02 Feb

Improvising Switzerland 2015 – capítulo 5: Al Thun Thun

Goce. Levantarte en tu cabaña de madera bajo un montón de edredones de plumas, abrir la cortina y ver esto:

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Pusimos el zumo, los cereales, el café, abrimos las ventanas, y tras un desayuno amenizado por los pajarillos, nos dispusimos a arrancar. Tocaba Thun, un pequeño y bonito pueblo a unos 50 km de Adelboden, que lindaba (y daba nombre) al Thunersee, uno de los dos grandes lagos entre los que se encuentra Interlaken, quizá la ciudad más conocida de esta zona. Hicimos una compra hiper rápida a fin de hacernos bocatas y no tener que tirar de prohibitivos restaurantes, y salimos hacia Thun, pasando por Frutigen (se llama Bart!). DSCF4293

Era muy pronto pero ya hacía un calor insoportable en Thun. Los veranos calurosos en el centro de Europa son insufribles. A pesar de estar junto al lago y de que un río bastante grande con agua de los alpes cruzaba la ciudad, calentaba bien. Estuvimos viendo el centro, que era agradable y bonito pero no tenía mucho más allá de las mil tiendas de relojes y recuerdos suizos con vacas y navajas. El principal atractivo de Thun es el castillo, al que subimos bajo el sol implacable, pero no llegamos a entrar, era bastante caro. Hicimos las fotos de rigor y volvimos a bajar hacia el centro, donde estaban preparando algún tipo de festival con el que no parecía que estuviéramos sincronizados. DSCF4296 DSCF4298 DSCF4305 DSCF4311 DSCF4312 DSCF4314

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Con tanto calor y sin mucho que hacer (ni fuentes de las que beber, porque los grifos estaban lejísimos del borde!), seguimos nuestra ruta por el lago para ir a parar a una pequeña «cala» unos kilómetros más adelante, un cuadradito de hierba frente a una zona de arena y una plataforma flotante donde muchos suizos habían ido a echar el día, poniéndose a remojo para aliviar el calor. Allí pudimos comer nuestros bocatas y refrescarnos, y hacer el mono en la plataforma. El lago Thunersee podría estar mucho más explotado en cuanto a playas, pero lo usan mucho más para pequeñas embarcaciones, así que nos costó bastante encontrar esta playita y en el resto del día sólo vimos otra más, cerca de Spiez.

A Spiez fuimos, precisamente, después del chapuzón, la comida, el helado y la digestión. Spiez sale también en las guías turísticas, pero si no eres un turista local con su barco y su apartamento reservado para toda la temporada, tampoco es que tenga mucha historia. Eso sí, tenía una iglesia en lo alto de un montículo que ofrecía unas vistas tremendas del lago, y que era un sitio bastante óptimo para casarse, como de hecho estaba pasando en ese momento. DSCF4326 DSCF4327 DSCF4330 DSCF4333

Sin mucho más que ver, seguimos hacia Interlaken, una de las ciudades más conocidas de Suiza, por su ski y deportes de invierno, por estar entre dos lagos, y al lado de dos grandes montañas, amén de bastante cerca de los tres picos que estaban empezando a obsesionar a Einigen: el Eiger, el Mönch y el Jungfrau (el ogro, el monje y la virgen (no sé por qué «mujer joven» se traduce por «virgen», cosas de calvinistas, supongo)). Con esto en mente, Interlaken parecía una ciudad interesantísima. Al llegar veríamos que era más bien una especie de Benidorm de lujo estilo Trump. Estaba absolutamente tomada por chinos y árabes, y completamente entregada al turismo de pasta pero chabacano, como los chinos y los árabes. Bares horteras, tiendas de relojes cutres (mira que podían tener relojes molones), y calor, mucho calor. El calor era asfixiante, y como no vimos gran cosa para hacer por el centro decidimos acercarnos a uno de los dos lagos que dan nombre a la ciudad. Miramos el mapa, y el más cercano era Thunersee. Nos pusimos a andar, y una hora después estábamos a mitad de camino. Con aquel calor, decidimos darnos la vuelta, era la muerte seguir andando por allí.

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Unaiguille tenía los dientes largos con los miles de parapentistas que no dejaban de caer desde la montaña más cercana. Estuvimos mirando un buen rato como iban aterrizando, pero tras enterarnos del precio nos largamos de vuelta a Adelboden.

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Hubo un super atasco en la carretera del lago, la que nos llevaba a casa en menos de una hora. Nos dimos la vuelta y volvimos por el lado contrario del lago, que tiene una carretera mucho más estrecha y lenta, pero con unas vistas muchísimo mejores, así que tardamos nuestras buenas dos horas en volver. Después de la ansiada cerveza con wifi, nos fuimos a cenar a casa, donde echamos nuestra primera partida de monopoly en el móvil de Unaiguille. La frase más repetida fue «es incrrrreible», que Einigen pronunciaba cada vez que una tirada le salía mal, algo bastante habitual :D