21 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 11: Es oficial: odio Ginebra

Calor.

Y macarrones con queso para cenar del italiano «asequible».

Fórmula mágica del no-descanso. Un estómago ácido y rebelde y sudores en la cama.

En Ginebra hacía mucho calor, y a diferencia del día anterior, que teníamos nuestro hotel con spa, hoy nos teníamos que ir a las 11 y después no teníamos dónde caer muertos hasta las cuatro.

Después de desayunar en un infame café cercano al hotel, con un vaso de zumo de 10 ml por 4 euros, nos fuimos a dar un garbeo por el centro y la zona de la colina, que ya conocíamos, pero que tampoco había otra cosa que hacer. El calor era asfixiante, y nuestro cansacio nos tenía medio adormilados.

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Al final, tras vagar por las calles arrastrando los pies de forma indefinida, acabamos sentándonos en un parque a ver cómo unos viejos echaban múltiples partidas de ajedrez gigante.

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Cuando empezó a haber algo de hambre buscamos un sitio para comer, y acabamos, efectivamente, en un italiano. Esta vez en uno de la cadena Vapiano, que tiene la peculiaridad que te dan una tarjeta y luego vas tirando de ahí y al final la pagas, lo cuál en el fondo es una chorrada máxima. Y caro. Pero bueno servía para los propósitos bucheros.

Frente al italiano, una pintada en una pared lo decía todo: «Geneve cité morte!». La firmaba alguien de Zurich. Por lo visto Ginebra no gusta ni a los propios suizos. Es verdad que era una ciudad muerta, con mucho lujo y muchos Porsche, muchos trajes y muchos Patek Philippe, pero sin alma. Un agujero negro de la corrupción del mundo empapelado con bonitos billetes de 100. Y encima hacía calor.

Huimos de allí sin entretenernos mucho, pero cuando llegamos al aeropuerto, todo el calor que había estado haciendo todos nuestros días en Suiza quedó compensado con la madre de todas las tormentas, que convirtió el cielo en noche profunda e hizo que nuestro vuelo se retrasara más de una hora. Bien, un poco más de tiempo para disfrutar de la cámara acorazada del infierno.
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Tras unas buenas partidas de 2048, pudimos coger el avión y largarnos de allí.

Qué bonito es Bilbao.

15 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 10: El Montblanc desde cerca

Nos levantamos muy pronto. Teníamos que ir a Ginebra a dejar a Einigen en el aeropuerto, subiendo antes al Aiguille du Midi, un pequeño resort turístico a 3842 metros desde el que uno puede tirarse montaña abajo por infinitas pistas de esquí, o trepar al Montblanc por las peliagudas rutas que nos había descrito Einigen, que lo había coronado una semana antes. Para subir a esta estación hay un teleférico por unos módicos 60 euros, que en 20 minutos te pone arriba. Los 60 euros son un precio tirando a asequible, conociendo los precios de los teleféricos suizos; pero ahora estábamos en Francia, y las cosas no tenían precios de locura. A pesar de levantarnos a eso de las 7, para estar en la puerta del teleférico cuando abrieran, cuando llegamos ya había una cola aberrante, y tuvimos que esperar cerca de una hora. Chamonix estaba hasta las cartolas de gente, y claramente todos tenían pensado subir a Aiguille du Midi por una u otra razón. Al final conseguimos que nos empaquetaran a eso de las 9, y descubrimos una «feature» curiosa del transporte: hay que coger dos teleféricos, ya que hay un intercambio en el medio. Y no cabe el mismo número de gente en uno y en otro, por lo que en uno de los dos sentidos había riesgo de quedarse fuera si no andabas vivo. De ahí que las colas estuvieran llenas de gente tensa.

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Al llegar arriba uno se daba cuenta de los 60 euros están bien justificados. A parte de las vistas del Montblanc y Montblanc du Tacul, se podían ver muchos otros picos del macizo montblanc, valles blancos surcados por esquiadores, alpinistas acampados, gente que volvía de su expedición al Montblanc, y escaladores trepando los picos más cercanos.

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Estuvimos echándonos fotos un buen rato, poses de unos tipos y otros, panorámicas, no tan panorámicas, detalles de los alpinistas que andaban por allí… Al final decidimos coger el teleférico de bajada ya que entre lo que habíamos tardado en coger el de subida y el tiempo que habíamos pasado arriba, se nos había echado el mediodía. Einigen estaba solo abajo, ya que no había subido porque hacía una semana campaba por aquí, bártulos de alpinista en mano.

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La bajada fue mucho más tranquila, casi no había gente para bajar, ya que muchos lo hacían esquiando, y otros lo hacían en otro miniteleférico que había en la cara sur, que llevaba a Italia. Abajo nos encontramos con Einigen, más que aburrido, y fuimos al ya clásico sitio de las hamburguesas a comer. Tras la breve parada salimos pitando hacia Ginebra, otra vez a Suiza :(.
Tras dejar a Einigen en el aeropuerto, fuimos a devolver el coche, donde tuvimos otro encontronazo con los suizos. Resulta que el coche tenía una rayita blanca de menos de 4 cm en una de las puertas. Una raya mínima. El tipo de la compañía nos dijo que eso teníamos que pagarlo. Algo bastante poco habitual, ya que hemos alquilado con esa compañía en muchos países y nos han aceptado desperfectos mucho mayores sin mayor problema. Al final, aparcando en mil sitios siempre te dan algún toque. No podíamos objetar mucho, de todas formas, te entregan el coche de una manera y así hay que devolverlo. Las formas si que fueron objetables. Por un lado, nos vendió la moto que tenía que llamar al perito y que nos podía ofrecer un pago fijo de 300€ y que nos olvidáramos de la peritación. Sonaba a timo por todo lo alto, ya que nos lo estaba vendiendo como «os voy a hacer un favor y os hago una especie de franquicia». Pero después, y sin que nosotros objetáramos nada a tener que pagar, nos empezó a soltar un rollo de «ya sé que en España estas cosas no son así, pero en Suiza esto hay que pagarlo y blablablabla», muy condescendiente y bastante estúpido. Le dimos la pasta, nos largamos y pusimos una reclamación en la valoración del servicio que nos pidió la compañía. No hubo repercusiones, que sepamos. DSCF4536

El caso es que teníamos toda la tarde en Ginebra bajo un sol de justicia, 40 grados y una humedad brutal. Empezamos visitando la parte vieja, que anteriormente no habíamos visto, pero al final nos rendimos al calor y acabamos yendo al lago a tomar una Heineken de tercio por casi 6 euros. DSCF4535No tardamos mucho en ir al refugio, un hotel bastante decente en el centro que no nos había costado mucho, considering, y que tenía spa. La clave era el spa, y ahí le dimos.