01 Nov

Eslovenia, capítulo 6: tras el telón de acero

Nos despedíamos de Bled. El día no tenía grandes highlights, ya que aunque íbamos a pasar cerca de las super cuevas eslovenas, todo lo que hoy teníamos que hacer era llegar a Nova Gorica (pronunciado Goritsa), como punto intermedio hasta llegar a Piran. Los kilómetros desde Bled no eran demasiados, así que decidimos hacer un pequeño tour que rodeara el Trigalvski National Park. En vez de ir al sur, nos dirigimos hacia el norte.

Mientras desayunábamos, Karloš encontró en una guía local, la famosa garganta de Tolmin, una espectacular garganta muy similar a la del día anterior, con una piedra atascada entre dos rocas, que la hizo bastante conocida. Como nos pillaba de camino, la incluimos en nuestra ruta.

Lo primero que hicimos antes de ir al cementerio donde aparcábamos el coche fue comprar víveres para el día, ya que nos despedíamos de Bled for good.

Antes de salir decidimos darle una oportunidad al imponente castillo de Bled, que se alzaba en una colina junto a nuestro hostel. El castillo era impresionante, pero había que pagar, y bastante para entrar. Así que tras subir los cienes de escalones que llevaban hasta él, vimos un poco las vistas y nos largamos.  (todas las mañanas nos tocaba hacer algún esfuerzo subiendo a algún pedazo de monte, escaleras, o algo para estar bien cansado para el resto del día)

Al menos la muralla exterior del castillo se podía visitar

Cogimos la carretera hacia el norte y poco a poco fuimos acercándonos de nuevo a la frontera austriaca para bordear el parque. Una vez en el norte, nos metimos de lleno en el macizo del Triglav. Un estrecho puerto nos empezó a subir, a razón de entre 6 y 10 metros en cada curva. MEdia hora después estábamos en el punto más alto, a unos 2500 metros.

A lo lejos se divisaba el Triglav, y bajo nosotros el desfiladero del río Soca, un impresionante y caudaloso río azul que llegaba hasta el valle.

like-a-bouss

Bajamos bordeando en todo momento el río Soca por un puerto con vistas increíbles. En la parte baja llegamos a la parte en la que el río era más ancho.

El equipo B

Ya en la parte baja del Triglav, vimos a lo lejos una cascada enorme, mucho más alta que la de Slap Savica. Preguntamos a los lugareños cómo llegar, y nos dijeron que el camino era sencillo.

Empezamos a subir, pero el camino no era sencillo. Era un pedregal por donde había habido un río (o lo había en época de deshielo), con matojos y arbustos impidiendo el paso, y lo peor de todo, hacía 40º. El calor de estos días había sido muy duro, pero el día 6 el calor estaba llegando al extremo. Otros turistas eslovenos nos dijeron que se tardaba una hora hasta la cascada.

Todos nos miramos y sin intercambiar mucha palabra, decidimos quedarnos donde estábamos, buscando una sombra en la vereda del río para comer.

Arroyo donde comimos

El río estaba auténticamente gélido, ya que el agua parece que bajaba de algún glaciar. Estaba muy muy frío, pero era agradable meterse periodos cortos o meter la cabeza para aliviar el extremo calor que hacía fuera. Hicimos un poco el mono por allí.

agua fresquita

Last survivor cazando el almuerzo

Xabislav, otro habitual de los baños públicos

Al final nos pusimos a comer en aquella gloriosa sombra, en la que bien podríamos haber echado la siesta también.

Lunch time

Teníamos la tarde por delante y no gran cosa que hacer, así que nos decidimos por visitar la Garganta de Tolmin, el sitio recomendadísimo que había encontrado Karloš en la guía, y no estaba muy lejos de allí.

Tolmin Gorge

La garganta de Tolmin era muy parecida a la de Vintgar, que habíamos visitado el día anterior, pero era un poco menos artificial, y mucho menos visitada. Los caminos eran de tierra, no pasarelas de madera, y había zonas en las que había que atravesar túneles excavados en la piedra.

También había antiguos puentecillos donde Xabislav nos explicó el concepto de resonancia mecánica, y que igual si saltábamos como monas petábamos el puente

Debe de ser el puente más fotografiado de Eslovenia

Los colores muy similares.

El objetivo de todo el trayecto era encontrar la piedra con forma de diamante que estaba encajada entre dos grandes rocas.

Había buenos miradores para contemplar la roca

La verdad es que después de verla en la revista tan espectacular, fue un poco decepcionante. Pero la piedra como tal, porque la visita a la garganta merecía la pena.

El paisaje natural era más salvaje que en Vintgar

La vuelta se hacía por otro lado, ya que era una ruta circular, e incluía el paso por el Puente del Diablo, un puente que estaba a 60 metros de altura sobre el río por el que habíamos paseado. Por supuesto tuvimos que salvar esa altura a patita. Las vistas desde el puente eran notables

Cuando acabamos el recorrido por Tolmin, de aproximadamente 2 horas, serían las 6 y media. Teníamos que salir hacia Nova Gorica, la ciudad del pecado.

Durante una hora y media condujimos hasta Nova Gorica, junto a un río impresionante, verde, ancho, manso, que recordaba a los de Noruega. A medida que nos acercábamos empezaba a haber más industria y el paisaje se iba estropeando. Nova Gorica a priori es una ciudad con encanto. Tenía la frontera con Italia, hasta el punto de que media ciudad está en Italia (Gorizia) y el resto en Eslovenia, y debe de haber algún café en el que según en qué parte de la terraza te sientes estás en un país u otro.

De primeras, cuando llegamos descubrimos que el “hostel” no estaba en Nova Gorica, si no en un barrio a 8 ó 10 kilómetros. Pero “barrio” también era generoso. El “hostel” estaba en un polígono industrial, un edificio junto a una fábrica y al lado de la carretera principal. El edificio no tenía recepcionista, y por no tener, no tenía ni inquilinos. Estaba completamente vacío.

Pasaron unos rusos a su habitación pero no conseguimos entendernos con ellos, y en el teléfono del hostel no cogía nadie. Nos veíamos durmiendo en los contenedores de la fábrica. Al final conseguimos hablar con un responsable del hostel, que nos dijo que la recepción real estaba en otro hotel, 3 kilómetros más allá. Así que nos acercamos al otro hotel a coger las llaves y preguntar cómo iba el tema del desayuno incluido, ya que no había sitios para desayunar… Nos dijeron que el desayuno estaba en ese hotel. Había que desplazarse 3 km para desayunar!

Al final conseguimos entrar en las habitaciones del super hotel-fábrica, y estaban muy bien, si se obviaba el ruido infernal de la fábrica.

No tardamos mucho en salir de allí, tras una ducha, para conocer el centro de Nova Gorica

Resulta que Nova Gorica es una ciudad que da un poco de miedo. Se ha quedado en la época soviética en todos los sentidos, incluso la ya inexistente frontera, bajo un túnel da un poco de miedo. En la parte exterior hay incontables complejos de juego tipo Las vegas pero en cutre. El centro es muy soviet. Y allí comimos una hamburguesa terrible en una hamburguesería que no había pasado de los 50. Después probamos los helados del centro e intentamos buscar algo que hacer. Pero estaba bastante muerto. Parece que las mafias varias se habían llevado todo el percal a los casinos del extra radio. Tras la jarra de Laško de rigor, nos piramos de nuevo a nuestro hotel-fábrica.

La noche más inquietante.

4 thoughts on “Eslovenia, capítulo 6: tras el telón de acero

    • que puse el antispam, que me estaba entrando mucho spam. YA veo que pusiste un comentario-spam, con “quiere usted viagra?” o alguna mandanga asi… :P

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