29 Ene

Eslovenia, capitulo 14: There and back again

En nuestra tercera jornada consecutiva de viaje, arrancamos pronto del albergue de Toulouse, desayunamos en una gasolinera con los restos del bote que quedaba, y condujimos… condujimos… condujimos..

(recomendado verlo en vimeo, ya que por alguna razón no permite verlo en HD en el blog)

Hasta que aparcamos frente a la casa de Xabislav para descargar, y alguna rata de cloaca me robó las gafas de sol. Sí, en el mismo centro de Bilbao, a las 2 de la tarde, y con una patrulla de munillos delante.

Pues te fastidias*, rata de cloaca, eran graduadas!

(* a menos que tuvieras 3.5 dioptrías en cada ojo, en ese caso te salió redondo, pero sigues siendo un gusano)

20 Ene

Eslovenia, capítulo 13: Super Monaco GP

Muerte.

Tocaban muchos kilómetros, y encima había tocado pasar una noche de sufrimiento gástrico (sólo Bayumir), así que pocas horas de sueño.

La parte buena fue el auténtico homenaje que nos preparó el señor del 5 vie de Bérgamo, (o su mujer), en forma de épico desayuno con fruta fresca, café recién hecho, tostadas humeantes aún, y mantequilla y mermelada. Y un bizcocho recién hecho por su mujer!!!!! Todo ello servido en la agradable y enorme terraza del bed and breakfast. Completamente épico.

Con los estómagos bien agradecidos emprendimos el viaje hasta Toulouse, que tendría muy pocas paradas.

Tras muchas horas de viaje llegamos a entrar en Mónaco, una ciudad horrible. Calles estrechas, apretadas, empinadas, construcciones tipo Benidorm, sin alma, sin estilo. Cuando por fin conseguimos encontrar el circuito de F1 para recorrer algunos tramos del mismo, pasamos por el centro, y sólo entonces vimos algo de su famoso lujo y tontería.

Monaco desde arriba

En general, una ciudad infame, como cabría esperar de un sitio cuyo único fin y origen es el dinero (más concretamente el dinero de los horteras).

Cuando conseguimos salir de ese infierno de callejuelas, túneles, rotondas mal señalizadas y gentuza, seguimos nuestro eterno camino hacia Toulouse, pasando por gasolineras, grandes urbes, e incluso un incendio junto a la autopista, por el que nos pasaron varios hidroaviones con bolsas de agua a escasos metros.

Ya casi por la noche, después de más de 12 horas, llegamos a Toulouse, donde nos metimos de lleno en el barrio moro, que era donde Xabislav había cogido el hostel. El hostel estaba muy bien, era albergue de peregrinos, pero no lo disfrutamos demasiado, ya que salimos a encontrarnos con el amigo de Xabislav que vive en Toulouse, y que nos llevó a comer unas crepes saladas increíblemente ricas, y luego nos llevó un poco por los antros nocturnos de Toulouse, aunque nos retiramos rápido ya que la molida del viaje era terrible, y al día siguiente tocaba más…

 

14 Ene

Eslovenia, capítulo 12: Il Circolino

La conexión Ljubljana-Bérgamo iba a llevar un buen rato, así que decidimos salir pronto de la capital Eslovena para aprovechar algo la tarde en la encantadora Bérgamo.

Un escueto desayuno a base de tostadas con nocilla y té, pagar en efectivo (empezaba a estar de moda que en ningún sitio aceptaran tarjetas), y despedirnos de Ljubljana.

En realidad la distancia era de poco más de 400 km, pero siempre hay cosas con las que te topas. Además, habría estado bien parar en Venecia de camino, pero precisamente al llegar a Venecia nos encontramos la gran caravana, formada por coches que entraban y salían de la ciudad de los canales. Entrar habría sido bastante infierno, así que seguimos adelante, topando con algunas caravanas adicionales.

Bérgamo

Llegamos a Bérgamo hacia el medio día, con un calor fuera de lo normal. Aparcamos en el mismo centro de Bérgamo para encontrar el 5 vie Bed and Breakfast, pero costó lo suyo, y de hecho tuvimos que llamar al dueño, ya que no tiene ningún tipo de distintivo ni señalética.

Al final el tipo vino a buscarnos y nos llevó a… su casa! El espectacular bed and breakfast, una casa decorada de película de los años 40, con techos altos, grandes puertas blancas, era en realidad un ala de la casa en la que vivía el tipo este con su mujer y su hija. El sitio era caro, pero en realidad estabas alquilando dos habitaciones y un baño de una casa terrible. Lo mejor era la terraza. Gigante, con una mesa, sombrillas, muchas plantas y relajación.

Flipando con la terraza

Y con las camas

Aunque algunos no necesitan cama

El señor del B&B, que era un encanto de hombre, desde el minuto uno nos estuvo vendiendo lo guapas que eran las mujeres italianas, especialmente las bergamasche, que eran lo mejor del mundo… no como las holandesas que son “bruttisimas” (entiendo que brutta es fea en italiano :D). Qué italiano más estereotípico: camiseta de tirantes, rechoncho, simpático, y desde el principio hablando de mujeres y comida :D

Lo que nos dio después fue el arca de la alianza del aparcamiento en Bérgamo: su tarjeta de aparcamiento. Por lo visto el aparcamiento en Bérgamo es casi imposible, y las tarjetas de aparcamiento son un artículo de lujo que casi casi sólo puede conseguirse con contactos en la mafia :D

Así que nos acompañó a poner la tarjeta, nos dijo que podíamos quemarle la casa pero que no perdiéramos esa tarjeta de ninguna manera, y después nos recomendó echarnos la siesta, y cuando el calor bajara, visitar el centro de Bérgamo, y subir a la colina donde está la ciudad vieja y el castillo. Allí debíamos buscar il piccolo circolino de nosequémovidas. Se trataba de un restaurante que fue una cárcel, y se comía comida tradicional italiana por poco dinero.

Preparados para los bocatas (o algo)

No dudamos en hacerle caso, después de uno de nuestros últimos bocatas en la espléndida terraza del 5 vie, nos echamos una siesta en aquellas camas de peli de época con cabecero de hierro forjado y mullidos colchones, que nos permitió salir descansados al centro de Bérgamo.

Es una ciudad muy atractiva y agradable, con un centro peatonal con bastante vidilla. Esto en la parte baja.

La ciudad vieja

Xabislav es portero de funicular

Cogimos el funicular para subir a la parte alta, donde está la ciudad antigua y todo el patrimonio cultural de Bérgamo, iglesias, duomos, castillos, y calles peatonales estrechas llenas de pequeños comercios y bares que fabricaban su propia cerveza… Un ejemplo a seguir. Eso sí,  estaban todos vacíos.

Muy italiano

Dimos una buena vuelta por la colina de Bérgamo, sus calles y sus iglesias, y hasta nos ofrecieron un tour gratuito guiado por los diferentes edificios, pero lo rechazamos, ya que somos así de duros y no nos gusta estar atados…

Cuando apretó el hambre buscamos el Circolino, el restaurante recomendado por el crack del B&B. Costó un poco encontrarlo, ya que estaba en una subcalle. El restaurante estaba en un gran patio cubierto de plataneros, con un montón de mesas y muchísima gente. Al parecer, a pesar de estar escondido, era un sitio mítico.

Il Circolino y su birra

Conseguimos una mesa y nos pedimos unas pizzas y unas cervezas de la casa. Parece que en Bérgamo el que no fabrica su propia cerveza no es nadie.

gud yob

Las pizzas estaban perfectas, tal vez las mejores del viaje, sólo compitiendo con las de Ljubljana; las cervezas no tan buenas, pero de todas formas pagamos muy poco por la cena de los 5.

Hablando sobre dinero negro y fugas de capitales

Un paseo nocturno nos llevó andando hasta el centro de Bérgamo, bajando por el lateral de las murallas, donde al parecer se concentraba toda la fiesta de la ciudad, que no era poca. Todos con su scooter, que casi casi metían hasta los bares, y buen ambiente.

Seguimos hacia abajo de todas formas, ya que el día siguiente iba a ser el peor del viaje: casi 1000 km hasta Toulouse.

Pillamos la cama del 5 vie de muy buen grado, aunque algunos no tuvimos una noche tan buena como cabría esperar: las pizzas se cobraron alguna víctima.

 

10 Ene

Eslovenia, capítulo 11: Low battery

La noche fue dura en el Zeppelin Hostel Ljubljana. Mucho calor, ventana abierta, y por ende, también mucho ruido de la calle. Además algunos roncaban un poco. Que se lo digan a la simpática australiana con la que compartíamos habitación, y a la que se le transformó la cara cuando le preguntamos qué tal había dormido.

Nos dispusimos a desayunar en su buena compañía, en la que nos contó que era australiana de padres croatas y hablaba un poco de las lenguas eslavas, y que era una viajera incansable (el tipo de gente que suele haber en los hostels). Después de unas tostadas de nocilla, una conversación entretenida con la australiana, y sacar a Xabislav de su ensimismamiento con el móvil, arrancamos para ver Ljubljana en uno de los primeros días que no íbamos a usar el coche.

El centro de Ljubljana es encantador, calles anchas, adoquinadas, pequeños comercios y mercados de fruta en la calle. Recorrimos varias de las calles principales, parando en toda tienda que viéramos, ya que teníamos todos pendiente la tarea de los souvenirs.

Después del mercado de fruta, subimos al castillo (otra subida mañanera, y ya iban 10)

Puertas Bayumir

quién hubiera pillado una de estas...

El castillo en lo alto de Ljubljana, que en nuestra primera noche vimos iluminado desde la azotea del TOP, merece la visita. Sin embargo la mayor parte de las instalaciones visitables son de pago por lo que nos dedicamos a deambular por el patio, y la única torre a la que se podía subir. El castillo estaba convertido en un centro cultural, en el que había proyecciones de cine al aire libre y otros eventos, así que lo tenían bastante bien aprovechado.

Volvimos a bajar al centro para seguir con nuestra interminable e infructuosa búsqueda de regalos, que sólo nos llevó al agotamiento.

de vuelta en el centro

Parece que hay chismes de estos en todos los puentes de europa

Cuando era mediodía, después de vagar por las calles y puentes de Ljubjlana, más o menos habíamos conseguido todo, así que elegimos un buen restaurante en el centro para darnos un pequeño homenaje. Fue una buena elección, pero las botas que nos pusieron requirieron de una pequeña siesta en el hostel, al que no tuvimos más remedio que volver.

Agotamiento extremo

Allí volvimos a intercambiar impresiones con la simpática australiana, que ya se iba a otra ciudad. Después de una reparadora siesta, volvimos al garbeo por la capital, pero con las ideas puestas en lo que iba a ser nuestra tarde: ir al cine! Últimamente no hay un viaje que libre de ir al cine, y éste no iba a ser menos. En este caso, la peli a ver era Prometheus (Prometej, en esloveno), que acababan de estrenar y tenía lo suyo verla con subtítulos eslovenos.

Prometej

En Ljubljana no hay cines, así que tuvimos que coger el coche para ir a un mega centro comercial, donde pudimos hacer unas compras de última hora, comer unos bocatas de mortadela recién cortada en el súper, y esperar a ver la peli.

Visión nocturna?

Al salir del cine el debate sobre la peli estaba animado sobre las locuras que salían en ella, aunque con el tiempo y la perspectiva, la peli ha perdido bastantes enteros.. Es lo que tienen las creaciones del señor Lindelof…

Ya en Ljubljana intentamos salir un poco a tomar algo, pero no había gran cosa donde elegir, así que fuimos a un irlandés bastante interesante que había cerca del hotel, y que a las 12 nos cerró.

Nos fuimos a dormir, que falta nos hacía. Al día siguiente volvían a tocar los kilómetros y kilómetros a los que ya nos habíamos habituado.. Esta vez era para volver a casa.

30 Dic

Eslovenia, capítulo 10: A remojo

Después de unos días un poco light, nos disponíamos a hacer algo épico: Visitar Ptuj. Después de un desayuno excelente en una de las terrazas de Maribor, y no saber nada más de nadie del personal del hostel de Maribor, arrancamos para ir hacia la ciudad con nombre de escupitajo.

La iglesia de Ptuj

Ptuj se alzaba como una de las ciudades más ricas culturalmente del país, así como una ciudad famosa por sus balnearios. El plan era ver qué demonios había allí, y si no había mucho que hacer, visitar el balneario.

La subida de cada mañana.. esta vez en Ptuj

Cuando fuimos acercándonos por la carretera descubrimos que el “balneario” era en realidad un aquapark con toda suerte de piscinas, toboganes, juegos acuáticos, trampolines y una zona de agua termal. Ejem. Hacía 40º, otra vez. Iba a visitar Ptuj RAMÓN.

no obstante, aquí estábamos, subiendo al castillo de Ptuj

El caballo de plástico en el que se subió Xabislav casi se viene abajo

Decidimos dar una oportunidad a la ciudad, que en efecto, tenía un casco antiguo muy elegante, y varios edificios míticos (cerrados), que visitamos con nuestras mentes puestas en el espectacular aquapark. Tuvimos también tiempo para visitar un museo de arte contemporáneo, durante un breve lapso de tiempo.

El castill... aquapark aquapark aquapark

Edificio cerrado aquapark aquapark

Qué aquapark es Ptuj

No tardamos mucho en descubrir que lo que realmente queríamos era ir al maldito aquapark.

hum, mira este puente, cuánta AQUA tiene debajo!!

Así que montamos en el 807 y raudos partimos hacia el oasis con toboganes, con la excusa de que lo típico en Ptuj era visitar un balneario. Cuando aparcamos y convencimos a la chica de la taquilla de que éramos estudiantes para que nos cobrara la tarifa reducida (le caímos bien porque estaba claro que no se lo creyó, pero nos cobró la reducida), por fin pudimos ponernos a remojo.

yuhuuuuu

Toboganes extremos, trampolines, e incluso un divertido tobogán que te soltaba a cierta altura y en la parte inferior había una lona en la que ibas rebotando hasta que por fin caías al agua.

DEja la cámara! its aquapark time!

Todo era perfecto. Lo mejor, los megaflotadores que te llevaban por un circuito alrededor de la piscina, chocando con otros usuarios menos temerarios, generando tsunamis al saltar encima del flotador…

Burutal

Así nos pasamos el día, a remojo.

Antes de irnos, visitamos ligeramente el spa con agua termal, que hizo las delicias de Iñigovič, que se pasó buena parte de la tarde rojo, con los ojos cerrados, y en éxtasis, entre las burbujas de agua caliente. También probamos unos toboganes hippis que eran negros y oscuros y con estrellitas, al bajar rápido eran bastante psicotrópicos, y el despertar era un chapuzón en el agua que había al final. Cuando ya teníamos los dedos como pasas, decidimos coger el coche y volver a Ljubljana, esta vez ya de forma definitiva. Llegamos casi al anochecer al Zeppelin Hostel, uno de los más famosos de la capital, bien situado, en el centro centro, y con unas instalaciones adecuadas al precio. Allí conseguimos ducharnos, sacar a Xabislav de su embotamiento en el whatsapp, y salir a cenar algo por la capital; esta vez probamos una pizzería más céntrica, que no estuvo nada mal. Después intentamos hacer algo con nocturnidad y alevosía, volviendo al Top, el mítico bar en azotea, que casualmente estaba a menos 100 metros de nuestro hostel. Las cosas eran diferentes en lunes, no había que pagar, era un sitio para estar sentado y no había casi nadie.

La entrada al TOP. Sin segurata no es lo mismo

Después de todo el día haciendo el mono en el agua el cansancio se dejaba notar, así que tampoco insistimos demasiado. Nos fuimos a la cama seguido. Intentamos dormir algo con el calor insoportable de la capital, pero fue complicado, había que abrir las ventanas, y entraba mucho ruido. Mucho más complicado lo debió tener la australiana que tuvo la suerte de dormir en nuestra habitación para 6: además de todo lo anterior, tuvo que luchar contra los ronquidos de algunos de nosotros.

26 Dic

Eslovenia, capítulo 9: el esloveno errante

Levantarse el día 9 no fue fácil. La noche había sido más larga de lo esperado y  hoy tocaba hacer unos cuantos kilómetros, ya que íbamos a Maribor, la segunda ciudad de Eslovenia, y una de las más norteñas. La idea era parar a visitar Kamnik, un pequeño pueblo cerca de Ljubljana conocido por su monasterio franciscano, su castillo en el monte y sus calles antiguas.

Salimos pronto hacia Kamnik, algunos envueltos en una nube de resaca, y tras perdernos un par de veces llegamos a la ciudad.  Estaba desierta. Era domingo, no había nadie, ni nada abierto. Karloš preguntó a una mujer local qué podíamos hacer allí, y nos contestó que ver los edificios.

CAlles de Kamnik

Fue un poco fraude el tema, así que deambulamos por las calles vacías de Kamnik durante un buen rato, hasta que en una oficina de turismo nos dijeron que podíamos subir a un monte cercano, en el que estaba el castillo. Era una subida fácil y corta, y por supuesto, era una subida mañanera… Ya nos estábamos haciendo a cada mañana meternos una pechada a subir a algún sitio.

Los tejados de Kamnik

Así que nos dirigimos al monte y empezamos el ascenso por unas laderas bastante empinadas y con un camino que se desdibujaba a ratos. Prácticamente íbamos por el medio del bosque y la pendiente era muy elevada. El cansancio de la noche anterior empezaba a notarse, parando cada poco tiempo, cuando de repente, nos adelantó un esloveno motivao. Iba a toda piña en esa cuesta, con su perrillo, y se paró a hablar con nosotros y contarnos algunas cosas sobre el monte y unos enanos de porcelana que había en el camino. No se puede decir que tuviéramos mucho aliento como pare responderle, y se dio cuenta de ello, así que siguió, a su ritmo extenuante hacia arriba.

Las vistas desde lo alto

Cuando por fin coronamos el monte, el “castillo” no eran más que cuatro piedras que habían sobrevivido, pero arriba nos encontramos con el agradable esloveno, que rápidamente se puso a hablar con nosotros. Tenía bastante rollo el hombre y lo que empezó siendo una declaración seminacionalista destacando las virtudes de Eslovenia y criticando a esos malditos austriacos que se llevan la madera, pasó por un “pero venga, hazle fotos a mi perra… No, hazle más, una sola no…”, y acabó con nosotros sentados en la terraza de un bar que había en la cima del monte, tomando unas coca colas, y con el esloveno hablando sobre mujeres, y lo pérfidas que eran.

La perra del esloveno (pero no la que le había abandonado)

Al principio parecía que era un flipao, pero después lo que dio la sensación es que las mujeres le habían hecho daño y estaba resentido. Fue bastante divertido (para los que no estábamos de resaca).

Cuando conseguimos quitarnos de encima al esloveno motivao que desperdiciaba su vida jugando a videojuegos y despreciaba a las mujeres, tiramos hacia abajo.

Después de comer malamente, seguimos nuestro camino hacia MAribor, a donde llegamos cuando era media tarde.

Maribor

Maribor es una ciudad bonita y agradable. Era la actual capital europea de la cultura, y había multitud de referencias a ello. Nuestro hotel (sí, hotel, sin “s”), estaba en el centro, y habíamos quedado con el dueño en un bar, ya que no tenía recepción. Resultó que después de todo ni siquiera era un hotel, era un piso con un par de habitaciones y baños. En el bar nos dijeron que el dueño no estaba, pero nos dijeron cómo acceder al hotel (lo que aún no sabíamos era cómo pagar, ya que el dueño no aparecía). El hotel resultó un auténtico lujo. Todo nuevo, puesto con mucho gusto, sin más invitados, y con unos baños exquisitos (con bañera de hidromasaje y todo). En aquella cama con nórdicos de plumas y colchones viscoelásticos, y después del monte de la mañana no vimos más remedio que echarnos la siesta.

Cuando apareció por fin dimos con el dueño intentamos pagarle con tarjeta pero no hubo manera. Tenía todo pinta de negocios turbios, pero qué demonios, era un hotel de lujo extremadamente barato, así que pagamos y nos fuimos a recorrer la capital europea de la cultura 2012.

Resultó que era una capital además de bonita, muy activa, peeeero, no en domingo, así que poco pudimos hacer aparte de pasear por la orilla del río viendo un espectacular atardecer. Allí nos encontramos con dos chicas, francesa y eslovena, con las que Karloš se puso a hablar de buenas a primeras, y que nos contaron que la ciudad era bastante animada otros días. Mal timing.

Podmaribornye Vechera!

De todas formas pudimos ver a unos tipos cubriendo toda una calle con pintadas de tiza y velas (algún tipo de hippy), y varias actividades culturales interesantes. Al final nos fuimos a cenar a un super restaurante en el que fabricaban su propia cerveza (hmmm), y conseguimos unas ensaladas épicas y alguna cosa más.

Después de unos tragos en el bar de abajo del hotel, que estaba muy muy bien, nos fuimos a disfrutar de las camas viscoelásticas.

 

 

22 Dic

Eslovenia, capítulo 8: El origen de los dragones

Nos levantamos pronto en Piran, tras una noche de calor y colchones pegajosos. Fuimos a desayunar al mismo sitio en el que habíamos tomado la cerveza el día anterior, y nos tomamos unos épicos chocolates con cosas.

Pronto salimos hacia Postojna, la cueva más mítica de Eslovenia, la más grande. En poco más de una hora nos plantamos en el recinto. Era mucho más grande que el de Škocjan, el día anterior. El parking era enorme, y la entrada a las cuevas, espectacular. Un gran edificio de taquillas, restaurantes, hotel y multitud de puestos de souvenirs. Estaba claro cuál era el atractivo number one de Eslovenia.

La cueva es enorme, tanto que el inicio se recorre en tren. Nada más entrar, te montan en un trenecillo que parece que es la típica turistada para hacer el mono, pero no, el tren dura un buen rato y va a bastante velocidad, por lo que ahorra un buen tramo de cueva.

Hacia las entrañas

Otra cosa a tener en cuenta al visitar Postojna, y de la que te avisan al entrar es que hace mucho frío dentro. En el trenecillo se pasa un mal rato, de hecho, ya que con la velocidad, la humedad y el ir poco preparado porque fuera hace 40º, la brisa es refrescante.

El tren pasa por un buen número de salas y cavidades a cual más espectacular, incluida una con lámparas de araña de cristal fino en la que se hacen representaciones de navidad y a la que acuden familias reales y dirigentes varios. Es una cueva muy grande

Nada que no conociéramos

Cuando acaba el recorrido en tren, estás a más de 100 m bajo tierra, y empieza la visita por cavidades enormes, con estalactitas y estalagmitas gigantes, así como columnas, cuando se unen dos de ellas. Está todo muy preparado, y la afluencia de turistas es masiva, así que la prohibición de hacer fotos se queda un poco ridícula, todo el mundo está sacando.

El símbolo de la cueva: el diamante. Una columna blanca con forma de diamante

Por los excesivos turistas, la cueva quedaba un poco en segunda posición respecto a Škocjan, mucho más pequeña, pero que se difrutaba más. Eso sí, en Postojna se podían ver columnas brutales, salas completamente blancas y dragones, ya que había mucha vida en el interior de la cueva.

Era curioso descubrir salas blancas en una cueva, es algo que no se suele ver. Estas salas que parecían una appple store con pinchos, por lo visto eran de lo más común, ya que el carbonato cálcico, componente muy habitual de las paredes de las cuevas y por el que filtra el agua, es de este color. Explicaba la guía que la mayor parte de salas blancas del mundo fueron descubiertas mucho antes de que la iluminación eléctrica fuera de uso general. El color tostado de las paredes de muchas cuevas, se debe, al parecer, al humo de antorchas, candelas, velas, y demás enseres de iluminación pre-eléctricos. Sin embargo la espectacular sala apple de Postojna fue descubierta en los 70, por lo que seguía siendo blanca. O eso decía la guía.

Los dragones prometidos eran otra cosa. Resulta que entre toda la vida que crece dentro de esta cueva, hay una especie de pez que tiene unos minibigotillos y minibrazos y piernas. Por ello el nombre común de este pez es “human fish”, ya que es completamente blanco, y tiene pies y manos (aunque no tiene ojos.) Pues bien, la cueva acaba en un río que pasa por un poblado. Al parecer antiguamente se creía que dentro de la cueva vivían dragones, y cuando había lluvias torrenciales o los ríos interiores de la cueva iban muy cargados, algunos de estos peces  (que necesitan oscuridad para vivir), salían moribundos al exterior. Los lugareños pensaban que eran crías de dragón, y esto reforzaba su tesis de que vivía un dragón dentro.

Cría de dragón en el terrario

Pero sólo eran peces.

Agur cueva

Cuando salimos de la cueva el calor nos golpeó de nuevo, pero esta vez se agradeció. De ahí fuimos a visitar el terrario, que estaba incluido en la entrada y en el que se podían ver de cerca todos los bichos de los que nos habían hablado, y que no habíamos visto más que murciélagos dentro de la cueva.

Después de aquello cogimos el coche para dirigirnos al mítico castillo de Predjama, cerca de Ljubljana.

Allí, antes de entrar nos pusimos a comer, chorizo horrible, en una campa cercana, mientras los todoterrenos accedían al parking y nos cubrían de polvo. Sentados en la campa volvimos a tener la sensación de estar sentados en las faldas del Anboto, el paisaje era exactamente igual (lo cual no es para quejarse).

Predjama, embebido en la roca

Después visitamos el castillo de Predjama, un castillo curioso por estar integrado en una roca. El edificio se empezó a construir de dentro a fuera y luego fueron añadiendo cada vez más estancias hacia afuera. Lo más curioso es que el interior de la cueva tenía galerías y grutas que llevaban a un bosque en lo alto del monte. De esta manera, podían resistir asedios por tiempo indefinido, ya que se podían aprovisionar por su sistema de galerías.

tenía su propio campo de justas

El exterior del castillo es bastante impresionante, pero el interior, convertido en museo donde se ve la vida que llevaban los señores en su día, aunque es interesante, se queda un poco corto. Merece la pena la visita a las almenas, totalmente integradas en la roca, y desde las que se divisa todo el valle. La gruta también estaba bien

Desde la gruta

Tras el castillo, paramos un poco para reponer fuerzas, ya que el calor era aplatanante, y cogimos el coche para dirigirnos a Ljubjlana, por fin la capital!

El albergue de Ljubljana estaba muy muy bien, era un albergue casi de lujo, pero estaba en las afueras. Tampoco es que Ljubjlana sea una ciudad enorme, pero teníamos 20 minutos andando hasta el centro. Allí nos refrescamos y preguntamos al dueño, que era un crack, a ver dónde podíamos cenar y tomar alguna.

Nos recomendó buenos sitios, la mejor pizzería de Ljubljana (según él, y algunos otros), llamada la Pizzería Trta, y en la que nos pinchamos unas buenas pizzas a precios excelentes. Después tiramos hacia la rivera del Ljubljanica, un estrechito río que cruza la ciudad, y donde se aglutinan casi todas las terrazas y bares. El ambiente nocturno de Ljubljana es casi de lujo, la gente iba muy preparada, nada que ver con nuestras barbas de viajeros y ropas de veraneante. Tomamos una cerveza no eslovena en una de las terrazas, pero la cosa estaba muriendo un poco, así que decidimos dirigirnos a un club que nos había recomendado el tipo: the Top! Un ascensor en medio de la calle con un portero cuadrao anticipaba lo que veríamos después.

Top es un club en la azotea de un edificio de oficinas, uno de esos sitios que hay que ir aunque sólo sea por verlo. REsultó bastante animado, y mereció la pena pagar la entrada (era sábado). Así que en Top pasamos la noche del sábado (unos más que otros), con intentos frustrados de aproximaciones, y bailes entregados.

La buena cama del hostel Confidenti se agradeció, llegando a las 3 y 5 de la mañana respectivamente. Al día siguiente tocaba conducir un buen rato

01 Nov

Eslovenia, capítulo 6: tras el telón de acero

Nos despedíamos de Bled. El día no tenía grandes highlights, ya que aunque íbamos a pasar cerca de las super cuevas eslovenas, todo lo que hoy teníamos que hacer era llegar a Nova Gorica (pronunciado Goritsa), como punto intermedio hasta llegar a Piran. Los kilómetros desde Bled no eran demasiados, así que decidimos hacer un pequeño tour que rodeara el Trigalvski National Park. En vez de ir al sur, nos dirigimos hacia el norte.

Mientras desayunábamos, Karloš encontró en una guía local, la famosa garganta de Tolmin, una espectacular garganta muy similar a la del día anterior, con una piedra atascada entre dos rocas, que la hizo bastante conocida. Como nos pillaba de camino, la incluimos en nuestra ruta.

Lo primero que hicimos antes de ir al cementerio donde aparcábamos el coche fue comprar víveres para el día, ya que nos despedíamos de Bled for good.

Antes de salir decidimos darle una oportunidad al imponente castillo de Bled, que se alzaba en una colina junto a nuestro hostel. El castillo era impresionante, pero había que pagar, y bastante para entrar. Así que tras subir los cienes de escalones que llevaban hasta él, vimos un poco las vistas y nos largamos.  (todas las mañanas nos tocaba hacer algún esfuerzo subiendo a algún pedazo de monte, escaleras, o algo para estar bien cansado para el resto del día)

Al menos la muralla exterior del castillo se podía visitar

Cogimos la carretera hacia el norte y poco a poco fuimos acercándonos de nuevo a la frontera austriaca para bordear el parque. Una vez en el norte, nos metimos de lleno en el macizo del Triglav. Un estrecho puerto nos empezó a subir, a razón de entre 6 y 10 metros en cada curva. MEdia hora después estábamos en el punto más alto, a unos 2500 metros.

A lo lejos se divisaba el Triglav, y bajo nosotros el desfiladero del río Soca, un impresionante y caudaloso río azul que llegaba hasta el valle.

like-a-bouss

Bajamos bordeando en todo momento el río Soca por un puerto con vistas increíbles. En la parte baja llegamos a la parte en la que el río era más ancho.

El equipo B

Ya en la parte baja del Triglav, vimos a lo lejos una cascada enorme, mucho más alta que la de Slap Savica. Preguntamos a los lugareños cómo llegar, y nos dijeron que el camino era sencillo.

Empezamos a subir, pero el camino no era sencillo. Era un pedregal por donde había habido un río (o lo había en época de deshielo), con matojos y arbustos impidiendo el paso, y lo peor de todo, hacía 40º. El calor de estos días había sido muy duro, pero el día 6 el calor estaba llegando al extremo. Otros turistas eslovenos nos dijeron que se tardaba una hora hasta la cascada.

Todos nos miramos y sin intercambiar mucha palabra, decidimos quedarnos donde estábamos, buscando una sombra en la vereda del río para comer.

Arroyo donde comimos

El río estaba auténticamente gélido, ya que el agua parece que bajaba de algún glaciar. Estaba muy muy frío, pero era agradable meterse periodos cortos o meter la cabeza para aliviar el extremo calor que hacía fuera. Hicimos un poco el mono por allí.

agua fresquita

Last survivor cazando el almuerzo

Xabislav, otro habitual de los baños públicos

Al final nos pusimos a comer en aquella gloriosa sombra, en la que bien podríamos haber echado la siesta también.

Lunch time

Teníamos la tarde por delante y no gran cosa que hacer, así que nos decidimos por visitar la Garganta de Tolmin, el sitio recomendadísimo que había encontrado Karloš en la guía, y no estaba muy lejos de allí.

Tolmin Gorge

La garganta de Tolmin era muy parecida a la de Vintgar, que habíamos visitado el día anterior, pero era un poco menos artificial, y mucho menos visitada. Los caminos eran de tierra, no pasarelas de madera, y había zonas en las que había que atravesar túneles excavados en la piedra.

También había antiguos puentecillos donde Xabislav nos explicó el concepto de resonancia mecánica, y que igual si saltábamos como monas petábamos el puente

Debe de ser el puente más fotografiado de Eslovenia

Los colores muy similares.

El objetivo de todo el trayecto era encontrar la piedra con forma de diamante que estaba encajada entre dos grandes rocas.

Había buenos miradores para contemplar la roca

La verdad es que después de verla en la revista tan espectacular, fue un poco decepcionante. Pero la piedra como tal, porque la visita a la garganta merecía la pena.

El paisaje natural era más salvaje que en Vintgar

La vuelta se hacía por otro lado, ya que era una ruta circular, e incluía el paso por el Puente del Diablo, un puente que estaba a 60 metros de altura sobre el río por el que habíamos paseado. Por supuesto tuvimos que salvar esa altura a patita. Las vistas desde el puente eran notables

Cuando acabamos el recorrido por Tolmin, de aproximadamente 2 horas, serían las 6 y media. Teníamos que salir hacia Nova Gorica, la ciudad del pecado.

Durante una hora y media condujimos hasta Nova Gorica, junto a un río impresionante, verde, ancho, manso, que recordaba a los de Noruega. A medida que nos acercábamos empezaba a haber más industria y el paisaje se iba estropeando. Nova Gorica a priori es una ciudad con encanto. Tenía la frontera con Italia, hasta el punto de que media ciudad está en Italia (Gorizia) y el resto en Eslovenia, y debe de haber algún café en el que según en qué parte de la terraza te sientes estás en un país u otro.

De primeras, cuando llegamos descubrimos que el “hostel” no estaba en Nova Gorica, si no en un barrio a 8 ó 10 kilómetros. Pero “barrio” también era generoso. El “hostel” estaba en un polígono industrial, un edificio junto a una fábrica y al lado de la carretera principal. El edificio no tenía recepcionista, y por no tener, no tenía ni inquilinos. Estaba completamente vacío.

Pasaron unos rusos a su habitación pero no conseguimos entendernos con ellos, y en el teléfono del hostel no cogía nadie. Nos veíamos durmiendo en los contenedores de la fábrica. Al final conseguimos hablar con un responsable del hostel, que nos dijo que la recepción real estaba en otro hotel, 3 kilómetros más allá. Así que nos acercamos al otro hotel a coger las llaves y preguntar cómo iba el tema del desayuno incluido, ya que no había sitios para desayunar… Nos dijeron que el desayuno estaba en ese hotel. Había que desplazarse 3 km para desayunar!

Al final conseguimos entrar en las habitaciones del super hotel-fábrica, y estaban muy bien, si se obviaba el ruido infernal de la fábrica.

No tardamos mucho en salir de allí, tras una ducha, para conocer el centro de Nova Gorica

Resulta que Nova Gorica es una ciudad que da un poco de miedo. Se ha quedado en la época soviética en todos los sentidos, incluso la ya inexistente frontera, bajo un túnel da un poco de miedo. En la parte exterior hay incontables complejos de juego tipo Las vegas pero en cutre. El centro es muy soviet. Y allí comimos una hamburguesa terrible en una hamburguesería que no había pasado de los 50. Después probamos los helados del centro e intentamos buscar algo que hacer. Pero estaba bastante muerto. Parece que las mafias varias se habían llevado todo el percal a los casinos del extra radio. Tras la jarra de Laško de rigor, nos piramos de nuevo a nuestro hotel-fábrica.

La noche más inquietante.

Top