09 Sep

Nepal-Tibet. Capítulo 5: El retorno de TsongKhapa

El quinto día amaneció con el muecín, de nuevo. Desayunamos Pokharlos, Tse-dhano y yo, mientras Xhabitse e Iñigorkha no aparecían. Finalmente, a las 9, hora a la que habíamos quedado con Tapón, aparecieron a desayunar, ya que no les había sonado la alarma. Así que con este retraso tuvimos que presentarnos a nuestro nuevo guía. Sí, nuevo. Según Puchuk (así sonaba su nombre, a saber como se escribía), a Gyatso le habían guindao el día anterior la mochila, con todos sus documentos, incluyendo identificación personal, id de guía, y quién sabe si algún permiso más requerido por el opresor sistema. Según nosotros, le había caído la ira de los dioses por dejarnos tirados el día anterior.. quién sabe. El caso es que hoy venía Puchuk con nosotros, y mañana nos ponían uno nuevo. Ala, 3 guías en una semana. La cuestión es que Puchuk era el dueño de la compañía de guías, y se había hecho cargo mientras solucionaban los temas. Era un hombre ya viejuno, a diferencia de los otros que fumaba de forma perpetua, salvo en los templos (si no caían 60 al día no caía ninguno), y con voz grave y tensa que estaba constantemente metiéndonos prisa. Eso sí, creo que es el tipo que mejor nos explicó el budismo, más a fondo y con más pasión. Hasta el punto de que en algún momento el grupo de las valencianas, con el que coincidíamos en todo momento, paraba al lado nuestro para escuchar a nuestro guía, ya que su guía era mucho más inexperta.

Árboles invadidos, cerca de Drepung

La primera visita del día fue al monasterio de Drepung. Estaba a unos 20km de Lhasa, y allí nos llevó el Driver. Este monasterio es uno de los más míticos del budismo, al igual que Jhokhang, porque es uno de los 3 grandes monasterios-universidad de Tibet, donde los monjes se instruyen. Los otros dos son Ganden y Sera. Al parecer Drepung es el más auténtico porque es de la escuela Gelupka, que es la mística y buena… aquí Puchuk nos contó batallas mil sobre la orden y las diferencias con las otras órdenes pero sólo me quedé con que son los que llevan un sombrero amarillo.. o algo así. También era importante porque lo habían fundado los discípulos de Tsongkhapa, el fundador de la orden y uno de los maestros de budismo más importantes. Bueno, wikipedia rulz.

Si entendí bien, la pared había sido pintada por el mismísimo TsongKhapa

El monasterio era bastante impresionante, como todo lo relacionado con la religión. Los rodillos habituales de la entrada eran dorados en vez de de madera, y los interiores se conservaban impecables y espectaculares.

Una de las cosas que vimos fue una sala de reuniones, creo que era para meditar, gigante. Cabían 2000 monjes cómodamente. También nos enseñó una cocina en la que había un caldero de un tamaño que podía hacer comida para 1000 personas. Era enorme. También había salas gigantes llenas de libros que no podía usar nadie más que los monjes

Drepung, otro templo más

Lo que también aprendimos aquí es que los monjes no hacen nada más que estudiar. El estado les da pasta, los fieles les dan pasta, y para comer, los fieles les llevan comida!. Si se juntan con mucha comida, hacen un banquete por todo lo alto…

Peregrino portando un sacrifici... eeeeee... peregrinos que van a orar en paz al monasterio

El monasterio tenía a su vez templos dentro, que también visitamos, una vez más con miles de budas enormes y dorados, dinero por el suelo, etc. Allí, tras muchas preguntas sin ningún tipo de interés, Bayupur lanzó a Puchuk la pregunta clave: cómo demonios se elige un nuevo Dalai Lama. Puchuk nos explicó que cuando el Dalai Lama actual está a punto de morir escribe las circunstancias del próximo Dalai Lama. Esto puede ser un poema, un relato, o incluso una canción. De acuerdo a estas circunstancias (ciudad, época del año…) se va cerrando el círculo sobre el que podría ser el candidato. Después, cuando se tiene unos pocos, normalmente niños pequeños o myu pequeños, se les hace pruebas del tipo, te doy todos estos bastones, cual coges, y el crío coge el del Dalai LAma, no hay duda, es él (algo así como lo de las copas en el final de Indiana Jones y la última cruzada, pero sin vivir eternamente).

Un tipo que probablemente no llegará a DAlai Lama

Drepung las ha pasado canutas, fue cuartel para soldados durante la invasión china. Los soldados hacían toda la vida dentro, por lo que hay diversas paredes del templo ennegrecidas por humo, o incluso destruidas por la guerra.

Txiriburzios giratorios omnipresentes

Depués de ver el monasterio y a sus viejos arrugaos en busca de la World Press Photo, nos fuimos a comer a la plaza Barkhor, la del centro de Lhasa.

Barkhor PLatz, una vez más

Allí Puchuk nos llevó a un buen restaurante occidental, donde comimos bastante bien. Iñigorkha no pudo evitar pedirse una Lhasa beer. Yo me abstuve por aquello del alcohol y la altitud, pero de haberlo sabido… La Lhasa beer casi no es alcohólica… casi no es cerveza! es tan transparente que parece una clara.

La cara de alcoholizao, de seguro que no es por la cerveza

Por la tarde volvimos rápidamente a la zona de Drepung, donde se celebraba…. EL DEBATE!

PAtio del debate

El debate consiste en un patio trasero con árboles y piedritas en el suelo. Tras 7 horas de estudio, los monjes salen al patio. Los viejos y sabios se sientan. Los jóvenes de pie, preguntan cosas, bajo un sistema bastante peculiar.

-ocho por cinco? -cuarenta -aaaala

Mejor verlo:

http://vimeo.com/14802974

La palmada se da para hacer la pregunta. El tipo sentado responde, pero a menudo la respuesta es insuficiente por lo que el otro le pregunta otra cosa. Y así sucesivamente. Por lo que nos contó Puchuk, las preguntas van sobre filosofía budista, mayormente y al final del debate, todos se quedan igual, ya que nadie ha respondido nada con certeza. Bastante curioso que hagan esto todos los días después de estudiar 7 horas. Bueno que tanto estudio generará dudas, eso está claro…

Este tipo era tan sabio que no llevaba ni túnica oficial

Afueras de Drepung. Los críos nos miran flipaos

Pokharlos no pudo resistirse a hacerse la marquita nariguera que hacían a los niños en el templo

Tras el debate Puchuk nos llevó de nuevo a Barkhor para que pudiéramos hacer las últimas compras… pero acabamos hasta el moño de las compras y decidimos volver al hostel a descansar. De camino, el monzón llegó de nuevo y nos metimos a una gran tienda a esperar a que pasara, donde cómo no, nos encontramos con las chicas valencianas. Tras una larga conversación, acabamos quedando para cenar.

Arriba: Patricia, María, Ana, Ana. Abajo: No me sé los nombres. El del medio creo que es un mendigo que pasaba y se coló para la foto.

Horas después de dar vueltas por Barkhor y hacer el mono en el hotel, fuimos a cenar a un restaurante que estaba junto al de las camareras que no hablaban inglés. Éste fue mucho mejor, cenamos pizza y hablamos largo y tendido con las chicas valencianas, en mi caso, principalmente de viajes. No sé qué comentarían los demás. No nos fuimos a la cama demasiado tarde, mañana esperaba el nuevo guía y la esperada subida a 5000 metros. Empezábamos a tener que encarar la altura…

03 Sep

Nepal-Tibet. Capítulo 4: Panorama para rezar

Cantó el muecín. Sin haber amanecido. Maldita sea. El hotel Flora estaba junto a la única mezquita en kilómetros y kilómetros a la redonda. Los inesperados alaridos (ala-ridos :D) del muecín a las n de la mañana, mezclados con el sueño desviado que teníamos hicieron que nos despertáramos bastante pronto. En cualquier caso teníamos cita con Tapón muy pronto, había muchas cosas que ver. Tras un desayuno a base de scrambled eggs, té y tostadas fuimos al encuentro de Gyatso. Llovía. Yo me sentía cómodo con la lluvia, confiado en que estos días íbamos a estar como reyes, yendo de puerta a puerta siempre en la furgoneta, mojándonos poco… Cuando nos encontramos a Gyatso, el driver no estaba. Salimos a la calle, bajo la lluvia y tras andar un rato pregunté, y Tapón me dijo que como no íbamos lejos, íbamos andando. Joder, buen comienzo de día: despertar a las n de la madrugada y caminar bajo la lluvia.

Gyatso, un tipo entrañable

Nuestro primer destino era el templo de Jhokhang (pronunciado Chokan o algo así). El templo de Jhokhang es bastante importante para el budismo, uno de los centros de peregrinación, al parecer. Está en el centro del barrio tibetano de Lhasa, el auténtico. Conforme nos acercábamos empezamos a percibir el olor a incienso, y a ver cada vez más puestitos de venta ambulante, cerrados aún. Al llegar vimos que el templo aún no se había abierto al público, así que tuvimos que esperar en la puerta. Durante la espera vimos a unos señores vestidos escasamente con una túnica, que llevaban unas planchas en las manos. Chocaban las planchas y se tiraban al suelo en plancha apoyándose en las planchas. Todo esto una vez por oración. Así, iban avanzando y circundando el edificio, que era bastante grande. Tapón nos explicó que era una forma de rezar bastante entregada y que él se había hecho la vuelta a la plaza más de una vez.

De fondo, uno de estos tipos que se tiraban al suelo a la primera de cambio

Vieja con su cachirulo. Los más intrépidos llevaban uno en cada mano

También había miles de viejos con cachirulos giratorios (el budismo es una religión de girar!), y unos incensarios gigantes donde la gente echaba incienso (y otras porquerías).

Incensarios en la plaza

POr fin conseguimos entrar al templo. 2 sensaciones nos invadieron: esto está petadísimo, y huele a saco a mantequilla. Entre peregrinos, para los que Jhokhang es un templo muy importante, y turistas chinos (que son una maldita legión), el templo estaba a reventar, aunque nosotros hicimos otro circuito diferente del de los creyentes, y menos petao. El olor a mantequilla se explicaba porque allí queman mantequilla de yak en vez de cera para las velas. Y como tienen pocas velas… Además, los fieles llevan bloques de mantequilla para alimentar las velas, así que estás rodeado de mantequilla ardiendo y gente que lleva bloques de mantequilla.

Frontal del templo

A medida que veíamos las capillas y los gigantescos budas dorados que había en la parte interior del templo (de la que no se podían hacer fotos sin pagar), Tapón nos iba explicando el budismo como buenamente podía. No vamos a profundizar en ello, que para eso está wikipedia. También nos explicaba otras cosas que no están en wikipedia, sobre la ocupación china, como por ejemplo, que los guías tienen un tiempo fijo para ver cada templo (en este caso creo que eran 20 minutos), tras lo cual si no han salido les quitan la licencia de guía, lo cual es un gran hijo de madera. También nos explicó por qué demonios había dinero por todas partes. Había dinero en todas las rendijas del templo, pegado a las paredes (sí, con mantequilla!!), en el suelo… Esto sería lo normal ya en todos los demás templos que vimos. Al parecer los budistas ofrecen dinero a los budas, si no entendí mal al buda del futuro (ya que hay 3… bueno en realidad hay más, nunca conseguí entender cuántos budas había realmente), para conseguir buena suerte. En realidad ese dinero lo recogen los monjes, lo recaudan, y se lo dan al gobierno chino. Después el gobierno chino les pasa una pensión y hace el mantenimiento de los templos, etc. Era bastante habitual ver a monjes contando pasta, enormes fardos de pasta. Entre comer, contar pasta, asistir a ceremonias, pasear… a veces daba la sensación de que hacían de todo menos orar y conocerse a sí mismos. Pero supongo que sólo sería una sensación :D

Todos los templos tienen este chisme arriba. Nos explicaron qué era, pero quién demonios se acuerda...

Tras ver la parte interior del templo nos sacaron a los claustros superiores, que eran a cielo abierto, donde sí se podía hacer fotos, y donde los malditos chinos maleducados se metían en tu foto, o te gritaban por estar en un sitio en el que ellos pretendían hacer una foto.

Chinos atestando el templo

POr fin nos dejaron hacer foto grupo!

Pokharlos tras el gong

Al salir del templo Tapón nos llevó rápidamente al palacio de Potala, nuestro segundo checkpoint. Ahora sí nos llevaron en furgoneta, aunque ya no llovía. El palacio de Potala era lo más gordo que íbamos a ver.

Otra cosa no, pero fotos del potala...

Es la residencia del Dalai Lama cuando no está exiliado y cuenta con 1000 habitaciones, 10.000 capillas,  200.000 estatuas, y muchos otros datos técnicos que también se pueden encontrar en wikipedia. En Potala nos costó terriblemente subir las escaleras, no hay que olvidar que sólo era nuestro segundo día a 3500 metros. Pero fuimos haciéndonos titanes.

Xhabitse se cansó mucho con tanta escalera

Interminables escaleras

Incontables ventanas

Al llegar al interior, vimos algo parecido al templo anterior, pero multiplicado por mucho. Todo era más grande, y estaba más limpio, pero realmente era lo mismo: capillas llenas de budas del pasado presente y futuro, velas, fieles, dinero por el suelo. Lo que sí encontramos diferente fueron los diversos aposentos del Dalai Lama, donde se veía bastante riqueza en los decorados.

Los tapices eran de pelo de yak; la barba de iñigorkha era de pelo de rata ...

Una vez más, no hicimos fotos en el interior, y es inútil intentar describir la inmensa cantidad de detalles que pudimos ver entre tanta estatua, columna roja y techo dorado. Lo que sí nos llamó la atención es que en varios sitios había escaleras divididas en 3 hileras. La de la izquierda para subir, la de la derecha para bajar. La del medio era para uso exclusivo del Dalai Lama. El Dalai Lama debe de estar en forma si suele subir todas esas escaleras cada día…

Escalera privada del Dalai Lama

VIstas desde Potala. DE fondo la superplaza con símbolos y propaganda china

Después de Potala, y esperar un buen rato al driver, pues no se había entendido bien con Tapón, nos llevaron a comer, a otro sitio supuestamente especializado en yak.

La espera sacó el lado cowboy de Pokharlos

Aunque la comida no fue tan buena, nos sacaron unas patatas con curry que entraron directamente en el top ten de comidas del viaje para no volver a salir.

Por la tarde Tapón nos llevó a Norbuglinka,  la residencia de verano del Dalai Lama, un enorme conjunto de palacios y templos con jardines que vimos bastante rápido, pero del que quedaron algunas fotos como testimonio de su esplendor, sus colores y sus flores y jardines.

Devoción por las puertas

Norbuglinka

JArdines abundantes

Xhabitse, fiel a los leones

Al acabar la visita, Tapón nos preguntó qué queríamos hacer. LE dijimos que queríamos comprar cosas, y que nos llevara al sitio de compras así típico. Pero no le entraba en la cabeza, el decía que le teníamos disponible para ir a donde quisiéramos y no le entraba en la cabeza que quisiéramos perder la tarde de compras. Al final, nos llevó al museo tibetano, PARTE DE ATRÁS!, donde había una megatienda con las mismas baratijas que había en los puestitos callejeros pero mucho más caras, y un enjambre de dependientas que venían de dos en dos o de tres en tres a atacarte. Salimos despavoridos de allí, y Gyatso se picó! Dijo que habíamos pasado poco tiempo! y que qué íbamos a hacer ahora! Estaba realmente picado. Y nos preguntó qué hacíamos ahora. LE dijimos que preferíamos ir por libre y tras una pequeña diatriba conseguimos convencerle, pero se quedó bastante a cara perro. Para compensar, quedamos con él en que viniera a las 8 a recogernos al hotel y nos llevara a cenar a un sitio molón. Pareció estar de acuerdo y nos soltó en la parte vieja, donde el templo de Jhokhang, que curiosamente también es el centro comercial, es el mercado de Barkhor. Compramos todo tipo de chusta: molinillos giradores, budas, máscaras, collares, pendientes, pulseras, incienso…

Barkhor, tienditas y puestitos

Y volvimos al hotel, donde iba a venir Tapón a buscarnos. Tapón no apareció a las 8. Tampoco a las 8.15. A las 8.30 empezó a ser raro. A las 8.45 estábamos más preocupados. Dónde demonios estás tapón. A las 9 empezamos a gestionar con la encargada del hotel algo para encontrarlo. Llamarle de alguna manera. La tía era una crack y buscó entre las compañías, alguna que conociera a Tapón y tuviera su número. Finalmente lo conseguimos y hablamos con él.. Se había olvidado de nosotros! pero cómo puede ser! maldito Tapón!…

Bol dorado o casco de combate?

Así que quedamos para el día siguiente y nos fuimos a cenar al mismo sitio que el día anterior, con la misma batalla lingüística, y la misma cena de mierda. En algún momento nos encontramos con las chicas valencianas, que nos dijeron que sería una buena idea ir a hacer fotos por la noche al palacio de Potala y su superiluminación. Que ellas lo iban a hacer. Así que de motivada decidimos ir. Como estaba un poco lejos, fuimos en 2 ricksaws. El pobre que llevó el ricksaw de 3 se lo curró bastante, pero no lo suficiente para una propina. Al llega a Potala descubrimos que estaba apagado. Que nunca lo iban a encender. Que sólo era para días especiales… Maldita sea… 20 yuanes por el retrete. Se puso a llover, como no podía ser de otra manera. Lloviendo, a 3 km del hotel, 11 de la noche. Empezamos a intentar coger un taxi, ya que con la lluvia era mejor que el ricksaw. Los taxis pasaban de nosotros y cuando conseguimos parar uno nos dijo que no nos llevaba al sitio que íbamos. Otros nos decían que siendo 5 no podía ser… joder con la rigidez tibetana… no habéis aprendido nada de los vecinos nepalís??

ASí que volvimos en ricksaw, pero esta vez, el driver que nos tocó a Iñigorkha y a mí resultó ser mala gente. El tipo nos metió por un camino que no conocíamos así que le dijimos que no fuera por ahí, que le indicábamos el camino nosotros. El tipo se picó, desconfiaba de nosotros, y nos decía que por ahí no era. Al final, después de 20 o 30 minutos llegamos, con el driver enfurecido por que al parecer le habíamos hecho dar una vuelta tremenda. Pero qué íbamos a hacer? cómo podíamos estar seguros de que la dirección que le habíamos dado la había entendido? En fin, que nos exigió el doble de lo que habíamos pactado. 20 yuanes. 2 euros. Iñigorkha se puso muy terco de que no lo íbamos a pagar, al principio yo también, pero el driver se puso bastante violento. Cuando vio que Iñigorkha se metía en el hotel, se puso en mi camino y no me dejó pasar. Yo intenté colarme, pero el tipo me empujaba y me amenazaba. Podíamos haber intentado algo mejor, pero la verdad es que no quería que el tipo se pusiera peor así que le di los condenados 20 yuanes.  A Iñigorkha le pareció mal. Y tiene razón. No es una buena política ceder a esta gente, pero bueno… para uno que nos tocó chungo…

Así que nos fuimos a dormir, desasosegados, y con la perspectiva de otra noche de ronquidos de Tse-dhano.

30 Ago

Nepal-Tibet. Capítulo 3: From Lhasa with love

Ni vimos amanecer. El tercer día ya volábamos a Lhasa, capital de Tibet, sin haber visto casi Kathmandu. El vuelo era a las 9, pero las extremas medidas de seguridad nepalíes nos hicieron estar en el aeropuerto a las 6.15. Dil Pahari nos llevó al aeropuerto, como no podía ser de otra manera. Control de pasaporte. Control de equipajes con rayos X, supuestamente. Después te cacheaban a fondo. Después facturación (vuelta a comprobar el pasaporte). Después control de inmigración, rellenando papelitos y sellando visado, y control de pasaporte. Después un control… de rayos X!! Arco de metales. Nuevo cacheo. Tras pasar el control de rayos X, unos tipos registraban a fondo el equipaje de mano, metiéndole mano (después de pasar por dos controles de rayos X, que se antojan un poco inefectivos, si después hay que hacer una revisión manual). Entonces sellan el equipaje para que en el posterior control se sepa que se ha chequeado. Otro control de pasaportes. Después sala de espera. Parece que no hay más controles. Espera no! Cuando te llaman a embarcar, en la puerta de embarque vuelven a cachearte!!!! Y control de pasaportes!!!! Dios! Igual he falsificado mi identidad en los últimos 20 metros de aeropuerto! De mofa! Parece que no se fían de sus compañeros! Por último, como volábamos con Air China, compañía insegura según Iñigorkha, para el que todas las compañías son peligrosísimas, hacían una revisión de olores con un oloroscopio!!! No es como el del profesor Farnsworth, pero casi. Te ponen en fila militarmente y pasan unos algodoncillos por tu mochila, que después meten a una máquina que analiza olores. A esas alturas mi mochila sólo podía oler a manos nepalíes, que la habían estado manoseando toda la mañana.

Sagarmatha desde el aire

Durante el vuelo pudimos ver dos cosas: iñigorkha inmunizándose a las drogas y pasándolas canutas, y la cumbre del Everest asomando entre las nubes. De todo tenemos fotos.

Iñigorkha bajo los efectos de las benzodiazepinas

El aterrizaje en Lhasa nos sorprendió por varias cosas. Por un lado, pensábamos que la altitud nos ahogaría y aplastaría nuestros pulmones, pero la realidad es que todos nos encontramos tremendamente bien. De momento. Por otro lado, el aeropuerto parecía el de una gran ciudad civilizada, no era un cutreaeródromo como el de Katmandú. Y la frontera china fue un ejemplo de agilidad y eficiencia: Nos comprobaron el pasaporte y el visado una vez! Y con eso fue suficiente! Salimos de allí relativamente rápido y fuimos a por las mochilas, donde nos encontramos con un grupo de 4 valencianas médicos todas ellas, que iban a hacer el mismo viaje que nosotros. Excelente, nos íbamos a encontrar casi todos los días con unas tipas que nos podían salvar la vida, y que sin duda llevarían un botiquín importante. Además eran muy simpáticas. Pero el botiquín cuenta :D

Al salir de allí nos encontramos con Gyatso (o Kyatso o algo así, nunca vimos su nombre escrito). El que sería nuestro guía en Tibet era un chavalillo de 16 años con visera girada que se parecía terriblemente a Tapón, el chaval de Indiana Jones en el templo maldito.

(aquí aprendió nuestro guía lo que valía un peine)

De no ser porque no cuadraba por la edad, habría jurado que era el mismo. Tapón nos guió (para empezar su trabajo), hasta la furgoneta, donde esperaba el driver. Para dejarlo claro, el driver, a lo largo de los 10 días, acabó convirtiéndose en dios. La frase más recurrente era “in driver we trust”. El driver era un señor de 53 años, con la nariz gorda y rara, gesto afable y siempre sonriente, que hablaba 0 inglés, pero era un crack tremendo. Un tipo que siempre mantuvo la calma, que nos sacó de bastantes problemas, y que no tenía ningún tipo de complejo. Un tipo capaz de mantener a un bebé riéndose durante horas, y capaz de arreglar una válvula de paso de gasolina de una Toyota Hiace. Nunca supimos su nombre pero por lo que decían los guías, sonaba algo así como Sin-hielo.

Driver!

El primer sitio que visitamos fue un Buda en una pared, al que había que tirar unos pañuelos para dejarlos encajados en alguna pared. Por supuesto si fallabas era mala suerte. Nosotros no probamos porque éramos unos cutres que no teníamos el típico pañuelo.

Budas formados naturalmente en la roca

El buda, según ellos, estaba formado naturalmente en la piedra, con sus formas y demás, y sólo lo habían pintado. Es decir, nadie había tallado la forma de la nariz, boca, etc…

Hijo, nunca seas tan pantxito como estos spanish.

Tras una hora de camino llegamos a Lhasa, y nos sorprendió bastante lo gran ciudad que es, para lo que había sido hasta hace nada. Entramos en una especie de gran vía de Lhasa y durante unos cuantos kilómetros vimos como la ciudad se extendía por el valle.

Edificios estándar de Lhasa

Neones de comercios chinos

Algo que nos chocó bastante también fue la notable presencia policial, del ejército, de cámaras… Desde el 59, Tibet nunca se ha caracterizado por ser un sitio libre, pero al parecer desde la gracieta de los americanos en el campo base del Everest con su pancartita, la represión se había vuelto completamente leonina. El barrio antiguo de Lhasa, donde se concentra la población propiamente tibetana, además de los templos y centro espiritual estaba atestado de militares. Cada una de las bocas que entraban al barrio desde calles adyacentes tenía entre 4 y 8 militares fuertemente armados. Los tejados estaban llenos de militares vigilando desde la altura. No tenemos ningún testimonio de esto porque Tapón nos dijo que si nos veían tomar alguna foto nos quitarían la cámara y quién sabe qué más.

El barrio antiguo, con la auténtica vidilla tibetana (y con cuidado de que no haya militares cerca)

Quesito de yak, en ristra. Sólo en la parte vieja

Tapón nos preguntó qué queríamos hacer. La respuesta fue unánime: Comer carne de yak! Así que allí nos llevaron a un buen restaurante para comer Yak. Se llamaba noseque Yak Steakhouse, así que definitivamente tenía buena pinta. Menos Xhabitse, que pidió un set insatisfactorio, todos pedimos yak a la piedra, que se presentaba en la típica piedra caliente, pero además tenía cantos rodados calientes entre la carnet. Nos supo a gloria.

Qué hambre dan las drogas!

Por la tarde Tapón quiso ganarse su sueldo y llevarnos a sitios, pero al final le dimos esquinazo porque queríamos ir un poco por libre y ver la ciudad. Dejamos a Tse-dhano en el hotel Flora, nuestra base de operaciones, porque no se encontraba demasiado bien… la altura empezó a hacer mella en él. Y nos lanzamos a ver el Palacio de Potala, la residencia del Dalai Lama (cuando no está exiliado, como ahora), y el principal atractivo turístico de la ciudad.

Potala pawah

El palacio Potala es grande. Muy grande. Refleja, como en otras religiones, la pasta y la desproporción asociadas a los líderes espirituales. Pues allí echamos la tarde entre fotos a Potala, al lago, y a la plaza que había en frente, obra sin duda del gobierno popular, con sus característicos símbolos de poder, dominación y propaganda.

La foto de rigor con el monje. De fondo los símbolos propagandísticos chinos

Junto al palacio, origen de la ciudad, y centro religioso, había un moderno edificio con una pantalla gigante al más puro estilo Times Square. Tal es la ocupación china.

Potala y su lago

POtala para todos

Andamos de vuelta los casi 3 km que había hasta el hotel, y recogimos a Tse-dhano bastante cansados. Él no estaba mucho mejor. Salimos en busca de un restaurante pero no llegamos muy lejos. Cruzando la calle principal estaba el sitio. Un restaurante chino con decoración estridente y alegres camareras que cantaban y reían a cada paso, pero que no hablaban nada de inglés.

La carta estaba en inglés, pero las camareras no sabían inglés!

Tardamos 15 minutos en hacernos entender para hacer el pedido (y el té con leche de Xhabitse resultó no ser más que un vaso de leche), pero finalmente conseguimos la cena.

En Lhasa sí hay iluminación pública!

Después de aquello, fuimos a dormir. La noche a 3500 metros prometía ser divertida. Mañana Tapón nos recogía a las 9.

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