19 Jun

Jordania, capítulo 5: la ruta de la seda

Nos levantamos casi antes que el muecín. La visita a Petra debe empezar pronto si quieres evitar aglomeraciones.

Desayunamos un poco de pan de pita con cosas. El pan de pita empezaba a ser extremadamente cansino. Salimos hacia la entrada de Petra.

Como Wadi Musa está construido por y para Petra, llegamos en 5 minutos en coche, sólo había que bajar la cuesta. Al llegar al parking exterior nos dimos cuenta de que estar allí a las 8 de la mañana no era suficiente, ya había cienes de coches aparcados y un montón de turistas… Pero al menos podríamos ver las cosas sin un calor extremo.

inicio del cañón

Después de pagar los 50 jordanos por persona que cuesta entrar, aprovisionarnos de abundante agua, y sobreponerme a la tentación de comprar un sombrero de Indiana Jones, nos adentramos en el cañón de Petra. El cañón empieza bajito pero poco a poco va estrechándose y volviéndose más alto, más rojo y más liso.

Es bastante espectacular pero a veces queda deslucido por la cantidad de turistoides, turistoides en burro, y turistoides en camello. Mayormente chinos. Wadi Mujib gana, en este sentido. Se tarda unos buenos 40 o 45 minutos en llegar hasta el monumento más conocido de Petra el templo que salía en Indiana Jones y la Última Cruzada. 45 minutos de goce por el cañón.

Al final del cañón de la media luna.....

Al llegar al templo había que hacer el mono a base de bien, eso lo sabían los chinos. Petra es conocida por este templo, y la mayoría de gente que sabe de Petra sólo sabe de esta puerta excavada en la roca, que es bastante espectacular.

Puedo ver a indiana jones corriendo mientras caen cascotes

El sol asoma por lo alto del Siq

Pero la realidad es que Petra es mucho más, el estrecho pasadizo se abre un poco más adelante a un gran valle que formaba toda una ciudad en la que vivían miles de personas y por la que pasaban cientos de caravanas de la ruta de la seda, que al final sería el negocio principal de esta gente, una especie de estrecho de Panamá a la antigua. Desde donde estábamos hasta el templo más alejado había 12 kilómetros, por lo que iba a ser un día de largas caminatas.

Entrando en el valle se ven muchos más edificios tallados en la roca, con múltiples funciones

cien pesetitas la jorobita, veinte duritos el camellito

Petra había sido levantado por los nabateos, un pueblo árabe que vivió por esta zona y por Palestina hace 2000 años. Todo lo que construyeron fue excavado o levantado a partir de las paredes de roca del valle, por lo que las construcciones, templos, etc, eran básicamente cuevas muy bien excavadas y conservadas. Había también canalizaciones que recorrían toda la ciudad excavadas en la misma roca. Y en el centro del valle, cuando los romanos llegaron e hicieron una provincia, construyeron varios templos de los suyos, un cardo, una biblioteca y varios servicios más.

No hemos hecho más que llegar y ya estamos trepando como cabras

Ascenso duro, plagado de baratijas

y plagado de burros

Lo primero que hicimos fue subir a un altar de sacrificios. Excavadas por la roca había unas escaleras que llevaban a lo alto de una de las colinas cercanas. Tras una media hora de ascenso bastante duro, llegábamos a una cresta con unas vistas privilegiadas de todo el valle.

El valle a nuestros pies

De ahí veníamos

El altar estaba allí mismo y básicamente era una especie de bañera cavada en la roca (esta gente no construía nunca hacia afuera, siempre hacia adentro!! siempre embeber!)

Lo curioso que tenía el altar eran unos agujeritos que llevaban a unas canalizaciones y que después sabríamos que eran para canalizar la sangre de los sacrificios hasta la parte de abajo de la montaña. No sé que harían luego con esa sangre… :S

Y las vistas.

book a mohamiñigo

Después del altar, bajamos la montaña y seguimos viendo los highlights del valle: un teatro, tumbas excavadas (los edificios más chachis eran tumbas, y todo apunta a que esta gente vivía en tiendas de campaña a la intemperie y cuando se morían les hacían un super edificio…)

 

los cementerios de petra dan mucho menos mal rollo que los occidentales

habitación con vistas al teatro

siglos de desgaste

 

grandes tumbas

Paredes perforadas

Edificios mucho más impresionantes que el conocido

Llegamos al cardo romano hacia media mañana, y ya el calor ya era intenso y abrasador; los turistas se agolpaban en todos los centros de interés y los burros y camellos esperaban como si fueran paradas de taxis. Turistas gordas y rosas con ridículos pañuelos en la cabeza descargaban todo su peso sobre los burros, que resoplaban y rebuznaban.

Escalinata romana hacia el foro

Mariyah en pleno cardo

El foro como tal

Pequeño descanso en el templo romano, el sol ya era abrasador

Al final de la ciudad romana había una zona de ocio, con hotel, restaurantes, etc, que estropeaban un poco el encanto. Nosotros decidimos ir al monasterio de Ad-Deir, el más alejado de la puerta principal, o sea lo más lejos que se podía ir. Era una subida de 788 escalones, que parece poco pero eran una barbaridad, salvando una altura considerable, y que íbamos a hacer a la una del mediodía.

Subida (dramatización, puede que no fuera tan abrupta)

beberé té en el tenderete. en mitad de la subida.

La subida fue infernal, y en el camino nos quedamos sin agua (y sin aire). Constantemente nos adelantaban turistas gordos montados en burro (que valía 7 jordanos por persona), y adelantábamos a turistas ahogados con la lengua fuera (que no iban en burro, claro). Sin embargo a medida que íbamos subiendo las vistas eran más espectaculares.

Baratijas varias en la subida

Cuando por fin llegamos, la reventada era máxima, pero mereció la pena. El monasterio de Ad-Deir, era uno de los más grandes, mucho más que el de la entrada a Petra, excavado a muerte hacia dentro de la roca, se podía ver como se habían comido varios metros de montaña hasta el principio de la fachada. Y a diferencia de otros, que eran tumbas, éste era un monasterio. Los monjes hacían aquí una vida retirada de la estresada ruta de caravanas y el que quería su consejo y sabiduría tenía que comerse los 788 escalones.

La portada de la guía, la foto estaba tomada desde lo alto de Ad-Deir, un sitio bastante inaccesible en realidad

 

Ad-Deir, se puede apreciar en la pared lateral la cantidad de metros que se han comido para tallar el monasterio. En efecto, llegamos aquí porque era la portada de la guía. El beduino estaba subido en la corona de la fachada central

Más espectacular que el propio monasterio era una cueva que había en frente, que astutamente habían habilitado como bar de relajo, en el que servían refrescantes zumos de limón con menta a 3 jordanos! El precio era claramente excesivo, pero después de esa subida, quién demonios iba a negarse? El negocio era perfecto. La cueva tenía además alfombras, sofás y almohadas, era toda una haima, y era perfecto para relajarse después de una subida.

derrengados

Limón con menta es una buena idea

Después de más de una hora allí tirados sin decir mucha palabra, y viendo como un perrillo jugaba y molestaba a varios turistas, arrancamos hacia la ciudad romana de nuevo. La bajada estuvo aderezada con una divertida conversación sobre matrimonio-hijos-perro-casaenvalencia-monovolumen de Mohamiñigo y Mariyah.

Las vistas al bajar.

Al llegar abajo nos pusimos a comer en la zona de restaurantes, pero nuestra propia comida!!! a base de atún barato (que no estaba nada mal), y pita.. odiosa pita… quiero una baguette!!!!!

El último paseo hacia las últimas tumbas de petra

Solana post-comida

Después de comer dimos un nuevo garbeo por las tumbas, templos y edificios que nos quedaban de Petra, y tras pitusear un poco con los vendedores para sacar un kefiyah barato (no lo conseguimos), salimos por el Siq de Petra.

Eran las 6 de la tarde, así que aún nos quedaba tiempo para visitar Little Petra.

Little Petra fue en su día un barrio de la Petra original. Era un pequeño y estrecho desfiladero a cuyos lados se excavaban numerosas salas, algunas de ellas conservando frescos de más de 2000 años de antigüedad.

Por lo que vimos, el cañón era muy muy estrecho, en algunos puntos sólo cabía una persona, y se anchaba en varios lugares. Cuando llegamos vimos una alfombra roja rodeada de velas que llevaba a la primera zona ancha, en la que habían puesto un escenario, un dj, una barra de bar, y todo tipo de comodidades para dar una fiesta!! No tenía mucho sentido, luego nos enteramos de que era una fiesta privada para un grupo de españoles…

El estrecho y carcomido desfiladero de Little Petra

Seguimos por el cañón y las pequeñas cavidades hasta llegar a un barranco donde acababa abruptamente. Desde el barranco podían verse las montañas que ocultaban Petra. En el claro que se abría había unos tipos vendiendo baratijas que decían vivir ahí y ser libres como el viento, y charleta comeflores barata… Nos intentaron colar que eran espíritus libres y que no necesitaban vender nada y blablabla. Luego les vimos por el centro de la ciudad de Wadi Musa haciendo otros negocios…

El barranco al final de Little Petra ofrecía buenas vistas

Cuando Mohamiñigo consiguió comprar la baratija que quería, tiramos hacia Wadi Musa para darnos una gran ducha antipolvo y cenar muy muy bien en un restaurante cercano al hotel.

No fuimos muy tarde a dormir ya que al día siguiente de nuevo tocaba madrugar para ir a Wadi Rum.