15 Ago

Jordania, capítulo 10: Calor

El último día en Jordania lo teníamos libre. Nos levantamos inusualmente tarde y nos despedimos de Hind en Pilgrims House.

Como no sabíamos muy bien qué hacer (bien nos hubiera venido saber que teníamos un día libre para hacer el tour por el parque natural hacía dos días), decidimos visitar las Ma’in Hot Springs, un balneario cerca del mar Muerto, que ponían muy bien en las guías, y que era uno de los destinos de Jordania para los que más señales de carretera hay; está anunciado en un montón de carreteras ya vengas por el sur, o por el norte.

Ma’in estaba realmente cerca de Madaba, sólo teníamos que subir el monte Nebo, pero esta vez sin bajar por su enrevesado puerto. El monte Nebo de nuevo :D

LA bajada a Ma’in era excepcionalmente empinada y larga. Pensamos que nos habíamos equivocado, pero no, era ahí. Cuando estabas en lo más alto del macizo, de pronto había una depresión muy profunda, y en el fondo de ese agujero estaba el balneario. Cuando llegamos a la puerta del balneario y bajamos la ventana pudimos oler la escabechina que había hecho la bajada a nuestros frenos. Además de forzarlos durante una larga bajada, la temperatura que nos salió resultó ser la más alta de todos los días que estuvimos en Jordania. El calor que hacía era infernal.

Así que con frenos chamuscados, y con dudas sobre si el coche iba a ser capaz de remontar esa pedazo de cuesta, pagamos los 15 jordanos de rigor para entrar en el spa. Resulta que el spa tiene una zona pública y otra zona más chachi, por la que hay que pagar otro pastizal. Decidimos quedarnos en la primera.

Sin saber cómo sería la segunda zona, descubrimos que la primera era bastante cutre. Era un spa orientado fundamentalmente a turismo interior, no había ni un extranjero, y la zona pública consistía básicamente en dos pozas con cascadas, una pequeña y una grande. También había una piscina para baño turco en alguna parte.

La primera poza

Fuimos a la primera de las pozas, la pequeña, para ver que era extremadamente pequeña. Además, no había ningún sitio para sentarse o poner las cosas. Así que tras cambiarnos de ropa y hacer una primera aproximación, seguimos hacia la segunda poza.

Ésta era mucho más grande, era la que aparecía en las fotos. TEnía una cascada y había unos cuantos jordanos metidos a remojo como si fueran garbanzos. No había ni una jordana en bañador o similares. A pesar de los 40 grados que hacía, las mujeres iban tapadas de pies a cabeza.

la poza grande

La poza estaba bien, aunque el agua estaba también a unos 40 o 45º, con lo que se hacía agobiante estar allí, con agua caliente, un calor exterior terrible y además jordanas tapadas enteras haciendo el mono en las proximidades. Las chicas se metieron en bikini y eso atrajo algunas miradas, aunque en general se puede decir que pasaron desapercibidas, dentro de ser occidentales.

La poza tampoco tenía una zona habilitada para tumbarse y hacer el orangután, simplemente había unas mesas de piedra con sillas de piedra, fundamentalmente para dejar cosas. Se puede decir que el spa estaba pensado para entrar y bañarse, y poco más. No era lo que te imaginas de entrar, bañarte, luego tumbarte, leer un librito, etc.

Cuando no pudimos más de calor, decidimos probar el baño turco, así que los chicos fuimos a la zona de baño turco y las chicas fueron a una poza privada para mujeres. Ambos volvimos decepcionados. El baño turco era una piscina normal y corriente, con escalones a los lados, sin vapor (estaría desactivado o algo), y con unos tipos jugando a darse pelotazos a lo bestia. Salimos despavoridos. La poza de mujeres parecía mucho más estricta que la poza normal. Sólo había mujeres, también tapadas, pero por lo que contaron las chicas, cuando se quedaron en bikini, las mujeres que había allí les llamaron la atención. ¿Qué sentido tiene hacer una poza sólo para mujeres, si tienen que ir también tapadas?. Contaron también que la poza para mujeres tenía muros altos y no podían ser vistas desde fuera… Por lo visto no se iban a perder gran cosa

Un poco desmoralizados con el sitio, y muertos de calor, nos tomamos un refresco en uno de los bares que había en el centro del complejo, y poco después nos largamos, destino Amman, a recuperar nuestro super hotel, y aprovechar la tarde para hacer alguna compra, y devolver el coche.

Así que la tarde de nuestro último día la pasamos de compritas por downtown Amman, y no pudo faltar una visita a la terraza del bar de tíos duros que había en la sucia callejuela del Cliff Hotel. La shisha era inexcusable, y vimos un nuevo atardecer jordano desde allí, rodeados de los más peludos hombres locales.

LA reventada era máxima en la terraza del cliff hotel

No nos fuimos demasiado tarde a la cama, ya que al día siguiente teníamos que levantarnos a las 4 y media para ir al aeropuerto.

El driver nos llevó haciendo un auténtico rally por las vacías calles de Amman. Y así nos despedimos del país de los nabateos.

11 Jul

Jordania, capítulo 9: los cuatro barrios

[disclaimer: esta entrada tiene 4155 palabras (la entrada media tiene 1200-1500). ármate de valor y no mires sólo las fotos!]

Un día más, nos levantamos antes que el propio muecín, y fuimos a desayunar antes de que abrieran el comedor del Pilgrims House; Hind vino específicamente a darnos nuestra ración diaria de pan de pita.

La razón es que íbamos a Jerusalén. A pesar de haber leído que la frontera es infernal, que no íbamos a ser capaces de volver, y que los israelís iban a ir armados hasta los dientes y nos iban a tratar muy mal, decidimos ir, aunque muy pronto, para evitar líos y colas en la frontera (una de las dos únicas fronteras que tiene Jordania con Israel).

Pronto nos pusimos en marcha desde MAdaba, bajando, cómo no, por el Monte Nebo, siempre en contra de la opinión de Mariyah :D. La frontera está cercana a la zona de Betania, así que una vez en la carretera del mar muerto, sólo hay que desviarse a la izquierda más o menos donde están las zonas bautismales, y luego buscar, ya que acabas atravesando campos de cultivos por carreteras estrechas. En general está bastante bien indicado.

Al llegar a la frontera teníamos que dejar el coche, ya que no se puede pasar en coche a Israel. Un tipo nos abordó y nos ofreció el jardín de su casa por 3 módicos dinares, aunque luego vimos que hay un mega parking gratuito para la gente que cruza. Me recordó un poco al parking que montaba Homer en su casa y cobraba 10 dólares por eje; nos estafaron claramente, pero bueno al coche no le pasó nada.

En el puesto fronterizo, lado jordano, nos encontramos una oficina un poco caótica, pero eficiente. Una ventanilla para pagar la tasa de abandonar el país (no recuerdo cuánto era, pero no mucho). Míticas “tasas por abandonar el país”. Puede alguna tasa tener menos sentido? También había que pagar el billete de autobús que te cruzaba a Israel. Autobús??? Sí, la historia es que entre el puesto fronterizo jordano y el israelí hay unos 6 o 7 kilómetros que se hacen en bus (no creo que esté permitido hacerlos de otra manera), que no sé si serán tierra de nadie o qué demonios, pero vamos que tienes que coger bus. Después de la primera ventanilla había que pasar por otra en la que sellaban el pasaporte.

Así que una vez está todo sellado y demás, te quitan el pasaporte, y te hacen subirte en el bus sin pasaporte. Después, dentro del bus un agente de fronteras va comprobando los pasaportes uno a uno, que se han pagado las tasas, y que eres el tipo de la foto, y te devuelven el documento.

Llegando al puesto israelí, uno espera encontrarse allí casi casi tanques y cazas sobrevolándolo. La realidad es que aunque la seguridad es notable, es mucho menos de lo esperado. Había mucho más despliegue por ejemplo en fronteras chinas. Tras pasar varios controles de autobús, en los que se generan largas colas, te descargan junto a un edificio en el que tienes que hacer cola en la calle, y un soldado va haciendo pasar a la gente en grupos pequeños al edificio. El soldado (o lo que fuera aquello), es un tipo vestido de calle con un fusil de asalto M4A1. Una imagen bastante peculiar, de la que evidentemente no hay fotos. A parte del tipo este, había personal de aduana pero parecían civiles y no armados. Estuvimos un buen rato esperando en la calle bajo un sol de justicia, hasta que finalmente nos dejaron entrar en el edificio, donde estaban las ventanillas.

Los agentes de fronteras de Israel, al menos los que nos tocaron a nosotros, no son nada de lo que habíamos leído. Ni nos hicieron 2 millones de preguntas, ni nos miraron con desconfianza ni nos cachearon a muerte. Simplemente cogían tu pasaporte, te preguntaban cuánto tiempo ibas a estar, y al decirles que un día te miraban sorprendidos, como si no fuera a darte tiempo a nada. También miraban con estupor mi nombre, y me preguntaban si realmente me llamaba así. Supongo que Ibai en hebreo significará “sucia rata” o “se muera mi papa”. Te preguntaban educadamente si querías que te sellaran el pasaporte o preferías que te pusieran el sello por separado para evitarte problemas en países árabes. Ningún tipo de traba o inconveniente. No sé si esto será igual si eres un ciudadano árabe o jordano, pero en nuestro caso cero problemas. El tiempo total desde que salimos desde la frontera jordana hasta que estuvimos en territorio israelí fue de 1 hora y poco (una buena parte en las colas de camiones y autobuses fuera del puesto israelí), frente a las 3 horas que ponía en la guía. Definitivamente no es para tanto.

La frontera está a media hora de autobús de Jerusalén, así que cambiamos unos sheckels y cogimos un bus lanzadera.

Los buses lanzadera no salen hasta que están llenos; el nuestro era de 10 plazas y éramos 9. Uno de los 9 era un tipo moreno, bajito, que se parecía a este actor francés que sale en Amelie:

Se parecía no, era un clon de este tipo.

El tipo era un hiperactivo que parecía que se había tomado 12 cafés. Subió y bajó del autobús 137 veces mientras esperábamos y como se aburría, recolectó entre todos los que estábamos, el dinero que costaba la 10ª plaza de bus, para pagarla y que así saliéramos sin andar esperando a rellenarlo. Durante todo el trayecto estuvo rajando y metiéndose en conversaciones que teníamos con una alemana muy maja que venía sentada al lado nuestro. La alemana parecía crack, estaba viviendo en Cisjordania y era muy simpática y nos contaba cosas de la vida en Palestina. El hiperactivo, que llevaba una caja de violín (vete a saber que había dentro), se metía en las conversaciones y nos contó que era jordano (sí claro…), que era violinista (claro, claro…) y que había tocado con Barenboin!!!! Que tocaba en una gran orquesta pero lo había dejado y estaba dando conciertos pequeños en garitos de Ammán. También estuvo hablando de todos los sitios que había visitado, y blablabla. Yo estoy convencido de que el tipo era un agente base del Mossad y nos estuvo haciendo un perfilado completo en nuestra entrada a Israel (ya que también nos interrogó a saco)(en realidad no, menudo despilfarro de recursos sería hacer este tipo de cosas…). La parte buena es que también nos dio unos cuantos tips para movernos por Jerusalén y para salir. Entre él y la alemana nos dijeron que salir era muy fácil, que teníamos que ir antes de las 8 a la frontera, ya que cerraban a las 9. Habíamos oído y leído todo tipo de historias de terror sobre la frontera y que había que estar allí a las 4 de la tarde y blablabla… bullshit.

Finalmente llegamos al centro espiritual de las religiones más gordas de occidente. Todos los outskirts al este de Jerusalén son barrios palestinos en los que hay una gran concentración de negocios de neumáticos y talleres de coches :S, y recuerdan mucho a Ammán. En el centro de la ciudad estaba la parte vieja amurallada y tras los muros sharonianos, hacia el oeste, y ganando cada vez más terreno, estaban las residencias de los judíos. El autobús del aeropuerto  te deja justo junto a la ciudad vieja. El agente del Mossad y la alemana nos dieron indicaciones para coger autobús de vuelta, y nos acompañaron a un banco para sacar sheckels, pero el banco estaba un poco hasta las narices de gente y no parecía una muy buena opción, así que nos largamos.

Cuando entramos en la ciudad vieja, vimos que habíamos hecho bien ya que había casas de cambio en la misma puerta, la puerta de Jaffa, que era la recomendada para entrar. Puede que pierdas un poco de pasta con el cambio pero parece el mejor sitio para sacar moneda local.

La ciudad antigua de Jerusalén es espectacular. Está dividida en 4 cuadrantes, que conforman los barrios judío, árabe, cristiano y armenio, las cuatro grandes religiones que han convivido aquí durante siglos. Es increíble ver cómo siguen conviviendo sin ningún tipo de problema aparente. El barrio judío es claramente judío y no hay mucha mezcla, pero en los otros tres barrios, aunque haya una dominancia islámica, cristiana, etc, están mezcladísimos. En cualquiera puedes encontrar gente de todos los credos.

Mohamiñigo (o en este caso Levi Iñigenstein) se pasea por el barrio armenio

Dimos un pequeño paseo por el barrio armenio, que es el que menos cosas para ver tiene, cruzándonos con ortodoxos, y subiendo a azoteas para ver las buenas vistas que ofrecía. Tras pasar por el patriarcado armenio y la iglesia de San Marcos, tiramos hacia el barrio judío.

Percal encontrado a la entrada del barrio judío. Parece que es la famosa leva de ciudadanos israelí, equipados con los míticos fusiles de asalto TAR de fabricación nacional. Al menos el cargador estaba desmontado. También iban equipados con bocatas, que nos dieron un poco de envidia.

Las calles del barrio judío

El barrio judío es muy judío...

En el barrio judío hay bastantes cosas para ver, la primera a la que fuimos fue la tumba del rey David, que estaba junto a una abadía sionista, en un edificio un poco lúgubre, plagado de turistas judíos y no tan judíos (y un tipo en la entrada que medio te forzaba a hacer donativos, que digo yo que si quieren cobrar entrada que cobren,,…)

La abadía sionista

La tumba del rey David, versión hombres. Los símbolos del harpa y el violín, muy contemporáneos al rey David.

El lado femenino, más masificado. Las chicas parece que no dan cabezazos a las cosas

Algo de lo que yo no tenía constancia es de que los judíos (supongo que los ortodoxos) hicieran unas divisiones de género tan estrictas. La tumba del rey David se podía visitar desde dos sitios, uno para mujeres y otro para hombres, separadas entre medio por una biblioteca llena de libros (Torahs?) que la gente iba cogiendo para acercarse y darse cabezazos contra la tumba o la pared. Para ser la tumba del rey de los judíos estaba un poco masificada y turistizada… La tumba, que era enorme, (no tengo muy claro si Goliat era el gigante o realmente lo era David…), estaba recubierta de plástico y en una habitación muy pequeña. Supongo que con gran significado para los judíos.

Junto a esa estancia había una inquietante puerta:

supongo que esto explica muchas cosas de la situación de la paz actualmente :D

Tras la tumba de David, subimos a una azotea de un edificio que permitía andar por tejados de varios edificios anexos y ver la ciudad antigua desde arriba. Un conglomerado de callejuelas, casas irregulares y mucha vidilla bajo nuestros pies.

Al bajar, y no me queda claro si cambiamos de barrio o no, aparecimos de pronto en una estancia, que no era un templo, no era un museo, simplemente era una estancia, en la que por lo visto se produjo la última cena.

Parece una iglesia pero sólo es un cuadrado con techos con arcos apuntados.

Esta estancia tenía columnas corintias y arcos apuntados en el techo, entiendo que debido a que la Iglesia católica lo convertiría posteriormente en sitio de referencia y lo decoraría a su gusto (la república independiente de la casa del señor). Digo yo que cuando vino Yisus Chraist el tema de los arcos apuntados todavía era impensable, y sería más que nada una casa  de comidas. Casa Julián, de Jerusalén, especialidad en carnes y vinos del Señor. Desde luego si el sitio era este, Da Vinci estaba muy equivocado en “la última cena”, ya que aquí no cabían así a lo largo, seguro que estaban dispuestos de otra manera :D

Cuando salimos llegamos a una de las dos calles principales. Como la ciudad tiene cuatro barrios, necesita dos calles perpendiculares para dividirla en los cuatro cuadrantes. Estas dos calles principales, eran bazares, en una buena parte cubiertos, que hervían de actividad, tiendecitas, baratijas, y muchos muchos turistas.

una parte de la calle principal

Por la calle principal llegamos a la puerta Este, por donde en teoría íbamos a entrar a la famosa Cúpula de la Roca, una de las mezquitas más importantes del Islam, y desde donde se dice que Mahoma ascendió al cielo, y donde los judíos también tienen sus propias teorías de ascensiones, etc. Debe de ser una especie de lanzadera espiritual, y es bastante curioso, tal y como están las cosas, que permitan a los musulmanes ser quienes la atesoran. La Cúpula de la Roca puede ser uno de los más, si no el más, impresionante monumento de Jerusalén. La cúpula dorada se ve desde todas partes, y el interior debe de ser auténticamente espectacular… sin embargo nos quedamos sin verlo, ya que los horarios de apertura son cortísimos (2 horas al día), que por otra parte me parece lo más razonable, que si tienes un lugar supersanto en tu religión no permitas que esté hasta la bandera de turistas 24×7… Veríamos que la parte cristiana llevaba una política muy diferente. Si vas a Jerusalén, asegúrate de que te da tiempo a verla y que vas dentro del horario. No pudimos ni siquiera acceder al jardín que la rodea, ya que nos cortaron el paso los policías israelís, que habían cerrado la puerta Este, directamente. Así que en vez de eso, nos fuimos a la muralla y desde allí pudimos verla en su esplendor.

Junto a la Cúpula de la Roca está la mezquita de Al-aqsa, también una de las mezquitas importantes del Islam, y que sonará a muchos de los mártires de Al-Aqsa y la intifada de Al-Aqsa, que empezó después de que el simpático Sharon la visitara. Es increíble, pero estas dos mezquitas, centros tan relevantes dentro del Islam, están justo justo al lado del Muro de las Lamentaciones, un centro tan relevante dentro del judaísmo. No son de extrañar pues, los berenjenales que ha habido por estos lares.

El Muro de las Lamentaciones (en inglés Western Wall, aunque está al este de la ciudad antigua :S no entiendo nada…) era nuestra siguiente visita. Los berenjenales de los que hablaba anteriormente han hecho que para llegar a la explanada del muro haya que pasar controles de seguridad, con arcos de metales, etc.

El muro de las lamentaciones también está cómicamente dividido en dos, para hombres y para mujeres. Además, la parte de mujeres es sustancialmente más pequeña, por lo que se hacinan para conseguir su cuota de muro.

Muro de hombres

Muro de mujeres

-Qué tal Levi Iñiguenstein, vienes a echarte unos rezos? -Naaaah, Ariel Bayugold, hoy toca cabezazos contra el muro...

A la entrada del muro te daban kipas para recordar que Dios estaba por encima tuyo (no te fueras a olvidar).

Las paredes del muro están llenas de papelitos que los más devotos injertan hasta en los lugares más insospechados, supongo que con plegarias, peticiones, agradecimientos, etc.

Levi Iñiguenstein a cabezazo limpio

Se pone complicado el tema de dejar papelitos.

Junto al muro había una apertura que llevaba a un sitio que parecía mucho más restringido, no sólo para hombres, si no para los más prohs. Esto estaba a la sombra, tenía una gran biblioteca y la estética que se veía de forma casi uniforme era la de los judíos ortodoxos, de hecho, probablemente no estaba permitido que dos gentiles como nosotros entráramos ahí, aunque nadie nos dijo nada en un sentido u otro

Alguien ya nos miraba mal al entrar...

No estaba mal montado no...

un niño sionista, con curras en proceso

El mantel está traído de Brooklyn!

Tras la visita al Muro, decidimos seguir hacia el centro de la ciudad vieja para comer algo. Encontramos un sitio de pizzas por un precio módico en el que más o menos satisficimos los apetitos,  y nos preparamos para la tarde, que iba a ser de lo más cristiana, ya que ya habíamos visitado los checkpoints de las otras religiones.

A la hora de comer nos encontramos con estas joyas:

Me quedo con la de UZI DOES IT! LOOOOOL

 

A cierto lobby parece que no le hacía mucha gracia cierto presidente electo... :D La foto con Ahmadineyad es la mofa. Aunque en realidad, en la misma pared, y con similares caricaturizaciones estaban Zapatero, Sarkozy, Berlusconi, Gordon Brown... no dejaban a uno sano

El barrio cristiano es prácticamente una extensión natural del barrio musulmán, salvo por las iglesias, y centros de interés, las tiendas, la gente, y lo que te rodeaba, era exactamente igual que en el barrio musulmán, no había una diferenciación clara, como cuando pasabas al barrio judío. Por otra parte, los puntos de interés del barrio cristiano estaban bastante descuidados, a pesar de ser sitios importantísimos dentro de esta religión.

Paisanos echándose un backgammon en el barrio cristiano (para mí una de las fotazas del viaje, by Iñigo)

La policía es bastante amable y dispuesta echarse unas fotos.

Lo primero que hicimos fue coger la Via Dolorosa, y pasar por las 15 estaciones del viacrucis, descubriendo que la mayor parte de un referente tan importante para el cristianismo era actualmente un bazar lleno de baratijas :S

Crucifixión? La fila de la derecha, una cruz por persona.

La vía Dolorosa nos dejaba en el templo del Santo Sepulcro, construido donde estuvo el sepulcro del que se fugó Cristo cuando se aburrió de estar allí a oscuras (cuando de pequeño me contaban que la megapiedra que habían puesto en la entrada había sido movida, yo siempre me imaginaba a un Jesús forzudo moviéndola estilo M.A barracus). El templo es una basílica en lo alto de lo que fue el Gólgota. A la entrada te encuentras con un abarrotado sepulcro de Cristo

En serio está ahí dentro?? si?? no... si??? .... soooobraaaooo

La decoración de la iglesia del Santo Sepulcro es como poco… chabacana… Lámparas de araña, mucho objeto dorado cutre, y muchos muchos muchos turistas… Nada que ver con la buena gestión de la cúpula de la Roca o con lo ordenadito y curioso que tenían el Muro de las Lamentaciones. En este caso riqueza a gogó, sin ton ni son, estilo Vaticano.

En el piso de arriba hay una zona en la que está la piedra en la que Jesús fue ungido antes de la crucifixión. Junto a la piedra, hay una cola de turistas perpetua que esperan y esperan para tocarla y hacer cosas con ella (besarla, llorar, frotarse los dedos artríticos…)

Cola divertida, en el templo hiper recargado

Y en la parte inferior había varias capillas en las que se arremolinaban fieles para poner velitas por las que habían pagado. Segundos después pasaba un operario con sotana y equipo de flisflis a rociarlas con agua, apagarlas todas y recogerlas (supongo que a revender) kikliiiinch, la máquina de dinero sigue engrasada! (así se puede explicar uno que un tipo robara 2 millones de euros del cepillo de la catedral de santiago y nadie se diera cuenta, LOOOL).

Aun siendo cutre, este templo es impresionante, sólo por pensar la de cosas que han tenido que pasar aquí dentro desde su origen, pasando por cruzadas, etc.

Después del barrio cristiano nos despedimos de la antigua ciudad amurallada para ir al monte de los Olivos.

El huerto de Getshemani está en la parte baja de la colina. Aquí se ha construido la espectacular iglesia de Getshemani, que parece un templo romano más que cristiano, pero es impresionante. El huerto está tras la iglesia y no conseguimos entrar.

La iglesia de Getshemani

Según vas subiendo la colina va apareciendo de fondo la iglesia ortodoxa de María Magdalena, que es bastante espectacular también, y bastante brillante, como suelen ser los templos ortodoxos. En esta iglesia no se puede entrar, tiene un horario muy estricto y por lo que parecía, tenías que tener autorización. Los alrededores estaban vigiladísimos con muchas cámaras y los muros a sus jardines eran altos y coronados de alambre de espinos. Debía de haber bastantes riquezas ahí dentro, como podía verse claramente en sus cúpulas doradas

María Magdalena, brillante se ve desde cualquier sitio elevado de Jerusalén

Pero lo más destacado del monte de los Olivos es el cementerio judío que ocupa su ladera. Un cementerio enorme, de gran relevancia para los judíos y que por lo visto está muy cotizado y no es nada fácil conseguir descansar aquí.

Ladera del monte de los olivos

Las vistas de Jerusalén desde lo alto de esta colina son muy buenas, se ve toda la ciudad antigua, dominada por la Cúpula de la Roca, y también de fondo rascacielos del downtown de la ciudad moderna.

Cuando bajamos del monte, hicimos nuestra última parada, la tumba de María… En un sitio en el que se dice que se sepultó a María, se ha construido una especie de entrada a la catacumba, que recordaba totalmente a las entradas a los niveles subterráneos del Diablo 1.

La entrada era bastante siniestra, ya que estaba ennegrecida, probablemente por el uso de antorchas,  y el recargado estilo de las lámparas no ayudaba demasiado

Bajando al siguiente nivel de Diablo

El interior estaba aún más recargado y todo se reducía a ver lo que supuestamente fue el sepulcro de María. Aquí había sepulcros de María, de María Magdalena, de Jesús… pero de José no se dice ni misa…

Cuando salimos no serían más de las 6, pero empezamos a buscar taxis para ir a la frontera. Nos habían dicho que nos podía llevar un rato salir, y que a las 9 cerraban y el que se quedara dentro, mala suerte… Así que buscamos un taxi y aceptamos su elevada tarifa de 200 sheckels (40 euros). El taxista era palestino, y nos contó cositas de su vida diaria, de las que yo al menos, saqué en conclusión que el agua es uno de los motivos más relevantes del conflicto que hay en esa zona, llegándose en ocasiones a ampliar el muro unos metros para tener control de un aljibe o un depósito…

Justo antes de llegar a la frontera nos pararon en un puesto de vigilancia, los ya míticos soldados que van vestidos de calle pero armados hasta los dientes. La verdad es que imponían un poco. Bajaron al taxista del coche, le cachearon, registraron el maletero, y pasaron un espejito por debajo del coche. Nos hicieron bajar la ventanilla y uno de los soldados, sonriente, nos pregunta

-Spanish, eh?

-Yes, yes…

-I only have one question for you…

Silencio dramático del pavo. Miradas. Tragar saliva. Todos los demás soldados mirando atentamente. La boca se nos seca. El taxista cierra los ojos.

-Madrid or Barça??

Los soldados estallan en carcajadas… Mohamiñigo salta Athletic de Bilbaaaoooo. Y el soldado.. Atlético, síiii, síii, yo soy del Atlético de Madriiiid… Más risas…

En fin, que te persiga el maldito fútbol hasta en el puesto fronterizo de Israel manda huevos..

Poco antes de llegar, el taxista nos preguntó si no íbamos a visitar Jericó. Por lo que nos contó, es la ciudad más bonita y más antigua. Esto lo he contrastado después y parece que tenía razón… Para otro viaje.

Finalmente, la frontera de vuelta fue muy sencilla, no había casi gente, y el único inconveniente es que esperamos casi una hora a que saliera un bus hacia Jordania. Pero los trámites fueron muy muy sencillos. Hay que recordar aquí a futuros viajeros, que Israel también cobra por salir del país (WTF!), nada más y nada menos que 50 euros por persona (más o menos)… Los sheckels que quería guardar, porque son moneda bonita, tuve que gastarlos para pagar la salida, y además tuvimos que pagar con tarjeta algunos…

Luego de llegar a Jordania tuvimos un pequeño despiste para coger la carretera del monte Nebo maldita, y esto nos llevó a dar un poco de vuelta, por lo que, habiendo salido de Jerusalén sobre las 6 y media, pisamos el Pilgrims House a las 11 de la noche.

Nos fuimos a la cama sabiendo que al día siguiente no había que madrugar. Increíble.

08 Jul

Jordania, capítulo 8: Pollo negro

Nuestro único objetivo del día 8 era huir de Aqaba. Correr por nuestras vidas.

Aqaba era una ciudad sucia, ruidosa, calurosa, y en general poco acogedora. Yo iba con grandes expectativas (e igual por eso la decepción fue mayor), pero acabé queriendo largarme de allí a toda costa. Teníamos un largo camino hasta el norte, ya que volvíamos hasta Madaba, donde Pilgrims House había sido nuestro lugar de referencia. Eran menos de 400 km, así que en teoría nos debería dar tiempo a parar en algún sitio intermedio.

La visita elegida fue la reserva natural de Dana, la más grande de Jordania, y una de las más desconocidas, ya que no suele venir mucha info en las guías estándar. De hecho, subimos por la carretera del mar muerto, desde la que había acceso fácil, en teoría, pero ni con el GPS, ni con mapas conseguimos encontrar la ruta de una manera fiable. Finalmente nos guiamos por instinto (y con un poco de miedo ya que nos quedaba poca gasolina) y nos metimos por una carretera de montaña estrechísima, que consumía más y más gasolina. Cuando por fin llegamos a Tafila, la población más grande de la zona, nos dimos cuenta de que era hacia el otro lado, pero aprovechamos para reabastecer el sediento depósito.

Las vistas del valle, al fondo fondo fondo estaba la eco-choza

Cuando llegamos a Dana estábamos en lo alto del macizo que separa la parte del mar muerto del desierto. Las vistas eran impresionantes, pero como habíamos estado toda la mañana dando vueltas, no nos dio tiempo a hacer el trekking famoso de Dana. Este trekking empieza en donde estábamos, y baja por un desfiladero durante 9 horas de caminata hasta casi el nivel del mar, al centro de la reserva, donde sólo hay una eco-lodge para alojarse, que debe ser bastante conocida. Necesitas un día adicional para volver y desandar el camino, pero por lo visto no íbamos sobrados de días.

Así que nos quedamos visitando el poblado en el que estábamos, un pueblo de piedra que tenía cientos de años y que estaba siendo reconstruido con fondos americanos! No había muchos habitantes pero había un restaurante con una especialidad de pollo que tenía mucha fama (según la guía).

El pueblico era entero así

Así que como ya eran las 2 (sí, una mañana muy intensa en el coche), nos lanzamos a comer el famoso pollo de Dana. Así que nos sentamos, pedimos el pollo… y el tiempo fue pasando, pasando, pasando… vimos como lo preparaban ya que tenían la parrilla en la calle.. y el tiempo pasaba… y el pollo se iba volviendo negro de tanto tiempo que estaba en la parrilla… Y hora y media después por fin nos sirvieron el pollo. HORA Y MEDIA!! Los pedazos de pollo parecían carbón. Además venía acompañado con verduritas.

Irantzullah puede ser muy gagnstah. En la mesa donde nos comimos el pollo, esperando

Tanto el pollo como las verduritas estaban exquisitos. Buenísimo. Prácticamente no se notaba la carbonilla, y el interior estaba hecho perfecto, ni pasado, ni seco, ni quemado. Jugoso y delicioso. Los pimientos y cebolla que acompañaban igual igual. Comimos como diosetes en aquella terraza de la reserva de Dana.

Por la tarde salimos hacia Madaba, previa discusión sobre si sería mejor ir por la carretera del mar muerto, conocida, aunque después te tenías que comer el monte Nebo,  o por la del desierto, también conocida, pero desde la que no sabíamos llegar a Madaba. Elegimos desierto para contentar a Mariyah, pero cuando llegamos al lío radial de Amman, con sus miles de carriles, sus obras  y su tráfico infernal, nos perdimos, como era de esperar.

Tras alguna vuelta más de lo debido llegamos a MAdaba, que una vez más, era como volver a casa, acogedora, pequeña, y agradable, con su casa de peregrinos de San Jorge, donde otra ducha épica volvió a caer. Cenamos en el mítico sitio de comida rápida que ponía kebabs para llevar (no como los de aquí, los de allí tienen todos los ingredientes separados).

Cuando llegamos de nuevo al hostel preguntamos a Hind, la amable dueña, cómo estaba la cosa para cruzar a Israel. Llevábamos un par de días pensando en el tema pero la guía lo pintaba muy negro: horas y horas en la frontera, registros, agentes de frontera desagradables y bordes, tipos armados, posibilidad de que te pusieran un sello estigmático en el pasaporte y que no te dejaran volver… mil líos… Hind nos dijo que cruzar a Israel era una tontería de sencillo, y que simplemente teníamos que madrugar para coger la primera hora de la frontera (que cierra por la noche) y aprovechar el día bien. Era curioso ver opiniones tan dispares, pero mañana descubriríamos cómo era la cosa. Íbamos a visitar Jerusalén.

Nos fuimos pronto a la cama, un día más (habiendo reservado otra noche antes, claro, para poder volver a Madaba al día siguiente, si nos dejaban salir de Israel).

04 Jul

Jordania, capítulo 7: Aqabados

No pasaban de las 6 de la mañana cuando una vocecilla empezó a colarse entre los sueños. De esto que estas dormido y no sabes muy bien si estás soñando con ese sonido, o el sonido está en el exterior y te está despertando. La vocecilla decía “brekfas ridiiii! brekfaaas riidiiiiii!”

Era Boris el Navaja, que había madrugado bastante para prepararnos el desayuno, y ahora nos daba la murga para que fuéramos a desayunar. La humedad de la tienda era considerable, sobre todo teniendo en cuenta que estábamos en el desierto. Habíamos dormido bien, pero poco, así que esperaba un día duro.

Todos nos preguntábamos cómo sería desayunar en el desierto. Pronto descubrimos la dura realidad: Pan de pita!

Mariyah, bastante Aqabada por las escasas horas de sueño.

No tardamos mucho en arrancar de vuelta a Rum, ya que parece que los guías tenían prisa por devolvernos a nuestros coches para empezar una nueva jornada.

Agur, Wadi Rum

Desde Rum recuperamos la carretera del desierto para dirigirnos a Aqaba. Aqaba es la ciudad más meridional de Jordania, justo en la frontera con Arabia Saudí y la única que toca el mar (pero el mar de verdad, no el lago salado que es el mar muerto). En este caso el Mar Rojo. Es conocida por el submarinismo entre corales y por ser la ciudad de perfil más turístico (aunque evidentemente Wadi Musa es mucho más turística).

Se tarda menos de dos horas en llegar desde Wadi Rum a Aqaba y nos encontramos una ciudad bastante más pequeña de lo esperado, y un poco estilo turismo barato rollo Benidorm.. hoteles que eran altas torres, un paso marítimo extenso, muchos coches y mucho mucho turismo local. El calor era abrasador, y más húmedo que en otros sitios. Como no teníamos hotel nos pusimos a buscar uno que la guía no pusiera demasiado mal.

Aqaba desde el Moon Beach

Así llegamos al Moon Beach hotel, situado en lo que ya empezaba a ser zona un poco marginal de la ciudad, lejos de los lujos del Marriott, Movenpick y similares que había en el centro y alrededores de la mezquita.

En la guía decía que era un hotel cutre pero cómodo y agradable. Yo creo que me quedo con lo primero, y gracias. La bañera tenía un agujero, el interiorismo del hotel eran acabados en plástico (pero no del bonito, si no plástico barraquero) y la cama era absolutamente infame. Además las habitaciones “con vistas al mar”, daban al mar, pero también daban a una plaza de tierra en la que había toda suerte de vendedores ambulantes de comida para llevar, gente haciendo trompos con motos, etc… La zona era considerablemente mala.

El mar rojo es bastante azul

En cualquier caso, como no teníamos mucho más que hacer, y a pesar del sueño que teníamos, decidimos salir hacia alguno de los resorts en los que se podía hacer submarinismo, para aprovechar lo bueno de Aqaba. Había varios recomendados pero también tenían unos precios elevados, así que fuimos al Royal Diving Center, que por el nombre suena a que es un centro público, pero no tenía esa pinta. Sin embargo sí era el más barato, unos 15 jordanos por persona por entrar.

El Royal Diving Center estaba junto a una base naval (intuimos que la única de Jordania, ya que no tiene más salidas al mar), y de hecho había que atravesar varias instalaciones del ejército, controles incluidos, para llegar al sitio, y desde las hamacas se veía constantemente un portaaviones en el que había varios helicópteros haciendo maniobras, así como unas lanchas y barcos pequeños moviéndose constantemente. Estábamos a 5 km de Arabia Saudí y a 200 mts de un portaaviones de la Royal Navy. El sitio en cuestión era bastante cutre; aunque las instalaciones cumplían, la piscina por ejemplo, tenía el agua bastante sucia, y de fondo sonaba constantemente una música horrible que venía de los bares. Tecno barato occidental… si al menos hubieran puesto música local.. La playa era estrechita y estaba bien dotada de sombrillas y hamacas, rápidamente nos hicimos con una. Pero al estar el coral junto a la playa, no se podía entrar directamente al agua por la playa, tenías que ir hasta el malecón.

Fuimos a ver cuánto costaban los equipos de submarinismo, al final es a lo que habíamos venido, pero el precio con bombonas, neoprenos, etc, subía a 65 jordanos por 6 metros de inmersión, y 90 por 12 metros!!! 90 JORDANOS!!! Locura!!! No creo que sea tan caro ni aquí…

Así que nos decantamos por un sencillo kit de snorkel, por 15 jordanos más.

Poco había que hacer por allí salvo tumbarse a la bartola (al fondo a la izquierda se ve el portaaviones)

Echamos el día en las tumbonas del resort, entre algunos baños snorkeleando en las frías aguas del mar Rojo, y una comida mediocre en el restaurante local. A media tarde íbamos a darnos un último baño, pero había una plaga de medusas brutal que nos impidió entrar en el agua.

Salimos hacia el Moon Beach hotel y tras ducharnos en aquellas duchas infectas, nos fuimos a recorrer Aqaba, con un calor todavía abrasador. La playa de la ciudad estaba a reventar de gente, había camellos, burros, todo tipo de animales pequeños, gente con su sisha, y la orilla llena de gente bañándose con ropa. Aqaba era el Benidorm de los jordanos. Prácticamente no había turismo foráneo, pero los jordanos que tenían un poco de dinero venían a esta ciudad a su atestada playa y sus alborotadas calles.

La gran mezquita de Aqaba es uno de los sitios más chulos de la ciudad

Como Aqaba no tenía mucho que ofrecer, tras visitar algunas tiendas de recuerdos y comprar té del desierto para todos, fuimos a cenar a un restaurante recomendado por la guía, en el que cenamos realmente bien, a base de taboule y sish. Allí vimos a Tatsuya, que probablemente estaba tan decepcionado como nosotros. Después de una sisha nocturna en una terraza nos dirigimos de nuevo al hotel.

Parecía que iba a ser fácil dormir, después del cansancio del día anterior, pero nos equivocábamos. La plaza de tierra que había bajo nuestra ventana era un hervidero de gente. Primero pusieron un capítulo de madmen en algún tipo de tele que estaba conectado a bafles, y que oía todo el vecindario. Después unos tipos entraron en quads a hacer trompos. También hubo niños llorando, madres gritando y todo tipo de ruidos que son habituales de barriadas. El ruido duró hasta altas horas de la noche, por lo que fue bastante complicado dormir. Sin embargo al día siguiente no teníamos mucho que hacer (salvo huir de Aqaba), por lo que aprovechamos la mañana para dormir.

23 Jun

Jordania, capítulo 6: Introducing Faloman

Nos levantamos en menos que canta un muecín. Tocaba ir al desierto. Calor, arena, dunas, escorpiones, víboras del desierto, oasis, beduinos, camellos…

El día anterior habíamos aceptado la oferta de Mosleh Farajat el pacificador de concertarnos toda la visita al desierto, que incluía un traslado a la ciudad del desierto, paseo de 5 horas con visita a los sitios míticos, dormir en jaimas en medio del desierto y volver a la mañana siguiente. También incluía todas las comidas. El precio era de 35 jordanos por persona, que parecía un poco caro, pero luego descubriríamos que lo normal es pagar 50 o 60 por el mismo negocio. ASí que ya sabéis amigos, si vais a Wadi Rum, buscad a Mosleh, en el hotel Cleopetra de Wadi Musa y que os enchufe con su amigo el beduino.

 

La carretera del desierto es muy del desierto

Así que pronto por la mañana salimos por la carretera del desierto hacia el centro de visitantes de Rum, que es donde habíamos quedado con nuestro contacto. Wadi Rum está justo al este de la carretera del desierto, por lo que es bastante fácil llegar, aunque la señalización si estas yendo de norte a sur es un poco confusa. Por suerte en Jordania, estés en la carretera que estés, puedes hacer U-turns, que facilitan la vida enormemente. Esto deberían permitirlo en todas partes!

Al llegar al centro de visitantes nos recibió Muhammad, el contacto de Mosleh, un tipo bajito, con bigotillo, y sonrisa amable. Nos montó en su 4×4, y tras conducirnos a la ciudad de beduinos que hay a la entrada en el desierto, y darnos el lunch pack, nos metió a una habitación de su casa junto con otros occidentales. Aunque la habitación era en cierta medida infame y llena de moscas, además de un auténtico beduino barbudo que se parecía a Boris el Navaja sentado en una esquina, había que tener en cuenta que era su casa por lo que su hospitalidad era máxima. Allí nos encontramos con dos japoneses, uno de ellos era Tatsuya, el crack que habíamos visto en Cleopetra dos noches antes, que viajaba solo (y al que Mosleh también le había enchufado el pack ahorro). Este era el típico japonés viajero, afable y bien equipado. El otro japonés era el típico que ves en París: camisa blanca, pantalones de pinzas grises, zapatos, introvertido… Adecuado para el desierto. Los otros dos eran una pareja inglesa. La chica parecía estándar. El tipo, pelo rapado, musculoso, con pantalones anchos y camiseta con mangas enrolladas hasta los hombros, descalzo, y haciendo posturas de yoga en el sofá de Muhammad.

Mohamiñigo le cató en cuanto se sentó. Nosotros habíamos llegado los últimos y los demás habían comido ya. Nos pusimos a comer nuestro almuerzo a base de atún barato, plátano, y pan de pita, ante la atenta mirada del inglés musculado. Mohamiñigo decía que el inglés se estaba poniendo tensísimo y ya nos odiaba por estar retrasándole. Era lo que parecía.

Nos indicaron que saliéramos para montarnos en el jeep con el que atravesaríamos el desierto. Antes de que si quiera supiéramos qué jeep teníamos que coger, el inglés ya estaba montado y tenía una minitoalla de bidé en la cabeza, supongo que para no quemarse. El tipo era una especie de Robocop que miraba con desprecio nuestra desidia y movimientos lentos según su estándar.

 

DEsde el jeep se veían buenas vistas, aunque tragábamos bastante olor a gasolina

Mariyah la goza

El desierto que dejábamos atrás

Nuestro driver era un chavalillo de unos 17 años que en ningún momento de las 5 horas de jeep dejó de fumar.

Conducía con gran pericia entre la arena, mientras nosotros íbamos viendo la vasta llanura y las increíbles montañas que conformaban Wadi Rum. Arena roja y fina, paredes rojas, y de vez en cuando, solitario, un árbol.

árbol + camello, el pack.

La primera parada del recorrido fue Lawrence Spring. Al parecer Lawrence de arabia vivió también en Wadi Rum, y encontró una pequeña fuente de agua en medio del desierto que le vino muy bien para no morir. El driver nos dejó junto a una pared de piedras y una pequeña jaima, y se largó ya que se había dejado el móvil en la ciudad. Antes, nos explicó que la fuente estaba en lo alto de la montaña y que teníamos que escalar la pared de piedras. Nos pusimos a hablar con la chica inglesa, porque se iba a quedar abajo porque tenía sandalias, y así le podíamos dejar las mochilas. Un momento… dónde está robocop??!!! Dios mío! En el breve lapso en el que hablamos con su mujer, el tipo había escalado LA MITAD de la pared!!!!! Era un poderoso dios, un macho alfa, que podía trepar la pared dejando a los demás machos con su pareja, porque sabía que nadie se atrevería a acercarse a ella. Además, podría tener cuantas parejas quisiera y satisfacerlas a todas. Entonces lo comprendimos: era FALOMAN! Cuando empezamos a subir penosamente entre las rocas y bajo el sol abrasador, Faloman ya estaba arriba del todo, mirándonos con desdén… “pobres e insignificantes gusanos…”

 

La jaima donde hablamos con la chica, y la pared que se trepó faloman

Arriba estaba la famosa spring, un poco escasa, pero rodeada de cabras que sobrevivían con ese agua. Faloman ya había hecho un book a cada una de ellas, ya que llevaba una enorme cámara con todos sus accesorios, y cargó con ella (y accesorios) hasta arriba del todo.

Las vistas eran espectaculares.

 

VIstas desde la spring

 

Cuando se nos pasó el sofoco y empezamos a bajar, siguiendo las indicaciones que nos había dado el driver, y sin despegarnos de una de las mangueras que bajaban, que era una especie de guía, nos dimos cuenta de que Faloman se había ido a tomarporsaco a hacer fotos y estaba bajando exactamente por donde el driver nos dijo que no fuéramos. No importaba. Faloman podía destruir al driver con las dos manos atadas a la espalda.

Antes de partir Bayush no pudo resistirse a comprarse un kefiya palestino, que no se quitaría en todo el viaje.

 

abajo, después de adquirir el kefiya

Al montarnos en el jeep, Faloman había sacado una pera de aire y la usaba vigorosamente (Faloman hace TODO vigorosamente) en su cámara, para sacar la arena de juntas y sitios delicados. Se la ofreció a Bayush. Bayush, con miedo de perder un brazo, y con el honor de que se dirigiera a él, la rechazó educadamente y agachando la cabeza.

 

mira a otro ladoooo

Tatsuya, con kefiya y el japonés trepador también evitaban el contacto visual

El siguiente checkpoint era una duna. La arena de la duna era de un rojo vivo impresionante, y el grano era extremadamente fino. Subimos a la duna, no sin cierta dificultad, ya que te hundías en la arena. Faloman era como Legolas subiendo el Caradhras, mientras los demás se hundían en la nieve. Supongo que también tenía ojos de elfo que ven en la distancia.

 

Duna rojísima

Subiendo. En la parte de arriba, con camiseta azul, se puede ver a faloman a toda piña, seguido de su pobre y satisfecha mujer

Aquí la mujer ya no puede seguirle! (where the hell is my DoF?)

SI algún día monto un grupo de pop comercial cutre (improbable), en vez de "la oreja de van gogh" o "el menton de supu", lo llamaré "la sonrisa fotogénica de Iñigo"

Foto tomada por faloman himself!!! por eso salimos tan perfectos. Perfecto encuadre, perfecta selección de valor de exposición, perfecta profundidad de campo y perfecto equilibrio de blancos. Bueno, Mohamiñigo sale exactamente igual que siempre.

Yayyyy!

Tras hacer un poco el mono bajamos de nuevo, y nos nos vaciamos los zapatos de arena. Salía 1 kilo de arena por zapato.

Con unas vistas impresionantes, seguimos hacia el siguiente punto, un arco natural de piedra al que se podía trepar. Primero había una pared de gran inclinación, que había que subir con mucho cuidado, y después pasar por un pasadizo estrecho para trepar al arco. Evidentemente no hubo ningún tipo de problema para Faloman, que volvió a abandonar a su mujer abajo, pero lo gracioso fue el japonés urbano, por cuya vida llegué a temer. La primera pared, que resbalaba bastante la subió prácticamente arrastrándose. Parecía algún tipo de lagarto, y daba muy poca seguridad verle. Después le perdimos de vista en el pasadizo estrecho por lo que ya le dimos por caído en combate. Pero al de un rato apareció en lo alto.

Todos arriba

DEsde el arco

Complicada bajada

Otra de las visitas típicas de Wadi Rum es una zona en la que hay petroglifos hechos por nabateos. Mucha antigüedad. Tarjeta de 16gb que se le va a Faloman haciéndoles un auténtico book desde todos los ángulos posibles en modo ráfaga “claclaclaclaclaclaclaclac”. Entre tanto, Mohamiñigo conseguía su foto pose-facebook con el jeep.

Petroglifos nabateos

Para el facebookk!!!!!!

venga ahora una mas general (y luego quiero otra con instagram!)

Seguimos a ver un segundo arco, un poco más pequeño que ofrecía también unas buenas vistas, ahora que el sol estaba un poco más bajo. En este momento, que había viento, Faloman ya se había puesto unas gafas de aviador de montura metálica, cristal negro y correas de cuero. Lo que le pasara a su mujer era irrelevante: él estaba preparado para un apocalipsis nuclear, con su mochila de equipamiento, su toalla en la cabeza, su pera de aire, y sus gafas de aviador de la primera guerra mundial

El segundo arco daba buenas vistas

Si bien era un arco mucho más pequeño

Por último nos llevaron al cañón de Khazali, un estrecho cañón donde también había numerosas pinturas nabateas.

La impresionante entrada a Khazali

En Khazali conseguimos el único documento gráfico relativamente cercano de Faloman


Cuando todas las visitas estaban hechas, serían las 6 de la tarde, y nos llevaron hasta el campamento donde pasaríamos la noche. El campamento consistía en unas 10 tiendas acogidas junto a una gran roca. En frente teníamos la inmensidad del desierto, por donde de vez en cuando pasaban caravanas de camellos (otras veces jeeps).

Así estaban las zapas al llegar

La roca Mítica de Wadi Rum se veía desde el campamento

En general, mirando al desierto desde el campamento en el que no había ni electricidad, ni baños, ni agua corriente, parecía que habíamos vuelto a los años 30 o 40, Indiana Jones podía salir en cualquier momento en su caballo perseguido por unos tanques nazis.

Ha sido un placer.... señor Jones...


Nada más llegar nos quitamos los zapatos pero rápidamente nos advirtieron que no los dejáramos fuera de las tiendas ya que por la noche podían entrar escorpiones. Vaya, una nueva tentación para Bayush y su vida al límite.

Dimos un par de paseos para buscar el buen lugar del atardecer, y cuando lo encontramos elegimos una roca elevada y esperamos a que sucediera.

Nuestra roca

El atardecer no fue tan espectacular como esperábamos porque había unas cuantas montañas entre medio, pero con todo, fue como poco llamativo. Las ráfagas de fotos de Faloman serán recordadas en los libros de fotografía del futuro. Su 5D mark 1 no puede tirar más de 3 fotos por segundo, pero el tiró más de 2000 fotos en un minuto. Y en RAW!!

Atardece, que no es poco

Beduineando

Además de el, en nuestra roca se había subido un japonés (uno nuevo) que había estado toda la tarde en medio de la llanura desértica, sólo, meditando. O algo. Su grado de inmovilidad nos llevó a pensar que se había quedado seco allí. Pero de pronto apareció en la roca y se puso a dibujar el atardecer.

El japo reflexivo, dibujo y fotografió la caída

We are always three, counting my shadow, and my friend, the shimmering moon

Volvimos al campamento con la luz crepuscular, y allí vimos al tipo que antes estaba en la casa de Muhammad, Boris el Navaja, encargándose de la cena (IRantzullah pisó la cena, y así lo descubrimos). Resulta que estaba preparando el típico guiso de pollo y vegetales que se prepara bajo tierra. La lumbre se entierra y encima se pone un sistema de cazuelas en columna, y después se tapa todo. Irantzullah pasó por encima, y Boris le dijo que no pisara la cena! Nos explicó el proceso de cocinar bajo tierra, y que tenía algún tipo de relación con no hacer una hoguera que atrayese a depredadores (tradicionalmente).

Cuando la cena estuvo lista, Boris nos llamó como buenamente pudo (a gritos) y nos llevó a la jaima de cenar, con sofás y mesas. Nos fuimos sirviendo el pollo, que estaba increible, aunque sin sal.. las patatas y los vegetales.

No, no es una foto de fiesta, es una foto de la jaima, durante la cena

Faloman cenó en 3 minutos, ignorando a su mujer, y haciendo fotos de todo el evento.

Cuando acabamos, sirvieron té y Boris y Muhammad se arrancaron a cantar acompañados por una especie de banjo, y nos animaban a unirnos a los cánticos, ellos decían “blablablabl” y nosotros respondíamos “yayuuniiiiiii”, ellos “blablablabla” y nosotros “jallahhh, jallaaaah”. Pronto se unió el gordo corrupto, otro de los guías árabes que tenía pinta de político corrupto y era un poco gordo, y nos había estado dando la chapa antes. Resultó ser el más animado cantando. Mientras tanto, Faloman, había sacado su equipo estrobist: flash, paraguas blanco, disparador remoto, flash secundario, y había montado un improvisado estudio. Fotos espectaculares, con su flash, su novia florero sujetando el paraguas, en medio del desierto, sin ni siquiera luz eléctrica en la habitación. Faloman se había superado.

Nosotros salimos a la calle a contemplar las estrellas, via láctea, etc… pero la luna brillaba tanto que no se veían. Es más, la luna brillaba tanto que hacía SOMBRA!!! parecía de día! Al hacer fotos nocturnas de larga exposición se aprecia que las estrellas sí que estaban por ahí.

La luna iluminaba las chozas like a boss

En las tomas nocturnas se apreciaban las estrellas mejor

Dedicamos un buen rato a pintar con luz, con diferentes resultados

Round 1: bayush pinta su nombre con luz

Round 2: Mohamiñigo pinta su nombre (o algo). Nice try

Round 26: Irantzullah consigue pintar algo decente

venga, es hora de volver a casa..

Entre tanto faloman estaba haciendo fotos del movimiento de las estrellas. Le debieron de salir mal porque eligió mal la ubicación y le salió mucho trozo de roca. Probablemente se comería esa roca para desayunar, como venganza.

Nos fuimos a la cama, sabiendo que esa noche Faloman satisfaría a su mujer más de 10 veces, y después saldría a cazar escorpiones a manos desnudas. Había sido un buen día.

19 Jun

Jordania, capítulo 5: la ruta de la seda

Nos levantamos casi antes que el muecín. La visita a Petra debe empezar pronto si quieres evitar aglomeraciones.

Desayunamos un poco de pan de pita con cosas. El pan de pita empezaba a ser extremadamente cansino. Salimos hacia la entrada de Petra.

Como Wadi Musa está construido por y para Petra, llegamos en 5 minutos en coche, sólo había que bajar la cuesta. Al llegar al parking exterior nos dimos cuenta de que estar allí a las 8 de la mañana no era suficiente, ya había cienes de coches aparcados y un montón de turistas… Pero al menos podríamos ver las cosas sin un calor extremo.

inicio del cañón

Después de pagar los 50 jordanos por persona que cuesta entrar, aprovisionarnos de abundante agua, y sobreponerme a la tentación de comprar un sombrero de Indiana Jones, nos adentramos en el cañón de Petra. El cañón empieza bajito pero poco a poco va estrechándose y volviéndose más alto, más rojo y más liso.

Es bastante espectacular pero a veces queda deslucido por la cantidad de turistoides, turistoides en burro, y turistoides en camello. Mayormente chinos. Wadi Mujib gana, en este sentido. Se tarda unos buenos 40 o 45 minutos en llegar hasta el monumento más conocido de Petra el templo que salía en Indiana Jones y la Última Cruzada. 45 minutos de goce por el cañón.

Al final del cañón de la media luna.....

Al llegar al templo había que hacer el mono a base de bien, eso lo sabían los chinos. Petra es conocida por este templo, y la mayoría de gente que sabe de Petra sólo sabe de esta puerta excavada en la roca, que es bastante espectacular.

Puedo ver a indiana jones corriendo mientras caen cascotes

El sol asoma por lo alto del Siq

Pero la realidad es que Petra es mucho más, el estrecho pasadizo se abre un poco más adelante a un gran valle que formaba toda una ciudad en la que vivían miles de personas y por la que pasaban cientos de caravanas de la ruta de la seda, que al final sería el negocio principal de esta gente, una especie de estrecho de Panamá a la antigua. Desde donde estábamos hasta el templo más alejado había 12 kilómetros, por lo que iba a ser un día de largas caminatas.

Entrando en el valle se ven muchos más edificios tallados en la roca, con múltiples funciones

cien pesetitas la jorobita, veinte duritos el camellito

Petra había sido levantado por los nabateos, un pueblo árabe que vivió por esta zona y por Palestina hace 2000 años. Todo lo que construyeron fue excavado o levantado a partir de las paredes de roca del valle, por lo que las construcciones, templos, etc, eran básicamente cuevas muy bien excavadas y conservadas. Había también canalizaciones que recorrían toda la ciudad excavadas en la misma roca. Y en el centro del valle, cuando los romanos llegaron e hicieron una provincia, construyeron varios templos de los suyos, un cardo, una biblioteca y varios servicios más.

No hemos hecho más que llegar y ya estamos trepando como cabras

Ascenso duro, plagado de baratijas

y plagado de burros

Lo primero que hicimos fue subir a un altar de sacrificios. Excavadas por la roca había unas escaleras que llevaban a lo alto de una de las colinas cercanas. Tras una media hora de ascenso bastante duro, llegábamos a una cresta con unas vistas privilegiadas de todo el valle.

El valle a nuestros pies

De ahí veníamos

El altar estaba allí mismo y básicamente era una especie de bañera cavada en la roca (esta gente no construía nunca hacia afuera, siempre hacia adentro!! siempre embeber!)

Lo curioso que tenía el altar eran unos agujeritos que llevaban a unas canalizaciones y que después sabríamos que eran para canalizar la sangre de los sacrificios hasta la parte de abajo de la montaña. No sé que harían luego con esa sangre… :S

Y las vistas.

book a mohamiñigo

Después del altar, bajamos la montaña y seguimos viendo los highlights del valle: un teatro, tumbas excavadas (los edificios más chachis eran tumbas, y todo apunta a que esta gente vivía en tiendas de campaña a la intemperie y cuando se morían les hacían un super edificio…)

 

los cementerios de petra dan mucho menos mal rollo que los occidentales

habitación con vistas al teatro

siglos de desgaste

 

grandes tumbas

Paredes perforadas

Edificios mucho más impresionantes que el conocido

Llegamos al cardo romano hacia media mañana, y ya el calor ya era intenso y abrasador; los turistas se agolpaban en todos los centros de interés y los burros y camellos esperaban como si fueran paradas de taxis. Turistas gordas y rosas con ridículos pañuelos en la cabeza descargaban todo su peso sobre los burros, que resoplaban y rebuznaban.

Escalinata romana hacia el foro

Mariyah en pleno cardo

El foro como tal

Pequeño descanso en el templo romano, el sol ya era abrasador

Al final de la ciudad romana había una zona de ocio, con hotel, restaurantes, etc, que estropeaban un poco el encanto. Nosotros decidimos ir al monasterio de Ad-Deir, el más alejado de la puerta principal, o sea lo más lejos que se podía ir. Era una subida de 788 escalones, que parece poco pero eran una barbaridad, salvando una altura considerable, y que íbamos a hacer a la una del mediodía.

Subida (dramatización, puede que no fuera tan abrupta)

beberé té en el tenderete. en mitad de la subida.

La subida fue infernal, y en el camino nos quedamos sin agua (y sin aire). Constantemente nos adelantaban turistas gordos montados en burro (que valía 7 jordanos por persona), y adelantábamos a turistas ahogados con la lengua fuera (que no iban en burro, claro). Sin embargo a medida que íbamos subiendo las vistas eran más espectaculares.

Baratijas varias en la subida

Cuando por fin llegamos, la reventada era máxima, pero mereció la pena. El monasterio de Ad-Deir, era uno de los más grandes, mucho más que el de la entrada a Petra, excavado a muerte hacia dentro de la roca, se podía ver como se habían comido varios metros de montaña hasta el principio de la fachada. Y a diferencia de otros, que eran tumbas, éste era un monasterio. Los monjes hacían aquí una vida retirada de la estresada ruta de caravanas y el que quería su consejo y sabiduría tenía que comerse los 788 escalones.

La portada de la guía, la foto estaba tomada desde lo alto de Ad-Deir, un sitio bastante inaccesible en realidad

 

Ad-Deir, se puede apreciar en la pared lateral la cantidad de metros que se han comido para tallar el monasterio. En efecto, llegamos aquí porque era la portada de la guía. El beduino estaba subido en la corona de la fachada central

Más espectacular que el propio monasterio era una cueva que había en frente, que astutamente habían habilitado como bar de relajo, en el que servían refrescantes zumos de limón con menta a 3 jordanos! El precio era claramente excesivo, pero después de esa subida, quién demonios iba a negarse? El negocio era perfecto. La cueva tenía además alfombras, sofás y almohadas, era toda una haima, y era perfecto para relajarse después de una subida.

derrengados

Limón con menta es una buena idea

Después de más de una hora allí tirados sin decir mucha palabra, y viendo como un perrillo jugaba y molestaba a varios turistas, arrancamos hacia la ciudad romana de nuevo. La bajada estuvo aderezada con una divertida conversación sobre matrimonio-hijos-perro-casaenvalencia-monovolumen de Mohamiñigo y Mariyah.

Las vistas al bajar.

Al llegar abajo nos pusimos a comer en la zona de restaurantes, pero nuestra propia comida!!! a base de atún barato (que no estaba nada mal), y pita.. odiosa pita… quiero una baguette!!!!!

El último paseo hacia las últimas tumbas de petra

Solana post-comida

Después de comer dimos un nuevo garbeo por las tumbas, templos y edificios que nos quedaban de Petra, y tras pitusear un poco con los vendedores para sacar un kefiyah barato (no lo conseguimos), salimos por el Siq de Petra.

Eran las 6 de la tarde, así que aún nos quedaba tiempo para visitar Little Petra.

Little Petra fue en su día un barrio de la Petra original. Era un pequeño y estrecho desfiladero a cuyos lados se excavaban numerosas salas, algunas de ellas conservando frescos de más de 2000 años de antigüedad.

Por lo que vimos, el cañón era muy muy estrecho, en algunos puntos sólo cabía una persona, y se anchaba en varios lugares. Cuando llegamos vimos una alfombra roja rodeada de velas que llevaba a la primera zona ancha, en la que habían puesto un escenario, un dj, una barra de bar, y todo tipo de comodidades para dar una fiesta!! No tenía mucho sentido, luego nos enteramos de que era una fiesta privada para un grupo de españoles…

El estrecho y carcomido desfiladero de Little Petra

Seguimos por el cañón y las pequeñas cavidades hasta llegar a un barranco donde acababa abruptamente. Desde el barranco podían verse las montañas que ocultaban Petra. En el claro que se abría había unos tipos vendiendo baratijas que decían vivir ahí y ser libres como el viento, y charleta comeflores barata… Nos intentaron colar que eran espíritus libres y que no necesitaban vender nada y blablabla. Luego les vimos por el centro de la ciudad de Wadi Musa haciendo otros negocios…

El barranco al final de Little Petra ofrecía buenas vistas

Cuando Mohamiñigo consiguió comprar la baratija que quería, tiramos hacia Wadi Musa para darnos una gran ducha antipolvo y cenar muy muy bien en un restaurante cercano al hotel.

No fuimos muy tarde a dormir ya que al día siguiente de nuevo tocaba madrugar para ir a Wadi Rum.

31 May

Jordania, capítulo 4: el Incidente Bayush

DISCLAIMER: Coge aire porque creo que ésta es la entrada más larga que he escrito nunca. (3113 palabras, cuando lo habitual son 1200 ó 1500)

Fue un plácido amanecer en Madaba, uno de los pocos en los que no teníamos prisa. El día 4 consistía en ver la fortaleza de Al Karak y terminar en Wadi Musa, habiendo recorrido una buena porción del país, ya que Wadi Musa era el punto de partida para visitar Petra, al día siguiente.

Como no había mucho planing, pensamos en hacer una ruta por Wadi Mujib. Se trata de un cañón de altas paredes lisas y sinuosas, y por la parte de abajo pasa un río. La parte alta es desierto pero tiene bastante riqueza natural, y el avistamiento clave son los íbices. Wadi Mujib ofrecía varias rutas diferentes, con diferentes duraciones y dificultades. Todo pintaba muy bien hasta que el día antes, durante la sheesha Mariyah leyó la guía y se dio cuenta de que salvo la ruta de los íbices por la parte alta del cañón, todas las rutas eran “húmedas”. Y con húmedas no se referían a musgo en las paredes, si no a que ibas por dentro de un río, cubierto de agua hasta el pecho, y en ocasiones nadando.

Esto tenía algunas implicaciones más, al ir atravesando un río tenías que subir y bajar en ciertos momentos algunos bloques de piedras y cascadas, con cuerdas y haciendo un pequeño rappel. La noche anterior esto había generado una pequeña polémica. Mohamiñigo e Irantzullah no sólo no veían problema si no que les apasionaba la idea; por otro lado Mariyah había tenido malas experiencias con el rappel y este tipo de excursiones y creía que lo iba a pasar mal, y Bayush no tenía el calzado adecuado, y no quería estropear sus zapatillas técnicas. Además estaba el tema del frío, ya que la guía decía que el agua estaba muy fría y que había que arrastrarse en varios momentos.  Había ciertas reticencias. Sin embargo la decisión fue ir, verlo, informarse bien, y si nos convencía lanzarnos a la ruta húmeda corta, ya que las largas eran demasiado largas (y caras porque necesitaban guías); si no a por la ruta seca.

Monte Nebo, siempre monte Nebo

Bajamos pues la carretera del monte Nebo, siempre en contra de la opinión de Mariyah, para llegar a la carretera del mar Muerto. Unos cuantos kilómetros más adelante se encontraba la entrada a Wadi Mujib, un pequeño recinto con mapas de la reserva natural y un tipo simpático en el mostrador. Rápidamente nos explicó que la ruta húmeda corta era muy fácil, no tenía riesgos y yendo con dos tipos como nosotros no tendrían nada de que preocuparse. También nos dijo que había que dejar en el coche todo cuanto fuera susceptible de estropearse o perderse en la corriente, incluyendo gafas de sol. También dijo que vendían zapatos adecuados para río, por lo que las dudas de Bayush se disiparon de inmediato. Las de Mariyah seguían ahí, pero decidimos intentarlo. Mohamiñigo aseguró que pararíamos en caso de que la cosa estuviera mal o Mariyah lo pasara mal.

Bayush, decidió llevar sus gafas, no las de sol, pero las de ver. Con algo tenía que ver. El vacilón tipo del mostrador le dijo que las llevara sólo si no le importaba perderlas. Qué demonios, pensó Bayush, cómo voy a perderlas??

Así se inició el recorrido de Wadi Mujib. Al entrar en el cañón la sensación era impresionante. Paredes altísimas, pulidas, rojas, y entre medio el río, con corriente fuerte, verde azulado. Al principio no hacía falta ir por dentro así que lo íbamos evitando, pensando en el frío. Veíamos a gente bajar y, pudiendo ir por las esquinas, iban por el centro del río tan tranquilos. Gente dura, pensamos.

Tinoniiii no niiii tinoniii no niiiii ti no niiii no ni no niiiiiii (música de jurassic park sonaba cada vez que entrábamos en un cañón)

Pero cuando empezó a ser algo obligatorio el ir por dentro del río nos dimos cuenta de que frente a lo que decía la guía el agua no sólo no estaba fría, si no que estaba bastante caliente. Era agradable, refrescaba del calor exterior pero estaba calentita. Al principio sólo metíamos los pies por las esquinas, pero en cuanto nos hicimos, lo más divertido era ir por el centro, luchando contra la intensa corriente.

fue una lástima disponer sólo de la cámara acuática

Llegaba un momento en que no había orillas y había que ir por dentro

El cañón era simplemente espectacular. No sabías si mirar a las rendijas en frente, por donde teníamos que pasar, al cielo engarzado entre paredes, o meterte un poco más en el agua.

Mohamiñigo y su sonrisa estándar

Todo iba muy bien hasta que encontramos las primeras rocas. De pronto en medio del cauce, unas rocas bastante altas impedían el paso, y había que hacer varias maniobras relativamente complicadas para subirlas. El agua caía con fuerza y te arrastraba hacia abajo. Por suerte, en los puntos complicados había unos tipos, trabajadores de la reserva natural, que te decían dónde pisar y cómo hacer las partes complicadas.

una de las zonas de rocas sencillas

La sensación de trepar por las rocas mientras te cae el agua a chorro es increíble. Había una mezcla de emoción y adrenalina mientras subías, sin equivocar la pisada, agarrando la cuerda en el punto adecuado… Mariyah sin embargo no pensaba lo mismo, pero se sobrepuso y pasó la roca sin problemas.

Unas rocas un poco más complicadas

A partir de ese momento tuvimos que escalar 4 ó 5 rocas más, algunas bastante más complicadas que la primera, pero igual de emocionantes, con el añadido de que cada vez cubría más en el río y cada vez había más corrientes. Después de unos 40-45 minutos ascendiendo entre agua, llegamos al final del recorrido corto. Se trataba de una cascada de unos 3 ó 4 metros de alto, que rompía con fuerza en la poza donde nos íbamos a meter de cabeza.

Así que podías pasar tranquilamente por debajo de la cascada y a su parte posterior. Supuestamente la ruta húmeda larga ascendía la cascada y seguía subiendo río arriba, aunque es difícil decir por dónde.

Dentro de la cascada

La zona de la cascada era espectacular, y muy divertida. Te tumbabas en el agua justo en la base de la cascada y la corriente te llevaba bastante rápido 15 ó 20 metros hacia el río. Con el chaleco salvavidas sólo había que flotar. De hecho, quitando las zonas de rocas, Irantzullah se bajó todo el Wadi Mujib así, flotando de un sitio a otro y arrastrada por la corriente. Ibas andando por el río y aparecía allí flotando y te adelantaba.

Después de un buen rato haciendo el mono en la cascada, iniciamos el descenso, con nuevas emociones en las zonas de rocas, ya que bajarlas era más complicado que subirlas. En una de las rocas, hubo un momento de tensión cuando Mariyah se quedó paralizada por la angustia, y tuvieron que ayudarla. Al intentar ayudarla, el bikini se rompió!! Cuando bajó, lejos del miedo, lo único que le preocupaba era que se hubiera visto algo, pero gracias a la camiseta y al chaleco no pasó nada. Se pudo amarrar provisionalmente el bikini, pero la tensión estaba ahí.

La penúltima zona de rocas sin embargo, aunque era complicada de bajar, tenía una roca bastante alargada y resbaladiza que parecía un tobogán. Además la zona de abajo era una poza relativamente profunda. Así que el tipo que estaba allí y nos vio bien, nos dijo que probáramos el tobogán, para hacerlo más rápido y divertido. Bayush, cámara acuática en cabeza, y motivación en ristre se lanzó el primero.

Cuando salió del agua, ni cámara… ni gafas!! Allí estaba, en una poza que cubría por el pecho, habiendo perdido la cámara acuática, y sin gafas, por ende, sin ver un carayo. Los demás estaban arriba. Unos americanos se agolpaban metros más abajo. Bayush tanteaba a ciegas el fondo de la poza intentando encontrar algo, pero no había más que cantos en movimiento, ya que la corriente era bastante fuerte. Al cabo de un rato una americana le dijo que había encontrado la cámara.  Algo era algo, pero Bayush seguía sin ver un pimiento. Las gafas no aparecían y cuanto más tiempo pasaba más daba la sensación de que aunque las encontraran estarían destrozadas. Cuando fueron llegando los demás, Bayush decidió dar por perdidas las gafas, tal como el tipo de la recepción le había dicho.

Así, Bayush tuvo que bajar el resto del cañón sin ver demasiado bien.

Bajando Wadi Mujib

Cuando ya estaban en la zona baja, llegaron a una zona de rocas pequeñas que tenía una pequeña prominencia de tierra en uno de los lados. Uno de los trabajadores de la reserva se quedó muy quieto señalando la zona de tierra. BAyush, que no veía un guano, salió del río para subirse a la zona de tierra, ya que pensaba que el tipo le estaba indicando que esa era la zona para pasar. Las piedras no parecían peligrosas, eran pequeñas y se salvaban de un salto, pero igual había corrientes o algo.

El tipo, que no hablaba inglés, seguía apuntando al suelo, haciendo gestos con la cara y sin decir nada. Bayush miraba al suelo y no había nada más que un pedazo de cuerda pequeño. Miró al tipo.

Gráfico de situación

El tipo no hacía nada, más que señalar al suelo una y otra vez, y abrir mucho los ojos. Bayush no entendía, así que pensó que le estaría diciendo que cogiera la cuerda. No sabía muy bien, la cuerda parecía pequeña y la zona no parecía requerir de una cuerda para bajar, pero bueno, el tipo estaba tan insistente que por algo sería.

Cuando Bayush cogió la cuerda entendió todo.

No era una cuerda.

La serpiente de color ocre se revolvió en las manos de Bayush, que sintió algo escamoso, y blando pero con cierta rigidez moviéndose. No dio tiempo a nada más. Bayush pegó el salto de su vida y al instante siguiente estaba en la otra orilla del río. El tipo gritaba algo en árabe y cuando Bayush se giró vio a Mohamiñigo con los ojos y la boca abiertos hasta casi rozar el suelo. Irantzullah diciendo “Pero qué haceeeeessss!”. El tipo corrió a preguntar si había habido picadura. Todo estaba bien. La sensación de repelús y de poca confianza sin embargo se multiplicó por mil.

Éste fue el Incidente Bayush.

El resto del descenso del cañón, fue una suma de vaciles, Mohamiñigo repitiendo una y otra vez lo flipado que estaba, y “cuando cuente esto no se lo van a creer…”, aderezado con Irantzullah flotando a nuestro lado esporádicamente.

"Pero venga hombre, es que nunca habéis cogido un áspid del desierto con vuestras propias manos?", dijo Bayush sin saber muy bien a donde mirar, ya que no veía nada

Llegamos al coche, Bayush se puso sus gafas de sol graduadas y seguimos el camino hacia Al Karak.

No tardamos demasiado en llegar hasta Karak. Las coñas habían sido una constante en el coche “síii, clarooo, seguro que encuentras ópticas en Karak!” “te van a hacer tres pares de gafas…” Karak es un gran macizo que se impone sobre los valles a sus lados, y la ciudad se arremolina por sus laderas, recordando a algunas ciudades de Nepal. En la primera cuesta en la que había edificios vimos 3 ópticas seguidas! Terrible. Luego las visitaríamos. De momento la idea era conseguir llegar en ese remolino de callejuelas estrechas y empinadas hasta la fortaleza de los cruzados, que era el auténtico checkpoint de KArak.

La carretera retorcida de Karak

Todo estaba bien indicado y encontramos la fortaleza, de modo que antes de entrar fuimos a comer a uno de los sitios recomendados de la guía. Un nuevo éxito! Junto a la fortaleza y por poco dinero comimos un cordero exquisito, con abundante pan de pita, que casi no nos repitió por la tarde. El pan de pita empezaba a rayar.

Seguido salimos a la visita de la fortaleza cruzada, una fortaleza realmente impresionante y grande. Un chavalillo nos asaltó cerca de la entrada para vendernos chicles. El chico se lo curró tanto y fue tan majo que acabamos comprándole un paquete por un jordano. Pero el nos dio un paquete a cada uno.

El niño de los chicles. Saludar siempre

Entramos a la fortaleza y entendimos por qué los cruzados habían construido aquí. Se controlaban todos los valles y montañas anexas. Eran unas vistas espectaculares. Y además se habían currado bastante el tema. Más adelante sabríamos que la fortaleza, a parte de soldados había alojado a varios millares de caballos y a unos cuantos elefantes.

La fortaleza cruzada ocupaba lo más alto de Karak

Empezamos la visita y se nos acopló un autoguía. Tipos que sin que tú les digas nada se te acoplan y te empiezan a explicar cosas, a cambio de que luego les des algo. Éste fue majo, nos explicó algunas cosas y nos dijo que si queríamos seguir con él eran x dinares. Le mandamos al guano educadamente.

Según entrabas a la fortaleza había unos calabozos con luz natural

Sin embargo, un amigo del guía original se nos acopló de nuevo, y empezó a explicarnos cosas, sin preguntarnos si queríamos guía. Por un lado está bien enterarte de algunas cosas, pero, como ya nos había pasado otras veces, estos guías que se autocontratan, hacen todo el recorrido a toda piña, no te dejan ni respirar, no tienes tiempo para hacerte fotos a gusto (menos aún si tienes que medir para tirar en modo manual). Sin embargo no captó las indirectas. Así que a cambio de ver el castillo en cero coma dos, tuvimos cierta información útil sobre sus estancias

El auto guía

Así, nos enseñó diversos comedores (curiosos porque tenían agujeros para tirar los restos de comida, que iban a pisos inferiores, que podían ser celdas o sitios para animales), habitaciones, un baño gigante, y el sistema de tuberías, complejísimo y bastante elaborado, ya que estaban excavadas en la roca.

Caballerizas

 

Las vistas desde los patios superiores eran increíbles. Cuando ibas bajando era todo cada vez más oscuro, pero aún así se curraban estancias enormes.

Después de la visita en modo Flash, el tipo nos pidió pasta, que no le dimos. Y nos miró mal.

Cuando nos libramos por fin del beduino pesao, Mohamiñigo se pone a hacerle fotos!

Cuando nos libramos de él volvimos dentro del edificio y revisamos varias de las estancias, incluyendo una galería de celdas y una iglesia bizantina por las que habíamos pasado fugazmente.

POr fin libres!!

Cuando salimos de la fortaleza, fuimos a la óptica, que no estaba demasiado lejos, sólo había que bajar una calle y listo. Era un poco surrealista entrar en una óptica de este pueblo perdido y preguntar si me podían hacer unas gafas para miopía, sin hacer medición ni nada, y al momento. Fue mucho más surrealista encontrar que en efecto PODÍAN! El tipo me dijo que sin problema, me enseñó unas monturas, me dijo el precio, que sólo era de 18 jordanos, incluyendo cristal (18 euros unas gafas nuevas!!!!!), y que me las hacían en una HORA!!!! Como las fotos de antes!! Sus gafas a medida en una hora!! Para que luego hablen de subdesarrollo.

Gracias a la óptica, pudimos conocer el bazar de Karak, auténticamente jordano, Mohamiñigo pudo arreglar su chancleta en un zapatero local, y estuvimos sentados en un banco viendo el estilo de vestir de las jordanas, muy tapado pero a la vez bastante elegante, con zapatos de tacón, y muchos pañuelitos y chorradas. Los jordanos las miraban intentando adivinar algo de lo que no se veía.

Las gafas eran estupendas, salvo que al no tener el tratamiento anti brillo a veces salían brillos. Pero estaban al nivel de cualquier gafa occidental.

Tiramos hacia Wadi Musa, que estaba bastante lejos y teníamos una buena tanda de autopista del desierto.

Atardecer desértico

Tiri tiri, tiririririiii, tiri tiri, tiririririririiii, tari tari tariririrariiiii, ta-ti-to-tiiii

Wadi Musa es la ciudad que se construyó alrededor del turismo de Petra. Es una ciudad originariamente plenamente turística. Como Petra está en en lo más bajo de un desfiladero, Wadi Musa está en pendiente, en la ladera de un monte. Al llegar bajamos una buena cuesta y hacia la mitad de la misma estaba el Cleopetra, nuestro hotel para las dos siguientes noches. Cleopetra es uno de los sitios míticos para dormir al visitar Petra. Su dueño, Mosleh (o Mosles, como decía Irantzullah), en cuya tarjeta ponía “Mosleh, Peace Maker” era un tipo agradable, un poco hiperactivo y muy muy hospitalario. Nos acogió y nos enseñó las habitaciones, que no tenían nada que ver con las que habíamos visto en cualquier otro sitio, aunque Cleopetra era el hotel más barato que habíamos visitado. Eran auténticas habitaciones de lujo, con baños que tenían una ducha entera (no un grifo y un desagüe en el suelo).

Fuimos a por un poco de comida para el día siguiente, tarea compleja en un país que sólo come pita y cordero. Conseguimos comprar pita y unas latas de atún y volvimos a Cleopetra, donde Mosleh nos dijo que podíamos cenar allí mismo.

La cena estaba correcta, pero nada del otro mundo. Fue un poco liada, ya que la cena no era barata. En Wadi Musa hay muchos sitios en los que cenar mucho mejor por mucho menos dinero. Sin embargo, la cena era en bancos corridos, en mesas comunes, e invitaba a hablar con otros huéspedes. Estuvo bien conocer a Tatsuya, un japonés que estaba visitando el país en tiempo récord, y que al día siguiente también iba a Petra.

Tras la agradable cena, nos fuimos a dormir en aquellas estupendas y nuevas camas, ya que para ir a Petra, si no quieres encontrarte con 200000 turistas, hay que levantarse muy muy pronto. En nuestro caso, 7, para estar allí a las 8. Luego descubriríamos que los cracks llegan allí a las 6 de la mañana, pero esos son auténticos castas.

 

24 May

Jordania, capítulo 3: Flotaré, oh oh

Y llamó Dios a lo seco “tierra”, y al conjunto de las aguas lo llamó “mares”; y vio Dios que estaba bien. Parece que el tercer día se hicieron mares y tierras, según cierto compendio de libros. El mar que íbamos a visitar en nuestro tercer día de viaje parecía haber sido olvidado de la creación de vida de dios… y eso que no podía estar en tierra más santa…

Tras el ya clásico desayuno basado en pita y huevos duros, salimos al primer checkpoint del día, la iglesia bizantina de San Jorge en la que estaba nuestro albergue de peregrinos! Esta iglesia es un referente dentro de la iglesia ortodoxa ya que tiene un mosaico que es la representación cartográfica de Jerusalén y alrededores más antigua que se conoce. El mosaico es todo un mito y de hecho se conoce como el Mapa de MAdaba, y representa la ciudad romana de Jerusalén, con su ya tradicional cardo, el mar Muerto, Arabia y cuenta la leyenda (la leyenda al pie del mapa) que en una esquina aparece Egipto, aunque yo no lo indentifiqué muy bien

el Mapa de Madaba

Mariyah vestida de Harry Potter porque las reglas de recatación no le permitían entrar con sus short-shorts

Dorados varios del mundo ortodoxo

La iglesia era bastante pequeña, una visita de 15 minutos debería bastar. Salimos pues para el monte Nebo. Este monte está muy cerca de Madaba, a unos 10 minutos en coche y presuntamente es donde dios le enseñó a Moisés la tierra prometida, después de 40 añazos haciendo el mono por el desierto. Después de ver la tierra prometida, palma, porque ya tenía 120 tacazos y no estaba para bromas. Ya se la podía haber enseñado antes, que desde el mar Rojo que cruzara para escapar de Egipto hasta aquí sólo hay 300 km (aunque al parecer cruzaron por abajo y fueron 1000km).  Esto me suena a Scumbag god

Scumbag God - te hace vagar 40 años por el desierto cuando encuentras la tierra prometida palmas

Anyway, lo bonito del monte Nebo, mitologías a parte, es que se ve todo el valle del Jordán, e incluso se puede ver Jerusalén en un día despejado (que está a tomar por saco en realidad). Tal como pensábais, no fue un día despejado…

De fondo se puede ver el día exquisito que nos salió

PIedras conmemorativas de la custodia franciscana ¿?¿?

El bonito, y cubierto valle

El monumento mítico a Musa (Moisés en árabe es Musa, mola mucho más!)

En realidad hacía sol (y qué sol!), pero había tanto polvo en suspensión que no se veía casi ni el valle del Jordán.

El Jordán y la tierra santa. Será maná eso que ha puesto el cielo marrón?

Aún así, sin vistas, el monte Nebo es un “montículo aburrido” (como nos diría un jordano hiperactivo unos días después), pero merece la pena hacer la visita (y pagar los pocos jordanos que cuesta la entrada). Además, hay un templo para visitar (que estaba en obras…) con mosaicos y frescos interesantes. En nuestro caso los mosaicos los habían sacado fuera, a una tienda de beduinos para poder hacer la reparación del templo, así que no nos los perdimos. También hay un olivo plantado por Wojtyla y unas cuantas figuritas de diversos acontecimientos judeo-cristianos.

Los olivos varios, probablemente el de Wojtyla esté por ahí

Más piedras, en este caso judías.

Cuando ya no quedaba mucho por ver, nos lanzamos carretera abajo hacia el valle. El monte Nebo está a 817 metros, y el valle del Jordán está por debajo del nivel del mar, por lo que el descenso se hacía por una carretera enroscada, empinada y complicada.

Sólo el principio de la carretera

La mítica carretera del monte Nebo, que comenzó como una scenic route, y acabó siendo la carretera por la que más veces pasamos, a pesar de la reticencia de Mariyah.

Checkpoint camello. En el medio del monte Nebo había unos camelleros, que estaban justo antes de un control del ejército, por lo que era una especie de referencia que teníamos para saber dónde estábamos

Los camellos dieron mucho juego

Que quieres pasar por aquí? Tengo cara de que me importe?

pppprrfrfrfrfrfr

El destino no era otro que Betania, lugar donde presuntamente se bautizó a Jesús. Iba de santería la cosa, el día 3. Cuando llegamos a Betania, desde la carretera del mar muerto estaba constantemente anunciado descubrimos que donde se dejaba el coche estaba bastante lejos del sitio bautismal, y que había que pagar nada menos que 15 jordanos por persona para que te montaran en un autobús y te llevaran hasta el sitio. 60 jordanos para ver el agua sucia del Jordán era un poco excesivo, así que decidimos huir hacia las playas del mar Muerto, que iban a dar mucho más juego.

El mar Muerto es más bien un lago, con sólo 16 km de ancho y no mucho más de largo… Aun así, lo que cabe esperar es que haya playas (o algo similar) donde puedas entrar libremente. Pero no, las playas del mar Muerto (y las del Rojo veríamos que también), son privadas! Un megacomplejo hotelero acapara la zona de playas y para poder usarlas tienes que entrar pagando en uno de los hoteles, con sus respectivos spas. A parte de esto, hay una playa pública (de pago) de la municipalidad de Amman, y ya está. Si quieres entrar al mar Muerto por otro lado tienes que comerte un super acantilado o cosas peores. No está fácil la cosa. Una de las playas privadas estaba recomendada por la guía, la que estaba dentro del hotel Mövenpick. Cuando fuimos a entrar, susto! 60 jordanos (1 JOD=1€, más o menos) por entrar! 60 por persona!!!! Es cierto que podías usar los servicios de spa pero 60!!

Como había más hoteles fuimos a probar al Marriott… pero en el Marriott, 50 jordanos por “only swimming”!!! Esto era peor aún, sólo acceder al mar 50 euros! Si querías spa eran 2o o 25 jods adicionales!!! Tras la desmotivación inicial arrancamos hacia la playa pública de Amman, que estaba un poco desrecomendada. Al menos sólo costaba 15 jordanos entrar.

Cuando entramos vimos que la cosa no estaba nada mal, es un pequeño complejo con piscinas, duchas (fundamental si te vas a bañar en un agua tan salada), restaurantes y algunas tiendas. Además en la zona de la playa estaba el mítico señor poniendo betún a la gente, que supuestamente servía para dejar la piel fina y blablabla (tecnoverborrea de spas y balnearios)

a la bartollah!

 

No tardamos nada en lanzarnos a las cálidas aguas del Mar Muerto. La experiencia de bañarse en un sitio un 24% más denso que el agua pura (de 1000kg/m3 a 1240kg/m3), es impactante a pesar de que te lo esperes. La alta densidad, además de hacerte flotar, hace que el agua parezca aceite. Realmente parece que te estás metiendo en un pozo de aceite de girasol. Es una sensación un poco rara y bizarra.

Al margen de esto, el tema de flotar es bastante risas y puedes ponerte en posición de vivir por un periodo indeterminado sin hacer ningún tipo de esfuerzo, aunque si estás mal fabricado, como yo, es complicado permanecer boca arriba y te das la vuelta solo. Darse la vuelta es un poco arriesgado porque en teoría no debería entrarte nada de este agua en la jeta, ya que si te toca los ojos puedes ver las estrellas y la galaxia entera. No obstante había algún chino por allí que se estaba dando unos buenos chombos cabeza incluida. No quiero ni pensar lo que sería después sacarle la sal de la melena. Tampoco es un sitio muy apto para nadar, pero es que realmente no invita a nadar… es como si te tumbas en una hamaca, pues la hamaca no te invita a nadar.

postura antivuelco perfeccionada, como los autobuses

bayush el socorrister

-Mohamiñigo, no sé cómo decirte esto pero... no hemos traído ningún periódico.... +NOOOOOOOO!!! LA FOTO DE POSTURA NOOOOOO!!!

 

Después de estar un buen rato flotando por allí (en ocasiones con silla incluida),

y de hacer el mono todo lo que daba de sí, nos dimos cuenta de que era un poco tarde por lo que fuimos a la zona de hamacas de arriba para comer. Hoy era un día especial, ya que en previsión de que comer aquí iba a ser caro, habíamos comprado comida antes! Y no había pan de pita en el menú! Brutality! Sin embargo el menú se redujo a unos cheetos, unos panes de ajo, algo de fruta y un poco de chocolate. No habíamos caído en la cuenta de que comprar embutidos aquí no era algo trivial.

La zona de comer estaba un poco elevada

Quién dijo dos horas de digestión?

Tras unos pequeños chapuzones en la piscina, que no estaba nada mal, nos lanzamos de nuevo a probar las salinas aguas. Pero esta vez, Mariyah, Irantzullah y Mohamiñigo se atrevieron a embadurnarse con el betún (a sólo 3 jordanos por persona :S). Esto aunque parezca muy de spa, no era nada glamuroso. Era un pote con betún que parecía de zapatos y lo ibas cogiendo plotch plotch, hala, a ponerse por todo el cuerpo.

hummm delicioso betún maloliente!! ponme más!!

El último mohamiñigo

La pinta y el olor eran bastante chungos por eso Bayush se abstuvo, pero los otros tres intrépidos no tuvieron inconveniente. Es más, Mohamiñigo quería parecer un auténtico etíope, y se tapó hasta los agujeros de la nariz. Nada podía quedar blanco. Luego sería unas risas quitarlo.

podría tratarse perfectamente de una gaviota tras una marea negra

la guerrera del antifaz, pero al revés

ya soy etíope??

Después de un buen rato poniéndose engrudo y reposándolo, la cosa se solidificó.

el repose del engrudo

Parecían zapatos, y daban un poco ganas de pasarles un cepillito para dar lustre. Fue el momento de quitarlo en el Mar Muerto.

La cosa no salía! la primera capa se iba rápido pero después se quedaba la piel negra y con rayas. Por no hablar de los bañadores. Se habían perdido para siempre!

Costó bastante quitar toda la roña del betún, y tuvo que acompañarse de una intensa ducha y de un bañito en la piscina. Un rato más de relajación allí y salimos hacia Madaba de nuevo, para darnos una ducha en condiciones, con jabón abundante y quitar toda la sal y pegajosidad del cuerpo.

Como no podía ser de otra manera, tras la épica ducha, cayó una pipa en Madaba, en el mítico sitio. Después claro, de  un wrap de cordero (con pan de pita), que nos supo a auténtica gloria. Como los kebabs de aquí pero sin la sensación de estar comiendo basura.

una alegre discusión sobre canyoning ante la pipa de menta y limón

El día 4 era un día tranquilo, por lo que Mohamiñigo tenía intención de hacer una ruta por un cañón. Descubrimos que era una ruta húmeda (vas por dentro de un río) y que igual había que hacer un poco de rappel.. Esto fue algo polémico y tuvimos un pequeño debate sobre si debíamos hacer esa excursión o no. Lo dejamos todo en el aire. Mañana era el día.

Hoy a dormir, a ver si no se oía mucho al muecín.

 

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