24 Sep

Eslovenia, capítulo 3: Marmoleando

Hoy tocaba algo más serio. Por fin nos íbamos a librar del coche y a usar nuestras piernas, pero aún teníamos un pequeño trecho hasta llegar hasta la salida de nuestro itinerario.

El desayuno del HI Trento fue escueto. Habíamos optado por la versión barata del desayuno, que consistía en agua manchada, y una tostada. La versión cara, por la que protestaron Unaij y Xabislav, realmente sólo ofrecía un zumo (que también era agua manchada) y alguna porquería más. Y costaba 3 euros más! Mejor así.

hacía un poco de sueño

Salimos bastante pronto de Trento, y tras hacer una pequeña compra en un supermercado, fuimos subiendo cada vez más hasta encontrarnos en un puerto que nos llevaba a Passo Pordoi, un paso de montaña a 2240 metros, en medio de las Dolomitas, famoso por ser uno de los sitios por los que casi siempre pasa el Giro. El camino hasta Passo Pordoi mostraba una Italia muy diferente de la imagen habitual, parecía Alemania. Casas picudas con estructuras de madera, balcones llenos de gitanillas, geranios y otras flores veraniegas. Todo muy limpio, y bien cuidado.

yendo hacia el Passo Pordoi

Las vistas mejoraban según íbamos subiendo

Al llegar al Passo aparcamos en frente de lo que en invierno será estación de esquí, ya que todo esto debe de ser una gran estación. Había remontes y telesillas por todas partes. A la derecha de la carretera estaba un gran macizo y tras él, un valle.

Al otro lado del valle estaba la famosa Marmolada, una pequeña cadena montañosa con 4 ó 5 picos que superaban los 3200 metros, y que iba a ser nuestra compañera de viaje en toda la travesía. La Marmolada como tal parece más orientada a escalar que a hacer trekkings, la cara norte que estábamos viendo era una gran pared de piedra bastante vertical, con glaciar incluido.

La Marmolada panorámica

Bloquetón

Por eso nuestro recorrido consistiría en hacer una ruta circular por la base del macizo que ahora teníamos delante, y que estaba justo en frente de la Marmolada, llamado Gruppo del Sella.

el glaciar de la Marmolada

En cuanto encontramos el camino, salimos hacia el trekking, que estaba previsto para 4 horas.

Las vistas eran espectaculares, un profundo valle y al otro lado la mole gigante de la Marmolada, que por lo visto se ve desde Venecia (que está a unos 100 km). El trekking era sencillo, discurría faldeando el macizo del Sella y casi no había subidas.

fedaia sería nuestra perdición

Después de una hora, llegamos al primer refugio, el Refugio Pordoi, que era un auténtico lujo de sitio. Había bastante gente tomando cervezas, patatas, etc. Pero nosotros aún no lo merecíamos, así que seguimos adelante, ya habría otros refugios.

Después de una buena caminata por caminos cada vez más estrechos que colgaban en una ladera cada vez más empinada llegamos a un punto en el que había que bajar muchísimo, prácticamente hasta lo más hondo del valle.

El lago Fedaia de fondo indicaba que íbamos mal, aunque no lo sabíamos

O eso, o una ruta que estaba marcada como «sólo para montañeros expertos». Aquí fallaba algo. Antes habíamos hablado con unos españoles que nos habíamos cruzado y nos habían dicho que íbamos bien. Pero algo no iba bien del todo. Nos encontramos con unos italianos mayores y el señor nos intentó explicar como buenamente pudo, con un buen mapa que tenía, dónde estábamos. Pero no quedaba demasiado claro.

La cosa se ponía negra

A volver a subir

La única solución que vimos fue volver atrás por el mismo camino, que ahora iba a ser más duro, ya que en nuestro convencimiento de que había que seguir habíamos bajado bastantes metros, que ahora había que subir.

Mucho después, con un mapa en condiciones descubriríamos que el desvío estaba en un punto bastante anterior, pero no está demasiado bien señalizado. Si quieres hacer esta ruta es mejor mirárselo bien antes y contar con mapas en los que salgan todos los topónimos para tener referencias. Y si quieres bordear el Gruppo Sella, en un momento dado hay que tomar la ruta 638 hacia Piz Boe, algo que no salía en nuestros mapas (que eran muy rudimentarios).

Cuando volviendo sobre nuestros pasos conseguimos llegar hasta el Refugio Pordoi, esta vez no perdonamos. Cayeron unas cervezas con limón tamaño juggernaut, unas patatuelas, por cortesía de Unaij, y como se estaba poniendo a llover, arrancamos de vuelta al coche.

Sin perdón

El tiempo total de la ida y vuelta serían unas 4 horas, así que es un buen paseo, con unas vistas espectaculares, aunque probablemente más completo si vuelves haciendo el círculo.

En el último momento Unaij quiso hacer un poco el mono

Y otros quisieron imitarle, con desiguales resultados..

Cuando íbamos a salir nos dimos cuenta de que en nuestro GPS no figuraba nuestro destino, el Rifugio Auronzo, que aparecía como que estaba en Belluno, pero resulta que era región, no ciudad, así que no era tan sencillo. No podíamos encontrarlo, así que entramos en un hotel y preguntamos, y el tipo de la recepción no lo conocía. Cuando conseguimos recordar que el nombre del lago cercano era Lago Misurina, nos dijo que no se podía llegar desde aquí. Caras de tensión. Finalmente el hombre se lo curró y nos dio indicaciones muy útiles para llegar, que además pasaban por Cortina d’Ampezzo, ciudad que queríamos ver.

Las vistas al bajar los puertos también eran terribles

Unos cuantos puertos después llegamos a Cortina D’Ampezzo, una ciudad de tipos ricos. Es una ciudad centrada en el ski y otras cosas para gente de pasta (que no de bien), que tenía calles muy bonitas, balcones muy bonitos, y tiendas muy caritas.

Hotel en el centro, ni imaginamos cuánto valdrá una noche aquí

Una tormenta se cernía sobre nosotros

La vuelta no duró mucho porque no se podía comprar allí ni un triste helado, así que decidimos emprender la subida a otra serie de puertos que nos llevarían al lago Misurina y después al Rifugio Auronzo.

Antes de salir de Cortina y de sus calles pavimentadas con diamantes, el cielo se estaba poniendo negruno. Cuando estábamos en mitad de un puerto infernal de esos que salen en el Giro, rodeados de bosque cerrado, carretera estrecha, ahí, justo en ese momento, empezó la Gran Tormenta.

La Gran Tormenta bajó la temperatura de 37 grados que habíamos tenido hacía 10 minutos, a 7. El granizo cubrió de forma inmediata la carretera, que aunque no estaba helada per se, sí tenía una capa de hielo por la que veíamos patinar a toda suerte de coches en la dirección contraria. Una furgoneta se había parado porque no podía remontar una cuesta. Nosotros íbamos a 30, con las luces de emergencia, y con caras de «no puede estar pasando, no pueden estar cayendo estos pedazo de rayos, estos pedazo de granizos como puños y haber bajado la temperatura 30 grados».

En ese momento, el piloto de presión de la rueda delantera saltó. Presión baja. Todos sabíamos lo que eso significaba. Habíamos pinchado.

En medio de aquel maldito puerto, en medio de aquella tormenta, y sin nada cerca donde poder cubrirnos, ni siquiera llano, para cambiar la rueda. ¿Cómo íbamos a subir a Auronzo, que era un refugio que estaba a 3000 metros?

Unaij, conduciendo en ese momento, puso primera, luz de emergencia. Y a 20.

Entre el granizo

Sobre la carretera helada

Haciendo caravana! Había gente que tenía prisa!

Tras media hora de tensión llegamos al Lago Misurina. Junto al lago caían torrentes de agua a la carretera, por los que había que pasar más despacio aún. En un momento nos cruzamos con un coche que no calculó muy bien la profundidad. Nos hundió. Durante 3 largos segundos no vimos nada, sólo la cortina de agua que había levantado el otro coche. En el Lago había algunos hoteles así que decidimos parar. Allí igual conseguíamos cambiar la rueda, podíamos averiguar qué tal estaba la carretera de Auronzo, y también preguntar si tenían habitaciones libres.

El tema de la rueda estaba complicado, y la carretera nos dijeron que estaría un poco mal, pero se podía usar; en cuanto al alojamiento, salía el doble de caro que Auronzo.

Decidimos echarle gigas y seguir carretera arriba hacia Auronzo.

La tormenta no amainó, pero la carretera no estaba tan mal, y el 807 se portó como un titán. Conseguimos llegar al Rifugio por una carreterucha infernal (recordaba un poco al monte Nebo) en la que no había visibilidad, y menos un día como hoy, con lluvia, niebla y cielo cubierto.

Una vez allí, descargamos el coche, y nos pusimos a cambiar la rueda bajo la lluvia intensa, ataviados con bañadores y chancletas. Parece que un viaje sin cambio de rueda no es un viaje. (ojo con los utensilios para cambiar ruedas del 807, que están a cual más recóndito)

el duchamen posterior fue divertido porque funcionaba con monedas (si no, salía fría), por lo que tuvimos que apresurarnos bastante y hacer competi.

Después de aquello nos duchamos y fuimos a cenar al comedor comunal del refugio, en el que había unos boyescaos cantando con una guitarra. Es un refugio muy de boy scouts, todo antiguo, al calor de la chimenea, y sin rastro de civilización, no había internet, ni televisión ni casi casi cobertura. Pero estábamos en lo alto de las dolomitas.

Maestría en bocadillos

A las 10 nos echaron de allí y apagaron las luces del comedor, interrumpiendo nuestra partida de escoba. Así que nos fuimos a dormir, al final, al día siguiente teníamos que madrugar bastante para hacer trekking y después ir a Eslovenia.

14 Sep

Eslovenia, capítulo 2: el Concilio

El día 2 de viaje suponía bastantes más kilómetros que el día 1. Básicamente íbamos a pasar todo el día en el coche, desde Nîmes hasta Trento, nuestro campamento base para ir a las Dolomitas.

Salimos muy temprano del antro de Nîmes, donde por supuesto no había desayuno, así que buscamos algo de bollería para comer como perros tirados en la calle; y rápidamente seguimos hacia el coche para una nueva colección de kilómetros (800).

Tras unas horas salimos de Francia y cruzamos a Italia, donde la carretera es estrecha, y pegada a un gran acantilado desde el que se ve la costa y las ciudades arremolinadas alrededor de bahías. Las salidas a las áreas de servicio en esta carretera son una locura: de pronto aparecen y tienes 20 metros para frenar y estar echando gasolina, así que en general no se puede ir muy rápido por aquí.

En una de las que conseguimos frenar a tiempo paramos a comer como perros, nuevamente, unos bocatas del jamoncillo auspiciado por Unaij. Menudas diferencias con otros países a los que habíamos llevado awful chorizo, y sobre todo en los que el pan era una basura. Da gusto comprar pan en los países mediterráneos. Sin embargo, frente a comer en embarcaderos idílicos, aquí comíamos junto a camiones cisterna lituanos, sentados en una valla metálica, con vistas a unos matojos infectos.

Lago Como

DEspués de comer seguimos nuestro camino y nuestros kilómetritos, hasta llegar a la parte sur del lago de Como, uno de los míticos del norte de Italia. Las expectativas eran casi tan altas como la temperatura (40º), así que nos pusimos los pertrechos de baño y nos acercamos al lago.

pos va a ser que no hay baño...

La "playa" estaba un poco llena

Una vez allí, no sé si por el calor, por la cantidad de gente o por qué, la desmotivación cundió y nos desmotivamos del baño. El lago es espectacular, con los alpes de fondo, y además tenía el agua calentita, pero había demasiada gente, hacía demasiado calor, y la playa era demasiado estrecha.

Como quedaba un trecho para Trento aún, decidimos desmoralizarnos y seguir chupando carretera.

piazza del duomo

en nuestro hostel se saludaba en todas las lenguas posibles!

Sobre las 8 de la tarde, tras un día agotador, llegamos a Trento. El norte de Italia no parece la Italia del imaginario, parece Alemania o Austria. Trento, ciudad mítica en la historia de la iglesia, no era menos. Cuando encontramos el HI en el que nos alojábamos, que suponía un super salto de calidad respecto al de Nîmes (los colchones de las literas eran viscoelásticos, demonios!), nos duchamos y salimos a ver la famosa ciudad conciliar.

Trento es una ciudad muy elegante, con fachadas muy antiguas pintadas con frescos de otras épocas. La plaza central se llenaba de turistas, incluso a las 8 y media de la tarde, y de ella salían calles antiguas y estrechas que te llevaban unos siglos atrás, eso sí, todo rodeado de tiendas de ropa famosas. Para cuando llegamos al palacio donde se celebró el famoso concilio en el que se trató la escisión de la iglesia protestante, ya había anochecido y no pudimos ver gran cosa.

Lugar donde se celebró el concilio

ahhhh... il conciiiliooooo... (Xavislav no hace muy bien de Tom Hagen, y Karloš haría bien de Padrino si lo hubiera interpretado Clint en vez de Marlon)

 

En su lugar, fuimos a una de las pizzerías recomendadas por el personal del hostel, ya que estábamos en Italia, teníamos que ponernos morados a pizza. Así fue.

Encontramos cerca de la piazza del duomo, la Pizza Da Andrea, pizzería recomendada y de buena calidad en la que nos pusimos finos, agobiados por el terrible calor del horno en una noche que no bajaba de los 30º.

Después, para refrescar nos acercamos al bar Accademia, también recomendado, y supuesto bar con ambientillo, pero que estaba bastante vacío. Sin embargo en la terraza pudimos tomarnos una cerveza Dolomiti, que refrescó y nos dejó finos. El problema de este bar, que está muy bien en general, es que tiene wifi, por lo que llegó un momento en el que los cinco estábamos cabeza abajo, mirando el móvil y comentando jugadas varias por internet.

El cansancio hizo bastante mella, así que terminamos por irnos al hotel relativamente pronto (tampoco había mucho que hacer en Trento), ya que al día siguiente era el primer día de vacaciones de verdad, con la visita a la marmolada!

accademia

03 Sep

Un fin de semana por la montaña palentina

El pasado 18 de agosto estuve de visita por tierras palentinas (algo bastante inusual en mí :D) y con la enorme suerte de que el 17 había habido luna nueva, el 18 tuvimos un cielo espectacular en el que podía verse absolutamente todo. Además gracias a Google Sky pudimos identificar unos cuantos cuerpos celestes, constelaciones, etc. Me sentí muy pequeñito y me dieron ganas de volver a ver Cosmos.

Las fotos que pude hacer, aunque no son óptimas, porque no tenía el equipo necesario (ni trípode, ni pude enfocar correctamente, ni un disparador para disparar en modo bulb sin mover la cámara), han salido algo provechosas. Al no poder poner modo bulb tuve que tirar con exposiciones máximas de 30 segundos, que por lo visto no eran suficientes con sensibilidades bajas, así que tuve que poner una sensibilidad considerable (6400), con el consiguiente ruido.

DE todas formas, aquí va una pequeña muestra de lo que conseguí sin muchos medios:

Es una lástima que en las ciudades nos perdamos estas cosas, espero poder volver a ver estos cielos en la luna nueva de septiembre, a ver si voy a algún sitio sin contaminación, y esta vez, mejor equipado.

 

01 Sep

Eslovenia, capítulo 1: la ruta de los peajes

Eslovenia nos esperaba a 1900 kilómetros. Y por primera vez, íbamos a hacer esos kilómetros en coche. Desde Bilbao.

Nos esperaban grandes palizas de coche, aunque  habíamos previsto jornadas cortas y con visitas intermedias. La primera jornada no era una de ellas. Nos montamos los cinco (Unaij, Karloš, Bayumir, Xabislav e Iñigovič) en nuestro flamante Peugeot 807, y arrancamos hacia nuestro primer destino: Nîmes.

Palizavic

El viaje no fue excesivamente duro, a pesar de comer tirados en el suelo de una gasolinera, y para las seis de la tarde ya estábamos por Nîmes. Los peajes franceses nos habían sangrado el bote. No cobran mucho, pero sí cobran muchas veces…

Llegada a Nîmes

En Nîmes, buscamos el Hotel Concorde, en la rue de chapeliers, en el mismísimo centro de la ciudad, junto a la plaza de toros. Era increíble que Xabislav hubiera encontrado un hotel tan barato y céntrico. Era increíble hasta que entramos. El sitio, pequeño, cutreibol y enrevesado, tenía pisos medios, como en la peli de cómo ser John Malkovich. Es decir, había primero, primero y medio, segundo, segundo y medio, etc.. Las habitaciones hacían honor a estar en el primero y medio. El baño estaba en el primero y tres cuartos, y era un agujero en la fachada del edificio tapado con uralita.

Intenté recordar un hotel peor de los días que estuvimos en Nepal, pero no se me ocurrió ninguno. El tipo de la recepción, gordo, con bigotillo y camiseta de tirantes sucia, era un crack. Parece que era un antiguo musulmán que estuvo viviendo en USA y cuando pasó lo del 11S le echaron sin más, y sin preguntar (eso contaba él). Al venir a Francia se había hecho cristiano baptista!!! Nos estuvo contando sus aventuras religioso-festivas, y de cómo rezaba todos los días y se compraba los vídeos de no se qué predicador… Menos fé y más camisetas limpiaaaas!!! En fin, era un tío muy majo y nos dio algunas guidelines para andar por Nîmes, aunque lo que fuimos descubriendo después es que estaba bastante apagada. No había muchos turistas y los locales parecían haber huido.

ains..

Así que estuvimos haciendo algunas fotos por el centro, y después paramos en una terraza a tomar unas oranginas.

ogansyináh, cocah-coláh

Las cenas a base de pasta iban a ser la dominante en el viaje

No tardamos mucho en ir a dormir, aunque fue bastante complicado ya que el calor era terrible, y el hotel por supuesto no contaba con ningún medio para evitarlo.

Al día siguiente tocaban más kilómetros…