28 Nov

Namibia, capítulo 9: El oasis de Okaukejo

Okaukejo era un camping que animaba a quedarse dentro más que a salir a ver bichos, son sus super instalaciones y sus plazas de acampada altamente equipadas. Antes de despedirnos de Okaukejo, hicimos una última visita al waterhole y a la piscina, sin encontrar más que unos oryx en el primero y unas viejas éuropeas tomando el sol en la segunda. Salimos con nuestra tartanita a recorrer la cola más occidental de Etosha, sin saber muy bien qué podríamos encontrarnos, y no estuvo nada mal.

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Poco después de salir vimos a lo lejos unos elefantes como cruzando el horizonte. Paramos el coche para hacer unas fotos pero los elefantes cambiaron su trayectoria y decidieron circular por la carretera. Hacia nosotros. Así que empecé a dar marcha atrás mientras sacábamos fotos por la otra ventana y con un poco de cosica, por conocer la velocidad punta de los elefantes y la no tan punta de nuestro coche. Al final, después de un rato circulando por el medio de la carretera, volvieron a salirse y pudimos seguir nuestro camino, con unas buenas fotos de esta manada, en la que había al menos uno de 5 metros, eran tochísimos.

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A partir de cierto momento, empezó a haber ñus por todas partes, grandes manadas que buscaban las escasas sombras con gran ahínco, y se apelotonaban en ellas, con su aspecto de yonkis de la sabana. Pero lo mejor fue cuando llegamos a un waterhole natural, un oasis en toda regla, en el que había cientos de animales, muy variados, todos compartiendo agua, algunos corriendo, otros saltando. Estábamos lejos con el coche pero aun así la imagen era espectacular.

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Estuvimos parados en el oasis más de media hora, sin poder dejar de mirar cómo llegaba un tumulto de cebras, los ñus se apartaban, pero luego aparecían unos oryx y se iban las anteriores. Había springboks, kudus e impalas, avestruces, pájaros secretaria, y un montón de otros animales que no identificábamos. Al final nos dimos la vuelta y para la hora de comer empezamos el largo camino hacia las puertas de Etosha.

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A falta de campings dentro del parque para una cuarta noche, habíamos cogido sitio en un camping que estaba fuera, pero justo a la entrada. La idea era pasar el día entero en Etosha pero salimos pronto, pensando que nos llevaría tiempo llegar al otro camping, y no, resulta que estaba al lado, y a media tarde ya estábamos allí, sin mucho que hacer, ya que no había nada en los alrededores. Este camping parece que vive de los turistas como nosotros que no saben muy bien cómo funciona el rollo de los campings internos, y se cogen uno fuera con idea de ir entrando y saliendo, pero resulta que si entras y vuelves a salir lueog hay que pagar tasas otra vez, así que no compensa. Además los campings del interior son públicos y más baratos, aunque también más petaos (razón por la que vinimos a este). Anyway, como no había mucho que hacer, dedicamos la tarde a montar la tienda, leer y remojarnos en la piscinita.

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Por la noche hubo bastante animación ya que montaron una especie de hoguera con música y estuvo entretenido, birra en mano.

12 Nov

Namibia, capítulo 8: Vagos melenudos

No es fácil reservar muchos días en Etosha en el mismo camping, ya que hay bastante demanda. Tampoco es recomendable, Etosha es muy grande y los campings están estratégicamente situados para visitar todos y así tener una experiencia más global. Así iba a ser. Hoy tocaba recorrer los 100 kilómetros que separaban Halali, en el extremo oriental y Okaukejo, al oeste del parque. Esos 100 kilómetros de por sí ya iban a llevar tiempo porque en las “carreteras” de Etosha nuestro Corolla no podía pasar de 40km/h. Pero además pensábamos tomar algunos detours para llegar a Okaukejo a la hora de comer viendo varios waterholes intermedios y recorriendo senderos recónditos.

Después de un buen rato recorriendo estos caminos y ver un montón de bichos de tamaño pequeño, nos encontramos un tumulto de coches que presagiaba un accidente o algo similar. Las carreteras de Etosha son muy fluidas. Aunque hay bastantes coches, están bien repartidos, y como no hay demasiadas normas, la gente adelanta cuando quiere y para donde le da la gana. No habíamos visto en ningún momento más de 3 coches juntos, pero ahora había más de 20 colapsando todo. Conseguimos meter morro siguiendo a un todoterreno que iba hacia adelante ignorando todo. Y descubrimos el origen. A dos metros de la carretera había una familia de leones, unos 10 o 12, con 2 o 3 machos, y uno de ellos tenía en su poder una jirafa muerta a la que le estaba hincando el diente.

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Ésta es una de esas cosas que parece que no van a impresionar porque lo has visto mil veces en la tele, pero en directo era impactante ver aquellos animales de ese tamaño comiéndose una jirafa en descomposición. Y realmente da bastante cosa que uno de esos bicharracos salte hacia el coche. El dedo estaba cerca del elevalunas en todo momento, por si acaso.
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También quedaba patente lo extremadamente vagos que son. En los 45 minutos que estuvimos nosotros no se movieron del sitio a pesar de tener una nube masiva de turistas con cámaras, teleobjetivos y cuerpos medio salidos por la ventana, y los leones ni se inmutaron. En un momento dado, el macho más grande le pegó un bocao al cuello de la jirafa, pero no se esforzó demasiado, ni siquiera llegó a arrancar un pedazo de carne. Estos leones eran como nos había dicho Paulus el día anterior. Igual por la noche se meneaban un poco, pero ahora desde luego no parecía que fueran a hacer grandes alardes. Tampoco era para menos, hacía 45º.

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En todo caso los turistas flipamos bastante, ver leones en tales circunstancias era absolutamente improbable, incluso con guías, así que si ese día no se echaron 100.000 fotos, no se echó ninguna.

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Cuando vimos nuestra primera hiena, después del impacto de los leones, no nos dijo mucho. Pero es raro ver hienas por el día. Por la noche veríamos más. Y las oiríamos!

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Al final, con tanto trasiego, acabamos comiendo en una de las áreas de descanso que hay por Etosha, y llegamos a Okaukejo por la tarde. Como hacía un calor infernal y llevábamos todo el día en el coche, decidimos contratar un tour nocturno, algo llamativo y algo más caro que los otros, y nos fuimos a la piscina a leer. Hay que decir que Okaukejo aunque vale lo mismo que Halali ya que son ambos propiedad del estado, es mucho más lujoso. Las instalaciones están mucho mejor, también la plaza de camping y la piscina parecía sacada de una peli de explotadores blancos que viajan a Africa en el siglo XIX, con sus hamacas, sombrillas individuales, y un bar del que salían camareros impecablemente vestidos a traerte cervezas a la piscina. Había también muchos más viejos que en Halali (igual la gente sabía de antemano que este camping es mejor y los viejos que buscan comodidad van allí).

El Waterhole de Okaukejo también era mucho mejor aparentemente, con mucho más espacio y visibilidad (y más agua también). Pero yo creo que los bichos se saben que hay mucho más turista aquí, porque nos visitaron muchos menos. Halali molaba más en este sentido (también era algo más salvaje y auténtico).

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En cualquier caso nos pilló un pedazo de atardecer (que aquí se veían de frente) y en el qeu vino un elefante solitario, una pareja de rinocerontes y un montón de jirafas que se acercaron desde la lontananza meneando sus cuellos al compás. Parecía una escena de El Rey León.

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Después del waterhole, que fue un poco más sobrio que el de Halali, fuimos a cenar y luego a esperar nuestro tour nocturno. Las puertas del camping estaban cerradas, pero al ir con guarda teníamos permiso. REsulta que nuestro guía era bosquimano, y antes de salir nos estuvo enseñando algunas frases en su idioma impronunciable de chasquidos. Muy risas.

Luego salimos. Como los faros del coche asustan a los animales, íbamos sin luces, en plena oscuridad, a la luz de las estrellas y nada más. Daba un poco de cosica porque no se veía NADA. Al final te hacías a la oscuridad y empezabas a ver cosas. Pero lo mejor es que el guía llevaba un foco rojo que no asusta a los animales y lo iba encendiendo para pillar bichos. Parecía el ojo de Sauron.

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Pudimos ver un montón de animales haciendo cosas que por el día no hacían. A parte de un montonazo de hienas que se reían como en las pelis (al volver a casa vimos El Rey León y el sonido de las hienas de esa peli está muy muy bien hecho, se parece mucho al real, más que una risa es una especie de grito desaforado).

También vimos leones conviviendo en un waterhole con un montón de otros animales potenciales presas, tal como nos había dicho Paulus. Y en un momento dado vimos a unos 5 elefantes que cuando nos vieron empezaron a acercarse y el guía se asustó bastante y salió pitando.

Al final, el tour nocturno está curioso, y sólo puedes hacerlo contratando, no con tu coche, pero es bastante más caro que los diurnos y ves los mismos bichos. Para hacerlo valer, hacen que dure dos horas, pero a mí se me hizo un poco largo, principalmente porque dos razones: ya me había acostumbrado a irme a la cama a las 9 todos los días y esto empezaba a las 9, así que a las 10 y media estaba cabeceando como un tonto; y además, hacía frío, mucho frío. Es la primera vez que pasé frío en Namibia, aunque nos dieron unas cuantas mantas para todos los que íbamos en el jeep, al final acababas pasando mucho frío.

Al final cuando volvimos vimos unos cuantos chacales DENTRO del camping de Okaukejo acercándose a bungalows y tiendas, buscando comida. Había señales por todo el camping urgiéndonte a evitarlos. Así que nos fuimos a la cama a las 11 y pico (insólito en Namibia), y nos dormimos oyendo a las hienas fuera del camping.

05 Nov

Namibia, capítulo 7: Paulus el destroyer

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Halali Camp se cerraba a las 6 de la tarde, cuando empezaba a oscurecer y las bestias salían a comerte. Pero también se abría muy pronto, a eso de las 5.30, por lo que muy pronto había grupos de turistas que levantaban campamento estruendosamente y salían hacia los animales.  Así que nosotros nos levantamos bastante pronto también, sin que esto supusiera más sueño, ya que también nos dormíamos prontísimo. Desués de desayunar nos fuimos a dar un garbeo por todo lo que se podía andar sin coche en las inmediaciones de Halali, que básicamente suponía recorrer el perímetro del camping y poco más. Había una especie de montículo junto al waterhole con unos árboles muy bizarros que daba para un paseíco de 45 minutos. Después salimos con el coche a explorar por nuestra cuenta, pero no vimos mucha cosa en toda la mañana. Si no tienes un guía conectado por walkis con otros guías que saben dónde está el meneo, dependes enteramente de la suerte para ver bichos, y puede que no veas ninguno reseñable, aun estando en un sitio como Etosha.

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Algunos springboks, alguna cebra y poco más. Pero después, por la tarde, llegaría el espectáculo. Habíamos contratado un guía para que nos llevara por los caminos chachis que conocía y conectado con otros guías. Como la gente viene en todoterreno es poco habitual que la gente contrate guías, pero está bien por las razones anteriores y porque te explican cosas de los animales. Además, nos costó unos 20 euros por persona y nos dio una vuelta de casi 4 horas, así que está bien rentabilizado.

El guía en cuestión  según llegó nos demostró quién tenía TODO EL SWAG DE NAMIBIA. De hecho, más que namibio parecía un tipo que acababa de llegar en vuelo directo de algún club de moda de Los Ángeles con sus amigos raperos. Llevaba la visera de lado, (sí, como el príncipe de bel air), y lo primero que hizo cuando llegó y nos montamos fue dejarnos en el jeep y largarse a hablar con otro tipo de la reserva al que saludó con algún tipo de saludo de negros enrevesado e irreproducible, con un choque de manos en lo alto, luego algún tipo de giro y alguna interacción entre los dedos. Al volver, subió al jeep y dejó su puerta abierta, arrancó y aceleró, cerrando la puerta con la inercia del coche en movimiento. El resto del camino estuvo conduciendo medio sentado de lado y cogiendo el volante por la parte derecha con su mano izquierda, pasando el brazo entero por encima del mismo.

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Poco después de arrancar nos empezó a comentar que se llamaba Paulus y su hermano Saulus, y nos contó detalles extraños de su vida. Lo mejor es que a diferencia de los demás namibios que habíamos conocido, este hablaba con acento americano (más específicamente acento de negro de The Wire). Se refería constantemente a los animales como “that bitch” o “that motherfucker is lazy”. Era muyyyy mofa.

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Pero al margen del folklore, Paulus nos contó un montón de detalles de la fauna (y flora) de Etosha, y hay que decir que era muy buen guía (algo que obviamente no está reñido con todo lo anterior)._MG_5928

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Vimos kudus, impalas, cebras, jirafas, sprinkboks, los minispringboks que no recuerdo su nombre, y una interesante familia de elefantes a la que estuvimos siguiendo un rato. Paulus nos contó que al final de la época seca en la que estábamos, muchos animales no podían seguir viviendo porque no había comida y morían en mayor número que en otros momentos del año, lo que facilitaba mucho el trabajo a depredadores. También nos dijo que los leones son extremaaaadamente vagos y generalmente están todo el día durmiendo (también las leonas, que son las que se lo curran normalmente ). Por la noche van a beber agua y si hace un tiempo que no han comido y hay hambre pues igual entonces deciden cazar algo. Por eso no era raro ver leones junto a posibles presas juntos, básicamente no siempre tienen hambre y tampoco matan por diversión, así que tampoco se la juegan tanto los bichos.

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Los elefantes también se ven afectados por la sequía, parece que cuando no hay verde empiezan a comer raíces (de hecho vimos como arrancaban plantas con una pericia increíble, sujetándolas con la trompa y dándoles una patada cuando están en tensión!!). Las raíces son un problema porque llevan mucha tierra que van desgastando los dientes de los elefantes y llega un momento que con los dientes no pueden comer porque los tienen muy desgastados, y se mueren de hambre. Así que a esperar a las lluvias.

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La técnica de la patada

Otro bicho muy risas que vimos es el pájaro secretaria (creo que se llama de otra forma pero Paulus lo llamó así), que es un pajarraco enooorme que no da la sensación de que pueda volar, pero sí que vuela. Y nos contó que tiene las patitas básicamente hechas de hueso y que no tiene prácticamente carne porque le atacan mucho las serpientes y así no tienen donde pinchar.

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Al pájaro secretaria sólo le faltaba un maletín, con esa cabeza y ese plumaje bien podría llamarse pájaro abogado.

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También vimos algún chacal, que son como perros pequeños, se alimentan básicamente de restos, así que no parecían muy peligrosos, casi daban ganas de acariciarles la barriga. Y ahí estaba el mayor riesgo, ya que parece que transmiten la rabia con mucho ímpetu.

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Después del largo y extraño paseo con Paulus volvimos al camping justo antes de que cerrara las puertas, y nos fuimos a dar un baño a la pisci, que molaba mucho más que las de otros campings, de hecho el baño estuvo acompañado de unas hamacas, un libro y unas birras.

Por la noche fuimos de  nuevo al waterhole, pero estuvo mucho menos animado que el día anterior, sólo unos rinocerontes y un montón de springboks se acercaron.

29 Oct

Namibia, capítulo 6: Bichos a porrillo en Etosha

Cuando despertamos yo seguía agitado por la cuestión de la sirena, aunque sabía que no había sido nada. Recibí una bronca moderada por la película que me monté la madrugada anterior. Fue un poco humillante también porque cuando fuimos a desayunar preguntamos a la persona de recepción del hotel a ver qué había sido la sirena que había sonado a media noche, y nos dijo que ella no había oído nada. Eso era imposible, ¿cómo no la iba a oír? El último día en Windhoek oímos durante el día una sirena exactamente igual, y allí se me ocurrió mirar en google maps a ver qué podía haber en las inmediaciones para que sonara esa sirena, y encontré un cuartel militar, que tenía toda la pinta de ser el origen. En Otjiwarongo había otro.

Pero bueno, había que olvidarse de la sirena, ya que hoy era el día de entrar en Etosha, el mayor highlight de Namibia, con permiso de Sossusvlei, en el que estaríamos 3 días gozándola entre elefantes, rinocerontes, leones y muchos otros bichos.

Habíamos oído hablar bastante de Etosha e incluso habíamos reservado alojamiento para varias noches, pero no teníamos muy claro como funcionaba el parque, si ibas por tu cuenta a la aventura, cómo de peligroso era, o qué pasaba si dormías fuera (ya que el alojamiento de dentro era más caro). Pues bien, el parque tiene dos o tres entradas en las que pagas por cada vez que se entra, que están un poco lejos de la acción, así que dormir fuera para entrar no parece muy recomendable, habría que pagar todos los días y además supondría bastante coche cada día.

Por otra parte, yo me imaginaba que básicamente habría una carretera y luego si querías salirte de ella para ver bichos podrías hacerlo, con tu super todo terreno y luego acampar libremente donde quisieras en tu tienda de campaña en el techo y dormir al calor de una hoguera… y blablabla. Pues no, lo primero que descubrimos al llegar es que la “carretera” que atraviesa el camping no es una carretera, a pesar de ser una C. Es un camino de grava por el que sufriríamos hasta el infinito. Ése y otros muchos caminos que hay a sus laterales y por los que se puede circular sin problema, son los únicos por los que se puede ir, ya que no está permitida la conducción off-road. Tampoco está permitido acampar fuera de los recintos habilitados para ello, ni siquiera bajarse del coche. Parece ser que después de todo sí que entraña sus riesgos, así que siempre tienes que ir en coche (y recomiendan con la ventana cerrada, aunque eso suele venir seguido por la polvareda constante que hay en suspensión gracias a los cientos de coches circulando por los caminos de grava).

Principalmente hay dos campings, Halali, al este y Okaukejo al oeste. Ambos están situados junto a un waterhole, un estanque al que vienen los animales a beber por la noche, algo que tampoco sabíamos, pero que es una de las cosas más interesantes del parque, ya que los campings cierran las puertas aproximadamente a las 6 de la tarde y a partir de entonces tienes que estar dentro, así que algo de entretenimiento en el camping viene bien. Okaukejo es un poco más de lujo, tiene mucho más sitio para dormir, y las piscinas e instalaciones de comer y demás son de más categoría, pero a mí me gustó más Halali, y su waterhole era más salvaje y molón (a parte que también se agradecía bastante el hecho de que tuviera menos turistas).

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Tardamos casi dos horas en llegar desde la entrada oriental hasta el camping Halali, ya que íbamos despacico por la carretera infernal, aunque hay que decir que a pesar de ser de grava y tener zonas en las que no se podía ir rápido, en general pudimos hacer una media de 50km/h, lo cual era todo un avance respecto a carreteras anteriores. Por el camino empezamos a ver bichos random casi sin proponérnoslo, al principio springboks, luego jirafas y de pronto vimos a un super elefante, absolutamente enorme que andaba despacio dejando una estela de polvo. Parecía viejo, y probablemente lo sería, ya que los elefantes suelen ir en manadas y sólo se separan cuando son muy viejunos y van a morir. El bicharraco era gigante, aunque con los colmillos muy pequeños, nada comparado con otros elefantes que había visto anteriormente en Nepal y en Vietnam, que eran mucho más pequeños (2-3 metros en su parte más alta). Este rondaría los 5, estaba muy lejos del coche y aun así imponía, estábamos con el motor en marcha por si le daba por correr hacia nosotros. Aunque en el mismo cartel en que leímos que en este parque se habían registrado alturas de hasta 6 metros (lo cual es una salvajada), y que los colmillos solían ser pequeños porque tienen dietas muy pobres en calcio, también contaban que si se ponen a correr pueden alcanzar 40 km/h, lo cual probablemente nos habría dejado atrás, ya que el Corolla no daba para tanto en este terreno.

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Después de un buen rato por aquella carretera comiendo polvo de los todoterrenos nos dimos cuenta de que probalemente el resto de carreteras que íbamos a recorrer por Namibia serían como ésta, y que íbamos a tener un viaje bastante intensito, en contra de lo esperado. Realmente sale a cuenta alquilar un todoterreno en Namibia, y si nos hubieran dado el que habíamos alquilado las cosas habrían sido muy diferentes. El camping Halali no tenía nada que ver con otros campings que habíamos visto antes, tenía unas instalaciones brutales, con grandes restaurantes, una piscina a la que se le podía llamar piscina, y en general, instalaciones de lujo, considerando el sitio en el que estábamos. Las plazas de camping estaban bastante bien, con electricidad, sitio para hogeras, y buen espacio para el coche y la tienda, aunque sin mesa. Si hubiéramos tenido un todoterreno habríamos tenido sitio para nuestra propia mesa y sillas… ay.. el todoterreno… Aunque otra cosa que descubrimos en este camping es que quizá la mejor forma de recorrer Namibia sea en un todoterreno, pero quizá sea mejor uno normal en el que alquilas equipamiento y tienda de campaña normal que uno con tienda en el techo, que eran los típicos (y el que habíamos reservado en primer lugar). Aquí estábamos rodeados de grupos con este tipo de todoterrenos y lo que vimos es que por un lado tardaban como 3 o 4 veces más que nosotros en montar y desmontar la tienda, la nuestra era casi instantánea, y la de los techos era un poco más compleja y todo el mundo tardaba bastante más. Por otra parte, cuando estás más de un día en un sitio, si tienes una tienda independiente no tienes que desmontar toooodo si te quieres llevar el coche, algo que le pasaba a casi todo el mundo, por la mañana a desmontar todo (tienda, plegar colchones, recoger mesa, utensilios, todo..) Nosotros lo dejábamos todo ahí y nos íbamos con el coche vacío, y cuando llegábamos por la noche nos íbamos directos al waterhole mientras los demás montaban sus tiendas otra vez. Así que realmente, si yo volviera a Namibia alquilaría un todoterreno normal, que se pueden alquilar en compañías normales como Avis, con muchas más garantías que las locales (que te pueden dejar vendido como nos pasó a nosotros), y luego alquilar por 4 duros el equipamiento. Probablemente cueste la mitad de pasta que uno con tienda en el techo (éstos rondan los 1500-1600 euros, frente a los 700 de un 4×4 en Avis, para 3 semanas, al que luego hay que sumar el equipo que te puede costar unos 50 o 60 euros).

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En fin, coches a parte, el primer día de Etosha estuvimos informándonos un poco y poco más, le habíamos metido buena tralla al coche, y era ya media tarde, así que lo único que hicimos fue salir a dar un garbeo por las carreteras cercanas al camping en el que sin esforzarnos mucho vimos jirafas, ñus, springbox y cebras, que luego nos acostumbraríamos, pero la primera vez impresionba bastante tenerlas a 10 cm de tu coche intentando meter la cabeza por la ventana.

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Después de la miniexcursión de hora y media volvimos para ver el waterhole, algo que a priori parecía turístico y un poco absurdo, pero que se convirtió en absolutamente memorable. Cuando llegamos llamaba la atención el silencio máximo que había en el que sólo se oían los obturadores de las cámaras de muchos turistas. En el waterhole, tres leonas bebían tranquilamente, a escasos metros de la gente. Es bastante chocante llegar a un sitio con unos asientos en el que simplemente te sientas y esperas a que vengan los bichos, y allí, sin más te encuentras con unas leonas.

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Pero lo que llegó después fue mucho más impactante. Cuando las leonas se fueron, y como si hubieran estado esperando una cola imaginaria, ocultos entre las sombras, aparecieron unos rinocerontes negros que también se dieron sus buenos tragos. Y lo mejor estaba por llegar, cuando se fueron los rinocerontes, guardando escrupulosamente el turno, apareció una manada de elefantes en la que tranquilamente podía haber 30 o 40. Había algunos líderes que les iban marcando el paso, otros más perezosos y algunos muy pequeños. Estuvieron más de media hora en la charca, bañándose, bebiendo, echándose agua mutuamente, e incluso parecía que estaban disfrutando. Parece ser que la mayoría de estos animales esperan al atardecer cuando hace menos calor para no perder líquidos durante las horas de calor. Lo curioso es que parece que los depredadores respetan la hora de beber, porque no parecía que atacaran mucho, aun sabiendo que era un sitio donde se congregarían presas fáciles.

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a este le llamábamos Trompeti

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Los elefantes dieron muchísimo juego, los turistas estábamos flipando con lo que estábamos viendo, el ruido, el olor y los barritos a escasos 10 metros. Al final, con un estruendo, como habían llegado, el motrollón de elefantes se fue y las leonas volvieron (u otras  leonas diferentes vinieron). Esta vez se dedicaron a juguetear como lo haría un gato, tirándose por el suelo, dando volteretas y bueno, dejando ver que en el fondo son básicamente gatos muy grandes. Después de flipar bastante con el waterhole, nos fuimos a cenar al restaurante del camping para probar las delicias locales, como el kudu o la cebra, y luego nos fuimos a la cama.

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18 Oct

Namibia, capítulo 4: Kalahari desde abajo

Nos quedaban dos días en Waterberg, y la excursión más importante, la que nos llevaba al desierto y en la que veíamos bichos. Pero eso sería por la tarde, así que por la mañana hicimos una excursión por la parte baja de la reserva, recorriendo un sendero que conectaba nuestro camping (el Anderson Campsite) con el manantial que hacía que el interior de la herradura fuera un vergel en medio del desierto.

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El sendero discurría por el monte entre árboles que no estaban del todo secos, como en el resto de sitios, para al final desembocar en la zona del manantial, donde había una fuente de agua inesperada, rodeada de hierba, berros y tréboles, y todos los árboles eran grandes y verdes, e incluso había un río, algo muy raro de ver en temporada seca en Namibia. Parecía que estábamos de vuelta en algún parque natural europeo, pero los árboles, enormes y retorcidos nos recordaban que seguíamos en latitudes tropicales.

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De vuelta paramos de nuevo en el camping caro para hacer uso del wifi, y nos fuimos a nuestro campsite a comer, echar una pequeña siestita con el sonido de las cigarras, y esperar a que vinieran a buscarnos para hacer la excursión estrella de nuestra visita a Waterberg.

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A eso de las 5, cuando empezaba a calentar un poco menos, un jeep enorme apareció en la estrechita carretera del camping y aparcó justo delante de nuestra plaza. El tipo que lo conducía parecía bastante simpático. Éramos los primeros, pero luego fuimos pasando por los otros campings recogiendo a otros europeos (franceses y alemanes mayormente) que nos acompañarían al encuentro de los rinocerontes por toda la extensión de la granja, que no era poca.

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Poco después de salir ya nos topamos con las primeras jirafas, que parecen como algo más normal de ver, pero cuando ves montones de ellas y a un par de metros de tu jeep la cosa impresiona un poco más. Nos enseñaron a diferenciarlas machos de hembras por las antenitas que tienen pero cualquiera se acuerda._MG_5675 _MG_5677 _MG_5680 _MG_5682

Lo que sí recordamos es que cuanto más oscuro era el color de las manchas más viejas eran, así que se podían distinguir fácilmente las jovencitas de los vejestorios._MG_5684 _MG_5750

Ya sin jirafas y sin bichos enormes, el paisaje era muy llamativo, con muchos pajaricos, roedores de diversos tamaños y árboles en posiciones imposibles a los que no les quedaban hojas porque las jirafas son muy voraces. De todas formas, la joya de la corona eran los rinocerontes blancos, que son una especie escasísima, y en la granja tenían 3, dos hembras y un macho, algo que hacía que tuvieran que vigilar fuertemente la granja contra los furtivos, que por lo que comentaban eran mayoritariamente chinos en busca de cuernos de vigor (un estilo al capítulo de Futurama en el que los omicronianos quieren el “cuerno inferior” de Fry, pero con malditos chinos y especies en peligro de extinción). _MG_5748

La movida es que la granja tenía un buen porrón de hectáreas y los rinocerontes son bastante huidizos, así que a pesar de que pagas la excursión porque el guía supuestamente sabe encontrarlos, hay posibilidades (avisadas en un disclaimer) de que no veas un solo rinoceronte. Pero nosotros tuvimos bastante suerte, y media hora después de salir, el guía recibió algún tipo de chivatazo por radio y pegó un volantazo.

Parece ser que otro guía había detectado a las dos rinocerontas echándose una siesta entre unos matojos, y si íbamos muy despacico podíamos verlas. Inquietantemente, nos bajamos del jeep, y fuimos tras el guía, siempre intentando estar en contra del viento, y metiéndonos en el sotobosque del kalahari hasta verlas allí. Enormes, mucho más de lo esperado y mirándonos, mientras algunos franceses que iban en la expedición ponían de los nervios al guía intentando acercarse más de la cuenta.

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En seguida echaron a andar y el guía nos dijo que podíamos seguirlas siempre que fuéramos opuestos al vector del viento y a una distancia prudencial.

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También nos contó el motivo de llamarlos rinocerontes blancos, que no sé hasta qué punto es cierto, pero sonaba razonablemente creíble. Resulta que hay dos especies en África, los negros y los blancos. Los negros son bastante más pequeños y tienen el morro más en punta, mientras que los blancos, a parte de enormes, tienen el morro ancho, con lo que los primeros colonos que le dieron un nombre en holandés les llamaban widje, ancho. Pero ese widje acabó degenerando en white  cuando los colonos británicos entraron en Sudáfrica. Y al final se quedó con rinoceronte blanco. Tanto los blancos como los negros son en realidad bastante grises. _MG_5693

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Después del encuentro con las rinocerontas estuvimos un rato más dando un garbeo en el jeep hasta que paramos delante de una explanada en la que había cienes de bichos, sobre todo roedores, kudus, ñus, pájaros, y muchos otros. La idea era ver el atardecer sobre la explanada con unas cervezas y refrescos que había en una neverita secreta en el jeep, que iban a entrar como dios porque estábamos todos con la boca ultraseca. Pero cuando estábamos tranquilamente viendo a los bichos, a nuestra espalda apareció un bicharraco, a escasos metros y mirándonos fijamente. El rinoceronte macho estaba ahí. El guía, visibilemente preocupado, nos dijo que nos ocultáramos detrás el coche (las escalas no estaban puestas para volver a montarse), y empezó a retarle dando golpes al coche para que se fuera._MG_5758

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Pero el rinoceronte no parecía muy agresivo, era un tipo tranquilo que nos observó un rato, dio unos cuantos pisotones levantando arena y luego se piró por donde había venido.

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La excursión triunfó muchísimo, y cuando volvimos estábamos destruidos del calor y las emociones, así que tras una cena ligera, a las 8 estábamos ya sumidos en la oscuridad y nos fuimos a la tienda a ver una peli.

14 Oct

Namibia, capítulo 3: Kalahari desde arriba

En nuestro segundo día en Waterberg teníamos una excursión contratada, ya que al ser una reserva privada sólo podías hacer excursiones con los tipos de la reserva, no con tu coche (que de cualquier manera no habría sido demasiado fiable, dadas las circunstancias). Por la mañana íbamos al plateau, la meseta. Como contaba anteriormente, Waterberg es una especie de oasis metido dentro de una herradura, que es una elevación con forma de V que rodea a la fuente de agua. La elevación es plana en su parte más alta y es conocida como el plateau, o meseta, y en ella guardan algunos de sus animales más preciados (para hacerlos más inaccesibles a los furtivos), como algún rinoceronte negro y algunos búfalos cafre.

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A primera hora salimos hacia el centro de reservas y nos recogió un guía junto con un grupo de alemanes tipo mayorquín y un par de parejas de viejos. Empezamos el muy vertical ascenso al plateau por las paredes de roca y poco más de 40 minutos después estábamos en lo más alto, con buenas vistas por un lado del interior de la herradura, y por otro, del desierto de Kalahari que se extendía kilómetros y kilómetros hasta llegar a Botswana._MG_5639 _MG_5642 _MG_5649

El desierto no está desierto, si no poblado por una capa de arbustos que en esta época del año (final de la temporada seca) estaban completamente grises. De ahí el nombre de los moradores de estas tierras, bosquimanos, o bushmen en inglés, literalmente hombres de los arbustos. Son ésos que salían en la peli de Los Dioses deben estar locos, y que hablan con chasquidos. Días después conoceríamos a uno de ellos y veríamos como efectivamente tenían ese extraño lenguaje. _MG_5653 _MG_5655

40 grados. El guía vistiendo pantalón largo, camisa de las gordas de manga larga, y chaleco de tela de polar. No sudaba

40 grados. El guía vistiendo pantalón largo, camisa de las gordas de manga larga, y chaleco de tela de polar. No sudaba

Arriba del plateau, más allá de las vistas del desierto, las fotos de todo el mundo, y las explicaciones del guía sobre los bosquimanos, los aceites que fabrican con las plantitas locales, y demás, pues no vimos ningún bicho llamativo. _MG_5664

Al final, y casi indistinguible entre los arbustos, nos encontramos con uno de los búfalos que vivían aquí. Era un bicharraco enorme (es uno de los big 5, junto con leopardo, elefante, rinoceronte y león). Molaba verlo de cerca, pero lo que no molaba tanto era ver al guía bastante angustiado, diciéndonos que estuviéramos en silencio y llamando por radio para decir que mientras el búfalo estuviera allí no podíamos bajar.

Al final el búfalo se movió un poco y lo fuimos bordeando con extremo cuidado (los alemanes escandalosos no tanto, se acercaban peligrosamente para echar fotos, algo que sí hizo sudar al guía). Pero al final conseguimos bajar del plateau para mudarnos a nuestro nuevo campamento (ya que alguien la habia liado con las reservas y teníamos que cambiar a otra zona de acampada para las otras noches).

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Allí comimos y fuimos a visitar por la tarde, andando, con toda la solana, al campamento principal del Waterberg, la Wilderness Lodge, que tenía las chozas de mayor nivel para la gente que venía con pasta. Estaba completamente vacío, así que estuvimos un buen rato en la cafetería usando el wifi, el único momento de toda la visita a Waterberg en el que realmente tuvimos acceso a internet. Bajo el sol abrasador volvimos a nuestro nuevo campsite, y estuvimos pasando el resto de las horas infernales del día en la charca de agua helada, bañándonos y leyendo un poco. Cuando refrescó un poco volvimos a subir al campsite de arriba, al que habíamos ido por la mañana para hacer la excursión, y allí nos tomamos unas cervezas y contratamos la excursión del día siguiente.

Nos anocheció bastante rápido así que nos volvimos a nuestro nuevo camping a cenar, esta noche sin criaturas del infierno, y a cambio con una hoguerita super chachi que hicimos, en la que no asamos nada de carne, pero nos daba calorcito y luz.

10 Oct

Namibia, capítulo 2: Memorias de Waterberg

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Llevábamos ya dos días en Namibia y estábamos empezando a pasar el mal trago del alquiler de coches. Nos levantamos recargados después de dormir en aquellas camas, que aunque estaban dentro de una tienda de campaña, no les faltaba lujo y comodidad. Teníamos la compra hecha, el depósito lleno y todo el kit de acampada en el maletero, así que salimos hacia nuestro primer destino: Waterberg.

Que vas al revés!!

Que vas al revés!!

Al principio fue un poco raro por lo de conducir por la izquierda, pero en Namibia las carreteras (cuando son carretera) son anchas, y con rectas largas, así que no tardamos mucho en estar adelantando largas filas de camiones con comodidad, sin jugárnosla mucho. El Corolla andaba bastante bien, pusimos nuestro cd de podcasts y empezamos a echar kilómetros. Todo parecía estar muy bien, incluso llegué a preguntarme por qué diablos la gente alquila todoterrenos para ir por Namibia, cuando las carreteras son tan buenas, y los todoterrenos tan caros. Aproximadamente en ese momento tuvimos que entrar en la D2512, el último tramo de unos 25 kilómetros hasta la reserva natural. Cuando llegamos y vi el terreno entré confiado, pero no tardé en darme cuenta de que o íbamos muy despacio o el Corolla iba a explotar. La “carretera” era un camino de polvo y gravilla lleno de socavones, piedras prominentes, y zonas extrañamente estriadas que no permitía que avanzáramos a más de 20km/h. Lo peor eran las zonas estriadas, como si alguien hubiera pasado un peine gigante por la carretra, transversalmente. Eran lo peor porque no se veían hasta que estabas encima. Y solía pasar que ibas super rápido (a 40 o 45, en plan sobrao), y llegabas a una de esas zonas y el coche entero parecía que iba a reventar, el capó saltaba, la columna de dirección temblaba como en un terremoto y tenía que poner el coche a la velocidad mínima posible para atravesar la zona. Incontables todoterrenos nos adelantaron mientras recorrimos este tramo de 25 kilómetros en hora y media. Y yo pensé que ojalá no tuviéramos que meternos en una carretera así ninguna vez más, porque el coche no lo iba a aguantar. Al fin y al cabo era una D. En Namibia, las mejores carreteras son las A. Las B están muy bien y las C son comarcales. Habíamos venido hasta esta D por una C que estaba muy bien, y cuando miré el mapa para ver otros recorridos que teníamos que hacer durante el viaje, sólo había Cs, como poco. Así que pensé que cuando nos fuéramos de Waterberg sería la última vez que iríamos por una carretera infernal. Pero de momento tocaba sufrir en la D2512. Al cruzar la valla del parque fue peor, la carretera dejaba de ser de grava y socavones para ser de fina arena roja. El coche perdía tracción cada dos por tres y en una pequeña cuesta casi nos quedamos sin poder subir porque no agarraba. Llegamos a venir en temporada de lluvias y nos habrían tenido que sacar de allí.

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Al final, entre sudores, llegamos a una casetilla que no era el centro de visitantes pero había una señora que nos miró en el mapa y nos dijo que nos teníamos que quedar allí, ya que era una de las zonas designadas de acampada y nos tocaba allí. Como habíamos cogido todo a última hora ibamos a dormir 3 noches en Waterberg, y cada noche en una zona de acampada diferente.  Waterberg es una especie de oasis en el enorme desierto de Kalahari. En la extensísima planicie, hay de pronto una formación montañosa con forma de herradura en cuyo centro hay un pequeño arroyo, de una fuente de agua natural. Todo el interior de la herradura es verde y florido y la parte exterior es desierto con arbustos (en donde viven, o más bien vivían, los bosquimanos). A pesar de ser un oasis, y tener vegetación muy densa, estábamos en la parte más exterior de la herradura donde el arroyo ya estaba seco, y en el final de la temporada seca (llevaba muchos meses sin llover nada), así que básicamente todos los árboles estaban secos y en general el paisaje era una mezcla de azul del cielo, rojo del suelo y gris de la vegetación. Eran las 3 de la tarde y el calor era implacable, pero aún así, dejamos montada la tienda en nuestra parcelilla con parrilla y mesa. La parcela estaba muy bien, y la tienda era extremadamente fácil de montar (por suerte, ya que en otro caso habríamos muerto deshidratados).

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Después salimos andando hacia el centro de visitantes, que estaba a un kilómetro y hacía algo de calor, pero andar era más seguro que el coche. Allí no había ni cristo y estuvimos un buen rato para conseguir pagar y formalizar nuestra estancia, y sobre todo para contratar las excursiones que íbamos a hacer los siguientes días. Waterberg en cualquier país de Europa sería un parque natural mantenido por el estado, pero en la África ex-colonial era una granja privada en la que algún tipo de europeo con pasado siniestro había comprado incontables acres de terreno y había montado una reserva privada con bichos de diferentes tipos, para vivir, y para alojar a otros europeos y sacar pasta. Modelo Memorias de África, pero con éxito en vez de fracaso y animales en vez de café. Al ser privada, la mantenían con bastante gusto, pero también hacían lo que les salía del moño con sus animales. Que en este caso era para bien, ya que tenían tres rinocerontes blancos, un tipo de rinoceronte escasísimo y en grave peligro de extinción, a los que protegían como el bien comercial que son, frente a la probable incapacidad del estado de protegerlos. Así que para los bichos era algo bueno que unos burgueses alemanes hubieran tomado el control. Para los bosquimanos y namibios en general, ya tal. Como el calor era abrumador y era ya por la tarde, no pudimos planificar ninguna excursión para el día de la llegada, así que decidimos planificarnos la tarde nosotros: piscina, cuando bajara el calor, excursión por un trekking que había cerca del camping, y cuando empezara a irse el sol, cerveza en el centro de visitantes 2.

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La piscina no era mucho más que una poza redonda de 4 metros de diámetro. Las había en TODOS los campings y si la hubiera visto desde aquí antes de ir a Namibia habría pensado que vaya castaña de piscina. Pero con 50 grados y ni una sombra, aquella piscina de agua HELADA era el auténtico paraíso, y agradecimos infinito que en cada camping hubiera una. Básicamente entre las 3 y las 5.30 de la tarde era mejor disponer de un lugar fresco o morir. Íbamos con librito y allí entre remojón y remojón se aliviaba el calor infame, y se podía leer algo.

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A eso de las 5.30 el sol empezaba a caer y nos fuimos a hacer un trekking por una ruta que salía de la herradura para entrar en el desierto. Allí vimos nuestros primeros termiteros, un montón de pájaros y un atardecer rojo y abrasador. Después, subimos al camping de arriba. La reserva tenía el centro de visitantes en medio de la herradura, pero había un camping al principio (el nuestro), otro camping en un montículo cercano, con bungalows y lodges de ultra lujo (unaffordable para nosotros), otro camping en el interior de un bosque y un cuarto alojamiento más caro aún que ya era un hotel, en el cogollo de la herradura, donde nacía el arroyo y donde se concentraba toda la vegetación aún verde. Este último hotel era lógicamente lo más caro posible y no lo vimos hasta el tercer día. Pues el elevado, que tenía unas vistas increíbles sobre el Kalahari, y desde el que se llegaba a ver Botswana, estaba completamente vacío y tenía un gran restaurante donde nos sacamos unas cervezas para tomarlas junto a una especie de roedores gigantes que llenaban los árboles cercanos. Nos duraron muy poco, después de todo el día en el secano absoluto, y para las 7 estábamos volviendo a la tienda ya que estaba a unos dos kilómetros y teníamos que llegar antes de que se hiciera completamente de noche.

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Nuestra primera cena en el camping fue un poco caótica, ya que aún no teníamos controlado dónde estaba cada cosa, y cómo usarlas eficientemente. Al menos teníamos una especie de encimera, y una mesa y unas sillas de hormigón, algo que aunque nos parecía muy básico, terminaríamos echando de menos, ya que a partir de Waterberg, cada camping que fuéramos sería un poco peor que el anterior. La cena estuvo amenizada por unos simpáticos solífugos, una especie de criatura del infierno que vi de refilón a la escasa luz del farolillo que teníamos. Cuando lo seguí con la linterna descubrí que en el muro había una grieta donde se ocultaban varias decenas más, una pequeña grey de las tinieblas, algo que me hizo comer con los pies subidos al banquito (como si no fueran capaces de trepar al banquito). La cosa es que eran  inofensivos (creo), pero daban bastante cosica, amén de estar muy cerca de la entrada a la tienda de campaña. Después de un rato se me olvidó y nos centramos en observar la vía Láctea, desde una perspectiva nueva (hemisferio sur), que lógicamente se veía bastante mejor en el desierto que en cualquier ciudad.

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Nos metimos a la tienda, cerrando todas las pequeñas aperturas que tuviera la lona y la cremallera, y esperamos a la noche del desierto, pertrechados de mantas por si acaso.

Al final no hicieron mucha falta.

06 Oct

Namibia, capítulo 1: empezando con buen pie

Namibia está en el mismo rango de longitudes que Europa, por eso cuando miramos al mapa parece que está bastante cerca, e intuitivamente, si nunca hemos viajado en el eje de los meridianos, en lugar del de los paralelos, más habitual, pensamos que en unas pocas horas, 6, u 8 estaremos allí. Pero no, entre los vicios de las proyecciones cartográficas a las que estamos acostumbrados, y no contar con jet-stream, el vuelo (desde Londres, no Bilbao, y hasta Johannesburgo, no Windhoek), es bastante largo, unas 13 horas, lo que es más que la duración  de Europa a Japón, o algo parecido a volar de París a Los Angeles, o de Madrid a Santiago de Chile. Si a eso sumamos todos los vuelos accesorios (BIO-LHR, JNB-WDH), y las esperas, pues te juntas con un dia entero de aeropuertos y llegas a Windhoek con una mezcla de cansancio y fascinación por haber estado dos horas y pico volando por encima de un gran erial desértico que es por donde te vas a mover los siguientes días.

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El plan era sencillo, llegar al aeropuerto, formalizar visados, montar con un driver que nos llevaría hasta la empresa de alquiler de coches, coger uno de esos super todo terrenos con tienda de campaña en el techo y después de una noche de refresco y descanso, salir inmediatamente hacia Botswana, donde veríamos el gran delta del Okavango, durante 5 días, para volver a Namibia y seguir con las super visitas de este país.

Por la carretera el tipo nos señaló unos monos que andaban urgando en la basura, y pensamos que si podíamos ver monos en la carretera del aeropuerto, qué animales no veríamos en este viaje! No íbamos muy desencaminados, pero algo iba a torcerse de forma espectacular.

El driver nos dejó en la misma puerta de Camping Car Hire, una de las docenas de empresas de alquiler de todo terrenos que hay en Namibia, y una de las más famosas, quizá junto con Asco Car Hire. La empresa está regentada por unos alemanes, o descendientes de alemanes o algo por el estilo (luego alguien nos dijo que hablaban afrikaans, así que igual eran sudafricanos… ), lo cual, haciendo la reserva me daba cierta confianza, ya que las reservas en este país se hacen muy a lo salvaje, enviando el número de tarjeta de crédito, el cvc  y demás por email. Pero al llegar nos encontramos con que precisamente esa tarjeta de la que sólo nos faltó mandarles una foto, no servía para hacer la reserva. El motivo: no tiene los números en relieve y no la pueden pasar por la máquina de hacer copias en carbón. Cualquiera que lea esto se dirá, qué chorrada, se me ocurren mil soluciones a esa tontería, usar otra tarjeta, pagar en metálico, hacerle una foto a la tarjea para que se la queden, incluso a malas dejarle la tarjeta para que se la queden a modo fianza. Pues bien, absolutamente NADA valía. Resulta que en Namibia la mayoría de coches van sin seguro, y a eso hay que añadir que muchos de los conductores de coches alquilados son europeos y americanos que van como locos por las carreteras de tierra y tienen problemas con los coches. Por estas dos circunstancias, los seguros son muy estrictos y requieren una copia en carbón de la tarjeta para hacerse cargo de las coberturas en caso necesario. La cosa es que ninguno de los dos tenía otra tarjeta con números en relieve, y los alemanes, otrora fiables, se habían convertido en despiadados y fríos. No no no no no, no se puede, no os vamos a dar el coche porque no podéis asegurarlo. Si dejáis la tarjeta no sirve de nada porque el seguro no nos la coge. Es más, si vais a otro alquiler de coches os va a pasar lo mismo. Ok, deja que lo comprobemos nosotros, devuélvenos la pasta y santas pascuas. TAMPOCO. Porque para ello tendríais que haber cancelado la reserva 2 semanas antes. Así que allí estábamos, pintadísimos, sin coche, y con 1600€ menos en el banco. En Windhoek, una de las ciudades más feas que he pisado nunca, sin plan. Y con medio país reservado para dormir. A todo esto, los alemanes se comportaron como auténticos bastardos, que no sólo no mostraron nada de empatía con nuestra situación, si no que nos trataron bastante mal, que fue lo que peor nos sentó. Porque en los miles de mails que había intercambiado con la señora Rechter, sí que especificaba que tenía que llevar una de esas tarjetas. Y decía que si no cancelábamos con tiempo no nos devolvían la pasta. Pero no decía que si no cumplíamos nos iban a tratar como escoria.

En fin, nos fuimos con las manos vacías y tuvieron el detalle de llevarnos al hostel, que teníamos pillado por una sola noche. Allí conocimos a nuestro salvador, un namibio (aunque tenía pinta de egipcio) que estuvo peleando por teléfono, en persona y durante horas con la familia alemana, llamando a bancos, a la embajada, a abogados… Dijo que no podía ser y que o nos daban la pasta o el coche. Y el tipo se lo curró.

Así que nuestra primera tarde en Windhoek se tradujo en pánico, depresión, aceptación y finalmente búsqueda de soluciones. Fuimos a la empresa una vez más,  de la mano del namibio, y después estuvimos mirando alternativas. Primero intentando conseguir una tarjeta namibia que nos sirviera. Imposible, había que trabajar allí. Luego otras empresas de coches, para alquilar un coche al día siguiente!!! Estaba muy complicado. Finalmente decidimos que lo único que podíamos hacer era intentar conseguir la pasta, e intentar alquilar un coche en una AVIS o Herz, que según los alemanes nos podrían los mismos problemas, pero que yo sabía que no funcionaban así.

Buscamos un alojamiento en Windhoek para el día siguiente, ya que no íbamos a poder irnos, pero tampoco quedarnos donde el namibio, que estaba fully booked, y esa noche nos fuimos sin cenar, descompuestos, a la cama, y no dormimos prácticamente nada.

Al día siguiente, o en la continuación de la pesadilla que estábamos experimentando, fuimos de nuevo a Camping Car Hire, con el namibio salvador tomando notas y con cara de pocos amigos (algo que pareció que no iba a servir de nada, pero el caso es que ellos se pusieron bastante nerviosos con esta situación). Al principio nos dijeron que no se podía hacer nada, pero después de que yo suplicara, el namibio amenazara en afrikaans con juicios, y otras situaciones a cual más extraña e  incómoda (incluyendo la presencia de un supuesto banquero), la alemana se sacó de la manga un acuerdo que ya tenía firmado ella según el cuál nos devolvían prácticamente todo el dinero y se quedaban con una parte por las molestias de dejarles con el coche parado. Al margen del alivio del momento, en el que casi lloro, la clave aquí para ver lo miserables que eran estos tipos, es que tenían el acuerdo escrito y firmado, o sea habían pensado devolvernos la pasta, pero decidieron estirar el tema por si no lo peleábamos, y nos tuvieron una hora de tiras y aflojas hasta que nos lo entregaron.

Nos largamos de los muy desagradables Camping Car Hire, y fuimos directamente a AVIS, donde nos alquilaron un Toyota Corolla, lo único que les quedaba, sin ponernos ningún tipo de pega por la tarjeta. El Corolla no era un 4×4, y además habíamos perdido un día entero, así que por los dos motivos nuestra visita a Botswana se iba a pique, ya que varias de las cosas que queríamos ver allí requerían 4×4, y teníamos dos días enteros para entrar y salir del país, lo que nos dejaba un único día completo de estancia. Lo primero que hicimos fue ir a un garito de alquiler de equipamiento de camping, ya que nuestro coche de camping car hire incluía tienda, colchones, mesa, cocina, vajilla, cubiertos… y teníamos bastantes campings reservados, pero ahora sólo teníamos un Corolla. Esto limitaba bastante, ya que aunque no es un coche pequeño, tampoco cabían tantas cosas como en un todoterreno, así que nos limitamos a coger la tienda más pequeña, unas colchonetas suficientemente cómodas, y una caja con utensilios para cocinar y camping gas. Con eso y nuestras mochilas llenamos todo el maletero y buena parte de los asientos de detrás. Ahora sólo faltaba rezar porque las carreteras principales de Namibia no requiriesen 4×4.

Después aprovisionarnos de bártulos también nos aprovisionamos de comida y dinero efectivo en un mega centro comercial de la capital (los dólares namibios fueron imposibles de conseguir en Bilbao, donde sólo nos ofrecian rands sudafricanos, que por otra parte es moneda de curso legal en Namibia y está pareada con el valor del nambian dollar). Es curioso porque a cualquier sitio que vayas, por remoto y culturalmente diferente que sea, cuando entras en un super descubres que en realidad todo es lo mismo.

Nos fuimos a nuestro nuevo alojamiento provisional, el Windhoek urban camping, un camping en medio de la ciudad que está muy muy muy bien, es barato, y puedes dormir en tu coche o en tiendas que te ponen ellos, pero son tiendas con camas de verdad! Además tiene unas duchas al aire libre la mar de exóticas (no tienen techo), y una piscinita al lado del bar. Así que aunque era poco antes del mediodía nos fuimos un rato al camping a descansar ya que llevábamos prácticamente tres días seguidos sin dormir nada. Comimos el primero de una larga secuencia de almuerzos insípidos y abominables, y yo me eché un rato en la cama, aunque no duré mucho ya que al ser una tienda de campaña se calentaba muchísimo por el día.

Primer helado de las vacaciones, en Windhoek

Primer helado de las vacaciones, en Windhoek

Luego salimos a conocer Windhoek, algo que no habíamos planeado, pero ya que íbamos a estar atrapados aquí un día, pues aprovecharlo. A pesar de haber sido una excolonia alemana y luego británica, y de ser un país bastante turístico, en la zona central de la capital se ven muy poquitos blancos, y de hecho en algunas zonas daba la sensación de que los namibios no están muy acostumbrados a verlos. Estuvimos paseando por el centro viendo los escasísimos atractivos turísticos que tiene Windhoek, y después de visitar un infame mercado de artesanía en el que varios individuos de la tribu himba venden piezas de calidad y procedencia dudosa, fuimos a buscar un helado, para pegarnos algún tipo de placer después de los diversos incidentes de las últimas 24 horas.

En general, en Windhoek no hay nada, el mercado de artesanía de los himba es muy cutre, no tienen a los himba muy bien cuidados como podría ser esperable si no que les tienen apartados de forma casi marginal cubiertos con lonas de plástico azul y dando la sensación de que sólo están ahí por la pasta (que obviamente lo están, pero no tendrían por qué “dar la sensación de estarlo”). El último día descubrimos que había otro mercado que merecía más la pena, pero ya hablaré de él. Fuera de esto, es una ciudad fea, caótica, sin planificación y por lo que nos contaron, peligrosa.

Tiendas delux

Tiendas delux

En todo caso, teníamos que volver al camping ya que teníamos que planificar los días que no íbamos a estar en Botswana, porque 4 días más en Windhoek eran impensables. Allí, cerca del wifi, de la piscina, y de una cerveza Windhoek (pronunciado vindhuk), y después de probar un montón de opciones sin éxito, conseguimos alojamiento no demasiado caro en la reserva de Waterberg, una granja privada de unos alemanes que no tiene  mucha relevancia en las guías turisticas de Namibia, pero que pronto gozaríamos.

Pues tampoco se está tan mal

Pues tampoco se está tan mal

Se nos hizo de noche en la piscina, entre remojón, lectura, reserva, y cerveza, y decidimos salir a cenar al Joe’s Beer house, un tremendo garitazo en medio de la nada, obviamente pensado para turistas, pero que con todo era un goce. El sitio consistía de una gran explanada al aire libre con mesitas de paja, ambientación safari, y especializado en carnes de caza mayor, lo que en estos países llaman “game” (algo que descubrimos mucho después). Game significa algo así como “vida salvaje”, o sea todos los bichos que hay en el campo, pero en los restaurantes suele englobar generalmente a todos los derivados del antílope: springboks, kudus, impalas.. pero también cebras o ñus. Pues aquí básicamente tenían un plato con cada animal, aunque también tenían una cola absolutamente aberrante, y no habíamos reservado. Por primera vez en este viaje, tuvimos un golpe de suerte (buena), y nos propusieron sentarnos sin esperar la cola, si estábamos dispuestos a compartir mesa con otros dos que también lo estuvieran. Fue así, y nos sentaron con una pareja de suizos medianamente majetes (aunque con la manía que  les cogí cuando fui allí, tampoco les hice mucho caso). Lo mejor es que ellos estaban de vuelta del viaje, y nos contaron detalles interesantes, dónde ir, qué evitar, dónde quedarse más días de los previstos, y también nos dijeron que en general toda namibia se puede recorrer en un coche sin 4×4, que las carreteras están bien y sólo hay un punto en el que es obligatorio. Esto me alivió bastante, aunque luego se verá que no era exactamente cierto.

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El caso es que tras pincharnos un filete de kudu y otro de cebra, que están muy muy buenos, nos volvimos al camping a descansar de verdad. Al día siguiente había que salir pronto hacia Waterberg!

 

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