20 Nov

Alemania y Austria, capítulo 9: El castillo de Parsifal

El noveno día de viaje íbamos a ver uno de los principales highlights: el castillo de Neuschwanstein (nuevo-cisne-piedra). Para mí no era tan highlight porque ya había estado, pero siempre molaba volver.

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Nos levantamos anómalamente pronto para poder visitar el castillo sin aglomeraciones, así que a las 8 y media estábamos ya en la cola de las entradas. Fue bastante gracioso porque Iñigenstein abandonó la larga cola y se fue a la calle. Allí, en medio de un parque, sin sentarse ni apartarse, justo justo en el medio, se pusoi a lavarse los dientes. Pudimos verle desde el interior del edificio de las entradas, y echarnos unas risas. El cepillado duró 15 minutos, y el enjuague fue con una botella de agua que había por allí. Nunca nadie tuvo semejante higiene bucal. Esto, que venía repitiéndose en los sitios más inverosímiles, nos llevó a crear el térmimo «Extreme Toothbrushing» que en nuestro próximo viaje pondremos en práctica creando tendencia mundial.

Así que tras la completa higiene oral de Iñigenstein y la adquisición de las entradas empezamos el ascenso del tramito que hay que subir hasta la entrada del castillo, de unos 25 minutos. Que no nos quiten nuestro ascenso matutino diario, que no somos nadie.

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NEuschwanstein está muy bien organizado, y con unas pantallitas van informando del grupo que va a entrar, que aparece en números impresos en las entradas. Cuando estuve la última vez no recuerdo que fuera así, además la visita fue bastante larga y detallada. Sin embargo parece que la máquina de dinero es implacable, y actualmente la visita al super castillo se hace en poco más de media hora, en la que vas a todo meter por las salas, con una audioguía, interesante, pero mucho menos que cuando fuimos con un guía humano. REcuerdo haber oído la historia completa con todo lujo de detalles escabrosos del rey Luis que construyó y vivió en este castillo. En la nueva visita ultraeficiente, sólo te cuentan el vicio que tenía Luis con Wagner, y cómo la ópera Parsifal está inspirada en Parsifal, pero sobre todo en Luis, que estaba tronao y se creía el propio Parsifal, como así se puede ver en las pinturas de muchas de las salas del castillo.

Aunque la relación con Wagner era muy interesante, se ven menos salas y se cuentan menos cosas que hace unos años. De todas formas también contaban lo que supuso la construcción de este castillo de pura opulencia en una región entonces no tan próspera (no había BMW), y da que pensar sobre lo que se suele decir sobre las obras faraónicas. No le criticarían a este pavo ni nada por gastarse los duros en esto. Y mira qué bien ahora.Anyway.

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Como salimos prontito, nos fuimos a dar una vuelta por el mítico paseo desde el que se tiene la vista más típica de Neuschwanstein, donde todos nos hicimos foto.

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Después dimos un paseíto por el monte y por el lago cercano al castillo, para volver a comer al centro de Füssen.

Íbamos a quedarnos aquí una noche más, aunque no hay mucho que hacer por este pueblo, que es más de estar de relax. Así que después de una correcta siesta, fuimos a echar un segundo minigolf, a ver si la polémica con las reglas de Iñigenstein volvía a surgir.

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El minigolf de Füssen mola un montón y tiene diversos chismes con los que la pelota interactúa, pero el mejor sin duda es un teleférico en el que la pelota va viajando de un punto a otro.

Molaba bastante porque una de las cabinas tenía algo mal, y no cogía la pelota, haciendo que hubiera que volver a empezar, así que había que encajarla en la «sala de espera» justo cuando venía la cabina buena.

La segunda partida no estuvo exenta de polémicas, especialmente en el hoyo barco pirata. Al final ganó el de siempre.

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Los alemanes juegan al minigolf de forma rápida y eficaz. Lo hacen de forma tan desinteresada que hasta tengo mis dudas de que se diviertan. Nosotros sin embargo tardamos casi tres horas en hacer los hoyos, y nos adelantaron diversos grupos, incluidos varios grupos de niños, que nos miraban como si fuéramos una especie de gente sin capacidades motoras. Qué diablos! Lo éramos! Y eso nos daba una muy buena forma de hacer que 5 euros cundan.

Después de aquello, nos volvimos al hotel, a ducharnos, hablar con el hogar, y bajamos a cenar. Esta vez tocaba italiano, donde conocimos a un grupo de españoles (mayores), que estaban perdidísimos.

Bañadores para bañistas mazaos

Bañadores para bañistas mazaos

Por la noche nos fuimos a dormir relativamente pronto. En Füssen no había nada que hacer, y además, habíamos madrugado. Y al día siguiente otra vez madrugar, ya que íbamos a otro monte.

Pero algo pasaría durante la noche…

8 thoughts on “Alemania y Austria, capítulo 9: El castillo de Parsifal

  1. Visita rápida pero las vistas increíbles. Era una visita obligada. Y el segundo día de Füssen que remedio que cenar en un italiano. Después de probar en varios, fué el único que aceptaba tarjeta de crédito como pago.
    Y el momento party a las tantas de la madrugada de los vecinos de puerta. Para haberlos capado. Todos lo oímos menos Inigenstein,jaja. Lo mejor fue el careo de Xabimann a las 8 de la mañana con el orangutan de la habitación de al lado. Parece que el » sex on fire» a todo trapo a esa hora, después de una noche de mambo ,no les sentó bien

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