25 Ene

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 4: Adelboden

Amaneció en Ginebra, esta vez sin rezos, aunque con otras molestias por parte del francés. En cualquier caso nos avalanzamos sobre el completo desayuno del hostel para largarnos de la condenada Ginebra. Nuestro destino era Adelboden, un micropueblo perdido en los Alpes. En nuestra improvisación de viaje habíamos decidido poner en algún sitio «a-mano-de-todo» nuestro campamento base, para después movernos por allí. Volvimos a recorrer todo el lago Leman para llegar a Montreux, en su extremo oriental, y desviarnos hacia el sur. No tardaríamos en llegar a Frutigen, un pueblo que parecía vivir de la madera y la agricultura que estaba un poco antes de Adelboden. Frutigen trajo innumerables mofas a nuestro viaje cuando nos acordamos del capítulo de los Simpson en el que conocían a Brad Goodman y Bart le decía que se llamaba Rutiger, y después Marge le corregía.
Cada vez que pasábamos por Frutigen, Einigen y yo repetíamos varias veces el diálogo, imitando la voz de Brad Goodman :D

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En finx, a medio día, tras pasar por Frutigen,  llegamos al pueblo de Adelboden, pequeño, con muchas cuestas y rodeado de super montañas  y estaciones de esquí. En invierno esto debería ser el máximo goce, como podíamos ver en las fauces salivantes de Unaiguille, que ya tenía hambre, pero además tenía hambre de esquiar. Paramos en la parte inferior del pueblo para buscar al tipo que nos alquilaba la casa. Nos dio todo el material y unas indicaciones para llegar, y nos informó de que no había wifi en la casa. Terrible. Suiza es el tercer país con más ancho de banda del mundo, sólo por detrás de Corea y Japón. Y aun así, en la casa en la que íbamos a pasar casi todas nustras vacaciones no había wifi. Era como volver al campo base del Everest: montaña y desconexión absoluta. ¿Nos acabaríamos volviendo locos como Jack Torrance? Para asegurarnos de que no, según salimos de allí fuimos al super a aprovisionarnos de comida y cerveza.  La idea era hacer al menos una de las dos comidas en casa, ya que comer fuera siempre era una locura.

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La casa de madera de Adelboden se salía. Estaba en medio de la nada, al final del pueblo, rodeada de abetos y con unas increíbles vistas del Rindenhorn y el Daubenhorn, importantes picos de los Alpes berneses. Tenía sitio para 6 personas y era extremadamente acogedora, con una gran terraza al estilo suizo, y con una familia de ardillas viviendo en los árboles cercanos, que nos cruzamos un par de veces. Pero no tenía wifi. Nos hicimos la comida y después estuvimos planificando las actividades que podríamos tener los próximos días. Teníamos cerca la famosa Thun, e Interlaken, y sin hacer muchos kilómetros podíamos llegar a Berna. En los montes de alrededor había todo tipo de actividades de aventura, desde una especie de patines con ruedas de bici que llamaban scooter, con los que bajabas a toda piña desde algún monte cercano, hasta parapente. Había cientos de parapentes cayendo constantemente. Unaiguille salivaba. En cualquier caso, la tarde del día 4 decidimos quedarnos cerca e ir a la cascada de Enstligen, hacia la que había un paseíto por el valle, que nos haría recordar nuestros buenos tiempos de hobbits en Islandia.

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El paseo hasta Enstligen era muy agradable, junto al arroyo y primero por los campos del valle y después por un bosque. El bosque fue el lugar adecuado para poner a prueba las intuiciones sobre la competición que habíamos visto el día anterior: 2 minutos eran demasiado tiempo para estar colgado como un chorizo. Unaiguille se colgó de una rama, que proporciona bastante más grip que una barra de metal que gira, y aguantó cerca de un minuto. Einigen, con su background escalador aguantó más, pero falló al de un minuto cuarenta. Esos 20 segundos se le habrían hecho eternos, aunque dijo que de haber conocido cuánto tiempo le quedaba podría haberlo conseguido.

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Al cabo de hora y media llegamos a la cascada de Enstligen, bastante grande, de hecho era la más grande de nosédonde, y nos echamos unas fotos. Esto de las cascadas más grandes de nosedonde es un clásico. Allá donde vamos cada verano hay alguna cascada que es la más grande de blablablá. Para toda masa de agua que cae es posible determinar un entorno de restricciones para el que, siempre que no te salgas de ese entorno, la cascada es la más grande. En realidad, cualquier cosa que no sea la cascada más grande del mundo parece que en realidad tampoco tiene mucho mérito. También surgió de nuevo el tema de las cascadas vs. cataratas. Probablemente nunca llegaremos a un acuerdo sobre la diferencia entre ambas (aunque sea algo tan evidente: las cataratas Victoria no son las cascadas Victoria, casi suena a risa)

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Subimos a la parte alta de la cascada (yo renqueando como un perro, con mi rotura de fibras, prácticamente tuve que subir a la pata coja) y nos mojamos abundantemente. Cuando empezó a caer la noche tiramos hacia Adelboden, a tomar unas birrillas en el único bar del pueblo, que además proporcionaba la ansiadísima conexión wifi.

DEspués de unas birrillas y ponernos al día con todos nuestros contactos, salimos hacia nuestra casita de madera, donde podríamos cenar por menos de 200 euros.

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La noche en Adelboden era fresca y forestal. Y mañana sería otro día.