27 May

Namibia, capítulo 13: La tormenta de arena

La tormenta de arena empezó a las 4 de la mañana. Empezó con la tienda moviéndose un poco, algo que no nos había pasado nunca hasta ese momento, era una tienda bastante sólida. Tras media hora el viento aplastaba la tienda poniendo las varillas inclinadas, y tras una hora podíamos tocar el techo (o mejor dicho, la pared frontal, que ahora era techo) sólo alargando el brazo, desde nuestra posición tumbados en el suelo. Estuvimos un buen rato pensando que era cuestión de que hacía bastante viento, y poco más pero llegado un punto pensamos que el viento nos iba a arrastrar. Cuando empezó a amanecer, a eso de las 5 y media, descubrimos que además de viento, había arena. Mucha arena dentro de la tienda y al salir al exterior estábamos en medio de un vendaval marrón, sin visibilidad y muy hostil. La arena entraba por todas partes, no se podían abrir los ojos, ni la boca y se respiraba con dificultad. No podíamos hacer mucho allí en la intemperie, así que decidimos adelantar nuestra visita a Sossusvlei, pero recogiendo todo. Aunque teníamos que estar allí una noche más, no dejamos la tienda montada porque puede que no estuviera al volver. Hicimos a toda prisa un gurruño con todo y lo metimos al maletero y nos fuimos al centro de Sesriem, a desayunar, y a ver qué podíamos hacer con este percal.

Allí nos dijeron que con tormenta no era recomendable ir a Sossusvlei, porque al fin y al cabo eran dunas. Pero también que para las 10 u 11, la tormenta habría pasado. Me sorprendió cómo podían dar predicciones con tanta precisión, pero me sorprendió aún más cuando vi que acertaban.

Sossusvlei es una zona de Naukluft con dunas enormes rojas y zonas con árboles muertos. Todo el recinto está cerrado y para entrar sólo puede hacerse por Sesriem, pagando si no recuerdo mal, 35 dólares namibios por persona (que no era poco). El precio incluye que en el último tramo te lleven en un todoterreno, ya que este tramo es de arena, no hay carretera ni nada, y no recomiendan cruzarlo por tu cuenta ni aunque lleves un 4×4.  Pero eso sería al final

_MG_6229Según entramos en la parte protegida, a parte de las espectaculares dunas rojas  sobre terreno ocre y marrón, vimos que había una constante niebla roja envolviéndolo todo en la distancia. Aunque la tormenta había pasado, seguía habiendo un viento salvaje y llevaba muchísima arena en suspensión.

 

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Es increíble porque frente a la carretera de mieeeerda que nos había traído hasta aquí, la carretera del interior de Sossusvlei era de un asfalto perfecto, negra, suave, lisa… Así que hicimos el primer tramo del recorrido muy a gusto, entre oryx, dunas rojas y la constante nieblina arenosa.

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A medio camino de los árboles muertos, está la duna 45. YA ves, son originales ellos. Esta duna es enorme, y roja y está prácticamente en medio de la nada, así que impone bastante. Cuando llegamos no había casi nadie y nos dispusimos a subirla.

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Pero no habíamos contado con el viento. A pesar de llevar el pañuelo por la cara, las gafas y demás, el viento en la arista de la duna era extremo y la arena en suspensión te pasaba por la piel como lija. Esta dificultad, sumada al calor insoportable, y a que subir una duna es una cosa bastante más física de lo que puede parecer, hizo que nos diéramos la vuelta a la mitad.

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La arena salía despedida de la arista, pero por la cara contraria esa arena circulaba pegada a la superficie de la duna raspando todo lo que pillaba a su paso.

De pronto la duna se llenó de gente. Franceses, señoras, alemanes, pocos chinos, thankgod.., pero dejó de ser un lugar misterioso y vacío. Así que nos largamos.

En pocos kilómetros llegamos al parking donde se cogían los  4×4 shuttles a la zona de los árboles muertos. Los shuttles son opcionales, pero estando incluidos en el precio son muy recomendables. De hecho vimos a un europeo quedarse atrapado con su todoterreno y varios guías del parque ayudarle a salir. Conducir por la arena suelta requiere bastante experiencia. Los shuttles salen cada 10 minutos más o menos, o cuando se llenan, y para volver hay una frecuencia parecida, así que son bastante cómodos. Además, te dan una visión divertida del asunto porque van por donde buenamente pueden.

En donde los árboles, que es la parte que efectivamente se llama Sossusvlei, había mucho más viento y la arena era mucho más agresiva. Había bastante gente por allí ya  y todo el mundo estaba tapado hasta el cogotillo. Cualquier resquicio que dejabas libre se llenaba de arena. Así que era un poco peliagudo sacar la cámara de fotos.

Por suerte al llegar a los lechos de los lagos la cosa cambiaba ya que estaban más resguardados.

Esta zona había sido en algún momento un sitio con lagos, y vegetación, pero al secarse se habían quedado los lechos, blancos, las dunas, enormes rojas alrededor,  y los troncos de árboles secos en el centro. Entiendo que la ausencia total de vida y microorganismos habían llevado a que los árboles se queden así, en vez de descomponerse.

 

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El paisaje era apabullante.

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DEspués de un buen rato haciendo fotos y volvimos Sesriem y comimos en el centro de visitantes algo un poco mejor que nuestro habitual arroz blanco y bonito de lata.

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Por la tarde, gloriosa idea tuvimos, a las 3 de la tarde, ir a visitar una duna que había cerca de Sesriem, y que era muy famosa.

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Famosa era, bonita también, pero si no hacía 54 grados no hacía ninguno. Era la muerte estar allí. Para más inri, en una vuelta de curva de la duna nos encontramos con un oryx de frente, que serán hervíboros y todo eso, pero imponen bastante con sus super cuernos. Así que no tardamos en retirarnos._MG_6284

Dimos el día por cerrado después de una nueva visita a Solitaire para aprovisionarnos, y volver a montar la tienda, y toda la parafernalia. Unos bañitos, un poco de lectura y a dormir.

 

18 Ene

Namibia, capítulo 10: Eran cientos de kilómetros de arena

Dejado Okaukejo atrás, y con él, Etosha, nos adentrábamos en la fase dos del viaje: la costa de los esqueletos y el sur desértico. Cambiaríamos los bichos por arena y los cómodos campings por hostiles refugios en medio de la nada. El viaje empezó confirmando algo que  me había venido temiendo desde hacía días.. las carreteras C no eran necesariamente asfaltadas.  Y de hecho íbamos a hacer un porrón de kilómetros oí una carretera de arena.

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Dejado atrás okaukejo no tardamos en llegar a Outjo, donde echamos gasolina y abandonamos toda esperanza de asfalto. Pero algo iba a cambiar en este caso, tras unos buenos 100 o 150 kilómetros por las infernales carreteras estriadas entramos en otro tramo bien diferente. Parecía igual, pero no lo era. La carretera era de arena dura, que tenía abundante sal cristalizada. El resultado era un firme naranja blanquecino, muy liso y algo resbaladizo. Si bien la columna de dirección había dejado de vibrar como si fuera a reventar y parecía indicarme que podía ir a 80 o 90 (a lo loco), había algo en la carretera que no inspiraba confianza. Parecía que en cualquier momento el coche iba a salir disparado patinando.

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Asi que solo por la ausencia de vibración el viaje mejoró bastante, pero no pudimos ir todo lo rápido que podríamos haber ido por aquella recta lisa infinita con máxima visibilidad._MG_6105 _MG_6106

otra cosa bastante impactante de la larga planicie amarilla que estábamos cruzando es que a pesar del sol, hacia frío. Llevábamos más de una semana pasando unos calores infernales en Namibia, y aquí, en medio de esa especie de desierto y con un sol de justicia, hacia frío. Era más que nada por el viento, la costa atlántica de Namibia es extensa en longitud, pero no tiene ningún tipo de obstáculo hacia el interior, así que los vientos fríos del océano entran muchos kilómetros tierra adentro. De hecho, cuando llegamos a la costa, aunque parecía que hacía sol, si mirabas al océano solo había nubes. Era un ambiente raro, soleado y nublado a la vez, hostil, frío, con viento y mucha humedad, y el mar estaba muy bravo. Con razón se hundían tantos barcos aquí, niebla y aguas bravas poco profundas eran una combinación muy risas.

Nuestro destino era Swapkomund, la ciudad más grande la costa, y de hecho creo que la segunda ciudad de Namibia en tamaño. Pero antes de eso íbamos a pasar un día en la costa de los esqueletos, para disfrutar un poco más esa costa de 400 kilómetros de playa y con suerte ver algún barquito naufragado. Además había una colonia de focas (lobos marinos) que según los libros albergaba 100.000 ejemplares. Sí, cien mil. A mí me parecía una exageración hasta que llegué allí y lo vi. La colonia era absolutamente brutal en tamaño, el olor nauseabundo, y los gritos de las focas, dantescos. Las focas estaban por todas partes, no tenían ningún tipo de miedo a las personas y se acercaban y paseaban por debajo y encima de las pasarelas de personas. Casi todo el mundo que estaba allí llevaba la cara tapada por el olor.

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Las focas se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Era absolutamente e xagerada la cantidad de focas._MG_6120 _MG_6121 _MG_6123

el agua estaba amarilla por donde había focas, por sus desechos. _MG_6125 _MG_6126 _MG_6127 _MG_6128 _MG_6130 _MG_6133 _MG_6136 _MG_6139 _MG_6145

Mar bravo, nubes, sol, niebla, humedad, viento… todo a la vez._MG_6147 _MG_6148

cuando nos cansamos del olor, nos fuimos al camping donde habíamos cogido para dormir esa noche, con idea de montar la tienda y pasear por la playa, sin focas, y er algún naufragio. La playa no defraudaba,hacia el sur, a 3 kilómetros estaba la colonia. Hacia el norte, 300 kilómetros más de playa continua. En esta playa vimos una foca cría que se había extraviado de l grupo y no conseguía volver a entrar al agua, tal era el nivel de resaca y embravecimiento del mar. La estuvimos viendo pelear contra las olas un buen rato pero no consiguió nada. Tampoco nosotros podíamos hacer nada por ella._MG_6150 _MG_6151 _MG_6155 _MG_6158 _MG_6159

el camping que habíamos cogido tenía una estética un tanto sovietica, con las plazas de camping separadas por paredes de ladrillo sin lucir. Pero algo que en principio parecía que nos e echaba para atrás, resultó se de gran utilidad ante el viento que se levantó por la noche. Si por el día había sido fuerte y racheado, por la noche se convirtió en huracanado. Menos mal que había paredes de ladrillo al lado de la tienda porque si no salimos volando._MG_6162

Por otra parte, el camping tenía un bonito y elegante restaurante con chimenea en el centro y motivos marítimos, muy poco namibio, pero en el que cenamos como señores, una cena totalmente europea y deliciosa. Nunca pensé antes en este viaje que agradecería estar sentado junto a una chimenea, pero la costa de los equeletos, su viento humedad y frío hicieron que fuera una de las experiencias más acogedoras del viaje.

No habíamos visto barcos al final, pero por suerte en el camping había un mapa con las localizaciones de los que aún estaban visibles, ya que normalmente los iban retirando. Así que ya teníamos plan para mañana, de camino al sur.

18 May

Jordania, capítulo 2: fronteras sin fronteras

El muecín nos despertó a las 4 de la mañana. A todos menos a Mohamiñigo que seguía experimentando su viaje. No costó mucho volver a dormirse hasta las 8, para ducharnos en las negras duchas del Palace Hotel y bajar a desayunar el glorioso pan de pita con huevo duro, mermelada y quesito.

Hoy tocaban los castillos del desierto. A lo largo de Jordania hay un montón de castillos antiquísimos de diversos orígenes: omeyas, cruzados, de reyes españoles… de todo había… La mayoría se conservan en bastante buen estado en medio de desiertos, y hoy íbamos a ver los 4 más míticos del norte de Jordania, haciendo una ruta circular que nos acercaría peligrosamente a la frontera de Iraq, algo que excitaba a Mohamiñigo de sobremanera.

Tras conseguir salir de Amman, no sin pocos problemas, nos dirigimos al primer castillo: Qasr Al-Hallabat. Para llegar a este castillo desde la carretera que iba a Iraq tuvimos que desviarnos a la izquierda tras una cantera. La arena estaba en suspensión y no se veía demasiado bien, pero por suerte teníamos el móvil con conexión de Mariyah, que mal que bien nos fue guiando. Llegamos a un pueblo en el que no debía de vivir mucha gente y en una intersección nos encontramos con esto:

peligrosísimos granjeros

Mohamiñigo volvió a emocionarse: un camión lleno de gente con la cara tapada con keffiyehs jordanos!!! Parecen tipos armados y peligrosos!! No les mires a los ojos que igual sacan un AK47!

Probablemente eran granjeros o cabreros que llevaban la cara tapada por la arena que se estaba levantando. Un poco más adelante encontramos lo que parecía el castillo, cuatro piedras tras una valla. Un poco decepcionante.

Irantzullah y Mohamiñigo no se creían que “eso” fuera el conocido castillo así que preguntamos y nos enteramos de que en efecto el castillo estaba un poco más adelante, por lo que nos dirigimos allí.

5 Km más adelante estaba el auténtico castillo (que no era un castillo)

Al llegar, Mariyah empezó a ejercer su nueva afición: guía turística que nos iba radiando toda la historia de los lugares que visitábamos (historia que leía en la Lonely). Resulta que Al Hallabat era más bien un palacio de la dinastía Omeya que usaban para vivir, y bañarse (debía de tener unos baños excepcionales). El palacio en cuestión también era 4 piedras, pero tenía su interés, sobre todo pensando que tenía más de 1300 años de antigüedad.

seh... nostamal...

La visita a Qasr Al Hallabat no duró mucho, y seguimos hacia Qasr Azraq, el castillo más grande y oriental (y por tanto más cercano a Iraq). Ohhh síii, la frontera de Iraq! Vamos a estar a 200 km de la frontera de Iraq!!! Es lo más cerca en nuestra vida que blablablabla…

Iraq!! a sólo 55 km... :S

sehhh-... nostamal...

En resumen, nos quedamos a unos 200 km de Iraq, pero Mohamiñigo no pudo evitar estar más cerca de la frontera.

Qasr Azraq era el castillo más grande, ya que realmente había sido una fortaleza. Era curioso porque estaba construido con basalto, por lo que es negro.

pose en la entrada.

Radio Mariyaaaah efe emeeee. Con todos los éxitos de los castillos jordanos!

Por lo visto este castillo fue un asentamiento militar de los romanos por estrategia, ya que estaba junto a un oasis, el único en un montón de kilómetros de desierto. Del oasis quedaba ahora un pequeño humedal. DEspués de los romanos, los famosos mamelucos construyeron la fortaleza, y posteriormente los árabes lo tomaron y construyeron una mezquita, existiendo una pequeña mezcla de estilos en el castillo. También vinieron omeyas y bizantinos. Un poco de todo.

Lo más llamativo de Qasr Azraq era que Lawrence de Arabia había vivido allí. Incluso se podía entrar en la estancia que había sido su habitación/oficina para gestionar la guerra contra los turcos.

Mohamiñigo reflexiona en la habitación de Lawrence

La habitación estaba más concurrida de lo que parecía

 

Arcos de los cristianos (pseh... nostanmal...)

Pequeña tormentita de arena que estaba empezando a formarse...

seh...nospatanto la tormenta....

Parece que cada día hay una foto de Mohamiñigo con algún tipo de soldado o policía

Cuando salimos de allí nos dimos cuenta de que era ya medio día y el hambre apretaba, así que fuimos a Azraq a ver si encontrábamos algún restaurante local. Así fue, no pudo ser más local. En la recta de los restaurantes, de la carretera que baja a Arabia Saudí encontramos un sitio de aspecto cutre, que estaba vacío y con una legión de camareros que se pusieron a atendernos todos a la vez. Mientras nos sentábamos, los camareros nos ofrecieron amablemente uno de los reservados que había en los laterales del recinto, aparentemente más cómodos, con sofás y mesas bajas. Después me explicó que era donde se separaba a las mujeres para comer. Me dio un poco mal rollo, así que a pesar de que nuestras infieles esposas vestían como malditas rameras occidentales le dije que íbamos a comer en el comedor general. Poco después entraron unos saudíes que no nos quitaron ojo en toda la comida.

La comida sin embargo fue excelente, brochetas de cordero (creo que se llamaban shish), con verduras y un taboule delicioso, hummus y pan de pita!

Cuando salimos del local parecía que había anochecido. No sé si técnicamente eso era una tormenta de arena, pero lo parecía. El cielo era marrón, el sol era una simple bolita blanca detrás del velo de arena, el viento era intenso y no había prácticamente nada de visibilidad.

conduciendo entre arena

Así, bajo el manto de arena tapándolo todo, arrancamos hacia Qasyr Amra, sin duda uno de los más conocidos  en foto. También se trata de un castillo omeya del siglo VIII, que estaba mucho mejor conservado. Algo que nos tenía intrigados era que en la Lonely se hablaba de que había un fresco de un oso tocando el banjo. Sonaba un poco raro…

Qasyr Amra, tal como sale en las fotos

Al llegar encontramos que el castillo estaba en muy buena forma. Lo que se conserva son principalmente termas con unos ingeniosos sistemas de almacenamiento de agua, evacuación de vapor y demás. Al llegar nos asaltó un hombre pequeñito y cansino, que nos hizo de guía por todo el palacio sin que nosotros se lo pidiéramos (por supuesto luego pediría una remuneración que nunca tendría). El tipo nos enseñó el castillo bastante a fondo y muy rápido. Lo más interesante de este castillo/palacio eran los frescos. Casi todas las habitaciones que se conservaban eran termas con canalizaciones, y chimeneas para el vapor, pero en sus techos había interesantes frescos con mapas del cielo, y en uno de ellos efectivamente había una escena en la que salía un oso tocando el banjo.

En la parte inferior se puede apreciar el famoso oso con banjo... es bastante inquietante que este fresco tenga más de 1000 años... en qué demonios pensaban?

En otra habitación que parecía más de oración aparecían seis reyes que parece que estuvieron implicados en la construcción del castillo, uno de ellos español, al parecer.

En la parte de fuera había un pozo bastante profundo y un molino que permitía cambiar el agua a las termas. Mohamiñigo lo probó, y el mini-guía le dijo que era un camello, ya que eso lo hacían los camellos. También le lanzó el clásico “jalla jalla”, una especie de “vamos, vamos” que usaban mucho por allí, y del que nos apropiamos rápidamente.

 

Aurki putzu bat emango zaik egongutzat

jallah, jallah!

Photo performed by gabachos

Después de una última foto salimos hacia Qasr Kharana, el último castillo que íbamos a visitar.

Qasr Kharana era algo más parecido a un castillo que lo que habíamos visto antes. Tenía unos muros bastante más altos, torres (aunque según Radio Mariyah eran macizas y no había tipos dentro para disparar flechas o tirar aceite hirviendo)

Contaba con bastantes habitaciones visitables y que se conservaban bien.

cortado por las muñecas. toda una lección de composición

habitaciones y escalinatas se sucedían

the f* is this? ... the f* was that?

Tras acabar con los 4 castillos, el regustillo general era un poco de desilusión. Los castillos son algo que hay que visitar en Jordania pero tampoco ofrecían tanto. Así que arrancamos hacia Madaba, una ciudad no muy grande al sur de Amman, aunque un poco más elevada, rodeada de huertas y campos de cultivo, ya que al parecer esta zona es bastante fértil.

No nos costó demasiado llegar a nuestro hotel en Madaba: Pilgrims House. Resulta que en Madaba se encuentra la iglesia de San Jorge, y es su punto más conocido por ser una iglesia ortodoxa que alberga un mosaico antiquísimo. Y resulta que en esa iglesia hay un albergue de peregrinos que fue ampliamente recomendado por Al-Xabier. Así que allá fuimos, y la encontramos fácilmente por que no había muchas iglesias ortodoxas en el panorama de minaretes.

Al llegar nos recibió una señora extremadamente amable (y que de apariencia me recordaba a la imagen mental que tengo de la madre de Howard de Big Bang Theory) que nos sacó un zumo y nos hizo esperar un rato, durante el que estuvimos hablando con unos popes que andaban por allí filosofando entre ellos y lanzándose cuestiones éticas y metafísicas (presuntamente). Inicialmente la cosa daba un poco sensación de “demasiada santidad” en el ambiente, como que no encajábamos mucho allí. Con el paso del tiempo, la casa de Peregrinos de Madaba sería nuestro alojamiento favorito en Jordania.

Por fin nos dieron las habitaciones, espartanas, funcionales, y muy muy limpias y cuidadas, algo que agradecimos. La ducha para quitar la arena del desierto fue intensa, y después dimos un garbeo por Madaba, conociendo la otra iglesia cristiana que había (donde se estaba celebrando una intensa misa), y la calle principal.

Fiestón nocturno en Madaba

Como no había gran cosa que hacer, la solución fue fumarse una sheesha en el bar Queen Ayola, una de las acertadas recomendaciones de la guía y de la señora del Pilgrims House (que se llamaba Hind). Cenamos un poco en un restaurante cercano, que no fue demasiado barato pero incluyó pan de pita!!!, y nos fuimos a la cama, ya que al día siguiente nos esperaba el Mar Muerto, uno de los grandes highlights del viaje.

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