19 Oct

Eslovenia, capítulo 5: El día más verde

No fue difícil despertarse en Bled. Era el primer día que no había despertador, y las camas del Travellers Haven eran excelsas. Abajo el desayuno esperaba.

Lo primero que hicimos fue bajar al lago donde en teoría se podían coger barcas de alquiler para ir hasta la isla central, uno de los sitios visitados de Bled. Al llegar al lago no encontramos ningún sitio que alquilaran barcas. Además, la recepcionista del hostel nos había dicho que las barcas se alquilaban por una hora, así que estábamos un poco pintados para llegar y volver en una hora (la experiencia de Noruega indicaba que no teníamos mucho que hacer).

Todos desplazados por la panzerfaust, recibiendo la solana en el cogote

En lugar de eso, nos montamos en una barquita que llevaba un remero bajito, enjuto y fuerte, que parecía salido de lo más profundo de la Unión Soviética. El tipo, que era bastante parco en palabras, nos comentó que el precio era de 12 euros por persona, incluyendo ida, vuelta y estancia en la isla durante una hora. Parecía suficiente, aunque caro. Además el hombre se propuso llenar la barca, así que estuvimos esperando un buen rato bajo un sol abrasador a que llegara más gente interesada (entre ellos un matrimonio de Vitoria), unos rusos un poco exhibicionistas y una mujer muy gorda que llegó la última, decidió sentarse en el mejor sitio (uno con buena sombra en el que ya estábamos sentados otros), e hizo moverse a los que estaban allí, y a alguno más que se tuvo que ir al otro lado de la barca (el lado en el que pegaba el sol), para equilibrar su sobrepeso.

Unaij toma posición privilegiaad en la barca

apelotonamiento original

El remero soviético se fue poniendo rojo progresivamente y cuando llegamos a la isla parecía que iba a reventar. Allí dimos un garbeo rápido por la isla sin llegar a entrar en la famosa iglesia, ya que estábamos en modo bajo consumo y había que pagar

Remero soviético, recio e implacable

la isla del lago de bled está en un entorno perfecto

Desde la isla las vistas no eran peores

En vez de eso, seguimos intentando encontrar la foto embacadero de Karloš

las poses de embarcadero cada vez son peores

Tras la visita a la isla, volvimos con el super remero del Volga intentando evitar la cercanía de la mujer gorda hunde-barcas.

Pasado un tiempo, el remero no podía más y en vez de dejarnos en el embarcadero de origen, volvimos a uno diferente, que estaba junto a la «playa» en la que habíamos estado la tarde anterior. Al acercarnos vimos una especie de montaña rusa en la ladera de la montaña. Nos acercamos a ver, y vimos lo que era, un chisme para tirarse por un raíl que bajaba por toda la montaña. Unaij y yo tuvimos que montarnos, mientras los demás esperaban abajo, cámara en ristre.

yuuuuu

Seguimos nuestro itinerario por las cercanías de Bled, aunque esta vez ya tuvimos que coger el coche para ir hasta la famosa garganta de Vintgar, a escasos 5 kilómetros.

Llegamos a Vintgar a eso de la una y media del medio día por lo que la mayoría de turistas se estaban yendo de allí. Vintgar es un espectacular desfiladero que discurre junto a un río azul verdoso, entre bosques, rocas y por pasarelas de madera. A pesar de llegar a la hora de comer, todavía quedaba bastante gente en las pasarelas, y a veces te quedabas atascado detrás de una familia con un cochecito de bebé.

Aguas verdes de Vintgar

gente cool en Vintgar

En poco más de una hora habíamos recorrido todo el desfiladero, con fotos de mangurrián incluidas. Al final del desfiladero había una gran cascada a cuya base se accedía por el medio del bosque. En la parte baja había unos animaos echándose unos baños en las aguas heladas y agitadas.

el final del camino

ricosss pecesss mi tessoro

Vintgar es verde

Emprendimos el camino de vuelta hacia el hostel para comer caliente, unos macarrones con un tomate horrible (parece imposible encontrar tomate decente fuera de aquí o Italia). Después de la siestita de rigor, salimos hacia nuestro destino de la tarde, la cascada de Slap Savica.

Para llegar allí desde Bled, son unos 30 ó 35 kilómetros, y hay que rodear toda la base sur del parque nacional del Triglav, pasando por Bohinj y su lago correspondiente, bastante más grande que el lago de Bled, pero con mucho menos encanto.

Lago Bohinj

Al llegar a la zona de Slap Savica, hay que hacer un pequeño trekking montañil subiendo un montón de escaleras talladas en madera, para llegar a un estrecho pasadizo desde el que se ve la cascada más alta de Eslovenia. Sin embargo, una verja impide acercarse suficientemente, por lo que hay que verla desde la distancia y pierde un poco, da mucha menos impresión.

siempre había que subir

Por senderos ancestrales

Pero la cascada estaba bien

Bajamos de nuevo al coche y de camino a casa paramos en el lago Bohinj, con intención de bañarnos.  El lago Bohinj está mejor preparado (al menos eso parecía) que el de BLed, para bañistas, ya que ofrece playas en las que te vas metiendo poco a poco, no como en el de Bled, que te tenías que meter de golpe y en la orilla ya cubría varios metros.

No obstante, como ya era bastante tare y el sol se estaba poniendo, hacía un poco de fresco, así que la mayoría nos rilamos.

Unaij el maquinista

Sólo Unaij en un primer momento e Iñigovič, un poco más tarde, decidieron aventurarse en la playa, que era de roca fina y daba la sensación de ser bastante resbaladiza.

Cuando se hubieron cansado de jugar, volvimos a Bled, para ducharnos, y ver venir.

LA segunda noche de Bled fuimos a cenar a la pizzería Rustika, justo justo al lado de nuestro hostel, y la que la recepcionista nos había recomendado el día anterior.

Las pizzas estaban increíbles en este sitio (incluso la pizza de hierba que se pidió Karloš). Por el tamaño que tenían, tuvimos que pedir 4 para 5, con las consiguientes dificultades de reparto. ¿Cómo dividir una pizza en 5 porciones iguales? Para Bayumir estaba claro, ángulos de 72º. Y su pizza fue dividida con precisión. No así las otras. Menos mal que no teníamos todos el mismo hambre. De ahí salió la idea de generar una aplicación para android que permita dividir las pizzas en los fragmentos que quieras, usando realidad aumentada. (Desarrollo en proceso)

Cerveza pre-cena

Tras la cena dimos una vuelta por Bled intentando descubrir algún tipo de vida nocturna, ya que había una zona con casinos, bares, etc. Pero en general no tenía muy buena pinta, probablemente por se entre semana. Así que acabamos en el bar del día anterior, cuya camarera era muy simpática, y volvimos a la jarra de Laško.

Bled nocturno

Al volver al hostel vimos que en un hostel cercano al nuestro unos extranjeros, probablemente americanos, estaban haciendo la pedazo de fiesta allí mismo.

Seguimos nuestro camino.

13 Oct

bayu.es

Por fin!

 

Me falta la sección de audio, porque me faltan los audios… y en el futuro, probablemente pondré unas cuantas secciones más: ilustración, cursos, libros (para eso tengo que sacar el de Nepal, lo sé. Y el de Noruega…).  También me gustaría integrar mejor el blog dentro de la página, pero todavía no he investigado todo. Ah! y en la portada habrá un feed de noticias con las últimas updates que haya en la página, nuevas fotos, vídeos, entradas del blog…

Pero la todavía pequeña bayu.es ya está en marcha, preparada para recibir las fotos de Japón, cuando vuelva de allí.

No dejéis de visitarla una vez al día al menos!

 

08 Oct

Eslovenia, capítulo 4: Tres cimas y un radar

Parecía que habíamos visto todo en cuanto a espectáculo montañil.

Pero levantarse en medio de las Dolomitas a las 6 de la mañana mientras amanece hace que valga la pena haber dormido en el frío y húmedo refugio Auronzo. Había despejado completamente de las lluvias del día anterior y ahora las vistas eran increíbles.

Yo no me había enterado muy bien, pero ahora, a la luz del amanecer descubrí la razón de la fijación de Karloš el día anterior por dormir aquí. Estábamos en la misma base Tre Cime di Lavaredo, las míticas tres cimas de Lavaredo, unas de las más conocidas de las Dolomitas. El refugio Auronzo está justo en la base, y la idea era realizar un circuito circular alrededor de la base de las mismas, aunque estaba bastante mejor definido que el circuito alrededor del Gruppo Sella.

Las fotos con las vistas se prodigaron

Después de las fotos matinales nos metimos el primer buen desayuno del viaje, a cargo de Auronzo, que incluía chocolate, y para las 8 y media estábamos ya marchando por la ruta circular de Lavaredo.

Un desayuno más que correcto

La ruta es fácil, en unos 20 minutos se llega a un segundo refugio, y al giro a la izquierda que permite seguir adelante o empezar a andar por la cara norte de las tres cimas.

empieza la ruta

Agur, cara sur

Hola cara Norte!

hello, mr tolva

La cara norte es más complicada. La distancia es poca, pero lo recomendable es hacerlo por abajo del todo. Nosotros en vez de eso, decidimos hacerlo por las rocas que ocupan toda la ladera.

El nombre del macizo se entiende rápidamente.

Las rocas estaban sueltas, ya que eran desprendimientos, y había que seguir el camino, que se desdibujaba por momentos. Llegó un momento en que estábamos fuera del camino completamente, y como si fueran arenas movedizas, nos hundíamos hasta las rodillas. Andar se hacía cada vez más complicado y agobiante, ya que cuando hacías fuerza para sacar una pierna, la otra se hundía más. Además, como estábamos en pendiente, poco a poco nos íbamos desplazando hacia abajo y alejándonos del supuesto camino, y las piedras caían de unos a otros. La situación se fue volviendo agobiante y durante más de media hora nos agarramos una buena sudada con la lucha por salir de las piedras.

Unaij se arrastra por la resbaladiza y traicionera superficie

Todos nos arrastrábamos un poco

Al final conseguimos salir, y estábamos hacia la mitad del camino, justo debajo de la cima más alta. Las vistas eran privilegiadas desde esta parte.

like a proh

Desde el medio camino superior la marcha fue mucho más fácil y pronto llegamos al recodo donde se giraba para volver a la cara sur.

La cara norte desde el otro lado era más intimidante

Para las 11 ya estábamos en el coche, y aunque habíamos hecho ya el highlight del día, aún nos quedaba bajar a Cortina para arreglar el pinchazo del coche, ya que íbamos con la rueda de repuesto, y cruzar a Austria y a Eslovenia.

Agur Auronzo!

La bajada a Cortina fue mucho más trivial que la subida del día anterior entre la tormenta. Allí encontramos un taller de neumáticos en el que no sabían nada de inglés ni de castellano, joe, vaya con la ciudad cosmopolita, y malamente le indicamos que nos arreglara la rueda.

Cuando el tipo la probó nos dijo que de pinchazo nada, que lo que había pasado era que tenía la presión diferente a la otra, más baja, probablemente por el brusco cambio de temperatura, intuimos. El caso es que nos la hinchó, nos la montó (por 5 euros que estimó a ojímetro) y salimos de allí, para a los 10 segundos saltarnos de nuevo la alarma, esta vez por la otra rueda. Parece que había hinchado demasiado la primera y volvía haber descompensación. Volvimos al taller y el tipo había desaparecido. En su lugar, otro tipo nos dijo que lo dejáramos media hora porque estaban calientes y no era una buena forma de medir la presión. Así que nos fuimos a comprar pan.

Cuando volvimos el taller estaba cerrado. Sucia rata! Después de decirnos que volviéramos en media hora, va y se pira a su casa.

Volvimos a montar en el coche, y vimos que no saltaban alarmas, así que decidimos tirar hacia Austria, que era nuestro camino corto hacia Eslovenia.

La zona en la que estábamos, como se podía apreciar en la arquitectura, letreros en alemán y comportamiento de la gente, estaba muy cerca de la frontera con Austria (de hecho en el pasado perteneció a Austria). Así que rápidamente conseguimos llegar a la frontera, donde tuvimos que comprar una de esas famosas viñetas que te dan derecho a circular por sus carreteras. No íbamos a parar mucho por allí, ya que el sur no tenía mucho que ofrecer, así que después de una breve parada para comer tirados en el párking de un museo, tiramos rápidamente hacia Eslovenia. Tan rápidamente que uno de los radares que se amontonaban en los arcenes austriacos nos pegó un flashazo. Aún esperamos la multa, esperamos que no llegue, pero nunca se sabe…

Así, no serían mucho más de las 6 de la tarde cuando llegamos al túnel de 8 km que cruza hacia Eslovenia. 8 km eran una ridiculez comparados con los 25 del Laerdalstunnelen de Noruega, pero se hacía pesado aún así.

Al llegar a Eslovenia lo primero que vimos fue que parecía que habíamos llegado a la base del Anboto o algo así. El paisaje, a pesar de los alpes julianos de 3000 metros que teníamos delante, era muy similar al de por aquí.

Seguimos hacia el sur para llegar a Bled, la ciudad en la que pasaríamos dos noches. Bled está muy cerca de la frontera así que para las 7 estábamos ya descargando el coche frente al Travelers Haven, nuestro refugio para las dos siguientes noches. Este hostel en el centro de Bled era una maravilla, el mejor hasta el momento, y luego veríamos que el mejor del viaje (quitando uno en Maribor). Estaba bien equipado, buenas habitaciones, limpias, buena cocina y muy bien situado junto al lago, uno de los principales atractivos de Bled.

Lo primero que hicimos, sin dar opción a mucho más fue tirar para el lago a por un chombo. El lago de Bled, como las playas jordanas, tiene muchas playas de pago, y por otra parte zonas de esparcimiento públicas que son bastante más cutres. Así que nos fuimos a una de las públicas, que consistía en un pequeño dedo de césped que entraba en el lago. Allí el chombo fue inmediato, el agua estaba excelsa, las vistas, con el castillo de Bled y la isla, inmejorables.

a la caza del cisne

Mientras Unaij y Xabislav se adentraban en el lago para hacer un poco el mono, Bayumir se quedó cerca de la orilla, pues llevaba puestas las gafas para poder ver algo. Sin embargo se arriesgó a meter la cabeza. Para sacarla sin gafas.

Una vez más, la segunda este año, Bayumir perdía sus gafas de ver por meterse con ellas al agua. Eran las gafas que había comprado en Jordania por haber perdido las anteriores. Maldición.

Por suerte esta vez Xabislav se metió hasta el fondo del lago y las recuperó. Esto no es un cañón con aguas bravas, era un tranquilo y apacible lago.

Después del incidentado baño nos duchamos y preguntamos a la recepcionista del hostel qué sitios había para cenar comida eslovena. Nos recomendó una pizzería, Rustika, y el Gostilna Murka, un asador muy cercano al hostel, en el que ofrecían comida típicamente eslovena, de la que nos advirtió, era muy pesada.

Efectivamente, los platos principales se componían de salchichas, vísceras, huevos y sopas bastante fuertes, ideal para cenar. Hicimos un pedido variado de delicatessens eslovenas, y nos dirigimos a un bar cercano para bajar la pesadez con unas buenas birras eslovenas (Laško es la marca más habitual, y la mayoría de las otras marcas en realidad son submarcas de Laško).

Laško de medio litro, camarera simpática y música tradicional eslovena (un poco taladrante), para cerrar el día adecuadamente.

Tras comprobar que la vida nocturna de Bled era un poco escasa (sobre todo en martes), nos fuimos de nuevo al Haven, anticipando el madrugón del día siguiente, que teníamos que ver muchas cosas por los alrededores, ya que estábamos al pie del Triglav, el monte más alto de Eslovenia, y el que da nombre al parque natural Triglavski.