26 Mar

Namibia, capítulo 12: Pedregales tropicales

Un día más, el objetivo del día era llegar del punto A al punto B. B era Sossusvlei, uno de los sitios más fotografiados de Namibia, y una contraposición directa a su otro gran highlight, Etosha. Sossusvlei es una zona con dunas de arena roja y árboles muertos que sale en todas las guías de referencia de Namibia, y está en la parte central del desierto de Namib-Naukluft. Para llegar allí desde Swakopmund había unos 400 kilómetros, un sencillo Bilbao-Madrid. Pero claro, las carreteras, unas C-xxx de toda la vida de Namibia, no nos permitirían viajar a más de 30 en muchos tramos, así que era mejor contar con todo el día.

La parte norte del desierto está pegando a Swakopmund y hay una muy buena porción (unos 100 o 120 km) que se hacen por carretera convencional, pudiendo avanzar bastante en relativamente poco tiempo. Eso sí, la sensación es muy extraña. Esta parte del desierto recuerda mucho a Mad Max. Es un graaan erial con una carretera, pero como está cerca de la costa, y el viento en la costa es salvaje, hay muchísimo polvo en suspensión. El cielo es gris oscuro, y hay una constante sensación de niebla. En cuanto la carretera se mete hacia el interior empieza el pedregal, y aunque eso nos hacía reducir la velocidad de forma extrema, también se agradecía, porque al no haber arena ni polvo, el cielo se veía por fin despejado._MG_6171

Así entramos en la zona central de Naukluft, un pedregal de aspecto lunar que recordaba más a los paisajes que vimos en el Tibet que a cualquiera de los que habíamos visto aquí._MG_6172

En un momento dado pudimos sentir como una pieza del corolla saltaba por los aires, y tuvimos que parar para ponerla en su sitio. No parecía mucho, pero había que andarse con ojo por estas carreteras infernales._MG_6176

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Esta pedregal era más montañoso y tenía algunos altos donde paraban autobuses llenos de chinos para hacer fotos, y también paramos nosotros. Era un paisaje inesperado para Namibia, pero no tardamos mucho en salir de él para llegar a la parte realmente desértica.

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En el desierto la carretera es de grava, pero si tienes suerte y no hay zonas estriadas, el coche puede ir más rápido sin salir volando, así que aquí incluso pudimos disfrutar de la carretera sin andar preocupados por que la columna de dirección reventara en nuestra cara.

Por esta carretera pronto llegamos al Trópico de Capricornio, la línea que corta con el plano de la eclíptica que describe la tierra alrededor del sol. Uno siempre piensas en vegetación densa, pirañas y cócteles de piña cuando oye la palabra tropical, pero esto no se ajusta mucho a lo que te puedes encontrar en el trópico de Capricornio.

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Es un pedregal naranja. De todas formas, lo que solemos llamar “Tropical” es más bien lo que se conoce como “intertropical”, es decir, lo que hay entre los trópicos. De hecho, en este viaje lo que estábamos haciendo era precisamente salir de la zona intertropical. También hay que pensar que el trópico de Cáncer pasa por sitios como el Atlas o Arabia Saudí, y el mismo de Capricornio por todo el Outback australiano. Así que tampoco es todo jolgorio verde. _MG_6190

Frikadas cartográficas al margen, poco después del Trópico de Capricornio (por cierto cuya señal estaba completamente vandalizada…), llegamos a Solitaire. No sabría muy bien cómo definir este lugar. Por una parte, es muy probable que cualquier lector haya visto imágenes de solitaire, con los coches oxidados abandonados, y de gran colorido._MG_6192-2

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Pero la cosa es que solitaire es esencialmente un área de servicio. Aunque es muy famoso por la decoración con coches que han puesto, realmente no se puede ni considerar un pueblo. Es  un conjunto de edificios que dan servicio a los viajeros que pasan por aquí. Y vaya si pasaban. En los próximos 3 días íbamos a pasar al menos 8 veces por este punto. Allí hay baños, gasolina, un supermercado y un restaurante. Y un buen parking de autobuses y caravanas. Así que siempre estaba lleno. Pero tampoco tenía mucho más que ofrecer que los citados servicios.

De ahí no tardamos en llegar a Sesriem, la base de operaciones de todos los visitantes de Sossuvlei, y donde se encontraban todos los campings desde los que partían las visitas. Era ya tarde para visitar las dunas de Sossusvlei, así que decidimos visitar el cañón de Sesriem, que estaba junto al pueblo y no había mala hora para verlo.

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El cañón recordaba un poco al de Wadi Mujib que recorrimos en Jordania, pero sin agua. De hecho, si hubiera tenido agua habría sido espectacular, pero así vacío, pues básicamente sólo aumentaba la sensación de sed y calor._MG_6202

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El cañón tiene una visita de una hora aproximadamente, con un recorrido por el lecho del río y la llegada a una cueva de donde mana el agua y donde ahora sólo había unos pequeños charquitos pútridos

Ya en Sesriem, fuimos al camping, que fue, con diferencia, el más hostil de cuantos habíamos visitado. Un pedregal se extendía en todas direcciones alrededor de nuestra sobria plaza de camping. No había árboles, no había otros campistas, no había vayas, no estaba refugiado… no había absolutamente nada. Era  acampar en medio de la nada.

IMG-20161004-WA0017Fuimos a la “piscina” de que disponía el camping, que resultó ser una pocita cuadrada de agua gélida, y en la que no pudimos refrescarnos mucho.. Y volvimos rápidamente para cocinar antes de que se fuera la luz del día. ç

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Las imágenes calmadas de un cielo púrpura y naranja no anticipaban la noche que nos venía por delante.

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20 Mar

Kiwi el Aucklander 13: Coromandel Connection

Hace unos días hicimos una nueva incursión al sur. Para adentrarnos un poco más que las incursiones de día, cogimos unos alojamientos y unos coches y nos adentramos en la península de Coromandel. Esta península está a una hora de barco de AKL, pero si vas en coche son 2, ya que tienes que bordear toda la bahía. En los mapas parece al lado pero las distancias aquí siempre son más de lo que parece. Coromandel es una península prácticamente deshabitada, con espectaculares acantilados de piedra caliza y playas larguísimas. De no ser por que uno de sus principales highlights salía en las Crónicas de NArnia, sería un destino más bien obviado por los turistas, ya que está realmente a desmano. Sin embargo, salir en una peli siempre tiene su impacto, así que la parte más al sur de la península está llena de motorhomes y furgos camperizadas.

Salimos hacia allí por la tarde, tardando casi 3 horas en llegar a nuestro destino en Whangamata. Las caravanas de por la tarde en la autopista son mortales. Aquí alguien necesita que le gestionen el tráfico. Unas buenas predicciones y adaptaciones…

Mientras unos se quedaban en Thames para tomar un refrigerio, otros subimos a hacer un trekking en el Coromandel Forest park, pero habían cerrado el acceso al mismo por alguna obra en la carretera, así que nos quedamos a medias y estuvimos viendo una presa que había cerca. Resulta que Coromandel fue una zona muy activa en cuestiones de minería de oro y había bastantes represas, tiendas que te vendían cedazos y alguna otra curiosidad minera.

Llegamos ya en noche cerrada y nos pusimos a cenar en la chabolita que habíamos alquilado para los 5 y medio, y no tardamos mucho en meternos al sobre.

Por la mañana arrancamos hacia Cathedral Cove, el sitio que salía en la peli. Se trata de una cueva que es atravesada por el mar, y cuando baja la marea puedes cruzarla y pasar a otra playa que hay al otro lado. La marea bajaba a las 7 y subia a la 1, así que la idea era ir más bien pronto. Pero hasta las 11 no estuvimos en el parking, y luego hay que coger una lanzadera que te lleva hasta el acantilado. DEsde el acantilado hay casi una hora andando. Todo apuntaba a que no íbamos a llegar a tiempo. Sin embargo, el paseo por el acantilado era brutal.

 

DEsde el acantilado se iban viendo una sucesion de calas con aguas turquesa, arena blanca, paredes también blancas y bosque tupido, que parecían sacadas de una peli.

Al final conseguimos llegar a eso de las 12 y media a la playa, que era bastante bonita, y en la que había mucha gente bañándose y mucha otra gente echando fotos.

Debajo del arco que daba nombre a la playa, se podía cruzar, aunque a esta hora ya llegaba el agua hasta un nivel complicado, a la playa siguiente. Y se veía la roca tan típica que aparece en la portada de la guía de Nueva Zelanda.

Yo vine pensando que la visita a  CAthedral Cove era una cosa de 10  minutos, de aparco el coche, echo las fotos y me voy, pero al final es mucho mejor ya que entre el trekking, las fotos a la piedra, a la cueva, visitar la otra playa, y echarse un baño, echas casi la mañana entera.

En el camino de vuelta además fuimos parando en algunas de las calas que hay y aunque no pudimos meternos, porque la marea estaba muy alta, prometían bastante.

De hecho en una de ellas, hay una especie de “ruta de snorkel”, que no sabemos muy bien a qué se refiere, pero había bastantes personas iniciando esa ruta. Parece ser que te metes por esa playa y acabas en otra

A eso de las 3 nos fuimos a comer a Hahei, el pueblo principal, turístico, por el tema de la cueva, pero bastante pequeño (tendría 200 o 300 habitantes como mucho),  y encontramos un garito para comer costillas brutaleeeees. Así que nos pusimos finos. Pero después nos fuimos a comer un helado. Los helados que he probado en NZ hasta ahora son un poco sin más. Aunque hay un sabor hockey pockey que está hecho de miel y está bastante bueno, en general no se puede hablar muy bien de ellos.  Sin embargo hay una variante que los llaman de fruta fresca, en la que meten un bloque de helado de vainilla y un montón de frutas en una batidora y te hacen un helado con frutitas al momento.

Esos son los que había en Coromandel, y no sólo estaban muy buenos al meter mango a la vainilla (sabía un poco a solero), además, como lo hacen con una especie de churrera, te rellenan el cono hasta abajo del todo, así que tienes helado hasta decir basta. Eso sí, cuando llegas abajo es bastante probable que la última parte esté derretida.

nos pusimos finos con los helados de a kilo, y nos fuimos hasta el otro gran highlight de Coromandel, que en realidad está al lado de Cathedral Cove. Se trata de la hot water beach, y es una playa bastante grande, que tiene una zona por debajo de la cual pasa un río de aguas calientes. Entonces puedes cavar agujeros y te encuentras con agua calentita.

Lo primero que llama la atención de esta playa es llegar y encontrártela vacía, salvo por una zona que está llena de socavones y gente acurrucada, mientras otros cavan. Parece una escena de Hermanos de Sangre donde todo el mundoe staba cavando sus fox holes mientras caían pepinos de los alemanes. Era en cierto modo dantesco. Pero lo bueno es que sabíamos dónde estaba el agua caliente.

A mí la idea de cavar un agujero para encontrar agua caliente me pareció una chorrada desde el principio, pero la verdad es que cuando te pones tiene su miga, porque hay sitios que sale medio tibia, en otros tienes q cavar más, se te viene abajo el agujero, mientras ves cómo los de al lado ya tienen su super agujero calentito… Que el punto no es bañarse en el calor, si no dar con el sitio. Es más un rollo de buscar el spot que otra cosa.

Estuve un buen rato cavando en un sitio que si metías el pie en la arena lo suficiente estaba caliente, pero era un poco fraude. Hasta que descubrimos un sitio más cerca de la orilla que no es que estuviera caliente, es que abrasaba. Llegó un momento de la perforación en el que salía humo del agujero. Así que nos echamos nuestras buenas dos horas en la playa haciendo prospecciones.

agujero vagamente humeante con agua que estaría a unos 60º

Después de aquello partimos a la compra y hacia nuestra nueva casa, en el norte de la península.

Al día siguiente partimos caminos, ya que unos nos decantamos por un plan más de meter el todoterreno en caminos de cabras y ver el cabo norte de la península, y otros hicieron algo más tranquilo por las carreteras normales.

El primer sitio al que llegamos era un pequeño bosque de Kauris. El Kauri es uno de los árboles nacionales, que sólo se da aquí, y que está muy amenazado por algún tipo de enfermedad que se ha traído desde fuera. En todos los sitios de bosque hay cepillitos y desinfectante para los pies para no arrastrar el hongo al bosque. Los kauris son unos bicharracos enormes, con troncos blancos, hojas pequeñas y duras y que viven muchísimos años (y crecen muchos metros a lo alto y ancho). En otra parte de la isla norte hay uno que se estima que tiene 3000 años. Iré a verlo dentro de poco.

También vimos una cascada cerca de los kauris, aunque era decepcionante. En realidad, casi todas las cascadas que he visto después de Islandia me han decepcionado un poco, exceptuando quizá algunas muy llamativas de Austria. Bajamos de allí a Coromandel Town y de ahí arraancamos por la costa oeste hasta el cabo norte. La carretera deja de serlo después de Coromandel town, y pasa a ser un horrible camino de cabras, por el que habíamos alquilado un todoterreno en vez de un coche normal.

Las vistas desde el camino están muy muy bien. Uno no se espera viendo los alrededores de la isla norte que aquí, en esta península haya un macizo en medio con montes bastante altos que bajan abruptamente hasta la costa, formando acantilados y campas verdes. Recuerda un poco a paisajes que vimos en el norte de Noruega, aunque con más y más variada vegetación.

Desde el camino hay momentos en que se ve Rangitoto, la isla que está en frente de Auckland, porque no hay que olvidar que hay barquitos que te traen de Auckland hasta aquí en poco más de una hora, aunque llegar en coche hace que parezca un sitio muy remoto.

En el cabo norte pudimos hacer un trekking entre hierbas que hacía mucho que no se cortaban y comimos en una campita con buenas vistas del Pacífico sur.

Volvimos hacia el alojamiento por el camino inverso y  parando en diversos looking points y playas desiertas.

 

Al final nos reunimos con el resto del team y nos fuimos a tomar unas cervezas a uno de los únicos bares que había por la zona, que  en general está bastante deshabitada. Nos tomamos el cacharro en una tabla de surf.

Y volvimos a nuestra “mansión”, una casa de 2 pisos de estilo peculiar, intentando ser victoriano pero sin conseguirlo, que habíamos alquilado entera par los dos días. Allí pusimos a cargar el motor eléctrico del todoterreno, algo que nos dio juego durante el viaje. El Mitsubishi outlander es un híbrido enchufable con un depósito de gasolina realmente ridículo y un motor eléctrico que probablemente en ciudad haga las delicias del dueño, primero porque es ultra silencioso y con mucha salida, y segundo porque quitas consumo de gasolina. Pero en el coromandel lleno de cuestas y montes la batería llena nos daba para 15 kilómetros, y luego tardaba infinito en recargarse. Eso sí, en un puerto es una maravilla, sales de cada curva con un reprís increíble.

En fin, al día siguiente iniciamos el camino de vuelta a AKL parando en diversos sitios, como un trenecillo que parecía era una reminiscencia del pasado minero de la península, pero al final descubrimos que no. Era una flipada de un tío que había decidido construirse un tren en su monte. Y lo había hecho. El trenecillo no tenía más de 30 años, y consistía en 2 trenes diesel y un sistema de vías, cambios de aguja y puentes hechos a mano que serpenteaban por la ladera del monte hasta llegar a un punto elevado desde el que se veía toda la bahía, incluyendo de nuevo Rangitoto, Waiheke y no se veia AKL porque estaba tapada.

DEspués del trenecillo volvimos a Coromandel Town, donde estuvimos comprando artesanía, ya que al parecer es lugar de muchos artesanos, y hay un montón de tiendas que venden cosas cutres. Por suerte encontramos una que tenía cosillas más elegantes. Y después comimos e iniciamos el regreso a AKL. Vuelta a las redes neuronales.

 

09 Mar

Kiwi el Aucklander 12: Un poco de running pro

La última semana no ha dado mucho de sí. Han sido días de salir tarde de la universidad por intentar llegar a tiempo con los plazos del paper. Txusuru y Luciaroa compraron una fruta muy rara que había en un super, de la que no recordamos el nombre, pero que tenia pinchos que PINCHABAN de verdad. Al abrirla era una mezcla de fruta de la pasión y pepino. Pero el sabor parece que no acompañaba mucho. Tal vez no estaba madura, pero quién sabe cuándo se madura ese chisme…

Sin embargo el miércoles fui con Urtats (otro de los estudiantes de la delegación vasca) y Nerea  a una pista de atletismo proh. Parece ser que en esa misma pista por la mañana se disputó el campeonato nacional de atletismo femenino, pero por la tarde estaba libre y cualquiera puede acceder y correr las carreras que organizan con su foto finish y todo el percal. Por alguna razón, Urtats, que es atleta de velocidad de forma casi profesional me convenció para ir con ellos (que entrenan todos los días), a correr algo, un 60, un 100 o algo… Al final, por aquello de que no fuera efímero, me decanté por el 800, una cosa que no había corrido nunca.

Hay que decir que desde que estoy en Auckland voy a correr todos los lunes y jueves unos 30 minutos y bueno, tampoco es que haya ganado mucha forma, porque tampoco es que corra mucho. Pero el último lunes me fijé en cuál era mi marca aproximada para esta distancia, intentando ir un poco más rápido, y eran alrededor de 4 minutos. No me pareció mal, hasta que descubrí que los profesionales lo hacen en minuto y medio. WHAAAT?

 

PEro bueno, me libré de la vergüenza de correr junto a gente que me iba a pulir, y me lancé a los 800, una carrera que es más anaeróbica de lo que parece. De hecho, a medida que bajas la distancia son, en contra de la intuición que al menos yo tenía, cada vez más anaeróbicas. Corres 100 metros y realmente no es como cuando sales a correr, que sudas y tienes una afección determinada en la respiración y tal y cual. Es un ejercicio súbito, de impacto, en el que tienes que ir a FUEGO y luego te paras de repente. En una tarde de repente me cambiaron un montón de misconceptios que tenía sobre el atletismo. También estuve viendo saltar a unas chicas de no más de 16 años el triple salto, y flipé bastante por lo técnicamente complejo que es: hay que dar las dos primeras zancadas con EL MISMO PIE! Era espectacular ver a esas chavalillas así que imagino que ver a profesionales de alto nivel tiene que ser increíble. Nada parecido a la sensación que transmite verlo en la tele.

La foto finish de la vergüenza. Urtats me hizo de liebre, por eso aparece con el mismo tiempo que yo.

En fin, que en mi 800, dándolo todo,  muriendo y teniendo una sensación loquísima de mareo, hormigueo y pinchazos después de correr los primeros 400 metros, pensaba que me caía redondo, hice el total en 3.25, mi personal best, que siguió siendo UN MINUTO Y MEDIO más lento que el tipo que ganó la carrera. Cómo es posible que me sacara tanto, si yo me deslomé?? Hasta que no te pones a hacerlo no te das cuenta de lo poco en forma que estás…  Esta semana he repetido, con un 60 y un 200, aunque no tomaron bien las medidas y no sé qué marca tengo. Pero me parecieron mucho más duros, aunque sólo corrí unos 8 segundos en el primero y unos 30 en el segundo… muerte.

Mientras tanto en Bilbao estaba cayendo la nevada de la década (de hecho de las últimas 3 décadas). Con lo que me gusta a mí la nieve, y me perdí a la gente esquiando por mi calle.

La cosa es que por lo que he leído el hecho de que tuvieran ese frío repentino en Europa se debía precisamente a que dejó de hacerlo en el polo, como si se hubiera desplazado la masa de aire. Parece ser que en durante esos días la media de temperatura en europa era 3 grados inferior a la del polo norte, que estaba en positivo! Así que un poco locura, pero bueno, cosas del cambio climático.

En Auckland la cosa siguió yendo de deportes  porque el viernes pudimos ir a ver un partido de rugby super league, que es una especie de champions del rugby pero un poco raro. Juegan los equipos de ciudades, como en la champions de allí, pero claro, aquí no hay un continente con un montón de países y equipos, así que en la super league esta juegan equipos de sudáfrica, uruguay, argentina, japón, australia y nueva zelanda. ASí, variadito. Y a horas y horas de vuelo unos de otros. En nuestro caso vimos dos equipos neozelandeses, ya que primero hay una liguilla dentro de los países (que si no ya me dirás, como tenga que venir un equipo sudafricano para jugar un solo partido menudas risas), los Blues, de Auckland y los Chiefs, de Hamilton.

El partido estuvo entretenido y equilibrado, hasta cierto punto, aunque al final ganaron los chiefs por poquito, ya que los blues estuvieron en una larguísima jugada de tensión absoluta al final del partido, a puntito de hacer un ensayo que habría dado la vuelta a las cosas. Los lances más guays pasaron al otro lado del estadio pero cuando pasaba algo cerca era de cortar la respiración. Se oía, a pesar del ruido de la gente, el impacto de los músculos, los huesos, la caja torácica resonando, cada vez que chocaban dos de las moles que jugaban en cada equipo. Menudos bisontes…

Hay que decir que Eden park es grandecito, pero tampoco parece el estadio nacional de Nueva Zelanda, como de hecho es, donde juegan los All Black y demás. Se les tiene que quedar pequeño en esos grandes eventos.. Pero de todas formas divertido y muy entretenido, además estaba con Eloy, que jugó a rugby y me explicó todas esas cosas que todavía no acababa de entender cuando lo veía en la tele, así que bastante bien. Ahora ya puedo decir que entiendo cuándo y por qué pasan las cosas.

El sábado pudimos ir a un festival de linternas con el que se celebraba el año nuevo chino. El año nuevo fue el 16 de febrero, pero a 4 de marzo siguen haciendo cosas. Bien.

Frente a otras celebraciones de Auckland, que normalmente son bastante cutres, hay que decir que los chinos se lo curraban bastante. El parque Domain estaba lleno de lamparas y esculturas de luz, que le daban un aire elegante y misterioso.

Había muchísima gente. No recuerdo una situación previa en la que haya estado rodeado de tanta gente a la vez. Cuando llegué al Domain, que es un parque enorme, había un flujo constante de chinos saliendo, que se iban a casa ya, era una especie de marea, como la que se produce en fiestas de Bilbao cuando acaban los fuegos artificiales. Y yo pensaba que me iba a encontrar el parque vacío. Pero no, cuando llegué seguía habiendo infinitos chinos

LAs esculturas molaban bastante, y también las habían puesto en los lagos del jardín botánico.

Estuvimos nuestra buena hora haciendo cola para pillar algo de cenar, en alguno de los muchos puestos de comida que había.

A a las 10.30, como buena celebración de Auckland, todo acabó, apagaron las luces y todo el mundo pa casa.

Así empezó una semana nueva de redes neuronales y traffic flow, pero esta es más corta, ya que nos vamos a Coromandel, de lo que habrá proper reports.

 

02 Mar

Namibia, capítulo 11: La costa del esqueleto

Tras hacer noche en aquel camping en medio de la larga playa de Namibia arrancamos hacia el sur, dirección Swakopmund, la segunda ciudad más grande del país, y una que al tener costa, supuestamente tiene más encanto que Windhoek.  La larga carretera salada de la costa no estaba asfaltada pero tampoco tenía baches ni botes, ya que la gruesa capa de sal, arena,  y vete a saber qué más que había en la superficie hacían que pareciera una carretera nueva, con una conducción suave y agradable que el Corolla agradeció sin duda. Y yo también. Por esa carretera fuimos buscando los famosos naufragios de barcos o de ballenas, que dan nombre a la costa (de los esqueletos), pero no vimos gran cosa, ya que como habíamos leído el día anterior, los restos de barcos son retirados, mientras que los restos de animales son cogidos por gente que vive por allí para intentar venderlos a turistas. Así que más que la costa de los esqueletos, es la costa del esqueleto, ya que sólo hay uno.

De hecho, cuando paramos en el único barco que vimos, una nube de vendedores nos asaltó, supusimos que bosquimanos porque cuando les dejamos atrás se comunicaban con chasquidos. Eran un tanto agobiantes, hasta el punto de pensar que te ponían un poco presión de que si no les comprabas eras racista o algo así.. No sé, mala sensación, aunque no peor que la de cualquier otro país en el que unos señores te vienen a dar la murga para que compres cosas.

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Uno de los pocos barcos que sobreviven a la costa de los esqueletos está (o al menos cuando llegamos), bastante mar adentro, así que tampoco se pueden hacer fotos desde justo debajo del casco, como se suele ver por ahí, aunque supongo que en marea baja la cosa cambiará.

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El mar además estaba bastante picado, como vimos que era costumbre por estos lares, así que tampoco podías acercarte demasiado._MG_6164-2

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El barco se había conertido en un conveniente nido de gaviotas y otros pájaros y daba un espectáculo curioso, pero no era en todo caso lo que teníamos en mente.

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Hacia medio día llegamos a Swakopmund y fuimos directos a comer a uno de los 2 o 3 restaurantes que recomendaba la guía. La verdad es que cada vez desconfío más de la guía, en general parece que los autores no se esfuerzan mucho y te eligen 3 o 4 sitios así como muy en el centro con buena apariencia y luego rellenan con algún garito raro.  Pero en este caso fue un acierto, una especie de cafetería que servían sandwiches y bocatas, y estaba lleno de europeos (arrastrados por la guía, seguramente), con buen ambiente, y buena música. Nos pusimos finos, por primera vez en unos cuantos días, y nos fuimos a ver la ciudad.IMG-20161004-WA0014

Swakopmund es un poco la ciudad bohemia que todos los países tienen, pero claro, aplicado a Namibia no es lo mismo que a un país europeo. Tiene mar, y un estilo colonial curioso y bonito (en el centro, el resto es muyyy sin más).  Y en la zona de la playa hay algunos hoteles con pinta de mucho más caros y elegantes que cualquiera de la capital. Hay un embarcadero de madera con restaurantes que daba algunas de las mejores vistas de la ciudad, y también del mar, del que se podía apreciar su fuerza. Normalmente en estas estructuras las olas romen de tranquis, pero aquí, olas de 3 metros rompían con mucha violencia y mojaban a todo el mundo.IMG-20161004-WA0018

Estuvimos paseando por el centro sin mucho más que ver que la propia arquitectura de la ciudad, y algunas tiendas de artesanía que vendían cosas realmente interesantes y realmente caras. Finalmente para cuando anocheció, que no era muy tarde, nos fuimos a la casita que habíamos alquilado por el centro para ver una peli. Al día siguiente teníamos nueva paliza de coche, para cruzar el trópico y meternos de lleno en el desierto.