18 May

Jordania, capítulo 2: fronteras sin fronteras

El muecín nos despertó a las 4 de la mañana. A todos menos a Mohamiñigo que seguía experimentando su viaje. No costó mucho volver a dormirse hasta las 8, para ducharnos en las negras duchas del Palace Hotel y bajar a desayunar el glorioso pan de pita con huevo duro, mermelada y quesito.

Hoy tocaban los castillos del desierto. A lo largo de Jordania hay un montón de castillos antiquísimos de diversos orígenes: omeyas, cruzados, de reyes españoles… de todo había… La mayoría se conservan en bastante buen estado en medio de desiertos, y hoy íbamos a ver los 4 más míticos del norte de Jordania, haciendo una ruta circular que nos acercaría peligrosamente a la frontera de Iraq, algo que excitaba a Mohamiñigo de sobremanera.

Tras conseguir salir de Amman, no sin pocos problemas, nos dirigimos al primer castillo: Qasr Al-Hallabat. Para llegar a este castillo desde la carretera que iba a Iraq tuvimos que desviarnos a la izquierda tras una cantera. La arena estaba en suspensión y no se veía demasiado bien, pero por suerte teníamos el móvil con conexión de Mariyah, que mal que bien nos fue guiando. Llegamos a un pueblo en el que no debía de vivir mucha gente y en una intersección nos encontramos con esto:

peligrosísimos granjeros

Mohamiñigo volvió a emocionarse: un camión lleno de gente con la cara tapada con keffiyehs jordanos!!! Parecen tipos armados y peligrosos!! No les mires a los ojos que igual sacan un AK47!

Probablemente eran granjeros o cabreros que llevaban la cara tapada por la arena que se estaba levantando. Un poco más adelante encontramos lo que parecía el castillo, cuatro piedras tras una valla. Un poco decepcionante.

Irantzullah y Mohamiñigo no se creían que «eso» fuera el conocido castillo así que preguntamos y nos enteramos de que en efecto el castillo estaba un poco más adelante, por lo que nos dirigimos allí.

5 Km más adelante estaba el auténtico castillo (que no era un castillo)

Al llegar, Mariyah empezó a ejercer su nueva afición: guía turística que nos iba radiando toda la historia de los lugares que visitábamos (historia que leía en la Lonely). Resulta que Al Hallabat era más bien un palacio de la dinastía Omeya que usaban para vivir, y bañarse (debía de tener unos baños excepcionales). El palacio en cuestión también era 4 piedras, pero tenía su interés, sobre todo pensando que tenía más de 1300 años de antigüedad.

seh... nostamal...

La visita a Qasr Al Hallabat no duró mucho, y seguimos hacia Qasr Azraq, el castillo más grande y oriental (y por tanto más cercano a Iraq). Ohhh síii, la frontera de Iraq! Vamos a estar a 200 km de la frontera de Iraq!!! Es lo más cerca en nuestra vida que blablablabla…

Iraq!! a sólo 55 km... :S

sehhh-... nostamal...

En resumen, nos quedamos a unos 200 km de Iraq, pero Mohamiñigo no pudo evitar estar más cerca de la frontera.

Qasr Azraq era el castillo más grande, ya que realmente había sido una fortaleza. Era curioso porque estaba construido con basalto, por lo que es negro.

pose en la entrada.

Radio Mariyaaaah efe emeeee. Con todos los éxitos de los castillos jordanos!

Por lo visto este castillo fue un asentamiento militar de los romanos por estrategia, ya que estaba junto a un oasis, el único en un montón de kilómetros de desierto. Del oasis quedaba ahora un pequeño humedal. DEspués de los romanos, los famosos mamelucos construyeron la fortaleza, y posteriormente los árabes lo tomaron y construyeron una mezquita, existiendo una pequeña mezcla de estilos en el castillo. También vinieron omeyas y bizantinos. Un poco de todo.

Lo más llamativo de Qasr Azraq era que Lawrence de Arabia había vivido allí. Incluso se podía entrar en la estancia que había sido su habitación/oficina para gestionar la guerra contra los turcos.

Mohamiñigo reflexiona en la habitación de Lawrence

La habitación estaba más concurrida de lo que parecía

 

Arcos de los cristianos (pseh... nostanmal...)

Pequeña tormentita de arena que estaba empezando a formarse...

seh...nospatanto la tormenta....

Parece que cada día hay una foto de Mohamiñigo con algún tipo de soldado o policía

Cuando salimos de allí nos dimos cuenta de que era ya medio día y el hambre apretaba, así que fuimos a Azraq a ver si encontrábamos algún restaurante local. Así fue, no pudo ser más local. En la recta de los restaurantes, de la carretera que baja a Arabia Saudí encontramos un sitio de aspecto cutre, que estaba vacío y con una legión de camareros que se pusieron a atendernos todos a la vez. Mientras nos sentábamos, los camareros nos ofrecieron amablemente uno de los reservados que había en los laterales del recinto, aparentemente más cómodos, con sofás y mesas bajas. Después me explicó que era donde se separaba a las mujeres para comer. Me dio un poco mal rollo, así que a pesar de que nuestras infieles esposas vestían como malditas rameras occidentales le dije que íbamos a comer en el comedor general. Poco después entraron unos saudíes que no nos quitaron ojo en toda la comida.

La comida sin embargo fue excelente, brochetas de cordero (creo que se llamaban shish), con verduras y un taboule delicioso, hummus y pan de pita!

Cuando salimos del local parecía que había anochecido. No sé si técnicamente eso era una tormenta de arena, pero lo parecía. El cielo era marrón, el sol era una simple bolita blanca detrás del velo de arena, el viento era intenso y no había prácticamente nada de visibilidad.

conduciendo entre arena

Así, bajo el manto de arena tapándolo todo, arrancamos hacia Qasyr Amra, sin duda uno de los más conocidos  en foto. También se trata de un castillo omeya del siglo VIII, que estaba mucho mejor conservado. Algo que nos tenía intrigados era que en la Lonely se hablaba de que había un fresco de un oso tocando el banjo. Sonaba un poco raro…

Qasyr Amra, tal como sale en las fotos

Al llegar encontramos que el castillo estaba en muy buena forma. Lo que se conserva son principalmente termas con unos ingeniosos sistemas de almacenamiento de agua, evacuación de vapor y demás. Al llegar nos asaltó un hombre pequeñito y cansino, que nos hizo de guía por todo el palacio sin que nosotros se lo pidiéramos (por supuesto luego pediría una remuneración que nunca tendría). El tipo nos enseñó el castillo bastante a fondo y muy rápido. Lo más interesante de este castillo/palacio eran los frescos. Casi todas las habitaciones que se conservaban eran termas con canalizaciones, y chimeneas para el vapor, pero en sus techos había interesantes frescos con mapas del cielo, y en uno de ellos efectivamente había una escena en la que salía un oso tocando el banjo.

En la parte inferior se puede apreciar el famoso oso con banjo... es bastante inquietante que este fresco tenga más de 1000 años... en qué demonios pensaban?

En otra habitación que parecía más de oración aparecían seis reyes que parece que estuvieron implicados en la construcción del castillo, uno de ellos español, al parecer.

En la parte de fuera había un pozo bastante profundo y un molino que permitía cambiar el agua a las termas. Mohamiñigo lo probó, y el mini-guía le dijo que era un camello, ya que eso lo hacían los camellos. También le lanzó el clásico «jalla jalla», una especie de «vamos, vamos» que usaban mucho por allí, y del que nos apropiamos rápidamente.

 

Aurki putzu bat emango zaik egongutzat

jallah, jallah!

Photo performed by gabachos

Después de una última foto salimos hacia Qasr Kharana, el último castillo que íbamos a visitar.

Qasr Kharana era algo más parecido a un castillo que lo que habíamos visto antes. Tenía unos muros bastante más altos, torres (aunque según Radio Mariyah eran macizas y no había tipos dentro para disparar flechas o tirar aceite hirviendo)

Contaba con bastantes habitaciones visitables y que se conservaban bien.

cortado por las muñecas. toda una lección de composición

habitaciones y escalinatas se sucedían

the f* is this? ... the f* was that?

Tras acabar con los 4 castillos, el regustillo general era un poco de desilusión. Los castillos son algo que hay que visitar en Jordania pero tampoco ofrecían tanto. Así que arrancamos hacia Madaba, una ciudad no muy grande al sur de Amman, aunque un poco más elevada, rodeada de huertas y campos de cultivo, ya que al parecer esta zona es bastante fértil.

No nos costó demasiado llegar a nuestro hotel en Madaba: Pilgrims House. Resulta que en Madaba se encuentra la iglesia de San Jorge, y es su punto más conocido por ser una iglesia ortodoxa que alberga un mosaico antiquísimo. Y resulta que en esa iglesia hay un albergue de peregrinos que fue ampliamente recomendado por Al-Xabier. Así que allá fuimos, y la encontramos fácilmente por que no había muchas iglesias ortodoxas en el panorama de minaretes.

Al llegar nos recibió una señora extremadamente amable (y que de apariencia me recordaba a la imagen mental que tengo de la madre de Howard de Big Bang Theory) que nos sacó un zumo y nos hizo esperar un rato, durante el que estuvimos hablando con unos popes que andaban por allí filosofando entre ellos y lanzándose cuestiones éticas y metafísicas (presuntamente). Inicialmente la cosa daba un poco sensación de «demasiada santidad» en el ambiente, como que no encajábamos mucho allí. Con el paso del tiempo, la casa de Peregrinos de Madaba sería nuestro alojamiento favorito en Jordania.

Por fin nos dieron las habitaciones, espartanas, funcionales, y muy muy limpias y cuidadas, algo que agradecimos. La ducha para quitar la arena del desierto fue intensa, y después dimos un garbeo por Madaba, conociendo la otra iglesia cristiana que había (donde se estaba celebrando una intensa misa), y la calle principal.

Fiestón nocturno en Madaba

Como no había gran cosa que hacer, la solución fue fumarse una sheesha en el bar Queen Ayola, una de las acertadas recomendaciones de la guía y de la señora del Pilgrims House (que se llamaba Hind). Cenamos un poco en un restaurante cercano, que no fue demasiado barato pero incluyó pan de pita!!!, y nos fuimos a la cama, ya que al día siguiente nos esperaba el Mar Muerto, uno de los grandes highlights del viaje.