10 Ene

Eslovenia, capítulo 11: Low battery

La noche fue dura en el Zeppelin Hostel Ljubljana. Mucho calor, ventana abierta, y por ende, también mucho ruido de la calle. Además algunos roncaban un poco. Que se lo digan a la simpática australiana con la que compartíamos habitación, y a la que se le transformó la cara cuando le preguntamos qué tal había dormido.

Nos dispusimos a desayunar en su buena compañía, en la que nos contó que era australiana de padres croatas y hablaba un poco de las lenguas eslavas, y que era una viajera incansable (el tipo de gente que suele haber en los hostels). Después de unas tostadas de nocilla, una conversación entretenida con la australiana, y sacar a Xabislav de su ensimismamiento con el móvil, arrancamos para ver Ljubljana en uno de los primeros días que no íbamos a usar el coche.

El centro de Ljubljana es encantador, calles anchas, adoquinadas, pequeños comercios y mercados de fruta en la calle. Recorrimos varias de las calles principales, parando en toda tienda que viéramos, ya que teníamos todos pendiente la tarea de los souvenirs.

Después del mercado de fruta, subimos al castillo (otra subida mañanera, y ya iban 10)

Puertas Bayumir

quién hubiera pillado una de estas...

El castillo en lo alto de Ljubljana, que en nuestra primera noche vimos iluminado desde la azotea del TOP, merece la visita. Sin embargo la mayor parte de las instalaciones visitables son de pago por lo que nos dedicamos a deambular por el patio, y la única torre a la que se podía subir. El castillo estaba convertido en un centro cultural, en el que había proyecciones de cine al aire libre y otros eventos, así que lo tenían bastante bien aprovechado.

Volvimos a bajar al centro para seguir con nuestra interminable e infructuosa búsqueda de regalos, que sólo nos llevó al agotamiento.

de vuelta en el centro

Parece que hay chismes de estos en todos los puentes de europa

Cuando era mediodía, después de vagar por las calles y puentes de Ljubjlana, más o menos habíamos conseguido todo, así que elegimos un buen restaurante en el centro para darnos un pequeño homenaje. Fue una buena elección, pero las botas que nos pusieron requirieron de una pequeña siesta en el hostel, al que no tuvimos más remedio que volver.

Agotamiento extremo

Allí volvimos a intercambiar impresiones con la simpática australiana, que ya se iba a otra ciudad. Después de una reparadora siesta, volvimos al garbeo por la capital, pero con las ideas puestas en lo que iba a ser nuestra tarde: ir al cine! Últimamente no hay un viaje que libre de ir al cine, y éste no iba a ser menos. En este caso, la peli a ver era Prometheus (Prometej, en esloveno), que acababan de estrenar y tenía lo suyo verla con subtítulos eslovenos.

Prometej

En Ljubljana no hay cines, así que tuvimos que coger el coche para ir a un mega centro comercial, donde pudimos hacer unas compras de última hora, comer unos bocatas de mortadela recién cortada en el súper, y esperar a ver la peli.

Visión nocturna?

Al salir del cine el debate sobre la peli estaba animado sobre las locuras que salían en ella, aunque con el tiempo y la perspectiva, la peli ha perdido bastantes enteros.. Es lo que tienen las creaciones del señor Lindelof…

Ya en Ljubljana intentamos salir un poco a tomar algo, pero no había gran cosa donde elegir, así que fuimos a un irlandés bastante interesante que había cerca del hotel, y que a las 12 nos cerró.

Nos fuimos a dormir, que falta nos hacía. Al día siguiente volvían a tocar los kilómetros y kilómetros a los que ya nos habíamos habituado.. Esta vez era para volver a casa.

30 Dic

Eslovenia, capítulo 10: A remojo

Después de unos días un poco light, nos disponíamos a hacer algo épico: Visitar Ptuj. Después de un desayuno excelente en una de las terrazas de Maribor, y no saber nada más de nadie del personal del hostel de Maribor, arrancamos para ir hacia la ciudad con nombre de escupitajo.

La iglesia de Ptuj

Ptuj se alzaba como una de las ciudades más ricas culturalmente del país, así como una ciudad famosa por sus balnearios. El plan era ver qué demonios había allí, y si no había mucho que hacer, visitar el balneario.

La subida de cada mañana.. esta vez en Ptuj

Cuando fuimos acercándonos por la carretera descubrimos que el «balneario» era en realidad un aquapark con toda suerte de piscinas, toboganes, juegos acuáticos, trampolines y una zona de agua termal. Ejem. Hacía 40º, otra vez. Iba a visitar Ptuj RAMÓN.

no obstante, aquí estábamos, subiendo al castillo de Ptuj

El caballo de plástico en el que se subió Xabislav casi se viene abajo

Decidimos dar una oportunidad a la ciudad, que en efecto, tenía un casco antiguo muy elegante, y varios edificios míticos (cerrados), que visitamos con nuestras mentes puestas en el espectacular aquapark. Tuvimos también tiempo para visitar un museo de arte contemporáneo, durante un breve lapso de tiempo.

El castill... aquapark aquapark aquapark

Edificio cerrado aquapark aquapark

Qué aquapark es Ptuj

No tardamos mucho en descubrir que lo que realmente queríamos era ir al maldito aquapark.

hum, mira este puente, cuánta AQUA tiene debajo!!

Así que montamos en el 807 y raudos partimos hacia el oasis con toboganes, con la excusa de que lo típico en Ptuj era visitar un balneario. Cuando aparcamos y convencimos a la chica de la taquilla de que éramos estudiantes para que nos cobrara la tarifa reducida (le caímos bien porque estaba claro que no se lo creyó, pero nos cobró la reducida), por fin pudimos ponernos a remojo.

yuhuuuuu

Toboganes extremos, trampolines, e incluso un divertido tobogán que te soltaba a cierta altura y en la parte inferior había una lona en la que ibas rebotando hasta que por fin caías al agua.

DEja la cámara! its aquapark time!

Todo era perfecto. Lo mejor, los megaflotadores que te llevaban por un circuito alrededor de la piscina, chocando con otros usuarios menos temerarios, generando tsunamis al saltar encima del flotador…

Burutal

Así nos pasamos el día, a remojo.

Antes de irnos, visitamos ligeramente el spa con agua termal, que hizo las delicias de Iñigovič, que se pasó buena parte de la tarde rojo, con los ojos cerrados, y en éxtasis, entre las burbujas de agua caliente. También probamos unos toboganes hippis que eran negros y oscuros y con estrellitas, al bajar rápido eran bastante psicotrópicos, y el despertar era un chapuzón en el agua que había al final. Cuando ya teníamos los dedos como pasas, decidimos coger el coche y volver a Ljubljana, esta vez ya de forma definitiva. Llegamos casi al anochecer al Zeppelin Hostel, uno de los más famosos de la capital, bien situado, en el centro centro, y con unas instalaciones adecuadas al precio. Allí conseguimos ducharnos, sacar a Xabislav de su embotamiento en el whatsapp, y salir a cenar algo por la capital; esta vez probamos una pizzería más céntrica, que no estuvo nada mal. Después intentamos hacer algo con nocturnidad y alevosía, volviendo al Top, el mítico bar en azotea, que casualmente estaba a menos 100 metros de nuestro hostel. Las cosas eran diferentes en lunes, no había que pagar, era un sitio para estar sentado y no había casi nadie.

La entrada al TOP. Sin segurata no es lo mismo

Después de todo el día haciendo el mono en el agua el cansancio se dejaba notar, así que tampoco insistimos demasiado. Nos fuimos a la cama seguido. Intentamos dormir algo con el calor insoportable de la capital, pero fue complicado, había que abrir las ventanas, y entraba mucho ruido. Mucho más complicado lo debió tener la australiana que tuvo la suerte de dormir en nuestra habitación para 6: además de todo lo anterior, tuvo que luchar contra los ronquidos de algunos de nosotros.