaaaann»), aterrizamos en el Reina Alia, un aeropuerto pequeño pero eficiente, en el que nos quedamos los últimos para hacer los visados, a un módico precio de 20 dinares jordanos (JD, jeydi, o como los llamábamos nosotros, «jordanos»)

Cuando salimos nos esperaba fuera el driver que nos había puesto el Palace Hotel de Amman. El Palace Hotel parece que tiene un supernombre, pero… ya hablaremos de él más adelante…

El driver era un tipo adusto y seco. Se limitó a preguntarnos si era nuestra primera vez en Oriente Medio y a decirnos que teníamos suerte de que eran las 11 de la noche y no habría muchos atascos que alargaran los 50 minutos que se tardaba. 50 minutos al centro de Amman!

El driver conducía bastante rápido así que dimos por hecho que era el estilo beduino de conducción, aunque luego descubriríamos que era el estilo del driver… Cuando no llevábamos más de 10 minutos en el coche, el tipo paró el coche en medio de un descampado, y se bajó, dejándonos dentro y sin mediar palabra. La tensión dentro del coche, salvo en Mohamiñigo, que iba en su nube de tranquilizantes, se podía cortar con cuchillo. Quién demonios era este tipo y por qué nos dejó en medio de un descampado… Se iba a montar algún tipo de tipo con chilaba para llevarnos a una mazmorra y pedir un rescate?? No, el driver volvió al coche se montó y empezó a conducir como si nada. Cuando le preguntamos nos dijo que la rueda tenía un clavo metido, y que tenía que cambiarla… braaaaavooo…

Paramos en unas cuantas gasolineras en las que pasaron en moto de nosotros y de nuestra rueda estropeada. De vez en cuando el driver abría la puerta sobre la marcha y miraba a ver cómo iba… Cuando pasó media hora ya parecía que se había olvidado de la punción y se precipitaba por las empinadas callejuelas de Amman.

Al fin llegamos sanos y salvos al Palace Hotel, un pequeño antro en el centro centro centro de Amman. Aunque estaba en el centro centro, el Palace Hotel es uno de esos sitios cutres cutres que dan mal rollo desde el minuto 1, aunque el cartel «come as a guest, leave as a friend» inspiraba cierta confianza. A diferencia de los tipos de la recepción, que no inspiraban ningún tipo de confianza cuando nos condujeron a las habitaciones, de techos altos, camastros sucios, moqueta mugrienta y baños con cortinas que fueron amarillas pero ahora eran negras. No era lo más acogedor del mundo, pero al fin estábamos en Jordania, y tras muchas horas de viaje, vuelos, pastillas, y drivers locos, era hora de dormir.

Día 1

El muecín hizo de las suyas, como siempre en este tipo de países. A lo largo de todo el viaje no conseguí descifrar un patrón de las horas a las que empiezan los alaridos, ya que cada día parecían empezar a una hora, incluso un día me fijé que eran las 19.48, así que parece que la cosa depende de cuando le apetece al imán dar la misa. O algo.

Amman streets

Nos encontramos en la cutrerecepción del Palace Hotel para tomar el desayuno. La cosa pintaba muy bien: Pan de pita, mermelada, huevo duro, quesito, té árabe… Mariyah: «cómo me gusta el pan de pita». Irantzullah: » me encanta, podría comerlo todos los días»… Ya veremos…

qué rico el pan de pita...

No tardamos en salir hacia el hotel Marriott para coger el coche. Al preguntar en la recepción cómo se llegaba andando al Marriott el tipo se mofó de nosotros. Pronto descubriríamos la enorme vastedad de Amman, y que los puntos cercanos en el mapa estaban a tomar por saco.

En el taxi vimos que la conducción por el centro de Amman no era tan complicada como la de otros sitios (había semáforos y todo), aunque se basaba mucho en meter morro y tocar bocina, pero era algo moderado que podía llevarse bien.

Ponme un coche, botones

En el Marriott tocó esperar un poco a que nos dieran el bólido. El tipo de Europcar se tomó su tiempo

La guía era básica

Cuando por fin tuvimos el coche, un Chevrolet Op……nosequé (las letras del modelo estaban arrancadas) en el que entraban nuestras maletas mucho mejor que en el 206 que habíamos alquilado originalmente, descubrimos que no teníamos GPS!!! OMG!!! WTF!!! Liada parda no tener GPS en un país en el que la mitad de los carteles sólo están en árabe (y más adelante descubriríamos que en muchos casos está bastante mal señalizado todo). Gracias Mariyah que tenía internet gratis en el móvil tiramos de Google Maps, pero al ser un país en el que aún no está muy desarrollado el mapa nos perdimos incontables veces, en ocasiones dando grandes rodeos.

Mohamiñigo adaptándose al beduino-style de conducción sin carriles

Por el momento nuestra prioridad era conseguir gasolina en el caos de Amman, para poder ir a Jerash, nuestro primer stop. La gasolinera no estaba lejos, pero la incipiente adaptación de Mohamiñigo al pedal de freno y a la conducción con cambio automático nos hizo llegar a tirones y frenazos (con chirrido de rueda incluído). La gasolina, a 0.70 el 95, y a 0.50 el diesel!!! 0.50!!! Terrible.

Salir de Amman nos hizo darnos cuenta de tres cosas: a) Amman es GIGANTE y sus outskirts se extienden kilómetros y kilómetros en ondulantes colinas; b) cuanto más fuera vas, mejores chozas ves; c) Mohamiñigo conduce como un orangután. Resulta que hay un tipo de su curro al que llaman Apureitor, debe ser porque no han visto como apura él la frenada cuando va detrás de otro coche o cuando hay un semáforo o intersección. Recuerdo que esa noche tuve calambres en la pierna de las frenadas imaginarias que pegué. Mariyah was right.

En menos de una hora estábamos en Jerash, una ciudad igual de caótica que Ammán, pero que contenía una completa ciudad romana en ruinas excelentemente conservada.

La entrada a la ciudad Romana

En la entrada a Jerash encontramos algo que no nos esperábamos: Éramos monos!! Prácticamente no había turistas y para los jordanos éramos unos bichos raros. Pero más aún, para las jordanas éramos (los chicos) algún tipo de animal de feria! Todas nos miraban, se reían y se querían hacer fotos con nosotros. Las chicas también eran objeto de ciertas miradas lascivas, ya que aunque la Reina viste muy occidental, las jordanas en general van muy muy tapadas, y creo que los hombres gozan (o se ofenden) un poco cuando ven chicas tan veraniegas.

Los niños también flipaban un poco con nosotros y nos preguntaban nuestro nombre y nos pedían fotos

Tras el shock inicial empezamos a visitar Jerash. Las ruinas tenían de todo:

Un arco de adriano...

Un hipódromo en el que se representaban carreras de aurigas

Más arcos

Vendedores de baratijas...

Ruinas fotogénicas

un templo muy bien conservado

 

 

y un cardo!!!

 

El cardo, al parecer, era como la Gran Vía de Bilbao pero en las ciudades romanas, una calle principal con columnas que llegaba a una plaza y a cuyos lados se extendía la ciudad. El cardo de Jerash se conservaba en excelente forma

fotón coming!

El calor se iba haciendo sofocante y nos acercamos a un teatro que también estaba conservado excelentemente:

Mohamiñigo se mezcla con los beduinos locales. Es un camaleón

En el teatro la gente se echaba unos bailes.

En la parte de abajo del teatro los jordanos bailaban de forma espontánea. Eran tipos alegres y cantarines.

REventada Máxima a la romana

Tras cuatro horitas pateando por las calles romanas de Jerash, entre las miradas divertidas de las jordanas y bajo un sol abrasador, era momento de irse a comer. Al-Xabier (le recordarán de otros viajes como Noruega o NEpal y Tibet), nos había recomendado la casa libanesa, muy cerca de las ruinas y recomendado por la guía.

Nos dirigimos hacia la Lebanese House, pero hubo un pequeño error de cálculo y acabamos en un super restaurante de turistoides con buffet, en el que había una comida semidecente (basada fundamentalmente en pan de pita) y nos clavaron unos nada despreciables 20 pavos por persona, además de tener que oír las indiscreciones del camarero, que trajo a nuestras esposas unas sandías cortadas con forma de corazón. La mirada que le lanzó Irantzullah bien podría haber arrasado Alderaan. Lebanese House estaba unos metros más abajo. Turistoides, no os equivoquéis, el restaurante recomendado por Al-Xabier está un poco más abajo que el megacomplejo de lujo.

Después de aquello emprendimos la vuelta a Amman, ya que teníamos una famosa ciudadela que visitar, a escasos metros de nuestro cutre-hotel.

Antes de la ciudadela visitamos un teatro romano que había junto al hotel, uno de los highlights de Amman, pero resulta que cierran a las 5 por lo que sólo lo vimos por fuera, y desde lo alto de la ciudadela:

ahí está. El quinto de la tarde. Podemos marcar "teatro romano" como visto.

La ciudadela de Amman no es muy grande pero ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad. El Palace hotel está en la base de la colina donde se asienta, así que tuvimos un pequeño ascenso al monte por callejuelas auténticamente jordanas, llenas de niños que nos asediaban y adultos que nos miraban raro. Ya arriba, la ciudadela tenía buena pinta pero un guarda nos dijo que teníamos que pagar para entrar, en contra de lo que decía la guía.

Nos dimos la vuelta y el guarda no tardó en aparecer detrás nuestro con nuevas ofertas y precios reducidos… Finalmente, la entrada era gratuita, y el tipo nos la estaba intentando colar. Las tablas de Mariyah negociando no tienen precio.

subiendo a la ciudadela

La ciudadela romana de Amman no se conserva tan bien como la de Jerash, pero también tenía su punto de fotogenia.

las piedras principales

mohamiñigo edition

Además las vistas de Ammán eran increíbles, podía verse una parte de la extensión de esta megaurbe, y muchas cometas en el cielo, como en la peli aquella tan desagradable.

Amman

El sol empezaba a bajar por lo que nosotros hicimos lo propio con la colina. Dejamos algunas cosas en el hotel y fuimos a dar un pequeño garbeo por el centro de Amman, un gran bazar efervescente lleno de gente que se cruzaba y se paraba para decirnos «welcome to Jordan!!». La simpatía de los jordanos con los extranjeros era una maravilla. Además, por alguna razón, todo el mundo, absolutamente todo el mundo era del Barça o del MAdrid, con lo que cuando descubrían de dónde éramos en seguida nos preguntaban «Barça o Madrid? Messi o cristiano??». Había bastante locura con esto, en los puestitos de baratijas había cienes de camisetas de barça y madrid (las del barça ni una tenía bien hecho el escudo, jojo), en los bares había banderas y los niños tenían camisetas de özil (supongo que por cercanía geográfica).

DEspués de ver el centro y ser acosados por unos cuantos vendedores (hasta vendedores de grifería, la mítica grifería jordana que todo el mundo quiere llevarse a su país), empezamos a buscar un buen bar para darle a la shisha y un poco del famoso té jordano. Nos decantamos por un antro destacado en la guía, que fue todo un acierto. En una callejuela que se colaba entre edificios había un viejo y sucio hotel (Cliff hotel). Entrando por su recepción, en el primer piso había un local de lo más auténtico: sólo hombres fornidos y bigotudos jugando a cartas o a backgammon, atmósfera cargada de humo de mil shishas, banderas del barça y del madrid, paredes sucias y ventanas mugrientas, y una estrechísima terraza que nos iba a permitir ver el anochecer jordano desde un punto privilegiado. Allí sacamos las shishas y unos tés, y gozamos de la tarde.

miniterraza, té con menta y shisha de menta

Mohamiñigo es un tipo interesante.

Cuando anocheció del todo, y después de haber tenido una interesante conversación con un abogado jordano que se sentó a nuestro lado a darle a la pipa, bajamos al restaurante de en frente, el Hashem’s.

Este restaurante la ha gozado por ser el sitio recomendado por la Lonely Planet, ya que está a reventar de turistas y locales, ofrece una comida exquisita por unos muy módicos 10 euros (para los 4). Cenamos en la terraza, hummus, fool, fatoush, taboule y falafel. Todo exquisito. Todo con pan de pita. Hashem era un tipo amable que nos sirvió rápido (supongo que para evacuarnos y que vinieran otros). Mohamiñigo pidió servilletas y nos trajo unos din-a4. Mofa de sitio.

Podría comer esa comida durante semanas.

Así, con la satisfacción de una cena deliciosa, nos tomamos una cerveza en un bar de un callejón (de los pocos que daban alcohol), y nos retiramos a dormir, para preparar el que sería el día de Iraq!!