29 Nov

Kiwi el Aucklander 5: It runs like a river runs to the sea

El verano va llegando a Auckland, y con él, la navidad, por extraño que parezca. Aprovechando que ya la lluvia cada día es más rara, aunque siguen saliendo días encapotados, el sábado ampliamos unos pocos kilómetros nuestro círculo de acción y nos fuimos a Waiheke. Esta isla está un poco más allá de Rangitoto, y será unas 3 o 4 veces más grande. Sobre el mapa no parece mucho, pero una vez allí parece que estás en otro continente. Lo primero que llama la antención es la vegetación cerrada y variadísima que hay, que parece que te has ido al trópico. Lo segundo, los turistas, abundantísimos, la mayoría neozelandeses que tienen casas de vacaciones aquí. Y no es para menos, la isla es una especie (conceptualmente) de Formentera, o algo así, con muy poca gente viviendo de seguido y muchas casas, casonas y mansiones de gente que vive en otra parte. Muchos cochazos también, y un ambiente así como de playa, de relax absoluto, todo lento y sin estrés.

La principal atracción de la isla, a parte de esto de ser semi paradisiaca, es que tiene abundantes viñedos (también campos de olivos, y hacen su aceite y todo!). En Nueva Zelanda el vino es uno de los principales productos nacionales, un poco inesperadamente para los que no sabemos mucho de vino. Aún no lo he probado, ya que una copa de vino en un bar te cuesta 15 dólares (unos 8 euros), pero dicen que es bastante dulce (sobre todo tienen blancos, que cuando los tomas en bilbao son bastante ácidos, así que igual no son tan dulces, pero en comparación…). Bueno pues Waiheke está sembrada de viñedos en sus suaves pendientes, como cuando ves por gipuzkoa las plantaciones para txakoli. Otra cosa relevante de aquí son las playas, y como hay unas cuantas y están todas bastante separadas, nos alquilamos una bici. Txusuru y Luciaroa se pillaron unas eléctricas, ya que iban bastante cargadillos, pero yo me lancé a una normal, el tipo de la tienda me dijo que había muchas cuestas, pero que si me molaba la bici iba a disfrutar.

Pues sí, la cosa fue bien, al principio, ya que uno de los lados de la isla, por el que hicimos el camino de ida, tenía alguna cuesta suave, pero tolerable. El de vuelta YA TAL.

A mediodía paramos en una curiosa playa cuya arena estaba compuesta íntegramente por conchitas, y nada más. Vamos como una playa normal, sólo que en las normales están trituradas al nivel arena, pero como esta era una playa jovencita (supongo), estaban trituradas a tamaño concha, y eran bastante punzantes. El agua estaba azul y muy transparente, y con esas vistas comimos nuestros bocatas. Seguimos nuestro camino hacia la playa de Onetangi, la más grande, y que está en la costa conraria, pero sólo a un tercio de recorrido de la isla completa. Es decir, todo el día en bici nos iba a permitir ver un tercio de la isla. En el mapa parecía más pequeña.

En onetangi nos encontramos una playa ya más al estilo tradicional, fina arena blanca agua azul turquesa, y gente en bañador echándose chombos, a pesar de que se había levantado un viento norte un poco duro. Allí, en vez de bañarnos y morir de frío, nos sentamos en una terraza a tomarnos una cerveza de gengibre, sin alcohol y con un curioso efecto picante-amargo al final de cada trago.

La vuelta por la costa norte fue un infierno, las cuestas eran empinadas y largas, y lo peor, cuando pensabas que ya habías llegado arriba, y no podías subir más, bajabas hasta nivel del mar y de pronto otra cuesta igual que la anterior. Fue duro, pero aun así paramos en la playa de Palm beach, que parecía sacada de un decorado de Lost, y cuando llegamos a Oneroa, el pueblito donde habíamos alquilado la bici, estábamos (sobre todo yo con mi mountan bike) reventaos, así que nos fuimos a tomar una cerveza de verdad en unas bonitas terrazas encima del mar.

 

Llegué a casa reventao, no solo piernas, si no espalda, de cargar todo el día con la mochila en la bici, así que me fui a la cama y dormí hasta las 11 del domingo, algo inédito hasta ahora en Auckland.

El mismo domingo quedamos para ver el desfile de santa claus de navidad, que fue bizarro, por estar todo el mundo en bañador y con gafas de sol, pero sobre todo porque estaba patrocinado por Farmers, el corte ingles local (aunque mucho más cutre que el corte ingles), y básicamente era un despliegue sin ton ni son de carrozas, grupos, colectivos y otros, que bajaban por la calle principal haciendo el mono. Había majorettes, carrozas de tiendas, muñecos hinchables, bandas de gaiteros, unos con una especie de monstruo de metal… todo sin ningún tipo de hilván, nada que uniera temáticamente o estéticamente las carrozas, algo completamente aleatorio y gratuito. Podías estar viendo una carroza con ángeles y una especie de portal de Belén, y la siguiente carroza era de la radio de hits indios, con un dj poniendo temazos discotequeros indios. Horrible. Pero bueno, los niños disfrutaban. Este tipo de cosas me hacen apreciar más las que tenemos allí. Cómo mejora las cosas el hecho de que el desfile de navidad sea municipal y no esté contaminado por unos grandes almacenes, una inmobiliaria que te saca a niños disfrazados de casita, y una tienda de artículos de golf que saca una pelota gigante. También se echa de menos una cadena de grandes almacenes adecuada, como el corte inglés, un ikea, o incluso amazon, que cuando te conectas te lleva directamente a la página americana o inglesa. Es tan rural esta megaurbe de 2 millones de habitantes…

Pero algo que está muy muy bien son los parques. Por la tarde fui andando hasta Cornwall park, un parque que sobre el mapa está cerca, pero tuve que andar dos horas y media para llegar. El parque es enoooooorme y tiene unas buenas vistas de la ciudad, una zona de barbacoas super guapa, y en el centro, una colina, antiguo volcán, conocida como one tree hill, que a los fans de u2 les sonará. Parece que bono se hizo colega de un maorí en una gira, y le empezó a llevar en otras giras con la banda, pero se mató en un accidente, y le escribieron esta canción. Pues en esta colina debía de haber un árbol, que fue cortado por un activista maorí, y bueno, ahora lo que hay es un obelisco, y las mejores vistas de Auckland, ya que se ve el mar por los dos lados, la bahía del norte, donde está rangitoto, waiheke y el centro, pero también la sur, que es la más bonita. La visita a One Tree Hill parece bastante recomendable para cualquiera que venga a Auckland, y de hecho es lo que más me ha gustado de la ciudad hasta ahora. Por cierto, en la colina hay ovejas y vacas, muy risas.

En otro orden de cosas, en el blak fraidei aproveché para comprarme una pleiteichon para estar entretenido en los ratos muertos que estoy en casa, que tampoco es que sean muchos, pero como me quedé sin disco duro la semana pasada, tampoco tengo acceso a las series y pelis que tenía antes. Vamos que ayuda tener una plei, aunque luego supongo que la venderé cuando me vaya de aquí.

Y vuelta a la uni y las redes neuronales.

28 Nov

Namibia, capítulo 9: El oasis de Okaukejo

Okaukejo era un camping que animaba a quedarse dentro más que a salir a ver bichos, son sus super instalaciones y sus plazas de acampada altamente equipadas. Antes de despedirnos de Okaukejo, hicimos una última visita al waterhole y a la piscina, sin encontrar más que unos oryx en el primero y unas viejas éuropeas tomando el sol en la segunda. Salimos con nuestra tartanita a recorrer la cola más occidental de Etosha, sin saber muy bien qué podríamos encontrarnos, y no estuvo nada mal.

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Poco después de salir vimos a lo lejos unos elefantes como cruzando el horizonte. Paramos el coche para hacer unas fotos pero los elefantes cambiaron su trayectoria y decidieron circular por la carretera. Hacia nosotros. Así que empecé a dar marcha atrás mientras sacábamos fotos por la otra ventana y con un poco de cosica, por conocer la velocidad punta de los elefantes y la no tan punta de nuestro coche. Al final, después de un rato circulando por el medio de la carretera, volvieron a salirse y pudimos seguir nuestro camino, con unas buenas fotos de esta manada, en la que había al menos uno de 5 metros, eran tochísimos.

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A partir de cierto momento, empezó a haber ñus por todas partes, grandes manadas que buscaban las escasas sombras con gran ahínco, y se apelotonaban en ellas, con su aspecto de yonkis de la sabana. Pero lo mejor fue cuando llegamos a un waterhole natural, un oasis en toda regla, en el que había cientos de animales, muy variados, todos compartiendo agua, algunos corriendo, otros saltando. Estábamos lejos con el coche pero aun así la imagen era espectacular.

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Estuvimos parados en el oasis más de media hora, sin poder dejar de mirar cómo llegaba un tumulto de cebras, los ñus se apartaban, pero luego aparecían unos oryx y se iban las anteriores. Había springboks, kudus e impalas, avestruces, pájaros secretaria, y un montón de otros animales que no identificábamos. Al final nos dimos la vuelta y para la hora de comer empezamos el largo camino hacia las puertas de Etosha.

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A falta de campings dentro del parque para una cuarta noche, habíamos cogido sitio en un camping que estaba fuera, pero justo a la entrada. La idea era pasar el día entero en Etosha pero salimos pronto, pensando que nos llevaría tiempo llegar al otro camping, y no, resulta que estaba al lado, y a media tarde ya estábamos allí, sin mucho que hacer, ya que no había nada en los alrededores. Este camping parece que vive de los turistas como nosotros que no saben muy bien cómo funciona el rollo de los campings internos, y se cogen uno fuera con idea de ir entrando y saliendo, pero resulta que si entras y vuelves a salir lueog hay que pagar tasas otra vez, así que no compensa. Además los campings del interior son públicos y más baratos, aunque también más petaos (razón por la que vinimos a este). Anyway, como no había mucho que hacer, dedicamos la tarde a montar la tienda, leer y remojarnos en la piscinita.

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Por la noche hubo bastante animación ya que montaron una especie de hoguera con música y estuvo entretenido, birra en mano.

20 Nov

Kiwi el Aucklander 4: Supers, rayos UV y cabinas de avión

Pues ya son 20 días en el país de los kakapús , y podemos decir que estoy adaptado. La semana pasada fue óptima en términos de gestión del tiempo ya que sólo fui al super dos días, el lunes y el viernes. Y si mis cálculos del viernes los hice bien, es posible que no vuelva al súper hasta este viernes otra vez, batiendo así todos los records. Eso sí, me gasté 100 dólares (60 euros) en una compra que en Bilbao me habría costado unos 25€. Hay dos cadenas de supers principales en el centro de la ciudad (fuera hay más, con mejores opciones pero hace falta coche), y básicamente tienen las mismas cosas y con precios similares, con la diferencia de que una de ellas tiene un hiper a una distancia asequible, en el que tienen muchas más cosas, y esa misma (NewWorld) además tiene mejor fruta. La otra, countdown, está bien en general, pero la fruta no es tan buena, así que como es la que más cerca me pilla, si tengo que hacer compra grande voy allí, pero sólo compro plátanos, que están aceptables. Por lo demás, aquí, que yo haya visto, no hay fruterías, ni carnicerías ni pescaderías. Todo en el super, así que más vale elegir bien. La carnucia tiene sus peculiaridades, como el hecho de que el pollo sea de las más caras (hasta 9 y 10 euros por 2 pechugas de pollo que son más bien vulgares), y cosas raras como que el solomillo de vaca sea más barato que la carne de pierna. Y el pescado, a menos que vayas a un hiper, en los super pequeños tienes poco más que salmón, que es lo que he comido cuando ha tocado. Pero en general (y salvando la fruta del Countdown y el pollo), tienen bastante buen género. Los huevos por ejemplo son muy caros, pero son enooormes y están muy buenos. La carne de cordero y de vaca está muy muy buena también. Y tienen unos embutidos (pechuga de pollo, y jamón codido de cerdo, básicamente) buenísimos. SUelo pillar siempre el pollo ahumado, que está muy bueno y alguna cosa rara para probar, como pastrami o cerdo picante.

Con dos prácticos sub-pockets que permiten abrir uno para un día y que el otro no se quede reseco en el frigo

Todos riquísimos. El queso, LOCURA. Una cuñita de 100 gramos de queso normalico puede costar más de 8 euros.

Parmigiano a 8 eurazos

Así que voy alternando entre queso ultra caro y queso philadelphia que es mucho más barato, aunque claro, no es queso. En la categoría de no-quesos también hay múltiple variedad de lonchas y tranchetes, mucho más baratos.. y venenosos. Otra cosa que triunfa muchísimos son las patatas fritas con sabor vinagre, que están muy muy buenas, y el chocolate, hay una variedad cara, el Whitakers, que tienen de muchos sabores, y que está buenísmo.

vicio number 1

 

vicio number 2

En estas 3 semanas han caído 5 tabletas. Las ensaladas de bolsa que me pongo para cenar están muy bien también, aunque son bastante caras como todo, y misteriosamente aguantan un montonazo de días con la bolsa abierta y sin quedarse mohinas. No sé si es por la humedad, pero es sorprendente lo bien que aguantan.

En fin, teniendo ya optimizado el proceso de compra de provisiones y cocina ultra-eficiente, y a falta de acabar los trámites para el piso al que me mudaré en diciembre (contratos, luz, internet…) y de hacerme la condenada cuenta bancaria, para lo que llevo una semana, dentro de poco empezaré a tener las tardes libres, y el plan es apuntarme a una piscina brutal que hay cerca de lo que será mi nueva casa, que tiene spa y sauna y movidas, y no es especialmente cara (es pública), así podré ir a nadar de vez en cuando. Otra cosa que estamos intentando institucionalizar es tomarse unas birras al menos un día a la semana. Hemos encontrado un sitio que por 9 dólares (unos 5 euros), que es lo que vale en toda la ciudad la heineken, te ponen birras artesanas con 20 o 30 tiradores para elegir. Así que es un filón, porque si vas a gastar 9 dólares en una cerveza al menos que no sea orín de mono. El sitio, que se llama Brewers cooperative, está justo debajo de la que será nuestra nueva casa, y tiene también comida muyyy rica. Así que un día a la semana hay que hacer birras, y vamos intentando integrar a gente que ha venido desde la uni de bilbao y también a los compañeros de la uni de aquí que hay unos cuantos cracks. Hemos descubierto algún que otro local molón también cerca del puerto. Hay una zona que se llama Britomart que es rollo marina-comercial, con tienditas y restaurantes decorados super modernos con bombillas de esas gordas que no alumbra nada. También hay varios garitos con cervezas especiales a 9 dólares, así que es un buen sitio.

No es el Brewers cooperative, pero sí un libanés tremendo que encontramos en K-road. En el plato, unos mezze con falafel, hummus, nosequede col, noseque de coliflor y noseque de berenjena.

Otra cosa que empezamos a asimilar es la variabilidad del tiempo. Cada día puede haber 4 estaciones, y tener calor infernal, frío, lluvia, niebla… Este fin de semana íbamos a hacer una excursión el sábado ya que estaba anunciado buen tiempo hasta la noche. Amaneció completamente gris, y con pinta amenazadora de lluvia. Nos lanzamos a la excursión en todo caso, que consistía en volver a la isla de Rangitoto, esta vez con agua suficiente, para llegar a Motutapu, la isla campo de fútbol. Nos estuvo lloviznando toda la mañana, y cogimos un camino largo y pedregoso, así que tardamos casi 3 horas en llegar a la junction de las dos islas. Teniendo en cuenta la comida y el tiempo que faltaba para salir el último ferry de vuelta, no pudimos ver más que el principio de Motutapu, pero, aunque se quedará como el sitio al que nunca llegamos, apunta maneras, es completamente diferente de Rangitoto. Frente a los campos de lava y los árboles y vegetación retorcida, esta es un manto verde con fresnos y abedules, y muchos pájaros chachis. Volveremos.

Caminico infernal

 

Cuando llegamos a la ciudad nos tomamos unas cervezas y nos retiramos, pues aunque no habíamos llegado a Motutapu, habíamos andado 5 horas por aquellos caminos pedregosos y afilados, así que había algo de cansancio. Al llegar a casa, dtenía las orejas rojas, no quemadas, pero como a punto de quemarse. Y es que el sol pega muy fuerte en Nueva Zelanda. Parece que el agujero de la capa de ozono está por aquí, y la radiación es extrema, y hay muchísimos casos de cáncer de piel. No venden cremas de menos de 50 y en todo parte meteorológico hay avisos de radiación. Pues bien, con un día completamente cubierto, medio lloviendo, yo me di crema 50 antes de salir de casa, y por el camino me di otra capa de 30. Iba con visera, y al llegar a casa las orejas estaban rojas y calientes. Al día siguiente llovía ya sin complejos, e hicimos plan de interior, fuimos a un museo de transporte y tencnología. Como era interior no me di crema. Error, al llegar a casa, de los desplazamientos, volvía a tener la cara y las orejas enrojecidas y muy calientes. Todo esto con el cielo encapotado. Así que hay que andarse con bastante ojo, y ahora ya me doy crema 50 incluso cuando voy a la uni. En verano, como haya días despejados me voy a dejar un presupuesto en crema.. que no son precisamente baratas tampoco,…

un gigantesco hidroavión como el de Indiana Jones

 

El mítico avión en el que se escapaba Mad MAx en la tercera parte

 

en el depósito de tranvía, donde todo se puede tocar y enredar

Respecto al museo de tecnología y transporte (MOTAT), mola mucho (aunque hoy en el trabajo alguien me ha dicho que era para niños, que a ver por qué habíamos ido), pero es muy experimental, y te puedes meter en unas cocheras de un tranvía para ver cómo lo reparan, puedes tocar todo, hay una sección de informática y telecomunicaciones en la que explican de forma muy interesante cómo funcionan las cosas, y sobre todo, al final, había una parte de aviones brutal, en la que veías de cerca aviones guapísmos, muchos de ellos de guerra, como cazas y bombarderos y anti-barcos, con ejemplos de torpedos aire-mar. Pero lo mejor del día fue cuando andábamos en una especie de hangar donde reparaban los aviones y los ponían bonitos, y se nos acercó un tipo y nos dijo, ey, queréis probar el simulador del 747? Resulta que tenían un viejo simulador de 747 donde se entrenaban los pilotos en los años 70, con una réplica exacta de la cabina del jumbo con todos sus controles (que en los 70 eran todos manuales, muy risas), y nos metimos dentro y estuvimos haciendo el vaina, y el tipo que nos dejó pasar, que eera un frikaaazo de los aviones, nos contó un montón de historias sobre aviones, la aviación neozelandesa y el funcionamiento del 747. REsulta que los ingenieros que trabajan en el museo este son voluntarios, frikis que les gustan los trenes y los aviones y van allí a repararlos y a mantenerlos porque les apetece. Así que la gocé bastante. Y faltó una cosa: resulta que un domingo al mes (que era este domingo justamente), hay una sección militar del museo en la que te dejan montarte en tanques (tanques en servicio activo), y otros trastos militares. Pero cerraban a las 4 y nosotros llegamos a las 4 y media. Así que quizá haya que volver al MOTAT.

B-R-U-T-A-L

Por lo demás, esta semana habrá que ir formalizando trámites para el piso nuevo y probar nuevas cervezas, mientras vamos descubriendo cómo funcionan las redes neuronales de impulsos, nuestro gran reto!

La codificación con curvas gaussianas entendida y explicada por el Dr. Txusuru

14 Nov

Kiwi el Aucklander 3: En Parnell hay parné.

El tiempo de universidad y las visitas a los super han empezado a ser rutina en kiwiland, y ahora ya lo que nos queda son esencialmente los fines de semana. Entre semana, entre la uni, el super, cocinar para el día siguiente y los recaditos varios (como buscar un piso para el resto de tiempo que estemos viviendo aquí) no queda tiempo para mucho, lo cual no nos ha impedido tomar alguna que otra birra. El fin de semana pasado, siendo todavía pronto para hacer grandes excursiones, decidimos hacer un plan de tranquis, que luego sería modificado de arriba a abajo. En principio, la previsión del tiempo decía que el sábado iba a llover, con lo que las actividades de exterior quedaban un poco condicionadas. El domingo era más día de relax y la idea era ir a ver un partido de rugby a un bar y poco más. Al final, todo cambió tanto como cambia el tiempo.

Resulta que a pesar de que amaneció algo nublado, en seguida empezó a descubrirse y hacer calor, así que de lluvia nada. Nuestro plan era ir a ver un museo que hay en el Auckland Domain, un super parque del que ya he puesto alguna foto. Pero entre que nos levantamos, quedamos, que si compra de noseque, tal y pascual, hasta las 12 no llegamos al auckland domain, y para entonces ya hacía bueno, ni frío, ni lluvia ni nada. Así que como íbamos despacito, porque vamos con carrito y las cosas van a otro ritmo, lo que hicimos fue recorrer el parque y ver un poco las cosas que tiene al aire libre, como un bosquecillo, enormes campas donde los aucklanders practican cricket y fútbol, y un bonito jardín botánico que no tiene muchas flores pero las que tienen las tiene muy bonitas y bien puestas. Como se nos había echado el mediodía, decidimos ir a Parnell a comer, que es un barrio que está al otro lado del Domain, con idea de comer rápido y luego volver al Domain para ver el museo.

Pero no contábamos con las megacuestas de Auckland. Resulta que tardamos casi una hora en llegar, entre pitos y flautas, no porque estuviera lejos, que no lo estaba, si no porque los accesos no eran muy manejables para un carrito, y hubo que dar algunos rodeos y subir escaleras con el carro a pulso, y complicaciones del estilo. LA movilidad entre barrios de Auckland es realmente un infierno, hay muchísimas cuestas, las carreteras son completamente dominantes, los pasos de cebra son hostiles y hay cientos de escaleras. No es un buen sitio para ir en silla de ruedas o con un carrito de niño. La verdad es que tienen una orografía complicada, pero bueno, en otros sitios lo han (hemos) resuelto bastante mejor.
en fin, ya cerca de las dos y media llegamos a PArnell y nos metimos a un italiano a comer, para no arriesgar demasiado. La comida, correcta sin despuntar, pero lo que sí vimos es que éste era el primer barrio de Auckland en el que la mayoría de la gente eran blancos (por no decir el único tipo de gente). Era un barrio de mucha pasta, vimos bastantes coches de alta gama aparcados en las casitas con garaje (nada que ver con los rascacielos del centro), como un par de lamborghinis, porsches, un tesla y muchos audi y bmw de los caros. POblación: mayoritariamente viejos, blancos y con pinta de jugar al golf. El centro de Parnell es una calle en la que parece que has viajado a USA, comercios pequeñitos a cada lado de una calle muy tranquila, con tráfico suave, y más allá de esa calle, casitas individuales muy bonitas con estética colonial. Podría ser una calle cualquiera de Rutland, Vermont.

DEspués de un rato por la main street de Parnell, tomando un café en un garito muy elegante, arrancamos hacia el norte con idea de visitar un jardín de rosas, una especie de parque que fue privado en algún momento y sus dueños lo donaron y ahora está lleno de rosas de diferentes tipos, cada una asociada a algún tipo de aristócrata. No entendimos muy bien esta asociación, ni por qué esta planta era la condesa noseque y la otra era el barón von nosecual. Pero era bonito, y nos había llevado por los elegantes barrios residenciales de Parnell, rodeados de mansiones y cochazos.

Allí parecía que estábamos lejísimos del centro y estuvimos considerando coger un autobús para volver, pero al final bajamos hasta el puerto y volvimos por la costa, un camino más largo pero mucho más asequible en términos de evitar cuestas, escaleras y cruce de autopistas urbanas. A eso de las 7 estábamos en el centro y decidimos dividir caminos porque después de todo el día andando ya había cansancio.

La idea para el domingo era madrugar para ver un partido de los all blacks que era en francia a las 9 de la noche (por tanto en auckland a las 9 de la mañana), y también habíamos hablado, en vista de que el tiempo era mejor de lo que esperábamos, de ir a Devonport, la ciudad que hay al otro lado de la bahía de Auckland, y que tenía buena pinta. En vista de que nuestros tiempos de respuesta eran diferentes, decidimos ir cada uno por su cuenta y juntarnos allí.


Pero fue un poco despropósito al final. Nadie se levantó a tiempo para el partido, Imanolohu fue a Devonport super pronto, yo fui a las 11, y Luciaroa y Txusuru vinieron a la hora de comer. DEvonport mola un montón, si Parnell tenía encanto, Devonport era directamente como viajar a algún bonito pueblo de New Hampshire, con elegantes casitas de madera, parques, poco ruido, y rodeado de playas por todas partes. Estuvimos visitando sus montículos (con brutales vistas) por separado, y al final y de casualidad, me encontré con Imanolohu en la playa de Cheltenham (como el pueblo donde vivió Xabi), y estuvimos dando un garbeo por los montículos de lava que había alrededor de la playa, y luego subimos a mount Victoria, otra elevación que domina todo Devonport y que ofrece unas vistas de Auckland que están entre las mejores, claramente.

Al bajar ya era la hora de comer y quedé con los tecnalios, mientras que Imanolohu se iba a comer por su cuenta. Comimos en Bette’s, hasta ahora la mejor comida que he probado en NZ. Para intentar comer algo típico de aquí, yo pedí cordero y me sacaron un muslo de cordero tremendísimo. Buenísima carne, con una salsa increíble. También pedí patatas fritas y me sacaron del orden de 5 patatas enteras cortadas por la mitad. Así que había patatas para una multitud. Al final, pasado a euros la comida me salió por unos 19, así que no tan mal, después de todo. DEspués de comer me cogí el ferry de vuelta y a las 5 ya estaba en casa echándome una siesta.

Al día siguiente tocaba volver a la rutina.

Algún día conseguiremos entender las malditas redes neuronales de impulsos. Algún día…

12 Nov

Namibia, capítulo 8: Vagos melenudos

No es fácil reservar muchos días en Etosha en el mismo camping, ya que hay bastante demanda. Tampoco es recomendable, Etosha es muy grande y los campings están estratégicamente situados para visitar todos y así tener una experiencia más global. Así iba a ser. Hoy tocaba recorrer los 100 kilómetros que separaban Halali, en el extremo oriental y Okaukejo, al oeste del parque. Esos 100 kilómetros de por sí ya iban a llevar tiempo porque en las «carreteras» de Etosha nuestro Corolla no podía pasar de 40km/h. Pero además pensábamos tomar algunos detours para llegar a Okaukejo a la hora de comer viendo varios waterholes intermedios y recorriendo senderos recónditos.

Después de un buen rato recorriendo estos caminos y ver un montón de bichos de tamaño pequeño, nos encontramos un tumulto de coches que presagiaba un accidente o algo similar. Las carreteras de Etosha son muy fluidas. Aunque hay bastantes coches, están bien repartidos, y como no hay demasiadas normas, la gente adelanta cuando quiere y para donde le da la gana. No habíamos visto en ningún momento más de 3 coches juntos, pero ahora había más de 20 colapsando todo. Conseguimos meter morro siguiendo a un todoterreno que iba hacia adelante ignorando todo. Y descubrimos el origen. A dos metros de la carretera había una familia de leones, unos 10 o 12, con 2 o 3 machos, y uno de ellos tenía en su poder una jirafa muerta a la que le estaba hincando el diente.

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Ésta es una de esas cosas que parece que no van a impresionar porque lo has visto mil veces en la tele, pero en directo era impactante ver aquellos animales de ese tamaño comiéndose una jirafa en descomposición. Y realmente da bastante cosa que uno de esos bicharracos salte hacia el coche. El dedo estaba cerca del elevalunas en todo momento, por si acaso.
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También quedaba patente lo extremadamente vagos que son. En los 45 minutos que estuvimos nosotros no se movieron del sitio a pesar de tener una nube masiva de turistas con cámaras, teleobjetivos y cuerpos medio salidos por la ventana, y los leones ni se inmutaron. En un momento dado, el macho más grande le pegó un bocao al cuello de la jirafa, pero no se esforzó demasiado, ni siquiera llegó a arrancar un pedazo de carne. Estos leones eran como nos había dicho Paulus el día anterior. Igual por la noche se meneaban un poco, pero ahora desde luego no parecía que fueran a hacer grandes alardes. Tampoco era para menos, hacía 45º.

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En todo caso los turistas flipamos bastante, ver leones en tales circunstancias era absolutamente improbable, incluso con guías, así que si ese día no se echaron 100.000 fotos, no se echó ninguna.

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Cuando vimos nuestra primera hiena, después del impacto de los leones, no nos dijo mucho. Pero es raro ver hienas por el día. Por la noche veríamos más. Y las oiríamos!

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Al final, con tanto trasiego, acabamos comiendo en una de las áreas de descanso que hay por Etosha, y llegamos a Okaukejo por la tarde. Como hacía un calor infernal y llevábamos todo el día en el coche, decidimos contratar un tour nocturno, algo llamativo y algo más caro que los otros, y nos fuimos a la piscina a leer. Hay que decir que Okaukejo aunque vale lo mismo que Halali ya que son ambos propiedad del estado, es mucho más lujoso. Las instalaciones están mucho mejor, también la plaza de camping y la piscina parecía sacada de una peli de explotadores blancos que viajan a Africa en el siglo XIX, con sus hamacas, sombrillas individuales, y un bar del que salían camareros impecablemente vestidos a traerte cervezas a la piscina. Había también muchos más viejos que en Halali (igual la gente sabía de antemano que este camping es mejor y los viejos que buscan comodidad van allí).

El Waterhole de Okaukejo también era mucho mejor aparentemente, con mucho más espacio y visibilidad (y más agua también). Pero yo creo que los bichos se saben que hay mucho más turista aquí, porque nos visitaron muchos menos. Halali molaba más en este sentido (también era algo más salvaje y auténtico).

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En cualquier caso nos pilló un pedazo de atardecer (que aquí se veían de frente) y en el qeu vino un elefante solitario, una pareja de rinocerontes y un montón de jirafas que se acercaron desde la lontananza meneando sus cuellos al compás. Parecía una escena de El Rey León.

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Después del waterhole, que fue un poco más sobrio que el de Halali, fuimos a cenar y luego a esperar nuestro tour nocturno. Las puertas del camping estaban cerradas, pero al ir con guarda teníamos permiso. REsulta que nuestro guía era bosquimano, y antes de salir nos estuvo enseñando algunas frases en su idioma impronunciable de chasquidos. Muy risas.

Luego salimos. Como los faros del coche asustan a los animales, íbamos sin luces, en plena oscuridad, a la luz de las estrellas y nada más. Daba un poco de cosica porque no se veía NADA. Al final te hacías a la oscuridad y empezabas a ver cosas. Pero lo mejor es que el guía llevaba un foco rojo que no asusta a los animales y lo iba encendiendo para pillar bichos. Parecía el ojo de Sauron.

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Pudimos ver un montón de animales haciendo cosas que por el día no hacían. A parte de un montonazo de hienas que se reían como en las pelis (al volver a casa vimos El Rey León y el sonido de las hienas de esa peli está muy muy bien hecho, se parece mucho al real, más que una risa es una especie de grito desaforado).

También vimos leones conviviendo en un waterhole con un montón de otros animales potenciales presas, tal como nos había dicho Paulus. Y en un momento dado vimos a unos 5 elefantes que cuando nos vieron empezaron a acercarse y el guía se asustó bastante y salió pitando.

Al final, el tour nocturno está curioso, y sólo puedes hacerlo contratando, no con tu coche, pero es bastante más caro que los diurnos y ves los mismos bichos. Para hacerlo valer, hacen que dure dos horas, pero a mí se me hizo un poco largo, principalmente porque dos razones: ya me había acostumbrado a irme a la cama a las 9 todos los días y esto empezaba a las 9, así que a las 10 y media estaba cabeceando como un tonto; y además, hacía frío, mucho frío. Es la primera vez que pasé frío en Namibia, aunque nos dieron unas cuantas mantas para todos los que íbamos en el jeep, al final acababas pasando mucho frío.

Al final cuando volvimos vimos unos cuantos chacales DENTRO del camping de Okaukejo acercándose a bungalows y tiendas, buscando comida. Había señales por todo el camping urgiéndonte a evitarlos. Así que nos fuimos a la cama a las 11 y pico (insólito en Namibia), y nos dormimos oyendo a las hienas fuera del camping.

09 Nov

Kiwi el Aucklander 2. Entre el super y la uni

Hoy cumplo una semana en Auckland, y la cosa se va estabilizando. Ya he empezado a ir a la uni, aunque todavía no estoy haciendo gran cosa nueva respecto a lo que hacía en Bilbao, ya que nos hemos presentado pero no hemos presentado nuestro trabajo ni hemos encontrado un momento para juntarnos con el equipo de aquí e intentar cruzar los rayos. La uni está bien, está literalmente a 30 metros de mi portal, sólo tengo que salir, bajar los 30 metros y es el portal siguiente, lo cual en algún momento me permitirá dormir bastante, aunque hoy por hoy sigo levantándome super pronto por el jetlag. En todo caso los horarios son flexibles, yo aparezco por la uni a las 7.30, pero hasta las 11 la gente sigue goteando. La hora de salida lo mismo, hay gente que se va a las 3 y de ahí hasta las 9 de la noche. Hay un buen ambiente de trabajo con 0 neozelandeses, todo el mundo es de otra parte, con gran presencia vasca gracias a la beca, y una notable presencia iraní, al menos 3 chicas currando en cosas de neuro, aunque cada día aparece gente nueva que no hemos visto anteriormente.

A parte de la uni, el gran plan es ir al super, algo que hay que hacer casi todos los días, ya que siempre falta algo, y después hacer la cena y comida del día siguiente, y así pasan las tardes. El super es prohibitivo, pero uno se va acostumbrando a los precios y al final nos parecerán normales. Ayer fuimos a tomar una cerveza después del trabajo, nuestra primera.. pero tenemos que apurar los bares, ya que elegimos no muy bien y la cerveza fue discreta. Teniendo en cuenta que las cobran a 9 dólares es mejor elegir bien. Todo apunta a que el plan consistirá en día de la marmota entre semana: trabajo, super, cena, a la cama, con algún plan esporádico si se puede, y los fines de semana haccer cosas interesantes.

El finde pasado en particular, andaba un poco rayado porque acababa de llegar y no mé había relacionado con nadie aún, así que escribí a los otros de la expedición de Bilbao y conseguí quedar con Imanol, que me dijo para hacer una visita a una zona guay de Auckland el sábado y otra visita a un volcán el domingo. La zona «guay» la dejamos en pausa porque el sábado llovía a mares y no estaba el día para hacer visitas, estuvimos tomando un café en el centro. Pero el domingo hizo muy bueno, y fuimos a visitar Rangitoto. Esta isla es un volcán de sólo 600 años en la bahía de Auckland. Resulta que Auckland por debajo tiene unos 50 volcanes (ahora me explico las miles y miles de cuestas), y algunos han emergido en la bahía también.

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Rangitoto es una isla muy bonita, con campos de lava y muchos pajaritos curiosos, pero sobre todo muchos árboles que uno no espera que crezcan tan densamente en sólo 600 años desde que se forma el campo de lava. En otras zonas volcánicas en las que he estado no hay nada de vegetación, o sólo hierba bajita, pero aquí hay unos árboles enormes y retorcidos. El paseo por Rangitoto está muy bien, se puede rodear el volcán en unas 4 horas y subir a la caldera en una. Nosotros hicimos medio rodeo, y subimos por un lado a la caldera y bajamos por el contrario, viendo unas cuevas de lava interesantes por el camino.

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Resulta que Rangitoto está unida por un istmo a otra isla que parece un campo de fútbol, porque en vez de abrupta y con árboles, es plana y con hierbita perfecta, y se puede hacer un plan de visitar las dos. Es lo que íbamos a hacer, pero calculamos mal las provisiones y cuando estábamos en lo más alto no nos quedaba agua, y sí nos quedaba muchísima sed. En la isla no hay tiendas ni agua ni nada, así que básicamente a medio día nos volvimos a Auckland, algo que yo agradecí, porque me di cuenta de que estaba en muy baja forma, y después de las 4 horas de caminata estaba reventado (y sediento). Así que se nos queda la segunda isla pendiente de visitar (además tiene unas playas bastante bonitas). El viaje de ida y vuelta, 15 minutos de ferry, 33 pavazos. Y todo así.

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El lunes aproveché la mañana hasta que vinieran Txus y Lucía (los compañeros de curro que también han venido al lío), para recorrer algunos barrios de Auckland que son famosillos, y a los que potencialmente puedo irme a vivir, ya que sólo tengo alojamiento para el primer mes. Estuve en Eden Terrace y en Mount Eden, otra clara caldera volcánica, un monte abrupto en medio de un montón de edificios. Resulta que si el centro de Auckland es caótico, los barrios son ya directamente el azar puro. Parece que alguien ha tirado los dados y ha ido poniendo edificios en función de resultados. Ahora uno de viviendas, luego una nave industrial, aquí un taller, aquí un edificio de oficinas. Todo mezclado sin ton ni son. El otro día encontré una web del ayuntamiento sobre el «zoning», y el urbanismo y blabla.. pero me da la sensación de que es algo nuevo para ellos. En Eden terrace está el Basque Park, un parquecillo muy pequeño que es la única zona verde de un barrio muy feo. Estuve leyendo el cartelico que explicaba el origen del parque, a ver por qué se llamaba Basque, pero la única referencia que encontré es que estaba anexo a la calle Basque, y de ahí el nombre. Habrá que buscar el origen del nombre de la calle…

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El Basque Park con los edificios random alrededor

En general los barrios son sitios hostiles, por los que casi no hay gente, sólo coches, y sin nada atractivo. Al bajar, volví por el Auckland Domain, uno de los parques más grandes de Auckland, y que a diferencia de los barrios, es muy bonito, tiene unos árboles enormes y retorcidos, y hay un jardín botánico.
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Por lo demás, la semana no ha dado mucho más de sí, a la espera de este finde, en el que previsiblemente iremos a un bar a ver el partido de los allblack que juegan el domingo por la mañana (o sábado por la noche en Europa), a ver qué ambiente hay. El sábado la idea era ir a Devonport o a Waiheke, otra isla cercana con bastantes cosillas para ver, pero la previsión es de lluvia, viento y frío. Así son las primaveras Aucklandesas. Veremos qué hacemos, igual super, y cine… qué sé yo… La buena es que junto a mi casa hay megacentro comercial con bolera y temas de ocio, y multicines, pero también una biblioteca municipal con una cinemateca y una sala de cine de pelis indepes. Así que hay para elegir.

Seguiré informando…

05 Nov

Namibia, capítulo 7: Paulus el destroyer

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Halali Camp se cerraba a las 6 de la tarde, cuando empezaba a oscurecer y las bestias salían a comerte. Pero también se abría muy pronto, a eso de las 5.30, por lo que muy pronto había grupos de turistas que levantaban campamento estruendosamente y salían hacia los animales.  Así que nosotros nos levantamos bastante pronto también, sin que esto supusiera más sueño, ya que también nos dormíamos prontísimo. Desués de desayunar nos fuimos a dar un garbeo por todo lo que se podía andar sin coche en las inmediaciones de Halali, que básicamente suponía recorrer el perímetro del camping y poco más. Había una especie de montículo junto al waterhole con unos árboles muy bizarros que daba para un paseíco de 45 minutos. Después salimos con el coche a explorar por nuestra cuenta, pero no vimos mucha cosa en toda la mañana. Si no tienes un guía conectado por walkis con otros guías que saben dónde está el meneo, dependes enteramente de la suerte para ver bichos, y puede que no veas ninguno reseñable, aun estando en un sitio como Etosha.

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Algunos springboks, alguna cebra y poco más. Pero después, por la tarde, llegaría el espectáculo. Habíamos contratado un guía para que nos llevara por los caminos chachis que conocía y conectado con otros guías. Como la gente viene en todoterreno es poco habitual que la gente contrate guías, pero está bien por las razones anteriores y porque te explican cosas de los animales. Además, nos costó unos 20 euros por persona y nos dio una vuelta de casi 4 horas, así que está bien rentabilizado.

El guía en cuestión  según llegó nos demostró quién tenía TODO EL SWAG DE NAMIBIA. De hecho, más que namibio parecía un tipo que acababa de llegar en vuelo directo de algún club de moda de Los Ángeles con sus amigos raperos. Llevaba la visera de lado, (sí, como el príncipe de bel air), y lo primero que hizo cuando llegó y nos montamos fue dejarnos en el jeep y largarse a hablar con otro tipo de la reserva al que saludó con algún tipo de saludo de negros enrevesado e irreproducible, con un choque de manos en lo alto, luego algún tipo de giro y alguna interacción entre los dedos. Al volver, subió al jeep y dejó su puerta abierta, arrancó y aceleró, cerrando la puerta con la inercia del coche en movimiento. El resto del camino estuvo conduciendo medio sentado de lado y cogiendo el volante por la parte derecha con su mano izquierda, pasando el brazo entero por encima del mismo.

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Poco después de arrancar nos empezó a comentar que se llamaba Paulus y su hermano Saulus, y nos contó detalles extraños de su vida. Lo mejor es que a diferencia de los demás namibios que habíamos conocido, este hablaba con acento americano (más específicamente acento de negro de The Wire). Se refería constantemente a los animales como «that bitch» o «that motherfucker is lazy». Era muyyyy mofa.

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Pero al margen del folklore, Paulus nos contó un montón de detalles de la fauna (y flora) de Etosha, y hay que decir que era muy buen guía (algo que obviamente no está reñido con todo lo anterior)._MG_5928

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Vimos kudus, impalas, cebras, jirafas, sprinkboks, los minispringboks que no recuerdo su nombre, y una interesante familia de elefantes a la que estuvimos siguiendo un rato. Paulus nos contó que al final de la época seca en la que estábamos, muchos animales no podían seguir viviendo porque no había comida y morían en mayor número que en otros momentos del año, lo que facilitaba mucho el trabajo a depredadores. También nos dijo que los leones son extremaaaadamente vagos y generalmente están todo el día durmiendo (también las leonas, que son las que se lo curran normalmente ). Por la noche van a beber agua y si hace un tiempo que no han comido y hay hambre pues igual entonces deciden cazar algo. Por eso no era raro ver leones junto a posibles presas juntos, básicamente no siempre tienen hambre y tampoco matan por diversión, así que tampoco se la juegan tanto los bichos.

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Los elefantes también se ven afectados por la sequía, parece que cuando no hay verde empiezan a comer raíces (de hecho vimos como arrancaban plantas con una pericia increíble, sujetándolas con la trompa y dándoles una patada cuando están en tensión!!). Las raíces son un problema porque llevan mucha tierra que van desgastando los dientes de los elefantes y llega un momento que con los dientes no pueden comer porque los tienen muy desgastados, y se mueren de hambre. Así que a esperar a las lluvias.

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La técnica de la patada

Otro bicho muy risas que vimos es el pájaro secretaria (creo que se llama de otra forma pero Paulus lo llamó así), que es un pajarraco enooorme que no da la sensación de que pueda volar, pero sí que vuela. Y nos contó que tiene las patitas básicamente hechas de hueso y que no tiene prácticamente carne porque le atacan mucho las serpientes y así no tienen donde pinchar.

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Al pájaro secretaria sólo le faltaba un maletín, con esa cabeza y ese plumaje bien podría llamarse pájaro abogado.

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También vimos algún chacal, que son como perros pequeños, se alimentan básicamente de restos, así que no parecían muy peligrosos, casi daban ganas de acariciarles la barriga. Y ahí estaba el mayor riesgo, ya que parece que transmiten la rabia con mucho ímpetu.

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Después del largo y extraño paseo con Paulus volvimos al camping justo antes de que cerrara las puertas, y nos fuimos a dar un baño a la pisci, que molaba mucho más que las de otros campings, de hecho el baño estuvo acompañado de unas hamacas, un libro y unas birras.

Por la noche fuimos de  nuevo al waterhole, pero estuvo mucho menos animado que el día anterior, sólo unos rinocerontes y un montón de springboks se acercaron.

04 Nov

Kiwi el Aucklander 1: Jafa

Just Another Fucking Aucklander.

Eso soy ahora. Y por 6 meses.

Después de 39 horas de vuelo insufribles, una aduana mucho más llevadera de lo esperado, y una llegada atropellada  a la ciudad más grande de Nueva Zelanda, ya estoy establecido. La aduana impresionaba un poco a priori, con el CRISTO que nos supuso hacernos el visado  y la tarjetita de bio-seguridad que hay que rellenar en el avión. Pero luego en la práctica, si vienes de turismo el visado te lo hacen al momento, y si vienes como nosotros, tampoco me lo miraron mucho. Bueno de hecho nada, simplemente comprobaron que existía en su base de datos. Le pregunté a la chica de la aduana si era necesario que llevara el papel que indicaba que tenía visado y me dijo que no. Así que tampoco es para tanto. REspecto a la bioseguridad, básicamente hay que declarar que llevas cosas a la mínima duda que tengas, porque si no lo declaras y te pillan, 400 pavazos de multa. Así que lo declaras, te lo miran, y no hay problema. Yo declaré botas de monte (que no pueden entrar sin revisar por si tienen semillas de algo en las suelas) y medicinas, que ni las hicieron caso. Te ponen un sello en las cosas declaradas y luego pasan el resto por unos rayos x, que es donde te pueden pillar si llevas algo. Cualquier comida de cualquier tipo está prohibida, así que hay que andarse con ojo.

Entrando en Auckland en un Super Shuttle no pude evitar acordarme de Windhoek (salvando todas las distancias), y en general ese estilo de ciudad caótico en el que edificios sin una guía de estilo definida van apareciendo al azar, con carreteras y  tráfico también caóticos. Algo que me llamó la atención es que hay muy poquitos blancos, la mayor parte de la gente es asiática (muchos chinos y japoneses) y maorí. La mayor parte de blancos que ves por la calle o llevan una mochila de turista enorme en la espalda o cuando te giras están hablando en francés o alemán. Me parece curioso, pensé que estaría la cosa distribuida de otra manera, ya que la mayor parte de neozelandeses conocidos son blancos, pero bueno eso pasa en casi todas partes. Igual es cosa de que estoy en la capital y en el centro, que son más de estudiantes y hay mucho movimiento. Supongo que en barrios de alrededor la cosa estará más equilibrada.

También me he hecho un móvil local, algo mucho más sencillo de lo que pensaba, porque hay infinidad de ofertas de móviles de prepago, e incluso si vienes de vacaciones tienen un montón de opciones de móviles con conexión de datos que te duran justo tu estancia, así que bastante práctico.

Aún no me ha dado tiempo a ver mucho, entre dormir, el jetlag, el móvil, y la compra (ya dedicaré un capítulo a los supermercados cuando los controle más, pero es ultracaro todo), no he tenido tiempo de nada.

Eso sí, he visto albert park, junto a mi casa, y es muuubonito.

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y con árboles muy curiosos.