13 Jun

Vietnam y Camboya, Episodio 13: Ha Long, Farewell, Auf wiedersehen, Goodbye

Era nuestro último día en Vietnam y lo íbamos a aprovechar para ver la bahía de Ha Long. El plan era fundamentalmente una mierda. Lo bonito de la bahía de Ha Long, ya que está a 4 horas de Hanoi, por lo tanto a 8 ir y volver, es ir un día tranquilamente, dormir en un barco, y amanecer en la bahía. Ese plan había muerto por el tifón de los primeros días. Ahora sólo podíamos hacer un plan de día, que consistía en madrugar un montón, y pasar en Ha Long unas 4 o 5 horas, ya que las 8 de trayecto condicionaban bastante. Pagamos 35 dólares por esta visita, lo cual nos inspiraba timo, pero echando la vista atrás, la verdad es que tampoco parece tan caro y no sé si habrá muchas agencias que lo hagan por menos. Se puede contratar en cualquier sitio y generalmente tienen el mismo precio siempre.

Nuevamente nos vimos en una furgoneta con un nuevo guía del que tampoco recuerdo nombre(probablemente sería algo como snake, puma, wind of sorrow o alguna flipada así), pero por razones que luego explicaré, pasará a llamarse “Ekiusmi”. En la furgo coincidimos con spanish scum, que hacía tiempo que no veíamos. Iñiguyen se hizo bastante colega de una de las chicas de hecho, arrancándose a hablar como nunca le habíamos visto.

porque sí

porque sí

El viaje a Ha Long fue tranquilo, casi sin paradas (salvo una mega-área de servicio en la que nos bajaron para que gastáramos, que también tenía alguna relación con el agente naranja, víctimas y blablabla).  Ekiusmi nos iba dando datos clave del país como las exportaciones de arroz, el PIB, la comparativa con Tailandia o Laos, lo malvados que son los vecinos y los organismos capitalistas etc. Cada vez que alguien dejaba de prestar atención durante un nanosegundo, el tipo empezaba a decir “ekiusmi, ekiuuusmiiii” (excuse me) para que le prestáramos nuestra más completa y absoluta atención. Era el divo del turismo guiado y necesitaba atención perpetua. Si yo iba con los cascos puestos me hacía quitármelos. Si hablaba un poco me lanzaba una mirada fulminante. Ekiusmi era el epicentro de la minivan.  4 horas de protagonismo desaforado de Ekiusmi después llegamos al futuro Benidorm. Ha Long es, como dirían los estirados, un “enclave privilegiado”. Playas enormes, con la vista de las rocas aleatorias emergiendo del mar. En tierra puedo imaginar que hace 10 años no habría absolutamente nada, un par de restaurantes y el resort que mueve las visitas. Ahora estaba en pleno ladrillazo propio de la manga del mar menor. Había miles de casas, hoteles, edificios recientemente construidos, y muchos más en construcción. Se ve venir. Esto mueve pasta, así que a megaurbanizar, hagamos resorts gigantes para los turistas chinos, que se compren su casa en la costa vietnamita. La españa de los 60 está en Vietnam hoy en día. Pero aquí hay chinos en vez de suecas.

superpan de Carlong

superpan de HA Long proporcionada por Carlong

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El caso es que rápidamente nos montaron en un barco que nos llevaría por la bahía. El viaje corto sólo consistía en eso. La parte buena es que nos daban de comer en el barco y la comida era muy buena.

También se podía hacer el mono por allí

También se podía hacer el mono por allí

quiero una foto como la de Bayu

quiero una foto como la de Bayu

Así que estuvimos un rato navegando por la bahía con sus terribles vistas.

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Después de comer nos pararon en una especie de aldea flotante en la que podíamos coger unos kayak, que estaban incluidos en la visita, y hacer un pequeño tour a nuestro aire.

La aldea flotante

La aldea flotante

Estuvo bastante bien, aunque era un poco corto y la parte más bonita del tour estaba hasta las cartolas de turistas en sus kayaks.

La zona guay

La zona guay

Merecía la pena, sin embargo dedicarle una hora a kayakear por entre las rocas gigantes de Ha Long.

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Ahí nos despedimos de algunos de los compañeros de tour, que se quedaban a dormir (malditos sortudos). Y seguimos la ruta entre las caprichosas rocas emergentes.

Este no estaba kayakeando

Este no estaba kayakeando

Ekiusmi nos había dejado tranquilos pero en breve vendría el momento de lucimiento máximo.

Otros engañaos en excursión de día

Otros engañaos en excursión de día

REsulta que hace unos años un pescador fue atrapado en un tifón en la bahía. El tifón le llevó a la cima de una de las islas, sin poder comunicarse con tierra ni nada. Así que el tipo estuvo indagando la isla para cobijarse, comer algo, beber… y encontró que estaba hueca! Había una supercueva dentro. Ése era nuestro siguiente destino.

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

Pasarela arbolada a la salida de la cueva

El barco aparcó cerca de la entrada de la cueva, pero había que subir un tramo, que se hizo duro porque el calor era máximo. Por suerte la mayor parte de la subida era por dentro de la cueva, que estaba muy fresquita. Era una cueva muy vertical, básicamente la oquedad ocupaba toda la isla, y las islitas de Ha Long son casi pináculos.

Al entrar el la cueva volvimos a degustar las maravillas del buen gusto chino-vietnamita. Aquello parecía Las Vegas. Luces de colores, fuentes artificiales… Casi no se veía la piedra original, con las formaciones molonas que podía haber. La cueva estaba muy bien, había un recorrido interesante, por cavernas muy altas, con estalactitas y estalagmitas impresionantes.

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Sin embargo la habían maquillado estilo “escopeta de maquillar de Homer”. La visita estuvo bien, sobre todo por lo fresquito que se estaba, aunque también la insistencia de Ekiusmi diciéndonos constantemente “ekiusmi, zis… is…. ze dragon!” y señalaba una estalagmita dragón. “ekius… ekius… ekiusmi! zis is ze leidi!”… y así. Esta cueva creo que tiene el record del mundo de formaciones de piedra con nombre propio. Prácticamente a todo montículo o colgajo le habían encontrado una similitud con algo y lo habían bautizado.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

por ahí seguro que había un dragón o una mujer.

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La cueva estaba a reventar de turistas pero se veía bastante bien. Al final, salimos en lo alto de la roca al calor abrasador y tuvimos que bajar poco a poco por una miniescalera.

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

el hueco por el que entró el pescador que descubrió la cueva. Y por el que salimos nosotros

Esta isla era terrible, era un pequeño paraíso, con su supercueva que conectaba lo más bajo de la roca con lo más alto, sus escaleras de madera precarias encima del mar, y su pequeño atracadero. Tenía pinta de tener hasta una cala en alguna esquina alejada de los barcos. Si estuviera en un país europeo sería un destino turístico habitual, conservado lo más natural y originalmente posible. En Vietnam era una pelandusca con exceso de maquillaje.

Después de la isla lagarterana seguimos el ajustado itinerario por entre islitas para volver a enfilar el puerto y atracar.

Mal o qué?

Mal o qué?

No era muy tarde, pero teníamos 4 horas hasta Hanoi, así que rápidamente volvimos al bus y disfrutamos de 4 horas sin “ekiusmis”, ya que el hombre estaba un poco harto de nosotros pasando de él.

Agur, HA Long

Agur, HA Long

Llegamos a Hanoi bastante tarde, pero no pudimos evitar ir a cenar a un sitio majo. REsulta que en una calle paralela a nuestro hotel había un restaurante con buena pinta que habíamos visto varias veces al pasar pero nunca nos habíamos parado. Aunque algunos se mantuvieron fieles a la comida china, otros nos empleamos a fondo con platos occidentales que supieron a gloria.

Para evitar un último timo, contratamos el coche al aeropuerto en el hotel con el tío Martin. Así que el timo en realidad quedó en casa, al menos le dimos el exceso de pasta a un conocido que abusó de nuestra confianza siempre que pudo.

Durísima vuelta

Durísima vuelta

El madrugón fue muy duro, teníamos el primer vuelo muy pronto en Hanoi. De allí iríamos a Helsinki, otra vez el aeropuerto ratonera. De Helsinki a Madrid nos trajo un piloto calvo con una barba hasta el ombligo, que cuando estábamos embarcando se puso a hacer muecas de gorila, inspirando gran confianza. Un tipo así en un avión es el típico que cuando petan los motores dice “voy a aterrizar este pájaro!!” Hubo unas turbulencias considerables en el trayecto, pero el barbudo daba seguridad.

Y al llegar a Madrid nos metieron la ultimate-clavada: como íbamos a un hotel junto al aeropuerto ir en metro era un poco lío porque había que bajar hasta el centro de madrid. Tampoco había otras alternativas que supiéramos, así que cogimos un taxi, que nos cobró nada más que 34 euros por un trayecto ridículamente corto!!! Toma crisis del sector taxi.

A esas alturas daba igual. Fuimos a cenar a un garito castizo donde no pudimos evitar pedir tostas de jamón en pan con aceite y cerveza nacional cutre. Perfecto.

Era hora de volver.

 

 

25 May

Vietnam y Camboya episodio 11: Saigon para turistoides

Están los viajeros, que viajan. Y luego están los turistoides, que turistean. Vietnam es un país para turistoides; prácticamente no hay opciones de hacer nada que no esté supervisado y guiado por uno o varios vietnamitas. Si sumamos a eso la particular visión de la vida de los vietnamitas, que parece sacada de las pelis americanas de los años 80: dinero, lujo cutre, e individualismo for the win, hacen que visitar Vietnam sólo sea recomendable para los más posturistas (de postureo, no de turista de vanguardia)

Saigon es una ciudad un poco más occidental que el resto de Vietnam, pero en cuanto quieres hacer cualquier cosa que se salga de simplemente andar por las aceras o entrar en los comercios o restaurantes, ya necesitas un guía. Así que si quieres ir al delta del Mekong tienes que contratar un tour, lo cual suele implicar un guía que va de guay, unos compañeros de tour chinos que dan por el saco, y unos horarios ultradefinidos de los que no te puedes salir.

Así que nos levantamos pronto en el hotel Sunflower, muy recomendable por cierto, y tras un desayuno muy decente, cogimos la furgoneta de nuestro tour organizado al Mekong. Nuestro guía de hoy se llamaba Tiger (eso decía), y aunque nos contó algunos detalles mínimamente interesantes sobre Vietnam (probablemente la mayoría inventados, ya que sólo ensalzaban la patria y ponían a caldo a las patrias de alrededor), nos empezó a contar una historieta personal irrelevante, llena de fantochadas. Lo peor es que no nos dejaba no-escuchar. Si dejabas de prestar atención te increpaba. Pero qué te habías creído!

También nos contó algunos datos interesantes y probablemente sesgados sobre las víctimas del angente naranja y cómo habían aprovechado los sitios ultraturísticos como éste al que íbamos para ponerlas a trabajar allí a vender artesanía y sacarse unos duros. Sí señor, eso es estado de bienestar proporcionado por una república socialista, y lo demás son chorradas. Asiáticos y socialismo, ese mito.

El mekong es gordo

3 horas de furgoneta después, estábamos llegando al delta del Mekong, que está realmente cerca de Saigon, pero así de dura es la vida, tardas 3 horas en llegar. Ahí el guía empezó a contarnos la batalla de que éramos unos blandos por no haber madrugado a muerte (en plan a las 4 de la mañana), ya que el mercado guay que hay en el delta del Mekong es muy pronto, a las 7 o las 8. A las 11 que llegamos nosotros ya no había nada, así que básicamente habíamos viajado 3 horas en furgoneta con Tiger para ir en barquito por un río.

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Ramal pequeño

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Ramal con ramas

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No es un río cualquiera de todas formas, el Mekong nace en el Himalaya y 4900 km después desemboca en el mar. Es como si hubiera un río que naciera en Moscú y desembocara en Bilbao.


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_MG_7561 _MG_7551 _MG_7554De hecho cuando estuvimos en Tibet, pasamos por al lado del Mekong, si no recuerdo mal. Así que es un super río, que tiene un motón de campos de fútbol (medida estándar de longitud) de orilla a orilla, y una fuerza salvaje en el caudal. Pero lo interesante es venir al mercado flotante, del que ya sólo quedaban restos de coles por el agua. Así que nos metieron como a ganado en una barca, recorrimos unos cuantos kilómetros, y nos desembarcaron para ir a ver un centro de producción de tortitas de arroz inflado.

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muy limpito todo

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también fabricaban tofes

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La visita incluía un té!

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Nos llevaron a todo meter por el sitio, viendo cómo hacían artesanalmente el tema e intentando quedar cool siempre, el maldito Tiger. Después nos llevaron a comer a un sitio un poco cutre, pero que tenía hamacas.

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un poco de pollo mojao, arroz blanco, cuatro vainas y unas bolas de pinchos.

Así que nos dieron la ración de comida  exigua, y después nos propusieron coger unas bicis para ver el paisaje y blablabla. 45 grados. Hamacas. Acabo de comer. Y quieres que coja una bici?  Carlong la cogió contra todo pronóstico.

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Con agarre.

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Tenía su cierto encanto

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Aunque no le daría tiempo a mucho, porque como en todo tour guiado, el tiempo estaba ultralimitado a 40 minutos.

Allí nos separaron. Había algunos que se quedaban a pasar la noche para ver el mercado flotante al amanecer y otros nos íbamos a Saigon. Aquí es donde Tiger se empezó a liar un poco con quién era de su grupo y quién no.

Venga, que vengan los pringadets

Venga, que vengan los pringadets

Después de aquello, bajo la solana más abrasadora a los que quedábamos, nos hicieron un paseíllo en barquitas con tipos remando, y un sombrero vietnamita, turistoide al máximo.

 

Nuestro "driver"

Nuestro “driver”

Iñiguyen concentrao

Iñiguyen concentrao

turisteo

turisteo

El paseo, al margen del calor propio de la sala de máquinas del infierno, estuvo interesante, fuimos por pequeños canales entre árboles, y barcos grandes y no había injerencias de ningún guía en nuestras conversaciones.

 

todos pasamos por el aro

mmm.. qué tipo de parásitos albergará este sombrero?

todos todos

malditos perros occidentales…

No duró más de 45 minutos, de haberlo hecho el remero habría caído fulminado con ese calor.

Estos barcos nos adelantaban en la barca, haciendo unas olas divertidas

Estos barcos nos adelantaban en la barca, haciendo unas olas divertidas

A dónde irán esos turistoides...¿?

A dónde irán esos turistoides…¿?

Al salir volvimos a un barco grande, que nos llevaría de vuelta a los atracaderos donde habíamos empezado. En el barco grande íbamos algunos del grupo inicial, pero no todos. También iban otros nuevos.

De vuelta

De vuelta

Al volver  todavía quedaba gente vendiendo frutas

Al volver todavía quedaba gente vendiendo frutas

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laik a boss

laik a boss

La vuelta fue agradable, pero al llegar a la furgoneta y sentarnos descubrimos que faltaban chinos! Algunos no tenían que estar, pero otros que sí, no aparecían. El jodido Tiger los había perdido. Solución: NOs vamos sin ellos!!! A tomar por saco. Menos mal que eran chinos y daban un poco igual. Según Tiger, ya encontrarían otro bus, que la compañía tenía muchos. Le daba exactamente igual. Lo importante era cumplir horarios, aunque eso supusiera llegar con la mitad de los turistoides iniciales!

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No nos preocupamos demasiado, y seguimos el viaje de vuelta a Saigon.

4 largas horas después llegamos, y nada más bajarnos contratamos el tour de los túneles de Cu-chi con otra compañía. No inspiraba confianza el tipo que había dejado vendidos a dos turistoides porque se habían perdido. Al salir, nos apareció un vendedor ambulante a vendernos hamacas. Uno de esos pocos vietnamitas majos y cracks. Le dijimos que no. Pero el tipo vio el ansia viva en nuestra mirada y se quedó con nuestras caras. Volveremos a hablar de él.

Con los viajes contratados, el siguiente paso fue llenar el buche, después de la poquita comida que habíamos podido catar. No nos íbamos a andar con zarandajas. A 50 metros había un Pizza Hut, y allí cayó. Aunque había pizzas con sabor cangrejo, y otras curiosidades locales, la cena quedó marcada por la crack de la camarera: había un grupo de unos 20 estudiantes occidentales de como mucho 17 años. La camarera tiró una pepsi de medio litro con todos sus hielos encima de uno de ellos :)

Así aprenderá.

Nos fuimos al Sunflower hotel, a sobar, que ya era tarde, y al día siguiente tocaba nueva madrugada!

 

17 Abr

Vietnam y Camboya, episodio 10 – Angkor

Habíamos recorrido muchos kilómetros (no tantos en realidad, aunque cada kilómetro era dolor), para llegar hasta Siem Riep. Así que después de una buena noche sin mosquitera (y encontrándonos con unos acompañantes dentro del pantalón:),

Esto que parecía un ser de los avernos salió del pantalón de Car-Long. Viéndolo ahora parece un simple grillo...

nos levantamos motivados para ver los super templos de Angkor. Empezamos con un buen desayuno jemer (en realidad era bastante british), y nos dirigimos a la salida donde ya nos esperaba nuestro driver. Para evitar líos propios de estas latitudes, le habíamos contratado por un precio cerrado (unos pocos dólares, decisión ultraacertada), y el tipo nos fue llevando de un sitio para otro los dos días que íbamos a estar en Siem Riep.
Lo primero que hicimos fue ir a sacar unos rieles para pagar la entrada a Angkor, que era bastante cara. 40 dólares por persona para dos días. Teniendo en cuenta la cantidad masiva de gente que visita Angkor, y la poca industria de cualquier tipo que había en el resto de Camboya, daba la sensación de que este templo podría suponer un buen pellizco del PIB nacional. Sin embargo, nuestro driver de nombre impronunciable nos dio un dato (que quizá habría que contrastar, aunque no sé muy bien dónde): el 70% de los ingresos de Angkor se van a Vietnam, ya que al parecer el gobierno vietnamita sabe que la mayor parte de turistas de Angkor vienen de Vietnam y se aprovecha de la situación para decirles a los camboyanos “o me dais la pasta o hago del paso fronterizo, de las conexiones aéreas y por tierra y de las compañías de viajes un infierno para Camboya”. Esa es la teoría del camboyano, que quizá tenga algún sesgo nacionalista, pero que conociendo a los vietnamitas puede que sea bastante cierta. Vamos, yo me la creo.
Así que después de la alegre conversación financiera, el driver nos llevó en tuk tuk motorizado hasta la taquilla del parque, donde unas cámaras semiautomáticas te hacen unas fotos para ponerte en tu pase.

Buen comienzo de la visita a Angkor

La de Car-long fue especialmente divertida. Luego cada vez que nos las pedía algún guarda, se mofaba, para ver a continuación como Car-long imitaba la postura de su foto (y así se volvía a mofar). En Vietnam algo así habria sido impensable. El carácter de los camboyanos era clarísimamente diferente, no sé si por la influencia francesa, que duró mucho más que en Vietnam, si por lo reciente de los jemeres rojos, o por la menor influencia de China. Pero eran mucho más majos.

Así que tras pasar la taquilla, pensábamos que estaríamos ya en los templos, pero nos llevó otros 20 minutos de tuk tuk llegar a ellos. Algo que me ocurrió a mí, y probablemente a cualquier que no haya leído lo suficiente sobre lo que es Angkor y lo vasto que es, es el estar permanentemente atónito ante la magnitud del complejo. Parecía que habíamos entrado en el parque jurásico. Es ENOOOOORMEEE. Yo pensaba que era el templo mítico, Angkor Wat, y quizá algún templo anexo más. Pero no. Hay decenas de templos, otros tan grandes o más que Angkor Wat, templillos, templazos, paseos, ciudades, estanques, altares de sacrificios, e incluso, a media hora en tuk tuk, otro complejo más! Empecé entonces a entender por qué demonios necesitábamos dos días para ver Angkor (y de hecho, 3 habrían estado mejor). Era brutal. Y espectacular. Una de esas veces en las que te quedas con la boca abierta. A mí hasta ahora sólo me ha pasado con Angkor y con Petra, que era otro ejemplo de algo parecido. El viaje infernal de autobús merecía la pena totalmente.

Fundamental tener un guía en tuk tuk que te va diciendo qué ver, en qué orden verlo, cuánto tiempo te lleva cada cosa, y te va acercando a los sitios. El calor era asfixiante, la humedad era total, y los templos generalmente requerían subir escaleras, o trepar por muros, por lo que la visita es agotadora. Tener al menos un tuk tuk para desplazarse por ellos se agradece. La parte buena es que el tipo nos esperaba en la calle, asi que por dentro de los templos íbamos por libre tranquilamente.

Así que tras entrar por un portalón gigante flanqueado por cabezas igualmente gigantes y talladas con precisión milimétrica, el driver nos acercó a Angkor Thom, el primer megacomplejo que tenía un templo en el centro y muchos otros complejos de culto como el Bayón o una super terraza llamada “la terraza de los elefantes”, que no sabíamos muy bien a qué se debía el nombre. Luego vimos que tenía un friso lleno de elefantes tallados a escala casi real.

Introducing Angkor Thom

Había sitios más complejos de trepar...

Aquí sonaba la BSO de Indiana Jones en mi cabeza

 

En los jardines exteriores del templo principal había unos árboles también dignos de mención, que se integraban con los templos, incluso a veces era necesario trepar o bordear sus intrincadas raíces para llegar a los subtemplos siguientes.

Otros árboles comían piedras para desayunar

Mirando de abajo a arriba, desde dentro del templo

Así que dedicamos una buena parte de la mañana para ver Angkor Thom y todos los templos de sus alrededores Banteay Samre, y templos más pequeños como Pre Rup o Ta Som.

templo Bayon

Vista desde Baphuon

y hay más, y más y más…

Una entrada normal :)

Ni idea del nombre de este. Nos lo encontramos vagando por un bosque

Parecía mucho más abandonado que los otros...

Dentro del complejo de Angkor había gente viviendo, generalmente en cabañas, que vivían del arroz que cultivaban (había arrozales dentro del complejo también), y de vender ropas hipis a los turistas, y había negocios como restaurantes. Después de una mañana muy interesante, el driver nos llevó a uno de los restaurantes, que tenía un poco pinta de europeo, pero en el que había una comida más que decente (claro, era un poco europeizada).

La comida fue correcta, pero lo que fue épico fue la choza de las hamacas que estaba incluida en el precio y en la que nos echamos una pequeña pero interesante siesta.

Después del reposo seguimos la visita con Ta Prohm, el mítico templo que está totalmente subyugado a los árboles y en el que se rodó Tomb Raider, que daba mucho más de sí que simplemente la entrada con las raíces. Era un templo bastante grande y en todo él los árboles se habían hecho con el control.

el photospot

el árbol de tomb raider

Para cerrar el día vimos Angkor Wat, que estaba cerca de la salida. Angkor Wat es bastante más pequeño que Angkor Thom, pero mucho más impresionante, y de hecho es la imagen habitual de todo el complejo.

Los pináculos son más altos, está rodeado de un foso y una muralla, y una enorme pasarela con dos balaustradas que son super serpientes de 7 cabezas te van acercando al templo.

La gente se dedica a hacer el subnormal junto a las serpientes, así que nosotros hicimos nuestro aporte

En los laterales de la pasarela, grandes campas con templos más pequeños y unas vacas desnutridas (con la de hierba que tienen para comer…). Dentro del templo, muchísima gente, santones hindúes, olor a incienso, y mucho cansancio.

El monguer se repitió con las estatuas de leones

Al marchar para casa, reventados, pasamos junto a unos monos que se bañaban en las acequias junto a la carretera, que hicieron que la visita mereciera la pena aún más.

Angkor cierra bastante pronto. Normalmente el horario de apertura empieza muy pronto por la mañana (a las 6 para poder ver el amanecer desde los templos), y cierra a eso de las 6 de la tarde. Nosotros habíamos ido bastante más tarde. Aún así, la reventada era máxima, así que tampoco fue tan problemático tener que largarse. Al llegar al hotel, descubrimos que de hecho había sido algo muy bueno: la piscina del hotel nos esperaba.

Carlong: "hum... una piscina"

Instantes después... "Coño, si Carlong ya está a remojo!"

El hotel al que habíamos ido no era el más lujoso de Siem Riep, pero estaba bastante bien, y la piscina era un goce, con sus hamacas, sus palmeras, y su servicio de copas en la hamaca. Así que aprovechamos toda la luz que quedaba del día para hacer un poco el mono bajo el agua. Allí nos encontramos con otros tipos de Bilbao (it sends eggs) que nos contaron que habían venido volando desde Da Nang. Nosotros nunca contemplamos esa opción, ya que siempre miramos transportes desde Ho Chi Mihn, pero echando la vista atrás parece la opción más razonable: el vuelo era muy barato, y te ahorras el coñazo de bajar hasta Saigon, y el de venir de Saigon a Siem Riep (además de no perder un día entero).

Después de un buen baño y una puesta a punto, salimos a conocer mejor Siem Riep. Antes de cenar, descubrimos el auténtico bar cremas de Siem Riep. En una callejuela, lejos del centro activo de la ciudad, el bar consistía en un jardín lleno de sillas de mimbre, cojines, y mesas bajas, con una barra circular en el centro. Allí estuvimos un buen rato, cerveza en mano, departiendo sobre temas escabrosos.

es necesario adoptar la postura de algún tipo de lisiado estilo lord byron, para poder tratar estos temas tan filosóficos

Fue una lástima que no sirvieran cenas en este local, porque nos habríamos quedado de buena gana. Sin embargo lo que hicimos fue salir hacia la zona de restaurantes, plagada de turistas, donde tras dar varias vueltas entramos en uno muy chic, con suelos de madera, paredes vaporosas de telas finas, y camareros con esmoquin. Tenía una carta de vinos considerable, especialmente para ser Camboya, y los precios de la comida iban acorde con todo lo descrito anteriormente. Tampoco fue una cena espectacular, aunque por lo que pagamos debió haberlo sido. Buscamos un lugar adecuado para tomar unas cervezas, pero no se dio el caso. Así que no tardamos en volver al hotel, ya que al día siguiente había bastante que ver en Angkor.

El segundo día de Angkor nos levantamos antes, aunque no tan pronto como pretendía Car-Long, que quería ver el amanecer (en Camboya amanece muy pronto). El plan de hoy era diferente: Íbamos a Banteay Srei, un complejo más pequeño que Angkor, pero en el que había mucho que ver también. Una vez entrabas en el complejo principal, se tardan 35 minutos más en tuk tuk para llegar hasta Banteay Srei, el así llamado “templo de las mujeres”, ya que por lo visto fue construido por mujeres.

vaya está un poco lejos, habrá que echar gasolina... echar??? no! mucho mejor compramos una botella de fanta llena de gasofa!

Se diferenciaba de los otros además en que estaba construido con arenisca roja, y era mucho más llamativo, aunque también era muy pequeño y estaba peor conservado.

Al igual que en el complejo sur, en este complejo norte había otros muchos templos por los que caminamos pesarosamente, pues el calor se había multiplicado.

las paradas para descansar fueron aumentando

Para hacer el mono también

También hicimos un conato de arcercarnos a una reserva de aves, pero en cuanto salimos de la sombra de los árboles nos dimos la vuelta.

En un momento dado se puso a llover, de estos arrebatos que les da a los países de esta zona, de llover de repente, y nos refugiamos en uno de los templos más viejos y ajados de todo Angkor. No recuerdo cómo se llamaba, pero el templo era uno de los más bonitos del recinto. Estaba entre árboles enormes, tras un pasadizo místico entre espesura verde, y dentro podía recorrese entero. También la parte interior era tremenda; parecía sacado de alguna peli de aventuras, el mítico templo abandonado en medio de la selva, medio tomado por la vegetación, pero conservando todo su halo de misterio. Claro que unas niñas vendiendo pulseritas en medio del templo rompían un poco el halo, pero fue un buen refugio para la feroz e inminente chaparrada.

Iñiguyen lo petó con su nuevo estilo "wide-open-cap"

El driver nos llevó a comer a un sitio diferente, pero que también tenía una buena chabola con hamacas, desde donde vimos llover, y nos echamos una siesta un poco más extensa que la del día anterior; al final estaba lloviendo así que allí se estaba bien.

Cuando por fin paró el driver nos llevó a ver unos cuantos templos más de la zona norte del complejo, uno muy grande y rojo, que requería dureza de ascenso.

El ascenso se puede decir que era "empinadillo"...

Por último fuimos a unos templos anexos pequeñitos…

Donde pudimos por fin agradecer al driver su servicio!

Y sacar las últimas fotos de Angkor Thom

en un marco incomparable blablablabla

El segundo día cogíamos el avión de vuelta a Saigon. Qué bien hicimos en coger avión! Aunque las conexiones eran peores (más caras) con Saigon que con Danang, podemos decir que TOTALLY WORTH IT. Sólo por no volver al autobús de la muerte, los 100 dólares del vuelo estaban perfectamente bien pagados.

De todas formas el vuelo era por la noche, por lo que después del cierre de Angkor pudimos aprovechar la pisicina del hotel antes de salir.

Así que después del último baño y un intento fallido de imprimir los billetes de avión en las impresoras del hotel, partimos con nuestro fiel driver de tuktuk hacia el aeropuerto de Siem Riep. Un aeropuerto no muy grande pero que perfectamente podría ser el de una ciudad sueca de tamaño medio: totalmente moderno, nuevo, con mucho gusto, eficiente , espacioso, con asientos para todo el mundo. Un aeropuerto de absoluto lujo para estas latitudes. Le daba mil vueltas al de Hanoi (bueno y a cualquier otro de los que habíamos visto por aquí). En algún sitio se tenía que notar el pastizal que entra a Camboya por Angkor.

Allí tras la tensión inicial de no tener billete conseguimos pasar, hacer el checkin y esperamos al avión, de Cambodia Airlines, que era con mucho el mejor avión que cogimos en todo el viaje (sí, mejor que los de FinnAir). Avión de lujo, servicio y atención de lujo. En un vuelo de 45 minutos nos dieron de cenar, y nos trataron de forma exquisita. Camboya es otra historia.

Al llegar a Saigon teníamos un poco lío porque teníamos cambio de hotel. Como el Nguyen Kang había sido bastante chufa, decidimos cambiarlo por otro, y en Camboya hicimos la reserva para el nuevo. Pero como a Camboya habíamos viajado ligero, teníamos nuestro equipaje en el Nguyen Kang, así que primero teníamos que ir allí, decirle al tipo que nos salíamos, coger todo, e ir al otro hotel.

Otra vez la tensión de pillar taxis en Vietnam. Del aeropuerto al hotel me senté delante con el móvil y el GPS para que viera que la situación estaba controlada, y todo fue bastante bien. Subimos, cogimos el equipaje, y volvimos a salir. Según Google Maps, el otro hotel, “Sunflower”, estaba a 15 minutos a pie. Estaba realmente cerca. Pero eran las 10 y pico de la noche, había mucho cansancio… y no sabíamos bien la dirección. Así que optamos por coger un taxi. Como estaba cerca, decíamos a los taxistas que 100.000 dongs. 27000 dongs son un euro. Pero 100.000 era sobrado, para la distancia que íbamos a hacer. 3 euros en Vietnam pueden dar para mucho. Nadie nos aceptaba. Un tipo nos metió las maletas, pero luego nos dijo que 200.000. Nos pusimos firmes y bajamos las maletas y nos fuimos. Al final aceptó por 100.000. Fue muy jocoso durante los 5 minutos de trayecto, pero al salir le pagué con un billete de 500.000 y no me quería dar las vueltas.  Entre bromitas y demás, nos tuvimos que poner realmente amenazadores para que nos devolviera los 10 euros que nos estaba tangando alegremente (recordad: “all I wanna do (bangbangbangbang clinch) is take your money!”). Al final nos los devolvió, y nos largamos con portazo y mala educación. La cuestión es que estos jueguecitos les funcionarán con muchos turistas… por nuestra parte, decidimos usar taxis prepagados contratados en los hoteles, y así nos ahorraríamos polémicas.

Era realmente tarde cuando conseguimos hacer checkin en el Sunflower hotel, así que tras dar una minivuelta para cenar, nos fuimos a dormir. Teníamos dos días de Saigon por delante.

19 Mar

Vietnam y Camboya, episodio 9: Un viaje inolvidable

5 de la mañana. No era la primera vez que madrugábamos de forma extrema en uno de nuestros viajes. Tampoco la primera que ese madrugón era básicamente para meternos en un transporte y perder el día entero en él. Pero esto era Vietnam. Todo lo que anticipábamos que iba a ser el viaje a Camboya acabó siendo de otra manera. Peor.

A pesar de levantarnos muy pronto porque vendrían a buscarnos del bus, el tipo tardó bastante. Al de poco llegó y nos metió en un bus bastante cutre, aunque cómodo. Digo cutre porque veíamos los buses de la gente que salía hacia Camboya de alrededor, y esto era un poco de risa: eran buses con camas, en los que la gente iba tranquilamente dormida. Eran más lujosos que los trenes en los que habíamos viajado. Sin embargo nuestro bus era mondo y lirondo.

Así empezó el viaje que supuestamente nos iba a llevar unas 12 horas, para las 6 de la tarde deberíamos estar en Siem Riep. La mañana pasó de forma más o menos agradable.

Todo eran sonrisas.. no sabíamos la que nos esperaba...

Tranquilamente tardaríamos 2 horas en salir de Ho Chi Minh, pero la carretera era cómoda, y no se hizo muy duro. Hacia el mediodía tuvimos que cruzar lo que parecía el Mekong, en una zona en la que no había puentes. Así que los autobuses, coches y peatones se subían a una barcaza que daba malas sensaciones y cruzaban despacito. En nuestra barcaza, junto a nuestro autobús iba una señora a pie con una cesta gigante llena de lo que parecían cucarachas o algún otro insecto repulsivo. Cada poco tiempo cogía uno y se lo comía como si fueran quisquillas.

-un momento... ahí???

No mucho tiempo después, llegamos a la frontera y conseguimos nuestros visados para visitar Camboya. El paso de la frontera no es apto para los control-freaks como yo: cuando llegas a la parte camboyana el guía te quita el pasaporte para dárselo a las autoridades locales, y te mandan a una sala de espera, donde van llamando por nombre. Hay un momento en el que tienes que pasar un security check del que no puedes volver atrás, y seguir avanzando por un camino sin retorno. Entre tanto tu pasaporte está en manos de nosesabequien. Todo esto lo deduces viendo lo que hacen otros viajeros, ya que nadie da instrucciones, aunque hay unos bonitos carteles que podrían ayudarte si conocieras la lengua jemer. Algunos de esos viajeros a los que imitas están tan perdidos como tú, o te están siguiendo a ti directamente. Así que llegas a unas barreras en las que el guía reparte los pasaportes, pero misteriosamente sólo reparte a los chinos y a los vietnamitas. Todo occidental se queda marginado en una esquina sin noticias de su pasarpote ni saber cómo demonios se entra en Camboya. Al final consigues que te llamen, y den el visto bueno para que entres en el país, pero sigues sin pasaporte. Así que con muchas dudas, te montas en el bus sin pasaporte. Al final el tipo que te quitó los pasaportes de los devuelve. La gestión es en realidad muy eficiente, pero estaría mucho mejor si te informaran de qué demonios está pasando.

Al fin! miles de sellos!

Para la hora de comer llegamos a Phnom Penh, la capital de Camboya donde se encuentran super palacios y supertemplos dorados (y super tumbas comunitarias del infierno jemer). Allí supuestamente teníamos poco más de media hora hasta nuestro siguiente bus. Para cogerlo teníamos que hacer un trámite en una agencia de viajes, con un vale que nos habían dado en el otro autobús. Era todo un poco turbio, pero es que no estamos en Japón. El segundo bus tardo dos horas y media en aparecer, poniendo tensos a todos los que los esperábamos. Que estábamos sin comer, por cierto, y sin muchas opciones de comprar comida ya que no teníamos rieles cambiados.

Cuando por fin apareció, nos sentaron en el peor sitio posible: atrás del todo, junto al baño del autobús (que era infame). Aunque Carlong consiguió un “buen” asiento en la penúltima fila, y le pusieron a un monje budista al lado. Inicialmente tenía otra compañera, pero el monje no podía ir sentado con una mujer (qué bonitas son las religiones!) y pidió un cambio de sitio, y le tocó con Carlong, que le estuvo abrasando a preguntas sobre budismo, ser un monje budista, política, etc. El bus anterior nos había parecido una porquería, pero ahora pensar en él era pensar en el paraíso. Los asientos del bus camboyano eran estrechos, inclinados hacia adelante, no había sitio para las piernas (y mira que somos pequeños), no tenía nada parecido a refrigeración, con el calorazo de muerte que hacía, el baño estaba al lado, con los paseítos consiguientes, y además la suspensión estaba en modo “cama elástica”. Bueno este autobús tenía que dejarnos en Siem Riep en unas 6 horas, tal vez menos.

Pues no, fueron casi 9 horas de autobús infernal. El baño se fue llenando de lo que se llena un baño, y a todas las incomodidades originales había que añadir el hedor que salía de la puerta que teníamos al lado. Al menos aprendimos cosas sobre las batallas políticas y religiosas que había en la región con los budistas.

Cuando llegamos por fin a Siem Riep llevaba lloviendo intensamente al menos dos horas (habían hecho que el camino además diera un poco de miedo: el autobús iría como mucho a 40 km/h, pero parecía que iba a 140, entre la lluvia, la oscuridad absoluta, los botes, los ciclistas y tuktuk a los que tenía que esquivar de mala manera…) Si la frontera de Camboya no era apta para control-freaks, el viaje no era apto para gente que se marea.

Al llegar nos esperaba el tuktuk prometido por la chica del hotel kang de Saigon (dónde quedaría Saigon a estas alturas…). El tuktuk iba en el precio de todo el viaje y nos iba a dejar en el hotel. Aunque se perdió y pasó varias veces junto a la calle del hotel sin encontrarla, el tipo hizo una labor digna. Pero lo estropeó todo cuando quiso cobrarnos al final. No era mucho. Pero era un maldito miserable, después de que nos dijeran que iba incluido en el precio. Conociendo después a los camboyanos, dedujimos que probablemente el tipo del tuk tuk tenía razón en pedir que le pagáramos, porque probablemente la agencia vietnamita no le dio un duro. Así las gastan en ese país. El tipo pasó a la etapa de negociación, diciéndonos que no nos cobraba, pero luego nos llevaba a los templos de Angkor cobrándonos y blablablá… Así que como la cosa pintaba un poco chunga decidimos pagarle y mandarle al guano.

En la recepción del hotel la cosa cambió. Los camboyanos son gente realmente agradable y hasta cierto punto tienen pinta de bastante cándidos. Aunque Siem Riep recibe una salvajada de turismo, parece que aún no se han corrompido por el dólar (o por los chinos, más bien) como sus vecinos orientales. Menuda diferencia con Vietnam. También hay que decir que son gente un poco más gris y cabizbaja, probablemente todavía no hayan superado como sociedad lo que vivieron hace 30 años. La gente de la recepción nos dio una bienvenida calurosa (y mucho más sincera que cualquiera de las de Vietnam), y nos dieron nuestras habitaciones, que no estaban nada mal. Aunque la cantidad de mosquitos era ingente, y por ser zona de riesgo, ya estábamos dándole al malarone.

También intentamos montar una mosquitera de las que habíamos llevado. Con escaso resultado.

El complejo sistema de poleas incluía una percha con camiseta para contrapesar. Al entrar en la cama todo se desmoronó. Habría que confiar en el Malarone...

Bajamos a cenar al restaurante del hotel, donde pudimos comprobar que la comida jemer tampoco es ninguna maravilla. Todavía no he encontrado un país asiático (a parte de Japón), en el que haya comido bien…

Contratamos con el hotel un tuk tuk que básicamente estuviera a nuestro servicio durante los 3 días que íbamos a estar en Camboya, por un precio muy competitivo, y nos olvidamos de historietas de contratar a taxistas y demás. Esto fue un gran acierto, ya que como el tipo iba sobre precio cerrado y no se intentaba ganar nuestra amistad, supimos que siempre que era majo con nosotros, es porque era majo de verdad. El tío era un crack en realidad, y acabamos dándole una buena propina. Además, Angkor es GIGANTE, y para moverse por allí está muy bien tener un tipo que te lleva y te trae.

Nos fuimos a la cama, el día había sido muy duro, y el que venía iba a ser más duro, aunque mucho más bonito.

 

03 Sep

Vietnam y Camboya, episodio 1: inicios accidentados

Había largo viaje hasta Vietnam, pero todo apuntaba a que no sería tan pesado como en otras ocasiones. Volábamos desde Madrid a Helsinki y de Helsinki a Hanoi, con sólo una hora de parada. 15 horas de vuelo en total, precedidas de 5 de tren desde Bilbao a Madrid, en uno de esos Alvias que habían dejado tan mal cuerpo sólo una semana atrás (exactamente en el momento en el que estábamos comprando aquellos billetes).

Tras un vuelo que no se hizo demasiado largo, aunque los de Finnair nos escatimaron snacks, y nos dieron la peor comida de avión de la historia (parecía el vómito del comandante), llegamos a Hanoi a las 6.30 de la mañana, tras más de un día sin dormir. Así que esperamos a las maletas, esperamos, esperamos, esperamos… hasta que vimos que aunque las de Iñiguyen e Irang-tzuh habían salido, la de Car-long y la mía no. No estaban. En el aeropuerto nos confirmaron que estaban perdidas; nos dieron un neceser con unos cutrecalcetines, una camiseta y unos mínimos enseres de limpieza, y un papel indicando que quizá podríamos recuperarlas, pero teníamos que andar pendientes, ya que no íbamos a estar quietos en Hanoi, y ellos sólo las podían mandar a nuestro primer hotel. Tampoco podían llamarnos por teléfono.

Así que sin maletas, sin ropa, sin insecticidas, sin cremas de sol, sin mudas, sin medicación para el estómago, salimos a que nos recogiera el transporte del hotel. Nos habían clavado 20 dólares por el transporte, sabíamos que era un timo (más adelante descubriríamos que de timo nada), pero queríamos algo seguro para el primer día. Con las ganas de matar aumentando, y la desconfianza hacia todo tras perder las maletas, el transporte nos llevó de rally, y en una hora, al caótico centro de Hanoi.

 

Downtown Hanoi, lleno de motos

Sí, el aeropuerto está condenadamente lejos del centro. Nos soltó en un callejón donde un tipo aleatorio nos dijo que teníamos que bajar ahí, que el hotel estaba cerca, y blablabla. Habiendo leído sobre los timos de hoteles falsos que replican a otros, y cosas similares, no nos dio mucha confianza, pero finalmente bajamos y le acompañamos al que sería nuestro campamento base: Splendid Grand Star hotel. Estaba una callejuelilla, y por eso no nos pudo meter el coche. En cualquier caso, tras los 21 días sabemos que hicimos bien en desconfiar. En Vietnam no te puedes fiar de NADIE.

 

Una calle anexa

En el hotel nos ofrecieron unas frutas frescas y una welcome drink que pedimos sin hielo: unos zumos bastante buenos y dulces. Nos acogió Tony, el dueño del hotel, que nos dio una cálida bienvenida y en poco tiempo nos dio acceso a las habitaciones. (nunca te fíes de la calidez de un vietnamita)

Después de dormir un buen rato y adecentarnos todo lo que podíamos sin tener maletas, bajamos a la recepción a contratar el gran highlight del viaje: una excursión a la bahía de Halong en la que íbamos a pasar una noche durmiendo en un barquito para ver el amanecer entre las rocas de la bahía. La noticia del tifón que iba a cancelar nuestra excursión fue como un segundo jarro de agua fría. Si a Car-long no le había afectado tanto perder la maleta, esto terminó por desmoralizarlo.  Ahora no teníamos maleta, habíamos perdido la oportunidad de ver Halong como debe verse (durmiendo allí), y teníamos dos días en Hanoi sin nada que hacer, y sin hotel. Grandes comienzos.

 

Los vecinos de en frente

Con una oferta para ver Tam Coc, el Halong tierra adentro por parte del hotel, que nos pareció carísima y no cogimos en primer lugar, decidimos al menos aprovechar la tarde para conocer el centro de HAnoi, el barrio viejo y el lago, sus principales atractivos turísticos. Así que empezamos a vagar por las calles del barrio viejo hasta que llegamos al lago.

 

El famoso lago de la tortuga

El calor y la humedad eran insoportables. Era sudor automático, como estar en un baño turco. Como no había mucho más que ver que el lago en el que había una tortuga gigante, que no vimos, compramos entradas para el teatro de las marionetas en agua, uno de las principales atracciones de Hanoi, y que está allí mismo al lado del lago. Como el teatro era a las 5 de la tarde, empezamos a buscar algún sitio para comer. Después de descartar unos cuantos por demasiado occidentales o por demasiado sucios, encontramos un café que tenía buena pinta, y buenos precios, el Up Café. Era un poco raro, estaba en la azotea de un edificio, y para entrar al ascensor había que entrar a una tienda de Springfield y cruzarla entera. Así que vimos unas cuantas camisetas y pantalones y sus precios occidentales y por tanto prohibitivos, y subimos al Up Café.

 

Nos han robao la idea del bar tecnológico!

 

Buenas vistas al lago

El sitio estaba muy bien, una terraza con buenas vistas, interior climatizado con sofás, el menú en iPads, y camareros muy atentos (cuando hay transacciones comerciales de por medio, los vietnamitas pueden ser majos… son tan chinos…). Comimos muy bien, platos típicamente vietnamitas, como Bun Cha o Bun Bo Nam Bo, por poca pasta, unos 13 euros entre todos. La conexión wifi era gratis y buena (descubrimos luego que Vietnam está a años luz de casi cualquier país europeo en conexión wifi, la hay por todas partes, siempre abierta, siempre gratis, y a buena velocidad).

Después de que por fin algo saliera bien, fuimos a ver el teatro de marionetas de agua. En este espectáculo te sientan en unas butacas pequeñísimas (por cierto, nos timaron; hay dos tipos de entrada, la cara y la barata: con la cara supuestamente estás super cerca, pero nos tocó casi atrás del todo, a pesar de haber comprado la cara ¿cómo demonios te pueden timar en la taquilla de un teatro?), rodeado de mil guiris más como tú, y hay un estanque al que van saliendo marionetas que cuentan la historia de Vietnam desde que un dragón se lo montó con una grulla, y pusieron 1000 huevos que formaron los primeros pobladores de la etnia Viet.

 

estas no son las marionetas..

estas sí

Luego se hacen campesinos, y van prosperando.

 

Luego llega la religión y lo estropea todo. NAda nuevo

El espectáculo es ameno y tiene música en directo, aunque cuando acaba tras 55 minutos no te quedas con ganas de más.

Al salir seguimos paseando por el lago, y viendo el famoso puente rojo tan mítico de las fotos de Vietnam, y en el que había una sesión de fotos de boda que Car-long se quedó mirando un buen rato.

Se casan

Para las 7 empezó a anochecer y fuimos volviendo poco a poco al hotel, callejeando por el barrio antiguo. Teníamos que buscar un hotel para el día siguiente y contratar una excursión para ocupar los días que el tifón nos había estropeado. Así que rápidamente hicimos una reserva en el Rising Dragon Vila hotel para el día siguiente, muy cerca del nuestro, y con bastante mejor pinta. El Splendid Grand Star estaba bien, pero no pasaba de ser un hostel ligeramente mejorado. La excursión a Tam Coc, un río con cuevas y rocas estilo Halong, tuvimos que discutirla. En el hotel el turbio de Tony y su asociado Martin, nos decían que nos ofrecían el “good trip” por 32 dólares por persona. Había un “bad one” por “algo menos”, aunque no nos especificaron nunca cuánto menos exactamente. Tampoco nos dijeron en qué se diferenciaban: mejor guía, mejor comida, mejor autobús… pero mejor cómo? vamos a ir de pie las 3 horas de autobús o algo así, si pagamos 5 dólares menos? Ellos decían que como éramos sus clientes favoritos no nos iban a vender el trip cutre porque no podían vendernos algo cutre. Fuimos a otras agencias y en todas nos dieron un precio similar, por lo que al final contratamos la excursión en el hotel (en Vietnam casi todos los hoteles, o al menos los cutres, son también agencias de viajes). La sensación de que estos dos eran unos timadores iba en aumento. Además, ya empezaban a tomarse confianzas con nosotros, como pegarnos pequeños puñetazos en el hombro al llegar y similares.

EL lago, de noche

Nos fuimos a cenar a un sitio recomendado por los timadores, que resultó ser un restaurante muy elegante, con una gran terraza y comida vietnamita buena. El problema es que eran las 21.40 y cerraban a las 22.00. Lo raro no era que cerraran tan pronto, en Vietnam las 7 de la tarde es como nuestras 11 de la noche. Lo malo es que son muy muy estrictos con la hora de cierre, y prácticamente te echan del local cuando llega. Así que comimos bien, pero con gran estrés, bajo la mirada inquisidora de varios camareros que en cuanto poníamos un cubierto en la mesa se llevaban todo el plato, para después venir a meterte presión con la hora de cierre. Definitivamente era un sitio para visitar con más tiempo.

A las 10 nos dieron la patada, y salimos hacia el hotel, a intentar recuperar un poco el sueño, ya que al día siguiente salíamos muy pronto hacia Tam Coc.

La noche fue entretenida, algunos la pasamos en vela, por aquello del jet lag, pero pronto recuperaríamos el sueño.

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