28 Nov

Namibia, capítulo 9: El oasis de Okaukejo

Okaukejo era un camping que animaba a quedarse dentro más que a salir a ver bichos, son sus super instalaciones y sus plazas de acampada altamente equipadas. Antes de despedirnos de Okaukejo, hicimos una última visita al waterhole y a la piscina, sin encontrar más que unos oryx en el primero y unas viejas éuropeas tomando el sol en la segunda. Salimos con nuestra tartanita a recorrer la cola más occidental de Etosha, sin saber muy bien qué podríamos encontrarnos, y no estuvo nada mal.

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Poco después de salir vimos a lo lejos unos elefantes como cruzando el horizonte. Paramos el coche para hacer unas fotos pero los elefantes cambiaron su trayectoria y decidieron circular por la carretera. Hacia nosotros. Así que empecé a dar marcha atrás mientras sacábamos fotos por la otra ventana y con un poco de cosica, por conocer la velocidad punta de los elefantes y la no tan punta de nuestro coche. Al final, después de un rato circulando por el medio de la carretera, volvieron a salirse y pudimos seguir nuestro camino, con unas buenas fotos de esta manada, en la que había al menos uno de 5 metros, eran tochísimos.

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A partir de cierto momento, empezó a haber ñus por todas partes, grandes manadas que buscaban las escasas sombras con gran ahínco, y se apelotonaban en ellas, con su aspecto de yonkis de la sabana. Pero lo mejor fue cuando llegamos a un waterhole natural, un oasis en toda regla, en el que había cientos de animales, muy variados, todos compartiendo agua, algunos corriendo, otros saltando. Estábamos lejos con el coche pero aun así la imagen era espectacular.

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Estuvimos parados en el oasis más de media hora, sin poder dejar de mirar cómo llegaba un tumulto de cebras, los ñus se apartaban, pero luego aparecían unos oryx y se iban las anteriores. Había springboks, kudus e impalas, avestruces, pájaros secretaria, y un montón de otros animales que no identificábamos. Al final nos dimos la vuelta y para la hora de comer empezamos el largo camino hacia las puertas de Etosha.

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A falta de campings dentro del parque para una cuarta noche, habíamos cogido sitio en un camping que estaba fuera, pero justo a la entrada. La idea era pasar el día entero en Etosha pero salimos pronto, pensando que nos llevaría tiempo llegar al otro camping, y no, resulta que estaba al lado, y a media tarde ya estábamos allí, sin mucho que hacer, ya que no había nada en los alrededores. Este camping parece que vive de los turistas como nosotros que no saben muy bien cómo funciona el rollo de los campings internos, y se cogen uno fuera con idea de ir entrando y saliendo, pero resulta que si entras y vuelves a salir lueog hay que pagar tasas otra vez, así que no compensa. Además los campings del interior son públicos y más baratos, aunque también más petaos (razón por la que vinimos a este). Anyway, como no había mucho que hacer, dedicamos la tarde a montar la tienda, leer y remojarnos en la piscinita.

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Por la noche hubo bastante animación ya que montaron una especie de hoguera con música y estuvo entretenido, birra en mano.

12 Nov

Namibia, capítulo 8: Vagos melenudos

No es fácil reservar muchos días en Etosha en el mismo camping, ya que hay bastante demanda. Tampoco es recomendable, Etosha es muy grande y los campings están estratégicamente situados para visitar todos y así tener una experiencia más global. Así iba a ser. Hoy tocaba recorrer los 100 kilómetros que separaban Halali, en el extremo oriental y Okaukejo, al oeste del parque. Esos 100 kilómetros de por sí ya iban a llevar tiempo porque en las “carreteras” de Etosha nuestro Corolla no podía pasar de 40km/h. Pero además pensábamos tomar algunos detours para llegar a Okaukejo a la hora de comer viendo varios waterholes intermedios y recorriendo senderos recónditos.

Después de un buen rato recorriendo estos caminos y ver un montón de bichos de tamaño pequeño, nos encontramos un tumulto de coches que presagiaba un accidente o algo similar. Las carreteras de Etosha son muy fluidas. Aunque hay bastantes coches, están bien repartidos, y como no hay demasiadas normas, la gente adelanta cuando quiere y para donde le da la gana. No habíamos visto en ningún momento más de 3 coches juntos, pero ahora había más de 20 colapsando todo. Conseguimos meter morro siguiendo a un todoterreno que iba hacia adelante ignorando todo. Y descubrimos el origen. A dos metros de la carretera había una familia de leones, unos 10 o 12, con 2 o 3 machos, y uno de ellos tenía en su poder una jirafa muerta a la que le estaba hincando el diente.

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Ésta es una de esas cosas que parece que no van a impresionar porque lo has visto mil veces en la tele, pero en directo era impactante ver aquellos animales de ese tamaño comiéndose una jirafa en descomposición. Y realmente da bastante cosa que uno de esos bicharracos salte hacia el coche. El dedo estaba cerca del elevalunas en todo momento, por si acaso.
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También quedaba patente lo extremadamente vagos que son. En los 45 minutos que estuvimos nosotros no se movieron del sitio a pesar de tener una nube masiva de turistas con cámaras, teleobjetivos y cuerpos medio salidos por la ventana, y los leones ni se inmutaron. En un momento dado, el macho más grande le pegó un bocao al cuello de la jirafa, pero no se esforzó demasiado, ni siquiera llegó a arrancar un pedazo de carne. Estos leones eran como nos había dicho Paulus el día anterior. Igual por la noche se meneaban un poco, pero ahora desde luego no parecía que fueran a hacer grandes alardes. Tampoco era para menos, hacía 45º.

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En todo caso los turistas flipamos bastante, ver leones en tales circunstancias era absolutamente improbable, incluso con guías, así que si ese día no se echaron 100.000 fotos, no se echó ninguna.

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Cuando vimos nuestra primera hiena, después del impacto de los leones, no nos dijo mucho. Pero es raro ver hienas por el día. Por la noche veríamos más. Y las oiríamos!

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Al final, con tanto trasiego, acabamos comiendo en una de las áreas de descanso que hay por Etosha, y llegamos a Okaukejo por la tarde. Como hacía un calor infernal y llevábamos todo el día en el coche, decidimos contratar un tour nocturno, algo llamativo y algo más caro que los otros, y nos fuimos a la piscina a leer. Hay que decir que Okaukejo aunque vale lo mismo que Halali ya que son ambos propiedad del estado, es mucho más lujoso. Las instalaciones están mucho mejor, también la plaza de camping y la piscina parecía sacada de una peli de explotadores blancos que viajan a Africa en el siglo XIX, con sus hamacas, sombrillas individuales, y un bar del que salían camareros impecablemente vestidos a traerte cervezas a la piscina. Había también muchos más viejos que en Halali (igual la gente sabía de antemano que este camping es mejor y los viejos que buscan comodidad van allí).

El Waterhole de Okaukejo también era mucho mejor aparentemente, con mucho más espacio y visibilidad (y más agua también). Pero yo creo que los bichos se saben que hay mucho más turista aquí, porque nos visitaron muchos menos. Halali molaba más en este sentido (también era algo más salvaje y auténtico).

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En cualquier caso nos pilló un pedazo de atardecer (que aquí se veían de frente) y en el qeu vino un elefante solitario, una pareja de rinocerontes y un montón de jirafas que se acercaron desde la lontananza meneando sus cuellos al compás. Parecía una escena de El Rey León.

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Después del waterhole, que fue un poco más sobrio que el de Halali, fuimos a cenar y luego a esperar nuestro tour nocturno. Las puertas del camping estaban cerradas, pero al ir con guarda teníamos permiso. REsulta que nuestro guía era bosquimano, y antes de salir nos estuvo enseñando algunas frases en su idioma impronunciable de chasquidos. Muy risas.

Luego salimos. Como los faros del coche asustan a los animales, íbamos sin luces, en plena oscuridad, a la luz de las estrellas y nada más. Daba un poco de cosica porque no se veía NADA. Al final te hacías a la oscuridad y empezabas a ver cosas. Pero lo mejor es que el guía llevaba un foco rojo que no asusta a los animales y lo iba encendiendo para pillar bichos. Parecía el ojo de Sauron.

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Pudimos ver un montón de animales haciendo cosas que por el día no hacían. A parte de un montonazo de hienas que se reían como en las pelis (al volver a casa vimos El Rey León y el sonido de las hienas de esa peli está muy muy bien hecho, se parece mucho al real, más que una risa es una especie de grito desaforado).

También vimos leones conviviendo en un waterhole con un montón de otros animales potenciales presas, tal como nos había dicho Paulus. Y en un momento dado vimos a unos 5 elefantes que cuando nos vieron empezaron a acercarse y el guía se asustó bastante y salió pitando.

Al final, el tour nocturno está curioso, y sólo puedes hacerlo contratando, no con tu coche, pero es bastante más caro que los diurnos y ves los mismos bichos. Para hacerlo valer, hacen que dure dos horas, pero a mí se me hizo un poco largo, principalmente porque dos razones: ya me había acostumbrado a irme a la cama a las 9 todos los días y esto empezaba a las 9, así que a las 10 y media estaba cabeceando como un tonto; y además, hacía frío, mucho frío. Es la primera vez que pasé frío en Namibia, aunque nos dieron unas cuantas mantas para todos los que íbamos en el jeep, al final acababas pasando mucho frío.

Al final cuando volvimos vimos unos cuantos chacales DENTRO del camping de Okaukejo acercándose a bungalows y tiendas, buscando comida. Había señales por todo el camping urgiéndonte a evitarlos. Así que nos fuimos a la cama a las 11 y pico (insólito en Namibia), y nos dormimos oyendo a las hienas fuera del camping.

05 Nov

Namibia, capítulo 7: Paulus el destroyer

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Halali Camp se cerraba a las 6 de la tarde, cuando empezaba a oscurecer y las bestias salían a comerte. Pero también se abría muy pronto, a eso de las 5.30, por lo que muy pronto había grupos de turistas que levantaban campamento estruendosamente y salían hacia los animales.  Así que nosotros nos levantamos bastante pronto también, sin que esto supusiera más sueño, ya que también nos dormíamos prontísimo. Desués de desayunar nos fuimos a dar un garbeo por todo lo que se podía andar sin coche en las inmediaciones de Halali, que básicamente suponía recorrer el perímetro del camping y poco más. Había una especie de montículo junto al waterhole con unos árboles muy bizarros que daba para un paseíco de 45 minutos. Después salimos con el coche a explorar por nuestra cuenta, pero no vimos mucha cosa en toda la mañana. Si no tienes un guía conectado por walkis con otros guías que saben dónde está el meneo, dependes enteramente de la suerte para ver bichos, y puede que no veas ninguno reseñable, aun estando en un sitio como Etosha.

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Algunos springboks, alguna cebra y poco más. Pero después, por la tarde, llegaría el espectáculo. Habíamos contratado un guía para que nos llevara por los caminos chachis que conocía y conectado con otros guías. Como la gente viene en todoterreno es poco habitual que la gente contrate guías, pero está bien por las razones anteriores y porque te explican cosas de los animales. Además, nos costó unos 20 euros por persona y nos dio una vuelta de casi 4 horas, así que está bien rentabilizado.

El guía en cuestión  según llegó nos demostró quién tenía TODO EL SWAG DE NAMIBIA. De hecho, más que namibio parecía un tipo que acababa de llegar en vuelo directo de algún club de moda de Los Ángeles con sus amigos raperos. Llevaba la visera de lado, (sí, como el príncipe de bel air), y lo primero que hizo cuando llegó y nos montamos fue dejarnos en el jeep y largarse a hablar con otro tipo de la reserva al que saludó con algún tipo de saludo de negros enrevesado e irreproducible, con un choque de manos en lo alto, luego algún tipo de giro y alguna interacción entre los dedos. Al volver, subió al jeep y dejó su puerta abierta, arrancó y aceleró, cerrando la puerta con la inercia del coche en movimiento. El resto del camino estuvo conduciendo medio sentado de lado y cogiendo el volante por la parte derecha con su mano izquierda, pasando el brazo entero por encima del mismo.

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Poco después de arrancar nos empezó a comentar que se llamaba Paulus y su hermano Saulus, y nos contó detalles extraños de su vida. Lo mejor es que a diferencia de los demás namibios que habíamos conocido, este hablaba con acento americano (más específicamente acento de negro de The Wire). Se refería constantemente a los animales como “that bitch” o “that motherfucker is lazy”. Era muyyyy mofa.

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Pero al margen del folklore, Paulus nos contó un montón de detalles de la fauna (y flora) de Etosha, y hay que decir que era muy buen guía (algo que obviamente no está reñido con todo lo anterior)._MG_5928

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Vimos kudus, impalas, cebras, jirafas, sprinkboks, los minispringboks que no recuerdo su nombre, y una interesante familia de elefantes a la que estuvimos siguiendo un rato. Paulus nos contó que al final de la época seca en la que estábamos, muchos animales no podían seguir viviendo porque no había comida y morían en mayor número que en otros momentos del año, lo que facilitaba mucho el trabajo a depredadores. También nos dijo que los leones son extremaaaadamente vagos y generalmente están todo el día durmiendo (también las leonas, que son las que se lo curran normalmente ). Por la noche van a beber agua y si hace un tiempo que no han comido y hay hambre pues igual entonces deciden cazar algo. Por eso no era raro ver leones junto a posibles presas juntos, básicamente no siempre tienen hambre y tampoco matan por diversión, así que tampoco se la juegan tanto los bichos.

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Los elefantes también se ven afectados por la sequía, parece que cuando no hay verde empiezan a comer raíces (de hecho vimos como arrancaban plantas con una pericia increíble, sujetándolas con la trompa y dándoles una patada cuando están en tensión!!). Las raíces son un problema porque llevan mucha tierra que van desgastando los dientes de los elefantes y llega un momento que con los dientes no pueden comer porque los tienen muy desgastados, y se mueren de hambre. Así que a esperar a las lluvias.

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La técnica de la patada

Otro bicho muy risas que vimos es el pájaro secretaria (creo que se llama de otra forma pero Paulus lo llamó así), que es un pajarraco enooorme que no da la sensación de que pueda volar, pero sí que vuela. Y nos contó que tiene las patitas básicamente hechas de hueso y que no tiene prácticamente carne porque le atacan mucho las serpientes y así no tienen donde pinchar.

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Al pájaro secretaria sólo le faltaba un maletín, con esa cabeza y ese plumaje bien podría llamarse pájaro abogado.

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También vimos algún chacal, que son como perros pequeños, se alimentan básicamente de restos, así que no parecían muy peligrosos, casi daban ganas de acariciarles la barriga. Y ahí estaba el mayor riesgo, ya que parece que transmiten la rabia con mucho ímpetu.

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Después del largo y extraño paseo con Paulus volvimos al camping justo antes de que cerrara las puertas, y nos fuimos a dar un baño a la pisci, que molaba mucho más que las de otros campings, de hecho el baño estuvo acompañado de unas hamacas, un libro y unas birras.

Por la noche fuimos de  nuevo al waterhole, pero estuvo mucho menos animado que el día anterior, sólo unos rinocerontes y un montón de springboks se acercaron.

29 Oct

Namibia, capítulo 6: Bichos a porrillo en Etosha

Cuando despertamos yo seguía agitado por la cuestión de la sirena, aunque sabía que no había sido nada. Recibí una bronca moderada por la película que me monté la madrugada anterior. Fue un poco humillante también porque cuando fuimos a desayunar preguntamos a la persona de recepción del hotel a ver qué había sido la sirena que había sonado a media noche, y nos dijo que ella no había oído nada. Eso era imposible, ¿cómo no la iba a oír? El último día en Windhoek oímos durante el día una sirena exactamente igual, y allí se me ocurrió mirar en google maps a ver qué podía haber en las inmediaciones para que sonara esa sirena, y encontré un cuartel militar, que tenía toda la pinta de ser el origen. En Otjiwarongo había otro.

Pero bueno, había que olvidarse de la sirena, ya que hoy era el día de entrar en Etosha, el mayor highlight de Namibia, con permiso de Sossusvlei, en el que estaríamos 3 días gozándola entre elefantes, rinocerontes, leones y muchos otros bichos.

Habíamos oído hablar bastante de Etosha e incluso habíamos reservado alojamiento para varias noches, pero no teníamos muy claro como funcionaba el parque, si ibas por tu cuenta a la aventura, cómo de peligroso era, o qué pasaba si dormías fuera (ya que el alojamiento de dentro era más caro). Pues bien, el parque tiene dos o tres entradas en las que pagas por cada vez que se entra, que están un poco lejos de la acción, así que dormir fuera para entrar no parece muy recomendable, habría que pagar todos los días y además supondría bastante coche cada día.

Por otra parte, yo me imaginaba que básicamente habría una carretera y luego si querías salirte de ella para ver bichos podrías hacerlo, con tu super todo terreno y luego acampar libremente donde quisieras en tu tienda de campaña en el techo y dormir al calor de una hoguera… y blablabla. Pues no, lo primero que descubrimos al llegar es que la “carretera” que atraviesa el camping no es una carretera, a pesar de ser una C. Es un camino de grava por el que sufriríamos hasta el infinito. Ése y otros muchos caminos que hay a sus laterales y por los que se puede circular sin problema, son los únicos por los que se puede ir, ya que no está permitida la conducción off-road. Tampoco está permitido acampar fuera de los recintos habilitados para ello, ni siquiera bajarse del coche. Parece ser que después de todo sí que entraña sus riesgos, así que siempre tienes que ir en coche (y recomiendan con la ventana cerrada, aunque eso suele venir seguido por la polvareda constante que hay en suspensión gracias a los cientos de coches circulando por los caminos de grava).

Principalmente hay dos campings, Halali, al este y Okaukejo al oeste. Ambos están situados junto a un waterhole, un estanque al que vienen los animales a beber por la noche, algo que tampoco sabíamos, pero que es una de las cosas más interesantes del parque, ya que los campings cierran las puertas aproximadamente a las 6 de la tarde y a partir de entonces tienes que estar dentro, así que algo de entretenimiento en el camping viene bien. Okaukejo es un poco más de lujo, tiene mucho más sitio para dormir, y las piscinas e instalaciones de comer y demás son de más categoría, pero a mí me gustó más Halali, y su waterhole era más salvaje y molón (a parte que también se agradecía bastante el hecho de que tuviera menos turistas).

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Tardamos casi dos horas en llegar desde la entrada oriental hasta el camping Halali, ya que íbamos despacico por la carretera infernal, aunque hay que decir que a pesar de ser de grava y tener zonas en las que no se podía ir rápido, en general pudimos hacer una media de 50km/h, lo cual era todo un avance respecto a carreteras anteriores. Por el camino empezamos a ver bichos random casi sin proponérnoslo, al principio springboks, luego jirafas y de pronto vimos a un super elefante, absolutamente enorme que andaba despacio dejando una estela de polvo. Parecía viejo, y probablemente lo sería, ya que los elefantes suelen ir en manadas y sólo se separan cuando son muy viejunos y van a morir. El bicharraco era gigante, aunque con los colmillos muy pequeños, nada comparado con otros elefantes que había visto anteriormente en Nepal y en Vietnam, que eran mucho más pequeños (2-3 metros en su parte más alta). Este rondaría los 5, estaba muy lejos del coche y aun así imponía, estábamos con el motor en marcha por si le daba por correr hacia nosotros. Aunque en el mismo cartel en que leímos que en este parque se habían registrado alturas de hasta 6 metros (lo cual es una salvajada), y que los colmillos solían ser pequeños porque tienen dietas muy pobres en calcio, también contaban que si se ponen a correr pueden alcanzar 40 km/h, lo cual probablemente nos habría dejado atrás, ya que el Corolla no daba para tanto en este terreno.

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Después de un buen rato por aquella carretera comiendo polvo de los todoterrenos nos dimos cuenta de que probalemente el resto de carreteras que íbamos a recorrer por Namibia serían como ésta, y que íbamos a tener un viaje bastante intensito, en contra de lo esperado. Realmente sale a cuenta alquilar un todoterreno en Namibia, y si nos hubieran dado el que habíamos alquilado las cosas habrían sido muy diferentes. El camping Halali no tenía nada que ver con otros campings que habíamos visto antes, tenía unas instalaciones brutales, con grandes restaurantes, una piscina a la que se le podía llamar piscina, y en general, instalaciones de lujo, considerando el sitio en el que estábamos. Las plazas de camping estaban bastante bien, con electricidad, sitio para hogeras, y buen espacio para el coche y la tienda, aunque sin mesa. Si hubiéramos tenido un todoterreno habríamos tenido sitio para nuestra propia mesa y sillas… ay.. el todoterreno… Aunque otra cosa que descubrimos en este camping es que quizá la mejor forma de recorrer Namibia sea en un todoterreno, pero quizá sea mejor uno normal en el que alquilas equipamiento y tienda de campaña normal que uno con tienda en el techo, que eran los típicos (y el que habíamos reservado en primer lugar). Aquí estábamos rodeados de grupos con este tipo de todoterrenos y lo que vimos es que por un lado tardaban como 3 o 4 veces más que nosotros en montar y desmontar la tienda, la nuestra era casi instantánea, y la de los techos era un poco más compleja y todo el mundo tardaba bastante más. Por otra parte, cuando estás más de un día en un sitio, si tienes una tienda independiente no tienes que desmontar toooodo si te quieres llevar el coche, algo que le pasaba a casi todo el mundo, por la mañana a desmontar todo (tienda, plegar colchones, recoger mesa, utensilios, todo..) Nosotros lo dejábamos todo ahí y nos íbamos con el coche vacío, y cuando llegábamos por la noche nos íbamos directos al waterhole mientras los demás montaban sus tiendas otra vez. Así que realmente, si yo volviera a Namibia alquilaría un todoterreno normal, que se pueden alquilar en compañías normales como Avis, con muchas más garantías que las locales (que te pueden dejar vendido como nos pasó a nosotros), y luego alquilar por 4 duros el equipamiento. Probablemente cueste la mitad de pasta que uno con tienda en el techo (éstos rondan los 1500-1600 euros, frente a los 700 de un 4×4 en Avis, para 3 semanas, al que luego hay que sumar el equipo que te puede costar unos 50 o 60 euros).

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En fin, coches a parte, el primer día de Etosha estuvimos informándonos un poco y poco más, le habíamos metido buena tralla al coche, y era ya media tarde, así que lo único que hicimos fue salir a dar un garbeo por las carreteras cercanas al camping en el que sin esforzarnos mucho vimos jirafas, ñus, springbox y cebras, que luego nos acostumbraríamos, pero la primera vez impresionba bastante tenerlas a 10 cm de tu coche intentando meter la cabeza por la ventana.

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Después de la miniexcursión de hora y media volvimos para ver el waterhole, algo que a priori parecía turístico y un poco absurdo, pero que se convirtió en absolutamente memorable. Cuando llegamos llamaba la atención el silencio máximo que había en el que sólo se oían los obturadores de las cámaras de muchos turistas. En el waterhole, tres leonas bebían tranquilamente, a escasos metros de la gente. Es bastante chocante llegar a un sitio con unos asientos en el que simplemente te sientas y esperas a que vengan los bichos, y allí, sin más te encuentras con unas leonas.

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Pero lo que llegó después fue mucho más impactante. Cuando las leonas se fueron, y como si hubieran estado esperando una cola imaginaria, ocultos entre las sombras, aparecieron unos rinocerontes negros que también se dieron sus buenos tragos. Y lo mejor estaba por llegar, cuando se fueron los rinocerontes, guardando escrupulosamente el turno, apareció una manada de elefantes en la que tranquilamente podía haber 30 o 40. Había algunos líderes que les iban marcando el paso, otros más perezosos y algunos muy pequeños. Estuvieron más de media hora en la charca, bañándose, bebiendo, echándose agua mutuamente, e incluso parecía que estaban disfrutando. Parece ser que la mayoría de estos animales esperan al atardecer cuando hace menos calor para no perder líquidos durante las horas de calor. Lo curioso es que parece que los depredadores respetan la hora de beber, porque no parecía que atacaran mucho, aun sabiendo que era un sitio donde se congregarían presas fáciles.

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a este le llamábamos Trompeti

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Los elefantes dieron muchísimo juego, los turistas estábamos flipando con lo que estábamos viendo, el ruido, el olor y los barritos a escasos 10 metros. Al final, con un estruendo, como habían llegado, el motrollón de elefantes se fue y las leonas volvieron (u otras  leonas diferentes vinieron). Esta vez se dedicaron a juguetear como lo haría un gato, tirándose por el suelo, dando volteretas y bueno, dejando ver que en el fondo son básicamente gatos muy grandes. Después de flipar bastante con el waterhole, nos fuimos a cenar al restaurante del camping para probar las delicias locales, como el kudu o la cebra, y luego nos fuimos a la cama.

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