30 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 11: Laugavegur Transfer

Amaneció Reykjavík. Tras una plácida noche en el Sunna Guesthouse, nos lanzamos temprano a comprar los últimos souvenirs por las calles importantes de Reykjavík. Bufandas, gorros, postales, pins, puffins de peluche, y la clásica sudadera “égg tala ekki islensku” (no hablo islandés), y sin mucho tiempo para gastar, fuimos a devolver el coche a la estación de autobuses.

Bless Reyjavík

Bless Reyjavík

El tipo de la compañía no se presentó el muy huevón, (el mismo que nos había dado las llaves sin consultar quiénes éramos). La conversación con Sedanur fue algo así

-Hola, somos los tipos que tenemos que devolver el coche

-Qué coche?

-Un Jeep Cherokee

-ah… mm… y dónde estáis?

-en la estación de autobuses.

-ah… podéis dejar las llaves en la guantera y dejarlo abierto

– … ¿?…………………… ok…

-ala, buen viaje.

Menudo feliz de hombre.

A partir de ahí todo fue el coñazo de los aviones, los controles de seguridad y las largas horas en Stansted. Si hay algún lugar odioso en la tierra, son los aeropuertos, y si hay uno particularmente odioso, ése es Stansted.

Muchas horas en Stansted. Muchas horas. Cartas. Desayuno. Security. Aduana. Security. Boarding pass check. Security. Security. Y por fin al avión.

Vuelta a Bilbao. Demasiada gente. Demasiado calor. Demasiados pocos cambios de tiempo. Demasiadas carreteras, con demasiado asfalto y demasiados coches. Demasiados árboles. Demasiados pocos puffins. Ninguno. No quiero volver…

Volveré...

Volveré...

24 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 9: Viaje al centro de Snæfellsnes

La amanecida cayó por la mañana. Hoy teníamos que dejar Bíldudalur, una lástima, con sus buenas gentes, su estupenda situación geográfica, y su terma.

La bahía de Bildudalur, un enclave privilegiado

La bahía de Bildudalur, un enclave privilegiado

Íbamos al ferry que nos cruzaría a la península de Snæfellsnes. Si alguna vez queréis coger este ferry, reservadlo con antelación porque ya vimos gente quedarse en tierra. En cualquier caso, la mayoría de la gente hacía la ruta inversa. Al parecer, el recorrido estándar de la isla es en el sentido horario, como nos dijo Ander, aunque a nosotros nos dio la sensación en todo momento que recorrerla en sentido antihorario era lo más natural, y parecía que todo el mundo lo hacía así, yo creo que no.

El ferry también se llamaba Baldur.

El ferry también se llamaba Baldur.

En el ferry nos encontramos con toda la bandada de spanish pipol que había en el albergue de Bíldudalur, como era un viaje de tres horas, con escala en Flatey, nos dedicamos a intentar hacer fotos a una vieja que rondaba por allí, y a un viejo con una pipa, en plan lobo de mar, pero no salió nada decente

Creemos que esta señora escapó de Ceaucescu en el 81.

Creemos que esta señora escapó de Ceaucescu en el 81.

Uno de los coches que metieron en el coche no cabía demasiado bien (especificad siempre bien las dimensiones de vuestro coche) y tuvieron que meterlo a presión, pero iba con la parte de atrás colgando!!

Le pusieron un zanco de goma y unas cinchas para amarrarlo. Y carril.

Le pusieron un zanco de goma y unas cinchas para amarrarlo. Y carril.

-¿Qué día es hoy, Santa?   -Lunes...

-¿Qué día es hoy, Santa? -Lunes...

A mediodía llegamos a Stykkisholmur, donde iniciamos la ruta por la península. El gran checkpoint era el volcán Snæfells con el glaciar Snæfellsjökull, que es dónde comienza la historia de “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne.

Cumbre de Snaefells, cubierta por Snaefellsjokull

Cumbre de Snæfells, cubierta por Snæfellsjökull

Supuestamente aquí está la entrada. Allá fuimos, hacia nuestro enésimo volcán. Un poco de subida vertical después, llegamos a la zona más alta de la pista, con una niebla muy densa, y gran dificultad para avanzar.

Todo lo que se podía ver eran a penas 3 metros

Todo lo que se podía ver eran a penas 3 metros

En el momento en que vimos que no se podía subir más, aparcamos el coche entre la niebla, y nos aventuramos a lo alto de Snæfells.

El Jeep nos dió buenas fotos de revista

El Jeep nos dió buenas fotos de revista

Iñivegur, viejo montañero

Iñivegur, viejo montañero

No había pista, no había indicaciones, y había mucha niebla. Subimos un par de crestas, atravesamos un par de neveros, y llegamos a la base del glaciar.

En la base del glaciar, subida poco recomendada

En la base del glaciar, subida poco recomendada

Continuar arriba habría sido arriesgado por lo que nos dimos la vuelta, y bajamos entre la niebla, intentando distinguir el jeep en la distancia y no acabar en la otra punta.

Cuando llegamos, y encendimos el coche, apareció la luz del aceite en rojo. OMFG! En medio de ninguna parte, maldita sea! Tras unos momentos de tensión, de WTF de RTFM, arrancamos el coche y la luz se apagó. LOL! Probablemente, no pasaba nada y se había encendido todas las veces, pero como era la primera vez que la veíamos nos metió tensión en el cuerpo, y bajamos del volcán con extremo cuidado y sin revolucionar el coche, hasta la gasolinera más cercana, donde el gasolino nos lo miró y nos dijo que estaba todo ok.

Después de aquello, emprendimos el camino a Akranes, la que sería nuestra última parada antes de volver a la capital. Por el camino paramos en Skarðsvík, una tremenda playa rodeada de rocas negras, con arena dorada y aguas verdes, que parecía sacada de otras latitudes

Playita chachi, de aguas heladas.

Playita chachi, de aguas heladas.

Cómo no, Iñivegur tuvo que catar el agua

Iñivegur en las aguas gélidas de Islandia

Iñivegur en las aguas gélidas de Islandia

Al lado estaba la estructura más alta de Europa occidental, algo que no sabíamos, aunque podía intuirse porque era gigante. Una antena de 412 metros usada anteriormente para navegación y actualmente para las comunicaciones aéreas. Como no sabíamos lo que era, no hicimos fotos.

Después paramos en Djúpalónssandur, donde hay unas rocas de 23, 54, 100 y 154 kilos que, según cuentan, levantaban los marineros vikingos. Según cuál de ellas pudieran levantar podían ir a unos barcos, a otros o a ninguno.

La explicación de las piedras. Nosotros sólo pudimos con las dos primeras. Somos unas momias dentudas con brazos de nena raquítica.

La explicación de las piedras. Nosotros sólo pudimos con las dos primeras. Somos unas momias dentudas con brazos de nena raquítica.

Nosotros sólo pudimos con la de 54, y gracias… Aunque según su clasificación, ya somos aptos para ser marineros, pudiendo levantar esa roca.

Carlosstadir, como no bebió la cerveza El Grillo, no pudo con la roca.

Carlosstadir, como no bebió la cerveza El Grillo, no pudo con la roca. (en realidad estaba haciendo las fotos)

Junto a aquello había una playa de rolling stones, en la que pusimos a prueba nuestra puntería. También era un cementerio de viejos barcos, por lo que había restos de cascos oxidados por todas partes. Carlosstadir eligió un mástil que seguía erguido entre las rocas y allí se entretuvieron intentando acertarle. Por todo el camino en Islandia, absolutamente por todo el camino, por todas partes, había montoncitos como éste:

Piedras Zen, montón número 28.921

Piedras Zen, montón número 28.921

Estaban por todas partes, claro, en una playa de cantos rodados también. Nosotros hicimos alguno en los primeros días, pero eran mucho menos zen que éste, que podría formar parte de los wallpapers por defecto del MacOSX.

Después de aquello, continuamos hasta Akranes, probablemente la ciudad más fea de Islandia, industrial, cementera, con una gran chimenea en medio y enormes silos junto al mar (y mucho sitio en el albergue). No tenía ningún encanto, pero el albergue estaba decente. Por supuesto había cantidades ingentes de spanish pipol en él. El tipo del albergue era un crack de pestañas rubias que nos explicó que acababa de ser el festival del orgullo gay en Reykjavík, y que estaba todo “full of fags”, muy gentil el redneck.

Allí hicimos los que probablemente fueron los peores noodles y las peores salchichas de nuestra vida (al menos de la mía), y a dormir, con esa bomba en el estómago.

En próximos episodios

-Ponle pochocientos picogramos de epinefrina

-Pero qué dices!? le matará!

-Quién es el médico y quién es el maldito negro? Obedece, y a mí ponme una vicodinita!

-Seguro que no es lupus?

23 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 8: Los mil y un kilómetros

Amaneció sin avisar. Llevábamos ya casi 3000 kilómetros a nuestras espaldas, pero la ruta de hoy se las iba a traer. Iba a ser todo coche. El objetivo, llegar al extremo más occidental de los fiordos oeste, y ver un acantilado con puffins.

Era un trayecto tremendamente largo, ya que había que bordear todos los fiordos que había de camino, en vez de ir en línea recta

Parecía poco pero era un trecho larguísimo

Parecía poco pero era un trecho larguísimo

Además, había bastantes tramos de pista, por lo que se volvía más complejo el tema. No hubo mucho que destacar en el viaje, ya que fue todo el día conducir, conducir, fiordo arriba, fiordo abajo. Hicimos una parada técnica para comer que duró menos que un cambio de neumáticos de fórmula 1. Es destacable que a estas alturas ya veíamos cascadas por el camino y ni parábamos… era la señal de que nos estábamos volviendo islandeses inmunes a las cascadas!

La frase que más se repetía era “Más vale que haya puffins en el sitio ese…” “más vale que los malditos puffins coman directamente de mi mano y se saquen fotos en mi hombro”

De camino a los puffins.

De camino a los puffins.

Llegamos a los acantilados donde supuestamente había puffins, a eso de las 8 de la tarde. Un día entero conduciendo! Estábamos en el punto más al oeste de Europa, y desde el parking no se veía ni un puffin. Se podía sentir la tensión y las miradas nerviosas… Pero ahí estaban, en el borde del acantilado, pocholísimos, totalmente dóciles, y con un andar divertidísimo. El viaje había merecido la pena, por ver a estos pajarillos tan majos.

Puffin, all the people puffin...

Puffin, all the people puffin...

Si se escucha atentamente la letra de esta canción, que nos acompañaba todo el viaje, ya que era una de las 30 canciones que llevamos a Islandia y se reproducían de forma constante, se puede observar que dice claramente “puffin, all the people puffin”, por mucho que las letritas digan otra cosa. O eso o nos acabamos volviendo locos.

One puff for just one dream...

One puff for just one dream...

Era increíble lo que se acercaban, no tenían miedo. Si te quedabas quieto se iban acercando poco a poco, y a veces alguno que subía volando del acantilado aterrizaba a menos de 10 cm. El reportaje que hicimos entre todos fue excepcionalmente extenso.

Parece que el negocio de la pizza más occidental no triunfó...

Parece que el negocio de la pizza más occidental no triunfó...

A parte de los puffins, los acantilados en sí también eran de interés, había puntos en los que había 400 metros de acantilado negro hacia abajo, lo cual es una salvajada. Pero como era muy tarde no hicimos el ‘tour acantilado’, y arrancamos para Bíldudalur, otro de los albergues remotos que habíamos encontrado.

Fiordos de camino a Bildudalur

Fiordos de camino a Bildudalur

Desnivel del 12%, uno de los normalitos. Luego había más burros, pero los pasajeros del coche iban con los arneses de seguridad y no podían hacer fotos

Desnivel del 12%, uno de los normalitos. Luego había más burros, pero los pasajeros del coche iban con los arneses de seguridad y no podían hacer fotos

Llegamos a Bíldudalur prácticamente en noche cerrada, bastante tarde. Otro micropueblo pesquero, con más barcos que casas. Temíamos encontrar la cocina del albergue cerrada, pero lejos de eso, nos encontramos gente cocinando, y una manda de spanish pipol bárbara. Había dos alicantinos cracks que se estaban recorriendo la isla en un C4!! El tipo había ido a pescar al fiordo por la mañana y se había vuelto con nosecuantos rodaballos. Al parecer los peces también son dóciles y se dejan pescar. Nos invitaron a un poco de rodaballo, y a una sopa que supo casi tan a gloria como la anterior del italiano en Askja. Nos la comimos directamente de la cazuela, al más puro estilo “Le llamaban Trinidad“, y con el mismo ansia.

Después llegaron otro grupo de spanish pipol, 8 ni más ni menos, encima de Bilbao, y encima algunos de ellos habían estudiado con Iñivegur.. joder menos mal que estábamos en un pueblo remoto…

El caso es que cenamos relativamente rápido, porque la amable hostalera, nos dijo al llegar:

-qué tenéis pensado hacer?

-…pues… cenar e ir a la cama…

-que sepáis que hay por aquí una terma natural muy chachi, que merece la pena visitar, mañana igual podéis ir

-estee…. [miradas… mañana nos teníamos que ir pronto…] y por la noche se puede ir?

-sí claro, es gratis y está siempre abierta, por la noche puede ser muy relajante…

[sedanur salivando, ojos desorbitados…]

Detalle de la jeta de Sedanur al oír el tema de la terma. Imagen de archivo

Detalle de la jeta de Sedanur al oír el tema de la terma. Imagen de archivo

Así que cenar rápido, todo lo rápido que se puede cuando tienes que cocinar en una cocina compartida con un montón de spanish pipol, y arrancar a la terma!

Llegamos a las 12 y media de la noche, ya estaba oscuro, y fuimos buscando entre los fiordos las señales indicadas: primero una cascada y luego una cabaña (con la única iluminación de las luces largas del coche y la luna). Por fin la encontramos, un pocito de arena en medio del fiordo. El agua estaba muy caliente, probablemente más de 40 grados, agobiaba quedarse más de 10 minutos, pero era extremadamente relajante. Al salir, daba igual la temperatura exterior porque el calor que había cogido el cuerpo daba de sobra para estar en bañador al aire sin tener frío.

La terma by night, con la censura exigida.

La terma by night, con la censura exigida.

Después de un buen rato en el agua, llegaron unos americanos a desfasar, anda que no estaba concurrida ni nada la maldita terma… y nos fuimos al hostal, que había que madrugar.

Nota de Calabacín: La crónica de la terma es una versión ultrarreducida de lo acontecido. Más info en el vídeo, o preguntando a los protagonistas.

En el próximo episodio..

-Yo no me subo en un avión! y deja de hablar con el calcetín, maldito loco…

-Me encanta que los planes salgan bien…

22 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 7: El corazón de los calabacines

Durmiendo como troncos, fue difícil saber cuándo iba a amanecer. Pero no pudimos demorarnos demasiado, hoy teníamos un largo camino hasta Ósar. Siguiendo nuestra estrategia de coger albergues deslocalizados, porque eran los únicos en los que había sitio, esta noche tocaba Ósar, un albergue recomendado por la guía, que estaba al lado de absolutamente nada, y lejísimos de nuestro punto de partida. Iba a ser otra jornada de coche intensiva, pero teníamos tiempo para parar en algunos sitios de alto interés.

Poco después de dejar Kopásker, intentamos visitar el cañón con forma de herradura Ásbyrgi, pero algo hicimos mal, ya que llegamos a su interior, pero no pudimos ver ni su forma ni su profundidad, de forma que continuamos.

El primer punto de interés era la cascada Godafoss, la cascada de los dioses. En teoría sus tres chorros son por tres de los dioses vikingos. En realidad, la cascada es bastante decepcionante. Después de Gulfoss, Selfoss y Dettifoss, esperábamos que algo de los dioses fuera más señorial. Pero bueno, supongo que eran un poco ateos por aquí.

Godafoss, poco divina

Godafoss, poco divina

Resultó que éste era uno de los puntos en los que más turistas habíamos visto, estaba petada de gente. Sin mucho más que ver, cogimos la primera desviación hacia nuestro segundo checkpoint, Akureyri. Sobre el mapa, había una carretera óptima, y un frakkastigur de carretera de montaña, como las opciones para llegar. Sobre el terreno, no fuimos capaces de encontrar la entrada a la carretera óptima, así que fuimos por la ruta frakkastigur. Inicialmente era un poco desmotivante, ya que nos iba a retrasar. Fue más desmotivante cuando vimos a lo lejos, circular en paralelo la pedazo de carretera por la que iban todos los coches y por la que en principio teníamos que haber ido. Sin embargo, no tardaríamos mucho en descubrir que nuestra carretera era la pro.

Vistas desde la carretera frakkastigur

Vistas desde la carretera frakkastigur

Como iba por encima del monte, teníamos unas vistas increíbles, que nunca habríamos tenido desde la encañonada carretera principal. Además, cuando nada podía mejorar las vistas, y el placer del viaje, nos encontramos con una de esas manadas de caballos salvajes que hay por toda Islandia, pero en medio de la carretera. Paramos inmediatamente para hacer fotos con cuidado, y descubrimos que como el resto de animales islandeses, eran muy dóciles, y se acercaban a nosotros, si no hacíamos demasiado el mono

Caballos salvajes islandeses

Caballos salvajes islandeses

Los caballos también son rubios, como los islandeses.

Los caballos también son rubios, como los islandeses.

Antes de continuar, Iñivegur se vio obligado a hacer un par de nuevos stunts en esta carretera perdida. A modo de miel en los labios, os dejo una foto para que os hagáis una idea de lo que aconteció después:

Stunting Iceland 2

Stunting Iceland 2

El vídeo podrá verse en el montaje final.

Seguimos nuestro camino hacia Akureyri, y tras un par de desvíos incorrectos, conseguimos llegar a la capital cultural de Islandia. Akureyri es una de las ciudades más acogedoras de las que hemos visto, la segunda en población del país.

El enclave de Akureyri es absolutamente privilegiado

El enclave de Akureyri es absolutamente privilegiado

Downtown Akureyri

Downtown Akureyri

Tiene unas calles bonitas, no demasiado grandes, muchas adoquinadas, con edificios nórdicos, y mucha gente. Por fin una ciudad con mucha gente! La verdad es que estaba muy animada, así que decidimos comer allí mismo en un banco cercano a la iglesia.

Bayuvík bucólico en Akureyri

Bayuvík bucólico en Akureyri

Akureyri es una ciudad chachi, y por lo visto llena de hippies, es lo que tiene ser la capital cultural. Así lo demostraban sus semáforos:ç

Semáforos corazón Akureyricos

Semáforos corazón Akureyricos

Al parecer algún artista decidió que los discos rojos de los semáforos eran demasiado agresivos y había que utilizar una simbología más amistosa. Para ello sustituyeron todos los discos rojos de los semáforos por corazones.

Un vistazo al reloj equivocado hizo que saliéramos precipitadamente de Akureyri, pensando que eran dos horas más. Cuando nos dimos cuenta de lo pronto que era, miramos en el mapa qué población podía tener más interés para visitar. No había muchas para elegir, así que fuimos a Sauðárkrókur, una minipoblación pesquera, desierta, como todas, en la que según nos bajamos, vimos a un tipo con una steady-cam… joder con el minipueblo! Que hacen películas y todo. Al final sólo era un documental sobre un edificio antiguo, éste:

El edificio Baldur

El edificio Baldur

Creo que ya sé de dónde sacaron el nombre y la estética de cierto videojuego.

Baldursgata, en Reykjavík. Imagen de archivo

Baldursgata, en Reykjavík. Imagen de archivo

Nos tomamos un refrigerio, y seguimos hacia Glaumbær, un museo de turf-houses, casas de césped, que resultó ser muy decepcionante, eran 4 casas con césped amarillo por encima (menos mal que no pagamos la entrada).

Turf houses

Turf houses

Turf houses, detalle.

Turf houses, detalle.

Iglesia cercana, con una luz increíble

Iglesia cercana, con una luz increíble

Aprovechamos un poco más la tarde para hacer alguna otra cosa divertida en el museo:

Saltando desde las turf houses

Saltando desde las turf houses

Continuamos la marcha hacia Ósar, donde llegamos inusualmente pronto. En la guía hablaban del simpático dueño, y no decepcionó. El tipo nos dijo todas las palabras que sabía en castellano, fue muy majo, y nos indicó dónde ver focas.

El albergue de Ósar

El albergue de Ósar

Bajando a una playa a 100 metros del hostal, había un brazo de mar, y en frente otra playa con una colonia de focas. Algunas de ellas se acercaban, aunque éstas sí que eran un poco tímidas.

Foquitas. Al fondo tumbadas, y una juguetona acercándose

Foquitas. Al fondo tumbadas, y una juguetona acercándose

Después de hacerles un buen reportaje, nos aventuramos playa abajo para ver unas rocas interesantes. Por el camino nos atacó un pájaro, probablemente porque estábamos demasiado cerca de su nido, pero no hubo que lamentar daños. Cuando estábamos lo más lejos posible del hostal, se puso a jarrear, al puro estilo islandés, de forma que llegamos calados al hostal.

Sin embargo el sitio era acogedor, calentito, forrado de madera, y fue muy agradable echar unas cartas allí mientras la ropa se secaba

Tiraos en el albergue, pero calentitos

Tiraos en el albergue, pero calentitos

Para acabar el día, Iñivegur se lanzó a lavar su apestosa toalla (a las 12 de la noche, menuda cola había), ya que era el primer sitio con lavadora que encontrábamos. El insensato de Carlosstadir metió más cosas a la vez… el resultado era de esperar, todo salió oliendo a rayos.

Y así acababa el día…

21 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 6: Calabacín Dick

La noche acabó cuando empezó a amanecer. Como diría Dexter “tonight’s the night”, pero en día. Hoy era el día. Íbamos a ver ballenitas, después de haberlas comido, y oído sobre ellas, por fin habría que verlas. Para ello, salimos pronto hacia Husavík (bahía de las casas o algo así), una bonita, y un poco hippy población en una bahía.

Rueditas Hippis

Rueditas Hippis

Esta es la ciudad, a parte de Reykjavík, en teoría más adecuada para ver ballenas, tiene dos compañías que hacen tours regulares en unos barcos superchachis, a los que nos acercamos nada más llegar. Fuimos a preguntar el precio y OMFG! 50 euros por persona! Y sólo se garantiza el avistamiento de la chepa de la ballena! Qué locura! Por suerte nos habían dicho que la otra compañía era más barata. Fuimos a comprobar, y en efecto, valía un euro menos. Desde el momento en que los precios venían en euros ya se veía el perfil turístico del tema, y que nos iban a sangrar de mala manera. Como andábamos un poco preocupados por el gasto, no podíamos comprobar cuánto crédito nos quedaba en la tarjeta común, y nos parecía desproporcionado, éstas fueron las ballenas que acabamos viendo:

Las únicas ballenas que vimos

Las únicas ballenas que vimos

Bueno, pues teníamos una mañana libre, así que hicimos algunas compritas (más pan rancio, más galletas de chocolate de a 89 pelas el paquete, y más biscotes de pan sueco), nos acercamos al museo del falo que hay en Husavík, al que finalmente no entramos porque había que pagar. Curiosísimo que en una ciudad tan pequeña tengan un museo de ballenas y un museo del falo…

Finalmente nos decantamos por ir a comer a un restaurante del puerto. Ya nos merecíamos una de comer caliente, y como la burbuja de las ballenas había explotado, pues qué demonios. Todos, excepto Sedanur, pedimos una historieta de bacalao, que consistía en una especie de masa de bacalao con patata, especias y algún ingrediente indeterminado, sobre una lámina de pan tostado

Cod con nosequemovidas, y tomatito cherry.

Cod con nosequemovidas, y tomatito cherry.

Parecía que nos iba a dejar con las ganas pero a mí particularmente me sació de sobremanera y me encantó su sabor. Otros como Carlosstadir no eran de la misma opinión.

Visitamos también algunas tiendas de souvenirs, que suelen consistir sobre todo en productos de lana de alta calidad (y alto precio, y alto volumen en la maleta). Tras no comprar nada, salimos hacia Mývatn, un lago bastante extenso que está junto a Egilsstadir, pero que días antes no habíamos visto por falta de tiempo.

Nos habían advertido sobre los mosquitos en Mývatn, de modo que cuando llegamos fue un poco decepcionante no encontrarse ninguno. En realidad es probable que no los viéramos porque el contacto con el lago fue ínfimo. Había muchos vista points en el sur y nosotros nos limitamos a entrar en un pequeño brazo de tierra que se adentraba por el norte, y acababa en una cafetería y un centro de avistamiento de pájaros. Como no somos muy dados a la ornitología (o eso pensábamos), nos fuimos a Dimmu Borgir, en castellano, Fortaleza Oscura. A los amantes del black metal les sonará, por el grupo noruego. No sé si estos txikitos visitaron Islandia antes de ponerse el nombre, o en noruego Dimmu Borgir significa lo mismo, y son así de siniestros. Probablemente ambas cosas. El caso es que en su acepción Islandesa, la fortaleza oscura es un campo de lava en el que a diferencia de otros, las rocas forman columnas, paredes, cuevas, y todo tipo de oscuras estructuras, que asemejan a una fortaleza en su conjunto.

Columnas negras en DimmuBorgir

Columnas negras en DimmuBorgir

Agujeros y columnas

Agujeros y columnas

Para hacerse una idea de cómo es caminar por este campo de lava, basta con rememorar las escenas del Señor de los Anillos en las que Frodo y Sam van guiados por Gollum. Muchos puntos del camino recordaban extraordinariamente a la peli, e incluso acabamos silbando la cancioncilla de los hobbits. Por supuesto hubo quien no tuvo suficiente con silbar…

My precioussss

My precioussss

En su extremo más oriental hay una cueva con dos entradas forman arcos de medio punto, llamada Kirkjan (iglesia), bastante curiosa, y siniestra como el resto del campo de lava.

La iglesia desde dentro, hacia el arco apuntado

La iglesia desde dentro, hacia el arco apuntado

Al parecer se dice que éste es el punto de entrada al infierno, y sus cuevas son lugar de residencia para gnomos y duendes. No vimos ninguno.

Volvimos al coche, y no muy lejos de allí volvimos a parar. Un poco más al este de Mývatn y Dimmu Borgir, hay una zona de gran actividad geológica, Krafla. Al parecer se sitúa encima de una falla, lo que explica su constante actividad. En la zona baja, junto a la carretera, hay un espectacular campo de pozos de ácido sulfúrico y fumarolas.

Ácido, barro y humo apestoso

Ácido, barro y humo apestoso

Como cabe esperar, el olor es nauseabundo, sobre todo cuando el viento te acerca gentilmente alguna de las columnas de humo de las fumarolas. La vista es desoladora y a la vez espectacular, el suelo está caliente y blando y los pozos grises de ácido sulfúrico hierven constantemente. Evidentemente tiramos cosas a los pozos para ver qué pasaba con ellas, pero no se pudo apreciar ningún efecto. A saber qué profundidad tenían

Humaco

Humaco

Si nos faltaba olor a azufre por coger, éste fue el sitio definitivo en el que todos salimos apestando.

Un poco más arriba en el monte estaba el verdadero espectáculo. Dejamos atrás una central geotérmica que aprovechaba toda esta actividad (pobres empleados, vaya olor que tenían que tener en las oficinas todos los días), y nos dirigimos a la parte donde la tierra se abría.

La carretera atravesaba la central geotérmica, por debajo

La carretera atravesaba la central geotérmica, por debajo

Se trataba de una caldera volcánica humeante que daba la sensación de haber hecho erupción ayer. En realidad no andábamos muy descaminados, la última erupción fue en 1984. 25 años, y el suelo seguía muy caliente, y todavía salía humo por infinidad de recovecos. De hecho, en la mayor parte del hiking trail, había indicaciones para no salirse del camino, ya que las rocas circundantes estaban a más de 100 grados.

Humeante krafla. La parte de arcilla bien. La parte negra, quema

Humeante krafla. La parte de arcilla bien. La parte negra, quema

Quema, Calabacín!

Quema, Calabacín!

Evidentemente tuvimos que salirnos para echar algunas fotos, pero pronto volvimos a la pista, ya que los pies no tardaban en entrar en calorcito. En los paneles indicadores se decía que la actividad subterránea era enorme y podía haber una erupción en cualquier momento. Supongo que los trabajadores de esa central tienen un buen seguro. Es difícil describir con fotos la caldera, pero la sensación permanente era de erupción inminente, por lo que el hiking, además de las vistas estaba aderezado con esa excitación y ese calor que salía de la tierra.

Partimos de allí hacia la ruta de tierra que nos devolvería a Kopásker, que transcurría junto a un gran cañón, en el que por supuesto había cascadas. En este caso paramos en Dettifoss, supuestamente la cascada con más torrente del país, y la más potente de Europa, que la verdad es que sí que era bastante bruta:

Dettifoss, bastante bruta

Dettifoss, bastante bruta

Es otra de esas cascadas que hay que estar allí y ver y oír su fuerza para apreciarla, ninguna foto o vídeo puede hacerle justicia. Es aquí donde descubrimos la pasión de Sedanur por la ornitología:

"Creo que he visto una avutarda"

"Creo que he visto una avutarda"

Posteriormente hicimos un pequeño hiking hasta Selfoss, una cascada destacada por no tener sólo una caída. En vez de eso, era una larga pared arqueada en la que desembocaba un río muy ancho, y caía por infinidad de pequeñas cascadas, con mucha más fuerza de la que se puede apreciar

Selfoss en toda su extensión

Selfoss en toda su extensión

Tras muchas cascadas y volcanes, tomamos la pista de nuevo para volver a Kopásker. Mientras los macarrones se hacían, Bayuvík aprovechó para acercarse a la playa y recoger el espectacular atardecer que se quedó:

Atardecer en KOpásker, muy cerquita del círculo polar

Atardecer en KOpásker, muy cerquita del círculo polar

En el próximo episodio…..

-Burn, baby burn…

JAJAJAJAJAJ tengo que volver a engancharme a CSI Miami!


20 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 5: Cien kilómetros de soledad

Amaneció, que no era poco. El quinto día era el día más temido y a la vez más apasionante. El objetivo era subir a Askja, uno de los volcanes más brutos de Islandia. En 1875 hizo erupción matando a buena parte de la población cercana, la nube de ceniza llegó hasta Suecia, y los residuos que produjo envenenaron la tierra provocando una hambruna que hizo emigrar a otra gran parte de la población. Pues allí íbamos. Al maldito cráter, por la peor carretera de Islandia. Por supuesto, como siempre que había viajes de carreteras infernales, le tocaba conducir a Sedanur.

Teníamos unos 80 kilómetros hasta Mödrudalur, la último sitio habitado y desde allí 100 kilómetros hasta la caldera. Pero no hay que engañarse, 100 kilómetros por esa carretera nos llevarían alrededor de 5 horas, ya que la velocidad era ínfima.

En Mödrudalur repostamos por última vez, en una curiosa gasolinera de madera

Mödrudalur, vista trasera

Mödrudalur, vista trasera

Bensín, por favor

Bensín, por favor

Después iniciamos la marcha y pocos metros adentro de la pista, nos encontramos con Kirsten (como Kirsten Dunst), una alemana autoestopista, de escasas palabras, y escasos conocimientos de cine también. Cómo no, teníamos que pararla…

Así iniciamos el viaje por aquel extensísimo campo de lava, desértico, pedregoso, gris, salvaje, y atravesado por unos cuantos ríos que tuvimos que vadear.

No te queda nada todavía Sedanur...

No te queda nada todavía Sedanur...

La grava no se acaba

La grava no se acaba

El viaje fue durísmo físicamente, sobre todo para las espaldas y cuellos. Además, cada vez que cruzábamos un río, había una tensión mezclada con risas nerviosas que inundaba el ambiente. Los primeros fueron fáciles, pero al final cruzamos algunos en los que el agua subía notablemente, y además eran bastante anchos. Pero nada que no pudiera vencer el Cherokee con su rueda nueva y su 4WD activado.

Vadeando uno de los ríos pequeños.

Vadeando uno de los ríos pequeños.

No obstante, a pesar del rigor físico, el viaje fue un placer visual y emocional, los paisajes agrestes y salvajes, el coche dando botes, los ríos, todo supuso una gran experiencia.

En medio de la nada, con Kirsten

En medio de la nada, con Kirsten

A las tres de la tarde llegamos al final del camino para coches, y tuvimos que hacer un pequeño hiking de media hora por una llanura de arena negra y roja mezclada con nieve, hasta llegar a la caldera principal de Askja, cubierta por un gran lago;

Rojo, blanco y negro. Aquí huele a looser...

Rojo, blanco y negro. La llanura previa a la caldera

y al punto de interés al que íbamos, Viti (en islandés, infierno), un pequeño cráter en el lateral del volcán, que también tenía agua en su interior, un agua sulfurosa, calentita y de aspecto lechoso, que apestaba.

Viti el lago lechoso, junto al gran lago en la caldera principal

Viti el lago lechoso, junto al gran lago en la caldera principal

Un cuenco de leche apestosa

Un cuenco de leche apestosa

Por supuesto, hubo quien no pudo resistirse al baño

Un no-refrescante bañito en Viti

Un no-refrescante bañito en Viti

El momento punk del día llegó cuando el astuto Iñivegur dejó su toalla en una roca en medio del lago, en vez de dejarla a buen recaudo en la orilla. El viento arrastró la toalla hasta el agua pestilente, y bam! toalla encharcada y pestilente para el resto del viaje. Ahora tendríamos el delicioso aroma a huevo podrido siempre que fuéramos en el coche o estuviéramos en la habitación (o sea, lo que viene siendo siempre).

Nota de Calabacín: todo el mundo dice olor a huevo podrido… pero… alguien ha visto un huevo pudrirse? Huele a azufre? Aquí tenemos dudas… habrá que dejar pudrirse un huevo a ver qué pasa.

Junto a nosotros, la roca de la que cayó cierta toalla

Junto a nosotros, la roca de la que cayó cierta toalla

Al bajar de nuevo al camping que hay en la base de la caldera de Askja, comimos un escueto mediosandwich de salchichón (una rebanada de pan bimbo doblada por la mitad), que nos supo al mejor bocata de nuestras vidas. Pero es que además, el pedazzzo de italiano supercrack salió del refugio con un caldo delicioso al que nos invitó, a cambio de que le diéramos una loncha del spanish salami que llevaba tantos años sin probar (al parecer llevaba años viviendo en Islandia). El gozó, pero nosotros tuvimos una experiencia mística con el maldito caldo; en ese momento, tras el duro día, con el frío que hacía, era el condenado néctar de los dioses.

Emprendimos el camino de vuelta, con la alemana que no hablaba, no conocía a Kirsten Dunst, que no le gustaba el cine, y que no le gustaban los simpson!!!!! La verdad es que merecía que la abandonáramos en el volcán. Sin embargo la llevamos hasta un sitio peor. En medio del campo de lava, con 50 km a la redonda de desierto, alguien había tenido la genial idea de plantar un camping, que por supuesto estaba vacío. Pues un “amigo” de la alemana le había recomendado el camping, y había decidido pasar la noche allí. Así que allí la dejamos. La verdad es que vaya genitales que gastaba la bávara… Sólo hay dos posibilidades, que saliera de allí por su propio pie o que se la comiera un lobo estepario.

Todavía nos quedaba un largo camino hasta nuestro hostal para esa noche, ya que todos los cercanos estaban cogidos, así que qué demonios, cogimos alojamiento en la ciudad más al norte de Islandia, a no muchos kilómetros del círculo polar. Kopásker se descubrió como un pueblo sí, remoto, pero encantador, con gentes muy alegres, (a las que se podía ver por la calle, a diferencia de cualquier otro sitio de Islandia), y muy acogedor. El tipo del hostal parecía bajo los efectos de algo psicotrópico, pero después descubrimos que era así de feliz.

Decidle adiós al sol, que se va

Decidle adiós al sol, que se va

El hostal era, hasta la fecha, el mejor que habíamos tenido, limpio, con agua que no olía mal, y muy acogedor, así que como al día siguiente íbamos a visitar cosas cercanas decidimos coger una noche más.

(Otro ejemplo de la candidez islandesa, en este sitio podíamos haber estado las dos noches y largarnos sin pagar, ya que no nos pidieron absolutamente nada, y se quedaron esperando tranquilamente a que fuéramos a pagar el último día; cosa que hicimos religiosamente, claro, ya que gracias a la devaluación de la corona, sólo costaba 9 euros por persona y noche)

Así acabó el día 5, con una plácida cena a base de espaguetis, como todas las anteriores.

En próximos episodios

-Hi Dex, how are you today?

-[He knows… Why else could he ask such thing…? Tonight’s the night.]

y bonus:

http://www.youtube.com/watch?v=PDITTtd1LJk (no spoilers)

27S

19 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 4: El viejo y el calabacín

Otro amanecer curioso, ya que antes de que amaneciera, todavía era de noche. El cuarto día de viaje prometía ser un día espectacular y tranquilo, viajando entre los fiordos del este de Islandia, desde Höfn hasta Seyðisfjörður. Partiendo de que no estábamos en Höfn, en Seyðisfjörður no había sitio para dormir, y el bueno de Guðjón nos había dicho que venía un frente de “shitty weather”, todas nuestras expectativas se tumbaron, para hacer frente a un largo día de coche, coche y más coche, con agua, agua y más agua. Antes de nada tuvimos que ir a Höfn a que nos arreglaran la rueda pinchada y nos la volvieran a poner. Los mecánicos que tenían pinta de haberse escapado de una escuela para niños con retraso mental, se reían de nosotros abiertamente. Pero la rueda quedó muy bien.

Tuve que ir a comprobar el estado de saldo de nuestra tarjeta. Cuando volví me encontré el Jeep con la puerta abierta, en marcha, y de pronto Iñivegur salió corriendo desde una esquina cercana… Se había hablado mucho de hacer un stunt como en las pelis, y subir con el coche en marcha… pero no esperaba que fueran a ponerlo en práctica.

Aquí dejo una parte del vídeo. El hilarante desenlace lo veréis en el vídeo final que Bayuvik está preparando.

Por el camino quisimos hacer un pequeño descanso, y no encontramos mejor sitio que el café de Margaret, Kaffi Margaret. Una casa íntegramente de madera (incluso el retrete tenía la tapa de madera, óptimo para ciertas exigentes posaderas), con una decoración… decimonónica, que nos sirvió unos cafés interesantes, con fuertes cantidades de alcohol. Supongo que los vikingos necesitan entrar en calor…

Kaffi Margaret con el baño al fondo... Oops Calabacín, parece que te han cogido en un momento inoportuno!

Kaffi Margaret con el baño al fondo... Oops Calabacín, parece que te han cogido en un momento inoportuno!

Finalmente llegamos a Egilsstadir, una pintoresca población cercana al lago Mývatn, de las más grandes del país. Aquí habíamos conseguido una cabaña en el camping, y como llegamos con tiempo suficiente, decidimos aventurarnos fiordo abajo para conocer Seyðisfjörður. El camino era muy elegante, entre montes llenos de niebla y picos escarpados, y en él nos encontramos a nuestra quinta e inesperada cascada, Gufufoss

Gufufoss con el temido efecto agua de seda

Gufufoss con el temido efecto agua de seda

Estaba al lado de la carretera, como tantas otras, y decidimos que merecía unas fotos.

El Jeep, de anuncio. Good job Carlosstadir!

El Jeep, de anuncio. Good job Carlosstadir!

Detalle luneta trasera. Gooood job

Detalle luneta trasera. Gooood job

Poco más abajo se encontraba Seyðisfjörður, un micropueblo pesquero (normal que no hubiera sitio para dormir), elegantísimo, entre la niebla, pero completamente desierto. Aquí Iñivegur se lanzó a conseguir la World Press Photo con este barco:

Quizá no una World Press Photo, pero definitivamente, una WordPress Photo

Quizá no una World Press Photo, pero definitivamente, una WordPress Photo

Asegurando que este año la World Press Photo sería para una foto de un barco oxidado. Como el tiempo no acompañaba para paseos, decidimos entrar en una taberna. De forma inesperada nos encontramos con uno de los sitios más curiosos del camino. La taberna, una casa particular con una barra en medio, estaba regentada por un viejo, en aquel momento borracho (sospechamos que en el resto de momentos también). La conversación fue algo así:

-hola queremos unas cocacolas

-Aquí sólo se sirve cerveza, la hago yo mismo [momento de mirarnos unos a otros preguntándonos si estábamos en una taberna medieval o así]

-Vale, pues… tres cervezas… y… no tienes algo más? El conductor no bebe [Carlosstadir]

-Ahhhhhh, así que aquí tenemos a la mujer del grupo!!

[carcajadas generalizadas]

El viejo era un crack, hacía su propia cerveza, llamada “El Grillo”, por un petrolero homónimo que se había hundido en la guerra en Seyðisfjörður (sospechamos que él, y su estado alcohólico tuvieron que ver en el hundimiento). Actualmente las ruinas del barco bajo el mar sirven para hacer scuba diving.

Export Beer. Seydisfjördur

Export Beer. Seyðisfjörður

El tipo que aparece en la etiqueta, era en efecto el viejo de la taberna. Nos sentamos a disfrutar de las birras (y Carlosstadir de la naranjada que consiguió sacar al viejo), con auténtico musicón a todo trapo, que acabó petando el radiocassete y el viejo pidiéndonos ayuda para arreglarlo.

Finalmente cuando fuimos a pagar para irnos (el único sitio de Islandia en el que no aceptan tarjeta de crédito), el tipo nos suelta un “ah, pero todavía estáis aquí?”

Esa noche, cenamos salchichitas y lomito fritos en mantequilla islandesa, grasaza para nutrir todo lo que llevábamos de desnutrición del camino. Y dormimos como titanes.

Una cena altamente grasa. Mmmm. Delicioso. Ningún Calabacín fue devorado.

Una cena altamente grasa. Mmmm. Delicioso. Ningún Calabacín fue devorado.

Y eso fue todo por los fiordos del este. Seguramente si hubiera hecho buen tiempo habría fotos chachis… pero nada…

Mañana, la expedición al volcán!

18 Ago

Diario de un calabacín en Islandia – Día 3: Calabacín o los infortunios del Jeep Cherokee

Cuando amaneció descubrí que aún quedaban horas para que amaneciera de verdad. Escuché a los pájaros (que deben de andar afónicos, por tener que cantar en unos amaneceres tan largos) y volví a dormirme hasta las 6. Sin desayunar arrancamos hacia Skaftafell, donde nos esperaba una de las lenguas de Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa, que cubre aproximadamente un 20% de la isla

Vatnajökull es el gordo de la derecha

Vatnajökull es el gordo de la derecha

Al de pocos kilómetros descubrimos que se había activado el sensor de presión baja en un neumático. Mis compañeros desestimaron su importancia, pero un calabacín curtido en toda la gama de fallos que puede tener un coche no podía dejarlo pasar. Aunque Iñivegur se asomó peligrosamente para ver el estado de la rueda, y nos dio el OK, decidimos parar, para comprobar que efectivamente había pinchado. Síiii! Lo que nos faltaba. Maldito Cherokee.

¿La inflamos y nos la jugamos y seguimos, o la cambiamos?

Qué demonios! Vamos a cambiarla! ¿Quién dijo vacaciones de sol y playa!!?

Maldito Cherokee

Maldito Cherokee

Tras cambiar la rueda gracias a las skills adquiridas de Bayuvík, continuamos el camino con un recelo absoluto hacia el una y mil veces maldito Cherokee.

Por fin llegamos a Skaftafell, sin más problemas, y allí cogimos el minibús hacia el glaciar, donde nos guiaría el simpático Guðjón (nombre que jamás aprenderíamos a pronunciar, y que acabaría convirtiéndose en una especie de “guillaum”). Él tampoco aprendió a pronunciar nuestros nombres, por lo que acabaríamos siendo Red, Green, Blue, Grey and Zucchini.

Aunque nos dieron crampones, algo novedoso para todos nosotros, hubo una tensión absoluta pensando que nunca nos dejarían piolets. Sin embargo al llegar Guðjón tuvo la cortesía de darnos uno a cada uno, y explicarnos que no los íbamos a usar para nada salvo “to look cool in the photos”. Excelente, eso era exactamente lo que queríamos!

Aquí el ejemplo

Ice Axe Pawah

Ice Axe Pawah

Más Cool-looking

Más Cool-looking

Los piolets tienen un nombre mucho más chachi en inglés: hachas de hielo, mucho más vikingo, así que olvidaremos el afrancesado término a partir de ahora.

Así, comenzamos el acceso al glaciar, por una difícil pared, que sin embargo no fue problema para el grupo de alemanes que nos acompañaban, una familia con dos críos, que, por lo que dijeron debía de ser su cuarto glaciar esta semana.

Subiendo la cara norte (en realidad era un descenso)

Subiendo la cara norte (en realidad era un descenso)

La exploración del glaciar fue excitante, sin duda alguna en el top5 de actividades realizadas en Islandia, si es que no es la top1. Primero nos enseñaron a andar sin riesgos por el hielo. Luego cruzamos una cueva de hielo, pequeñita, pero espectacular, y teníamos que salir por nuestro propio pie.

Mighty Sedanur saliendo de la cueva como un héroe

Mighty Sedanur saliendo de la cueva como un héroe

Otros con menos éxito

Carlosstadir, fuet humano

Carlosstadir, fuet humano

Después iniciamos el ascenso entre el hielo, las enormes grietas azules sin fondo, las corrientes de agua glaciar “Pure icelandic water”, que bebimos a pelo de uno de los ríos, unos haciendo elegantes flexiones sobre el río, y otros apoyándose como perros callejeros (omitiré nombres, pero todos sabemos de quién hablo).

Grietas, montes de hielo, y al final la playa

Grietas, montes de hielo, y al final la playa

Un ascenso duro, sobre todo teniendo en cuenta que no habíamos cenado, habíamos dormido en el coche y en el suelo, y no habíamos desayunado, para después tener que cambiar una rueda del coche y llegar al glaciar.

Límite vertical. Foto no trucada. No intenten hacer esto en sus casas

Límite vertical. Foto no trucada. No intenten hacer esto en sus casas

Sin embargo las vistas eran impresionantes, tuvimos suerte con el tiempo. Se podía ver la montaña más alta de Islandia (2100 metros), Hvannadalshnjúkur (otro volcán). El guía nos explicó que en invierno todo esto se cubre por una capa de nieve tan gorda que puedes subir hasta la punta del volcán y bajar esquiando hasta la puerta del coche. Claro, el ascenso son más de 10 horas, y el descenso menos de 15 minutos, por no decir, que prácticamente todo el recorrido tiene que ser a la luz de la luna, los inviernos nórdicos es lo que tiene. Él lo había hecho varias veces. Era todo un vikingo.

El volcán en cuestión

El volcán en cuestión

Después de dos horas y media subiendo iniciamos un suave descenso en el que Carlosstadir puso a prueba el temple de Guðjón, acercándose demasiado a una grieta, y caminando sobre sus “toes, like a model” jajajajaja.

Bayuvík comenzó aquí la que sería su gran colección de piedras volcánicas, y con las que cargaría como tonto el resto del viaje.

Bajamos al campamento base, donde comimos, otra ración de pan rancio (curioso que rancio y ración sean anagramas), con embutido de calidad. De ahí fuimos, esta vez andando, por un precioso paseo montañil, a nuestra cuarta cascada: Svartifoss (cascada negra), curiosísima cascada en la que la presión en el terreno volcánico había producido unas columnas negras chulísimas que dan nombre a la cascada

Svartifoss, con sus columnas basálticas

Svartifoss, con sus columnas basálticas

Por supuesto Iñivegur tuvo que aventurarse a donde no debía, entre las afiladas y resbaladizas piedras. Sin embargo esto vino muy bien para poder apreciar la dimensión real de las columnas, que desde lejos parecían pequeñitas, pero no lo eran

Iñivegur jugándose el tipo

Iñivegur jugándose el tipo

Iñivegur con el tipo ya jugado

Iñivegur con el tipo ya jugado

Por la tarde recuperamos la Ring Road 1, y fuimos hasta Jökulsárlón, literalmente, “lago del río del glaciar”. Este es un lago a los pies de Vatnajökull, con montones de icebergs azules, gran profundidad y una alta salinidad que impide que se congele a pesar de sus bajas temperaturas. Normalmente suele haber focas, pero las pillamos en época de cría y se habían ido al mar.

Superpan cortesía de Carlosstadir

Superpan cortesía de Carlosstadir

Aquí cogimos un vehículo anfibio con una guía que pareció interesar a nuestros chicos más que el propio hielo

Vechículo anfibio, guía de fondo

Vechículo anfibio, guía de fondo.

Además, nos volvieron a dar a probar la pure icelandic water, a partir de un bloque de hielo cogido directamente de un iceberg. Agua de 5000 años de antigüedad! Muy rica y a la vez insípida.

Hielo azul, por la ausencia de aire en su interior

Hielo azul, por la ausencia de aire en su interior

Hielo, hielo, hielo

Hielo, hielo, hielo

Un refrescante baño

Un refrescante baño

Pero aún nos quedaba lo mejor del día. Nos las dábamos de listos, pensando que esa noche tendríamos alojamiento seguro en Höfn, cuando al llegar, problemas. Pero qué demonios? Teníamos una maldición o qué? Ayer en la calle, hoy pinchar el coche, llegamos al albergue y nos dicen que tenemos que esperar… Llegó el dueño del albergue y nos hizo ver el error. Maldición no, es que Alguien™, había rellenado mal la fecha de booking, para un mes antes… de modo que no había sitio para nosotros.

Alguien™ . Se mantiene privacidad

Alguien™ . Se mantiene privacidad

Así que a las 8 de la tarde nos pusimos a llamar a hostales como locos, otro día igual. Tras otro porrón de llamadas (el sur de Islandia debe de ser el lugar más fully booked del mundo), conseguimos que un albergue en Vagnsstadir, que estaba lleno, pero había un grupo que no se había presentado, se apiadara de nosotros. Eso sí, estaba a más de 100 km en dirección opuesta a la que íbamos, y eran las 9. A las 10 cerraban la cocina. Teníamos una hora para hacer más de 100 kilómetros por las carreteras islandesas. Cualquiera que piense en que es una tontería, que deje de pensar en una autopista… Apretamos todo lo que pudimos y llegamos justos a las 9.55. Una estricta islandesa nos exigió que cenáramos como islandeses, no como españoles. Nos dimos toda la prisa que pudimos, pero sus súplicas fueron totalmente inútiles, desde el momento en que el albergue estaba totalmente ocupado por españoles, que empezaron a hacerse sus cenas a las 11. Luego descubrimos que uno de esos grupos era al que le habíamos quitado la habitación, jojojo. Al parecer les dejaron algún cuchitril para dormir a regañadientes, así que tampoco pueden quejarse :D. Nosotros callados como putas.

Una cena gloriosa tras un día duro, pero bonito.

Esta es la cabaña que nos dieron

Cabañita en Vagnsstadir

Cabañita en Vagnsstadir

Y aquí, la imagen después de que nosotros llegáramos:

Habitación de Vagnsstadir, 30 segundos después de llegar.

Habitación de Vagnsstadir, 30 segundos después de llegar.

Por hoy, ya habíamos tenido bastante. Dormimos como osos polares.

En el próximo episodio…

-Well i guess we’ve…………………….. found our man……

-I before e…. except after c….

http://www.youtube.com/watch?v=HJSqkwyL1Zo


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