14 Oct

Vietnam y Camboya, espisodio 4: Israel

Amaneció muy pronto en el tren. Había sido una noche ajetreada. A pesar de lo cómodo del vagón, los botes que daba ese tren eran aberrantes. Sobre las 6 estábamos ya en pie de guerra, aunque faltaban algunas horas para llegar a Lao Cai, la última estación del recorrido. Las montañas de Sapa hacen la frontera norte de Vientam con China, y no están demasiado lejos de la capital, pero aún así, el tren necesita 10 horas para llegar. Luego nos contaron que estaban haciendo una autopista por la que los coches llegarían en 3 horas!

cuando llegamosss

Desde el tren, a pesar de la intensa lluvia que aún nos estaba dejando el tifón, podíamos ver por fin paisajes típicos vietnamitas. Arrozales de un verde intenso, bancales arracimados en las colinas, algún trabajador tempranero recogiendo arroz, y tipos con sombrero cónico en bici. A la hora prevista de llegada el tren llegó a una estación, pero no era nuestra estación. Así que preguntamos a los siempre bordes empleados del tren (en Vietnam, si no tienen una relación comercial contigo te tratan como chusma). Se rieron en nuestra cara y nos dijeron que no era. Cómo nos atrevíamos a pensar que el tren llegaría a la hora… Igual cogió tráfico…

Cuando por fin llegamos a Lao Cai, empezó otra vez la guerra. Resulta que Lao Cai está a una hora de coche de Sapa (20 km..) Decenas de chóferes ávidos de dólares esperaban en la salida y no te dejaban respirar. Claro, el tren estaba lleno de turistas que tenían que ir a Sapa, y la explanada de la estación estaba llena de furgonetas, taxis, etc que sólo pensaban en desplumarte.

Después de ignorar a varios, que básicamente se te echaban encima y casi te quitaban las maletas, y se ofendían cuando les decías no, salimos a la explanada y fuimos a donde buenamente pudimos y vimos que había algún que otro extranjero igual de perdido que nosotros. Nos cobraron 30 dólares por los 4 después de un buen regateo, aunque los muy miserables habían cobrado el doble a los americanos que iban delante y nos dijeron que nos calláramos y no les dijéramos que habíamos pagado la mitad. Después alguien de confianza nos dijo que ni se nos ocurriera pagar más de 150000 dongs, o sea 7 dólares por los 4. Nunca, nunca, nunca te fíes de un vietnamita. Todos son timadores y te van a timar si pueden.

En fin, ya dentro de la furgo emprendimos el tortuoso camino, y sin llegar a salir del pueblo, para empezar bien, al parar en un pequeño atasco, un motorista se empotró contra la furgoneta. No pasó nada serio pero la moto se le reventó. Como intercambiar papeles del seguro parece algo impensable en este país, nos quedamos allí parados 40 minutos hasta que apareció una grúa a llevarse la moto. No sé muy bien qué pintábamos allí, pero así estuvimos.

por fin sapa

El trayecto a Sapa fue mejor de lo esperado, y al llegar descubrimos un pueblo por y para el turismo: todo eran restaurantes, tiendas de ropa de montaña, y hoteles. Sin embargo, frente al estándar de Hanoi, Sapa era un pueblo bastante bonito, aunque sólo hubiera turistas y guías de viajes. Yo necesitaba unas playeras de monte así que paramos en un restaurante a desayunar, en el que nos tomamos un desayuno épico y delicioso, mientras yo iba a la tienda de enfrente y alquilé unas playeras por 2 dólares. Me esperaba una cosa indignísima, pero me dejaron unas playeras más que decentes, casi nuevas y que no parecían de imitación. Además me guardaron las playeras cutres que llevaba.

Frutas Dragón

Después de desayunar contactamos con Mao. En Sapa uno puede hacerse un trekking por las montañas de alrededor y volver al pueblo y dormir en un hotel, pero lo que es realmente interesante es contactar con un lugareño que te aloja en su casa. Esta era Mao, una señora pequeñita y muy simpática que nos iba a hacer un trekking por las montañas acabando en su casa, para devolvernos al día siguiente por otro camino a Sapa. Este tipo de contacto sólo se puede establecer mirando foros de viajeros que recomiendan contactar con lugareños concretos (básicamente Mao no aparece en booking.com), y Mao era una de las más recomendadas. Habíamos contactado con ella sólo dos días antes, pero todo fue muy bien.

Mao nos llevó en primer lugar a sacar dinero, donde aprovechó para llamarme en un más que decente castellano “calzonazous”, por dejar que Irang-tzuh llevara la mochila más grande (aunque la menos pesada). Creo que no comprendía muy bien el concepto de calzonazos, a mi entender lo habría sido si hubiera llevado yo todo. En cualquier caso era chocante que supiera esa palabra en castellano.

Más frutas pinchudas en el mercado

Después nos llevó al mercado local donde sólo compraban los lugareños, y nos hizo en directo la compra para comer y cenar ese día. Allí vimos bastantes frutas y especialidades vietnamitas, bastante raras, que no habíamos visto antes.

También pudimos ver por primera vez perro, desollado, con la mirada perdida, listo para echar a la cazuela.

Cabeza de can, para dar sabor a los garbanzos

También había carnaza genérica, mucho más barata. Y super bien conservada :(

Es mítico que los vietnamitas comen perro, pero por lo que nos dijo Mao, era sólo para ricos porque era bastante caro, así que después de todo, parece que no comen tanto perro.

vech-tabols

Tras la compra iniciamos el trekking. Eran 12 kilómetros por monte, subidas y bajadas, pero no era demasiado cansado. A pesar de ello, Mao estuvo tooooodo el trekking preguntándonos qué tal íbamos. Cansados? Cansados? Ahora cansados?. La verdad es que íbamos bastante bien pero al final le dijimos que estábamos cansados para que se callara.

empieza el trekking

Además de Mao venían con ella varias niñas (que a su vez llevaban a sus hijas), cuya única función era estar, aunque alguna tuvo una conversación de más de dos palabras. Todas iban vestidas tradicionalmente, por aquello del turismo, después vimos como al llegar a casa se ponían ropa normal.

El trekking en sí fue bastante espectacular. Superado el momento lluvia, tuvimos unas vistas increíbles desde las montañas. No tocaba ver bancales, pero había bosques de bambú, campesinos locales, y vistas del valle.

lunch time

Panoramix

Para las tres de la tarde ya habíamos llegado a la casa de Mao. Eran una especie de chabola de madera gigante, pero aunque no tenía muebles, ni casi paredes por dentro, era una de las mejores casas de la zona. Desde luego ser la guía recomendada en internet surte efecto.

cerca de la casa de Mao había buenas tomas

La casa de Mao era una toma en sí misma.

Allí nos dio de comer un arroz con los vegetales y carne que había comprado, que no estaba mal, pero habría venido bien un poco de sal o de soja, supongo que lujos en aquella zona. Tenía sus propios cerdos, gallinas y bueyes, así que comimos carne de cerdito casero. Y unas vainas muy ricas.

Un descanso en el porche de Mao

La sala y al fondo la cocina :)

Nuestra “habitación” eran unas tablas puestas sobre unas vigas que formaban un segundo piso, y sobre las que había unas colchonetas con mosquiteras. Era bastante acogedor, aunque tenía el pequeño problema de estar encima de la “Cocina”, que era un agujero en el suelo donde encendía fuegos, por lo que cuando cocinaba, se llenaba todo de humo.

Aposentos

Pajarero

Allí estuvimos echados un rato, hasta que decidimos ir a la notable cascada que habíamos visto al pasar, y que estaba justo debajo de la casa de Mao.

Mientras hacía esta foto, Israel se atormentaba

La cascada, con una pocita, era un sitio agradable para pasar la tarde a remojo en medio de la selva. Allí había un tipo solitario, occidental, dudando de si entrar o no en el agua. Nos pusimos a hablar con él y resultó ser un israelí que trabajaba en el alto mando de las fuerzas especiales del ejército. Nos dio una amena conversación sobre viajes pero cada vez que Car-Long preguntaba algo relacionado con el ejército al tipo se le iba la mirada y se quedaba ausente. Parecía un poco tocado por algún tipo de trauma, con frases como «el enemigo está por todas partes», pero era muy simpático.

Secarse al sol de la tarde

Después de un buen rato departiendo con el israelí, nos fuimos a dar un garbeo por los alrededores, sabiendo que no teníamos demasiado tiempo, ya que anochecía a las 7 de la tarde, y aquí. una vez de noche no había nada más que hacer.

Paseo por los arrozales

Cuando volvimos a la casa de Mao ya era de noche. Nos preparó una cena a base de tortilla de patata! y algunas otras cosas que había aprendido de turistas.

Se comerán al perrico algún día?

La tortilla estaba semibuena, pero es que sin sal ni aceite es complicado hacer algo decente. Después salimos fuera, a observar estrellas, pero no nos quedamos demasiado: había una ingente cantidad de mosquitos, polillas gigantes, y otros bichos nocturnos que sólo se pueden encontrar en la selva. El ruido de bichos era ensordecedor. Así que después de un poco de contemplación nos volvimos a la cabaña, a nuestros «aposentos» donde impregnamos las mosquiteras de todos los insecticidas que teníamos y nos metimos a jugar a las cartas. Para las 9 el sueño era máximo y nos fuimos a dormir. Cada vez que encendíamos la linterna, miles de bichos proyectaban sombras enormes en todas partes. Estábamos rodeados, pero seguros dentro de la mosquitera.

El sueño fue duro, ya que estábamos literalmente tumbados sobre tablas, pero se agradeció después del rigor del viaje. Mañana tocaba la vuelta.

 

31 Dic

Nepal-Tibet. Capítulo 15: La noche de los mosquitos

La amanecida en Muktinath fue gloriosa. Fuimos a desayunar al restaurante del hotel, donde nos encontramos con las chicas suizas, tenían un largo camino puesto que volvían a Pokhara andando… Menudas cracks, nosotros con un día de camino estábamos hechos migas. No tardamos en emprender el camino de vuelta a Jomsom, otros 24 km. Cuesta abajo, pero 24 km. Con los pies un poco petaos, eran bastantes kilómetros (de hecho Iñigorkha tenía las botas mismas petadas)

Recorrimos el mismo camino y pasamos por los mismos spots.

Hmm,una parada de autobús... nos vendrá a buscar?

Todo eso hemos andado?¿

Nuevamente los viejunos nos adelantaban al bajar, parecíamos tortugas reumáticas. También era curioso ver a la gente de allí, cargados con 3 ó 4 bombonas de butano, o con todo el juego de cazuelas de una cocina, y descalzos o con unas sencillas chancletas. Recordaban un poco a los sherpas de los simpson, que bajaban del Matacuernos haciendo cabriolas…

El mismo puente que ayer

las mismas mulas que ayer

DEspués de tomarnos un pequeño refresco cerca de Kagbeni, continuamos con la última etapa y para medio día ya estábamos en Jomsom. Allí buscamos el hotel con mejor pinta, y nos metimos unos macarrones con tomate (rarísimos, eran naranjas), y una sopa minestrone, que supieron a gloria.

Clint eastwood esperaba a la vuelta de la esquina

Después de una merecida siesta (durante la que vi en la tele la peli «Fanboys»… lamentable…), fuimos al ciber (increíble, tenía ciber el pueblo), y dimos una pequeña vuelta por los alrededores antes de que anocheciera. Después de comernos una sopa minestrone y unos macarrones para cenar (intercambiamos platos), nos fuimos al hotel de nuevo, ya que echaban La jungla de cristal! Brutality!

Iñigorkha empezó a dormirse, pero yo ya noté mientras veía a McLane repartir tortas que había algún mosquito en la habitación, pero no le di demasiada importancia. Cuando apagué la tele no pasó mucho rato hasta que Iñigorkha se levantó y me dijo que con un mosquito no podía dormir. Yo soy bastante canso con esas cosas, pero Iñigorkha es el auténtico talibán antimosquitos. Así que empezamos a buscarlo, de forma un poco ridícula, en gallumbos, descalzos haciendo el mono por la habitación. LE conseguimos dar caza, pero descubrimos que había otro. Estuvimos un buen rato tras él, hasta que lo derribamos. Vuelta a la cama.

Otro sonido de mosquito. Volver a levantarnos. Habíamos echado cálculos y no podía haber más de 4. ASí que tras cargarnos al tercero estuvimos atentos para ver el cuarto. Lo liquidamos. Vuelta a la cama. No tardamos mucho en descubrir que estaban entrando por algún sitio. Teníamos un agujero enorme en una de las ventanas, pero lo habíamos medio tapado… De dónde saldrían… Sin darnos cuenta, eran las 2 y media (la peli acabó a las 10 y media), y estábamos allí, con pose de mono agresivo, en gallumbos, y con una chancleta en la mano. Era desquiciante, seguían apareciendo más y más mosquitos, y no los veíamos pero según apagábamos la luz venían.

Decidimos intentar dormir a pesar de ellos. Imposible. Pasamos a la táctica de meternos debajo de las sábanas, con un agujero para respirar. Increíble, los mosquitos más agresivos que he visto en mi vida. Se colaban por el agujero! Eran malditos zeros japoneses! Les daba igual entrar en tu boca, ahí iban. A Iñigorkha le picaron A TRAVÉS de las sábanas!! Los notabas posarse, y el zumbido era como un maldito reactor! eran mosquitos berserker! Era absolutamente surrealista. Cuando intentabas abstraerte había 4 mosquitos encima de tu cabeza. Cuando no había ninguno, Iñigorkha se había levantado chancleta en mano a cazar unos cuantos. Cuando les estabas cazando, venían a por ti!!!

En un momento de desquicie, en el que estaba oyendo demasiados zumbidos cerca encendí la luz con cuidado: en la cortina junto a mi cama había al menos 10! pero qué demonios! vinieron todos los mosquitos del pueblo o qué?? Las horas fueron pasando y llegaron las 7 de la mañana. No habíamos dormido nada. La habitación estaba plagada de mosquitos-avioneta-kamikazes. Lo mejor es que a pesar de lo grandes que eran, el ruido que hacían y lo putolocos que iban a por ti, las picaduras eran de risa. Yo tuve 6 ó 7 y casi no picaban, eran minigranitos sin importancia. Pero el ruido que hacían era totalmente desproporcionado.

La peor noche de todo el viaje, en mi caso.

Anyway… El día 16 empezó jodido, con cero horas de sueño y mucha mala hostia, pero eso es otro capítulo.