19 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 4: El viejo y el calabacín

Otro amanecer curioso, ya que antes de que amaneciera, todavía era de noche. El cuarto día de viaje prometía ser un día espectacular y tranquilo, viajando entre los fiordos del este de Islandia, desde Höfn hasta Seyðisfjörður. Partiendo de que no estábamos en Höfn, en Seyðisfjörður no había sitio para dormir, y el bueno de Guðjón nos había dicho que venía un frente de “shitty weather”, todas nuestras expectativas se tumbaron, para hacer frente a un largo día de coche, coche y más coche, con agua, agua y más agua. Antes de nada tuvimos que ir a Höfn a que nos arreglaran la rueda pinchada y nos la volvieran a poner. Los mecánicos que tenían pinta de haberse escapado de una escuela para niños con retraso mental, se reían de nosotros abiertamente. Pero la rueda quedó muy bien.

Tuve que ir a comprobar el estado de saldo de nuestra tarjeta. Cuando volví me encontré el Jeep con la puerta abierta, en marcha, y de pronto Iñivegur salió corriendo desde una esquina cercana… Se había hablado mucho de hacer un stunt como en las pelis, y subir con el coche en marcha… pero no esperaba que fueran a ponerlo en práctica.

Aquí dejo una parte del vídeo. El hilarante desenlace lo veréis en el vídeo final que Bayuvik está preparando.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=SdVoqE13XAk]

Por el camino quisimos hacer un pequeño descanso, y no encontramos mejor sitio que el café de Margaret, Kaffi Margaret. Una casa íntegramente de madera (incluso el retrete tenía la tapa de madera, óptimo para ciertas exigentes posaderas), con una decoración… decimonónica, que nos sirvió unos cafés interesantes, con fuertes cantidades de alcohol. Supongo que los vikingos necesitan entrar en calor…

Kaffi Margaret con el baño al fondo... Oops Calabacín, parece que te han cogido en un momento inoportuno!

Kaffi Margaret con el baño al fondo... Oops Calabacín, parece que te han cogido en un momento inoportuno!

Finalmente llegamos a Egilsstadir, una pintoresca población cercana al lago Mývatn, de las más grandes del país. Aquí habíamos conseguido una cabaña en el camping, y como llegamos con tiempo suficiente, decidimos aventurarnos fiordo abajo para conocer Seyðisfjörður. El camino era muy elegante, entre montes llenos de niebla y picos escarpados, y en él nos encontramos a nuestra quinta e inesperada cascada, Gufufoss

Gufufoss con el temido efecto agua de seda

Gufufoss con el temido efecto agua de seda

Estaba al lado de la carretera, como tantas otras, y decidimos que merecía unas fotos.

El Jeep, de anuncio. Good job Carlosstadir!

El Jeep, de anuncio. Good job Carlosstadir!

Detalle luneta trasera. Gooood job

Detalle luneta trasera. Gooood job

Poco más abajo se encontraba Seyðisfjörður, un micropueblo pesquero (normal que no hubiera sitio para dormir), elegantísimo, entre la niebla, pero completamente desierto. Aquí Iñivegur se lanzó a conseguir la World Press Photo con este barco:

Quizá no una World Press Photo, pero definitivamente, una WordPress Photo

Quizá no una World Press Photo, pero definitivamente, una WordPress Photo

Asegurando que este año la World Press Photo sería para una foto de un barco oxidado. Como el tiempo no acompañaba para paseos, decidimos entrar en una taberna. De forma inesperada nos encontramos con uno de los sitios más curiosos del camino. La taberna, una casa particular con una barra en medio, estaba regentada por un viejo, en aquel momento borracho (sospechamos que en el resto de momentos también). La conversación fue algo así:

-hola queremos unas cocacolas

-Aquí sólo se sirve cerveza, la hago yo mismo [momento de mirarnos unos a otros preguntándonos si estábamos en una taberna medieval o así]

-Vale, pues… tres cervezas… y… no tienes algo más? El conductor no bebe [Carlosstadir]

-Ahhhhhh, así que aquí tenemos a la mujer del grupo!!

[carcajadas generalizadas]

El viejo era un crack, hacía su propia cerveza, llamada “El Grillo”, por un petrolero homónimo que se había hundido en la guerra en Seyðisfjörður (sospechamos que él, y su estado alcohólico tuvieron que ver en el hundimiento). Actualmente las ruinas del barco bajo el mar sirven para hacer scuba diving.

Export Beer. Seydisfjördur

Export Beer. Seyðisfjörður

El tipo que aparece en la etiqueta, era en efecto el viejo de la taberna. Nos sentamos a disfrutar de las birras (y Carlosstadir de la naranjada que consiguió sacar al viejo), con auténtico musicón a todo trapo, que acabó petando el radiocassete y el viejo pidiéndonos ayuda para arreglarlo.

Finalmente cuando fuimos a pagar para irnos (el único sitio de Islandia en el que no aceptan tarjeta de crédito), el tipo nos suelta un “ah, pero todavía estáis aquí?”

Esa noche, cenamos salchichitas y lomito fritos en mantequilla islandesa, grasaza para nutrir todo lo que llevábamos de desnutrición del camino. Y dormimos como titanes.

Una cena altamente grasa. Mmmm. Delicioso. Ningún Calabacín fue devorado.

Una cena altamente grasa. Mmmm. Delicioso. Ningún Calabacín fue devorado.

Y eso fue todo por los fiordos del este. Seguramente si hubiera hecho buen tiempo habría fotos chachis… pero nada…

Mañana, la expedición al volcán!