04 Jun

Namibia, capítulo 14: Larguémonos

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Era el último día de visitas reales en Namibia y ya tocaba ir volviendo para Windhoek, que como estaba a bastante distancia lo haríamos poco a poco y durmiendo en sitios intermedios (y pasando un montón de veces por el condenado Solitaire).

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Nos despedimos de nuestra espartana plaza de camping donde habíamos sobrevivido a una tormenta de arena y nos dirigimos hacia el norte, y tras llegar a Solitaire, bajamos hacia Bullsport, una granja privada que prometía excursiones viendo animales. Cuando llegamos allí nos encontramos con un señor mayor, de origen alemán que básicamente nos dio las llaves para cruzar a su enorme finca donde podíamos darnos un garbeo por ella como tuviéramos a bien. La finca estaba situada en el Naukluft Zebra park, así que esperábamos ver algún bichito. Nos hicimos un trekking de unas 4 horas por la finca y no vimos absolutamente nada, pero bueno, las vistas en general estaban bien. El Zebra park este es una montaña enorme en medio del desierto y la finca de Bullsport iba por la falda, así que se podían ver cosas curiosas. Estuvimos toda la mañana sin ver a nadie, lo cual también tiene su cosilla.

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Por la tarde volvimos por donde habíamos venido ya que esa noche la teníamos reservada en el Agama river camp, un camping no muy lejos de Sesriem (vueeeelta a pasar por Solitaire). El camping Agama SE SALE. Es uno de los mejores que hemos estado. Tenía una piscina BRUTAL, y buenas plazas de camping con todo tipo de lujos como sombra, agua o toma de corriente. Allí, yendo a bañarme a la piscina vi como un oryx se metía en nuestra plaza de camping y husmeaba por las cercanías. Risas.

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Pasamos la tarde leyendo y en la piscina, muy a gusto, y a eso de las 7 nos subimos al techo del edificio principal del camping, donde estaba todo el mundo con unas cervezas. No entendíamos demasiado el asunto pero luego nos dimos cuenta de que era porque se veían tremendos atardeceres desde allí. Lamentablemente mi cámara ya no tenía batería y lo tuvimos que ver sin hacer fotos.

Al día siguiente emprendimos el regreso a Windhoek. Sí, nuevamente pasamos por Solitaire, ya por última vez. Abastecimiento, gasolina, y palante. Como era un camino largo decidimos hacer entre medio una paradita de “treat-yo-self”. Había algo llamado Lake Oanob Resort que tenía pinta de sitio para hacer el vago a cholón, y estaba a medio camino. En efecto, el sitio, junto a la población de Rehoboth(con nombre de localización de Star Wars), era todo un resort de lujo para los estándares namibios. Tenía un muy buen restaurante, una piscina que se podía llamar piscina (no era una poza como la de los otros sitios), y cada una de las “plazas de camping” estaban adecuadamente posicionadas con vistas al famoso lago Oanob. Entrecomillo lo de plazas, porque realmente eran más bien una especie de cabañas sin paredes con toda suerte de lujos (pero más que los de agama): suelo de madera, cocina completa, con fregadero y hornillo, mesa con sillas y muchísimo espacio. Montabas la tienda allí msmo en el suelo y tenías tus hamaquitas con vistas al lago para echarte unas buenas lecturas y una cerveza.

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Además de esto, el lago tenía unas bicis con ruedas gigantes de plástico que permitían navegarlo a pedales, así que ahí nos lanzamos a recorrer los recovecos del Oanob en bici, dándonos un refrescón de la misma. Al volver nos metimos en la piscina con una cerveza y de pronto parecía que ya no estábamos en Namibia. Hasta teníamos internet.

Aproveché para seguir online la esperadísima presentación del Pixel de Google, y.. qué mal… qué decepción… Pero bueno para quitar el mal sabor de boca fuimos a cenar al restaurante, que nos puso una mesa en una terraza sobre el lago y nos sirvió unos platazos de caza (game) que la gozamos. Aquella noche sí que dormimos bien en nuestras cabaña-campings. Al día siguiente había que volver a Windhoek y despedirnos porque nos volvíamos para Bilbao.

Cena terracera

Allí no pudimos hacer gran cosa, volvimos al mismo camping del principio, que molaba bastante, estuvimos devolviendo los trastos de camping alquilados y salimos de compritas de regalos y a comer a un garito elevado, en el que comías en una terraza con vistas a una calle infecta de Windhoek.

La tarde estuvo bien y conseguimos comprar regalitos suficientes. Comprar souvenires no siempre es fácil ya que lo que mola es caro y lo barato suele ser muy chustero. Así nos despedimos de Namibia, sus leones, elefantes, facóqueros, su mar salvaje y sus árboles secos.

 

27 May

Namibia, capítulo 13: La tormenta de arena

La tormenta de arena empezó a las 4 de la mañana. Empezó con la tienda moviéndose un poco, algo que no nos había pasado nunca hasta ese momento, era una tienda bastante sólida. Tras media hora el viento aplastaba la tienda poniendo las varillas inclinadas, y tras una hora podíamos tocar el techo (o mejor dicho, la pared frontal, que ahora era techo) sólo alargando el brazo, desde nuestra posición tumbados en el suelo. Estuvimos un buen rato pensando que era cuestión de que hacía bastante viento, y poco más pero llegado un punto pensamos que el viento nos iba a arrastrar. Cuando empezó a amanecer, a eso de las 5 y media, descubrimos que además de viento, había arena. Mucha arena dentro de la tienda y al salir al exterior estábamos en medio de un vendaval marrón, sin visibilidad y muy hostil. La arena entraba por todas partes, no se podían abrir los ojos, ni la boca y se respiraba con dificultad. No podíamos hacer mucho allí en la intemperie, así que decidimos adelantar nuestra visita a Sossusvlei, pero recogiendo todo. Aunque teníamos que estar allí una noche más, no dejamos la tienda montada porque puede que no estuviera al volver. Hicimos a toda prisa un gurruño con todo y lo metimos al maletero y nos fuimos al centro de Sesriem, a desayunar, y a ver qué podíamos hacer con este percal.

Allí nos dijeron que con tormenta no era recomendable ir a Sossusvlei, porque al fin y al cabo eran dunas. Pero también que para las 10 u 11, la tormenta habría pasado. Me sorprendió cómo podían dar predicciones con tanta precisión, pero me sorprendió aún más cuando vi que acertaban.

Sossusvlei es una zona de Naukluft con dunas enormes rojas y zonas con árboles muertos. Todo el recinto está cerrado y para entrar sólo puede hacerse por Sesriem, pagando si no recuerdo mal, 35 dólares namibios por persona (que no era poco). El precio incluye que en el último tramo te lleven en un todoterreno, ya que este tramo es de arena, no hay carretera ni nada, y no recomiendan cruzarlo por tu cuenta ni aunque lleves un 4×4.  Pero eso sería al final

_MG_6229Según entramos en la parte protegida, a parte de las espectaculares dunas rojas  sobre terreno ocre y marrón, vimos que había una constante niebla roja envolviéndolo todo en la distancia. Aunque la tormenta había pasado, seguía habiendo un viento salvaje y llevaba muchísima arena en suspensión.

 

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Es increíble porque frente a la carretera de mieeeerda que nos había traído hasta aquí, la carretera del interior de Sossusvlei era de un asfalto perfecto, negra, suave, lisa… Así que hicimos el primer tramo del recorrido muy a gusto, entre oryx, dunas rojas y la constante nieblina arenosa.

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A medio camino de los árboles muertos, está la duna 45. YA ves, son originales ellos. Esta duna es enorme, y roja y está prácticamente en medio de la nada, así que impone bastante. Cuando llegamos no había casi nadie y nos dispusimos a subirla.

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Pero no habíamos contado con el viento. A pesar de llevar el pañuelo por la cara, las gafas y demás, el viento en la arista de la duna era extremo y la arena en suspensión te pasaba por la piel como lija. Esta dificultad, sumada al calor insoportable, y a que subir una duna es una cosa bastante más física de lo que puede parecer, hizo que nos diéramos la vuelta a la mitad.

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La arena salía despedida de la arista, pero por la cara contraria esa arena circulaba pegada a la superficie de la duna raspando todo lo que pillaba a su paso.

De pronto la duna se llenó de gente. Franceses, señoras, alemanes, pocos chinos, thankgod.., pero dejó de ser un lugar misterioso y vacío. Así que nos largamos.

En pocos kilómetros llegamos al parking donde se cogían los  4×4 shuttles a la zona de los árboles muertos. Los shuttles son opcionales, pero estando incluidos en el precio son muy recomendables. De hecho vimos a un europeo quedarse atrapado con su todoterreno y varios guías del parque ayudarle a salir. Conducir por la arena suelta requiere bastante experiencia. Los shuttles salen cada 10 minutos más o menos, o cuando se llenan, y para volver hay una frecuencia parecida, así que son bastante cómodos. Además, te dan una visión divertida del asunto porque van por donde buenamente pueden.

En donde los árboles, que es la parte que efectivamente se llama Sossusvlei, había mucho más viento y la arena era mucho más agresiva. Había bastante gente por allí ya  y todo el mundo estaba tapado hasta el cogotillo. Cualquier resquicio que dejabas libre se llenaba de arena. Así que era un poco peliagudo sacar la cámara de fotos.

Por suerte al llegar a los lechos de los lagos la cosa cambiaba ya que estaban más resguardados.

Esta zona había sido en algún momento un sitio con lagos, y vegetación, pero al secarse se habían quedado los lechos, blancos, las dunas, enormes rojas alrededor,  y los troncos de árboles secos en el centro. Entiendo que la ausencia total de vida y microorganismos habían llevado a que los árboles se queden así, en vez de descomponerse.

 

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El paisaje era apabullante.

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DEspués de un buen rato haciendo fotos y volvimos Sesriem y comimos en el centro de visitantes algo un poco mejor que nuestro habitual arroz blanco y bonito de lata.

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Por la tarde, gloriosa idea tuvimos, a las 3 de la tarde, ir a visitar una duna que había cerca de Sesriem, y que era muy famosa.

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Famosa era, bonita también, pero si no hacía 54 grados no hacía ninguno. Era la muerte estar allí. Para más inri, en una vuelta de curva de la duna nos encontramos con un oryx de frente, que serán hervíboros y todo eso, pero imponen bastante con sus super cuernos. Así que no tardamos en retirarnos._MG_6284

Dimos el día por cerrado después de una nueva visita a Solitaire para aprovisionarnos, y volver a montar la tienda, y toda la parafernalia. Unos bañitos, un poco de lectura y a dormir.

 

13 Abr

Kiwi el Aucklander 15: La pascua

Ha llegado la Pascua, que no Semana Santa, y con ella se acerca el final de nuestra estancia. Es bastante curioso como la palabra de las lenguas germánicas para desginar la pascua, Easter, Ostern en alemán, está totalmente relacionada con el amanecer, la llegada de la luz (del este->amanecer),  propia de la primavera, y como en en el hemisferio sur esto no tiene mucho sentido, ya que nos estamos metiendo de lleno en la oscuridad.

Pero como en la Europa atrasada que saca muñecos de madera y cornetas infumables, aquí también hacen fiesta (aunque no sepan muy bien por qué), y venden abundantes huevos y conejos de chocolate (de esto sí que no tienen ni idea de por dónde les da el aire). Y yo he aprovechado para ver el norte de la isla, todo lo que queda al norte de Auckland, que parece que es muy poco, pero que me ha llevado los 5 días. Por cierto que aquí el jueves santo no existe, pero en su lugar, el martes posterior al lunes de resurrección es festivo en el mundo académico. Cinco días igualmente.

Como sigue habiendo una posibilidad de que en mayo tenga que hacer el viaje a la isla sur solo, quería ponerme un poco a prueba y ver cómo es eso de viajar solo, aunque sólo fuera por unos pocos días. El destino era Cape Reinga, el punto (aparentemente) más al norte de Nueva Zelanda. Y por el camino pues un montón de cositas, que básicamente se reducen a: PLAYAS. El norte de la isla norte de Nueva Zelanda es bonito, pero esencialmente todo es playa y campa. No hay nada más de interés.

Algo que pasa frecuentemente es que con los mapas que normalmente manejamos no somos capaces de estimar bien el tamaño de algunos países. La proyección de Mercator que utilizan la mayoría de mapas hace que las cosas cercanas al ecuador tengan un tamaño más cercano al real, pero las cercanas a los polos sean más grandes, por lo que Groenlandia suele aparecer del mismo tamaño que toda África, cuando no es así ni pa dios. Además cuando dos países están muy lejos es difícil compararlos, y por eso cuando vemos archipiélagos distantes como Japón o Nueva Zelanda, parecen pequeños, especialmente estos dos, que están junto a gigantes como Asia y Australia, respectivamente. Cuento todo esto porque yo me imaginaba Nueva Zelanda un país mucho más pequeño, pero cuando te mueves a visitar sitios de alrededor descubres que tardas muchísimo en llegar. Me metí en  The True Size of, para ver el tamaño de NZ respecto a españa, y efectivamente:

No sólo no es tan pequeña como pensaba, si no que la isla norte es tan larga como españa de punta a punta. Vale que tiene muchos menos kilómetros cuadrados, pero es larguísima. El área roja es la que he visitado durante los 5 días de pascua, y realmente me ha llevado ese tiempo. El punto verde de arriba es Cape Reinga y el verde de abajo es Auckland. Podría haberlo hecho en menos tiempo pero renunciando a ver cosas y dándome grandes palizas de viaje. Son unos 350 km en línea recta, que no parece mucho, pero hay que añadir un par de cosas: la “autopista” que va al norte, deja de tener 3 carriles después de 20 kilómetros, y pasa a tener 1 carril y a ser básicamente una nacional, que pasa por ciudades, pueblitos, con curvas infernales, puertos, etc. Así que la velocidad media está en unos 50 km/h. Y el tráfico es infernal, los atascos son constantes, las obras omnipresentes, y de hecho la única carretera que sube a Cape Reinga había estado cortada dos días antes porque el río se había llevado 20 metros de carretera.

Sabiendo todo esto salí el jueves muy pronto después del trabajo, intentando evitar el atasco de salida, pero fue imposible. Tardé 4 horas en llegar a Whangarei (pronunciado Fangarei), que está a 170 kilómetros. Velocidad media: 42 km/h. Desesperante.

Llegué por la noche a una casita de madera muy elegante donde una señora me atendió extremadamente bien y estuve cenando con una pareja de austriacos que eran sus otros invitados. Eran un poco raros, e incluso inquietantes, pero para el ratejo de la cena sobremesa dieron juego. En el bosque que rodeaba a la casa vivían algunos kiwis que no pude ver porque salen sólo por la noche, pero pude oír, chillando de forma afilada. Dormí como un rey en la cama ultra mullida de la casita de Whangarei, y por la mañana me levanté pronto porque la idea era subir hasta la base de la última península, pasando por todos los recovecos de la costa.

Lo primero que visité fueron las Whangarei falls, unas cataratas que están en el mismo “pueblo” de Whangarei, aunque entrecomillo pueblo porque es más bien una gran diseminación de casas. No hay un centro claro y definido, y es tan disperso que de hecho tiene una catarata en el centro geográfico del municipio.

Estas cataratas son normalitas, tirando a cutres. Bueno hay que decir que están muy bien considerando que están dentro de un pueblo, con su paseíto de madera, su zona de picnic y su gran parque junto al río. Pero bueno, lo que ocurre cuando has ido a sitios de naturaleza salvaje como Islandia es que luego ves cosas similares en otros sitios y siempre te parecen más cutres. Sólo he visto una cascada hacer sombra a las que veíamos en Islandia, y estaba en Austria (que también las gasta buenas).

Así que en poco tiempo salí de allí y me dirigí a la costa, hacia Tutukaka (no preguntéis, no es el sitio con peor nombre en el que he estado en este viaje). En contra de lo que uno puede imaginar, Tutukaka es un sitio muuu bonito, con playas de arena blanca y aguas turquesa.

Allí me hice un trekking por los acantilados hasta la playa y me pegué un remojoncillo. Luego seguí el camino hasta Matapouri, donde pude ver las Mermaid pools, y los acantilados de la bahía de las ballenas.

Después empecé a pasar una secuencia de playas que si bien eran muy bonitas, no dejaban de ser cada una igual que la anterior: Oakura, Helena Bay, Whangaruru. Me pasaba lo mismo que con las cascadas, después de haber estado en playas increíblemente bonitas (en europa, y en otros sitios), pues estas no me parecían mal, pero tampoco me parecían brutales. Así que las fui pasando más o menos de largo. Y me metí en el bosque de Russel para ver un pequeño groove de kauris, que estuvo bien, pero tampoco era nada del otro jueves. Además el camino era de grava y yo no tenía muy seguro que pudiera usar caminos de grava con las condiciones de alquiler del coche. Acabé bajando hasta Okiato y crucé en ferry a Opua y Paihia. Paihia es la población central de Bay of Islands, uno de los principales destinos turísticos de los neozelandeses que viajan al norte, ya que es una inmensa bahía de islas, calas, playas y montecitos. Aquí es muy frecuente ver coches tirando de fuerabordas, todo el mundo tiene su barquito y se viene a las islas en verano. A finales de marzo, siendo la semana de pascua, estaba todo lleno todavía, mayormente de kiwis.

En Paihia comí un bocata cutre y después de pasar un rato leyendo bajo un árbol en la playa, seguí mi camino hacia keri keri y sus cascadas.

Keri keri es un bonito pueblo de interior de Bay of Islands, que tampoco es que tenga mucho que ofrecer, salvo un grupo de cascadas que se suceden. La más gorda es increíblemente parecida a la de Whangarei. Es más alta de hecho y tiene bastante fuerza, hasta el punto de llegar a impresionar un poco. Lo bueno de estas cascadas es que junto a ellas hay un trekking interesante que me llevó 2 horas, así que estuve bastante entretenido paseando entre arbolitos junto al río, y sin cruzarme con nadie.

Por la tarde llegué a Mangonui, la población que está en la base de la peninsulita en la que está Cape Reinga. Mangonui es una pequeñísima población pesquera que tiene un montecito con muy buenas vistas y un pequeño puerto situado en una ensenada en el que un garito de fish and chips domina todo el waterfront.

Después de subir al montecito, antes de que anocheciera, que las noches empezaban ya a acortar, fui a mi alojamiento, un sitio muy peculiar en medio del bosque, en el que me atendió un señor que al principio me pareció un enfermo mental. Iba con un bañador sucio y una camisa vieja y raída, y tenía los dientes y los labios completamente amarillos. Me dio la bienvenida y me enseñó mi habitación, en una chabola anexa, que no inspiraba mucha confianza. Luego descubrí que el señor estaba cenando algo con curry, y de ahí lo de sus dientes. DEspués de limpiarse un poco tenía mejor pinta. Y de hecho, tuve un par de conversaciones con él la mar de interesantes sobre inteligencia artificial y tráfico.

A las 8 bajé al puerto a ver si pillaba algo de cenar, y como Txusuru y Luciaroa estaban también alojándose en el pueblo esa misma noche, quedamos para cenar.

Fuimos a un tailandés en el que cenamos de luuuujo. Mi última comida decente hasta volver a AKL.

Al día siguiente la luz me despertó, ya  que mi chabola (que tenía toda la pinta de que la había construido el tipo raro con sus propias manos), no tenía persianas ni cortinas ni nada. Desayuné en el porche, y a la luz del día descubrí que la casa tenía mucha más miga de la que parecía, tenía su propia colmena, una huerta bastante grande y un rack de tablas de surf, así que el tipo básicamente era un hipi que vivía de lo que le daba su huerta y los visitantes de airbnb. Me contó algunas historias de sus varios trabajos en muchas partes del mundo, incluida Madrid. Y cuando le dije que era vasco, rápidamente me habló de vitoria, san sebastián y pamplona (curiosamente conocía todo, de haber estado!, menos Bilbao). Era un tipo con bastante mundo y muy interesante, pero yo no tardé en salir, ya que tenía un largo viaje hasta Cape Reinga.

El viaje a Cape Reinga sucedió en una larga caravana de coches de turistas, campervans y autobuses. Esto junto con la playa de 90 millas son los destinos más visitados del norte de Nueva Zelanda. Además, como era festivo también había un buen porcentaje de kiwis.

Cabo Reinga tiene un buen parking justo al final de la carretera, y de ahí se puede andar a los acantilados, al faro y a algunas playas que están escondidas entre paredes de roca.

En el faro podías ver las distancias a otras ciudades del mundo (no sé por qué no salía Bilbao…), y también unos cuantos viejos “obnoxious” con sus drones. Yo había pensado comprarme un dron para echar unos vídeos en nz y luego venderlo, pero viendo lo molesto que es para otra gente, y lo melocotón que pareces ahí de pie mirando a la pantallita del móvil, al final no lo voy a hacer. Además, las regulaciones aquí son un poco infierno, menos que en españa, pero siguen teniendo sus complejidades.

Me hice  un trekking hasta una de las playas que fue más duro de lo que pensaba, al principio era todo bajar, pero la vuelta me cogió a medio día, con el mítico sol de justicia neo zelandés, que quema 10x el de Europa, y todo cuesta arriba.

DEspués del paseíto por acantilados y playas, emprendí mi vuelta hacia el sur con idea de ir parando en los diferentes  recovecos y playas que había en los laterales de la carretera principal. Todos caminos de grava bastante malos, pero ya me daba igual el coche.

El primero que paré es la playa de.. bueno, esta:

Que a pesar de su nombre era muy bonita, y allí busqué una sombrita y me tiré entre las rocas a comer y a leer un poquito.

Después de comer me di un paseíto por el agua y seguí el camino, parando en la “duna gigante”.  Resulta que en toda la costa oeste de la península donde está Cape Reinga hay una playa, larguísima, que llaman 90 mile beach (aunque no tiene 90 millas, más bien 90 kilómetros). Por esta playa te puedes meter con el coche y recorrerla en coche metiéndolo en el agua si eres un motivao y te da igual que se lo coma la corrosión (o viajando en unos autobuses especiales elevados que van por el agua y por la arena a toda piña). En el extremo más al norte hay una supuesta duna gigante por la que la gente se tira en bodyboard. Cuando llegué allí me volvió a pasar la “desepsió”: la duna gigante no era gigante, ni molaba nada. La duna de Pylat es mucho más gigante y mola mucho más. Incluso otras dunas en las que he estado (en Namibia, y en Polonia) estaban mejor que ésta que tanto se publicita. Además el parking estaba llenísimo de coches, era un caos absoluto porque la carretera para llegar era muy estrecha y bueno en general sin más. Así que me di la vuelta y seguí  mi camino al sur visitando otras playas y rincones.

Al final acabé en la parte sur de la playa de las 90 millas y vi como de hecho la gente se metía aquí con el coche y era como una especie de carretera sin ley. No había límites de velocidad, la gente hacía trompos.. y lo que quisieras.. Todo sin cubrir por los seguros. La playa es muy muy tendida y cuando baja la marea queda mucha arena húmeda y dura para poder circular, así que hay una especie de “carriles de facto” por los que va la gente con todo tipo de coches.

Esa noche dormí en una casa en Kaitaia, el último pueblo antes de la 90 mile beach, que tenía de todo (supermercados y gasolinera). El tipo de la casa era muy majete y me dejó uns huevos de pascua “ocultos” (básicamente estaban en la nevera), y la casa estaba muy muy bien, con una buena tele en la que me vi algunos capítulos.

Al día siguiente ya habían cambiado la hora, y empezábamos a tener una hora menos de luz, algo que se notaría bastante. Empecé visitando la playa y duna de Oponini, que tampoco era gran cosa, pero que conducía a un mirador bastante interesante donde me hice un trekking de una hora hasta una playa un poco remota.

En esta zona hay un gran delta por el que desembocan unos cuantos ríos y había bastante meneo de gente en sus barquitos pescando.

Después del trekking seguí hacia el sur para visitar el gran bosque de kauris. Los kauris son un árbol autóctono que se caracteriza por ser mu goooordo, y en algunos casos alto. También se caracteriza, como otras especies vivas de esta isla, por ser extremadamente frágil a los agentes externos, por lo que todos los sitios en los que hay kauris siempre hay puestitos con desinfectante y cepillos para los pies. Al parecer, cualquier semillita u hongo hacen que un árbol que ha resistido a 2000 años de avatares de la vida se muera en cuestión de meses.

Así que después de comerme el lunch en una mesita que había cerca del bosque, me cepillé los pies y arranqué una caminata de casi 4 horas entre arbolacos y otras plantas medio tropicales que te rodeaban tupidamente.

Los kauris fueron otro ejemplo de desepsió. Aunque en este bosque había algunos de los más gordos de nueva Zelanda (el segundo más grande y el séptimo más grande), salí con la misma sensación de “esto ya lo he visto antes, pero en mejor”. Los kauris son muy majestuosos, pero no rivalizan con las secuoyas de Mariposa groove en Yosemite. Aquéllas eran más gordas, mucho más altas, y sobre todo, mucho más abundantes (supongo que eran más resistentes también).

En todo caso, siempre es impactante ver troncos de 22 metros de diámetro. Aunque ninguna foto les hace justicia, porque como son tan débiles no te dejan acercarte y no se pueden poner referencias humanas.

 

Cuando acabé con los kauris eran las cinco y media. Media hora para anochecer! Cogí el coche y seguí mi viaje hacia Maungatapere, una pequeña población rural cercana a donde había dormido el primer día. Allí me alojó una pareja de mediana edad en una super mansión, al lado de la cual habían construído unos anexos que eran donde dormiría yo. Mi habitación era más grande que la casa entera en la que vivo en AKL, y tenía todo tipo de lujos. Además, el tipo me vio cansado y me dijo que me invitaba a cenar a su mansión.

Allí me estuvieron contando un poco su vida (no gran cosa), pero en contra de lo que pensaba, por la mansión que manejaban, estos tipos no eran banqueros o productores de cine, el tipo era electricista y la señora trabajaba en la gasolinera. No quise preguntar, pero o dan mucho dinero esos trabajos, o vivir en estos pueblos rurales es bastante barato. También les estuve contando lo que hacía yo (por tercera noche consecutiva, empiezo a tener el discurso bastante pulido),  y la señora no entendía el concepto de inteligencia artificial. Dónde ha estado esta señora metida? No ve películas, no lee el periódico, no oye la radio? bueno, risas.

Nuevo día, y nueva sesión de playas, pero esta vez tenía una buena sesion de monte también. Me dirigí a las Whangarei heads, que es como llaman aquí a cabos que emergen de la costa. Muchas playas, especialmente en esta zona, acaban en un monte bastante gordo al que llaman heads. En el caso de Whangarei, había un gran saliente que definía dos bahías, una a cada lado. Me fui a una de ellas, Ocean Beach, y desde allí me hice el trekking que subía a las puntas del cabo.

El ascenso no sería más de 300 o 400 metros, pero era muy empinado y me llevó un rato llegar hasta lo más alto. DEspués había un trekking por las alturas quepensab que me daría buenas vistas pero estaba rodeado de árboles. Sin embargo en un lugar donde había un antiguo puesto de radar antibarcos de la guerra,  había un banquito con unas vistas estupendas y a la sombrita, donde estuve leyendo un rato.

el camino, con vistas a Ocean Beach

Al bajar tuve más aliento para sacar algunas fotos a los paisajes tremendos que me había perdido al subir, y cuando llegué a la playa finalente, me quité todos los pertrechos de monte y me eché un mini chombito relajante.

De nuevo, encontré un spot con sombra en la playa donde comí, y me eché un poco de siesta con el librito.

Otro chombo, y siguiente heads, las Mangawhai, unos 20 kilómetros más al sur. Allí, una gran lengua de arena generaba una ensenada protegida donde había cientos de barquitos. Al otro lado, una playa enorme que ahora empezaba a estar en sombra, porque ya eran las 5 de la tarde. Y un nuevo recprrido por los acantilados, con subida inicial rigurosa pero luego paseo agradable.

Mi última tarde en Mangawhai consistió en ver el atardecer desde la playa con los pinreles a remojo. Cuando la luz se fue, me fui al apartamento en Mangawhai, para volver al día siguiente a AKL. Estaba ya un poco quemado de tanta playa.

03 Abr

Kiwi el Aucklander 14: Pasifika blue

Pues han pasado algunas semanas desde que visitamos Coromandel y hemos estado ocupados en diversas cosas. La primera de todo fue acabar el paper que había venido a hacer, así que, a falta de revisión, puedo decir que el trabajo está hecho, y me he puesto a hacer otro de regalo. Más neuronas!

Para celebrarlo hicimos raviolis caseros rellenos de ricotta e spinaci, que eran facilitos. Las espinacas sólo hay que darles un hervorcillo rápido y mezclarlas con el queso. La masa se hace como siempre, agua, harina, sal, un poco de sal, un poco de aceite. He de decir que esta ve me quedo muyy bien.

No tardamos en meter la masa en la máquina y en hacer tiras y rellenarlos. Hay que hacerlo 1 a 1 así que es un poco cognazo, pero el resultado es brutal.

Al final salió una buena ración de raviolis gigantes. Menos mal que éramos 3 para hacer el relleno  porque la masa se hace relativamente fácil y rápido pero rellenar es trabajo de chinos. Uno entiende que al comprar raviolis artesanos o ir a un restaurante a comerlos siempre sean gigantes. Cuanto más grandes, menos trabajo :D

Al día siguiente dimos buena cuenta de ellos con gran goce. 12 unidades eran suficientes para ponerse tibio, siempre que no seas un tragón.

El fin de semana de San Patricio la cosa se celebró a lo grande por AKL, donde nunca necesitan una excusa demasiado elaborada para celebrar algo.  Yo en vez de quedarme al desfile me fui a la playa de Piha con Urtats y Nerea, mis instructores de atletismo, para intentar hacer surf otra vez. Por alguna razón, elegí una camiseta verde para ese día (me la pongo casi todos los sábados…) y varias personas me preguntaron o me hicieron miradas como cómplices en plan “vas de san patricio e, viejo zorro?”….

Esta vez no fue tan exitoso como la anterior. Varias cosas tuvieron que ver: en primer lugar, era la primera vez para ellos también, y no contábamos con un instructor experto como Txus como la vez anterior. En segundo lugar, el mar estaba revueltísimo, y había olas pequeñas, constantes y muchísima resaca, además de estar lloviendo y hacer un viento salvaje, a diferencia de la otra vez, que venía una ola perfecta cada 2 minutos. Y en tercer lugar, cogí una tabla bastante más pequeña que la vez anterior, que parece que afecta bastante en los resultados del principiante. En resumen, que no me puse en pie ni una vez, aunque estuve cerca. Hay que decir de todas formas que la otra vez agarraba la tabla de una manera que no servía con esta tabla, ya que la otra era de corcho y tenía grip, mientras que esta era resbaladiza si la cogías así. Vamos que fracaso. Pero fue muy divertido en todo caso.

Volvimos tarde y estuvimos tomando unas cervezas en casa. Al día siguiente íbamos a ver la salida de la vela.

Resulta que la Volvo Ocean Race, una carrera de barcos que da la vuelta al mundo en unos barcos diseñados  por Volvo, paraba en AKL y estuvieron una semana no sé si descansando, aprovisionándose, o qué.. Pero el caso es que el domingo siguiente a st. patrick salían, y había gran expectación. Para empezar llenaron el puerto de cosas, camiones volvo, zonas de ocio, un escenario donde TODO el rato había conciertos o música, casetas de los equipos que competían… bárbaro.

la noche antes de San Patricio la torre estaba iluminada de verde, y el barco de Mapfre, mayormente español y capitaneado por un guipuzcoano aguardaba la salida.

A parte del concierto, que estuvo muyyy bien, de hecho el mejor espectáculo que he visto desde que estoy en AKL, estuvimos enterándonos de cómo iba la carrera esa, y es una LOCURA. Para hacerse una idea, la siguiente etapa se iban hasta Brasil (desde aquí!!!) pasando por cabo de hornos, 12 tíos metidos en ese barquito minúsculo. Prácticamente no duermen, desayunan 12000 calorías, y están todo el día en pleno trasiego. Locurón.

Pero al margen de lo sobrado que era saber la paliza que se iban a meter entre pecho y espalda, al ver la salida flipé un poco, porque no imaginaba que fuera tan espectacular. Pensaba que iba a ver unos barcos moviéndose de un sitio a otro y poco más. Pero la salida incluía dar la vuelta a una boya, volver al puerto y dar otra vuelta y ya salir a mar abierto. Bueno pues esa salida fue increíble. Fue tensión pura, los malditos barcos iban limándose en los giros, acercándose, de repente cambiando la vela y dando un arreón increíble, luego se escapaban, luego les alcanzaban… Es complicado describirlo pero es sorprendente lo que se puede disfrutar de algo tan lejano, estando en tierra firme. Supongo que verlo en la tele tiene que ser emocionantísimo también.

La semana siguiente transcurrió con bastante normalidad pero también tuvimos un par de eventos interesantes. En primer lugar, los Deabru Beltzak vinieron a Auckland para cerrar un festival de artes que había durado todo el mes.

Yo les había visto un par de veces antes, pero siempre está bien verles, y además el espectáculo había cambiado.

Este duraba una hora (hasta ahora les había visto tocar 15 minutos o así). Y no defraudaron. Pero lo mejor es que a Nerea, que estaba viéndolos con nosotros, le dio el aire y fue a saludarles cuando acabaron.

Yo me acerqué también, pensando que estarían reventados y pasarían de nosotros (al parecer van con un traje ignífugo y es bastante agotador todo el tema),  pero super majos, estuvieron un rato hablando con nosotros, para descubrir que son del mismo sitio que yo, aunque no nos conocíamos. Bueno a mí con pintura en la cara ni me sonaban. Pero seguro que alguna vez nos hemos cruzado. Aún tengo pendiente enviarles las fotos que les hice, que alguna decente hay.

El sábado fuimos a ver el Pasifika festival, el equivalente a lo que podría ser una feria de artesanía allí, pero en vez de coger a los artesanos del duranguesado, cogen a los artesanos de TODO EL MALDITO PACÍFICO. Entonces es una especie de congregación de islas, cada una tiene su carpa, su tienda de artesanía, y su puesto de comida local (muchas de ellas coincidiendo en una piña o una sandía vaciada y rellenada de helado de vainilla mezclado con la propia fruta). Estuvo bastante bien, sobre todo ver a los morlacos de los samoanos o los de Fiji. Pero también era curioso como gente de otras islas como Kiribati o Tuvalu tenían otra complexión.

Samoanos dándolo todo

El día empezó soleado, pero cuando estábamos empezando a plantearnos comer uno de esos deliciosos platos de pescado a la brasa, se puso a llover, así que cambiamos de planes y nos fuimos a comer a casa.

El domingo cuando dejó de llover me fui de excursión a Mount Eden, uno de los volcanes de Auckland, que todavía no había subido, y eché la tarde entre vistas, y fotos del atardecer.

Atardecer qeu por cierto cada vez es antes, de hecho ya nos han cambiado la hora y oficialmente estamos en horario de invierno, lo cual es una liada, porque anochece a las 6, y el día se va. Algo que en Bilbao nunca me ha importado pero aquí es un poco bajón.

Y así llegó la semana santa, y Elisa nos organizó una caza del huevo de Pascua por la oficina, y tuvimos la primera despedida de Urtats, que ya ha acabado su periodo de estancia. Y vemos el final ahí.

huevo de pascua detrás del Spinnaker!

Pero en todo caso, nos hemos ido de semana santa, aunque eso lo contaré en otro post.

26 Mar

Namibia, capítulo 12: Pedregales tropicales

Un día más, el objetivo del día era llegar del punto A al punto B. B era Sossusvlei, uno de los sitios más fotografiados de Namibia, y una contraposición directa a su otro gran highlight, Etosha. Sossusvlei es una zona con dunas de arena roja y árboles muertos que sale en todas las guías de referencia de Namibia, y está en la parte central del desierto de Namib-Naukluft. Para llegar allí desde Swakopmund había unos 400 kilómetros, un sencillo Bilbao-Madrid. Pero claro, las carreteras, unas C-xxx de toda la vida de Namibia, no nos permitirían viajar a más de 30 en muchos tramos, así que era mejor contar con todo el día.

La parte norte del desierto está pegando a Swakopmund y hay una muy buena porción (unos 100 o 120 km) que se hacen por carretera convencional, pudiendo avanzar bastante en relativamente poco tiempo. Eso sí, la sensación es muy extraña. Esta parte del desierto recuerda mucho a Mad Max. Es un graaan erial con una carretera, pero como está cerca de la costa, y el viento en la costa es salvaje, hay muchísimo polvo en suspensión. El cielo es gris oscuro, y hay una constante sensación de niebla. En cuanto la carretera se mete hacia el interior empieza el pedregal, y aunque eso nos hacía reducir la velocidad de forma extrema, también se agradecía, porque al no haber arena ni polvo, el cielo se veía por fin despejado._MG_6171

Así entramos en la zona central de Naukluft, un pedregal de aspecto lunar que recordaba más a los paisajes que vimos en el Tibet que a cualquiera de los que habíamos visto aquí._MG_6172

En un momento dado pudimos sentir como una pieza del corolla saltaba por los aires, y tuvimos que parar para ponerla en su sitio. No parecía mucho, pero había que andarse con ojo por estas carreteras infernales._MG_6176

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Esta pedregal era más montañoso y tenía algunos altos donde paraban autobuses llenos de chinos para hacer fotos, y también paramos nosotros. Era un paisaje inesperado para Namibia, pero no tardamos mucho en salir de él para llegar a la parte realmente desértica.

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En el desierto la carretera es de grava, pero si tienes suerte y no hay zonas estriadas, el coche puede ir más rápido sin salir volando, así que aquí incluso pudimos disfrutar de la carretera sin andar preocupados por que la columna de dirección reventara en nuestra cara.

Por esta carretera pronto llegamos al Trópico de Capricornio, la línea que corta con el plano de la eclíptica que describe la tierra alrededor del sol. Uno siempre piensas en vegetación densa, pirañas y cócteles de piña cuando oye la palabra tropical, pero esto no se ajusta mucho a lo que te puedes encontrar en el trópico de Capricornio.

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Es un pedregal naranja. De todas formas, lo que solemos llamar “Tropical” es más bien lo que se conoce como “intertropical”, es decir, lo que hay entre los trópicos. De hecho, en este viaje lo que estábamos haciendo era precisamente salir de la zona intertropical. También hay que pensar que el trópico de Cáncer pasa por sitios como el Atlas o Arabia Saudí, y el mismo de Capricornio por todo el Outback australiano. Así que tampoco es todo jolgorio verde. _MG_6190

Frikadas cartográficas al margen, poco después del Trópico de Capricornio (por cierto cuya señal estaba completamente vandalizada…), llegamos a Solitaire. No sabría muy bien cómo definir este lugar. Por una parte, es muy probable que cualquier lector haya visto imágenes de solitaire, con los coches oxidados abandonados, y de gran colorido._MG_6192-2

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Pero la cosa es que solitaire es esencialmente un área de servicio. Aunque es muy famoso por la decoración con coches que han puesto, realmente no se puede ni considerar un pueblo. Es  un conjunto de edificios que dan servicio a los viajeros que pasan por aquí. Y vaya si pasaban. En los próximos 3 días íbamos a pasar al menos 8 veces por este punto. Allí hay baños, gasolina, un supermercado y un restaurante. Y un buen parking de autobuses y caravanas. Así que siempre estaba lleno. Pero tampoco tenía mucho más que ofrecer que los citados servicios.

De ahí no tardamos en llegar a Sesriem, la base de operaciones de todos los visitantes de Sossuvlei, y donde se encontraban todos los campings desde los que partían las visitas. Era ya tarde para visitar las dunas de Sossusvlei, así que decidimos visitar el cañón de Sesriem, que estaba junto al pueblo y no había mala hora para verlo.

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El cañón recordaba un poco al de Wadi Mujib que recorrimos en Jordania, pero sin agua. De hecho, si hubiera tenido agua habría sido espectacular, pero así vacío, pues básicamente sólo aumentaba la sensación de sed y calor._MG_6202

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El cañón tiene una visita de una hora aproximadamente, con un recorrido por el lecho del río y la llegada a una cueva de donde mana el agua y donde ahora sólo había unos pequeños charquitos pútridos

Ya en Sesriem, fuimos al camping, que fue, con diferencia, el más hostil de cuantos habíamos visitado. Un pedregal se extendía en todas direcciones alrededor de nuestra sobria plaza de camping. No había árboles, no había otros campistas, no había vayas, no estaba refugiado… no había absolutamente nada. Era  acampar en medio de la nada.

IMG-20161004-WA0017Fuimos a la “piscina” de que disponía el camping, que resultó ser una pocita cuadrada de agua gélida, y en la que no pudimos refrescarnos mucho.. Y volvimos rápidamente para cocinar antes de que se fuera la luz del día. ç

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Las imágenes calmadas de un cielo púrpura y naranja no anticipaban la noche que nos venía por delante.

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20 Mar

Kiwi el Aucklander 13: Coromandel Connection

Hace unos días hicimos una nueva incursión al sur. Para adentrarnos un poco más que las incursiones de día, cogimos unos alojamientos y unos coches y nos adentramos en la península de Coromandel. Esta península está a una hora de barco de AKL, pero si vas en coche son 2, ya que tienes que bordear toda la bahía. En los mapas parece al lado pero las distancias aquí siempre son más de lo que parece. Coromandel es una península prácticamente deshabitada, con espectaculares acantilados de piedra caliza y playas larguísimas. De no ser por que uno de sus principales highlights salía en las Crónicas de NArnia, sería un destino más bien obviado por los turistas, ya que está realmente a desmano. Sin embargo, salir en una peli siempre tiene su impacto, así que la parte más al sur de la península está llena de motorhomes y furgos camperizadas.

Salimos hacia allí por la tarde, tardando casi 3 horas en llegar a nuestro destino en Whangamata. Las caravanas de por la tarde en la autopista son mortales. Aquí alguien necesita que le gestionen el tráfico. Unas buenas predicciones y adaptaciones…

Mientras unos se quedaban en Thames para tomar un refrigerio, otros subimos a hacer un trekking en el Coromandel Forest park, pero habían cerrado el acceso al mismo por alguna obra en la carretera, así que nos quedamos a medias y estuvimos viendo una presa que había cerca. Resulta que Coromandel fue una zona muy activa en cuestiones de minería de oro y había bastantes represas, tiendas que te vendían cedazos y alguna otra curiosidad minera.

Llegamos ya en noche cerrada y nos pusimos a cenar en la chabolita que habíamos alquilado para los 5 y medio, y no tardamos mucho en meternos al sobre.

Por la mañana arrancamos hacia Cathedral Cove, el sitio que salía en la peli. Se trata de una cueva que es atravesada por el mar, y cuando baja la marea puedes cruzarla y pasar a otra playa que hay al otro lado. La marea bajaba a las 7 y subia a la 1, así que la idea era ir más bien pronto. Pero hasta las 11 no estuvimos en el parking, y luego hay que coger una lanzadera que te lleva hasta el acantilado. DEsde el acantilado hay casi una hora andando. Todo apuntaba a que no íbamos a llegar a tiempo. Sin embargo, el paseo por el acantilado era brutal.

 

DEsde el acantilado se iban viendo una sucesion de calas con aguas turquesa, arena blanca, paredes también blancas y bosque tupido, que parecían sacadas de una peli.

Al final conseguimos llegar a eso de las 12 y media a la playa, que era bastante bonita, y en la que había mucha gente bañándose y mucha otra gente echando fotos.

Debajo del arco que daba nombre a la playa, se podía cruzar, aunque a esta hora ya llegaba el agua hasta un nivel complicado, a la playa siguiente. Y se veía la roca tan típica que aparece en la portada de la guía de Nueva Zelanda.

Yo vine pensando que la visita a  CAthedral Cove era una cosa de 10  minutos, de aparco el coche, echo las fotos y me voy, pero al final es mucho mejor ya que entre el trekking, las fotos a la piedra, a la cueva, visitar la otra playa, y echarse un baño, echas casi la mañana entera.

En el camino de vuelta además fuimos parando en algunas de las calas que hay y aunque no pudimos meternos, porque la marea estaba muy alta, prometían bastante.

De hecho en una de ellas, hay una especie de “ruta de snorkel”, que no sabemos muy bien a qué se refiere, pero había bastantes personas iniciando esa ruta. Parece ser que te metes por esa playa y acabas en otra

A eso de las 3 nos fuimos a comer a Hahei, el pueblo principal, turístico, por el tema de la cueva, pero bastante pequeño (tendría 200 o 300 habitantes como mucho),  y encontramos un garito para comer costillas brutaleeeees. Así que nos pusimos finos. Pero después nos fuimos a comer un helado. Los helados que he probado en NZ hasta ahora son un poco sin más. Aunque hay un sabor hockey pockey que está hecho de miel y está bastante bueno, en general no se puede hablar muy bien de ellos.  Sin embargo hay una variante que los llaman de fruta fresca, en la que meten un bloque de helado de vainilla y un montón de frutas en una batidora y te hacen un helado con frutitas al momento.

Esos son los que había en Coromandel, y no sólo estaban muy buenos al meter mango a la vainilla (sabía un poco a solero), además, como lo hacen con una especie de churrera, te rellenan el cono hasta abajo del todo, así que tienes helado hasta decir basta. Eso sí, cuando llegas abajo es bastante probable que la última parte esté derretida.

nos pusimos finos con los helados de a kilo, y nos fuimos hasta el otro gran highlight de Coromandel, que en realidad está al lado de Cathedral Cove. Se trata de la hot water beach, y es una playa bastante grande, que tiene una zona por debajo de la cual pasa un río de aguas calientes. Entonces puedes cavar agujeros y te encuentras con agua calentita.

Lo primero que llama la atención de esta playa es llegar y encontrártela vacía, salvo por una zona que está llena de socavones y gente acurrucada, mientras otros cavan. Parece una escena de Hermanos de Sangre donde todo el mundoe staba cavando sus fox holes mientras caían pepinos de los alemanes. Era en cierto modo dantesco. Pero lo bueno es que sabíamos dónde estaba el agua caliente.

A mí la idea de cavar un agujero para encontrar agua caliente me pareció una chorrada desde el principio, pero la verdad es que cuando te pones tiene su miga, porque hay sitios que sale medio tibia, en otros tienes q cavar más, se te viene abajo el agujero, mientras ves cómo los de al lado ya tienen su super agujero calentito… Que el punto no es bañarse en el calor, si no dar con el sitio. Es más un rollo de buscar el spot que otra cosa.

Estuve un buen rato cavando en un sitio que si metías el pie en la arena lo suficiente estaba caliente, pero era un poco fraude. Hasta que descubrimos un sitio más cerca de la orilla que no es que estuviera caliente, es que abrasaba. Llegó un momento de la perforación en el que salía humo del agujero. Así que nos echamos nuestras buenas dos horas en la playa haciendo prospecciones.

agujero vagamente humeante con agua que estaría a unos 60º

Después de aquello partimos a la compra y hacia nuestra nueva casa, en el norte de la península.

Al día siguiente partimos caminos, ya que unos nos decantamos por un plan más de meter el todoterreno en caminos de cabras y ver el cabo norte de la península, y otros hicieron algo más tranquilo por las carreteras normales.

El primer sitio al que llegamos era un pequeño bosque de Kauris. El Kauri es uno de los árboles nacionales, que sólo se da aquí, y que está muy amenazado por algún tipo de enfermedad que se ha traído desde fuera. En todos los sitios de bosque hay cepillitos y desinfectante para los pies para no arrastrar el hongo al bosque. Los kauris son unos bicharracos enormes, con troncos blancos, hojas pequeñas y duras y que viven muchísimos años (y crecen muchos metros a lo alto y ancho). En otra parte de la isla norte hay uno que se estima que tiene 3000 años. Iré a verlo dentro de poco.

También vimos una cascada cerca de los kauris, aunque era decepcionante. En realidad, casi todas las cascadas que he visto después de Islandia me han decepcionado un poco, exceptuando quizá algunas muy llamativas de Austria. Bajamos de allí a Coromandel Town y de ahí arraancamos por la costa oeste hasta el cabo norte. La carretera deja de serlo después de Coromandel town, y pasa a ser un horrible camino de cabras, por el que habíamos alquilado un todoterreno en vez de un coche normal.

Las vistas desde el camino están muy muy bien. Uno no se espera viendo los alrededores de la isla norte que aquí, en esta península haya un macizo en medio con montes bastante altos que bajan abruptamente hasta la costa, formando acantilados y campas verdes. Recuerda un poco a paisajes que vimos en el norte de Noruega, aunque con más y más variada vegetación.

Desde el camino hay momentos en que se ve Rangitoto, la isla que está en frente de Auckland, porque no hay que olvidar que hay barquitos que te traen de Auckland hasta aquí en poco más de una hora, aunque llegar en coche hace que parezca un sitio muy remoto.

En el cabo norte pudimos hacer un trekking entre hierbas que hacía mucho que no se cortaban y comimos en una campita con buenas vistas del Pacífico sur.

Volvimos hacia el alojamiento por el camino inverso y  parando en diversos looking points y playas desiertas.

 

Al final nos reunimos con el resto del team y nos fuimos a tomar unas cervezas a uno de los únicos bares que había por la zona, que  en general está bastante deshabitada. Nos tomamos el cacharro en una tabla de surf.

Y volvimos a nuestra “mansión”, una casa de 2 pisos de estilo peculiar, intentando ser victoriano pero sin conseguirlo, que habíamos alquilado entera par los dos días. Allí pusimos a cargar el motor eléctrico del todoterreno, algo que nos dio juego durante el viaje. El Mitsubishi outlander es un híbrido enchufable con un depósito de gasolina realmente ridículo y un motor eléctrico que probablemente en ciudad haga las delicias del dueño, primero porque es ultra silencioso y con mucha salida, y segundo porque quitas consumo de gasolina. Pero en el coromandel lleno de cuestas y montes la batería llena nos daba para 15 kilómetros, y luego tardaba infinito en recargarse. Eso sí, en un puerto es una maravilla, sales de cada curva con un reprís increíble.

En fin, al día siguiente iniciamos el camino de vuelta a AKL parando en diversos sitios, como un trenecillo que parecía era una reminiscencia del pasado minero de la península, pero al final descubrimos que no. Era una flipada de un tío que había decidido construirse un tren en su monte. Y lo había hecho. El trenecillo no tenía más de 30 años, y consistía en 2 trenes diesel y un sistema de vías, cambios de aguja y puentes hechos a mano que serpenteaban por la ladera del monte hasta llegar a un punto elevado desde el que se veía toda la bahía, incluyendo de nuevo Rangitoto, Waiheke y no se veia AKL porque estaba tapada.

DEspués del trenecillo volvimos a Coromandel Town, donde estuvimos comprando artesanía, ya que al parecer es lugar de muchos artesanos, y hay un montón de tiendas que venden cosas cutres. Por suerte encontramos una que tenía cosillas más elegantes. Y después comimos e iniciamos el regreso a AKL. Vuelta a las redes neuronales.

 

09 Mar

Kiwi el Aucklander 12: Un poco de running pro

La última semana no ha dado mucho de sí. Han sido días de salir tarde de la universidad por intentar llegar a tiempo con los plazos del paper. Txusuru y Luciaroa compraron una fruta muy rara que había en un super, de la que no recordamos el nombre, pero que tenia pinchos que PINCHABAN de verdad. Al abrirla era una mezcla de fruta de la pasión y pepino. Pero el sabor parece que no acompañaba mucho. Tal vez no estaba madura, pero quién sabe cuándo se madura ese chisme…

Sin embargo el miércoles fui con Urtats (otro de los estudiantes de la delegación vasca) y Nerea  a una pista de atletismo proh. Parece ser que en esa misma pista por la mañana se disputó el campeonato nacional de atletismo femenino, pero por la tarde estaba libre y cualquiera puede acceder y correr las carreras que organizan con su foto finish y todo el percal. Por alguna razón, Urtats, que es atleta de velocidad de forma casi profesional me convenció para ir con ellos (que entrenan todos los días), a correr algo, un 60, un 100 o algo… Al final, por aquello de que no fuera efímero, me decanté por el 800, una cosa que no había corrido nunca.

Hay que decir que desde que estoy en Auckland voy a correr todos los lunes y jueves unos 30 minutos y bueno, tampoco es que haya ganado mucha forma, porque tampoco es que corra mucho. Pero el último lunes me fijé en cuál era mi marca aproximada para esta distancia, intentando ir un poco más rápido, y eran alrededor de 4 minutos. No me pareció mal, hasta que descubrí que los profesionales lo hacen en minuto y medio. WHAAAT?

 

PEro bueno, me libré de la vergüenza de correr junto a gente que me iba a pulir, y me lancé a los 800, una carrera que es más anaeróbica de lo que parece. De hecho, a medida que bajas la distancia son, en contra de la intuición que al menos yo tenía, cada vez más anaeróbicas. Corres 100 metros y realmente no es como cuando sales a correr, que sudas y tienes una afección determinada en la respiración y tal y cual. Es un ejercicio súbito, de impacto, en el que tienes que ir a FUEGO y luego te paras de repente. En una tarde de repente me cambiaron un montón de misconceptios que tenía sobre el atletismo. También estuve viendo saltar a unas chicas de no más de 16 años el triple salto, y flipé bastante por lo técnicamente complejo que es: hay que dar las dos primeras zancadas con EL MISMO PIE! Era espectacular ver a esas chavalillas así que imagino que ver a profesionales de alto nivel tiene que ser increíble. Nada parecido a la sensación que transmite verlo en la tele.

La foto finish de la vergüenza. Urtats me hizo de liebre, por eso aparece con el mismo tiempo que yo.

En fin, que en mi 800, dándolo todo,  muriendo y teniendo una sensación loquísima de mareo, hormigueo y pinchazos después de correr los primeros 400 metros, pensaba que me caía redondo, hice el total en 3.25, mi personal best, que siguió siendo UN MINUTO Y MEDIO más lento que el tipo que ganó la carrera. Cómo es posible que me sacara tanto, si yo me deslomé?? Hasta que no te pones a hacerlo no te das cuenta de lo poco en forma que estás…  Esta semana he repetido, con un 60 y un 200, aunque no tomaron bien las medidas y no sé qué marca tengo. Pero me parecieron mucho más duros, aunque sólo corrí unos 8 segundos en el primero y unos 30 en el segundo… muerte.

Mientras tanto en Bilbao estaba cayendo la nevada de la década (de hecho de las últimas 3 décadas). Con lo que me gusta a mí la nieve, y me perdí a la gente esquiando por mi calle.

La cosa es que por lo que he leído el hecho de que tuvieran ese frío repentino en Europa se debía precisamente a que dejó de hacerlo en el polo, como si se hubiera desplazado la masa de aire. Parece ser que en durante esos días la media de temperatura en europa era 3 grados inferior a la del polo norte, que estaba en positivo! Así que un poco locura, pero bueno, cosas del cambio climático.

En Auckland la cosa siguió yendo de deportes  porque el viernes pudimos ir a ver un partido de rugby super league, que es una especie de champions del rugby pero un poco raro. Juegan los equipos de ciudades, como en la champions de allí, pero claro, aquí no hay un continente con un montón de países y equipos, así que en la super league esta juegan equipos de sudáfrica, uruguay, argentina, japón, australia y nueva zelanda. ASí, variadito. Y a horas y horas de vuelo unos de otros. En nuestro caso vimos dos equipos neozelandeses, ya que primero hay una liguilla dentro de los países (que si no ya me dirás, como tenga que venir un equipo sudafricano para jugar un solo partido menudas risas), los Blues, de Auckland y los Chiefs, de Hamilton.

El partido estuvo entretenido y equilibrado, hasta cierto punto, aunque al final ganaron los chiefs por poquito, ya que los blues estuvieron en una larguísima jugada de tensión absoluta al final del partido, a puntito de hacer un ensayo que habría dado la vuelta a las cosas. Los lances más guays pasaron al otro lado del estadio pero cuando pasaba algo cerca era de cortar la respiración. Se oía, a pesar del ruido de la gente, el impacto de los músculos, los huesos, la caja torácica resonando, cada vez que chocaban dos de las moles que jugaban en cada equipo. Menudos bisontes…

Hay que decir que Eden park es grandecito, pero tampoco parece el estadio nacional de Nueva Zelanda, como de hecho es, donde juegan los All Black y demás. Se les tiene que quedar pequeño en esos grandes eventos.. Pero de todas formas divertido y muy entretenido, además estaba con Eloy, que jugó a rugby y me explicó todas esas cosas que todavía no acababa de entender cuando lo veía en la tele, así que bastante bien. Ahora ya puedo decir que entiendo cuándo y por qué pasan las cosas.

El sábado pudimos ir a un festival de linternas con el que se celebraba el año nuevo chino. El año nuevo fue el 16 de febrero, pero a 4 de marzo siguen haciendo cosas. Bien.

Frente a otras celebraciones de Auckland, que normalmente son bastante cutres, hay que decir que los chinos se lo curraban bastante. El parque Domain estaba lleno de lamparas y esculturas de luz, que le daban un aire elegante y misterioso.

Había muchísima gente. No recuerdo una situación previa en la que haya estado rodeado de tanta gente a la vez. Cuando llegué al Domain, que es un parque enorme, había un flujo constante de chinos saliendo, que se iban a casa ya, era una especie de marea, como la que se produce en fiestas de Bilbao cuando acaban los fuegos artificiales. Y yo pensaba que me iba a encontrar el parque vacío. Pero no, cuando llegué seguía habiendo infinitos chinos

LAs esculturas molaban bastante, y también las habían puesto en los lagos del jardín botánico.

Estuvimos nuestra buena hora haciendo cola para pillar algo de cenar, en alguno de los muchos puestos de comida que había.

A a las 10.30, como buena celebración de Auckland, todo acabó, apagaron las luces y todo el mundo pa casa.

Así empezó una semana nueva de redes neuronales y traffic flow, pero esta es más corta, ya que nos vamos a Coromandel, de lo que habrá proper reports.

 

02 Mar

Namibia, capítulo 11: La costa del esqueleto

Tras hacer noche en aquel camping en medio de la larga playa de Namibia arrancamos hacia el sur, dirección Swakopmund, la segunda ciudad más grande del país, y una que al tener costa, supuestamente tiene más encanto que Windhoek.  La larga carretera salada de la costa no estaba asfaltada pero tampoco tenía baches ni botes, ya que la gruesa capa de sal, arena,  y vete a saber qué más que había en la superficie hacían que pareciera una carretera nueva, con una conducción suave y agradable que el Corolla agradeció sin duda. Y yo también. Por esa carretera fuimos buscando los famosos naufragios de barcos o de ballenas, que dan nombre a la costa (de los esqueletos), pero no vimos gran cosa, ya que como habíamos leído el día anterior, los restos de barcos son retirados, mientras que los restos de animales son cogidos por gente que vive por allí para intentar venderlos a turistas. Así que más que la costa de los esqueletos, es la costa del esqueleto, ya que sólo hay uno.

De hecho, cuando paramos en el único barco que vimos, una nube de vendedores nos asaltó, supusimos que bosquimanos porque cuando les dejamos atrás se comunicaban con chasquidos. Eran un tanto agobiantes, hasta el punto de pensar que te ponían un poco presión de que si no les comprabas eras racista o algo así.. No sé, mala sensación, aunque no peor que la de cualquier otro país en el que unos señores te vienen a dar la murga para que compres cosas.

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Uno de los pocos barcos que sobreviven a la costa de los esqueletos está (o al menos cuando llegamos), bastante mar adentro, así que tampoco se pueden hacer fotos desde justo debajo del casco, como se suele ver por ahí, aunque supongo que en marea baja la cosa cambiará.

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El mar además estaba bastante picado, como vimos que era costumbre por estos lares, así que tampoco podías acercarte demasiado._MG_6164-2

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El barco se había conertido en un conveniente nido de gaviotas y otros pájaros y daba un espectáculo curioso, pero no era en todo caso lo que teníamos en mente.

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Hacia medio día llegamos a Swakopmund y fuimos directos a comer a uno de los 2 o 3 restaurantes que recomendaba la guía. La verdad es que cada vez desconfío más de la guía, en general parece que los autores no se esfuerzan mucho y te eligen 3 o 4 sitios así como muy en el centro con buena apariencia y luego rellenan con algún garito raro.  Pero en este caso fue un acierto, una especie de cafetería que servían sandwiches y bocatas, y estaba lleno de europeos (arrastrados por la guía, seguramente), con buen ambiente, y buena música. Nos pusimos finos, por primera vez en unos cuantos días, y nos fuimos a ver la ciudad.IMG-20161004-WA0014

Swakopmund es un poco la ciudad bohemia que todos los países tienen, pero claro, aplicado a Namibia no es lo mismo que a un país europeo. Tiene mar, y un estilo colonial curioso y bonito (en el centro, el resto es muyyy sin más).  Y en la zona de la playa hay algunos hoteles con pinta de mucho más caros y elegantes que cualquiera de la capital. Hay un embarcadero de madera con restaurantes que daba algunas de las mejores vistas de la ciudad, y también del mar, del que se podía apreciar su fuerza. Normalmente en estas estructuras las olas romen de tranquis, pero aquí, olas de 3 metros rompían con mucha violencia y mojaban a todo el mundo.IMG-20161004-WA0018

Estuvimos paseando por el centro sin mucho más que ver que la propia arquitectura de la ciudad, y algunas tiendas de artesanía que vendían cosas realmente interesantes y realmente caras. Finalmente para cuando anocheció, que no era muy tarde, nos fuimos a la casita que habíamos alquilado por el centro para ver una peli. Al día siguiente teníamos nueva paliza de coche, para cruzar el trópico y meternos de lleno en el desierto.

25 Feb

Kiwi el Aucklander 11: Orgullo Gnocchi

Dos de las últimas tres semanas se ha dedicado a llover en Auckland. Hemos pasado a vivir en Hanoi, lluvia, calor, y humedad extrema. Esto arruinó bastantes planes y nos dio algo de dolor de cabeza. Así que el fin de semana siguiente a hobbiton lo único que hicimos fue jugar al minigolf en un campo cubierto en Aotea.

Pero esa semana también asistimos al taller de gnocchi de la compañera italiana. Aparte de aprender a pronunciarlo bien (ñokki, y no genochi, como nos dijo un kiwi de una tienda de vinos), aprendimos rápidamente la ténica de elaboración, que es bastante simple. Básicamente hay que hervir patatas y hacer un puré con ellas, y luego mezclarlas con harina.

No me acuerdo muy bien de las proporciones de harina, pero básicamente hay que amasarlo como si fuera una masa normal y tiene que quedar con la misma textura fina gomosa y no pegajosa, así que con eso uno ya va viendo cuánta harina hace falta. Tiene que haber harina por todas partes, en la tabla, en las manos, en el pelo, en la nariz.. Todo harina.

Cuando la masa tiene una textura chachi y ya no se pega a los dedos como se puede ver en la imagen de arriba, se hacen unos rulitos largos e intentando que tengan todos el mismo grosor. Luego se cortan en subrulos de igual longitud y se hace el viejo truco con el tenedor para que 1. tengan un diseño molón con 4 estrías en el centro y 2. se cuezan mejor.

Otra cosa que siempre nos indica nuestra insegnante es que la harina debe ser harina de fuerza de esa. Creo que en castellano se le llama así. Aquí la llaman simplemente high grade.

Con los minirulitos hechos ya sólo hay dos opciones, o los cueces y te los comes al momento o los congelas, ya que guardarlos de otra manera hace que se peguen. Y si se pegan es desastre. Así que hay que almacenarlos sin apilar, sin presiones y congelados. Una vez congelados se pueden agrupar.

Para cocinar se echan al agua hirviendo, donde se hunden. Cuando están hechos salen a flote, así que sólo hay que ir pescándolos. Nuestra profe se los comió nada más hacerlos, con tomate y albahaca, en un plato muy mofas.

Pero yo los tuve un par de dias y los puse con pesto y unas hojas de orégano natural que ella tiene en su casa y me dio para la ocasión. Estaban realmente buenos pero llenan un buevo.

Ese mismo finde comenzó el cambio de tiempo, dejó de llover tanto, dejó de hacer tanto calor y empezó a hacer días como los que puede hacer en bilbao en septiembre, calorcito y día bonito pero refrescando por la noche con lluvias ocasionales. El mejor tiempo. DE hecho durante nuestra etapa Hanoi estuve durmiendo con las ventanas abiertas, lo cual en el centro de Auckland es muyyyy mala idea porque por alguna razón hay un montón de macarras con coches o motos sin silenciador, y que para más inri los revolucionan en los semáforos de todas las intersecciones. Así que puede haber un ruido muy serio. A veces vienen 12 motos (son choppers, nena), y empiezan a hacer el canelo y deseas que venga un terminator y se los cargue a todos con una m134. Anyway, en nuestro nuevo clima bilbaíno, las noches son fresquitas y se puede dormir con la ventana cerrada así que mucho mejor.

El caso es que tiempo aparte, el finde pasado se celebró aquí el día del orgullo gay, supongo que junio, en pleno invierno, no les viene muy bien, así que lo pasan a febrero. Y fuimos a ver la parade, que nos habían dicho que era “muy familiar”. Descubrimos que se referían más bien a “muy comercial”. Básicamente, aparte de cuatro grupos de señores y señoras que desfilan por su cuenta con sus banderitas, el grueso de la parada está compuesto por carrozas de las compañías y empresas locales y no tan locales. Que está muy bien que se impliquen en estas cosas, pero es imposible no pensar en que pueda tener algo que ver con cuestiones de imagen y maniobra comercial. En Nueva Zelanda las cuestiones de derechos de estos colectivos están muy avanzadas, y están por lo general totalmente aceptados, así que realmente para un banco, por ejemplo, igual es peor en términos de imagen no estar en el desfile que estar. Lo cual está muy bien, pero a mí me da la sensación de que se están promocionando y ya está.

Al margen de esto, había cosas curiosas en el desfile, como las hormigoneras!

El ejército desfilando!!!!  (impensable en otros sitios…) y aunque no tengo foto, desfilaba por detrás de la primera ministra.

y la policía, que no sólo desfilaba si no que había disfrazado a sus coches con banderitas y una luces en el frontal que hacían como KITT, pero arcoiris en vez de rojo.

Después de todo el sector oficial, que incluía unos brutales manifestantes por el orgullo asexual con una bandera gris y grandes pintas de acabar de salir de su cuarto de jugar al LOL, y que eran 5, llegó el mondongo de empresas, multinacionales y corporaciones. Que era el más masivo, con música, camiones y ventanas de avión para hacerse fotos. (raimbowroo entiendo que es juego de palabras con el kangaroo de qantas y el rainbow)

Esta carroza muy al estilo “it’s raining men” también era de alguna compañía.

DEspués del desfile algunos fuimos a cenar a casa unas pizzas, y estuvimos hasta bastante tarde hablando de cuestiones profundas humanas como dónde se come la mejor pizza.

La semana siguiente empezó de forma increíble, con un inesperado cumpleaños de Iñigo Martinez pero dedicado a mí, con mi foto en un globo y todo.  Estuvo muymuy bien abrir el ojillo con esos vídeos, pero aun mejoró más la cosa cuando en el curro tuvieron a bien acordarse y envolverme unas tabletas de WHITTAKERS!! mi chocolate favorito, y del que me bajo dos tabletas a la semana.

Hicimos una celebración en el Brewers Cooperative, nuestra parroquia cervecera, del que he hablado en alguna otra ocasión, que tiene como 20 tiradores de cerveza que cambian cada semana, así que siempre hay cosas interesantes para probar.  Allí nos fuimos unos cuantos y escuché el zorionak en varios idiomas incluyendo parsi, húngaro, italiano, alemán del este ¿?, y las mañanitas del rey david que se canta en Mexico.

También estuve largo rato hablando con nuestro compañero Mexicano de las diferencias de doblaje entre españa y latinoamérica, con grandes risas encontradas en la familia Addams, donde el padre Gómez se llama Homero, la hija Miércoles es Merlina, el hijo Pugsley es Pericles y el tío Fétido es LUCAS!!! MEnos mal que han mantenido a Morticia! Las conversaciones sobre diferencias idiomáticas han continuado en los días  subsiguientes y nos hemos echado risas en ambos bandos.

Otro regalo mofas fue la toalla de teenager milenial naranja rosácea que me cayó, después de caerme miles de vaciles sobre el ridículo tamaño de mi toalla normal, con la que apenas puedo cambiarme el bañador. EDIT necesario:  en casa tb me esperaba un bizcocho cumpleañero hecho en casita, lo cual estuvo muy bien Y me dio para desayunar un par de veces.

Al margen del día especial, la semana ha ido bien, haciendo grandes progresos en mi paper, ya que terminé las dos secciones más largas y ahora sólo queda hacer gráficos molones, y explicarlos. Hemos dado también una vuelta de tuerca a la implementación de redes neuronales de impulsos, terminando por fin una implementación en python que funciona bien, así que mola.

Y el final de la semana ha acabado con visita a Takapuna, con playa, lectura y cerveza, cine por la noche, con la nueva de Guillermo del Toro, que está bien, pero no tiene nada que ver con lo que promete el tráiler (gracias a MEV…), y hoy hemos ido al garitazo de CHULETAASSS. Resulta que en Ponsonby (donde fue lo del desfile) hay dos garitos de chuletas, una steakhouse con una pinta brutal (pero que estaba cerrada hoy), y una parrilla argentina donde al final hemos ido y nos hemos puesto titos.

El garito, llamado “El Sizzling Chorizo” está en una de estas galerías hipster que están tan de moda tipo el mercado de san miguel de Madrid, con muchos sitios con tablones viejos, sillas vintage y bombillas gordas con filamentos visibles. Al margen de la parafernalia modernaza, el argentino era brutal, tenía la parrilla a la vista y estaban usando unos maderos allí para hacer unas brasas exquisitas y sobre ellas la carnucia. No ha defraudado.

HEmos acabado tomando un helado mientras planeamos nuestro próximo viaje un poco largo, la visita a la península de Coromandel. Del que habrá noticias próximamente.

12 Feb

Kiwi el Aucklander 10.3: Huevo podrido Land

Rotorua es un poco huevo podrido land. Si se busca en un mapa se ve que está junto a un lago redondito y bonito. Ese lago, que es bastante grande, fue otrora la caldera de un gran volcán, y por tanto, aunque esté ahora tapado por agua, todos sus alrededores siguen calentitos y humeantes. Así que según llegas a esta ciudad empiezas a notar ráfagas de olor a azufre, que se acentúan cuando te mueves a ciertas zonas. De hecho en el centro de la ciudad hay un parque, para leer, jugar y echarse la siesta en el verde, como un parque normal vamos, pero que tiene unas cuantas fumarolas (valladas!) y agujeros humeantes con olor a muerto. Aquí teníamos nuestra residencia para ver un montón de highlights que tiene este sitio. Un alojamiento cerca del lago, sin muchos lujos pero con amplitud y comodidad para los 5 y medio que éramos. El primer día fuimos al super para aprovisionar, íbamos a estar dos días aquí y eso nos permitía hacer la compra y usar la nevera (wow!). La primera noche nos pusimos a hacer tortilla para descubrir demasiado tarde que la kitchenette no tiraba ni huevo, así que tardamos más de dos horas en preparar las patatas, pero al final la cosa salió bastante bien. Al día siguiente salimos hacia Waiotapu, uno de los highlights de la zona.

Waiotapu es una extensión volcánica con fumarolas, géiseres y lagos de colores raros debidos a elementos químicos del inframundo. En Islandia vimos algo parecido, en Krafla,  que me pareció flipante, un paisaje marciano en el que no había límites. Si te querías bañar en un pozo de ácido sulfúrico hirviente, pues tú mismo. Islandia era salvaje. Pero NZ no es lo mismo. El poder corruptor del imperio británico es extenso, y aquí TODO se paga, todo está rentabilizado de alguna manera y todo es parte de algún tipo de mecanismo capitalista. Así que yo que esperaba encontrarme un montón de agujeros fétidos en medio del monte, lo que me decepcioné un poco al encontrar un resort turístico que cobraba 35 dólares por ver los agujeros fétidos. Eso sí, estaba todo muy bien organizadito.

En el volcanic wonderland (así lo llaman, esto debería haberme alertado de su naturaleza sacacuartos), había un montón de pozos de ácido, azufre humeante, rocas amarillas y lagos de colores diversos. La visita llevaba un rato largo. Así que tuve que ir tachando items de la lista de cosas para visitar en Rotorua, ya que yo había pensado que esto era llegar con el coche, echar unas fotos y pa casa. Pero no.

Había multitud de pasarelas, banquitos y vallas, para que no te metieras en las aguas sulfurosas. Lo tenían bien montado, y dos horas después, bajo un sol abrasador ya estabas un poco como satisfecho de oler a rayos.

Curioso lago verde por el arsénico. Esto no había en Krafla

Así que estuvimos un buen rato en el recinto y a medio día nos fuimos a comer a un parquecito cercano a Waiotapu. Junto a la entrada había un géiser, pero por alguna razón sólo se podía ver a las 10.15 am, y nos lo habíamos perdido. Así que preguntamos si se podía ver al día siguiente con la misma entrada que habíamos usado y nos la sellaron.  Lo cual requería que al día siguiente volviésemos a huevo podrido land.

El géyser estaba marcado como otro highlight para visitar rollo aparco el coche, echo fotos,  me voy. Pero esto me hizo tacharlo de la lista también, que se iba acortando. También nos habían dicho para ver un espectáculo maorí de danzas y movidas (parece que en Rotorua viven muchos maorís). También lo taché porque costaba un ojo de la cara entrar a una especie de museo al aire libre de cultura maorí que acababa con la danza esa.

Y cerraba a las 5, como todo, así que tampoco teníamos mucho tiempo para verlo después de pagar esa cantidad. Igual mañana. Así que nos fuimos a un río de aguas termales que estaba cerca y donde había bastante gente bañándose. Lo importante es que era gratis.

De vuelta en Rotorua nos metimos al bosque de secuoyas de Whakarewarewa, donde había un recorrido por unas pasarelas elevadas entre los árboles, que nuevamente te sablaban. Por suerte, se podía hacer el mismo recorrido, y otros, gratis, si ibas a nivel del suelo. Así que es lo que hicimos.

Las secuoyas de aquí no son las californianas y desde luego no son tan impresionantes como las de Mariposa Grove, pero aun así tienen su impacto. Son grandes y rojas y con la corteza fibrosa. Y el paseo está más que bien, y se agradecía un poco de sombra, que llevábamos todo el día expuestos al sol y a los vapores pestilentes. Aquí olía a bosque (mayormente, ya que también había alguna poza cadavérica)

El paseo concluía en una zona de bosque tropical típico de NZ con sus helechos gigantes y árboles densos.

Al acabar, nos fuimos a tomar una cerveza, que después de todo el día danzando ya se echaba en falta. Encontramos un garito, the Pig and the Whistle, al que fuimos porque nos hizo gracia el nombre. Luego descubrimos que estaba metido donde antiguamente había una comisaría, así que lo del cerdo y el silbato igual iba con intención. Esa noche, ya conociendo la kitchenette hicimos una cena más rápida, y después de concursar en un juego que nos inventamos, en el que veíamos vídeos de la MTV  clásica y teníamos que adivinar de qué año era la canción, nos fuimos al sobre.

Al día siguiente nos levantamos con el ánimo para ir a ver el condenado géyser (media hora de coche para ir, media para volver). Yo sobre todo tenía intriga por saber por qué narices sólo se podía ver a las 10.15 am. Cómo sabía el géyser qué hora era?? Bueno fue un poco fraude. En primer lugar nadie nos pidió la entrada (así que si alguien viene a verlo puede entrar gratis). En segundo lugar, el géyser no es exactamente un géyser, es más bien un volcán de esos que hacen los niños para la clase de ciencias. Tiene agua con cierto carácter ácido, e hirviente, en su interior. Y le echan algún tipo de jabón o pastilla básica, y la reacción del ácido con la base hace que explote durante un minuto. Por eso está sujeto a horario, viene una chica y pone las pastillas y explota, y todos pa casa. Y en tercer lugar, como géyser tampoco era muy impresionante. Cualquiera de los géyseres cutreibol de islandia que rodeaban al principal eran mucho más guapos que este.

Ahora teníamos dos opciones, seguir explorando huevo podrido land, yendo a otro volcanic wonderland que había unos kilómetros más arriba, y que costaba otros 40 pavazos, o viendo lo de los maorís… oooo… ir a Tauranga, una ciudad costera, una de las más bonitas que hemos pisado en NZ. Elegimos B.

Tauranga está un poco por debajo de la península de Coromandel y es una ciudad muyyyyy bonita. Tiene una playa larguísima de arena blanca (8-10 km), y aguas azul turquesa. Además la parte urbana es agradable, como una de esas pequeñas localidades surferas californianas. Como tardmos dos horas en llegar casi se nos hizo la hora de comer, así que dimos un paseo breve por una colina que hay junto a la playa, que tiene unas vistas increíbles, y luego nos fuimos a comer. No buscamos mucho. Encontramos un sitio que se llamaba FAT COW. PERFECTO. Resultó además que estaba llevado por varios hispanoamericanos con los que nos entendimos rápidamente. Tenían un horno de leña en el que hacían la carne a fuego muy lento, así que todo estaba buenísimo. La cerveza en botellas que parecía orín, también.

Después de comer nos fuimos a la playa donde yo como un zeneke no me pude bañar porque no había metido bañador. Pero bueno le di un buen arreón al libro, y me remojé los pieses :D

La vuelta a AKL llevó casi 3 horas, pero sin tráfico se lleva mucho mejor. Tocaba volver a las redes neuronales una vez más.

Pero venía una  semana corta!

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