17 Ene

Sugar-free January

Este mes (del 9 de enero al 9 de febrero) me he propuesto no comer nada que lleve azúcar añadido. Todo empezó cuando hablaron del nuevo impuesto a las bebidas azucaradas y oí a varios expertos en diferentes medios hablar de lo innecesario que es el azúcar en las cantidades que lo ingerimos normalmente, y de una necesidad creada y blablabla. Oyendo aquello, me propuse estar un mes sin comer ni beber absolutamente nada que llevara azúcar añadido, y que toda la glucosa que entrara en mi cuerpo, que por otra parte, uno no puede vivir sin nada de glucosa, entiendo, lo hiciera a partir de “fuentes naturales”, básicamente de fruta y ocasionalmente miel. Me puse a indagar por internet si esto podría tener algún tipo de riesgo, por si acaso, y lo que descubrí es que esto de estar un mes sin azúcar es una especie de moda, que intenta seguir un montón de gente, aunque no todos lo consiguen. Lejos de ser arriesgado, varios médicos lo recomiendan, e incluso dan pautas para conseguirlo.

Al margen de los alarmismos del tipo “el azúcar mata”, que entiendo que aplica  a quienes se meten 2 litros de coca cola al día, pero no a los que consumimos azúcar moderadamente, el punto es que mi interés sobre esta cuestión está sobre todo centrado en saber cómo de difícil es comer sin azúcar (encontrar comidas, comer fuera de casa..) y si iba a experimentar alguna especie de mono o algo así, ya que es fácil encontrar opiniones del tipo “esto es como una droga”. Me han preguntado varias personas si hago esto para adelgazar, y no, si después de un mes voy a seguir comiendo normal, por mucho que adelgace, en caso de que lo haga, no creo que sea muy práctico buscar eso. Otra cuestión interesante que me ha surgido al leer el artículo es que hay gente que consigue acabar el mes y al volver a tomar azúcar hay algunos alimentos que no les gustan, por ejemplo embutidos (para los que el azúcar se usa como conservante, y parece que no notamos su sabor hasta que nos hemos desacostumbrado al dulce). Así que, en pos de satisfacer mi curiosidad, me puse al tema, y tras mi primera semana voy a poner algunas de las impresiones. Mi propósito, ya que tengo algo abandonado el blog, es poner las evoluciones cada semana, aunque creo que una vez me acostumbre no voy a tener mucho que contar.

Día 0: haciendo la compra para mis nuevas comidas, y descubriendo algunos horribles secretos

Un par de días antes de empezar fui a la compra para reemplazar todo el dulce “obligatorio” que como, que básicamente se reduce al pan (sí el maldito pan lleva azúcar), y las galletas del desayuno. Tengo que decir aquí que quitando el chocolate, que como con auténtico vicio, no soy especialmente goloso, ni bebo bebidas azucaradas, ni echo más de media cucharada al té, así que pensaba que iba a ser una cuestión relativamente fácil. A parte de las galletas que como por comer algo sólido por las mañanas en poco tiempo, y el pan, que siempre apetece, cualquier otra cosa dulce en principio no iba a reemplazarla, si no simplemente a quitarla.

Antes desayunaba un té con 6 galletas chiquilín, que no van escasas de azúcar. Mi reemplazo es un té sin azúcar y un yogur blanco mezclado con copos de cereales. Encontré una marca dietética de copos en Eroski que no llevaban azúcar, porque los cereales de desayuno llevan todos. El pan fue mucho más complicado, como no me voy a recorrer 10 calles cada día para ir a alguna panadería chachi que tenga pan especial, busqué unos biscotes, pero lo único que encontré fueron unos que no tienen azúcar ni sal. Me costó tanto encontrarlos que cuando probé su sabor a auténtico serrín tampoco le di mucha importancia.

Biscotes Sannia, prácticamente no llevan ni comida. Pero azúcar sí

Biscotes Sannia, prácticamente no llevan ni comida. Pero azúcar sí

 

Contiene azúcares naturalmente presentes, pero no le han añadido azúcar! Éste es el mío!

Contiene azúcares naturalmente presentes, pero no le han añadido azúcar! Éste es el mío! (lo del abrefácil es irrelevante porque me he comido los dos paquetes de biscotes en 4 días)

Las comidas son lo menos importantes ya que rara vez como algo dulce salvo el chocolate del final, del que hablaré luego. Para los pintxos de media mañana del curro el plan era llevar fruta. Mucha fruta. Y mis cenas se componen habitualmente de ensalada (OK!), fruta (OK!) un yogur blanco (OK!!) y algo de proteínas, generalmente algún tipo de pescado en conserva o jamón de pavo, queso, y mucho pan. Bueno ahí había que hacer alguna reforma. Pero no había problema, los reyes majos me habían traído un lomo y un chorizo que iban a reemplazar al azucarado jamón de pavo y tan contento.

no...

no…

 

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Pero… no tardé en descubrir que mi lomo y mi chorizo… TAMBIÉN TENÍAN AZÚCAR!

Día 1: Empieza el reto

El primer desayuno a base de una especie de pasta de yogur y avena y el té sin azúcar fue horrible de sabor (o de sinsabor), pero me quedé bien.

Hello darkness, my old friend

Hello darkness, my old friend

Bien es cierto que no soy de desayunar muy fuerte. Como era el primer día, estaba un poco demasiado centrado en mi reacción, hasta el punto de que creo que yo mismo generé sensaciones que en otro caso no habrían estado, como un sabor metálico en la boca toda la mañana y una especie de ansiedad constante por comer. A media mañana, en vez de los clásicos emanems o la bolsa de patatas o la palmera de chocolate, me comí un plátano y una naranja, algo que de ordinario puede llenar bastante. La cosa es que como estaba con el ansia esa me quedé con la sensación de que me faltaba algo,  que yo percibía como hambre, aunque dudo de que lo fuera. La hora de la comida fue lo más difícil. Como comemos fuera, hay que elegir cuidadosamente lo que se pide, y aunque probablemente pedí lo que habría pedido en circunstancias normales, el hecho de tener algunos platos vetados (como por ejemplo la pasta con tomate, ya que el tomate lleva azúcar). Comí bastante, lentejas y pechugas, y de postre cuajada. Pero al no comer algo dulce para terminar me volví a quedar con esa sensación de que faltaba algo. Lo pasé mal mientras nos servían y esperábamos y todo el mundo estaba comiendo pan y yo estaba mirando. No soy de comer mucho pan durante la comida, pero mientras espero me puedo comer una barra entera. Una cosa interesante de esta especie de experimento es darme cuenta de la ansiedad con la que como a diario, que a parte de comer rápido (algo que todo el mundo me recrimina) me hace comer mucho pan, untar mucho y en general ponerme hasta las cartolas. Si esto sale bien supongo que una de las cosas que sacaré en claro será reducir ese ansia.

Para merendar comí un pedazo de chorizo palacios (el único que he encontrado que no tiene azúcar ni dextrosa ni otras -osas), con mi maravilloso pan de serrín. Después de la espartana merienda, salí a correr (algo que normalmente hago después de pincharme 8 onzas de chocolate), y la verdad es que aguanté bastante bien. Igual es que tampoco hace falta azúcar para correr los escasos 5 km que corro yo. Cené básicamente ensalada, un puré de calabaza que había sobrado por ahí y fruta, una cena que normalmente, simplemente por comer un poco de jamón me habría dejado más que lleno. Pero nuevamente me quedé con las ganas, como con un hambre insaciable.

 Una semana bastante normal

El resto de la semana pasó bastante normal, seguía experimentando esa especie de ansia después de comer cualquiera de las comidas (excepto el desayuno), como que faltaba algo, pero en cuanto me distraigo un poco se me olvida. Salvando todas las distancias, la situación me recuerda un poco a esas personas que fuman poco, sólo en contextos muy concretos (justo al desayunar, después de comer, cuando se toman una cerveza…) y lo intentan dejar, y les cuesta porque ya no es tanto un problema de lo adictivo que es el tabaco, si no de quitar un hábito que completa algunas de tus acciones. Supongo que el tabaco es más complicado porque lleva  sustancias para volverlo adictivo, pero la cuestión es que la supresión de la parte dulce de mi dieta parece una cuestión de hábitos. Es decir, los emanems de media mañana no los como porque tengo hambre, ni una demanda de azúcar, si no por que necesito comerlos. De hecho, pensándolo bien, cuando estoy de vacaciones, fuera de mi contexto habitual, no suelo tener esos hábitos y tampoco lo echo en falta.  Otra cosa diferente es la eliminación de las partes no-dulces de la dieta (pan, salsas, embutidos, …), algo que en el fondo, me está costando mucho más. Algún día me he visto echando mano del pan, pellizcando un pedazo y acercándomelo a la boca, para darme cuenta en ese momento, de que eso no podía comerlo,  ya que tan rápido como en 4 días, me he olvidado del sugar-free january, y no es algo a lo que le estoy dando vueltas todo el rato. Otro día lo pasé mal al ver los macarrones con tomate en el menú y no poder pedirlos. A cambio me comí tres platos de lentejas. Los días que voy a la uni, que no me llevo fruta, mientras todos comen palmeras y cosas gordas, yo me saco un té. El segundo día me saqué un pintxo de tortilla, pero le quité el pan y el jamón, así que se quedó un poco deslavado.

Tortilla de la uni, sin pan.

Tortilla de la uni, sin pan.

 

Vamos a completar la tortilla de la uni con unos frutos secos de la máquina.... Ah.. maltodextrina... alguien quiere cacahuetes con azúcar?

Vamos a completar la tortilla de la uni con unos frutos secos de la máquina…. Ah.. maltodextrina, vieja amiga… alguien quiere cacahuetes con azúcar de maíz?

A nivel de “adicción”, creo que nunca he sido adicto a nada, así que tampoco sé qué significa experimentar un síndrome de abstinencia, pero dudo muchísimo que dejar el azúcar me haya producido algo ni remotamente similar.  Me encuentro bastante bien físicamente, de buen humor (incluso mejor que antes), estoy durmiendo mejor que las dos últimas semanas (aunque dudo que pueda achacarlo a mi dieta) y no he percibido ningún cambio salvo esa ansiedad durante y después de las comidas.

En general, puedo decir que lo más complicado de este asunto para mí (que nunca  he hecho una dieta, ni creo que vuelva a hacerla a menos que me obliguen), es la consciencia de tener algo vetado, incluso cuando se trata de algo que no habría elegido comer; y por otro lado (y esto no sé si es un poco TOC) la sensación de que una comida no ha acabado hasta que me como algo dulce, de que falta algo para cerrar la acción de comer, de la que puedo acabar muy lleno, pero no saciado.

Siendo esto así, me he metido esta semana un par de comidas bastante excesivas, intentando llenarme y esto que todo el mundo me dice que a ver si hago lo del azúcar para perder peso, se está viniendo abajo. El lunes pasado, después de la navidad y sendas comidas copiosas el viernes y domingo anteriores, pesaba 78 kilos. Hoy por la mañana pesaba 79. Mi báscula no es muy de fiar, pero creo que al estar experimentando ese ansia, estoy comiendo más que antes, así que no sé si éste es un buen camino para perder peso. Si acaso para otras cosas.  Veremos en tres semanas.

11 Ene

Calabacín en Caledonia, capítulo 4: Un dram de whisky y una puñalada en el pulmón

Menos mal que íbamos a huir de aquellas caravanas de la muerte. Yo no había dormido tan mal, pero me consta que Iñigoch y Unaigh habían sufrido ronquidos del tipo gigante que el día anterior se había sentado en el sofá ocupando dos plazas y media. Además, las caravanas tenían goteras y el hostel tampoco era el sitio más acogedor que habíamos visitado en nuestros viajes…

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La isla de Skye es grande, pero en un día en coche se pueden visitar todos sus highlights, siempre que no esperes subir a los montes Cuillin, extremadamente llamativos, pero que te pueden llevar 3 horas la ida y vuelta. Así que como íbamos justos de tiempo decidimos verlos desde abajo, ya que por la tarde teníamos visita a una destilería de whisky.dscf5818

En primer lugar fuimos a Portree, un pequeño, pero masificado pueblo pesquero que reunía bastante parte de la pesca de las Hébridas interiores, y en el que, al ser domingo, no pudimos ver nada, ya que sólo estaban abiertas las panaderías. Dimos una vuelta en todo caso, que en seguida se acabó, ya que el puerto era muy pequeño.

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Después de aquello arrancamos hacia los acantilados de Kilt Rock, unos escarpados barrancos rodeados de ocasionales farallones que se alzaban cerca de Staffin. Las vistas estaban muy bien, aunque probablemente fueran mejores desde fuera de la isla. dscf5824 dscf5827 dscf5830 dscf5836

Además, los viewpoints estaban plagados de mosquitos que se te pegaban y se metían en todas las cavidades. Eran mosquitos zeros como los de Nepal, pero mucho más pequeñitos. Aun sabiendo que iban a morir aplastados se lanzaban contra ti, y Unaigh descubrió dos días después que tenía la pierna llena de minúsculas picaduras. Así que se veía a los turistas que iban llegando acercarse a la barandilla del viewpoint y durar 30 segundos, hasta que salían disparados hacia el coche de nuevo.

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Seguimos nuestra trayectoria por pueblos tan exóticos como Brogaig, Flodigarry, Kilmaluag, Balgown, o Feorlig,  pensando que los antiguos escoceses vivían permanentemente con espinas de pescado atascadas en la garganta. Finalmente llegamos hacia la hora de la comida a Carbost,  habiendo rodeado toda la isla. Carbost se sitúa junto a un espectacular fiordo y se caracteriza fundamentalmente por ser la ciudad donde se encuentra la destilería de Talisker, que íbamos a visitar esa misma tarde. Según bajamos del coche se percibía ese delicioso olor a establo de la malta de cebada que lo impregnaba todo. Nos metimos en el primer bar que encontramos, esperando poder comer algo. Y vaya algo, tras ver el menú, decidimos que ÉSTE era el bar en el que por fin íbamos a probar el famoso haggis. El haggis es según te lo cuentan, una cerdada: vísceras variadas de oveja metidas en su estómago. Suena mal de narices, pero está delicioso.

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En realidad, se parece bastante a nuestra morcilla, que al final no deja de ser sangre de cerdo en su intestino. Pero claro, tiene truco, igual que la morcilla no es sólo sangre intestinada, el haggis no es solo pulmón estomagado. Tiene una fina mezcla de cebolla, avena, especias que hace que sea una comida muy rica (y calórica).  Tras mi plato de haggis con verduras y patatas , fuimos a todo correr a la destilería Talisker, para mí uno de los highlights del viaje, pues como muchos saben, soy un gran entusiasta de los whiskis escoceses (y de hecho mi mochila volvió llena de botellas).

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El proceso de destilación del whisky es aparentemente sencillo, pero tiene detalles muy clave como el agua, la madera, quemado y tiempo de envejecimiento, o el grado de tueste de la cebada para maltearla. Un escocés con acento imposible nos explicó todos esos detalles, la transformación del jarabe de malta en wort, el destilado de wort en wash, y en la última fase, el divertido pero importante concepto de angels’ share, la porción de los ángeles, que es básicamente lo que los ángeles se beben (lo que se evapora) de whisky cada año desde que es metido en las barricas, que hace que un whisky de muchos años no sólo sea preciado porque ha envejecido de forma extrema, si no por su escasez, ya que ha menguado progresivamente.  Al final de la visita hacen una cata donde te ofrecen Talisker Storm, en mi opinión uno de sus whiskis más vulgares, pero explican cómo beberlo, explican que es perfectamente lícito aguarlo (y bastante típico, dependiendo del tipo de whisky, ya que abre el sabor y el aroma) y que se degusta mejor con un vaso de agua para limpiar la boca y probar de nuevo cada sorbo como si fuera el primero. También nos contaban la diferencia entre single malt y blended, y es muy muy curiosa, ya que single malt significa que es un whisky procedente de una sola destilería, pero no de una barrica, como piensan algunos, ya que las barricas de una misma hornada se mezclan diversas veces entre ellas y con otras para igualar sabores y que no salga cada tanda con matices diferentes. Y un whisky blended lleva whisky de varias destilerías y no lleva años de envejecimiento, ya que no lo saben a ciencia cierta :D. Los whiskis signature, como el Talisker Storm, suelen ser blended, ya que buscan alguna cualidad específica en esa variedad concreta (como por ejemplo el Talisker 57, que tiene 57º de graduación alcohólica para representar que Carbost tiene latitud 57).

En fin, una grata experiencia en la destilería, tras la cual me hice socio del club Diageo de destilerías, que básicamente agrupa a prácticamente toda la producción de whisky escocés, y que te ponen sellitos cada vez que visitas una. Pero sobre todo, te dan un mapa de sabor, y grado de ahumamiento de todos sus whiskis, algo muy práctico cuando quieres comprar alguno.

DEspués de la destilería nos quedaba una pequeña porción de tarde, que dedicamos a ir a las Fairy Pools, una serie de cascadas suaves con pocitas en una larga ladera escocesa.

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Las fairy pools eran muy bonitas, pero lo más llamativo es que el agua estaba helada, pero estaban llenas de escoceses (y otros) echándose baños.

DEspués de las pocillas, estaba a punto de anochecer, así que tiramos para el Skyewalker hostel, el hostel más en medio de la nada en el que he estado (si quitamos Ósar, en Islandia, y el putiantro del camino de la muerte en Nepal), que no tenía conexión a internet, ni de teléfono, ni naada de nada, pero era agradable, acogedor, bonito, y había un montón de gente que al no tener internet ni teléfono estaban por allí danzando y tocando instrumentos raros y de alguna manera te empujaba a relacionarte.  Y más aún, tenía fuera una especie de iglú transparente con sofás donde la gente iba a echar unas cervezas y ver el cielo (aunque también había una china viendo una telenovela china mientras hacía una especie de contorsionismo). Skyewalker era uno de esos hostels de los que te da pena irte. Pero bueno, al día siguiente habría más.

 

12 Nov

Calabacín en Caledonia, capítulo 3: El puñal del lago Ness

Salimos prontito de Inverness hacia el sur para ver al monstruo del Lago Ness, que parece que le gusta salir por las mañanas. Aunque habíamos visto algún montruo más llamativo (ocupando él solo, sentado, un sofá de tres plazas) en el hostel de Inverness. Había mucha más gente peculiar, como un señor muy mayor al que habíamos visto varias veces a varias horas y siempre estaba vestido con traje, descalzo, y comiendo cosas muy raras. Pero en fin, Nessy llamaba, y nos piramos de aquel sitio.

dscf5748El lago Ness, per se, es un poco decepcionante. Es un lago sin más, largo, pero que no tiene un gran paisaje, ni una quietud llamativa, ni un monstruo. Cualquier lago cutreibol de los Alpes es mucho más chachi. Pero lo que no tienen en los Alpes es una historia de conflictos, guerras entre clanes, guerras con los malditos ingleses y tradición militar exaltada (bueno eso igual sí). Otra de las guerras que surgió en el Lago Ness fue la guerra de la puñalada en el pulmón, de la que se verán algunas referencias de poca importancia en esta narración. Surgió cuando Unaigh amenazó con apuñalar el pulmón de Iñigoch, y la escalada de amenazas mutuas fue creciendo insosteniblemente a lo largo del viaje. (“Iñi, que te apuñalo el pulmón” – “unai, que te perforo la pleura!”)

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Así que después de parar en un par de vista points que supuestamente iban a estar concurridísimos y por eso habíamos salido tan pronto, y en los que finalmente no había ni claus, tiramos un poco más al sur hacia el Urquhart Castle, una fortificación en ruinas a orillas del lago que ofrece unas vistas bastante impresionantes, y a la que fuimos prontísimo para que no estuviera muy lleno de turistas. Fuimos tan pronto que no habían abierto, ya que formaba parte de un recinto cerrado y de pago claro.

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Ya dentro se podía ver un trabuquete aún bien conservado y las pelotas de piedra que usaban para reventar castillos como ese, y las ruinas que quedaban, que estaban medio conservadas. Era una visita similar a las del día anterior, pero sin habitaciones de duques ni cocinas llenas de pucheros de cobre. Aquí sólo quedaban piedras. dscf5762 dscf5766 dscf5771

Unas piedras bonitas, though, con buenas vistas del lago y de la pedazo de nube de lluvia que venía desde el norte dispuesta a calarnos.
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Y así fue, la nube llegó, y nos caló a nosotros y a otro montón de turistas que tiramos a todo correr hacia el centro de interpretación, donde tenían un minicine y nos metimos a ver un vídeo de 15 minutos sobre el castillo en el que además de la historia, una vez más sembrada de guerras con los ingleses y cambios de manos, te contaban de nuevo el glorioso pasado militar de los escoceses, con sus clanes y sus blablabla. Uno empieza a darse cuenta de por qué los escoceses forman una de las alas del ejército británico más temibles.

Al salir de allí tiramos hacia Fort Augustus, que contra lo que parecía indicar su nombre, no era un fuerte, si no una pequeña ciudad. Entiendo que en algún momento habría sido un fuerte, pero en este momento era una turística población en el extremo sur del Lago Ness, y por la que pasaba el río Ness, que alimentaba el lago (y acababa atravesando Inverness). Lo más curioso de Fort Augustus, muy a pesar de sus embarcaderos y zona lacustre, era el llamativo sistema de cinco esclusas con las que barcos de buena dimensión podían bajar del río, que estaba elevado, al lago. Probablemente en algún momento aquí hubo una cascada, ya que el río discurre varios metros más alto que el lago; pero los fortaugustenses habían construido unas llamativas esclusas como las del canal de Panamá para pasar barcos, y pudimos verlas funcionar y como lujosos veleros empezaban con los camarotes a la altura de nuestra nariz y de pronto se hundían para poder pasar hacia la siguiente esclusa.dscf5779

Después de comer en un garito infecto (toda la comida era bastante británica por todas partes, por lo que para un día que no comíamos jamón…) salimos hacia la isla de Skye, donde pasaríamos los siguientes días.

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Pero antes pararíamos en el castillo que salía en la peli de la Trampa y también en el mundo nunca es suficiente, donde el Mi6 tenía su “base escocesa” o qué se yo. Pelis de Bond con Brosnan, esa aberración. Se trataba del castillo de Eilean Donan, y estaba emplazado a orillas de un profundo fiordo por el que se podría navegar hacia el Atlántico y las Hébridas. Este castillo es básicamente como los anteriores que vimos, pero mucho más espectacular, no sólo por dónde está ubicado, si no por cómo está decorado, por las estancias que se pueden visitar, que son más y  con más funciones (entre ellas salas de planificación militar), con pasadizos, y agujeros en paredes que permiten espiar reuniones en salas aledañas; además, en él tuvieron lugar muchas reuniones militares entre clanes que están de alguna manera representadas y son muy llamativas. Sin duda uno de los castillos más espectaculares que visitamos en todo el viaje.dscf5792

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Cuando salimos de Eilean Donan tiramos hacia Skye, que estaba a tiro de piedra, y sólo nos suponía cruzar un curioso puente muy empinado que une la isla con lo que ellos llaman “main land”, que no es otra cosa que otra isla más gorda, aunque eso de main land suene a continente.

Allí nos alojamos en un hostel con “encanto” en el pueblo de Kyleakin.  Dormir en Skye es como norma general muyyyyy caro. No hay muchos alojamientos, pero sí que hay mucha demanda, así que los precios se disparan. Nosotros sin embargo, habíamos encontrado un hostel por 10 euros la noche cada uno o algo así. Encima en un momento en el que llegábamos tarde y estaba prácticamente todo reservado. Cuando llegamos al hostel supimos por qué era tan barato. Nuestro maravilloso hostel era una casita cerca del mar, que no tenía mucho espacio, pero sí tenía muchísimos huéspedes. Tanto era así, que nosotros no íbamos a dormir “en” el hostel si no “junto” a él. Resulta que en el jardín posterior había unas antiguas caravanas que habían reconvertido en barracones y ambientado en star-trek y otros motivos absurdos. En cada barracón había 12 camas. Pero nosotros que éramos tres no cabíamos en uno, así que nos separaron. A mí me toco irme solo al de star trek, que estaba poblado únicamente por chicas alemanas. Era “peor” porque me tocaba irme solo, pero luego descubrimos que en el de Iñigoch y Unaigh había goteras (y gente peculiar cuando menos)2016-08-13-18-24-44

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Las duchas eran bastante mofa también, aunque al menos podíamos usar las del interior del edificio. La recepcionista era una chica curiosamente de Bilbao, que fue bastante maja y nos dio algunas pautas para la noche.+

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Maravilloso barracón con goteras y un calentador enchufado de mala manera a un cable en medio de la habitación

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Duchas, bastante “rurales”

No había mucho que hacer allí, así que nos fuimos a dar un garbeo por Kyleakin, que por otra parte era un micropueblo pesquero que no tenía nada que ver, salvo los barcos pintados con motivos pro-independencia de Escocia, algo que no habíamos visto en ningún sitio hasta aquí.

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Llegó un punto en que se puso a llover y nos dimos la vuelta para cenar en el hostel. Estaba tan petao y había tan pocos sitios para sentarse (además de que un grupo de alemanas bastante numeroso, y un español que les metía fichas llevaban sentados en la misma mesa jugando a un juego absurdo desde que habíamos llegado, y no dejaban a la gente sentarse a cenar), que tuvimos que cenar de pie en una esquina de la cocina. Desde luego no era el más acogedor de los hostels en los que he estado. Aunque los recuerdo peores…

Después de cenar fuimos al único garito del pueblo, una especie de restaurante-bar muy americano (me recordó al de True Blood, pero sin el encanto sureño) que tenía música en directo,  y muchos turistas dándolo todo. Nos echamos unas buenas pintas allí, y ya más entrada la noche, nos fuimos al barracón.

27 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 2: Apuñalando al duque

Nos levantamos con diligencia en el Baxter hostel, tras una noche de buen sueño en el que ni los bramidos de Iñigoch habían interrumpido nuestro dormir. El desayuno del Baxter incluía tostadas y café, y probablemente también huevos, aunque no teníamos mucho tiempo para delicatessen. Fuimos a por el coche a la estación, donde Europcar volvió a colárnosla. Y ya van N. Para empezar, habíamos alquilado un Opel Corsa y nos dieron un Kia Rio, que serán de la misma categoría pero definitivamente no son lo mismo. Para seguir, nos contaron la batalla de que tenían una movida que podíamos devolver el depósito vacío y que si lo devolvíamos a menos de 1/4 nos salía a cuenta frente a rellenarlo en una gasolinera. Luego vimos lo que costaba la gasolina y vimos que no sólo no habíamos salido ganando si no que habíamos perdido un buen puñado de euros. Por último el coche tenía una marca considerable que no nos habían apuntado, y que como estábamos curados de espanto del viaje a Suiza les hicimos anotar. En fin, con nuestro Kia Rio salimos hacia la conducción por la izquierda. No nos pareció extremadamente difícil, pero cada uno teníamos nuestros vicios: Unaigh se arrimaba al centro de mala manera, y yo me arrimaba a la izquierda, ambos por falta de referencias al ir por el lado contrario. De pronto a tu izquierda hay un montón de coche, en vez de sólo una puerta, y parece que hay mucho hueco, así que yo tendía arrimarme en exceso. Unaigh se iba al centro (no sé por qué). Por otra parte, el cambio de las marchas con la izquierda y al revés se me hizo un poco raro, y estirar el brazo para meter primera, no sé por qué, pero no me daba el brazo o qué se yo. El caso es que muchas veces metía tercera en vez de primera, y claro en alguna ocasión ya me dejó tirado en una cuesta arriba con una cola de impacientes detrás. Pero en general bien. Lo que era más inquietante era la sensación de no saber nunca cuál era el límite de velocidad, ya que había cámaras para los que se pasaban, pero no había ni una señal. Así que un poco tensión.

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Y al sooon de las gaitas Las líneas del margen no quiiise pisaaaar… No te vayas a la izquierdaaa si no quieres que me mueraaa contra un poste no te vayas a la izquieeeeerdaaa

Y luego estaba el maravilloso clima escocés. A media mañana paramos a comprar pan y provisiones y estaba lloviendo tan horizontalmente que en el camino del coche a la tienda me calé, pero sólo por uno de mis costados. La mitad de mi cuerpo estaba completamente seca. Una especie de Harvey Dent de la caladura :D

En fin, coches al margen, el plan era subir hasta Inverness, para lo que teníamos que hacer unos 400 kilómetros (a los del alquiler les parecía lejísimos, pero no era más que un Bilbao – Madrid). Eso sí, no había autopista más que en una parte del recorrido, el resto por carreteras infernales y a 60. Así que nos iba a llevar un buen rato. Para amenizarlo, por el camino parábamos en el Castillo de Blair. Este castillo pertenece al duque de Atholl, algo que no dirá nada a prácticamente ningún lector. La cosa es que en la enredada historia de Escocia y sus relaciones con Inglaterra hay mucho de aristocracia, familias, herencias y títulos disputados. Como en toda Europa, pero más british porque aquí desayunan huevos con beicon. Entonces todos los castillos que hay diseminados por Escocia han sido de escoceses, que después bajo sometimiento inglés han pasado a manos de aristócratas ingleses, pero luego volvieron a manos escocesas  (en caso de que no fueran arrasados)… y en muchos de ellos siguen viviendo o estando a disposición de los nobles varios. dscf5700 dscf5701

El castillo estaba bastante bien, aunque se había quedado anclado en otra época pero se puede hacer una visita detallada de todas sus estancias, básicamente para conocer el estilo de vida del duque: cuándo caza, dónde come, dónde duermen sus hijas o cómo le gusta que le pinten como a una de sus chicas francesas.

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También tenía muchas cornamentas en un salón de baile. ¿Sería un “guiño guiño” a las parejas que habían pasado a bailar aquí?

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Después del castillo pudimos ver los jardines, espectaculares, las caballerizas, y el tercer pino más grande del Reino Unido (le Royaume Uni, trois points). Allí comimos en unos agradables banquitos, nuestro jamón de Claudio con pan cutre local en lo que una vez más vendría a convertirse en la tónica habitual de las comidas (aunque aún faltaba la tónica habitual de las cenas, que hoy inauguraríamos).

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Y por la tarde… Castillo! Cerca de Inverness está el castillo de Cawdor, pasando los campos de batalla de Culloden (que recuerdan al muñeco de Bart: Culozilla). Este castillo era conceptualmente lo mismo que el otro: aristócrata, habitaciones del aristócrata, cocinas y habitaciones de la plebe, y jardines chachis. Sin embargo, siendo más pequeño, también era mucho más pocholo y  más castillo, tenía incluso un dungeon.dscf5715 dscf5719

y un puente levadizo…dscf5722 dscf5724 dscf5731 dscf5732 dscf5738

Y los jardines tenían nenúfares y cardos azules, flor de Escocia (no,  el de la foto no es un cardo azul). La visita fue sustancialmente más corta, fundamentalmente porque el castillo es más pequeño. Después arrancamos hacia Inverness, ciudad con nombre muy parecido a Invernalia, pero que no hace tanto frío. Por lo demás deben de parecerse bastante. En realidad, la parte de -ness de su nombre hace refencia al río Ness que la atraviesa, que proviene del lago Ness. La parte Inver-… pues no sé, pero de verano seguro que no.

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Inverness no tiene gran cosa que ver, pero el paseíto junto al río Ness es agradable, y frío. Aunque en Escocia no hay prácticamente grandes picos con nieves perpetuas, el agua que viene de las cumbres del interior trae bastante frío. Al final la latitud casi 60º es lo que tiene.dscf5744

Después del paseo descubrimos que a pesar de la luz que había, que parecían las seis de la tarde, era bastante más tarde, quizá las 9, ya que estas latitudes también son propicias para los días muy largos en verano. Así que salimos en busca de un restaurante, pero después de varios intentos y que nos quitaran un par de ellos en las mismas narices, conseguimos mesa en un estupendo italiano del centro, donde los tres comimos de forma casi automática espaguetis carbonara.

Tras la cena marchamos a conocer el ambiente local y dimos con un garito aparentemente auténticamente escocés, con música en directo  y birras locales y de fuelle, como ya venía siendo costumbre. En una de las canciones el tipo empezó a preguntar nacionalidades a todo el público y todos fuimos descubriendo que el único escocés que había en el bar era el camarero.

Al final, nos largamos hacia el hostel, un espartano alojamiento muy cerca del centro que nos había costado cuatro duros, y como tal estaba conservado y decorado. Bueno, no estaba tan mal.. al día siguiente íbamos a ir a otro hostel de esta misma cadena en Skye que nos había costado menos aún.. y ahí descubriríamos el auténtico cutrerío.

11 Oct

Calabacín en Caledonia, capítulo 1: Gaitas y puñales

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La British nos llevó hasta Edimburgo eficazmente y para las seis de la tarde ya estábamos en el Baxter hostel, dejando maletas y preparándonos para visitar un ratito la capital. La chica que nos atendió nos preguntó qué pensábamos ver en el festival de teatro y actividades callejeras que estaba teniendo lugar en ese momento, algo de lo que no teníamos ni idea, pero ya era buena chanza aterrizar en Edimburgo en pleno festival de teatro. Así que acompañando a la super nube gris y a la lluvia intermitente,  tuvimos a una variedad de músicos, magos, actores y artistas varios a lo largo de toda la milla real.dscf5681 dscf5677

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Edimburgo es una ciudad agradable con buen ambiente,pero más allá del castillo tampoco tiene mucho para ver. En seguida se nos fue haciendo de noche  y empezamos a buscar un lugar para saciar las ansias de Unaigh.

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Encontramos una especie de recinto ferial con comida callejera, bebida y música en directo que estaba muy bonito y agradable y decidimos pincharnos allí mismo unas hamburguesas. La de Unaigh de haggis, para no defraudar.

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Las patatuelas no podían faltar.

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Pero a lo que íbamos: había que buscar un buen garito para tomar cerveza, a poder ser de esas de fuelle. En la calle Rose pudimos encontrar un pub estupendo donde habñia gran variedad de birras y mayoría de público escocés, lo cual siempre era  de agradecer.

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dscf5694Salimos contentos del bar y aunque ya era un poco tarde, teniendo en cuenta que al día siguiente salíamos pronto hacia el norte, buscamos otro local donde probar nuevas birras artesanas. Encontramos un nuevo antro cerca del hostel, al lado  del apple store, donde además de la cerveza encontramos una nutrida banda de jazz que nos quiso cautivar con canciones y música ligera. El swing y el encanto del local hacían que sólo echáramos en falta unas bolsas de papel marrón recubriendo nuestras bebidas y unas flappers bailando lindy hop en el centro del local.
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Para media noche ya estábamos en nuestras lujosas camas del baxter hostel, aunque no duraríamos mucho allí. Inverness esperaba.

20 Jul

Ganador Europorra

La Euro acabó ya hace dos semanas y aún no he publicado nada!

Unai ganó de forma ajustada e inesperada, certificando la potencia de la europorra, que tal como se pensó al diseñarla, puede ser ganada por cualquiera, aunque no tenga ni idea de fútbol. Además, alguien que sí que sabía bastante de fútbol como Bea estuvo liderándola todo el campeonato, pero finalmente se tuvo que conformar con los 44 euros de la segunda plaza.

Aún queda por hacer entrega del premio de consolación, una estupenda chapa de Calabacín, que será entregada cuando me cruce con quien perdió la euro!

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Camellito ganador de la competición!

21 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 11: Es oficial: odio Ginebra

Calor.

Y macarrones con queso para cenar del italiano “asequible”.

Fórmula mágica del no-descanso. Un estómago ácido y rebelde y sudores en la cama.

En Ginebra hacía mucho calor, y a diferencia del día anterior, que teníamos nuestro hotel con spa, hoy nos teníamos que ir a las 11 y después no teníamos dónde caer muertos hasta las cuatro.

Después de desayunar en un infame café cercano al hotel, con un vaso de zumo de 10 ml por 4 euros, nos fuimos a dar un garbeo por el centro y la zona de la colina, que ya conocíamos, pero que tampoco había otra cosa que hacer. El calor era asfixiante, y nuestro cansacio nos tenía medio adormilados.

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Al final, tras vagar por las calles arrastrando los pies de forma indefinida, acabamos sentándonos en un parque a ver cómo unos viejos echaban múltiples partidas de ajedrez gigante.

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Cuando empezó a haber algo de hambre buscamos un sitio para comer, y acabamos, efectivamente, en un italiano. Esta vez en uno de la cadena Vapiano, que tiene la peculiaridad que te dan una tarjeta y luego vas tirando de ahí y al final la pagas, lo cuál en el fondo es una chorrada máxima. Y caro. Pero bueno servía para los propósitos bucheros.

Frente al italiano, una pintada en una pared lo decía todo: “Geneve cité morte!”. La firmaba alguien de Zurich. Por lo visto Ginebra no gusta ni a los propios suizos. Es verdad que era una ciudad muerta, con mucho lujo y muchos Porsche, muchos trajes y muchos Patek Philippe, pero sin alma. Un agujero negro de la corrupción del mundo empapelado con bonitos billetes de 100. Y encima hacía calor.

Huimos de allí sin entretenernos mucho, pero cuando llegamos al aeropuerto, todo el calor que había estado haciendo todos nuestros días en Suiza quedó compensado con la madre de todas las tormentas, que convirtió el cielo en noche profunda e hizo que nuestro vuelo se retrasara más de una hora. Bien, un poco más de tiempo para disfrutar de la cámara acorazada del infierno.
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Tras unas buenas partidas de 2048, pudimos coger el avión y largarnos de allí.

Qué bonito es Bilbao.

15 Jun

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 10: El Montblanc desde cerca

Nos levantamos muy pronto. Teníamos que ir a Ginebra a dejar a Einigen en el aeropuerto, subiendo antes al Aiguille du Midi, un pequeño resort turístico a 3842 metros desde el que uno puede tirarse montaña abajo por infinitas pistas de esquí, o trepar al Montblanc por las peliagudas rutas que nos había descrito Einigen, que lo había coronado una semana antes. Para subir a esta estación hay un teleférico por unos módicos 60 euros, que en 20 minutos te pone arriba. Los 60 euros son un precio tirando a asequible, conociendo los precios de los teleféricos suizos; pero ahora estábamos en Francia, y las cosas no tenían precios de locura. A pesar de levantarnos a eso de las 7, para estar en la puerta del teleférico cuando abrieran, cuando llegamos ya había una cola aberrante, y tuvimos que esperar cerca de una hora. Chamonix estaba hasta las cartolas de gente, y claramente todos tenían pensado subir a Aiguille du Midi por una u otra razón. Al final conseguimos que nos empaquetaran a eso de las 9, y descubrimos una “feature” curiosa del transporte: hay que coger dos teleféricos, ya que hay un intercambio en el medio. Y no cabe el mismo número de gente en uno y en otro, por lo que en uno de los dos sentidos había riesgo de quedarse fuera si no andabas vivo. De ahí que las colas estuvieran llenas de gente tensa.

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Al llegar arriba uno se daba cuenta de los 60 euros están bien justificados. A parte de las vistas del Montblanc y Montblanc du Tacul, se podían ver muchos otros picos del macizo montblanc, valles blancos surcados por esquiadores, alpinistas acampados, gente que volvía de su expedición al Montblanc, y escaladores trepando los picos más cercanos.

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Estuvimos echándonos fotos un buen rato, poses de unos tipos y otros, panorámicas, no tan panorámicas, detalles de los alpinistas que andaban por allí… Al final decidimos coger el teleférico de bajada ya que entre lo que habíamos tardado en coger el de subida y el tiempo que habíamos pasado arriba, se nos había echado el mediodía. Einigen estaba solo abajo, ya que no había subido porque hacía una semana campaba por aquí, bártulos de alpinista en mano.

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La bajada fue mucho más tranquila, casi no había gente para bajar, ya que muchos lo hacían esquiando, y otros lo hacían en otro miniteleférico que había en la cara sur, que llevaba a Italia. Abajo nos encontramos con Einigen, más que aburrido, y fuimos al ya clásico sitio de las hamburguesas a comer. Tras la breve parada salimos pitando hacia Ginebra, otra vez a Suiza :(.
Tras dejar a Einigen en el aeropuerto, fuimos a devolver el coche, donde tuvimos otro encontronazo con los suizos. Resulta que el coche tenía una rayita blanca de menos de 4 cm en una de las puertas. Una raya mínima. El tipo de la compañía nos dijo que eso teníamos que pagarlo. Algo bastante poco habitual, ya que hemos alquilado con esa compañía en muchos países y nos han aceptado desperfectos mucho mayores sin mayor problema. Al final, aparcando en mil sitios siempre te dan algún toque. No podíamos objetar mucho, de todas formas, te entregan el coche de una manera y así hay que devolverlo. Las formas si que fueron objetables. Por un lado, nos vendió la moto que tenía que llamar al perito y que nos podía ofrecer un pago fijo de 300€ y que nos olvidáramos de la peritación. Sonaba a timo por todo lo alto, ya que nos lo estaba vendiendo como “os voy a hacer un favor y os hago una especie de franquicia”. Pero después, y sin que nosotros objetáramos nada a tener que pagar, nos empezó a soltar un rollo de “ya sé que en España estas cosas no son así, pero en Suiza esto hay que pagarlo y blablablabla”, muy condescendiente y bastante estúpido. Le dimos la pasta, nos largamos y pusimos una reclamación en la valoración del servicio que nos pidió la compañía. No hubo repercusiones, que sepamos. DSCF4536

El caso es que teníamos toda la tarde en Ginebra bajo un sol de justicia, 40 grados y una humedad brutal. Empezamos visitando la parte vieja, que anteriormente no habíamos visto, pero al final nos rendimos al calor y acabamos yendo al lago a tomar una Heineken de tercio por casi 6 euros. DSCF4535No tardamos mucho en ir al refugio, un hotel bastante decente en el centro que no nos había costado mucho, considering, y que tenía spa. La clave era el spa, y ahí le dimos.

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