13 Jun

Vietnam y Camboya, Episodio 13: Ha Long, Farewell, Auf wiedersehen, Goodbye

Era nuestro último día en Vietnam y lo íbamos a aprovechar para ver la bahía de Ha Long. El plan era fundamentalmente una mierda. Lo bonito de la bahía de Ha Long, ya que está a 4 horas de Hanoi, por lo tanto a 8 ir y volver, es ir un día tranquilamente, dormir en un barco, y amanecer en la bahía. Ese plan había muerto por el tifón de los primeros días. Ahora sólo podíamos hacer un plan de día, que consistía en madrugar un montón, y pasar en Ha Long unas 4 o 5 horas, ya que las 8 de trayecto condicionaban bastante. Pagamos 35 dólares por esta visita, lo cual nos inspiraba timo, pero echando la vista atrás, la verdad es que tampoco parece tan caro y no sé si habrá muchas agencias que lo hagan por menos. Se puede contratar en cualquier sitio y generalmente tienen el mismo precio siempre.

Nuevamente nos vimos en una furgoneta con un nuevo guía del que tampoco recuerdo nombre(probablemente sería algo como snake, puma, wind of sorrow o alguna flipada así), pero por razones que luego explicaré, pasará a llamarse «Ekiusmi». En la furgo coincidimos con spanish scum, que hacía tiempo que no veíamos. Iñiguyen se hizo bastante colega de una de las chicas de hecho, arrancándose a hablar como nunca le habíamos visto.

porque sí

porque sí

El viaje a Ha Long fue tranquilo, casi sin paradas (salvo una mega-área de servicio en la que nos bajaron para que gastáramos, que también tenía alguna relación con el agente naranja, víctimas y blablabla).  Ekiusmi nos iba dando datos clave del país como las exportaciones de arroz, el PIB, la comparativa con Tailandia o Laos, lo malvados que son los vecinos y los organismos capitalistas etc. Cada vez que alguien dejaba de prestar atención durante un nanosegundo, el tipo empezaba a decir «ekiusmi, ekiuuusmiiii» (excuse me) para que le prestáramos nuestra más completa y absoluta atención. Era el divo del turismo guiado y necesitaba atención perpetua. Si yo iba con los cascos puestos me hacía quitármelos. Si hablaba un poco me lanzaba una mirada fulminante. Ekiusmi era el epicentro de la minivan.  4 horas de protagonismo desaforado de Ekiusmi después llegamos al futuro Benidorm. Ha Long es, como dirían los estirados, un «enclave privilegiado». Playas enormes, con la vista de las rocas aleatorias emergiendo del mar. En tierra puedo imaginar que hace 10 años no habría absolutamente nada, un par de restaurantes y el resort que mueve las visitas. Ahora estaba en pleno ladrillazo propio de la manga del mar menor. Había miles de casas, hoteles, edificios recientemente construidos, y muchos más en construcción. Se ve venir. Esto mueve pasta, así que a megaurbanizar, hagamos resorts gigantes para los turistas chinos, que se compren su casa en la costa vietnamita. La españa de los 60 está en Vietnam hoy en día. Pero aquí hay chinos en vez de suecas.

superpan de Carlong

superpan de HA Long proporcionada por Carlong

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El caso es que rápidamente nos montaron en un barco que nos llevaría por la bahía. El viaje corto sólo consistía en eso. La parte buena es que nos daban de comer en el barco y la comida era muy buena.

También se podía hacer el mono por allí

También se podía hacer el mono por allí

quiero una foto como la de Bayu

quiero una foto como la de Bayu

Así que estuvimos un rato navegando por la bahía con sus terribles vistas.

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Después de comer nos pararon en una especie de aldea flotante en la que podíamos coger unos kayak, que estaban incluidos en la visita, y hacer un pequeño tour a nuestro aire.

La aldea flotante

La aldea flotante

Estuvo bastante bien, aunque era un poco corto y la parte más bonita del tour estaba hasta las cartolas de turistas en sus kayaks.

La zona guay

La zona guay

Merecía la pena, sin embargo dedicarle una hora a kayakear por entre las rocas gigantes de Ha Long.

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Ahí nos despedimos de algunos de los compañeros de tour, que se quedaban a dormir (malditos sortudos). Y seguimos la ruta entre las caprichosas rocas emergentes.

Este no estaba kayakeando

Este no estaba kayakeando

Ekiusmi nos había dejado tranquilos pero en breve vendría el momento de lucimiento máximo.

Otros engañaos en excursión de día

Otros engañaos en excursión de día

REsulta que hace unos años un pescador fue atrapado en un tifón en la bahía. El tifón le llevó a la cima de una de las islas, sin poder comunicarse con tierra ni nada. Así que el tipo estuvo indagando la isla para cobijarse, comer algo, beber… y encontró que estaba hueca! Había una supercueva dentro. Ése era nuestro siguiente destino.

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

El barco aparcó cerca de la entrada de la cueva, pero había que subir un tramo, que se hizo duro porque el calor era máximo. Por suerte la mayor parte de la subida era por dentro de la cueva, que estaba muy fresquita. Era una cueva muy vertical, básicamente la oquedad ocupaba toda la isla, y las islitas de Ha Long son casi pináculos.

Al entrar el la cueva volvimos a degustar las maravillas del buen gusto chino-vietnamita. Aquello parecía Las Vegas. Luces de colores, fuentes artificiales… Casi no se veía la piedra original, con las formaciones molonas que podía haber. La cueva estaba muy bien, había un recorrido interesante, por cavernas muy altas, con estalactitas y estalagmitas impresionantes.

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Sin embargo la habían maquillado estilo «escopeta de maquillar de Homer». La visita estuvo bien, sobre todo por lo fresquito que se estaba, aunque también la insistencia de Ekiusmi diciéndonos constantemente «ekiusmi, zis… is…. ze dragon!» y señalaba una estalagmita dragón. «ekius… ekius… ekiusmi! zis is ze leidi!»… y así. Esta cueva creo que tiene el record del mundo de formaciones de piedra con nombre propio. Prácticamente a todo montículo o colgajo le habían encontrado una similitud con algo y lo habían bautizado.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

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La cueva estaba a reventar de turistas pero se veía bastante bien. Al final, salimos en lo alto de la roca al calor abrasador y tuvimos que bajar poco a poco por una miniescalera.

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

Esta isla era terrible, era un pequeño paraíso, con su supercueva que conectaba lo más bajo de la roca con lo más alto, sus escaleras de madera precarias encima del mar, y su pequeño atracadero. Tenía pinta de tener hasta una cala en alguna esquina alejada de los barcos. Si estuviera en un país europeo sería un destino turístico habitual, conservado lo más natural y originalmente posible. En Vietnam era una pelandusca con exceso de maquillaje.

Después de la isla lagarterana seguimos el ajustado itinerario por entre islitas para volver a enfilar el puerto y atracar.

Mal o qué?

Mal o qué?

No era muy tarde, pero teníamos 4 horas hasta Hanoi, así que rápidamente volvimos al bus y disfrutamos de 4 horas sin «ekiusmis», ya que el hombre estaba un poco harto de nosotros pasando de él.

Agur, HA Long

Agur, HA Long

Llegamos a Hanoi bastante tarde, pero no pudimos evitar ir a cenar a un sitio majo. REsulta que en una calle paralela a nuestro hotel había un restaurante con buena pinta que habíamos visto varias veces al pasar pero nunca nos habíamos parado. Aunque algunos se mantuvieron fieles a la comida china, otros nos empleamos a fondo con platos occidentales que supieron a gloria.

Para evitar un último timo, contratamos el coche al aeropuerto en el hotel con el tío Martin. Así que el timo en realidad quedó en casa, al menos le dimos el exceso de pasta a un conocido que abusó de nuestra confianza siempre que pudo.

Durísima vuelta

Durísima vuelta

El madrugón fue muy duro, teníamos el primer vuelo muy pronto en Hanoi. De allí iríamos a Helsinki, otra vez el aeropuerto ratonera. De Helsinki a Madrid nos trajo un piloto calvo con una barba hasta el ombligo, que cuando estábamos embarcando se puso a hacer muecas de gorila, inspirando gran confianza. Un tipo así en un avión es el típico que cuando petan los motores dice «voy a aterrizar este pájaro!!» Hubo unas turbulencias considerables en el trayecto, pero el barbudo daba seguridad.

Y al llegar a Madrid nos metieron la ultimate-clavada: como íbamos a un hotel junto al aeropuerto ir en metro era un poco lío porque había que bajar hasta el centro de madrid. Tampoco había otras alternativas que supiéramos, así que cogimos un taxi, que nos cobró nada más que 34 euros por un trayecto ridículamente corto!!! Toma crisis del sector taxi.

A esas alturas daba igual. Fuimos a cenar a un garito castizo donde no pudimos evitar pedir tostas de jamón en pan con aceite y cerveza nacional cutre. Perfecto.

Era hora de volver.

 

 

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