04 Feb

Alemania y Austria, capítulo 15: El último Knuckel en Müních

 

Día 15. Era nuestro último día. El 16 volábamos de vuelta a Bilbao por la mañana, así que básicamente nos quedaba este día. Y estábamos a 400 km de Munich. Básicamente parecía que el día iba a consistir en ir de vuelta a Munich, pero teníamos varias opciones de paradas intermedias. Tras darle un par de vueltas, mientras nos tomábamos el último desayuno con Doris, decidimos parar en la ciudad de Ulm, la ciudad que vio nacer a Einstein y a Rommel, y cuyo highlight más relevante es la impresionante catedral gótica, la más alta del mundo.

Pero para salir a la autopista que lleva de la Selva Negra hasta Munich, hay que pasar por Baden Baden, una de las ciudades más míticas de la Selva. Como íbamos pronto, decidimos parar en Baden Baden para conocer un poco el centro de la ciudad. Iba a ser una parada rápida, pero aún quedaban muchos souvenirs que comprar, así que podía ser una buena oportunidad.

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Esto qué es? Baden Baden o Cs_italy???

Baden Baden es una ciudad muy agradable. Según salimos del parking nos encontramos con un mercado callejero con productos locales muy apetecibles (habíamos visto unos cuantos mercados en ciudades en días laborables, mola mucho). Tardamos poco en llegar al centro, que era prácticamente entero peatonal, con callejuelas estrechas adoquinadas, edificios muy bien conservados y muchas tienditas de pijadas y souvenirs. Recordaba un poco a algunas ciudades francesas, lo que no es de extrañar, ya que está junto a la frontera. Baden Baden no es en realidad un pueblo (no es más grande que Basauri en población), pero tiene ese porte de las ciudades que han tenido mucha historia.

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Después de que Karl hubiera comprado un número indeterminado de boles de desayuno, bajamos hacia el gran parque que hay bajo el castillo de la ciudad.

En el parque, surgió de forma inesperada. El gigante medía más de 30 pies, y lanzó su ira contra nosotros. Sus gritos eran atronadores y sus pisadas perezosas hacían retumbar el suelo. Todos nuestros refrescos temblaron como en parque jurásico.

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Habíamos oído hablar del gigante de Baden Baden, pero no esperábamos encontrarlo tan fácilmente, así que nos largamos del pueblo con celeridad.

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Dos horas después llegamos a Ulm, y fuimos directo al infopoint, y nos dijeron los cuatro highlights míticos. Así que vimos la super catedral de Ulm, sólo por fuera. DEspués fuimos a dar un paseo por el barrio de los pescadores, el más mítico de la ciudad.

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El Fischerviertel es un barrio chulísimo, con canales, árboles muy coloridos y casitas bonitas, así como un montón de tiendas curiosas y cafeterías con agradables terrazas. Se ve en 15 minutos, ya que no son demasiadas calles.
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Seguimos la visita por el Neue Mitte, una zona completamente nueva de Ulm, muy cerca del barrio de los pescadores, que imitaba su estética con edificios modernos, teniendo un aspecto bastante particular.

Neue Mitte, con sus chabolas modernillas

Neue Mitte, con sus chabolas modernillas

También pudimos salir a una muralla de la ciudad por la que se podía pasear, y que discurría junto al Danubio. Es la primera vez que yo veía el Danubio, y no me pareció tan azul, Johann.
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Cuando hubimos dado el voltio completo, no había mucho más que ver en Ulm, pero además, estaba empezando a llover de forma un poco desagradable. Así que arrancamos para Münich con la intención de ver una peli por la tarde. No había grandes cosas en cartelera, pero peli en el viaje ya era una tradición. En el trayecto a Münich vimos por primera vez una de las famosas autopistas sin límites de velocidad de las que tanto hablan. La Autobahn. Hay gente que cree que en Alemania no hay límites de velocidad, pero no, esto sólo pasa en esta subred de autopistas, que mola un huevo, no tiene curvas, y agarra a tope (energy). En el resto de autopistas y carreteras, que son la inmensa mayoría, hay límites, y los vigilan intensamente. No vimos a nadie a 300 en un Mercedes SLS. La gente circulaba bastante tranquilita, incluso en la Autobahn.

En cuanto dejamos el coche en la compañía de alquiler fuimos a todo correr al hotel que teníamos para esta noche, que estaba junto a la estación central de trenes. En el mapa. Resulta que la estación central es TAAAAAN grande, que tuvimos que andar 25 minutos desde que llegamos a la entrada de la estación hasta que
terminamos de llegar al hotel. Estaba lejísimos.

Estuvimos mareando unos buenos 30 minutos a la recepcionista del hotel para que nos buscara cines que dieran pelis en inglés (algo que habíamos hecho en 3 minutos con el wifi, pero la pava no se aclaraba mucho, debía ser una de esas tipas que no ven cine nunca que conocemos en los viajes). Al final, cuando nos confirmó que no había pelis en inglés (salvo una que no molaba), y que había un cine bastante céntrico que daban la que queríamos ver y había opciones de que fuera en inglés, salimos pitando para desandar todo el trecho hauptbahnhof.

Al final, nos encontramos allí con toda la chavalería pero encontramos que no había versiones en inglés. Maldición. Ya iban dos años sin peli. 2015, sea donde sea, hay que ir a un sitio que no doblen las pelis.

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Sin rumbo, desorientados, salimos a vagar por la calle, que estaba tremendamente animada con músicos callejeros. De alguna manera inesperada, sin saber por qué, acabamos junto a la apple store de Münich. Curiosamente,aunque estaba cerrada, estaba rodeada de iZombies que chupaban del wifi. La escena era dantesca. Una calle oscura con la cálida luz marketiniana de la apple store de fondo, y un montón de figuras de pie con portátiles y móviles y sus caras sólo iluminadas por la luz de sus pantallas.

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con el wifi aprovechamos para buscar un lugar donde cenarnos nuestro último Knuckel. Dimos con él. Un Biergarten molón justo en frente de la apple store. A la nave!

Ensaladas? qué clase de invertidos son estos?

Ensaladas? qué clase de invertidos son estos? El Duke se pidió un Knuckel como dios manda!

La cena estuvo tremenda! Birra, salchichen, y nuestro último knuckel. Allí se forjó la leyenda del Duke Knuckel, allí empezamos a golpear la mesa mientras gritábamos “knuckel, knuckel, knuckel”
Fue una gran despedida.

Al día siguiente madrugaríamos para volar.
Y aterrizar en plenas fiestas de Bilbao!