26 Mar

Noruega, capítulo 14: Los últimos días de Lofotén

El único propósito del día 14 era pescar. La idea de conseguir una barca, pescar un bacalao y comérselo allí mismo había arraigado tanto que ya no podíamos concebir que acabara el viaje sin hacerlo. Así que no demasiado tarde, aunque sin prisa, recogimos todo de nuestra supercabaña, pasamos a devolver la tele al tipo militar del hostel, y arrancamos en busca de arrendadores.

A medida que fuimos probando en sitios fuimos descubriendo que eso de que llegabas a Lofoten y alquilabas un bote y pescabas en un fiordo era un mito. En ningún sitio sabían de qué hablábamos y lo más parecido que había eran esas excursiones de grupos, en barcos grandes, en las que sí, te dejaban pescar, pero te llevaban al mar abierto y eran carísimas. No era la idea de botecito y estar tirado con la caña. Lo peor es que aunque nadie alquilaba, en todas las casas, en todos los porches, había barcas con cañas de particulares que efectivamente practicaban lo de pescar en el bote.

Cuando finalmente descubrimos que pescar en esas condiciones iba a ser imposible, decidimos al menos conservar parte del plan, y alquilar una barca de remos para dar una vuelta por un lago. El sitio parecía Hobitton. Un camping con casitas de madera en medio de colinas pequeñas y verdes, con senderos que cruzaban hasta el lago central. En la casa del camping nos atendieron y nos dijeron que las barcas eran para huéspedes pero al final nos alquilaron una con un precio inventado sobre la marcha.

qué jodido

Remar en un bote no es algo tan trivial como puede parecer, hay que meter los remos adecuadamente, de forma sincronizada y con un poco de estilo. Rápidamente surgieron dos grupos de remadores: Bayusson, y los demás. Todos los demás cogieron el ritmo más o menos bien. El ritmo de Bayusson era navegar en círculos o con suerte en zig-zag. La navegación estuvo entretenida, salvo por la lluvia, de la que habíamos librado estos días, pero que empezó a caer justo cuando estábamos en medio del lago, sin ningún tipo de protección.

para otros era más trivial

o una patxanga directamente

Desde la barca podíamos ver a otros en otras barcas pescando, y casas junto al lago en las que había gente pescando, o botes con cañas… en fin…

Tras la barca salimos hacia Evenes. Hoy teníamos un problema, ya que teníamos un vuelo a Oslo a las 6 de la mañana, por lo que no habíamos cogido alojamiento. La cosa se debatía entre coger un alojamiento y dormir en el coche. De momento pusimos rumbo a Harstad, la ciudad junto al aeropuerto de Evenes, que era donde teníamos que dejar el coche y coger el avión.

Ya en Harstad, había opciones de alojarse, pero era un poco tirar el dinero ya que nos teníamos que levantar a las 4 y media. Así que decidimos hacer la de los titanes. Empezamos yendo a un centro comercial a  comer algo, que llevábamos todo el día a galletas. Era pequeño y agobiante, pero dedicamos un par de horas a recorrer tiendas en las que no teníamos nada que mirar, simplemente por hacer tiempo.

Xåbi con su jersey corporativo de Gamesa parecía un mozo de almacén, así que le hicimos una foto trabajando (poco)

Después de mirar todas las tiendas, comer algo y tomar unos batidos, tiramos hacia el centro de Harstad a ver si había algo que hacer.

En Harstad, como era de esperar, no había mucho que hacer. Era una ciudad grande comparada con los pueblitos de Lofoten, pero seguía sin pasar de minipueblo. Allí encontramos un bar elegante donde nos hicimos fuertes a base de cerveza.

Sin saber muy bien qué más hacer acabamos yendo al cine (kino, en noruego), para ver la peli más cara de nuestras vidas: Capitán América 3D! 20 euros al cambio!! Menos mal que la peli no estaba demasiado mal, y se dejaba ver.  Cuando salimos aún eran las once. Como quedaba mucha noche por delante, fuimos de nuevo al bar, que se había animado notablemente.

Cuando ya el sueño empezó a apretar arrancamos hacia el aeropuerto, para conducir lo menos sobaos posible. Llegamos a Evenes sobre las 2 y media, por lo que teníamos unas dos o tres horas para dormir en el frío del coche. Se hizo lo que se pudo.

Cuando por fin abrieron el aeropuerto nos fuimos al calorcito, con esa tontería típica de cuando no has dormido lo suficiente. A volver a Oslo.

 

16 Mar

Noruega, capítulo 13: A Å

Llegábamos ya al final del viaje y el checkpoint embarcadero estaba sin marcar. Además había surgido un nuevo checkpoint, pesca, también sin fullfillear. Pero hoy podía ser el día. Viajábamos hasta Å, el pueblo con nombre más corto en el que hemos estado (y eso que habíamos visitado Ea en alguna ocasión).

Å está en la punta más occidental de Lofoten por lo que el viaje desde Svolvaer nos llevaría un buen rato, pero además íbamos a parar en diversos puntos intermedios, para conocer las legendarias playas de arena blanca y aguas azules de las que nos habían hablado. No demasiado tarde nos levantamos en nuestra supercabaña y nos preparamos para otro día de coche. Tras la parada de rigor en el Kiwi, los supermercados más chachis, verdes, y baratos de Noruega para aprovisionarnos, iniciamos el trayecto para parar muy cerquita.

Panorámicas de Karlstad desde el mismo coche

Encontramos un puente bastante elegante saliendo de Svolvaer por lo que paramos a echar unas fotos, pero perdimos a Xåbi y sus karramarros. Estuvo un buen rato entre las rocas buscando bichos, recordando su infancia. Sin éxito.

Fiordo junto al puente

Seguimos nuestro camino parando en varios spots. El primero fue un vistapoint indicado en el mapa, que nos dio vistas a un gran valle entre los montes de Lofoten. Allí nos encontramos con un matrimonio de madrileños (si no recuerdo mal), que habían venido en coche desde allí, 8000 km llevaban a sus espaldas.

Otro spot interesante fue una playa, nuestra primera de arena blanca, aunque estaba un poco deslucida por las nubes en ese momento. En Noruega el tiempo cambia muy rápidamente.

Un nuevo espacio para los Karramarros

No tardamos mucho en llegar a Flakstad y a la playa de Ramberg, la más recomendada por las guías, con razón, ya que era la más espectacular.

Playa de Ramberg

SuperPan de Karlstad

Tras un buen rato y unos paseos románticos, amén de unos dibujos en la arena, de cuya autoría inicial nunca tendremos una idea clara, seguimos nuestro camino hacia Å.

Localizaciones aleatorias de Lofoten

Cerca de Å paramos en un espectacular pueblo pesquero, Moskenes. Las casas de madera de este pueblo se arremolinan entorno a un pequeño golfo colgando desde sus plataformas de madera. Todo el pueblo era peatonal, tenía una sola carretera por la que había que circular sin prioridad y con semáforos para regular el paso ya que en muchas partes era de un solo carril.

Moskenes junto al fiordo

Desde el pico se hace parapente y ese tipo de deporte en el que un tipo se tira al vacío sin ningún tipo de paracaídas y con un traje que le hace planear

Karlstad y su metralleta

Cerca de Moskenes, Xåbi era Máximo

Tras la agradable parada en Moskenes seguimos el camino hacia Å., pero llegó un momento en el que paramos a comer en un mirador en medio de un acantilado. Las vistas eran terribles, y el tiempo y las nubes iban cambiando de forma apreciable.

Vistas desde el mirador

La parte “mala” fue que mientras nos comíamos nuestros cutrebocatas de chorizo infecto, junto a nosotros había unos polacos equipadísimos que estaban haciéndose unos macarrones allí mismo con un camping gas, y poniéndose finos. La envidia fue máxima, pero las vistas hacían olvidarse de lo demás.

Después de comer, ya sí, iniciamos el trayecto final hasta Å. Cuando llegamos descubrimos un pueblo encantador, como Moskenes, pero mejor. Totalmente peatonal, casas de madera, zonas con bacalaos puestos a secar, y una zona de casas “flotantes” y… sí, con embarcadero!!

casas entre las rocas

en la terraza particular de alguna casa. menos mal que no estaban los dueños

posible portada del libro de noruega

por fin el embarcadero!!

Después de conocer un poco la “ciudad”, nos fuimos a tomar un chocolate a un bar muy molón que había en el centro, con vistas a la bahía, y gran capacidad, probablemente para cuando llegaban ferrys llenos.

muy ikea, pero muy elegante.

Era media tarde y llegó el momento de volver, ya que de camino a casa teníamos el objetivo de encontrar la playa de Unstad, famosa por el surf!! Parece que bastantes surfers animaos vienen hasta Lofoten a coger olas, a pesar de que la temperatura media del agua es de 5º. La playa de Unstad debe de ser la más famosa de las islas, así que fuimos allí para ver si había algún surfer. Por el camino encontramos nuevas escenas espectaculares

 

La recta final a Unstad ya era prometedora

Al llegar al pueblo se acabó la carretera y nos tuvimos que meter por un sendero de gravilla hasta llegar a la playa de los surfers. En realidad no había unas olas tan grandes, aunque igual no era el momento. Tampoco había surfers, pero la playa, de rocas, era bastante bonita. Xåbi aprovechó para seguir con su checkpoint particular.

medio metrito? no hay barrels... (jerga surfer aprendida en el curro)

Bus muy a lo "into the wild" que habría hecho las delicias de Iñigo. Todos nos acordamos de él según lo vimos.

Mission Accomplished

De vuelta a casa presenciamos un bonito atardecer entre los picos y valles de Lofoten.

Ya en nuestra supercabaña nos esperaba el episodio 1 de star wars. No era la mejor (probablemente era la peor), pero eh!, era star wars!!

Así que con unos nuevos macarrones nocturnos, vimos a Jar Jar dar la murga en versión original subtitulado en noruego.Y nos preparamos para nuestro último día en Lofoten, en el que había que cumplir el checkpoint de pescar.

01 Feb

Noruega, capítulo 12: La tierra prometida

La amanecida en Hamarøy fue agradable, no madrugamos demasiado y teníamos un buen desayuno esperando, yogur, galletitas marie (de chocolate, las más baratas y nuestras fieles compañeras de todos los días), y zumo barato. Pronto nos pusimos en marcha y nos despedimos de aquella cabaña, que era una de las más grandes que habíamos tenido.

Para cruzar a Lofoten había que coger un ferrry, así que fuimos a la recepción del camping a informarnos. En esta ocasión no estaba la chica del día anterior, si no los que parecían sus padres. A Karlstad y a Xåbi se les iluminó la cara al entrar en la recepción: toda clase de artículos de pesca de todo género.

Esto no está explicado antes, pero resulta que a parte de la obsesión de Karlstad por el embarcadero que le diera la world press photo de este año, llevaba unos días habiendo un run run de alquilar un bote, unas cañas e ir a pescar. Desde la planificación del viaje, Lofoten estaba pensado como sitio para ir a pescar con un bote alquilado. Los últimos días estábamos ya prácticamente saboreando el salmón pescado por nosotros en las tranquilas aguas de Lofoten, y al entrar en la recepción real (ya que el día anterior nos recibieron en una cafetería) del camping y ver tantos chismes para pescar, en alquiler, hubo grandes tentaciones de irnos a pescar ya mismo, en Hamarøy. Preguntamos a los señores sobre las opciones de pescar allí y en Lofoten, y nuevamente no sabían absolutamente nada de Lofoten, pero podíamos pescar allí. Tras pensarlo un poco decidimos que era mejor hacerlo en Lofoten, que para eso estaba planificado, y allí las aguas eran azules y cristalinas.

También descubrimos que la chica del día anterior iba a hacer un intercambio de estudios con alguien de Valencia, por lo que en unos pocos días se iba a bajar a España a pasar varios meses. Así que estaba tan interesada el día anterior… Los padres sin embargo tenían algo de miedo por perder a la hija durante tanto tiempo y tan al sur :P  No les faltaba razón… Ahora sabrán lo que es que tu hijo vaya a clase con abrigo y mantas… Curioso que un noruego tenga que bajar al Mediterráneo para experimentar eso…

Partimos sin más dilación hacia el ferry que nos cruzaría desde Hamarøy hasta Lofoten.

El ferry de los blandengues

El ferry de los cracks salía desde Bodø, y en 5 horas te subía hasta el extremo más occidental de Lofoten. Digo que era el de los cracks porque las 5 horas eran en su mayor parte por mar abierto y por lo que leímos, los mareos eran extremos y el 90% del viaje consistía en vomitar. Así que nosotros lo que hicimos fue subir por carretera 100 km más y coger el ferry en Hamarøy (en Bognes, de hecho, que estaba al lado), que era un ferry de poco más de una hora, por una zona mucho más cerrada y tranquila.

Así, sin ningún tipo de percance llegamos hasta Lødingen, nuestra conexión en Lofoten. De ahí fuimos directos hasta Svolvær, nuestro campo base de Lofoten. Lo que fuimos viendo por el camino iba anticipando lo que descubriríamos en los siguientes días: Lofoten era puro espectáculo natural. Era increíble que tan pocos noruegos lo conocieran. Montañas picudas y escarpadas bajaban abruptamente hasta playas azules de arena blanca. Nubes cerradas en los picos, algunos nevados, y sol en las playas.

Paisaje interior de Lofoten

a nuestro lado dejábamos arcoiris constantemente

Llegamos a Svolvær hacia medio día, y buscamos el camping. Nuevamente el camping parecía un campo de golf. Había lagos, bunkers, las cabañas estaban dispersas y grandes greens de esparcimiento. En la recepción apareció un tipo con cara afilada, corte de pelo que inspiraba confianza, y pinta de ser un adicto al deporte. Se dirigió a nosotros en tono marcial y disciplinado y nos acompañó, a todo meter, a nuestra cabaña.

La cabaña era GIGANTE. Una estancia que podía dividirse en dos o tres grandes salones, pero que era única, dos habitaciones grandes, cocina generosa, y dos baños. Tenía chimenea y todo tipo de lujos y comodidades, a parte de estar dentro del bosque, y sin vecinos cercanos. Pero no tenía TELE!!!! cómo íbamos a ver la parte 6 de Star Wars???!!

Mientras Karlstad y yo bajamos a ver si conseguíamos una tele, Xåbi e Iñigorg se quedaron enredando con la chimenea. Cuando volvimos con la tele alquilada, la humareda montada era brutal, ya que no habían abierto el tiro… :S

Entre humo comimos, y nos fuimos a explorar Lofoten (pronunciado Luften por los lugareños).

Nada más salir, fuimos al centro de Svolvær a ver si conseguíamos información sobre Lofoten, y sobre pescar. Increíblemente, después de hacer 3000 km de coche para llegar a la coronilla del mundo, después de pasar por 20 oficinas de turismo en las que nunca sabían nada de Lofoten, en la oficina de turismo central de todas las islas Lofoten, cuando pedimos información, la respuesta fue: “coged un brochure de esos que hay en el expositor”… un brochure! pero la gente de las oficinas de turismo de noruega de qué vive? siempre te remiten a los brochures!!

En fin, después de insistirle, nos explicó que en general se puede ver todo, varios pueblecitos pesqueros, incluído uno en el extremo más occidental. También nos dijo que había playas de arena blanca y aguas azules, lo cual era un poco chocante, pero nos confirmó que así era, y nos contó que había una en la que se hacía surf. De pescar más bien poco, nos dijo que había un tipo que alquilaba barcos (no txalupas, barcos), y que fuéramos a una tienda de deportes a ver si conseguíamos algo de cañas. Efectivamente en la tienda de deportes sólo vendían. Nos mandaron al pueblo de al lado. Así que con el fin de cerrar lo de la pesca y conocer un poco Lofoten, nos echamos de nuevo al coche.

De modo que llegamos a Kabelvåg, el pueblo de al lado, bastante elegante, aunque no con demasiada gente. Visitamos la tienda de pesca. Hacían tours de pesca de varias horas en los que llevaban a un montón de gente a alta mar y pescabas como un crack, pero valían un ojo de la cara. También nos dieron el teléfono de un inglés que vivía allí y hacía tours más económicos, pero había que cuadrar con sus horarios.

En resumen, la cosa parecía bastante complicada, pero seguimos de paseo hasta una de las playas de supuesta arena blanca. El resultado fue sorprendente

 

Una playa cualquiera

los montes picudos emergen desde la misma playa

Las playas no sólo eran de arena blanca y aguas azules, si no que eran impresionantes, con los montes nevados justo al lado, y los campos verdes con cabañas rojas. Las vistas eran impresionantes, y sólo estábamos en una playa cualquiera de Lofoten, sin señalizar, ninguna en especial.

Karlstad nunca dejó de ser un cowboy

los paseos fueron largos

Xåbi encontró una nueva afición, buscar karramarros entre las rocas. La iría desarrollando durante la estancia en Lofoten

Después de recorrer la playa y otras zonas cercanas a Svolvær, nos volvimos al camping. Aún era de día pero serían cerca de las 9, hora de Star Wars episodio VI! El día seguiría hasta la 1 de la madrugada, para luego ir anocheciendo levemente.

El final del episodio VI con las caras de hayden christensen en vez del darth vader original fue un poco decepcionante, pero dormimos como jefes en nuestra super cabaña.

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