23 Feb

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 6: Scooterín de juguete

El día 6 era el día de conocer Adelboden. ¿Qué nos ofrecía aquella región, además de las mofas de Frutigen (se llama Bart!)? Teníamos un montón de picos por todas partes, cuyo ascenso era algo peliagudo para mi pierna, pero para eso estaban los telesillas. Adelboden es una super estación de ski en invierno, y toda la infraestructura del ski se aprovecha también en verano. 2015-08-08 10.34.52 2015-08-08 10.43.17

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Una de las actividades más frecuentes en la zona (y por lo visto en toda Suiza) era el parapente, algo que seguíamos barajando Unaiguille y yo, pero no habíamos fijado todavía el momento. Hoy era un posible día para darle al tema. En cualquier caso, después de un desayuno al sol adelbodiense, cogimos el telesilla para subir al pico más alto alcanzable por ese medio: Sillerenbühl. Desde este piquito de sólo 500 metros de altitud se podían observar todas las cordilleras que nos rodeaban.

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Otra cosa interesante que se podía hacer era alquilar lo que los locales llamaban scooters, una especie de patinetes con ruedas de bici, que es lo que habíamos subido a coger, y cuyo nombre me recordaba al scooterin de juguete de fry. Igual estaba cojo para subir al monte, pero podía dejarme caer por una cuesta de 11 kilómetros montado en una especie de patinete que cogía velocidades de vértigo. Sí, definitivamente eso es lo que íbamos a hacer.

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Desde que Einigen se dejó bigote, se propuso salir super serio en todas las fotos. Lo consiguió, para la mayoría.

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La bajada, aun por una pista que ellos llamaban negra y que teóricamente era muy compleja, era una maravilla. No se cogían velocidades tan altas como parecía, e incluso había un par de tramos en los que había que dar pedal para subir la cuesta. Molaba bastante el scooter este, y casi daba pena acabar el recorrido.DSCF4354 DSCF4356

En la última parte atravesábamos un pueblecito con las impresionantes vistas combo de monte-campa-casitademadera.DSCF4358 DSCF4361

Para cuando hubimos llegado abajo del todo, era casi mediodía. Nos fuimos a casa a comer y echarnos un poco la siesta. Vagancia máxima. Al levantarnos llamamos a los tipos de los parapentes, pero al parecer estaba complicándose porque se había levantado viento. Hasta ahora no habíamos visto ni un día de mal tiempo en Suiza, todo sol espectacular, pero era cierto que la tarse se estaba revolviendo. Nos dijeron que podíamos volver a intentarlo al día siguiente. Como no teníamos plan (es lo que tiene el improvising Switzerland, que es improvising), nos improvisamos el ascenso a lago cercano que estaba recomendado. Se trataba del Oeschinensee: un monte al que se le había caído un cacho de pared y en el hueco que había quedado se había formado un lago al que los suizos iban a hacer barbacoas y bañarse, como si fuera una playa. Tuvimos que ir hasta Kandersteg, a unos pocos kilómetros de Adelboden, y coger un teleférico. Podíamos subir andando, pero se nos iba a hacer de noche. Así que teleférico.

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Ya en la punta había un bonito paseo con vacas y vistas al Inerer Fisistock, en primer plano, y al Balmhorn, de fondo, una de las cimas más altas de los Alpes Berneses. Aunque hacía bastante bueno, después de los 30 minutos de paso, llegamos al lago con una tarde parduzca, como ya habían adelantado los del parapente. Empezaban a asomarse  nubes y caer algunas gotas. La vista del lago era impresionante, con el Bluemlisalphorn de fondo, otro pico de más de 3600 metros.

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En el lago había una especie de playa de piedras que recorría todo su lateral hasta la base de la montaña, y en la que había algunos grupos acampando, haciendo hogueras y pescando (!). Recorrimos TOOOODA la playa de piedras tirando piedras al lago intentando hacer ranas, o intentando emular al viejo Shyam, de Nepal, que tiraba una piedra al aire e intentaba impactarla con otra piedra. DSCF4373 DSCF4376

Tuvimos un par de level-ups en la cuestión de las piedras: salíamos de un nivel muy bajo y practicamos mucho. Pero al final, toda expertización fue irrelevante cuando empezamos a ver que se ponía a llover.  No habíamos cogido entradas para el teleférico de bajada, y eran bastante caras, así que nos esperaba una bajada de la montaña a pie, bajo una posible tormenta.

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Empezamos a bajar hacia el valle y en menos de una hora estábamos de nuevo en la estación de teleféricos. Tampoco había llovido tanto, pero la cosa se iba a poner mucho peor. Nos arrastramos hacia el bar con wifi de Adelboden, donde exprimimos las últimas rayas de batería en dejar de comunicarnos entre nosotros. Después cena casera, partida de Monopoly, muchos “es incrrrreible” de Einigen, que volvió a perder miserablemente, y acabamos deslizándonos lentamente hacia el sofá para ver un cutreprograma de talentos que ponían en TVE1, el único español que se veía en la cabaña. El programa era bochornosamente malo, pero Santiago Segura era parte del jurado y estaba dando cera a todo cristo (especialmente a sus compañeros de jurado) de forma hilarante, así que básicamente nos quedamos hasta el final para ver cada actuación estelar de Segura.

Nos dieron la una. A ver qué hacíamos mañana.

02 Feb

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 5: Al Thun Thun

Goce. Levantarte en tu cabaña de madera bajo un montón de edredones de plumas, abrir la cortina y ver esto:

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Pusimos el zumo, los cereales, el café, abrimos las ventanas, y tras un desayuno amenizado por los pajarillos, nos dispusimos a arrancar. Tocaba Thun, un pequeño y bonito pueblo a unos 50 km de Adelboden, que lindaba (y daba nombre) al Thunersee, uno de los dos grandes lagos entre los que se encuentra Interlaken, quizá la ciudad más conocida de esta zona. Hicimos una compra hiper rápida a fin de hacernos bocatas y no tener que tirar de prohibitivos restaurantes, y salimos hacia Thun, pasando por Frutigen (se llama Bart!). DSCF4293

Era muy pronto pero ya hacía un calor insoportable en Thun. Los veranos calurosos en el centro de Europa son insufribles. A pesar de estar junto al lago y de que un río bastante grande con agua de los alpes cruzaba la ciudad, calentaba bien. Estuvimos viendo el centro, que era agradable y bonito pero no tenía mucho más allá de las mil tiendas de relojes y recuerdos suizos con vacas y navajas. El principal atractivo de Thun es el castillo, al que subimos bajo el sol implacable, pero no llegamos a entrar, era bastante caro. Hicimos las fotos de rigor y volvimos a bajar hacia el centro, donde estaban preparando algún tipo de festival con el que no parecía que estuviéramos sincronizados. DSCF4296 DSCF4298 DSCF4305 DSCF4311 DSCF4312 DSCF4314

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Tengo seeed

Con tanto calor y sin mucho que hacer (ni fuentes de las que beber, porque los grifos estaban lejísimos del borde!), seguimos nuestra ruta por el lago para ir a parar a una pequeña “cala” unos kilómetros más adelante, un cuadradito de hierba frente a una zona de arena y una plataforma flotante donde muchos suizos habían ido a echar el día, poniéndose a remojo para aliviar el calor. Allí pudimos comer nuestros bocatas y refrescarnos, y hacer el mono en la plataforma. El lago Thunersee podría estar mucho más explotado en cuanto a playas, pero lo usan mucho más para pequeñas embarcaciones, así que nos costó bastante encontrar esta playita y en el resto del día sólo vimos otra más, cerca de Spiez.

A Spiez fuimos, precisamente, después del chapuzón, la comida, el helado y la digestión. Spiez sale también en las guías turísticas, pero si no eres un turista local con su barco y su apartamento reservado para toda la temporada, tampoco es que tenga mucha historia. Eso sí, tenía una iglesia en lo alto de un montículo que ofrecía unas vistas tremendas del lago, y que era un sitio bastante óptimo para casarse, como de hecho estaba pasando en ese momento. DSCF4326 DSCF4327 DSCF4330 DSCF4333

Sin mucho más que ver, seguimos hacia Interlaken, una de las ciudades más conocidas de Suiza, por su ski y deportes de invierno, por estar entre dos lagos, y al lado de dos grandes montañas, amén de bastante cerca de los tres picos que estaban empezando a obsesionar a Einigen: el Eiger, el Mönch y el Jungfrau (el ogro, el monje y la virgen (no sé por qué “mujer joven” se traduce por “virgen”, cosas de calvinistas, supongo)). Con esto en mente, Interlaken parecía una ciudad interesantísima. Al llegar veríamos que era más bien una especie de Benidorm de lujo estilo Trump. Estaba absolutamente tomada por chinos y árabes, y completamente entregada al turismo de pasta pero chabacano, como los chinos y los árabes. Bares horteras, tiendas de relojes cutres (mira que podían tener relojes molones), y calor, mucho calor. El calor era asfixiante, y como no vimos gran cosa para hacer por el centro decidimos acercarnos a uno de los dos lagos que dan nombre a la ciudad. Miramos el mapa, y el más cercano era Thunersee. Nos pusimos a andar, y una hora después estábamos a mitad de camino. Con aquel calor, decidimos darnos la vuelta, era la muerte seguir andando por allí.

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Unaiguille tenía los dientes largos con los miles de parapentistas que no dejaban de caer desde la montaña más cercana. Estuvimos mirando un buen rato como iban aterrizando, pero tras enterarnos del precio nos largamos de vuelta a Adelboden.

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Hubo un super atasco en la carretera del lago, la que nos llevaba a casa en menos de una hora. Nos dimos la vuelta y volvimos por el lado contrario del lago, que tiene una carretera mucho más estrecha y lenta, pero con unas vistas muchísimo mejores, así que tardamos nuestras buenas dos horas en volver. Después de la ansiada cerveza con wifi, nos fuimos a cenar a casa, donde echamos nuestra primera partida de monopoly en el móvil de Unaiguille. La frase más repetida fue “es incrrrreible”, que Einigen pronunciaba cada vez que una tirada le salía mal, algo bastante habitual :D