12 Sep

Vietnam y camboya espisodio 2: Strong, la serpiente

Nuestro segundo día en Vietnam amaneció antes de lo debido. Tras una noche revuelta, tocaba madrugar para ver Tam Coc, el sustituto de Halong Bay cuando hay tifones. Tam Coc estaba cerca, pero había dos horas de autobús (teóricas, luego siempre son más). Así que nos tomamos el desayuno del Splendid Grand Star, que incluía un muy buen pan francés (de algo sirvió la ocupación…) y unos zumos bastante decentes. Del té no se podía decir lo mismo. Subimos a prepararnos y cuando volvimos a bajar, a la hora estipulada, el guía ya estaba allí, empezó a meternos presión: venga que llegamos tarde, venga venga venga.. ni saludar. Le seguimos a toda piña por entre las callejuelas y nos llevó al autobús. Donde esperaban varios chinos y coreanos, y algún americano y europeo.

El autobús era uno de esos minibuses típicos del sudeste asiático y tenía buena pinta. Bueno habíamos reservado el viaje “caro”, así que tenía que ser bueno. Tras un buen rato en el caos de tráfico de Hanoi, el guía se puso a hablar. Dijo que se llamaba Strong, y que era muy fuerte (era un tirillas, pero vete a saber), y alargaba las eses al final de las frases, como la serpiente del libro de la selva: “Hello my friendssssss”. Hablaba un inglés mediocre y era un pesado. Estuvo media hora contando cosas irrelevantes de lo fuerte que era, lo bonito que era el paisaje, estereotipos de los chinos, de los coreanos, que en Tam Coc los europeos nos íbamos a cansar porque éramos unos vagos, y nos contó el plan del día como 6 veces por si eres un poco tonto y no te has quedado con la agenda completa en las 5 primeras explicaciones… Pronto descubriríamos que era el procedimiento operativo estándar de los guías: en cuanto salimos de la ciudad, te empiezo a dar una soba de detalles de la agenda del día, datos irrelevantes de mi familia, curiosidades inverosímiles de Vietnam  hinchadas por un ridículo orgullo patrio, y como te pongas a mirar por la ventana te llamo al orden y te pido atención cada 5 minutos, PERRO OCCIDENTAL!

Hoa Lu- Niebla? NO! Humedad empañando el objetivo nada más sacarlo

 

En fin, tras dos horas largas de aguantar la petulancia de Strong, llegamos a un templo, Hoa Lu, previo a la visita a Tam Coc. El actual templo se ubicaba en lo que antiguamente había sido la capital de Vietnam (hace 1000 años, entendí), hasta que los chinos empezaron a darles pal pelo, y acabaron con las antiguas dinastías de la etnia viet. Yo no sé si étcnicamente la etnia viet sigue siendo lo que fue, pero estoy convencido que eran mucho más majos que los vietnamitas actuales, con su clarísima influencia china de mala educación y rastrerismo.

Aunque nos pilló la lluvia (que venía del tifón que no nos había dejado ir a Halong) y arruinó un poco la visita, ya que el templo tenía numerosos jardines, el templo era bastante espectacular. Jardines con estanques, edificios muy antiguos, y elementos como palanquines o tronos en los que las antiguas dinastías subyugarían al populacho. Habría estado muy bien la visita, pero hubo un pequeño elemento que lo estropeó: Strong. El maldito guía sólo nos dejaba pararnos donde él decía, luego arrancaba y echaba a correr hacia el siguiente punto.Todo corriendo. “Time for pictures” significaba que tenías unos 30 segundos para hacer una ráfaga de fotos, como tardaras un poco más, le perdías a él y a los obedientes chinos del grupo que le seguían. Si te retrasabas un poco te echaba miradas reprobatorias “turista malo, turista maaalooo”. Sólo le faltaba pegarte con un periódico en el hocico.

 

Llévame en el palanquín!

Así que en un tiempo récord vimos un templo bastante grande, con unas escuetas explicaciones de Strong de dinastías y orgullo viet. De ahí nos llevó a comer (¿ya?, sí, tras las horas de bus, el templo y demás, ya era mediodía). En teoría habíamos cogido el tour bueno, según los jetas del Splendid Star, y por ello habíamos pagado más, pero el sitio al que fuimos a comer era absolutamente infame. Un menú buffet a base de arroces quemados, la “deliciosa cabra” recomendada por Strong, que básicamente se componía de nervios y ternillas, y bebidas no incluidas! Y por supuesto el tiempo contadísimo: en 40 minutos teníamos que estar fuera como buenos chicos.

 

this is tam coc!!

Menos mal que al salir tocaba una actividad sin el cansaliebres de Strong: paseo por el río. No lo he contado antes, pero resulta que Tam Coc significa “tres cuevas” (una de las pocas cosas útiles que nos contó Strong en su soba matutina). Se trata de uno de los brazos que conforman el Río Rojo (que es exactamente el significado de Ha Noi-> río rojo), que transcurre entre arrozales y una serie de rocas puntiagudas como salidas de la nada, muy muy parecidas a las de Halong Bay (por eso a esta excursión la llamaban Dry Halong, ya que era tierra adentro, aunque de dry más bien poco).  Por último el río pasa por debajo de tres cuevas, que según el nivel de agua a veces hay que agacharse en la barca para no rozar con ellas. Así que la excursión consiste básicamente en montarte en una barca, que tiene la peculiaridad de que el tipo o la tipa que rema, reman con los pies con una habilidad chocante, y llevarte por el río entre arrozales, juncos, nenúfares, y bajo las tres famosas cuevas.

REmando a pie

nuestra pedigüeña... ni siquiera remaba a pie

 

al final, las cuevas

Lo que a priori puede parecer idílico, sobre todo por el paisaje, se ve un poco empañado por lo hiperturistizado que está (especialmente cuando hay tifón y todo el mundo que se ha quedado sin plan viene aquí), con una cantidad enorme de barcas cruzándose e incluso chocando constantemente.

 

Las cuevas apretaban bastante

Pero mucho peor que eso es el resultado del turismo: cuando llegas al final tu remero se para junto a una barca que intenta venderte agua, cacahuetes y mierdas varias. Como no cuela, después apela a tu (en este caso negrísimo) corazón, para decir que le compres algo a tu remero, que está muy cansado. Después de decir que no, que no que no,  y que el compinchado remero ve que no va a funcionar, empieza el camino de vuelta. El recorrido entero es casi dos horas. Bien pues tras hora y media de no cruzar palabra ni a tiros, el remero (en nuestro caso una señora mayor), empieza de repente a hablar cordialmente. Misteriosamente la conversación deriva en los muchos hijos que tiene y lo cansada que está. Justo la conversación termina cuando está a punto de atracar y te empieza a pedir propina. Pero qué miserables, lo que hace el turismo masivo…

 

Foto tomada para que la vieja vea que la estoy ignorando

Momento "One dollaaaaarr". Se aprecia en mi jeta.

 

Esto da una idea de la cantidad de peña que había ( podía haber)

Por supuesto nos largamos sin ni siquiera mirarla; habíamos pagado por la excursión y la propina en todo caso habría sido algo voluntario, pero que te pidan la propina y te digan además de cuánto tiene que ser me resulta bastante molesto. Si encima la señora te sigue por el embarcadero durante 5 minutos, ni te cuento. Deberían plantearse seriamente cobrar 3 o 4 dólares más por excursión y dejarse de mendicidades y supuestas penitas.

 

Los vietnamitas ante la negativa del dólar.

Al salir, Strong nos quería llevar a casa, pero eh! Nuestra excursión incluía una vuelta en bici! Así que a regañadientes, con el tiempo hiperapretado, Strong nos condujo a todos en una vuelta en bici “guiada”, en la que básicamente él iba a toda piña por delante mirando hacia atrás como diciendo veengaaa vengaaaaaa malditos occidentalesss (bueno la mayoría eran chinos…).

 

-Strong, nos reservas 30 femtosegundos para una foto?!. -Vale, pero espera que voy a intentar encuadrar TODO el tendido eléctrico de Vietnam en la misma toma.

Rápido, otra foto del paseo en bici!

Luego, lejos de nuestros deseos de andar libres con la bici, el tipo se metió por un camino de barro infernal, super estrecho, y resbaladizo, y los del grupo chino, que aparentemente eran de ciudad, se quedaron atrás, se dieron la vuelta, y se largaron.

 

Camino infernal, resbaladizo como un castillo hinchable recubierto de aceite. Chinos largándose.

Así que Strong se dio la vuelta también y aprovechó la coyuntura para forzar una vuelta al autobús. De pronto, empezó a apretar, y le perdimos de vista. Vaya guía de mis huevos. Al menos pudimos hacer el resto del recorrido tranquilos y sin la presencia agobiante de Strong (que de alguna manera nos estaba presionando en la distancia con su desaparición).

Cuando llegamos al bus, Strong ya estaba con la manguera en la mano para limpiar las bicis, venga venga venga venga, y nos subió al bus. Recuerdo como habiendo subido todo el mundo, Irang-tzuh estaba en el baño y yo me quedé a esperarla fuera. Y Strong me empezó a empujar!!!! Para que subiera!! Y le dije que no iba a subir hasta que no estuviera ella, y me empezó a mirar con odio otra vez. Jodido miserable.

La vuelta a Hanoi fue más tranquila, ya que Strong no habló. Llegamos bastante tarde a pesar de todo, y fuimos al hotel a presentar al menos cierta disconformidad por la mierda de excursión que nos habían empaquetado, supuestamente la buena. Pero en fin, primó el buen rollo con Tony y sus vasallos, y no les dijimos gran cosa.

Al salir del hotel, hicimos la mudanza al Rising Dragon Vila, que estaba a unos 10 minutos, y tras una ducha, lavar la única ropa que teníamos, y ponernos la camiseta proporcionada por Finnair de tamaño rapero de Los Angeles, bajamos a echar un ojo a las tiendas del centro de Hanoi. Lo de las tiendas no era capricho, necesitábamos reemplazar algunas de las prendas fundamentales que nos habían perdido con las mochilas: ropas largas e insecticidas. Tras dar algunas vueltas por el centro y no ver NADA más que tiendas cerradas y de pijaditas, nos decidimos por ir a cenar, así que fuimos a uno de los restaurantes recomendados por la Lonely: Little Hanoi (nunca confíes en los vietnamitas, y nunca confíes del todo en la Lonely). Como todo buen restaurante de la Lonely, el precio era bastante alto, pero cenamos relativamente bien, con buen servicio y buenas vistas del lago.

Al salir nos dispusimos a tomar algo antes de irnos a dormir. Cerca del lago, y en frente del Little Hanoi, hay una plaza con un edificio que tiene muchas terrazas con luces y mesas para cenar. Carlong lo tenía fichado desde el día 1, así que nos lanzamos a intentar tomar algo por allí. Subimos en el ascensor con unas chicas valencianas un poco ordinarias (un poco bastante, por la explícita descripción que hicieron de las partes de su cuerpo que estaban sudadas). Eran nuevas. No se enteraban de nada, y se nos medio acoplaron un momento. Cuando llegamos arriba, y ellas pasaron la puerta de cristal del garito, nosotros nos dimos la vuelta, bajamos y nos fuimos a otro bar. Elegimos el Up Café, que el día anterior había dado tan buen resultado. Fue un acierto, y además conseguimos mesa en el exterior, rodeados de geckos y con una buena vista del lago.

Al día siguiente teníamos que ir de compras.

 

03 Sep

Vietnam y Camboya, episodio 1: inicios accidentados

Había largo viaje hasta Vietnam, pero todo apuntaba a que no sería tan pesado como en otras ocasiones. Volábamos desde Madrid a Helsinki y de Helsinki a Hanoi, con sólo una hora de parada. 15 horas de vuelo en total, precedidas de 5 de tren desde Bilbao a Madrid, en uno de esos Alvias que habían dejado tan mal cuerpo sólo una semana atrás (exactamente en el momento en el que estábamos comprando aquellos billetes).

Tras un vuelo que no se hizo demasiado largo, aunque los de Finnair nos escatimaron snacks, y nos dieron la peor comida de avión de la historia (parecía el vómito del comandante), llegamos a Hanoi a las 6.30 de la mañana, tras más de un día sin dormir. Así que esperamos a las maletas, esperamos, esperamos, esperamos… hasta que vimos que aunque las de Iñiguyen e Irang-tzuh habían salido, la de Car-long y la mía no. No estaban. En el aeropuerto nos confirmaron que estaban perdidas; nos dieron un neceser con unos cutrecalcetines, una camiseta y unos mínimos enseres de limpieza, y un papel indicando que quizá podríamos recuperarlas, pero teníamos que andar pendientes, ya que no íbamos a estar quietos en Hanoi, y ellos sólo las podían mandar a nuestro primer hotel. Tampoco podían llamarnos por teléfono.

Así que sin maletas, sin ropa, sin insecticidas, sin cremas de sol, sin mudas, sin medicación para el estómago, salimos a que nos recogiera el transporte del hotel. Nos habían clavado 20 dólares por el transporte, sabíamos que era un timo (más adelante descubriríamos que de timo nada), pero queríamos algo seguro para el primer día. Con las ganas de matar aumentando, y la desconfianza hacia todo tras perder las maletas, el transporte nos llevó de rally, y en una hora, al caótico centro de Hanoi.

 

Downtown Hanoi, lleno de motos

Sí, el aeropuerto está condenadamente lejos del centro. Nos soltó en un callejón donde un tipo aleatorio nos dijo que teníamos que bajar ahí, que el hotel estaba cerca, y blablabla. Habiendo leído sobre los timos de hoteles falsos que replican a otros, y cosas similares, no nos dio mucha confianza, pero finalmente bajamos y le acompañamos al que sería nuestro campamento base: Splendid Grand Star hotel. Estaba una callejuelilla, y por eso no nos pudo meter el coche. En cualquier caso, tras los 21 días sabemos que hicimos bien en desconfiar. En Vietnam no te puedes fiar de NADIE.

 

Una calle anexa

En el hotel nos ofrecieron unas frutas frescas y una welcome drink que pedimos sin hielo: unos zumos bastante buenos y dulces. Nos acogió Tony, el dueño del hotel, que nos dio una cálida bienvenida y en poco tiempo nos dio acceso a las habitaciones. (nunca te fíes de la calidez de un vietnamita)

Después de dormir un buen rato y adecentarnos todo lo que podíamos sin tener maletas, bajamos a la recepción a contratar el gran highlight del viaje: una excursión a la bahía de Halong en la que íbamos a pasar una noche durmiendo en un barquito para ver el amanecer entre las rocas de la bahía. La noticia del tifón que iba a cancelar nuestra excursión fue como un segundo jarro de agua fría. Si a Car-long no le había afectado tanto perder la maleta, esto terminó por desmoralizarlo.  Ahora no teníamos maleta, habíamos perdido la oportunidad de ver Halong como debe verse (durmiendo allí), y teníamos dos días en Hanoi sin nada que hacer, y sin hotel. Grandes comienzos.

 

Los vecinos de en frente

Con una oferta para ver Tam Coc, el Halong tierra adentro por parte del hotel, que nos pareció carísima y no cogimos en primer lugar, decidimos al menos aprovechar la tarde para conocer el centro de HAnoi, el barrio viejo y el lago, sus principales atractivos turísticos. Así que empezamos a vagar por las calles del barrio viejo hasta que llegamos al lago.

 

El famoso lago de la tortuga

El calor y la humedad eran insoportables. Era sudor automático, como estar en un baño turco. Como no había mucho más que ver que el lago en el que había una tortuga gigante, que no vimos, compramos entradas para el teatro de las marionetas en agua, uno de las principales atracciones de Hanoi, y que está allí mismo al lado del lago. Como el teatro era a las 5 de la tarde, empezamos a buscar algún sitio para comer. Después de descartar unos cuantos por demasiado occidentales o por demasiado sucios, encontramos un café que tenía buena pinta, y buenos precios, el Up Café. Era un poco raro, estaba en la azotea de un edificio, y para entrar al ascensor había que entrar a una tienda de Springfield y cruzarla entera. Así que vimos unas cuantas camisetas y pantalones y sus precios occidentales y por tanto prohibitivos, y subimos al Up Café.

 

Nos han robao la idea del bar tecnológico!

 

Buenas vistas al lago

El sitio estaba muy bien, una terraza con buenas vistas, interior climatizado con sofás, el menú en iPads, y camareros muy atentos (cuando hay transacciones comerciales de por medio, los vietnamitas pueden ser majos… son tan chinos…). Comimos muy bien, platos típicamente vietnamitas, como Bun Cha o Bun Bo Nam Bo, por poca pasta, unos 13 euros entre todos. La conexión wifi era gratis y buena (descubrimos luego que Vietnam está a años luz de casi cualquier país europeo en conexión wifi, la hay por todas partes, siempre abierta, siempre gratis, y a buena velocidad).

Después de que por fin algo saliera bien, fuimos a ver el teatro de marionetas de agua. En este espectáculo te sientan en unas butacas pequeñísimas (por cierto, nos timaron; hay dos tipos de entrada, la cara y la barata: con la cara supuestamente estás super cerca, pero nos tocó casi atrás del todo, a pesar de haber comprado la cara ¿cómo demonios te pueden timar en la taquilla de un teatro?), rodeado de mil guiris más como tú, y hay un estanque al que van saliendo marionetas que cuentan la historia de Vietnam desde que un dragón se lo montó con una grulla, y pusieron 1000 huevos que formaron los primeros pobladores de la etnia Viet.

 

estas no son las marionetas..

estas sí

Luego se hacen campesinos, y van prosperando.

 

Luego llega la religión y lo estropea todo. NAda nuevo

El espectáculo es ameno y tiene música en directo, aunque cuando acaba tras 55 minutos no te quedas con ganas de más.

Al salir seguimos paseando por el lago, y viendo el famoso puente rojo tan mítico de las fotos de Vietnam, y en el que había una sesión de fotos de boda que Car-long se quedó mirando un buen rato.

Se casan

Para las 7 empezó a anochecer y fuimos volviendo poco a poco al hotel, callejeando por el barrio antiguo. Teníamos que buscar un hotel para el día siguiente y contratar una excursión para ocupar los días que el tifón nos había estropeado. Así que rápidamente hicimos una reserva en el Rising Dragon Vila hotel para el día siguiente, muy cerca del nuestro, y con bastante mejor pinta. El Splendid Grand Star estaba bien, pero no pasaba de ser un hostel ligeramente mejorado. La excursión a Tam Coc, un río con cuevas y rocas estilo Halong, tuvimos que discutirla. En el hotel el turbio de Tony y su asociado Martin, nos decían que nos ofrecían el «good trip» por 32 dólares por persona. Había un «bad one» por «algo menos», aunque no nos especificaron nunca cuánto menos exactamente. Tampoco nos dijeron en qué se diferenciaban: mejor guía, mejor comida, mejor autobús… pero mejor cómo? vamos a ir de pie las 3 horas de autobús o algo así, si pagamos 5 dólares menos? Ellos decían que como éramos sus clientes favoritos no nos iban a vender el trip cutre porque no podían vendernos algo cutre. Fuimos a otras agencias y en todas nos dieron un precio similar, por lo que al final contratamos la excursión en el hotel (en Vietnam casi todos los hoteles, o al menos los cutres, son también agencias de viajes). La sensación de que estos dos eran unos timadores iba en aumento. Además, ya empezaban a tomarse confianzas con nosotros, como pegarnos pequeños puñetazos en el hombro al llegar y similares.

EL lago, de noche

Nos fuimos a cenar a un sitio recomendado por los timadores, que resultó ser un restaurante muy elegante, con una gran terraza y comida vietnamita buena. El problema es que eran las 21.40 y cerraban a las 22.00. Lo raro no era que cerraran tan pronto, en Vietnam las 7 de la tarde es como nuestras 11 de la noche. Lo malo es que son muy muy estrictos con la hora de cierre, y prácticamente te echan del local cuando llega. Así que comimos bien, pero con gran estrés, bajo la mirada inquisidora de varios camareros que en cuanto poníamos un cubierto en la mesa se llevaban todo el plato, para después venir a meterte presión con la hora de cierre. Definitivamente era un sitio para visitar con más tiempo.

A las 10 nos dieron la patada, y salimos hacia el hotel, a intentar recuperar un poco el sueño, ya que al día siguiente salíamos muy pronto hacia Tam Coc.

La noche fue entretenida, algunos la pasamos en vela, por aquello del jet lag, pero pronto recuperaríamos el sueño.