14 Nov

Kiwi el Aucklander 3: En Parnell hay parné.

El tiempo de universidad y las visitas a los super han empezado a ser rutina en kiwiland, y ahora ya lo que nos queda son esencialmente los fines de semana. Entre semana, entre la uni, el super, cocinar para el día siguiente y los recaditos varios (como buscar un piso para el resto de tiempo que estemos viviendo aquí) no queda tiempo para mucho, lo cual no nos ha impedido tomar alguna que otra birra. El fin de semana pasado, siendo todavía pronto para hacer grandes excursiones, decidimos hacer un plan de tranquis, que luego sería modificado de arriba a abajo. En principio, la previsión del tiempo decía que el sábado iba a llover, con lo que las actividades de exterior quedaban un poco condicionadas. El domingo era más día de relax y la idea era ir a ver un partido de rugby a un bar y poco más. Al final, todo cambió tanto como cambia el tiempo.

Resulta que a pesar de que amaneció algo nublado, en seguida empezó a descubrirse y hacer calor, así que de lluvia nada. Nuestro plan era ir a ver un museo que hay en el Auckland Domain, un super parque del que ya he puesto alguna foto. Pero entre que nos levantamos, quedamos, que si compra de noseque, tal y pascual, hasta las 12 no llegamos al auckland domain, y para entonces ya hacía bueno, ni frío, ni lluvia ni nada. Así que como íbamos despacito, porque vamos con carrito y las cosas van a otro ritmo, lo que hicimos fue recorrer el parque y ver un poco las cosas que tiene al aire libre, como un bosquecillo, enormes campas donde los aucklanders practican cricket y fútbol, y un bonito jardín botánico que no tiene muchas flores pero las que tienen las tiene muy bonitas y bien puestas. Como se nos había echado el mediodía, decidimos ir a Parnell a comer, que es un barrio que está al otro lado del Domain, con idea de comer rápido y luego volver al Domain para ver el museo.

Pero no contábamos con las megacuestas de Auckland. Resulta que tardamos casi una hora en llegar, entre pitos y flautas, no porque estuviera lejos, que no lo estaba, si no porque los accesos no eran muy manejables para un carrito, y hubo que dar algunos rodeos y subir escaleras con el carro a pulso, y complicaciones del estilo. LA movilidad entre barrios de Auckland es realmente un infierno, hay muchísimas cuestas, las carreteras son completamente dominantes, los pasos de cebra son hostiles y hay cientos de escaleras. No es un buen sitio para ir en silla de ruedas o con un carrito de niño. La verdad es que tienen una orografía complicada, pero bueno, en otros sitios lo han (hemos) resuelto bastante mejor.
en fin, ya cerca de las dos y media llegamos a PArnell y nos metimos a un italiano a comer, para no arriesgar demasiado. La comida, correcta sin despuntar, pero lo que sí vimos es que éste era el primer barrio de Auckland en el que la mayoría de la gente eran blancos (por no decir el único tipo de gente). Era un barrio de mucha pasta, vimos bastantes coches de alta gama aparcados en las casitas con garaje (nada que ver con los rascacielos del centro), como un par de lamborghinis, porsches, un tesla y muchos audi y bmw de los caros. POblación: mayoritariamente viejos, blancos y con pinta de jugar al golf. El centro de Parnell es una calle en la que parece que has viajado a USA, comercios pequeñitos a cada lado de una calle muy tranquila, con tráfico suave, y más allá de esa calle, casitas individuales muy bonitas con estética colonial. Podría ser una calle cualquiera de Rutland, Vermont.

DEspués de un rato por la main street de Parnell, tomando un café en un garito muy elegante, arrancamos hacia el norte con idea de visitar un jardín de rosas, una especie de parque que fue privado en algún momento y sus dueños lo donaron y ahora está lleno de rosas de diferentes tipos, cada una asociada a algún tipo de aristócrata. No entendimos muy bien esta asociación, ni por qué esta planta era la condesa noseque y la otra era el barón von nosecual. Pero era bonito, y nos había llevado por los elegantes barrios residenciales de Parnell, rodeados de mansiones y cochazos.

Allí parecía que estábamos lejísimos del centro y estuvimos considerando coger un autobús para volver, pero al final bajamos hasta el puerto y volvimos por la costa, un camino más largo pero mucho más asequible en términos de evitar cuestas, escaleras y cruce de autopistas urbanas. A eso de las 7 estábamos en el centro y decidimos dividir caminos porque después de todo el día andando ya había cansancio.

La idea para el domingo era madrugar para ver un partido de los all blacks que era en francia a las 9 de la noche (por tanto en auckland a las 9 de la mañana), y también habíamos hablado, en vista de que el tiempo era mejor de lo que esperábamos, de ir a Devonport, la ciudad que hay al otro lado de la bahía de Auckland, y que tenía buena pinta. En vista de que nuestros tiempos de respuesta eran diferentes, decidimos ir cada uno por su cuenta y juntarnos allí.


Pero fue un poco despropósito al final. Nadie se levantó a tiempo para el partido, Imanolohu fue a Devonport super pronto, yo fui a las 11, y Luciaroa y Txusuru vinieron a la hora de comer. DEvonport mola un montón, si Parnell tenía encanto, Devonport era directamente como viajar a algún bonito pueblo de New Hampshire, con elegantes casitas de madera, parques, poco ruido, y rodeado de playas por todas partes. Estuvimos visitando sus montículos (con brutales vistas) por separado, y al final y de casualidad, me encontré con Imanolohu en la playa de Cheltenham (como el pueblo donde vivió Xabi), y estuvimos dando un garbeo por los montículos de lava que había alrededor de la playa, y luego subimos a mount Victoria, otra elevación que domina todo Devonport y que ofrece unas vistas de Auckland que están entre las mejores, claramente.

Al bajar ya era la hora de comer y quedé con los tecnalios, mientras que Imanolohu se iba a comer por su cuenta. Comimos en Bette’s, hasta ahora la mejor comida que he probado en NZ. Para intentar comer algo típico de aquí, yo pedí cordero y me sacaron un muslo de cordero tremendísimo. Buenísima carne, con una salsa increíble. También pedí patatas fritas y me sacaron del orden de 5 patatas enteras cortadas por la mitad. Así que había patatas para una multitud. Al final, pasado a euros la comida me salió por unos 19, así que no tan mal, después de todo. DEspués de comer me cogí el ferry de vuelta y a las 5 ya estaba en casa echándome una siesta.

Al día siguiente tocaba volver a la rutina.

Algún día conseguiremos entender las malditas redes neuronales de impulsos. Algún día…