30 Oct

Do It Yourself

Me queda poco para completar la lista y dominar el mundo :D

Hace unos días tuve la oportunidad de hacer esto tan mítico de las series americanas: oficiar la boda de un colega (que previamente se había casado en un juzgado, ya que aquí el estado no otorga esos poderes tan alegremente). Como el colega era Txetxu pude permitirme hacerlo con bastante poca seriedad, y el resultado puede verse en este vídeo (por favor, ponedlo a 720P, se oye muy bajito, hay que darle duro al volumen):

Update! Los miserables de youtube me han vetao el video por la banda de audio, así que lo subo a vimeo con password:

https://vimeo.com/78477543

la contraseña es: pastafari

Oficiar esta breve ceremonia de 20 minutos puede parecer trivial pero ha llevado 3 meses de dedicación, la implicación de otras cuatro personas (thanks, Jorge, Termo, Jonathan y Álvaro), que han aportado ideas, validado las mías, y bueno, lo han hecho posible. Escribir un guión mínimamente gracioso, que tenga cierta coherencia, sin herir sensibilidades de gente que no conoces, integrando referencias roleras, frikis, geeks que todo el mundo pueda entender… bueno pues fue una tarea titánica, y hasta el minuto 90 pensé que no daría resultado, pero las felicitaciones fueron intensivas, y en general la gente se rió y participó. Después hubo que elaborar el ppt, elegir, cortar y preparar la música, comprar un montón de artilugios que parece que los venden en el chino (siempre que pregunto “oye dóde venden noseque” la respuesta es “en el chino”). Pues no! no tienen antifaces en el chino! ni cartuchos de pólvora para la escopeta, ni cordones electroluminiscentes para poner a TErmo alrededor del cuello…

Decir también que nos falló un ordenador enchufado a un segundo proyector que nos habría permitido que todo el mundo viera la tirada de dado y cómo yo la manipulaba en directo, pero al no poder ser tuvimos que improvisar.

Pero a pesar de todo el resultado fue bueno y creo que volvería a hacerlo para otra pareja que conozca (el esfuerzo del planteamiento inicial sería el triple si no conoces a la pareja).

Siguiente parada DIY: cultivar calabacines en mi terraza :D

 

14 Oct

Vietnam y Camboya, espisodio 4: Israel

Amaneció muy pronto en el tren. Había sido una noche ajetreada. A pesar de lo cómodo del vagón, los botes que daba ese tren eran aberrantes. Sobre las 6 estábamos ya en pie de guerra, aunque faltaban algunas horas para llegar a Lao Cai, la última estación del recorrido. Las montañas de Sapa hacen la frontera norte de Vientam con China, y no están demasiado lejos de la capital, pero aún así, el tren necesita 10 horas para llegar. Luego nos contaron que estaban haciendo una autopista por la que los coches llegarían en 3 horas!

cuando llegamosss

Desde el tren, a pesar de la intensa lluvia que aún nos estaba dejando el tifón, podíamos ver por fin paisajes típicos vietnamitas. Arrozales de un verde intenso, bancales arracimados en las colinas, algún trabajador tempranero recogiendo arroz, y tipos con sombrero cónico en bici. A la hora prevista de llegada el tren llegó a una estación, pero no era nuestra estación. Así que preguntamos a los siempre bordes empleados del tren (en Vietnam, si no tienen una relación comercial contigo te tratan como chusma). Se rieron en nuestra cara y nos dijeron que no era. Cómo nos atrevíamos a pensar que el tren llegaría a la hora… Igual cogió tráfico…

Cuando por fin llegamos a Lao Cai, empezó otra vez la guerra. Resulta que Lao Cai está a una hora de coche de Sapa (20 km..) Decenas de chóferes ávidos de dólares esperaban en la salida y no te dejaban respirar. Claro, el tren estaba lleno de turistas que tenían que ir a Sapa, y la explanada de la estación estaba llena de furgonetas, taxis, etc que sólo pensaban en desplumarte.

Después de ignorar a varios, que básicamente se te echaban encima y casi te quitaban las maletas, y se ofendían cuando les decías no, salimos a la explanada y fuimos a donde buenamente pudimos y vimos que había algún que otro extranjero igual de perdido que nosotros. Nos cobraron 30 dólares por los 4 después de un buen regateo, aunque los muy miserables habían cobrado el doble a los americanos que iban delante y nos dijeron que nos calláramos y no les dijéramos que habíamos pagado la mitad. Después alguien de confianza nos dijo que ni se nos ocurriera pagar más de 150000 dongs, o sea 7 dólares por los 4. Nunca, nunca, nunca te fíes de un vietnamita. Todos son timadores y te van a timar si pueden.

En fin, ya dentro de la furgo emprendimos el tortuoso camino, y sin llegar a salir del pueblo, para empezar bien, al parar en un pequeño atasco, un motorista se empotró contra la furgoneta. No pasó nada serio pero la moto se le reventó. Como intercambiar papeles del seguro parece algo impensable en este país, nos quedamos allí parados 40 minutos hasta que apareció una grúa a llevarse la moto. No sé muy bien qué pintábamos allí, pero así estuvimos.

por fin sapa

El trayecto a Sapa fue mejor de lo esperado, y al llegar descubrimos un pueblo por y para el turismo: todo eran restaurantes, tiendas de ropa de montaña, y hoteles. Sin embargo, frente al estándar de Hanoi, Sapa era un pueblo bastante bonito, aunque sólo hubiera turistas y guías de viajes. Yo necesitaba unas playeras de monte así que paramos en un restaurante a desayunar, en el que nos tomamos un desayuno épico y delicioso, mientras yo iba a la tienda de enfrente y alquilé unas playeras por 2 dólares. Me esperaba una cosa indignísima, pero me dejaron unas playeras más que decentes, casi nuevas y que no parecían de imitación. Además me guardaron las playeras cutres que llevaba.

Frutas Dragón

Después de desayunar contactamos con Mao. En Sapa uno puede hacerse un trekking por las montañas de alrededor y volver al pueblo y dormir en un hotel, pero lo que es realmente interesante es contactar con un lugareño que te aloja en su casa. Esta era Mao, una señora pequeñita y muy simpática que nos iba a hacer un trekking por las montañas acabando en su casa, para devolvernos al día siguiente por otro camino a Sapa. Este tipo de contacto sólo se puede establecer mirando foros de viajeros que recomiendan contactar con lugareños concretos (básicamente Mao no aparece en booking.com), y Mao era una de las más recomendadas. Habíamos contactado con ella sólo dos días antes, pero todo fue muy bien.

Mao nos llevó en primer lugar a sacar dinero, donde aprovechó para llamarme en un más que decente castellano “calzonazous”, por dejar que Irang-tzuh llevara la mochila más grande (aunque la menos pesada). Creo que no comprendía muy bien el concepto de calzonazos, a mi entender lo habría sido si hubiera llevado yo todo. En cualquier caso era chocante que supiera esa palabra en castellano.

Más frutas pinchudas en el mercado

Después nos llevó al mercado local donde sólo compraban los lugareños, y nos hizo en directo la compra para comer y cenar ese día. Allí vimos bastantes frutas y especialidades vietnamitas, bastante raras, que no habíamos visto antes.

También pudimos ver por primera vez perro, desollado, con la mirada perdida, listo para echar a la cazuela.

Cabeza de can, para dar sabor a los garbanzos

También había carnaza genérica, mucho más barata. Y super bien conservada :(

Es mítico que los vietnamitas comen perro, pero por lo que nos dijo Mao, era sólo para ricos porque era bastante caro, así que después de todo, parece que no comen tanto perro.

vech-tabols

Tras la compra iniciamos el trekking. Eran 12 kilómetros por monte, subidas y bajadas, pero no era demasiado cansado. A pesar de ello, Mao estuvo tooooodo el trekking preguntándonos qué tal íbamos. Cansados? Cansados? Ahora cansados?. La verdad es que íbamos bastante bien pero al final le dijimos que estábamos cansados para que se callara.

empieza el trekking

Además de Mao venían con ella varias niñas (que a su vez llevaban a sus hijas), cuya única función era estar, aunque alguna tuvo una conversación de más de dos palabras. Todas iban vestidas tradicionalmente, por aquello del turismo, después vimos como al llegar a casa se ponían ropa normal.

El trekking en sí fue bastante espectacular. Superado el momento lluvia, tuvimos unas vistas increíbles desde las montañas. No tocaba ver bancales, pero había bosques de bambú, campesinos locales, y vistas del valle.

lunch time

Panoramix

Para las tres de la tarde ya habíamos llegado a la casa de Mao. Eran una especie de chabola de madera gigante, pero aunque no tenía muebles, ni casi paredes por dentro, era una de las mejores casas de la zona. Desde luego ser la guía recomendada en internet surte efecto.

cerca de la casa de Mao había buenas tomas

La casa de Mao era una toma en sí misma.

Allí nos dio de comer un arroz con los vegetales y carne que había comprado, que no estaba mal, pero habría venido bien un poco de sal o de soja, supongo que lujos en aquella zona. Tenía sus propios cerdos, gallinas y bueyes, así que comimos carne de cerdito casero. Y unas vainas muy ricas.

Un descanso en el porche de Mao

La sala y al fondo la cocina :)

Nuestra “habitación” eran unas tablas puestas sobre unas vigas que formaban un segundo piso, y sobre las que había unas colchonetas con mosquiteras. Era bastante acogedor, aunque tenía el pequeño problema de estar encima de la “Cocina”, que era un agujero en el suelo donde encendía fuegos, por lo que cuando cocinaba, se llenaba todo de humo.

Aposentos

Pajarero

Allí estuvimos echados un rato, hasta que decidimos ir a la notable cascada que habíamos visto al pasar, y que estaba justo debajo de la casa de Mao.

Mientras hacía esta foto, Israel se atormentaba

La cascada, con una pocita, era un sitio agradable para pasar la tarde a remojo en medio de la selva. Allí había un tipo solitario, occidental, dudando de si entrar o no en el agua. Nos pusimos a hablar con él y resultó ser un israelí que trabajaba en el alto mando de las fuerzas especiales del ejército. Nos dio una amena conversación sobre viajes pero cada vez que Car-Long preguntaba algo relacionado con el ejército al tipo se le iba la mirada y se quedaba ausente. Parecía un poco tocado por algún tipo de trauma, con frases como “el enemigo está por todas partes”, pero era muy simpático.

Secarse al sol de la tarde

Después de un buen rato departiendo con el israelí, nos fuimos a dar un garbeo por los alrededores, sabiendo que no teníamos demasiado tiempo, ya que anochecía a las 7 de la tarde, y aquí. una vez de noche no había nada más que hacer.

Paseo por los arrozales

Cuando volvimos a la casa de Mao ya era de noche. Nos preparó una cena a base de tortilla de patata! y algunas otras cosas que había aprendido de turistas.

Se comerán al perrico algún día?

La tortilla estaba semibuena, pero es que sin sal ni aceite es complicado hacer algo decente. Después salimos fuera, a observar estrellas, pero no nos quedamos demasiado: había una ingente cantidad de mosquitos, polillas gigantes, y otros bichos nocturnos que sólo se pueden encontrar en la selva. El ruido de bichos era ensordecedor. Así que después de un poco de contemplación nos volvimos a la cabaña, a nuestros “aposentos” donde impregnamos las mosquiteras de todos los insecticidas que teníamos y nos metimos a jugar a las cartas. Para las 9 el sueño era máximo y nos fuimos a dormir. Cada vez que encendíamos la linterna, miles de bichos proyectaban sombras enormes en todas partes. Estábamos rodeados, pero seguros dentro de la mosquitera.

El sueño fue duro, ya que estábamos literalmente tumbados sobre tablas, pero se agradeció después del rigor del viaje. Mañana tocaba la vuelta.

 

05 Oct

Vietnam y Camboya, episodio 3: equipajes inesperados

En el tercer día, deberíamos estar amaneciendo en un barco, mecidos por las aguas de la bahía de Halong. Sin embargo, amanecimos en el Rising Dragon Vila hotel, con poca perspectiva de qué íbamos a hacer. Por la noche cogíamos el tren a Sapa, zona de riesgo de malaria, por lo que teníamos que pertrecharnos con ropa de manga larga, en el caso de Car-long, con pantalones de pata larga y ya de paso, con otras ropas adicionales que nos permitieran no estar 21 días con la misma camiseta. Así que pronto por la mañana nos dirigimos a ver la tumba de Ho Chi Mihn, para luego ir de compras.

Cogimos un taxi para ir a ver a Ho Chi Mihn, pero por lo timadores que son los taxistas como norma general, merece la pena ir a pie. Desde el barrio antiguo no es más de media hora. Al llegar nos sorprendió un poco la ultra cola que había, larguísima, llena de chinos, y muy bien organizada (bajo sombra todo el rato). Esa cola en la que parecía que íbamos a estar 3 horas, avanzó en poco más de 15 minutos hasta la puerta del mausoleo. Éste era un edificio de clara factura soviética, impresionante, cuadrado, realzando a los héroes de la patria y al señor Mihn, que por lo que pudimos leer, tiene pinta de que fue uno de los vietnamitas más decentes de la historia, pero claro, se formó en Europa y USA, no rodeado de chinos. Dentro del mausoleo, al que no se pueden entrar cámaras, hacía mucho frío (o fuera demasiado calor), y la visita iba rápida: se trata de una gran cámara central en la que está Ho Chi Minh en espectacular estado (para algo se lo llevan una vez al año al Tussauds para restaurarlo), bajo una gran bandera de Vietnam y otros símbolos comunistas. El camino te hace rodear la urna y ver al magno líder desde todos los ángulos.

 

en ho chi minh no se podían sacar fotos

Cuando salimos el calor era abrasador, y con la humedad al máximo, era inviable estar mucho rato al sol, así que cogimos otro taxi para ir al mega centro comercial más grande de Ha Noi (una megaconstrucción digna de Discovery Max).

El taxi nos dejó un poco lejos porque el atasco era infernal y nos iba a subir el precio un montón para andar 200 metros, así que tuvimos que atravesar un mercado callejero en el que por el olor, toda la carne se estaba pudriendo de forma simultáneamente. Corriendo, y entre náuseas, cadáveres de ratas, y muchos vietnamitas apretados en lo que parecía un poblado chabolista, 100 metros más adelante estaba esta megaciudad que parecía Las Vegas, y en cuyos bajos había un super centro comercial.

Allí pasamos toda la mañana y parte de la tarde aprovisionándonos de camisetas técnicas, calcetines, gallumbos, mangas y perneras largas, y todo tipo de chismes que necesitábamos, no sin pocos problemas, ya que como el sitio era para vietnamitas, casi nadie hablaba inglés, y las tarjetas de crédito nos dieron algunos problemas.

Al salir estábamos exhaustos, así que nos dirigimos al centro de nuevo para comer, aunque previamente paramos en una de esas tiendas de mochilas junto al lago para intentar comprar unas mochilas a buen precio. Sacamos dos por 40 dolares así que no estuvo mal, después de todo.

Subimos a comer, a nuestro café de referencia, el Up Café, a comer la última buena comida en unos cuantos días, ya que de ahí tirábamos a Sapa y luego al sur. No tardamos mucho en conectarnos al wifi del Up Café para descubrir que milagrosamente las maletas iban a volver. Maldita sea, después de gastarnos la pasta y comprar todo lo que necesitábamos, incluida una maleta, nos devuelven las maletas!! Así que con un intercambio de emails arreglamos vernos en el Splendid Grand Star con la tipa del aeropuerto que nos las iba a traer.

El resto de la tarde la pasamos en el Splendid Grand, esperando a las maletas, y al tipo al que le habíamos contratado los billetes a SaPa. Ir a Sapa, aunque no está a mucho más de400 km de HaNoi, es bastante complicado; por lo visto no hay carreteras adecuadas y sólo se puede ir en tren, que además, como tarda demasiado, tiene que ser nocturno. Para cogerlo se puede hacer de muchas maneras, pero lo más recomendable para que no te timen, es cogerlo por internet con una compañía de confianza y que te traiga el ticket. A pesar de ello, nos timaron, pero eso lo sabríamos dos días después.

Después de bastante tiempo esperando, aparecieron las maletas!

 

ohhh

(sonó esta música)

Y después de reorganizarlas para llevar a  Sapa el menor equipaje posible, apareció el tipo del tren. No era muy simpático, a pesar del pastizal que acabábamos de entregarle, y se desentendió rápidamente de nosotros dejándonos en el vagón de tren casi sin mediar palabra.

El tren a SaPa estaba muy bien, para los estándares vietnamitas, un compartimento de madera, agradable, donde estuvimos echando unas partidas de cartas, y sacando algunas polémicas hasta que nos dio sueño e intentamos irnos a dormir. Esta primera noche no sería la de mejor sueño: los botes del tren fueron terribles, y había mucho ruido. Pero siempre es de goce viajar en tren.