08 Oct

Eslovenia, capítulo 4: Tres cimas y un radar

Parecía que habíamos visto todo en cuanto a espectáculo montañil.

Pero levantarse en medio de las Dolomitas a las 6 de la mañana mientras amanece hace que valga la pena haber dormido en el frío y húmedo refugio Auronzo. Había despejado completamente de las lluvias del día anterior y ahora las vistas eran increíbles.

Yo no me había enterado muy bien, pero ahora, a la luz del amanecer descubrí la razón de la fijación de Karloš el día anterior por dormir aquí. Estábamos en la misma base Tre Cime di Lavaredo, las míticas tres cimas de Lavaredo, unas de las más conocidas de las Dolomitas. El refugio Auronzo está justo en la base, y la idea era realizar un circuito circular alrededor de la base de las mismas, aunque estaba bastante mejor definido que el circuito alrededor del Gruppo Sella.

Las fotos con las vistas se prodigaron

Después de las fotos matinales nos metimos el primer buen desayuno del viaje, a cargo de Auronzo, que incluía chocolate, y para las 8 y media estábamos ya marchando por la ruta circular de Lavaredo.

Un desayuno más que correcto

La ruta es fácil, en unos 20 minutos se llega a un segundo refugio, y al giro a la izquierda que permite seguir adelante o empezar a andar por la cara norte de las tres cimas.

empieza la ruta

Agur, cara sur

Hola cara Norte!

hello, mr tolva

La cara norte es más complicada. La distancia es poca, pero lo recomendable es hacerlo por abajo del todo. Nosotros en vez de eso, decidimos hacerlo por las rocas que ocupan toda la ladera.

El nombre del macizo se entiende rápidamente.

Las rocas estaban sueltas, ya que eran desprendimientos, y había que seguir el camino, que se desdibujaba por momentos. Llegó un momento en que estábamos fuera del camino completamente, y como si fueran arenas movedizas, nos hundíamos hasta las rodillas. Andar se hacía cada vez más complicado y agobiante, ya que cuando hacías fuerza para sacar una pierna, la otra se hundía más. Además, como estábamos en pendiente, poco a poco nos íbamos desplazando hacia abajo y alejándonos del supuesto camino, y las piedras caían de unos a otros. La situación se fue volviendo agobiante y durante más de media hora nos agarramos una buena sudada con la lucha por salir de las piedras.

Unaij se arrastra por la resbaladiza y traicionera superficie

Todos nos arrastrábamos un poco

Al final conseguimos salir, y estábamos hacia la mitad del camino, justo debajo de la cima más alta. Las vistas eran privilegiadas desde esta parte.

like a proh

Desde el medio camino superior la marcha fue mucho más fácil y pronto llegamos al recodo donde se giraba para volver a la cara sur.

La cara norte desde el otro lado era más intimidante

Para las 11 ya estábamos en el coche, y aunque habíamos hecho ya el highlight del día, aún nos quedaba bajar a Cortina para arreglar el pinchazo del coche, ya que íbamos con la rueda de repuesto, y cruzar a Austria y a Eslovenia.

Agur Auronzo!

La bajada a Cortina fue mucho más trivial que la subida del día anterior entre la tormenta. Allí encontramos un taller de neumáticos en el que no sabían nada de inglés ni de castellano, joe, vaya con la ciudad cosmopolita, y malamente le indicamos que nos arreglara la rueda.

Cuando el tipo la probó nos dijo que de pinchazo nada, que lo que había pasado era que tenía la presión diferente a la otra, más baja, probablemente por el brusco cambio de temperatura, intuimos. El caso es que nos la hinchó, nos la montó (por 5 euros que estimó a ojímetro) y salimos de allí, para a los 10 segundos saltarnos de nuevo la alarma, esta vez por la otra rueda. Parece que había hinchado demasiado la primera y volvía haber descompensación. Volvimos al taller y el tipo había desaparecido. En su lugar, otro tipo nos dijo que lo dejáramos media hora porque estaban calientes y no era una buena forma de medir la presión. Así que nos fuimos a comprar pan.

Cuando volvimos el taller estaba cerrado. Sucia rata! Después de decirnos que volviéramos en media hora, va y se pira a su casa.

Volvimos a montar en el coche, y vimos que no saltaban alarmas, así que decidimos tirar hacia Austria, que era nuestro camino corto hacia Eslovenia.

La zona en la que estábamos, como se podía apreciar en la arquitectura, letreros en alemán y comportamiento de la gente, estaba muy cerca de la frontera con Austria (de hecho en el pasado perteneció a Austria). Así que rápidamente conseguimos llegar a la frontera, donde tuvimos que comprar una de esas famosas viñetas que te dan derecho a circular por sus carreteras. No íbamos a parar mucho por allí, ya que el sur no tenía mucho que ofrecer, así que después de una breve parada para comer tirados en el párking de un museo, tiramos rápidamente hacia Eslovenia. Tan rápidamente que uno de los radares que se amontonaban en los arcenes austriacos nos pegó un flashazo. Aún esperamos la multa, esperamos que no llegue, pero nunca se sabe…

Así, no serían mucho más de las 6 de la tarde cuando llegamos al túnel de 8 km que cruza hacia Eslovenia. 8 km eran una ridiculez comparados con los 25 del Laerdalstunnelen de Noruega, pero se hacía pesado aún así.

Al llegar a Eslovenia lo primero que vimos fue que parecía que habíamos llegado a la base del Anboto o algo así. El paisaje, a pesar de los alpes julianos de 3000 metros que teníamos delante, era muy similar al de por aquí.

Seguimos hacia el sur para llegar a Bled, la ciudad en la que pasaríamos dos noches. Bled está muy cerca de la frontera así que para las 7 estábamos ya descargando el coche frente al Travelers Haven, nuestro refugio para las dos siguientes noches. Este hostel en el centro de Bled era una maravilla, el mejor hasta el momento, y luego veríamos que el mejor del viaje (quitando uno en Maribor). Estaba bien equipado, buenas habitaciones, limpias, buena cocina y muy bien situado junto al lago, uno de los principales atractivos de Bled.

Lo primero que hicimos, sin dar opción a mucho más fue tirar para el lago a por un chombo. El lago de Bled, como las playas jordanas, tiene muchas playas de pago, y por otra parte zonas de esparcimiento públicas que son bastante más cutres. Así que nos fuimos a una de las públicas, que consistía en un pequeño dedo de césped que entraba en el lago. Allí el chombo fue inmediato, el agua estaba excelsa, las vistas, con el castillo de Bled y la isla, inmejorables.

a la caza del cisne

Mientras Unaij y Xabislav se adentraban en el lago para hacer un poco el mono, Bayumir se quedó cerca de la orilla, pues llevaba puestas las gafas para poder ver algo. Sin embargo se arriesgó a meter la cabeza. Para sacarla sin gafas.

Una vez más, la segunda este año, Bayumir perdía sus gafas de ver por meterse con ellas al agua. Eran las gafas que había comprado en Jordania por haber perdido las anteriores. Maldición.

Por suerte esta vez Xabislav se metió hasta el fondo del lago y las recuperó. Esto no es un cañón con aguas bravas, era un tranquilo y apacible lago.

Después del incidentado baño nos duchamos y preguntamos a la recepcionista del hostel qué sitios había para cenar comida eslovena. Nos recomendó una pizzería, Rustika, y el Gostilna Murka, un asador muy cercano al hostel, en el que ofrecían comida típicamente eslovena, de la que nos advirtió, era muy pesada.

Efectivamente, los platos principales se componían de salchichas, vísceras, huevos y sopas bastante fuertes, ideal para cenar. Hicimos un pedido variado de delicatessens eslovenas, y nos dirigimos a un bar cercano para bajar la pesadez con unas buenas birras eslovenas (Laško es la marca más habitual, y la mayoría de las otras marcas en realidad son submarcas de Laško).

Laško de medio litro, camarera simpática y música tradicional eslovena (un poco taladrante), para cerrar el día adecuadamente.

Tras comprobar que la vida nocturna de Bled era un poco escasa (sobre todo en martes), nos fuimos de nuevo al Haven, anticipando el madrugón del día siguiente, que teníamos que ver muchas cosas por los alrededores, ya que estábamos al pie del Triglav, el monte más alto de Eslovenia, y el que da nombre al parque natural Triglavski.

 

 

24 Sep

Eslovenia, capítulo 3: Marmoleando

Hoy tocaba algo más serio. Por fin nos íbamos a librar del coche y a usar nuestras piernas, pero aún teníamos un pequeño trecho hasta llegar hasta la salida de nuestro itinerario.

El desayuno del HI Trento fue escueto. Habíamos optado por la versión barata del desayuno, que consistía en agua manchada, y una tostada. La versión cara, por la que protestaron Unaij y Xabislav, realmente sólo ofrecía un zumo (que también era agua manchada) y alguna porquería más. Y costaba 3 euros más! Mejor así.

hacía un poco de sueño

Salimos bastante pronto de Trento, y tras hacer una pequeña compra en un supermercado, fuimos subiendo cada vez más hasta encontrarnos en un puerto que nos llevaba a Passo Pordoi, un paso de montaña a 2240 metros, en medio de las Dolomitas, famoso por ser uno de los sitios por los que casi siempre pasa el Giro. El camino hasta Passo Pordoi mostraba una Italia muy diferente de la imagen habitual, parecía Alemania. Casas picudas con estructuras de madera, balcones llenos de gitanillas, geranios y otras flores veraniegas. Todo muy limpio, y bien cuidado.

yendo hacia el Passo Pordoi

Las vistas mejoraban según íbamos subiendo

Al llegar al Passo aparcamos en frente de lo que en invierno será estación de esquí, ya que todo esto debe de ser una gran estación. Había remontes y telesillas por todas partes. A la derecha de la carretera estaba un gran macizo y tras él, un valle.

Al otro lado del valle estaba la famosa Marmolada, una pequeña cadena montañosa con 4 ó 5 picos que superaban los 3200 metros, y que iba a ser nuestra compañera de viaje en toda la travesía. La Marmolada como tal parece más orientada a escalar que a hacer trekkings, la cara norte que estábamos viendo era una gran pared de piedra bastante vertical, con glaciar incluido.

La Marmolada panorámica

Bloquetón

Por eso nuestro recorrido consistiría en hacer una ruta circular por la base del macizo que ahora teníamos delante, y que estaba justo en frente de la Marmolada, llamado Gruppo del Sella.

el glaciar de la Marmolada

En cuanto encontramos el camino, salimos hacia el trekking, que estaba previsto para 4 horas.

Las vistas eran espectaculares, un profundo valle y al otro lado la mole gigante de la Marmolada, que por lo visto se ve desde Venecia (que está a unos 100 km). El trekking era sencillo, discurría faldeando el macizo del Sella y casi no había subidas.

fedaia sería nuestra perdición

Después de una hora, llegamos al primer refugio, el Refugio Pordoi, que era un auténtico lujo de sitio. Había bastante gente tomando cervezas, patatas, etc. Pero nosotros aún no lo merecíamos, así que seguimos adelante, ya habría otros refugios.

Después de una buena caminata por caminos cada vez más estrechos que colgaban en una ladera cada vez más empinada llegamos a un punto en el que había que bajar muchísimo, prácticamente hasta lo más hondo del valle.

El lago Fedaia de fondo indicaba que íbamos mal, aunque no lo sabíamos

O eso, o una ruta que estaba marcada como “sólo para montañeros expertos”. Aquí fallaba algo. Antes habíamos hablado con unos españoles que nos habíamos cruzado y nos habían dicho que íbamos bien. Pero algo no iba bien del todo. Nos encontramos con unos italianos mayores y el señor nos intentó explicar como buenamente pudo, con un buen mapa que tenía, dónde estábamos. Pero no quedaba demasiado claro.

La cosa se ponía negra

A volver a subir

La única solución que vimos fue volver atrás por el mismo camino, que ahora iba a ser más duro, ya que en nuestro convencimiento de que había que seguir habíamos bajado bastantes metros, que ahora había que subir.

Mucho después, con un mapa en condiciones descubriríamos que el desvío estaba en un punto bastante anterior, pero no está demasiado bien señalizado. Si quieres hacer esta ruta es mejor mirárselo bien antes y contar con mapas en los que salgan todos los topónimos para tener referencias. Y si quieres bordear el Gruppo Sella, en un momento dado hay que tomar la ruta 638 hacia Piz Boe, algo que no salía en nuestros mapas (que eran muy rudimentarios).

Cuando volviendo sobre nuestros pasos conseguimos llegar hasta el Refugio Pordoi, esta vez no perdonamos. Cayeron unas cervezas con limón tamaño juggernaut, unas patatuelas, por cortesía de Unaij, y como se estaba poniendo a llover, arrancamos de vuelta al coche.

Sin perdón

El tiempo total de la ida y vuelta serían unas 4 horas, así que es un buen paseo, con unas vistas espectaculares, aunque probablemente más completo si vuelves haciendo el círculo.

En el último momento Unaij quiso hacer un poco el mono

Y otros quisieron imitarle, con desiguales resultados..

Cuando íbamos a salir nos dimos cuenta de que en nuestro GPS no figuraba nuestro destino, el Rifugio Auronzo, que aparecía como que estaba en Belluno, pero resulta que era región, no ciudad, así que no era tan sencillo. No podíamos encontrarlo, así que entramos en un hotel y preguntamos, y el tipo de la recepción no lo conocía. Cuando conseguimos recordar que el nombre del lago cercano era Lago Misurina, nos dijo que no se podía llegar desde aquí. Caras de tensión. Finalmente el hombre se lo curró y nos dio indicaciones muy útiles para llegar, que además pasaban por Cortina d’Ampezzo, ciudad que queríamos ver.

Las vistas al bajar los puertos también eran terribles

Unos cuantos puertos después llegamos a Cortina D’Ampezzo, una ciudad de tipos ricos. Es una ciudad centrada en el ski y otras cosas para gente de pasta (que no de bien), que tenía calles muy bonitas, balcones muy bonitos, y tiendas muy caritas.

Hotel en el centro, ni imaginamos cuánto valdrá una noche aquí

Una tormenta se cernía sobre nosotros

La vuelta no duró mucho porque no se podía comprar allí ni un triste helado, así que decidimos emprender la subida a otra serie de puertos que nos llevarían al lago Misurina y después al Rifugio Auronzo.

Antes de salir de Cortina y de sus calles pavimentadas con diamantes, el cielo se estaba poniendo negruno. Cuando estábamos en mitad de un puerto infernal de esos que salen en el Giro, rodeados de bosque cerrado, carretera estrecha, ahí, justo en ese momento, empezó la Gran Tormenta.

La Gran Tormenta bajó la temperatura de 37 grados que habíamos tenido hacía 10 minutos, a 7. El granizo cubrió de forma inmediata la carretera, que aunque no estaba helada per se, sí tenía una capa de hielo por la que veíamos patinar a toda suerte de coches en la dirección contraria. Una furgoneta se había parado porque no podía remontar una cuesta. Nosotros íbamos a 30, con las luces de emergencia, y con caras de “no puede estar pasando, no pueden estar cayendo estos pedazo de rayos, estos pedazo de granizos como puños y haber bajado la temperatura 30 grados”.

En ese momento, el piloto de presión de la rueda delantera saltó. Presión baja. Todos sabíamos lo que eso significaba. Habíamos pinchado.

En medio de aquel maldito puerto, en medio de aquella tormenta, y sin nada cerca donde poder cubrirnos, ni siquiera llano, para cambiar la rueda. ¿Cómo íbamos a subir a Auronzo, que era un refugio que estaba a 3000 metros?

Unaij, conduciendo en ese momento, puso primera, luz de emergencia. Y a 20.

Entre el granizo

Sobre la carretera helada

Haciendo caravana! Había gente que tenía prisa!

Tras media hora de tensión llegamos al Lago Misurina. Junto al lago caían torrentes de agua a la carretera, por los que había que pasar más despacio aún. En un momento nos cruzamos con un coche que no calculó muy bien la profundidad. Nos hundió. Durante 3 largos segundos no vimos nada, sólo la cortina de agua que había levantado el otro coche. En el Lago había algunos hoteles así que decidimos parar. Allí igual conseguíamos cambiar la rueda, podíamos averiguar qué tal estaba la carretera de Auronzo, y también preguntar si tenían habitaciones libres.

El tema de la rueda estaba complicado, y la carretera nos dijeron que estaría un poco mal, pero se podía usar; en cuanto al alojamiento, salía el doble de caro que Auronzo.

Decidimos echarle gigas y seguir carretera arriba hacia Auronzo.

La tormenta no amainó, pero la carretera no estaba tan mal, y el 807 se portó como un titán. Conseguimos llegar al Rifugio por una carreterucha infernal (recordaba un poco al monte Nebo) en la que no había visibilidad, y menos un día como hoy, con lluvia, niebla y cielo cubierto.

Una vez allí, descargamos el coche, y nos pusimos a cambiar la rueda bajo la lluvia intensa, ataviados con bañadores y chancletas. Parece que un viaje sin cambio de rueda no es un viaje. (ojo con los utensilios para cambiar ruedas del 807, que están a cual más recóndito)

el duchamen posterior fue divertido porque funcionaba con monedas (si no, salía fría), por lo que tuvimos que apresurarnos bastante y hacer competi.

Después de aquello nos duchamos y fuimos a cenar al comedor comunal del refugio, en el que había unos boyescaos cantando con una guitarra. Es un refugio muy de boy scouts, todo antiguo, al calor de la chimenea, y sin rastro de civilización, no había internet, ni televisión ni casi casi cobertura. Pero estábamos en lo alto de las dolomitas.

Maestría en bocadillos

A las 10 nos echaron de allí y apagaron las luces del comedor, interrumpiendo nuestra partida de escoba. Así que nos fuimos a dormir, al final, al día siguiente teníamos que madrugar bastante para hacer trekking y después ir a Eslovenia.

14 Sep

Eslovenia, capítulo 2: el Concilio

El día 2 de viaje suponía bastantes más kilómetros que el día 1. Básicamente íbamos a pasar todo el día en el coche, desde Nîmes hasta Trento, nuestro campamento base para ir a las Dolomitas.

Salimos muy temprano del antro de Nîmes, donde por supuesto no había desayuno, así que buscamos algo de bollería para comer como perros tirados en la calle; y rápidamente seguimos hacia el coche para una nueva colección de kilómetros (800).

Tras unas horas salimos de Francia y cruzamos a Italia, donde la carretera es estrecha, y pegada a un gran acantilado desde el que se ve la costa y las ciudades arremolinadas alrededor de bahías. Las salidas a las áreas de servicio en esta carretera son una locura: de pronto aparecen y tienes 20 metros para frenar y estar echando gasolina, así que en general no se puede ir muy rápido por aquí.

En una de las que conseguimos frenar a tiempo paramos a comer como perros, nuevamente, unos bocatas del jamoncillo auspiciado por Unaij. Menudas diferencias con otros países a los que habíamos llevado awful chorizo, y sobre todo en los que el pan era una basura. Da gusto comprar pan en los países mediterráneos. Sin embargo, frente a comer en embarcaderos idílicos, aquí comíamos junto a camiones cisterna lituanos, sentados en una valla metálica, con vistas a unos matojos infectos.

Lago Como

DEspués de comer seguimos nuestro camino y nuestros kilómetritos, hasta llegar a la parte sur del lago de Como, uno de los míticos del norte de Italia. Las expectativas eran casi tan altas como la temperatura (40º), así que nos pusimos los pertrechos de baño y nos acercamos al lago.

pos va a ser que no hay baño...

La "playa" estaba un poco llena

Una vez allí, no sé si por el calor, por la cantidad de gente o por qué, la desmotivación cundió y nos desmotivamos del baño. El lago es espectacular, con los alpes de fondo, y además tenía el agua calentita, pero había demasiada gente, hacía demasiado calor, y la playa era demasiado estrecha.

Como quedaba un trecho para Trento aún, decidimos desmoralizarnos y seguir chupando carretera.

piazza del duomo

en nuestro hostel se saludaba en todas las lenguas posibles!

Sobre las 8 de la tarde, tras un día agotador, llegamos a Trento. El norte de Italia no parece la Italia del imaginario, parece Alemania o Austria. Trento, ciudad mítica en la historia de la iglesia, no era menos. Cuando encontramos el HI en el que nos alojábamos, que suponía un super salto de calidad respecto al de Nîmes (los colchones de las literas eran viscoelásticos, demonios!), nos duchamos y salimos a ver la famosa ciudad conciliar.

Trento es una ciudad muy elegante, con fachadas muy antiguas pintadas con frescos de otras épocas. La plaza central se llenaba de turistas, incluso a las 8 y media de la tarde, y de ella salían calles antiguas y estrechas que te llevaban unos siglos atrás, eso sí, todo rodeado de tiendas de ropa famosas. Para cuando llegamos al palacio donde se celebró el famoso concilio en el que se trató la escisión de la iglesia protestante, ya había anochecido y no pudimos ver gran cosa.

Lugar donde se celebró el concilio

ahhhh... il conciiiliooooo... (Xavislav no hace muy bien de Tom Hagen, y Karloš haría bien de Padrino si lo hubiera interpretado Clint en vez de Marlon)

 

En su lugar, fuimos a una de las pizzerías recomendadas por el personal del hostel, ya que estábamos en Italia, teníamos que ponernos morados a pizza. Así fue.

Encontramos cerca de la piazza del duomo, la Pizza Da Andrea, pizzería recomendada y de buena calidad en la que nos pusimos finos, agobiados por el terrible calor del horno en una noche que no bajaba de los 30º.

Después, para refrescar nos acercamos al bar Accademia, también recomendado, y supuesto bar con ambientillo, pero que estaba bastante vacío. Sin embargo en la terraza pudimos tomarnos una cerveza Dolomiti, que refrescó y nos dejó finos. El problema de este bar, que está muy bien en general, es que tiene wifi, por lo que llegó un momento en el que los cinco estábamos cabeza abajo, mirando el móvil y comentando jugadas varias por internet.

El cansancio hizo bastante mella, así que terminamos por irnos al hotel relativamente pronto (tampoco había mucho que hacer en Trento), ya que al día siguiente era el primer día de vacaciones de verdad, con la visita a la marmolada!

accademia

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