29 Nov

Kiwi el Aucklander 5: It runs like a river runs to the sea

El verano va llegando a Auckland, y con él, la navidad, por extraño que parezca. Aprovechando que ya la lluvia cada día es más rara, aunque siguen saliendo días encapotados, el sábado ampliamos unos pocos kilómetros nuestro círculo de acción y nos fuimos a Waiheke. Esta isla está un poco más allá de Rangitoto, y será unas 3 o 4 veces más grande. Sobre el mapa no parece mucho, pero una vez allí parece que estás en otro continente. Lo primero que llama la antención es la vegetación cerrada y variadísima que hay, que parece que te has ido al trópico. Lo segundo, los turistas, abundantísimos, la mayoría neozelandeses que tienen casas de vacaciones aquí. Y no es para menos, la isla es una especie (conceptualmente) de Formentera, o algo así, con muy poca gente viviendo de seguido y muchas casas, casonas y mansiones de gente que vive en otra parte. Muchos cochazos también, y un ambiente así como de playa, de relax absoluto, todo lento y sin estrés.

La principal atracción de la isla, a parte de esto de ser semi paradisiaca, es que tiene abundantes viñedos (también campos de olivos, y hacen su aceite y todo!). En Nueva Zelanda el vino es uno de los principales productos nacionales, un poco inesperadamente para los que no sabemos mucho de vino. Aún no lo he probado, ya que una copa de vino en un bar te cuesta 15 dólares (unos 8 euros), pero dicen que es bastante dulce (sobre todo tienen blancos, que cuando los tomas en bilbao son bastante ácidos, así que igual no son tan dulces, pero en comparación…). Bueno pues Waiheke está sembrada de viñedos en sus suaves pendientes, como cuando ves por gipuzkoa las plantaciones para txakoli. Otra cosa relevante de aquí son las playas, y como hay unas cuantas y están todas bastante separadas, nos alquilamos una bici. Txusuru y Luciaroa se pillaron unas eléctricas, ya que iban bastante cargadillos, pero yo me lancé a una normal, el tipo de la tienda me dijo que había muchas cuestas, pero que si me molaba la bici iba a disfrutar.

Pues sí, la cosa fue bien, al principio, ya que uno de los lados de la isla, por el que hicimos el camino de ida, tenía alguna cuesta suave, pero tolerable. El de vuelta YA TAL.

A mediodía paramos en una curiosa playa cuya arena estaba compuesta íntegramente por conchitas, y nada más. Vamos como una playa normal, sólo que en las normales están trituradas al nivel arena, pero como esta era una playa jovencita (supongo), estaban trituradas a tamaño concha, y eran bastante punzantes. El agua estaba azul y muy transparente, y con esas vistas comimos nuestros bocatas. Seguimos nuestro camino hacia la playa de Onetangi, la más grande, y que está en la costa conraria, pero sólo a un tercio de recorrido de la isla completa. Es decir, todo el día en bici nos iba a permitir ver un tercio de la isla. En el mapa parecía más pequeña.

En onetangi nos encontramos una playa ya más al estilo tradicional, fina arena blanca agua azul turquesa, y gente en bañador echándose chombos, a pesar de que se había levantado un viento norte un poco duro. Allí, en vez de bañarnos y morir de frío, nos sentamos en una terraza a tomarnos una cerveza de gengibre, sin alcohol y con un curioso efecto picante-amargo al final de cada trago.

La vuelta por la costa norte fue un infierno, las cuestas eran empinadas y largas, y lo peor, cuando pensabas que ya habías llegado arriba, y no podías subir más, bajabas hasta nivel del mar y de pronto otra cuesta igual que la anterior. Fue duro, pero aun así paramos en la playa de Palm beach, que parecía sacada de un decorado de Lost, y cuando llegamos a Oneroa, el pueblito donde habíamos alquilado la bici, estábamos (sobre todo yo con mi mountan bike) reventaos, así que nos fuimos a tomar una cerveza de verdad en unas bonitas terrazas encima del mar.

 

Llegué a casa reventao, no solo piernas, si no espalda, de cargar todo el día con la mochila en la bici, así que me fui a la cama y dormí hasta las 11 del domingo, algo inédito hasta ahora en Auckland.

El mismo domingo quedamos para ver el desfile de santa claus de navidad, que fue bizarro, por estar todo el mundo en bañador y con gafas de sol, pero sobre todo porque estaba patrocinado por Farmers, el corte ingles local (aunque mucho más cutre que el corte ingles), y básicamente era un despliegue sin ton ni son de carrozas, grupos, colectivos y otros, que bajaban por la calle principal haciendo el mono. Había majorettes, carrozas de tiendas, muñecos hinchables, bandas de gaiteros, unos con una especie de monstruo de metal… todo sin ningún tipo de hilván, nada que uniera temáticamente o estéticamente las carrozas, algo completamente aleatorio y gratuito. Podías estar viendo una carroza con ángeles y una especie de portal de Belén, y la siguiente carroza era de la radio de hits indios, con un dj poniendo temazos discotequeros indios. Horrible. Pero bueno, los niños disfrutaban. Este tipo de cosas me hacen apreciar más las que tenemos allí. Cómo mejora las cosas el hecho de que el desfile de navidad sea municipal y no esté contaminado por unos grandes almacenes, una inmobiliaria que te saca a niños disfrazados de casita, y una tienda de artículos de golf que saca una pelota gigante. También se echa de menos una cadena de grandes almacenes adecuada, como el corte inglés, un ikea, o incluso amazon, que cuando te conectas te lleva directamente a la página americana o inglesa. Es tan rural esta megaurbe de 2 millones de habitantes…

Pero algo que está muy muy bien son los parques. Por la tarde fui andando hasta Cornwall park, un parque que sobre el mapa está cerca, pero tuve que andar dos horas y media para llegar. El parque es enoooooorme y tiene unas buenas vistas de la ciudad, una zona de barbacoas super guapa, y en el centro, una colina, antiguo volcán, conocida como one tree hill, que a los fans de u2 les sonará. Parece que bono se hizo colega de un maorí en una gira, y le empezó a llevar en otras giras con la banda, pero se mató en un accidente, y le escribieron esta canción. Pues en esta colina debía de haber un árbol, que fue cortado por un activista maorí, y bueno, ahora lo que hay es un obelisco, y las mejores vistas de Auckland, ya que se ve el mar por los dos lados, la bahía del norte, donde está rangitoto, waiheke y el centro, pero también la sur, que es la más bonita. La visita a One Tree Hill parece bastante recomendable para cualquiera que venga a Auckland, y de hecho es lo que más me ha gustado de la ciudad hasta ahora. Por cierto, en la colina hay ovejas y vacas, muy risas.

En otro orden de cosas, en el blak fraidei aproveché para comprarme una pleiteichon para estar entretenido en los ratos muertos que estoy en casa, que tampoco es que sean muchos, pero como me quedé sin disco duro la semana pasada, tampoco tengo acceso a las series y pelis que tenía antes. Vamos que ayuda tener una plei, aunque luego supongo que la venderé cuando me vaya de aquí.

Y vuelta a la uni y las redes neuronales.

7 thoughts on “Kiwi el Aucklander 5: It runs like a river runs to the sea

  1. Pero si te han dado un Vasco de andar en patines para la bici!!
    Tiene que molar eso de navidad en pantalón corto. Aunque raruno:)

  2. Hola Bayu, ya me he leido todas tus entradas de NZ, lo describes fenomenalmente eres un crack. Esta muy interesante y parece que hay buena comida!! Bueno pues un abrazo y pasarlo bien. Lo del Spa me parece una idea estupenda :)

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