09 Sep

Nepal-Tibet. Capítulo 5: El retorno de TsongKhapa

El quinto día amaneció con el muecín, de nuevo. Desayunamos Pokharlos, Tse-dhano y yo, mientras Xhabitse e Iñigorkha no aparecían. Finalmente, a las 9, hora a la que habíamos quedado con Tapón, aparecieron a desayunar, ya que no les había sonado la alarma. Así que con este retraso tuvimos que presentarnos a nuestro nuevo guía. Sí, nuevo. Según Puchuk (así sonaba su nombre, a saber como se escribía), a Gyatso le habían guindao el día anterior la mochila, con todos sus documentos, incluyendo identificación personal, id de guía, y quién sabe si algún permiso más requerido por el opresor sistema. Según nosotros, le había caído la ira de los dioses por dejarnos tirados el día anterior.. quién sabe. El caso es que hoy venía Puchuk con nosotros, y mañana nos ponían uno nuevo. Ala, 3 guías en una semana. La cuestión es que Puchuk era el dueño de la compañía de guías, y se había hecho cargo mientras solucionaban los temas. Era un hombre ya viejuno, a diferencia de los otros que fumaba de forma perpetua, salvo en los templos (si no caían 60 al día no caía ninguno), y con voz grave y tensa que estaba constantemente metiéndonos prisa. Eso sí, creo que es el tipo que mejor nos explicó el budismo, más a fondo y con más pasión. Hasta el punto de que en algún momento el grupo de las valencianas, con el que coincidíamos en todo momento, paraba al lado nuestro para escuchar a nuestro guía, ya que su guía era mucho más inexperta.

Árboles invadidos, cerca de Drepung

La primera visita del día fue al monasterio de Drepung. Estaba a unos 20km de Lhasa, y allí nos llevó el Driver. Este monasterio es uno de los más míticos del budismo, al igual que Jhokhang, porque es uno de los 3 grandes monasterios-universidad de Tibet, donde los monjes se instruyen. Los otros dos son Ganden y Sera. Al parecer Drepung es el más auténtico porque es de la escuela Gelupka, que es la mística y buena… aquí Puchuk nos contó batallas mil sobre la orden y las diferencias con las otras órdenes pero sólo me quedé con que son los que llevan un sombrero amarillo.. o algo así. También era importante porque lo habían fundado los discípulos de Tsongkhapa, el fundador de la orden y uno de los maestros de budismo más importantes. Bueno, wikipedia rulz.

Si entendí bien, la pared había sido pintada por el mismísimo TsongKhapa

El monasterio era bastante impresionante, como todo lo relacionado con la religión. Los rodillos habituales de la entrada eran dorados en vez de de madera, y los interiores se conservaban impecables y espectaculares.

Una de las cosas que vimos fue una sala de reuniones, creo que era para meditar, gigante. Cabían 2000 monjes cómodamente. También nos enseñó una cocina en la que había un caldero de un tamaño que podía hacer comida para 1000 personas. Era enorme. También había salas gigantes llenas de libros que no podía usar nadie más que los monjes

Drepung, otro templo más

Lo que también aprendimos aquí es que los monjes no hacen nada más que estudiar. El estado les da pasta, los fieles les dan pasta, y para comer, los fieles les llevan comida!. Si se juntan con mucha comida, hacen un banquete por todo lo alto…

Peregrino portando un sacrifici... eeeeee... peregrinos que van a orar en paz al monasterio

El monasterio tenía a su vez templos dentro, que también visitamos, una vez más con miles de budas enormes y dorados, dinero por el suelo, etc. Allí, tras muchas preguntas sin ningún tipo de interés, Bayupur lanzó a Puchuk la pregunta clave: cómo demonios se elige un nuevo Dalai Lama. Puchuk nos explicó que cuando el Dalai Lama actual está a punto de morir escribe las circunstancias del próximo Dalai Lama. Esto puede ser un poema, un relato, o incluso una canción. De acuerdo a estas circunstancias (ciudad, época del año…) se va cerrando el círculo sobre el que podría ser el candidato. Después, cuando se tiene unos pocos, normalmente niños pequeños o myu pequeños, se les hace pruebas del tipo, te doy todos estos bastones, cual coges, y el crío coge el del Dalai LAma, no hay duda, es él (algo así como lo de las copas en el final de Indiana Jones y la última cruzada, pero sin vivir eternamente).

Un tipo que probablemente no llegará a DAlai Lama

Drepung las ha pasado canutas, fue cuartel para soldados durante la invasión china. Los soldados hacían toda la vida dentro, por lo que hay diversas paredes del templo ennegrecidas por humo, o incluso destruidas por la guerra.

Txiriburzios giratorios omnipresentes

Depués de ver el monasterio y a sus viejos arrugaos en busca de la World Press Photo, nos fuimos a comer a la plaza Barkhor, la del centro de Lhasa.

Barkhor PLatz, una vez más

Allí Puchuk nos llevó a un buen restaurante occidental, donde comimos bastante bien. Iñigorkha no pudo evitar pedirse una Lhasa beer. Yo me abstuve por aquello del alcohol y la altitud, pero de haberlo sabido… La Lhasa beer casi no es alcohólica… casi no es cerveza! es tan transparente que parece una clara.

La cara de alcoholizao, de seguro que no es por la cerveza

Por la tarde volvimos rápidamente a la zona de Drepung, donde se celebraba…. EL DEBATE!

PAtio del debate

El debate consiste en un patio trasero con árboles y piedritas en el suelo. Tras 7 horas de estudio, los monjes salen al patio. Los viejos y sabios se sientan. Los jóvenes de pie, preguntan cosas, bajo un sistema bastante peculiar.

-ocho por cinco? -cuarenta -aaaala

Mejor verlo:

http://vimeo.com/14802974

La palmada se da para hacer la pregunta. El tipo sentado responde, pero a menudo la respuesta es insuficiente por lo que el otro le pregunta otra cosa. Y así sucesivamente. Por lo que nos contó Puchuk, las preguntas van sobre filosofía budista, mayormente y al final del debate, todos se quedan igual, ya que nadie ha respondido nada con certeza. Bastante curioso que hagan esto todos los días después de estudiar 7 horas. Bueno que tanto estudio generará dudas, eso está claro…

Este tipo era tan sabio que no llevaba ni túnica oficial

Afueras de Drepung. Los críos nos miran flipaos

Pokharlos no pudo resistirse a hacerse la marquita nariguera que hacían a los niños en el templo

Tras el debate Puchuk nos llevó de nuevo a Barkhor para que pudiéramos hacer las últimas compras… pero acabamos hasta el moño de las compras y decidimos volver al hostel a descansar. De camino, el monzón llegó de nuevo y nos metimos a una gran tienda a esperar a que pasara, donde cómo no, nos encontramos con las chicas valencianas. Tras una larga conversación, acabamos quedando para cenar.

Arriba: Patricia, María, Ana, Ana. Abajo: No me sé los nombres. El del medio creo que es un mendigo que pasaba y se coló para la foto.

Horas después de dar vueltas por Barkhor y hacer el mono en el hotel, fuimos a cenar a un restaurante que estaba junto al de las camareras que no hablaban inglés. Éste fue mucho mejor, cenamos pizza y hablamos largo y tendido con las chicas valencianas, en mi caso, principalmente de viajes. No sé qué comentarían los demás. No nos fuimos a la cama demasiado tarde, mañana esperaba el nuevo guía y la esperada subida a 5000 metros. Empezábamos a tener que encarar la altura…

25 Ago

Nepal-Tibet. Capítulo 2: KTM Confidential

El amanecer nepalí es muy pronto. Demasiado. A las 5 de la mañana ya hay luz, y miles de personas hormiguean por la ciudad, abriendo comercios, haciendo colas, y empezando a saturar de tráfico las calles. Hoy tocaba levantarse pronto, había mucho que ver. A las 8.30 ya habíamos terminado el abundante y exquisito desayuno que nos preparó Asmita, a base de huevos, tostadas, té, y fruta. Salimos a buscar un taxi que nos llevara a nuestra primera parada, el templo de Swayanbhutinath, también conocido (o mejor dicho, únicamente conocido) como el templo de los monos. Los taxis de Kathmandu, y al parecer de todas las ciudades de Nepal, sólo son de un tipo: Suzuki Maruti, un minicoche en el que dos personas con equipaje van bastante apretadas. Pues allí nos metimos los 5, más el conductor.

Suzuki pawah!

Todo apuntaba a que el coche ni se iba a mover del sitio, sin embargo, no sólo arrancó, si no que el conductor lo llevaba sin problemas, apurando al máximo los espacios y entre bocinazos, al estilo nepalí. Vimos por el camino que era habitual ir 5 (o más) en un mismo taxi. Para ser conductor en Nepal hay que estar hecho de una pasta diferente; cada día que pasara iríamos descubriendo lo cracks que son los drivers de esta parte del mundo. El viaje en taxi fue divertido (sobre todo para Bayupur, que iba en el sitio de delante, sin perder la sensibilidad en las piernas y espalda), y además el driver puso la canción del mundial, que por lo visto triunfó en Nepal. Por fin llegamos al templo de los monos, pagamos al taxista 200 rupias y le prometimos otras 200 para volver si nos esperaba (más adelante descubriríamos lo exagerado que fue pagar 400 rupias por ese paseíto).

El templo de los monos

El templo de los monos no defraudaba. Según llegamos empezamos a ver monitos colgándose de las estatuas y representaciones de buda.

Mono budista besa a Buda

En la parte de abajo encontramos los rodillos de oración que luego encontraríamos en absolutamente todos los sitios con algo de influencia budista. Iñigorkha se lanzó a probarlos y recibió su primera reprimenda por girarlos en sentido antihorario. Insensato! Eso es mala suerte!

Pokharlos sí que sabe girar rulos de oración! (obsérvese la mano de iñigorkha de fondo, amenazando con ir en sentido contrario)

En el budismo, al parecer, se cree bastante en girar cosas (o girar tú alrededor de cosas), pero siempre en sentido horario. Para subir al templo había una escalera bastante empinada y con escalones altos que se hizo dura al final, pero teníamos que entrenar para las altas cotas a las que iríamos después. Arriba estaba la stupa, las velas, las campanas, el olor a incienso y mantequilla de yak. Las vistas espectaculares de Kathmandu, y por supuesto, la venta de baratijas.

La Stupa principal

El templo de los monos debe de ser bastante importante para los budistas, pero también para los hindúes, ya que había todo tipo de gente por allí, rellenando de mantequilla las velas, poniendo incienso, etc. También había turistas, pero éramos los menos; allí se respiraba fé.

La Stupa secundaria, que se parece a la otra.

Era un buen sitio para la caza de la WordPress Photo, que Iñigorkha siempre va buscando, lo intentó varias veces con una familia de indios, y con una vendedora local, que se zafó cual culebrilla del abrazo de Iñigorkha para la foto.

Mujer culebril

En ese momento, un mono tiró a Xhabitse un hueso de mango, que de haberle dado le podía haber hecho alguna liada.

Los monos psicópatas eran una fuente de diversión

Después entramos en una capilla donde se estaba oficiando algún tipo de rito fúnebre y en el que pudimos entrar a cambio de descalzarnos.

El percusionista del funeral

Terminamos de recorrer las diferentes partes del templo, con más stupas, estatuas de Buda y otros ítems relacionados con la religión y la suerte.

La txikita ésta tenía un caldero, si echas dinero y aciertas es buena suerte. Nosotros tuvimos más bien mala.

Cogimos el taxi para volver al centro; había que ver la Durbar Square que el día anterior no pudimos por que cayó la noche. Por el día tuvimos mejor suerte, salvo por un policía que decidió que para andar por la plaza teníamos que pagar. No parecía tener mucho sentido, y desde luego no parecía que todos los turistas que andaban por allí hubieran pagado así que frente a su insistencia empezamos a hacer como que nos íbamos, siempre bajo su mirada, ya que se unió a nosotros como si fuera uno más del grupo.

Durbar Square

Hasta que salimos de la Durbar no nos libramos de él. Entonces iniciamos otro intento de entrada, esta vez más furtiva para que no nos viera el maldito policía.

Una de las pagodas

Conseguimos subir a una de las pagodas y echar unas fotos desde allí.

Pescado "fresquito" a la venta en Durbar Square

Venerable señor rezador dentro de la pagoda.

De Durbar Square bajamos hacia el río. Iñigorkha estaba particularmente obsesionado con ver las casas de cremación, una zona del río en la que supuestamente los hindúes queman a sus muertos y los tiran al agua. Dimos un millón de vueltas entre puentes, orilla del río, el otro extremo… preguntar (es difícil llegar a sitios en una ciudad que no tiene puestos carteles con los nombres de las calles), preguntar a mujeres (ya que los hombres, si no sabían dónde era, te mandaban a otro sitio antes de reconocer su ignorancia)… Finalmente llegamos a un sitio en el que veíamos humo y parecía que ése era el sitio. Resultó que estaban quemando madera para lo que probablemente sería una parrillada hindú-style. Había una familia bastante numerosa, con mucha comida, y una pérgola donde estaba el fuego. Fracaso. Esto no era una casa de cremación. Era una casa particular. Desmotivados, volvimos y cogimos un taxi que nos llevaría al centro de Thamel a comer. Después de una comida de calidad media y un garbeo por Thamel y sus tiendas, descubrimos gracias a Dharma, el sherpa de Asmita, que las casas de cremación en realidad eran un templo hinduista, el templo de Pashupatinath. Así que por la tarde cogimos un taxi para ir a ver el templo.

El outer-circle del templo de Pashupatinath

El templo de Pasupatinath apestaba. Parecía que durante todo el día habían estado vendiendo frutas y verduras, pero ahora quedaban restos por el suelo pudriéndose. El lugar estaba lleno de sadus, los santones hindúes que auguraban una buena WordPress Photo… pero claro no se dejaban fotografiar gratis (y no teníamos moneda pequeña), así que no cayeron muchas fotos. Cuando llegamos a la parte central del templo, donde se quema a la gente (morbo, morbo!!), encontramos que los no hindúes teníamos que pagar, 500 rupias cada uno. Lo cual es una salvajada. Intentamos colarnos por varias entradas pero fue imposible, demasiada policía velando por los cadáveres ardiendo. Como estaba ya casi anocheciendo, decidimos no pagar y volver otro día con más tiempo y aprovechar el precio. Las diferentes vicisitudes del camino nos impidieron finalmente visitarlo. Sin embargo vimos otras partes exteriores del templo, calles atestadas de tiendas con objetos religiosos, y tintes, y muchos colores. Nepal es color.

Nepal es color

La foto final fue de una puerta con colores intensos. La dueña de la casa salió mientras hacíamos la foto. Nos miró. Miró a la puerta. Nos volvió a mirar. Volvió a mirar a la puerta pensando “qué demonios le pasa a mi puerta?”. Luego nos volvió a mirar pensando “estos tíos son tontos…”

La puerta en cuestión. Creo que sòlo yo entendí esta foto. Y cuando digo sólo yo, me refiero a que ni Iñigorkha, ni Pokharlos ni Tse-dhano ni Xhabitse la entendieron tampoco... a veces me siento tan cansado...

Antes de ir a cenar hicimos una visita al Señor Lobo. Dil Pahari era el hombre que nos organizó el viaje a Tibet, que mañana íbamos a emprender. La visita era para cerrar algunos asuntos y pagarle lo que faltaba por pagar. Sin embargo aprovechamos para preguntarle e intentar organizar la visita a Chitwan y Pokhara, a la vuelta del Tibet. Ahí descubrimos su naturaleza de Señor Lobo. Dil Pahari, además de hablar castellano, resuelve problemas.

-Es queeeee queremos ir a chitwan y el mismo día a Pokhara y no sabemos como hacerlo con los autobuses y es qu….

-No problema. Yo os pongo furgoneta. Yo os pongo conductor. Conductor os espera, os lleva a Pokhara.

-También queríamos sacar un billete de avión para ir a Jomsom porque querem..

-No es problema Yo saco billete. Os llevo a aeropuerto. Si hay problemas os gestiono la devolución del dinero.

Dil Pahari era nuestro hombre de confianza en Kathmandu, un auténtico Señor Lobo, siempre tranquilo, con la mirada de yak y el tono de voz relajado, y su polo de Ralph Lauren. Cuando le dimos los 4000 euros en metálico del viaje a Tibet, no pestañeó. Los guardó en un cajón como si nada. Nos fuimos de Buddha Treks con la certeza de que volveríamos a que nos resolviera más problemas. No estábamos equivocados.

Aquella noche cenamos en el Full Moon, recomendado por la Lonely Planet. No era para tanto. A veces da la sensación de que los de la Lonely visitan 4 ó 5 sitios y los recomiendan, sin saber muy bien qué más cosas hay.

El full moon, antes de cenar.

Nada más acabar de cenar el pollo frito que sentó mal a más de uno, nos fuimos a nuestra parroquia, el Namaste Café & Bar. Volvió a no decepcionar.