17 Abr

Vietnam y Camboya, episodio 10 – Angkor

Habíamos recorrido muchos kilómetros (no tantos en realidad, aunque cada kilómetro era dolor), para llegar hasta Siem Riep. Así que después de una buena noche sin mosquitera (y encontrándonos con unos acompañantes dentro del pantalón:),

Esto que parecía un ser de los avernos salió del pantalón de Car-Long. Viéndolo ahora parece un simple grillo...

nos levantamos motivados para ver los super templos de Angkor. Empezamos con un buen desayuno jemer (en realidad era bastante british), y nos dirigimos a la salida donde ya nos esperaba nuestro driver. Para evitar líos propios de estas latitudes, le habíamos contratado por un precio cerrado (unos pocos dólares, decisión ultraacertada), y el tipo nos fue llevando de un sitio para otro los dos días que íbamos a estar en Siem Riep.
Lo primero que hicimos fue ir a sacar unos rieles para pagar la entrada a Angkor, que era bastante cara. 40 dólares por persona para dos días. Teniendo en cuenta la cantidad masiva de gente que visita Angkor, y la poca industria de cualquier tipo que había en el resto de Camboya, daba la sensación de que este templo podría suponer un buen pellizco del PIB nacional. Sin embargo, nuestro driver de nombre impronunciable nos dio un dato (que quizá habría que contrastar, aunque no sé muy bien dónde): el 70% de los ingresos de Angkor se van a Vietnam, ya que al parecer el gobierno vietnamita sabe que la mayor parte de turistas de Angkor vienen de Vietnam y se aprovecha de la situación para decirles a los camboyanos “o me dais la pasta o hago del paso fronterizo, de las conexiones aéreas y por tierra y de las compañías de viajes un infierno para Camboya”. Esa es la teoría del camboyano, que quizá tenga algún sesgo nacionalista, pero que conociendo a los vietnamitas puede que sea bastante cierta. Vamos, yo me la creo.
Así que después de la alegre conversación financiera, el driver nos llevó en tuk tuk motorizado hasta la taquilla del parque, donde unas cámaras semiautomáticas te hacen unas fotos para ponerte en tu pase.

Buen comienzo de la visita a Angkor

La de Car-long fue especialmente divertida. Luego cada vez que nos las pedía algún guarda, se mofaba, para ver a continuación como Car-long imitaba la postura de su foto (y así se volvía a mofar). En Vietnam algo así habria sido impensable. El carácter de los camboyanos era clarísimamente diferente, no sé si por la influencia francesa, que duró mucho más que en Vietnam, si por lo reciente de los jemeres rojos, o por la menor influencia de China. Pero eran mucho más majos.

Así que tras pasar la taquilla, pensábamos que estaríamos ya en los templos, pero nos llevó otros 20 minutos de tuk tuk llegar a ellos. Algo que me ocurrió a mí, y probablemente a cualquier que no haya leído lo suficiente sobre lo que es Angkor y lo vasto que es, es el estar permanentemente atónito ante la magnitud del complejo. Parecía que habíamos entrado en el parque jurásico. Es ENOOOOORMEEE. Yo pensaba que era el templo mítico, Angkor Wat, y quizá algún templo anexo más. Pero no. Hay decenas de templos, otros tan grandes o más que Angkor Wat, templillos, templazos, paseos, ciudades, estanques, altares de sacrificios, e incluso, a media hora en tuk tuk, otro complejo más! Empecé entonces a entender por qué demonios necesitábamos dos días para ver Angkor (y de hecho, 3 habrían estado mejor). Era brutal. Y espectacular. Una de esas veces en las que te quedas con la boca abierta. A mí hasta ahora sólo me ha pasado con Angkor y con Petra, que era otro ejemplo de algo parecido. El viaje infernal de autobús merecía la pena totalmente.

Fundamental tener un guía en tuk tuk que te va diciendo qué ver, en qué orden verlo, cuánto tiempo te lleva cada cosa, y te va acercando a los sitios. El calor era asfixiante, la humedad era total, y los templos generalmente requerían subir escaleras, o trepar por muros, por lo que la visita es agotadora. Tener al menos un tuk tuk para desplazarse por ellos se agradece. La parte buena es que el tipo nos esperaba en la calle, asi que por dentro de los templos íbamos por libre tranquilamente.

Así que tras entrar por un portalón gigante flanqueado por cabezas igualmente gigantes y talladas con precisión milimétrica, el driver nos acercó a Angkor Thom, el primer megacomplejo que tenía un templo en el centro y muchos otros complejos de culto como el Bayón o una super terraza llamada “la terraza de los elefantes”, que no sabíamos muy bien a qué se debía el nombre. Luego vimos que tenía un friso lleno de elefantes tallados a escala casi real.

Introducing Angkor Thom

Había sitios más complejos de trepar...

Aquí sonaba la BSO de Indiana Jones en mi cabeza

 

En los jardines exteriores del templo principal había unos árboles también dignos de mención, que se integraban con los templos, incluso a veces era necesario trepar o bordear sus intrincadas raíces para llegar a los subtemplos siguientes.

Otros árboles comían piedras para desayunar

Mirando de abajo a arriba, desde dentro del templo

Así que dedicamos una buena parte de la mañana para ver Angkor Thom y todos los templos de sus alrededores Banteay Samre, y templos más pequeños como Pre Rup o Ta Som.

templo Bayon

Vista desde Baphuon

y hay más, y más y más…

Una entrada normal :)

Ni idea del nombre de este. Nos lo encontramos vagando por un bosque

Parecía mucho más abandonado que los otros...

Dentro del complejo de Angkor había gente viviendo, generalmente en cabañas, que vivían del arroz que cultivaban (había arrozales dentro del complejo también), y de vender ropas hipis a los turistas, y había negocios como restaurantes. Después de una mañana muy interesante, el driver nos llevó a uno de los restaurantes, que tenía un poco pinta de europeo, pero en el que había una comida más que decente (claro, era un poco europeizada).

La comida fue correcta, pero lo que fue épico fue la choza de las hamacas que estaba incluida en el precio y en la que nos echamos una pequeña pero interesante siesta.

Después del reposo seguimos la visita con Ta Prohm, el mítico templo que está totalmente subyugado a los árboles y en el que se rodó Tomb Raider, que daba mucho más de sí que simplemente la entrada con las raíces. Era un templo bastante grande y en todo él los árboles se habían hecho con el control.

el photospot

el árbol de tomb raider

Para cerrar el día vimos Angkor Wat, que estaba cerca de la salida. Angkor Wat es bastante más pequeño que Angkor Thom, pero mucho más impresionante, y de hecho es la imagen habitual de todo el complejo.

Los pináculos son más altos, está rodeado de un foso y una muralla, y una enorme pasarela con dos balaustradas que son super serpientes de 7 cabezas te van acercando al templo.

La gente se dedica a hacer el subnormal junto a las serpientes, así que nosotros hicimos nuestro aporte

En los laterales de la pasarela, grandes campas con templos más pequeños y unas vacas desnutridas (con la de hierba que tienen para comer…). Dentro del templo, muchísima gente, santones hindúes, olor a incienso, y mucho cansancio.

El monguer se repitió con las estatuas de leones

Al marchar para casa, reventados, pasamos junto a unos monos que se bañaban en las acequias junto a la carretera, que hicieron que la visita mereciera la pena aún más.

Angkor cierra bastante pronto. Normalmente el horario de apertura empieza muy pronto por la mañana (a las 6 para poder ver el amanecer desde los templos), y cierra a eso de las 6 de la tarde. Nosotros habíamos ido bastante más tarde. Aún así, la reventada era máxima, así que tampoco fue tan problemático tener que largarse. Al llegar al hotel, descubrimos que de hecho había sido algo muy bueno: la piscina del hotel nos esperaba.

Carlong: "hum... una piscina"

Instantes después... "Coño, si Carlong ya está a remojo!"

El hotel al que habíamos ido no era el más lujoso de Siem Riep, pero estaba bastante bien, y la piscina era un goce, con sus hamacas, sus palmeras, y su servicio de copas en la hamaca. Así que aprovechamos toda la luz que quedaba del día para hacer un poco el mono bajo el agua. Allí nos encontramos con otros tipos de Bilbao (it sends eggs) que nos contaron que habían venido volando desde Da Nang. Nosotros nunca contemplamos esa opción, ya que siempre miramos transportes desde Ho Chi Mihn, pero echando la vista atrás parece la opción más razonable: el vuelo era muy barato, y te ahorras el coñazo de bajar hasta Saigon, y el de venir de Saigon a Siem Riep (además de no perder un día entero).

Después de un buen baño y una puesta a punto, salimos a conocer mejor Siem Riep. Antes de cenar, descubrimos el auténtico bar cremas de Siem Riep. En una callejuela, lejos del centro activo de la ciudad, el bar consistía en un jardín lleno de sillas de mimbre, cojines, y mesas bajas, con una barra circular en el centro. Allí estuvimos un buen rato, cerveza en mano, departiendo sobre temas escabrosos.

es necesario adoptar la postura de algún tipo de lisiado estilo lord byron, para poder tratar estos temas tan filosóficos

Fue una lástima que no sirvieran cenas en este local, porque nos habríamos quedado de buena gana. Sin embargo lo que hicimos fue salir hacia la zona de restaurantes, plagada de turistas, donde tras dar varias vueltas entramos en uno muy chic, con suelos de madera, paredes vaporosas de telas finas, y camareros con esmoquin. Tenía una carta de vinos considerable, especialmente para ser Camboya, y los precios de la comida iban acorde con todo lo descrito anteriormente. Tampoco fue una cena espectacular, aunque por lo que pagamos debió haberlo sido. Buscamos un lugar adecuado para tomar unas cervezas, pero no se dio el caso. Así que no tardamos en volver al hotel, ya que al día siguiente había bastante que ver en Angkor.

El segundo día de Angkor nos levantamos antes, aunque no tan pronto como pretendía Car-Long, que quería ver el amanecer (en Camboya amanece muy pronto). El plan de hoy era diferente: Íbamos a Banteay Srei, un complejo más pequeño que Angkor, pero en el que había mucho que ver también. Una vez entrabas en el complejo principal, se tardan 35 minutos más en tuk tuk para llegar hasta Banteay Srei, el así llamado “templo de las mujeres”, ya que por lo visto fue construido por mujeres.

vaya está un poco lejos, habrá que echar gasolina... echar??? no! mucho mejor compramos una botella de fanta llena de gasofa!

Se diferenciaba de los otros además en que estaba construido con arenisca roja, y era mucho más llamativo, aunque también era muy pequeño y estaba peor conservado.

Al igual que en el complejo sur, en este complejo norte había otros muchos templos por los que caminamos pesarosamente, pues el calor se había multiplicado.

las paradas para descansar fueron aumentando

Para hacer el mono también

También hicimos un conato de arcercarnos a una reserva de aves, pero en cuanto salimos de la sombra de los árboles nos dimos la vuelta.

En un momento dado se puso a llover, de estos arrebatos que les da a los países de esta zona, de llover de repente, y nos refugiamos en uno de los templos más viejos y ajados de todo Angkor. No recuerdo cómo se llamaba, pero el templo era uno de los más bonitos del recinto. Estaba entre árboles enormes, tras un pasadizo místico entre espesura verde, y dentro podía recorrese entero. También la parte interior era tremenda; parecía sacado de alguna peli de aventuras, el mítico templo abandonado en medio de la selva, medio tomado por la vegetación, pero conservando todo su halo de misterio. Claro que unas niñas vendiendo pulseritas en medio del templo rompían un poco el halo, pero fue un buen refugio para la feroz e inminente chaparrada.

Iñiguyen lo petó con su nuevo estilo "wide-open-cap"

El driver nos llevó a comer a un sitio diferente, pero que también tenía una buena chabola con hamacas, desde donde vimos llover, y nos echamos una siesta un poco más extensa que la del día anterior; al final estaba lloviendo así que allí se estaba bien.

Cuando por fin paró el driver nos llevó a ver unos cuantos templos más de la zona norte del complejo, uno muy grande y rojo, que requería dureza de ascenso.

El ascenso se puede decir que era "empinadillo"...

Por último fuimos a unos templos anexos pequeñitos…

Donde pudimos por fin agradecer al driver su servicio!

Y sacar las últimas fotos de Angkor Thom

en un marco incomparable blablablabla

El segundo día cogíamos el avión de vuelta a Saigon. Qué bien hicimos en coger avión! Aunque las conexiones eran peores (más caras) con Saigon que con Danang, podemos decir que TOTALLY WORTH IT. Sólo por no volver al autobús de la muerte, los 100 dólares del vuelo estaban perfectamente bien pagados.

De todas formas el vuelo era por la noche, por lo que después del cierre de Angkor pudimos aprovechar la pisicina del hotel antes de salir.

Así que después del último baño y un intento fallido de imprimir los billetes de avión en las impresoras del hotel, partimos con nuestro fiel driver de tuktuk hacia el aeropuerto de Siem Riep. Un aeropuerto no muy grande pero que perfectamente podría ser el de una ciudad sueca de tamaño medio: totalmente moderno, nuevo, con mucho gusto, eficiente , espacioso, con asientos para todo el mundo. Un aeropuerto de absoluto lujo para estas latitudes. Le daba mil vueltas al de Hanoi (bueno y a cualquier otro de los que habíamos visto por aquí). En algún sitio se tenía que notar el pastizal que entra a Camboya por Angkor.

Allí tras la tensión inicial de no tener billete conseguimos pasar, hacer el checkin y esperamos al avión, de Cambodia Airlines, que era con mucho el mejor avión que cogimos en todo el viaje (sí, mejor que los de FinnAir). Avión de lujo, servicio y atención de lujo. En un vuelo de 45 minutos nos dieron de cenar, y nos trataron de forma exquisita. Camboya es otra historia.

Al llegar a Saigon teníamos un poco lío porque teníamos cambio de hotel. Como el Nguyen Kang había sido bastante chufa, decidimos cambiarlo por otro, y en Camboya hicimos la reserva para el nuevo. Pero como a Camboya habíamos viajado ligero, teníamos nuestro equipaje en el Nguyen Kang, así que primero teníamos que ir allí, decirle al tipo que nos salíamos, coger todo, e ir al otro hotel.

Otra vez la tensión de pillar taxis en Vietnam. Del aeropuerto al hotel me senté delante con el móvil y el GPS para que viera que la situación estaba controlada, y todo fue bastante bien. Subimos, cogimos el equipaje, y volvimos a salir. Según Google Maps, el otro hotel, “Sunflower”, estaba a 15 minutos a pie. Estaba realmente cerca. Pero eran las 10 y pico de la noche, había mucho cansancio… y no sabíamos bien la dirección. Así que optamos por coger un taxi. Como estaba cerca, decíamos a los taxistas que 100.000 dongs. 27000 dongs son un euro. Pero 100.000 era sobrado, para la distancia que íbamos a hacer. 3 euros en Vietnam pueden dar para mucho. Nadie nos aceptaba. Un tipo nos metió las maletas, pero luego nos dijo que 200.000. Nos pusimos firmes y bajamos las maletas y nos fuimos. Al final aceptó por 100.000. Fue muy jocoso durante los 5 minutos de trayecto, pero al salir le pagué con un billete de 500.000 y no me quería dar las vueltas.  Entre bromitas y demás, nos tuvimos que poner realmente amenazadores para que nos devolviera los 10 euros que nos estaba tangando alegremente (recordad: «all I wanna do (bangbangbangbang clinch) is take your money!»). Al final nos los devolvió, y nos largamos con portazo y mala educación. La cuestión es que estos jueguecitos les funcionarán con muchos turistas… por nuestra parte, decidimos usar taxis prepagados contratados en los hoteles, y así nos ahorraríamos polémicas.

Era realmente tarde cuando conseguimos hacer checkin en el Sunflower hotel, así que tras dar una minivuelta para cenar, nos fuimos a dormir. Teníamos dos días de Saigon por delante.