20 May

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 9: El Montblanc desde lejos

Pues nada, se acabó Adelboden. Era nuestro último día y partíamos hacia el sur. Dejábamos atrás Suiza, por el momento, no sin antes recibir un último latigazo swiss style. Tras desayunar limpiamos la casa, impeccabile, y bajamos a donde el simpático gordito barbudo que nos la había alquilado. Simpático? Olvidábamos que era suizo. Cuando fuimos a pagar el gusano de él se sacó de la manga una «cuota de limpieza» que había estado oculta hasta ahora, y por la que nos iba a cobrar casi 300 euros en concepto de limpieza. La casa nos había costado 500. 60% de recargo por limpieza. CRACKS. Sois unos cracks, suizos.

Nosotros habíamos firmado algo ambiguo que de alguna manera nos ataba, y no discutimos. En la página de booking del tipo no ponía nada (al menos no de forma clara de cuánto te iban a sablar). Así que si vais a Monica House, ya sabéis. Suiza en estado puro. Einigen gozaba. Con su peladura de pasta habitual, gozaba.

En fin, salimos hacia Francia, parando en el puentecillo metálico que a Unaiguille le hacía ilusión, y no paramos ni una vez más hasta haber cruzado la frontera. Íbamos a Chamonix. Ya que no íbamos a hacer el tour Mont Blanc, al menos podríamos ver el Mont Blanc.

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Tardamos nuestras buenas dos horas para llegar hasta Chamonix, donde Einigen había pasado prácticamente una semana antes de que llegáramos, preparándose para el ascenso al Montblanc. Así que cuando llegamos, Einigen nos hizo de guía en primer lugar por los restaurantes, ya que era hora de comer, y nos llevó a uno de hamburguesas bastante fino, al final de la calle principal. Fuimos al hotel a echar una pequeña siesta , tras la cual, Unaiguille quería ver tiendas de deporte y montaña, que como es de esperar, proliferan en Chamonix.

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El Montblanc estaba siempre presente, a lo lejos, mientras íbamos de tienda en tienda viendo los múltiples y caros chismes que uno puede comprarse para ir al monte. Después de horas de visitas, las compras se redujeron a un arnés. Aunque nos aprendimos hasta los nuevos modelos de chupas antiagua- antiviento-antifrio-antiperros de las marcas más conocidas y las menos. Por qué no visitamos Mamut ahora? hum he visto que allí está North Face! Y así.

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Al final nos sentamos en una terraza que estaba justo en frente del sitio en el que habíamos comido y en la que las birras entraron muy bien mientras una banda que tocaba una especie de versiones funk de temazos amenizaba la tarde. Esperando ver el concierto entero, estuvimos allí un buen rato, pero el concierto seguía y seguía y nosotros nos fuimos a dar un garbeo por Chamonix, para ver nuevas perspectivas del Montblanc.

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Cuando volvimos del paseo, la banda seguía tocando. Llevaba 3 horas. Hacía hambre así que decidimos acercarnos a un italiano molto raccomandato que Einigen había probado y quería volver. Había una cola considerable así que tuvimos que esperar cerca de una hora, durante la cual dimos vueltas por Chamonix, mientras la banda seguía tocando. No podían quedarles muchos temas… Al fin se hizo un hueco en la pizzeria des Moulins, donde tuvimos que esperar otros buenos 45 minutos para que nos dieran las pizzas. Que eran bocatto di cardinale, pero que con el hambre que teníamos para entonces no llegamos ni a saborearlas.

Cuando salíamos, increíblemente, la banda seguía tocando, y llevaba ya para 5 horas. Hay que tener repertorio, energía y ganas.

Nosotros nos fuimos al hotel, ya que al día siguiente subiríamos lo más cerca posible del Montblanc.

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