29 Oct

Namibia, capítulo 6: Bichos a porrillo en Etosha

Cuando despertamos yo seguía agitado por la cuestión de la sirena, aunque sabía que no había sido nada. Recibí una bronca moderada por la película que me monté la madrugada anterior. Fue un poco humillante también porque cuando fuimos a desayunar preguntamos a la persona de recepción del hotel a ver qué había sido la sirena que había sonado a media noche, y nos dijo que ella no había oído nada. Eso era imposible, ¿cómo no la iba a oír? El último día en Windhoek oímos durante el día una sirena exactamente igual, y allí se me ocurrió mirar en google maps a ver qué podía haber en las inmediaciones para que sonara esa sirena, y encontré un cuartel militar, que tenía toda la pinta de ser el origen. En Otjiwarongo había otro.

Pero bueno, había que olvidarse de la sirena, ya que hoy era el día de entrar en Etosha, el mayor highlight de Namibia, con permiso de Sossusvlei, en el que estaríamos 3 días gozándola entre elefantes, rinocerontes, leones y muchos otros bichos.

Habíamos oído hablar bastante de Etosha e incluso habíamos reservado alojamiento para varias noches, pero no teníamos muy claro como funcionaba el parque, si ibas por tu cuenta a la aventura, cómo de peligroso era, o qué pasaba si dormías fuera (ya que el alojamiento de dentro era más caro). Pues bien, el parque tiene dos o tres entradas en las que pagas por cada vez que se entra, que están un poco lejos de la acción, así que dormir fuera para entrar no parece muy recomendable, habría que pagar todos los días y además supondría bastante coche cada día.

Por otra parte, yo me imaginaba que básicamente habría una carretera y luego si querías salirte de ella para ver bichos podrías hacerlo, con tu super todo terreno y luego acampar libremente donde quisieras en tu tienda de campaña en el techo y dormir al calor de una hoguera… y blablabla. Pues no, lo primero que descubrimos al llegar es que la “carretera” que atraviesa el camping no es una carretera, a pesar de ser una C. Es un camino de grava por el que sufriríamos hasta el infinito. Ése y otros muchos caminos que hay a sus laterales y por los que se puede circular sin problema, son los únicos por los que se puede ir, ya que no está permitida la conducción off-road. Tampoco está permitido acampar fuera de los recintos habilitados para ello, ni siquiera bajarse del coche. Parece ser que después de todo sí que entraña sus riesgos, así que siempre tienes que ir en coche (y recomiendan con la ventana cerrada, aunque eso suele venir seguido por la polvareda constante que hay en suspensión gracias a los cientos de coches circulando por los caminos de grava).

Principalmente hay dos campings, Halali, al este y Okaukejo al oeste. Ambos están situados junto a un waterhole, un estanque al que vienen los animales a beber por la noche, algo que tampoco sabíamos, pero que es una de las cosas más interesantes del parque, ya que los campings cierran las puertas aproximadamente a las 6 de la tarde y a partir de entonces tienes que estar dentro, así que algo de entretenimiento en el camping viene bien. Okaukejo es un poco más de lujo, tiene mucho más sitio para dormir, y las piscinas e instalaciones de comer y demás son de más categoría, pero a mí me gustó más Halali, y su waterhole era más salvaje y molón (a parte que también se agradecía bastante el hecho de que tuviera menos turistas).

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Tardamos casi dos horas en llegar desde la entrada oriental hasta el camping Halali, ya que íbamos despacico por la carretera infernal, aunque hay que decir que a pesar de ser de grava y tener zonas en las que no se podía ir rápido, en general pudimos hacer una media de 50km/h, lo cual era todo un avance respecto a carreteras anteriores. Por el camino empezamos a ver bichos random casi sin proponérnoslo, al principio springboks, luego jirafas y de pronto vimos a un super elefante, absolutamente enorme que andaba despacio dejando una estela de polvo. Parecía viejo, y probablemente lo sería, ya que los elefantes suelen ir en manadas y sólo se separan cuando son muy viejunos y van a morir. El bicharraco era gigante, aunque con los colmillos muy pequeños, nada comparado con otros elefantes que había visto anteriormente en Nepal y en Vietnam, que eran mucho más pequeños (2-3 metros en su parte más alta). Este rondaría los 5, estaba muy lejos del coche y aun así imponía, estábamos con el motor en marcha por si le daba por correr hacia nosotros. Aunque en el mismo cartel en que leímos que en este parque se habían registrado alturas de hasta 6 metros (lo cual es una salvajada), y que los colmillos solían ser pequeños porque tienen dietas muy pobres en calcio, también contaban que si se ponen a correr pueden alcanzar 40 km/h, lo cual probablemente nos habría dejado atrás, ya que el Corolla no daba para tanto en este terreno.

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Después de un buen rato por aquella carretera comiendo polvo de los todoterrenos nos dimos cuenta de que probalemente el resto de carreteras que íbamos a recorrer por Namibia serían como ésta, y que íbamos a tener un viaje bastante intensito, en contra de lo esperado. Realmente sale a cuenta alquilar un todoterreno en Namibia, y si nos hubieran dado el que habíamos alquilado las cosas habrían sido muy diferentes. El camping Halali no tenía nada que ver con otros campings que habíamos visto antes, tenía unas instalaciones brutales, con grandes restaurantes, una piscina a la que se le podía llamar piscina, y en general, instalaciones de lujo, considerando el sitio en el que estábamos. Las plazas de camping estaban bastante bien, con electricidad, sitio para hogeras, y buen espacio para el coche y la tienda, aunque sin mesa. Si hubiéramos tenido un todoterreno habríamos tenido sitio para nuestra propia mesa y sillas… ay.. el todoterreno… Aunque otra cosa que descubrimos en este camping es que quizá la mejor forma de recorrer Namibia sea en un todoterreno, pero quizá sea mejor uno normal en el que alquilas equipamiento y tienda de campaña normal que uno con tienda en el techo, que eran los típicos (y el que habíamos reservado en primer lugar). Aquí estábamos rodeados de grupos con este tipo de todoterrenos y lo que vimos es que por un lado tardaban como 3 o 4 veces más que nosotros en montar y desmontar la tienda, la nuestra era casi instantánea, y la de los techos era un poco más compleja y todo el mundo tardaba bastante más. Por otra parte, cuando estás más de un día en un sitio, si tienes una tienda independiente no tienes que desmontar toooodo si te quieres llevar el coche, algo que le pasaba a casi todo el mundo, por la mañana a desmontar todo (tienda, plegar colchones, recoger mesa, utensilios, todo..) Nosotros lo dejábamos todo ahí y nos íbamos con el coche vacío, y cuando llegábamos por la noche nos íbamos directos al waterhole mientras los demás montaban sus tiendas otra vez. Así que realmente, si yo volviera a Namibia alquilaría un todoterreno normal, que se pueden alquilar en compañías normales como Avis, con muchas más garantías que las locales (que te pueden dejar vendido como nos pasó a nosotros), y luego alquilar por 4 duros el equipamiento. Probablemente cueste la mitad de pasta que uno con tienda en el techo (éstos rondan los 1500-1600 euros, frente a los 700 de un 4×4 en Avis, para 3 semanas, al que luego hay que sumar el equipo que te puede costar unos 50 o 60 euros).

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En fin, coches a parte, el primer día de Etosha estuvimos informándonos un poco y poco más, le habíamos metido buena tralla al coche, y era ya media tarde, así que lo único que hicimos fue salir a dar un garbeo por las carreteras cercanas al camping en el que sin esforzarnos mucho vimos jirafas, ñus, springbox y cebras, que luego nos acostumbraríamos, pero la primera vez impresionba bastante tenerlas a 10 cm de tu coche intentando meter la cabeza por la ventana.

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Después de la miniexcursión de hora y media volvimos para ver el waterhole, algo que a priori parecía turístico y un poco absurdo, pero que se convirtió en absolutamente memorable. Cuando llegamos llamaba la atención el silencio máximo que había en el que sólo se oían los obturadores de las cámaras de muchos turistas. En el waterhole, tres leonas bebían tranquilamente, a escasos metros de la gente. Es bastante chocante llegar a un sitio con unos asientos en el que simplemente te sientas y esperas a que vengan los bichos, y allí, sin más te encuentras con unas leonas.

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Pero lo que llegó después fue mucho más impactante. Cuando las leonas se fueron, y como si hubieran estado esperando una cola imaginaria, ocultos entre las sombras, aparecieron unos rinocerontes negros que también se dieron sus buenos tragos. Y lo mejor estaba por llegar, cuando se fueron los rinocerontes, guardando escrupulosamente el turno, apareció una manada de elefantes en la que tranquilamente podía haber 30 o 40. Había algunos líderes que les iban marcando el paso, otros más perezosos y algunos muy pequeños. Estuvieron más de media hora en la charca, bañándose, bebiendo, echándose agua mutuamente, e incluso parecía que estaban disfrutando. Parece ser que la mayoría de estos animales esperan al atardecer cuando hace menos calor para no perder líquidos durante las horas de calor. Lo curioso es que parece que los depredadores respetan la hora de beber, porque no parecía que atacaran mucho, aun sabiendo que era un sitio donde se congregarían presas fáciles.

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a este le llamábamos Trompeti

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Los elefantes dieron muchísimo juego, los turistas estábamos flipando con lo que estábamos viendo, el ruido, el olor y los barritos a escasos 10 metros. Al final, con un estruendo, como habían llegado, el motrollón de elefantes se fue y las leonas volvieron (u otras  leonas diferentes vinieron). Esta vez se dedicaron a juguetear como lo haría un gato, tirándose por el suelo, dando volteretas y bueno, dejando ver que en el fondo son básicamente gatos muy grandes. Después de flipar bastante con el waterhole, nos fuimos a cenar al restaurante del camping para probar las delicias locales, como el kudu o la cebra, y luego nos fuimos a la cama.

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