07 Ene

Nepal-Tibet. Capítulo 16: The Jomsom retreat

Tras la noche más infernal posible, a las 7.30 estábamos ya preparados para largarnos de la habitación de los mosquitos. Según pagamos el hotel (del que nos fuimos, auuque nos quedaba una noche más en Jomsom), lo primero que hicimos fue ir a la tienda del pueblo y comprar antimosquitos. Esto no iba a pasar otra vez! ASí, fuimos a por un nuevo hotel, en el que nos dieron una habitación mucho más cutre que la anterior, pero en la que no había (ni habría) mosquitos. Según entramos pegamos una fumigada. Cuando volvimos había todo tipo de moscas, mosquitos, y otros insectos panza arriba en el suelo.

Después del cambio de hotel y el desayuno, y como nos sobraba un día porque habíamos acortado nuestro camino de ida a Muktinath, decidimos hacer un trekking circular por la zona. En principio, íbamos a visitar el Dhumba lake, un lago cercano, para lo que los lugareños habían estimado una hora andando. Lo bonito habría sido ir a Tilicho Lake, que es el highlight de la zona, pero todo apuntaba a que supondría otra jornada como la de Muktinath, y los pies no iban a aguantar ese ritmo.

Así emprendimos el camino hacia Dhumba lake, en un día espectacular, por un sendero que iba entre bancales de cultivos, y atravesando pequeñas poblaciones.

seguro que los aviones vuelan hoy...

desert again

Al cabo de poco tiempo volvimos a estar en medio del desierto, con direcciones confusas que nos hacían preguntar constantemente el camino para llegar al lago.

camino equivocado

puentes de madera, insólito!

y ratas en el puente!!

Cuando por fin llegamos, el lago no era para tanto… he visto piscinas en chalets más grandes que aquel lago. PEro bueno, algo de sagrado tendría ya que había un montículo con pañuelos blancos de esos.

Dhumba lake...

profanando la piedra sagrada

profanando el promontorio sagrado

Yo no podía con mis pies, la reventada era muy seria. Sin embargo Iñigorkha dijo que no podíamos dejar de ver el monasterio que había en un pico cercano (y que la viejilla de información nos había dicho que había que visitar). No podía ser mucha subida, quizá fueron 20 minutos subiendo por una cuesta bastante empinada, pero las ampollas empezaban a reventarse. En cualquier caso mereció la pena. Fuimos al templo, en el que no parecía haber nadie, pero que estaba indudablemente habitado ya que había algo parecido a albaricoques y unas planchas donde los ponían a secar, vete a saber para qué…

ministupas coloradas en el templo

Algo sagrado, con escrituras sagradas etc..

buenas vistas, pero aún había más

podría haber sido cualquier pueblo italiano

igual algún botánico nos dice qué concho eran esas frutas y por qué las secaban

lo cierto es que eran llamativas

Continuamos un poco más de ascenso hacia una cima cercana al templo, y desde la que se veía todo el valle de Jomsom. Desde aquí vimos varias avionetas despegar del aeródromo. Las avionetas fueron uno de los temas del día. El día 17 de viaje había un checkpoint clave: coger la avioneta de vuelta a Pokhara. Aquí te la jugabas, como saliera un poco mal tiempo, las avionetas no volaban, y te quedabas en Jomsom, ya que en principio el viaje de vuelta por carretera era inviable, o demasiado largo para los días que teníamos. Así que durante esta jornada nos dedicamos a ver con gran alivio los aviones que despegaban constantemente de Jomsom. Y nos congratulábamos. Y nos tranquilizaban…. pobres ingenuos…

un árbol (probablemente sagrado), en mitad de la cuesta al montículo

aquí en vez de buzones ponen banderitas en las cimas.

la vista desde la cima. El dhuma lake, el templo y las colinas contra las que casi mochaban los aviones al girar.

Tras un pequeño descanso, iniciamos el descenso y regreso a Jomsom, por un camino diferente al que vinimos. Era algo inquietante ya que durante todo el descenso se podía ver un río bajar absolutamente bravo y salvaje, pero no se podía ver ningún sitio para cruzarlo. Tras una de las curvas, y durante una conversación en la que Iñigorkha explicaba lo poco adecuadas que eran las Converse para tíos, e incluso para algunas tías, descubrimos uno de esos maravillosos puentes a lo Indiana Jones, que cruzaba ese río tan salvaje. Cruzándolo, y con la corriente abajo, un viento bastante serio azotándonos, sólo faltaba que apareciera un tipo barbudo con el torso descubierto y empezara a cortar la cuerda en el otro extremo. Pero no hubo más percance y seguimos por la ribera opuesta del río en la que vimos las outskirts de Jomsom, y donde se nos unió un perrillo flaco que nos acompañó una hora más hasta Jomsom.

Perrillo flaco

Allí comimos, y nos pegamos otra siesta en nuestro recién estrenado hotel cutre, en el que no había insectos.

Por la tarde, tocó internet en el ciber. Cuando llevábamos media hora, Iñigorkha se fue a hablar por teléfono. Yo me quedé dentro pensando que sería un momento, pero al final fue casi una hora. Cuando volvió tenía que hacer algo en internet, así que nos quedamos otra hora más. Al final pagamos una buena pasta por internet. Pero echamos la tarde. Luego fuimos a uno de los bares del pueblo, esperando encontrar algún occidental para relacionarnos un poco, pero no parecía que se fuera a dar el caso.

No tardamos mucho en irnos a la cama. El día 17 era el que se podía torcer. A las 6 teníamos que estar en el aeródromo. Y rezar para que los aviones salieran.

Esa noche no hubo mosquitos.

20 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 13: Climbing in the rain

A las 5 ya era día en Pokhara. DEsde primera hora hubo cientos de pajarillos cantando y el día prometía ser luminoso y agradable. Fuimos a desayunar a una cafetería cercana en la que tardamos horas en ser servidos, pero en contrapartida, fue uno de los mejores desayunos que yo recuerdo.

Bajamos al lago Phewa, el que caracteriza a la ciudad de Pokhara, junto con el hecho de ser la segunda ciudad en la que más llueve del mundo (probablemente ambas cosas están relacionadas).  Allí dimos un pequeño paseo y en seguida nos decidimos a subir a la World Peace Pagoda, uno de los principales hitos de Pokhara, que estaba en un monte, al otro lado del lago.

Phewa con la World Peace Pagoda al fondo

Pokharlos y su arrozal. Foto buscada todo el viaje

Así que miramos en la guía y observamos que había dos formas de llegar, cruzando en barca y subiendo por un camino directo, o dando un rodeo impresionante y con una caminata de 2 horas largas. En vista de lo negro que se estaba poniendo el día, haciendo honor a la tradición de la ciudad, habría sido lógico usar el camino corto, pero nos decidimos por el largo (braaaavo). El camino largo implicaba atravesar todo POkhara, rodear el lago entero, y subir por la parte trasera del monte. En la travesía por POkhara paramos a mirar algunas tiendas de baratijas, observando que aunque los productos seguían siendo baratijas, aquí eran caros! Así que no nos paramos demasiado tiempo y seguimos, siempre acompañados por «papá cuéntame otra veeeeezz», que se convirtió en la sintonía oficial del viaje. Menos mal que Pokharlos, Xhabitse y Tse-dhano se iban hoy… y con suerte Iñigorkha no me la iba a cantar a mí los demás días, porque podría haber resultado mortificante…

Qué jóvenes e inexpertos... pensábamos que caerían 4 gotas...

Pronto empezamos a bordear la ciudad y a pasarnos a la Pokhara Rural

En el momento en que llegamos al punto de no retorno, ya que estábamos a tomar por el saco, empezó a llover como si no hubiera llovido nunca. En ese momento fue también cuando llegamos al final del camino que estábamos siguiendo, y empezamos a ir monte a través siguiendo las indicaciones de los lugareños, y no siguiendo en absoluto el sentido común. (total, quién quiere sentido común cuando vas al monte…)

La oscuridad se cierne sobre nosotros

 

Así empezamos la subida, sin rumbo, sin un camino que seguir, sin nadie por alrededor, y bajo una intensa lluvia. Cuando pasaba cierto tiempo alguien comentaba «ya tiene que estar cerca, yo creo que es ahí arriba.» Por supuesto siempre se equivocaba porque las afirmaciones no tenían ningún tipo de fundamento lógico. Simplemente andábamos instintivamente hacia adelante. Cuando pasaron 2 horas ya las dudas eran tremendas, porque habíamos subido y bajado ya 3 cimas y no llegábamos a nada, no estábamos orientados, y seguía lloviendo. Sin embargo seguimos una dirección (de forma completamente aleatoria), que nos llevó a un camino, que habíamos perdido hace mucho, y por pura casualidad estuvimos en la cima en menos de media hora. Allí estaba la World Peace Pagoda.

todo para esto...

la motivada de la cumbre

a cubiertooooorrrlll

 

Cobertura tropical

Tras un rato de especulación por la cumbre, empezamos el descenso, pero esta vez por el camino corto. El camino corto suena muy bien, pero era corto por algo: estaba cortado a pico sobre un maldito acantilado selvático. Era terriblemente empinado y resbaladizo por lo que el descenso fue durillo, con múltiples resbalones, caídas y torceduras. En media hora estuvimos abajo, junto al lago, preparados para coger una barquita  y cruzar al otro lado. Con la mojada que llevábamos y la brisilla del lago iban a ser 20 minutos bastante frescos.

Phewa bajo la lluvia

Así, conseguimos un guía, una barca, nos compramos dos paquetes de patatas y unas cocacolas para reponer y nos pusimos a cruzar en barquita.

De vuelta en la barquita

Algo no funcionó bien. Algo no encajaba. De pronto miré adelante, y Pokharlos estaba remando. Miré atrás y Xhabitse estaba remando. Miré más atrás, y el tipo al que habíamos contratado estaba repanchingado comiéndose nuestras patatas. Vaya crack. Le pagamos, hacemos su trabajo y encima le damos nuestra comida. Fue una transición tan orgánica que nadie se dio cuenta hasta que nos bajamos de la barca… Eso sí, las patatas eran estilo Tandori, con lo cuál tuvieron en mí un efecto estilo Alex en la Naranja mecánica, casi me echo al suelo y empiezo a farfullar hecho un ovillo. En algún otro generaron un efecto ansia bastante gracioso.

Pokharlos Remando mientras el remero se comía nuestras patatas

Por fin de vuelta

Por fin llegamos al embarcadero en el que había bastante gente riéndose, probablemente en complicidad con nuestro guía y remero, y probablemente lo que decían era «jodidos pringaos». DE todas formas se agradecía pisar Pokhara de nuevo. Lo que no hizo tanta gracia fue darse cuenta de que en el mismo instante en el que pisamos suelo, de pronto dejó de llover. 5 minutos después saldría un sol que ni en Benidorm. La lluvia duró exactamente el tiempo que tenía que durar para jodernos.

Jodida lluvia

5 minutos después ya estábamos secándonos al sol

Así nos fuimos al Butterfly Lodge, nuestro refugio, y nos dimos la ducha más gloriosa de todos los tiempos, y nos pusimos la ropa seca más gloriosa de todos los tiempos. Fuimos a comer, que el monte había abierto apetito, y no nos privamos de nada.

Una merecida comida

Sobremesa en Pokhara

El lago y los Annapurnas al fondo

Después de comer habría estado bien una siesta, pero no cayó la breva. Decidimos subir a Sarangkot, un monte de 2000 metros que está al lado de Pokhara, y desde el que hay vistas impresionantes de todos los Annapurnas, a parte de poder hacerse paragliding, que nadie quiso hacer… pero habría sido espectacular hacerlo, con la tarde que se quedó.

A este monte no íbamos a ser tan pringados de ir andando, así que cogimos el primer taxi que encontramos y le dijimos que nos llevara para allá. Si de por sí era un infierno ir los 5 en un taxi, en este fue especialmente infernal, ya que el camino era extralargo, y algo estuvo mal planificado, porque los que iban atrás iban 3 sentados y uno tumbado encima a lo largo de los otros 3, como una morcilla. Para subir a Sarangkot había un puerto de montaña bastante empinado. Las dudas sobre que aquel Suzuki maruti cargado con 6 personas pudiera subir ese puerto se despejaron en seguida: NO podía. El coche petó, y nos dejó tirados en una curva. Tuvimos que darle nuestra agua de beber para poder refrigerarlo de nuevo y que nos hiciera el camino final. El taxista era un crack y nos había llevado haciendo rally todo el camino.

El recorrido mereció la pena. Las vistas eran espectaculares.

Los Annapurnas

El machapuchare(cola de pez), con 6993m domina las vistas de Pokhara

"Yo quiero una foto como la de carlos!!!"

+ Annapurnas

El Valle entre el Sharangkot y los Annapurnas

Viejuno contemplativo

NO tan viejunos, pero tb contemplativos

Hipnotizados por los Annapurnas

Estuvimos allí más de una hora. Después iniciamos el descenso, pero al de 200 metros, pasando por un gran socavón, el taxi volvió a romper. Esta vez no hubo manera de arrancarlo. Estábamos lejísimos, y sin opciones de bajar. El tipo nos pidió que lo empujáramos un poco para sacarlo del socavón, y cuando estaba fuera nos pidió que montáramos. Todo parecía indicar que iba a usar la pendiente para arrancarlo, pero para qué molestarse! bajamos todo el Sarangkot sin motor!!! El tipo puso punto muerto, y ala,. dejarse caer. No habría sido tan espectacular de no ser porque el tipo casi no frenaba, iba  haciendo rally, y nosotros íbamos ultra apretados,con un nuevo hombre morcilla en la parte de atrás, que iba con la cabeza por fuera de la ventanilla. En sentido contrario pasaban autobuses, camiones… Fue bastante espectacular, y lo mejor fue que con la inercia casi llegamos hasta el hotel. Pero antes de eso el taxista paró en una gasolinera a ver si podía hacer algo. Como no pudo, paró otro taxi  y nos lo pagó para hacer el resto del recorrido. Increíble bajada en goitibera del Sarangkot! Eso es ahorro energético!

DEspués de aquello dimos una nueva vuelta por Pokhara, para acabar en una terraza donde pedimos la cena y vimos el atardecer. No tardaríamos mucho en irnos a la cama. Al día siguiente era la separación (era nuestra última cena). POkharlos, Xhabitse y Tse-dhano volvían a Bilbao, mientras que Iñigorkha y Bayupur se quedaban para hacer el trekking de los Annapurnas.

Durísimo.