27 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 2: Apuñalando al duque

Nos levantamos con diligencia en el Baxter hostel, tras una noche de buen sueño en el que ni los bramidos de Iñigoch habían interrumpido nuestro dormir. El desayuno del Baxter incluía tostadas y café, y probablemente también huevos, aunque no teníamos mucho tiempo para delicatessen. Fuimos a por el coche a la estación, donde Europcar volvió a colárnosla. Y ya van N. Para empezar, habíamos alquilado un Opel Corsa y nos dieron un Kia Rio, que serán de la misma categoría pero definitivamente no son lo mismo. Para seguir, nos contaron la batalla de que tenían una movida que podíamos devolver el depósito vacío y que si lo devolvíamos a menos de 1/4 nos salía a cuenta frente a rellenarlo en una gasolinera. Luego vimos lo que costaba la gasolina y vimos que no sólo no habíamos salido ganando si no que habíamos perdido un buen puñado de euros. Por último el coche tenía una marca considerable que no nos habían apuntado, y que como estábamos curados de espanto del viaje a Suiza les hicimos anotar. En fin, con nuestro Kia Rio salimos hacia la conducción por la izquierda. No nos pareció extremadamente difícil, pero cada uno teníamos nuestros vicios: Unaigh se arrimaba al centro de mala manera, y yo me arrimaba a la izquierda, ambos por falta de referencias al ir por el lado contrario. De pronto a tu izquierda hay un montón de coche, en vez de sólo una puerta, y parece que hay mucho hueco, así que yo tendía arrimarme en exceso. Unaigh se iba al centro (no sé por qué). Por otra parte, el cambio de las marchas con la izquierda y al revés se me hizo un poco raro, y estirar el brazo para meter primera, no sé por qué, pero no me daba el brazo o qué se yo. El caso es que muchas veces metía tercera en vez de primera, y claro en alguna ocasión ya me dejó tirado en una cuesta arriba con una cola de impacientes detrás. Pero en general bien. Lo que era más inquietante era la sensación de no saber nunca cuál era el límite de velocidad, ya que había cámaras para los que se pasaban, pero no había ni una señal. Así que un poco tensión.

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Y al sooon de las gaitas Las líneas del margen no quiiise pisaaaar… No te vayas a la izquierdaaa si no quieres que me mueraaa contra un poste no te vayas a la izquieeeeerdaaa

Y luego estaba el maravilloso clima escocés. A media mañana paramos a comprar pan y provisiones y estaba lloviendo tan horizontalmente que en el camino del coche a la tienda me calé, pero sólo por uno de mis costados. La mitad de mi cuerpo estaba completamente seca. Una especie de Harvey Dent de la caladura :D

En fin, coches al margen, el plan era subir hasta Inverness, para lo que teníamos que hacer unos 400 kilómetros (a los del alquiler les parecía lejísimos, pero no era más que un Bilbao – Madrid). Eso sí, no había autopista más que en una parte del recorrido, el resto por carreteras infernales y a 60. Así que nos iba a llevar un buen rato. Para amenizarlo, por el camino parábamos en el Castillo de Blair. Este castillo pertenece al duque de Atholl, algo que no dirá nada a prácticamente ningún lector. La cosa es que en la enredada historia de Escocia y sus relaciones con Inglaterra hay mucho de aristocracia, familias, herencias y títulos disputados. Como en toda Europa, pero más british porque aquí desayunan huevos con beicon. Entonces todos los castillos que hay diseminados por Escocia han sido de escoceses, que después bajo sometimiento inglés han pasado a manos de aristócratas ingleses, pero luego volvieron a manos escocesas  (en caso de que no fueran arrasados)… y en muchos de ellos siguen viviendo o estando a disposición de los nobles varios. dscf5700 dscf5701

El castillo estaba bastante bien, aunque se había quedado anclado en otra época pero se puede hacer una visita detallada de todas sus estancias, básicamente para conocer el estilo de vida del duque: cuándo caza, dónde come, dónde duermen sus hijas o cómo le gusta que le pinten como a una de sus chicas francesas.

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También tenía muchas cornamentas en un salón de baile. ¿Sería un “guiño guiño” a las parejas que habían pasado a bailar aquí?

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Después del castillo pudimos ver los jardines, espectaculares, las caballerizas, y el tercer pino más grande del Reino Unido (le Royaume Uni, trois points). Allí comimos en unos agradables banquitos, nuestro jamón de Claudio con pan cutre local en lo que una vez más vendría a convertirse en la tónica habitual de las comidas (aunque aún faltaba la tónica habitual de las cenas, que hoy inauguraríamos).

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Y por la tarde… Castillo! Cerca de Inverness está el castillo de Cawdor, pasando los campos de batalla de Culloden (que recuerdan al muñeco de Bart: Culozilla). Este castillo era conceptualmente lo mismo que el otro: aristócrata, habitaciones del aristócrata, cocinas y habitaciones de la plebe, y jardines chachis. Sin embargo, siendo más pequeño, también era mucho más pocholo y  más castillo, tenía incluso un dungeon.dscf5715 dscf5719

y un puente levadizo…dscf5722 dscf5724 dscf5731 dscf5732 dscf5738

Y los jardines tenían nenúfares y cardos azules, flor de Escocia (no,  el de la foto no es un cardo azul). La visita fue sustancialmente más corta, fundamentalmente porque el castillo es más pequeño. Después arrancamos hacia Inverness, ciudad con nombre muy parecido a Invernalia, pero que no hace tanto frío. Por lo demás deben de parecerse bastante. En realidad, la parte de -ness de su nombre hace refencia al río Ness que la atraviesa, que proviene del lago Ness. La parte Inver-… pues no sé, pero de verano seguro que no.

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Inverness no tiene gran cosa que ver, pero el paseíto junto al río Ness es agradable, y frío. Aunque en Escocia no hay prácticamente grandes picos con nieves perpetuas, el agua que viene de las cumbres del interior trae bastante frío. Al final la latitud casi 60º es lo que tiene.dscf5744

Después del paseo descubrimos que a pesar de la luz que había, que parecían las seis de la tarde, era bastante más tarde, quizá las 9, ya que estas latitudes también son propicias para los días muy largos en verano. Así que salimos en busca de un restaurante, pero después de varios intentos y que nos quitaran un par de ellos en las mismas narices, conseguimos mesa en un estupendo italiano del centro, donde los tres comimos de forma casi automática espaguetis carbonara.

Tras la cena marchamos a conocer el ambiente local y dimos con un garito aparentemente auténticamente escocés, con música en directo  y birras locales y de fuelle, como ya venía siendo costumbre. En una de las canciones el tipo empezó a preguntar nacionalidades a todo el público y todos fuimos descubriendo que el único escocés que había en el bar era el camarero.

Al final, nos largamos hacia el hostel, un espartano alojamiento muy cerca del centro que nos había costado cuatro duros, y como tal estaba conservado y decorado. Bueno, no estaba tan mal.. al día siguiente íbamos a ir a otro hostel de esta misma cadena en Skye que nos había costado menos aún.. y ahí descubriríamos el auténtico cutrerío.

11 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 1: Gaitas y puñales

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La British nos llevó hasta Edimburgo eficazmente y para las seis de la tarde ya estábamos en el Baxter hostel, dejando maletas y preparándonos para visitar un ratito la capital. La chica que nos atendió nos preguntó qué pensábamos ver en el festival de teatro y actividades callejeras que estaba teniendo lugar en ese momento, algo de lo que no teníamos ni idea, pero ya era buena chanza aterrizar en Edimburgo en pleno festival de teatro. Así que acompañando a la super nube gris y a la lluvia intermitente,  tuvimos a una variedad de músicos, magos, actores y artistas varios a lo largo de toda la milla real.dscf5681 dscf5677

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Edimburgo es una ciudad agradable con buen ambiente,pero más allá del castillo tampoco tiene mucho para ver. En seguida se nos fue haciendo de noche  y empezamos a buscar un lugar para saciar las ansias de Unaigh.

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Encontramos una especie de recinto ferial con comida callejera, bebida y música en directo que estaba muy bonito y agradable y decidimos pincharnos allí mismo unas hamburguesas. La de Unaigh de haggis, para no defraudar.

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Las patatuelas no podían faltar.

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Pero a lo que íbamos: había que buscar un buen garito para tomar cerveza, a poder ser de esas de fuelle. En la calle Rose pudimos encontrar un pub estupendo donde habñia gran variedad de birras y mayoría de público escocés, lo cual siempre era  de agradecer.

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dscf5694Salimos contentos del bar y aunque ya era un poco tarde, teniendo en cuenta que al día siguiente salíamos pronto hacia el norte, buscamos otro local donde probar nuevas birras artesanas. Encontramos un nuevo antro cerca del hostel, al lado  del apple store, donde además de la cerveza encontramos una nutrida banda de jazz que nos quiso cautivar con canciones y música ligera. El swing y el encanto del local hacían que sólo echáramos en falta unas bolsas de papel marrón recubriendo nuestras bebidas y unas flappers bailando lindy hop en el centro del local.
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Para media noche ya estábamos en nuestras lujosas camas del baxter hostel, aunque no duraríamos mucho allí. Inverness esperaba.

20 Jul

Ganador Europorra

La Euro acabó ya hace dos semanas y aún no he publicado nada!

Unai ganó de forma ajustada e inesperada, certificando la potencia de la europorra, que tal como se pensó al diseñarla, puede ser ganada por cualquiera, aunque no tenga ni idea de fútbol. Además, alguien que sí que sabía bastante de fútbol como Bea estuvo liderándola todo el campeonato, pero finalmente se tuvo que conformar con los 44 euros de la segunda plaza.

Aún queda por hacer entrega del premio de consolación, una estupenda chapa de Calabacín, que será entregada cuando me cruce con quien perdió la euro!

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Camellito ganador de la competición!

21 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 11: Es oficial: odio Ginebra

Calor.

Y macarrones con queso para cenar del italiano “asequible”.

Fórmula mágica del no-descanso. Un estómago ácido y rebelde y sudores en la cama.

En Ginebra hacía mucho calor, y a diferencia del día anterior, que teníamos nuestro hotel con spa, hoy nos teníamos que ir a las 11 y después no teníamos dónde caer muertos hasta las cuatro.

Después de desayunar en un infame café cercano al hotel, con un vaso de zumo de 10 ml por 4 euros, nos fuimos a dar un garbeo por el centro y la zona de la colina, que ya conocíamos, pero que tampoco había otra cosa que hacer. El calor era asfixiante, y nuestro cansacio nos tenía medio adormilados.

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Al final, tras vagar por las calles arrastrando los pies de forma indefinida, acabamos sentándonos en un parque a ver cómo unos viejos echaban múltiples partidas de ajedrez gigante.

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Cuando empezó a haber algo de hambre buscamos un sitio para comer, y acabamos, efectivamente, en un italiano. Esta vez en uno de la cadena Vapiano, que tiene la peculiaridad que te dan una tarjeta y luego vas tirando de ahí y al final la pagas, lo cuál en el fondo es una chorrada máxima. Y caro. Pero bueno servía para los propósitos bucheros.

Frente al italiano, una pintada en una pared lo decía todo: “Geneve cité morte!”. La firmaba alguien de Zurich. Por lo visto Ginebra no gusta ni a los propios suizos. Es verdad que era una ciudad muerta, con mucho lujo y muchos Porsche, muchos trajes y muchos Patek Philippe, pero sin alma. Un agujero negro de la corrupción del mundo empapelado con bonitos billetes de 100. Y encima hacía calor.

Huimos de allí sin entretenernos mucho, pero cuando llegamos al aeropuerto, todo el calor que había estado haciendo todos nuestros días en Suiza quedó compensado con la madre de todas las tormentas, que convirtió el cielo en noche profunda e hizo que nuestro vuelo se retrasara más de una hora. Bien, un poco más de tiempo para disfrutar de la cámara acorazada del infierno.
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Tras unas buenas partidas de 2048, pudimos coger el avión y largarnos de allí.

Qué bonito es Bilbao.

15 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 10: El Montblanc desde cerca

Nos levantamos muy pronto. Teníamos que ir a Ginebra a dejar a Einigen en el aeropuerto, subiendo antes al Aiguille du Midi, un pequeño resort turístico a 3842 metros desde el que uno puede tirarse montaña abajo por infinitas pistas de esquí, o trepar al Montblanc por las peliagudas rutas que nos había descrito Einigen, que lo había coronado una semana antes. Para subir a esta estación hay un teleférico por unos módicos 60 euros, que en 20 minutos te pone arriba. Los 60 euros son un precio tirando a asequible, conociendo los precios de los teleféricos suizos; pero ahora estábamos en Francia, y las cosas no tenían precios de locura. A pesar de levantarnos a eso de las 7, para estar en la puerta del teleférico cuando abrieran, cuando llegamos ya había una cola aberrante, y tuvimos que esperar cerca de una hora. Chamonix estaba hasta las cartolas de gente, y claramente todos tenían pensado subir a Aiguille du Midi por una u otra razón. Al final conseguimos que nos empaquetaran a eso de las 9, y descubrimos una “feature” curiosa del transporte: hay que coger dos teleféricos, ya que hay un intercambio en el medio. Y no cabe el mismo número de gente en uno y en otro, por lo que en uno de los dos sentidos había riesgo de quedarse fuera si no andabas vivo. De ahí que las colas estuvieran llenas de gente tensa.

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Al llegar arriba uno se daba cuenta de los 60 euros están bien justificados. A parte de las vistas del Montblanc y Montblanc du Tacul, se podían ver muchos otros picos del macizo montblanc, valles blancos surcados por esquiadores, alpinistas acampados, gente que volvía de su expedición al Montblanc, y escaladores trepando los picos más cercanos.

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Estuvimos echándonos fotos un buen rato, poses de unos tipos y otros, panorámicas, no tan panorámicas, detalles de los alpinistas que andaban por allí… Al final decidimos coger el teleférico de bajada ya que entre lo que habíamos tardado en coger el de subida y el tiempo que habíamos pasado arriba, se nos había echado el mediodía. Einigen estaba solo abajo, ya que no había subido porque hacía una semana campaba por aquí, bártulos de alpinista en mano.

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La bajada fue mucho más tranquila, casi no había gente para bajar, ya que muchos lo hacían esquiando, y otros lo hacían en otro miniteleférico que había en la cara sur, que llevaba a Italia. Abajo nos encontramos con Einigen, más que aburrido, y fuimos al ya clásico sitio de las hamburguesas a comer. Tras la breve parada salimos pitando hacia Ginebra, otra vez a Suiza :(.
Tras dejar a Einigen en el aeropuerto, fuimos a devolver el coche, donde tuvimos otro encontronazo con los suizos. Resulta que el coche tenía una rayita blanca de menos de 4 cm en una de las puertas. Una raya mínima. El tipo de la compañía nos dijo que eso teníamos que pagarlo. Algo bastante poco habitual, ya que hemos alquilado con esa compañía en muchos países y nos han aceptado desperfectos mucho mayores sin mayor problema. Al final, aparcando en mil sitios siempre te dan algún toque. No podíamos objetar mucho, de todas formas, te entregan el coche de una manera y así hay que devolverlo. Las formas si que fueron objetables. Por un lado, nos vendió la moto que tenía que llamar al perito y que nos podía ofrecer un pago fijo de 300€ y que nos olvidáramos de la peritación. Sonaba a timo por todo lo alto, ya que nos lo estaba vendiendo como “os voy a hacer un favor y os hago una especie de franquicia”. Pero después, y sin que nosotros objetáramos nada a tener que pagar, nos empezó a soltar un rollo de “ya sé que en España estas cosas no son así, pero en Suiza esto hay que pagarlo y blablablabla”, muy condescendiente y bastante estúpido. Le dimos la pasta, nos largamos y pusimos una reclamación en la valoración del servicio que nos pidió la compañía. No hubo repercusiones, que sepamos. DSCF4536

El caso es que teníamos toda la tarde en Ginebra bajo un sol de justicia, 40 grados y una humedad brutal. Empezamos visitando la parte vieja, que anteriormente no habíamos visto, pero al final nos rendimos al calor y acabamos yendo al lago a tomar una Heineken de tercio por casi 6 euros. DSCF4535No tardamos mucho en ir al refugio, un hotel bastante decente en el centro que no nos había costado mucho, considering, y que tenía spa. La clave era el spa, y ahí le dimos.

20 May

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 9: El Montblanc desde lejos

Pues nada, se acabó Adelboden. Era nuestro último día y partíamos hacia el sur. Dejábamos atrás Suiza, por el momento, no sin antes recibir un último latigazo swiss style. Tras desayunar limpiamos la casa, impeccabile, y bajamos a donde el simpático gordito barbudo que nos la había alquilado. Simpático? Olvidábamos que era suizo. Cuando fuimos a pagar el gusano de él se sacó de la manga una “cuota de limpieza” que había estado oculta hasta ahora, y por la que nos iba a cobrar casi 300 euros en concepto de limpieza. La casa nos había costado 500. 60% de recargo por limpieza. CRACKS. Sois unos cracks, suizos.

Nosotros habíamos firmado algo ambiguo que de alguna manera nos ataba, y no discutimos. En la página de booking del tipo no ponía nada (al menos no de forma clara de cuánto te iban a sablar). Así que si vais a Monica House, ya sabéis. Suiza en estado puro. Einigen gozaba. Con su peladura de pasta habitual, gozaba.

En fin, salimos hacia Francia, parando en el puentecillo metálico que a Unaiguille le hacía ilusión, y no paramos ni una vez más hasta haber cruzado la frontera. Íbamos a Chamonix. Ya que no íbamos a hacer el tour Mont Blanc, al menos podríamos ver el Mont Blanc.

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Tardamos nuestras buenas dos horas para llegar hasta Chamonix, donde Einigen había pasado prácticamente una semana antes de que llegáramos, preparándose para el ascenso al Montblanc. Así que cuando llegamos, Einigen nos hizo de guía en primer lugar por los restaurantes, ya que era hora de comer, y nos llevó a uno de hamburguesas bastante fino, al final de la calle principal. Fuimos al hotel a echar una pequeña siesta , tras la cual, Unaiguille quería ver tiendas de deporte y montaña, que como es de esperar, proliferan en Chamonix.

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El Montblanc estaba siempre presente, a lo lejos, mientras íbamos de tienda en tienda viendo los múltiples y caros chismes que uno puede comprarse para ir al monte. Después de horas de visitas, las compras se redujeron a un arnés. Aunque nos aprendimos hasta los nuevos modelos de chupas antiagua- antiviento-antifrio-antiperros de las marcas más conocidas y las menos. Por qué no visitamos Mamut ahora? hum he visto que allí está North Face! Y así.

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Al final nos sentamos en una terraza que estaba justo en frente del sitio en el que habíamos comido y en la que las birras entraron muy bien mientras una banda que tocaba una especie de versiones funk de temazos amenizaba la tarde. Esperando ver el concierto entero, estuvimos allí un buen rato, pero el concierto seguía y seguía y nosotros nos fuimos a dar un garbeo por Chamonix, para ver nuevas perspectivas del Montblanc.

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Cuando volvimos del paseo, la banda seguía tocando. Llevaba 3 horas. Hacía hambre así que decidimos acercarnos a un italiano molto raccomandato que Einigen había probado y quería volver. Había una cola considerable así que tuvimos que esperar cerca de una hora, durante la cual dimos vueltas por Chamonix, mientras la banda seguía tocando. No podían quedarles muchos temas… Al fin se hizo un hueco en la pizzeria des Moulins, donde tuvimos que esperar otros buenos 45 minutos para que nos dieran las pizzas. Que eran bocatto di cardinale, pero que con el hambre que teníamos para entonces no llegamos ni a saborearlas.

Cuando salíamos, increíblemente, la banda seguía tocando, y llevaba ya para 5 horas. Hay que tener repertorio, energía y ganas.

Nosotros nos fuimos al hotel, ya que al día siguiente subiríamos lo más cerca posible del Montblanc.

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