13 Abr

Kiwi el Aucklander 15: La pascua

Ha llegado la Pascua, que no Semana Santa, y con ella se acerca el final de nuestra estancia. Es bastante curioso como la palabra de las lenguas germánicas para desginar la pascua, Easter, Ostern en alemán, está totalmente relacionada con el amanecer, la llegada de la luz (del este->amanecer),  propia de la primavera, y como en en el hemisferio sur esto no tiene mucho sentido, ya que nos estamos metiendo de lleno en la oscuridad.

Pero como en la Europa atrasada que saca muñecos de madera y cornetas infumables, aquí también hacen fiesta (aunque no sepan muy bien por qué), y venden abundantes huevos y conejos de chocolate (de esto sí que no tienen ni idea de por dónde les da el aire). Y yo he aprovechado para ver el norte de la isla, todo lo que queda al norte de Auckland, que parece que es muy poco, pero que me ha llevado los 5 días. Por cierto que aquí el jueves santo no existe, pero en su lugar, el martes posterior al lunes de resurrección es festivo en el mundo académico. Cinco días igualmente.

Como sigue habiendo una posibilidad de que en mayo tenga que hacer el viaje a la isla sur solo, quería ponerme un poco a prueba y ver cómo es eso de viajar solo, aunque sólo fuera por unos pocos días. El destino era Cape Reinga, el punto (aparentemente) más al norte de Nueva Zelanda. Y por el camino pues un montón de cositas, que básicamente se reducen a: PLAYAS. El norte de la isla norte de Nueva Zelanda es bonito, pero esencialmente todo es playa y campa. No hay nada más de interés.

Algo que pasa frecuentemente es que con los mapas que normalmente manejamos no somos capaces de estimar bien el tamaño de algunos países. La proyección de Mercator que utilizan la mayoría de mapas hace que las cosas cercanas al ecuador tengan un tamaño más cercano al real, pero las cercanas a los polos sean más grandes, por lo que Groenlandia suele aparecer del mismo tamaño que toda África, cuando no es así ni pa dios. Además cuando dos países están muy lejos es difícil compararlos, y por eso cuando vemos archipiélagos distantes como Japón o Nueva Zelanda, parecen pequeños, especialmente estos dos, que están junto a gigantes como Asia y Australia, respectivamente. Cuento todo esto porque yo me imaginaba Nueva Zelanda un país mucho más pequeño, pero cuando te mueves a visitar sitios de alrededor descubres que tardas muchísimo en llegar. Me metí en  The True Size of, para ver el tamaño de NZ respecto a españa, y efectivamente:

No sólo no es tan pequeña como pensaba, si no que la isla norte es tan larga como españa de punta a punta. Vale que tiene muchos menos kilómetros cuadrados, pero es larguísima. El área roja es la que he visitado durante los 5 días de pascua, y realmente me ha llevado ese tiempo. El punto verde de arriba es Cape Reinga y el verde de abajo es Auckland. Podría haberlo hecho en menos tiempo pero renunciando a ver cosas y dándome grandes palizas de viaje. Son unos 350 km en línea recta, que no parece mucho, pero hay que añadir un par de cosas: la “autopista” que va al norte, deja de tener 3 carriles después de 20 kilómetros, y pasa a tener 1 carril y a ser básicamente una nacional, que pasa por ciudades, pueblitos, con curvas infernales, puertos, etc. Así que la velocidad media está en unos 50 km/h. Y el tráfico es infernal, los atascos son constantes, las obras omnipresentes, y de hecho la única carretera que sube a Cape Reinga había estado cortada dos días antes porque el río se había llevado 20 metros de carretera.

Sabiendo todo esto salí el jueves muy pronto después del trabajo, intentando evitar el atasco de salida, pero fue imposible. Tardé 4 horas en llegar a Whangarei (pronunciado Fangarei), que está a 170 kilómetros. Velocidad media: 42 km/h. Desesperante.

Llegué por la noche a una casita de madera muy elegante donde una señora me atendió extremadamente bien y estuve cenando con una pareja de austriacos que eran sus otros invitados. Eran un poco raros, e incluso inquietantes, pero para el ratejo de la cena sobremesa dieron juego. En el bosque que rodeaba a la casa vivían algunos kiwis que no pude ver porque salen sólo por la noche, pero pude oír, chillando de forma afilada. Dormí como un rey en la cama ultra mullida de la casita de Whangarei, y por la mañana me levanté pronto porque la idea era subir hasta la base de la última península, pasando por todos los recovecos de la costa.

Lo primero que visité fueron las Whangarei falls, unas cataratas que están en el mismo “pueblo” de Whangarei, aunque entrecomillo pueblo porque es más bien una gran diseminación de casas. No hay un centro claro y definido, y es tan disperso que de hecho tiene una catarata en el centro geográfico del municipio.

Estas cataratas son normalitas, tirando a cutres. Bueno hay que decir que están muy bien considerando que están dentro de un pueblo, con su paseíto de madera, su zona de picnic y su gran parque junto al río. Pero bueno, lo que ocurre cuando has ido a sitios de naturaleza salvaje como Islandia es que luego ves cosas similares en otros sitios y siempre te parecen más cutres. Sólo he visto una cascada hacer sombra a las que veíamos en Islandia, y estaba en Austria (que también las gasta buenas).

Así que en poco tiempo salí de allí y me dirigí a la costa, hacia Tutukaka (no preguntéis, no es el sitio con peor nombre en el que he estado en este viaje). En contra de lo que uno puede imaginar, Tutukaka es un sitio muuu bonito, con playas de arena blanca y aguas turquesa.

Allí me hice un trekking por los acantilados hasta la playa y me pegué un remojoncillo. Luego seguí el camino hasta Matapouri, donde pude ver las Mermaid pools, y los acantilados de la bahía de las ballenas.

Después empecé a pasar una secuencia de playas que si bien eran muy bonitas, no dejaban de ser cada una igual que la anterior: Oakura, Helena Bay, Whangaruru. Me pasaba lo mismo que con las cascadas, después de haber estado en playas increíblemente bonitas (en europa, y en otros sitios), pues estas no me parecían mal, pero tampoco me parecían brutales. Así que las fui pasando más o menos de largo. Y me metí en el bosque de Russel para ver un pequeño groove de kauris, que estuvo bien, pero tampoco era nada del otro jueves. Además el camino era de grava y yo no tenía muy seguro que pudiera usar caminos de grava con las condiciones de alquiler del coche. Acabé bajando hasta Okiato y crucé en ferry a Opua y Paihia. Paihia es la población central de Bay of Islands, uno de los principales destinos turísticos de los neozelandeses que viajan al norte, ya que es una inmensa bahía de islas, calas, playas y montecitos. Aquí es muy frecuente ver coches tirando de fuerabordas, todo el mundo tiene su barquito y se viene a las islas en verano. A finales de marzo, siendo la semana de pascua, estaba todo lleno todavía, mayormente de kiwis.

En Paihia comí un bocata cutre y después de pasar un rato leyendo bajo un árbol en la playa, seguí mi camino hacia keri keri y sus cascadas.

Keri keri es un bonito pueblo de interior de Bay of Islands, que tampoco es que tenga mucho que ofrecer, salvo un grupo de cascadas que se suceden. La más gorda es increíblemente parecida a la de Whangarei. Es más alta de hecho y tiene bastante fuerza, hasta el punto de llegar a impresionar un poco. Lo bueno de estas cascadas es que junto a ellas hay un trekking interesante que me llevó 2 horas, así que estuve bastante entretenido paseando entre arbolitos junto al río, y sin cruzarme con nadie.

Por la tarde llegué a Mangonui, la población que está en la base de la peninsulita en la que está Cape Reinga. Mangonui es una pequeñísima población pesquera que tiene un montecito con muy buenas vistas y un pequeño puerto situado en una ensenada en el que un garito de fish and chips domina todo el waterfront.

Después de subir al montecito, antes de que anocheciera, que las noches empezaban ya a acortar, fui a mi alojamiento, un sitio muy peculiar en medio del bosque, en el que me atendió un señor que al principio me pareció un enfermo mental. Iba con un bañador sucio y una camisa vieja y raída, y tenía los dientes y los labios completamente amarillos. Me dio la bienvenida y me enseñó mi habitación, en una chabola anexa, que no inspiraba mucha confianza. Luego descubrí que el señor estaba cenando algo con curry, y de ahí lo de sus dientes. DEspués de limpiarse un poco tenía mejor pinta. Y de hecho, tuve un par de conversaciones con él la mar de interesantes sobre inteligencia artificial y tráfico.

A las 8 bajé al puerto a ver si pillaba algo de cenar, y como Txusuru y Luciaroa estaban también alojándose en el pueblo esa misma noche, quedamos para cenar.

Fuimos a un tailandés en el que cenamos de luuuujo. Mi última comida decente hasta volver a AKL.

Al día siguiente la luz me despertó, ya  que mi chabola (que tenía toda la pinta de que la había construido el tipo raro con sus propias manos), no tenía persianas ni cortinas ni nada. Desayuné en el porche, y a la luz del día descubrí que la casa tenía mucha más miga de la que parecía, tenía su propia colmena, una huerta bastante grande y un rack de tablas de surf, así que el tipo básicamente era un hipi que vivía de lo que le daba su huerta y los visitantes de airbnb. Me contó algunas historias de sus varios trabajos en muchas partes del mundo, incluida Madrid. Y cuando le dije que era vasco, rápidamente me habló de vitoria, san sebastián y pamplona (curiosamente conocía todo, de haber estado!, menos Bilbao). Era un tipo con bastante mundo y muy interesante, pero yo no tardé en salir, ya que tenía un largo viaje hasta Cape Reinga.

El viaje a Cape Reinga sucedió en una larga caravana de coches de turistas, campervans y autobuses. Esto junto con la playa de 90 millas son los destinos más visitados del norte de Nueva Zelanda. Además, como era festivo también había un buen porcentaje de kiwis.

Cabo Reinga tiene un buen parking justo al final de la carretera, y de ahí se puede andar a los acantilados, al faro y a algunas playas que están escondidas entre paredes de roca.

En el faro podías ver las distancias a otras ciudades del mundo (no sé por qué no salía Bilbao…), y también unos cuantos viejos “obnoxious” con sus drones. Yo había pensado comprarme un dron para echar unos vídeos en nz y luego venderlo, pero viendo lo molesto que es para otra gente, y lo melocotón que pareces ahí de pie mirando a la pantallita del móvil, al final no lo voy a hacer. Además, las regulaciones aquí son un poco infierno, menos que en españa, pero siguen teniendo sus complejidades.

Me hice  un trekking hasta una de las playas que fue más duro de lo que pensaba, al principio era todo bajar, pero la vuelta me cogió a medio día, con el mítico sol de justicia neo zelandés, que quema 10x el de Europa, y todo cuesta arriba.

DEspués del paseíto por acantilados y playas, emprendí mi vuelta hacia el sur con idea de ir parando en los diferentes  recovecos y playas que había en los laterales de la carretera principal. Todos caminos de grava bastante malos, pero ya me daba igual el coche.

El primero que paré es la playa de.. bueno, esta:

Que a pesar de su nombre era muy bonita, y allí busqué una sombrita y me tiré entre las rocas a comer y a leer un poquito.

Después de comer me di un paseíto por el agua y seguí el camino, parando en la “duna gigante”.  Resulta que en toda la costa oeste de la península donde está Cape Reinga hay una playa, larguísima, que llaman 90 mile beach (aunque no tiene 90 millas, más bien 90 kilómetros). Por esta playa te puedes meter con el coche y recorrerla en coche metiéndolo en el agua si eres un motivao y te da igual que se lo coma la corrosión (o viajando en unos autobuses especiales elevados que van por el agua y por la arena a toda piña). En el extremo más al norte hay una supuesta duna gigante por la que la gente se tira en bodyboard. Cuando llegué allí me volvió a pasar la “desepsió”: la duna gigante no era gigante, ni molaba nada. La duna de Pylat es mucho más gigante y mola mucho más. Incluso otras dunas en las que he estado (en Namibia, y en Polonia) estaban mejor que ésta que tanto se publicita. Además el parking estaba llenísimo de coches, era un caos absoluto porque la carretera para llegar era muy estrecha y bueno en general sin más. Así que me di la vuelta y seguí  mi camino al sur visitando otras playas y rincones.

Al final acabé en la parte sur de la playa de las 90 millas y vi como de hecho la gente se metía aquí con el coche y era como una especie de carretera sin ley. No había límites de velocidad, la gente hacía trompos.. y lo que quisieras.. Todo sin cubrir por los seguros. La playa es muy muy tendida y cuando baja la marea queda mucha arena húmeda y dura para poder circular, así que hay una especie de “carriles de facto” por los que va la gente con todo tipo de coches.

Esa noche dormí en una casa en Kaitaia, el último pueblo antes de la 90 mile beach, que tenía de todo (supermercados y gasolinera). El tipo de la casa era muy majete y me dejó uns huevos de pascua “ocultos” (básicamente estaban en la nevera), y la casa estaba muy muy bien, con una buena tele en la que me vi algunos capítulos.

Al día siguiente ya habían cambiado la hora, y empezábamos a tener una hora menos de luz, algo que se notaría bastante. Empecé visitando la playa y duna de Oponini, que tampoco era gran cosa, pero que conducía a un mirador bastante interesante donde me hice un trekking de una hora hasta una playa un poco remota.

En esta zona hay un gran delta por el que desembocan unos cuantos ríos y había bastante meneo de gente en sus barquitos pescando.

Después del trekking seguí hacia el sur para visitar el gran bosque de kauris. Los kauris son un árbol autóctono que se caracteriza por ser mu goooordo, y en algunos casos alto. También se caracteriza, como otras especies vivas de esta isla, por ser extremadamente frágil a los agentes externos, por lo que todos los sitios en los que hay kauris siempre hay puestitos con desinfectante y cepillos para los pies. Al parecer, cualquier semillita u hongo hacen que un árbol que ha resistido a 2000 años de avatares de la vida se muera en cuestión de meses.

Así que después de comerme el lunch en una mesita que había cerca del bosque, me cepillé los pies y arranqué una caminata de casi 4 horas entre arbolacos y otras plantas medio tropicales que te rodeaban tupidamente.

Los kauris fueron otro ejemplo de desepsió. Aunque en este bosque había algunos de los más gordos de nueva Zelanda (el segundo más grande y el séptimo más grande), salí con la misma sensación de “esto ya lo he visto antes, pero en mejor”. Los kauris son muy majestuosos, pero no rivalizan con las secuoyas de Mariposa groove en Yosemite. Aquéllas eran más gordas, mucho más altas, y sobre todo, mucho más abundantes (supongo que eran más resistentes también).

En todo caso, siempre es impactante ver troncos de 22 metros de diámetro. Aunque ninguna foto les hace justicia, porque como son tan débiles no te dejan acercarte y no se pueden poner referencias humanas.

 

Cuando acabé con los kauris eran las cinco y media. Media hora para anochecer! Cogí el coche y seguí mi viaje hacia Maungatapere, una pequeña población rural cercana a donde había dormido el primer día. Allí me alojó una pareja de mediana edad en una super mansión, al lado de la cual habían construído unos anexos que eran donde dormiría yo. Mi habitación era más grande que la casa entera en la que vivo en AKL, y tenía todo tipo de lujos. Además, el tipo me vio cansado y me dijo que me invitaba a cenar a su mansión.

Allí me estuvieron contando un poco su vida (no gran cosa), pero en contra de lo que pensaba, por la mansión que manejaban, estos tipos no eran banqueros o productores de cine, el tipo era electricista y la señora trabajaba en la gasolinera. No quise preguntar, pero o dan mucho dinero esos trabajos, o vivir en estos pueblos rurales es bastante barato. También les estuve contando lo que hacía yo (por tercera noche consecutiva, empiezo a tener el discurso bastante pulido),  y la señora no entendía el concepto de inteligencia artificial. Dónde ha estado esta señora metida? No ve películas, no lee el periódico, no oye la radio? bueno, risas.

Nuevo día, y nueva sesión de playas, pero esta vez tenía una buena sesion de monte también. Me dirigí a las Whangarei heads, que es como llaman aquí a cabos que emergen de la costa. Muchas playas, especialmente en esta zona, acaban en un monte bastante gordo al que llaman heads. En el caso de Whangarei, había un gran saliente que definía dos bahías, una a cada lado. Me fui a una de ellas, Ocean Beach, y desde allí me hice el trekking que subía a las puntas del cabo.

El ascenso no sería más de 300 o 400 metros, pero era muy empinado y me llevó un rato llegar hasta lo más alto. DEspués había un trekking por las alturas quepensab que me daría buenas vistas pero estaba rodeado de árboles. Sin embargo en un lugar donde había un antiguo puesto de radar antibarcos de la guerra,  había un banquito con unas vistas estupendas y a la sombrita, donde estuve leyendo un rato.

el camino, con vistas a Ocean Beach

Al bajar tuve más aliento para sacar algunas fotos a los paisajes tremendos que me había perdido al subir, y cuando llegué a la playa finalente, me quité todos los pertrechos de monte y me eché un mini chombito relajante.

De nuevo, encontré un spot con sombra en la playa donde comí, y me eché un poco de siesta con el librito.

Otro chombo, y siguiente heads, las Mangawhai, unos 20 kilómetros más al sur. Allí, una gran lengua de arena generaba una ensenada protegida donde había cientos de barquitos. Al otro lado, una playa enorme que ahora empezaba a estar en sombra, porque ya eran las 5 de la tarde. Y un nuevo recprrido por los acantilados, con subida inicial rigurosa pero luego paseo agradable.

Mi última tarde en Mangawhai consistió en ver el atardecer desde la playa con los pinreles a remojo. Cuando la luz se fue, me fui al apartamento en Mangawhai, para volver al día siguiente a AKL. Estaba ya un poco quemado de tanta playa.

03 Abr

Kiwi el Aucklander 14: Pasifika blue

Pues han pasado algunas semanas desde que visitamos Coromandel y hemos estado ocupados en diversas cosas. La primera de todo fue acabar el paper que había venido a hacer, así que, a falta de revisión, puedo decir que el trabajo está hecho, y me he puesto a hacer otro de regalo. Más neuronas!

Para celebrarlo hicimos raviolis caseros rellenos de ricotta e spinaci, que eran facilitos. Las espinacas sólo hay que darles un hervorcillo rápido y mezclarlas con el queso. La masa se hace como siempre, agua, harina, sal, un poco de sal, un poco de aceite. He de decir que esta ve me quedo muyy bien.

No tardamos en meter la masa en la máquina y en hacer tiras y rellenarlos. Hay que hacerlo 1 a 1 así que es un poco cognazo, pero el resultado es brutal.

Al final salió una buena ración de raviolis gigantes. Menos mal que éramos 3 para hacer el relleno  porque la masa se hace relativamente fácil y rápido pero rellenar es trabajo de chinos. Uno entiende que al comprar raviolis artesanos o ir a un restaurante a comerlos siempre sean gigantes. Cuanto más grandes, menos trabajo :D

Al día siguiente dimos buena cuenta de ellos con gran goce. 12 unidades eran suficientes para ponerse tibio, siempre que no seas un tragón.

El fin de semana de San Patricio la cosa se celebró a lo grande por AKL, donde nunca necesitan una excusa demasiado elaborada para celebrar algo.  Yo en vez de quedarme al desfile me fui a la playa de Piha con Urtats y Nerea, mis instructores de atletismo, para intentar hacer surf otra vez. Por alguna razón, elegí una camiseta verde para ese día (me la pongo casi todos los sábados…) y varias personas me preguntaron o me hicieron miradas como cómplices en plan “vas de san patricio e, viejo zorro?”….

Esta vez no fue tan exitoso como la anterior. Varias cosas tuvieron que ver: en primer lugar, era la primera vez para ellos también, y no contábamos con un instructor experto como Txus como la vez anterior. En segundo lugar, el mar estaba revueltísimo, y había olas pequeñas, constantes y muchísima resaca, además de estar lloviendo y hacer un viento salvaje, a diferencia de la otra vez, que venía una ola perfecta cada 2 minutos. Y en tercer lugar, cogí una tabla bastante más pequeña que la vez anterior, que parece que afecta bastante en los resultados del principiante. En resumen, que no me puse en pie ni una vez, aunque estuve cerca. Hay que decir de todas formas que la otra vez agarraba la tabla de una manera que no servía con esta tabla, ya que la otra era de corcho y tenía grip, mientras que esta era resbaladiza si la cogías así. Vamos que fracaso. Pero fue muy divertido en todo caso.

Volvimos tarde y estuvimos tomando unas cervezas en casa. Al día siguiente íbamos a ver la salida de la vela.

Resulta que la Volvo Ocean Race, una carrera de barcos que da la vuelta al mundo en unos barcos diseñados  por Volvo, paraba en AKL y estuvieron una semana no sé si descansando, aprovisionándose, o qué.. Pero el caso es que el domingo siguiente a st. patrick salían, y había gran expectación. Para empezar llenaron el puerto de cosas, camiones volvo, zonas de ocio, un escenario donde TODO el rato había conciertos o música, casetas de los equipos que competían… bárbaro.

la noche antes de San Patricio la torre estaba iluminada de verde, y el barco de Mapfre, mayormente español y capitaneado por un guipuzcoano aguardaba la salida.

A parte del concierto, que estuvo muyyy bien, de hecho el mejor espectáculo que he visto desde que estoy en AKL, estuvimos enterándonos de cómo iba la carrera esa, y es una LOCURA. Para hacerse una idea, la siguiente etapa se iban hasta Brasil (desde aquí!!!) pasando por cabo de hornos, 12 tíos metidos en ese barquito minúsculo. Prácticamente no duermen, desayunan 12000 calorías, y están todo el día en pleno trasiego. Locurón.

Pero al margen de lo sobrado que era saber la paliza que se iban a meter entre pecho y espalda, al ver la salida flipé un poco, porque no imaginaba que fuera tan espectacular. Pensaba que iba a ver unos barcos moviéndose de un sitio a otro y poco más. Pero la salida incluía dar la vuelta a una boya, volver al puerto y dar otra vuelta y ya salir a mar abierto. Bueno pues esa salida fue increíble. Fue tensión pura, los malditos barcos iban limándose en los giros, acercándose, de repente cambiando la vela y dando un arreón increíble, luego se escapaban, luego les alcanzaban… Es complicado describirlo pero es sorprendente lo que se puede disfrutar de algo tan lejano, estando en tierra firme. Supongo que verlo en la tele tiene que ser emocionantísimo también.

La semana siguiente transcurrió con bastante normalidad pero también tuvimos un par de eventos interesantes. En primer lugar, los Deabru Beltzak vinieron a Auckland para cerrar un festival de artes que había durado todo el mes.

Yo les había visto un par de veces antes, pero siempre está bien verles, y además el espectáculo había cambiado.

Este duraba una hora (hasta ahora les había visto tocar 15 minutos o así). Y no defraudaron. Pero lo mejor es que a Nerea, que estaba viéndolos con nosotros, le dio el aire y fue a saludarles cuando acabaron.

Yo me acerqué también, pensando que estarían reventados y pasarían de nosotros (al parecer van con un traje ignífugo y es bastante agotador todo el tema),  pero super majos, estuvieron un rato hablando con nosotros, para descubrir que son del mismo sitio que yo, aunque no nos conocíamos. Bueno a mí con pintura en la cara ni me sonaban. Pero seguro que alguna vez nos hemos cruzado. Aún tengo pendiente enviarles las fotos que les hice, que alguna decente hay.

El sábado fuimos a ver el Pasifika festival, el equivalente a lo que podría ser una feria de artesanía allí, pero en vez de coger a los artesanos del duranguesado, cogen a los artesanos de TODO EL MALDITO PACÍFICO. Entonces es una especie de congregación de islas, cada una tiene su carpa, su tienda de artesanía, y su puesto de comida local (muchas de ellas coincidiendo en una piña o una sandía vaciada y rellenada de helado de vainilla mezclado con la propia fruta). Estuvo bastante bien, sobre todo ver a los morlacos de los samoanos o los de Fiji. Pero también era curioso como gente de otras islas como Kiribati o Tuvalu tenían otra complexión.

Samoanos dándolo todo

El día empezó soleado, pero cuando estábamos empezando a plantearnos comer uno de esos deliciosos platos de pescado a la brasa, se puso a llover, así que cambiamos de planes y nos fuimos a comer a casa.

El domingo cuando dejó de llover me fui de excursión a Mount Eden, uno de los volcanes de Auckland, que todavía no había subido, y eché la tarde entre vistas, y fotos del atardecer.

Atardecer qeu por cierto cada vez es antes, de hecho ya nos han cambiado la hora y oficialmente estamos en horario de invierno, lo cual es una liada, porque anochece a las 6, y el día se va. Algo que en Bilbao nunca me ha importado pero aquí es un poco bajón.

Y así llegó la semana santa, y Elisa nos organizó una caza del huevo de Pascua por la oficina, y tuvimos la primera despedida de Urtats, que ya ha acabado su periodo de estancia. Y vemos el final ahí.

huevo de pascua detrás del Spinnaker!

Pero en todo caso, nos hemos ido de semana santa, aunque eso lo contaré en otro post.

20 Mar

Kiwi el Aucklander 13: Coromandel Connection

Hace unos días hicimos una nueva incursión al sur. Para adentrarnos un poco más que las incursiones de día, cogimos unos alojamientos y unos coches y nos adentramos en la península de Coromandel. Esta península está a una hora de barco de AKL, pero si vas en coche son 2, ya que tienes que bordear toda la bahía. En los mapas parece al lado pero las distancias aquí siempre son más de lo que parece. Coromandel es una península prácticamente deshabitada, con espectaculares acantilados de piedra caliza y playas larguísimas. De no ser por que uno de sus principales highlights salía en las Crónicas de NArnia, sería un destino más bien obviado por los turistas, ya que está realmente a desmano. Sin embargo, salir en una peli siempre tiene su impacto, así que la parte más al sur de la península está llena de motorhomes y furgos camperizadas.

Salimos hacia allí por la tarde, tardando casi 3 horas en llegar a nuestro destino en Whangamata. Las caravanas de por la tarde en la autopista son mortales. Aquí alguien necesita que le gestionen el tráfico. Unas buenas predicciones y adaptaciones…

Mientras unos se quedaban en Thames para tomar un refrigerio, otros subimos a hacer un trekking en el Coromandel Forest park, pero habían cerrado el acceso al mismo por alguna obra en la carretera, así que nos quedamos a medias y estuvimos viendo una presa que había cerca. Resulta que Coromandel fue una zona muy activa en cuestiones de minería de oro y había bastantes represas, tiendas que te vendían cedazos y alguna otra curiosidad minera.

Llegamos ya en noche cerrada y nos pusimos a cenar en la chabolita que habíamos alquilado para los 5 y medio, y no tardamos mucho en meternos al sobre.

Por la mañana arrancamos hacia Cathedral Cove, el sitio que salía en la peli. Se trata de una cueva que es atravesada por el mar, y cuando baja la marea puedes cruzarla y pasar a otra playa que hay al otro lado. La marea bajaba a las 7 y subia a la 1, así que la idea era ir más bien pronto. Pero hasta las 11 no estuvimos en el parking, y luego hay que coger una lanzadera que te lleva hasta el acantilado. DEsde el acantilado hay casi una hora andando. Todo apuntaba a que no íbamos a llegar a tiempo. Sin embargo, el paseo por el acantilado era brutal.

 

DEsde el acantilado se iban viendo una sucesion de calas con aguas turquesa, arena blanca, paredes también blancas y bosque tupido, que parecían sacadas de una peli.

Al final conseguimos llegar a eso de las 12 y media a la playa, que era bastante bonita, y en la que había mucha gente bañándose y mucha otra gente echando fotos.

Debajo del arco que daba nombre a la playa, se podía cruzar, aunque a esta hora ya llegaba el agua hasta un nivel complicado, a la playa siguiente. Y se veía la roca tan típica que aparece en la portada de la guía de Nueva Zelanda.

Yo vine pensando que la visita a  CAthedral Cove era una cosa de 10  minutos, de aparco el coche, echo las fotos y me voy, pero al final es mucho mejor ya que entre el trekking, las fotos a la piedra, a la cueva, visitar la otra playa, y echarse un baño, echas casi la mañana entera.

En el camino de vuelta además fuimos parando en algunas de las calas que hay y aunque no pudimos meternos, porque la marea estaba muy alta, prometían bastante.

De hecho en una de ellas, hay una especie de “ruta de snorkel”, que no sabemos muy bien a qué se refiere, pero había bastantes personas iniciando esa ruta. Parece ser que te metes por esa playa y acabas en otra

A eso de las 3 nos fuimos a comer a Hahei, el pueblo principal, turístico, por el tema de la cueva, pero bastante pequeño (tendría 200 o 300 habitantes como mucho),  y encontramos un garito para comer costillas brutaleeeees. Así que nos pusimos finos. Pero después nos fuimos a comer un helado. Los helados que he probado en NZ hasta ahora son un poco sin más. Aunque hay un sabor hockey pockey que está hecho de miel y está bastante bueno, en general no se puede hablar muy bien de ellos.  Sin embargo hay una variante que los llaman de fruta fresca, en la que meten un bloque de helado de vainilla y un montón de frutas en una batidora y te hacen un helado con frutitas al momento.

Esos son los que había en Coromandel, y no sólo estaban muy buenos al meter mango a la vainilla (sabía un poco a solero), además, como lo hacen con una especie de churrera, te rellenan el cono hasta abajo del todo, así que tienes helado hasta decir basta. Eso sí, cuando llegas abajo es bastante probable que la última parte esté derretida.

nos pusimos finos con los helados de a kilo, y nos fuimos hasta el otro gran highlight de Coromandel, que en realidad está al lado de Cathedral Cove. Se trata de la hot water beach, y es una playa bastante grande, que tiene una zona por debajo de la cual pasa un río de aguas calientes. Entonces puedes cavar agujeros y te encuentras con agua calentita.

Lo primero que llama la atención de esta playa es llegar y encontrártela vacía, salvo por una zona que está llena de socavones y gente acurrucada, mientras otros cavan. Parece una escena de Hermanos de Sangre donde todo el mundoe staba cavando sus fox holes mientras caían pepinos de los alemanes. Era en cierto modo dantesco. Pero lo bueno es que sabíamos dónde estaba el agua caliente.

A mí la idea de cavar un agujero para encontrar agua caliente me pareció una chorrada desde el principio, pero la verdad es que cuando te pones tiene su miga, porque hay sitios que sale medio tibia, en otros tienes q cavar más, se te viene abajo el agujero, mientras ves cómo los de al lado ya tienen su super agujero calentito… Que el punto no es bañarse en el calor, si no dar con el sitio. Es más un rollo de buscar el spot que otra cosa.

Estuve un buen rato cavando en un sitio que si metías el pie en la arena lo suficiente estaba caliente, pero era un poco fraude. Hasta que descubrimos un sitio más cerca de la orilla que no es que estuviera caliente, es que abrasaba. Llegó un momento de la perforación en el que salía humo del agujero. Así que nos echamos nuestras buenas dos horas en la playa haciendo prospecciones.

agujero vagamente humeante con agua que estaría a unos 60º

Después de aquello partimos a la compra y hacia nuestra nueva casa, en el norte de la península.

Al día siguiente partimos caminos, ya que unos nos decantamos por un plan más de meter el todoterreno en caminos de cabras y ver el cabo norte de la península, y otros hicieron algo más tranquilo por las carreteras normales.

El primer sitio al que llegamos era un pequeño bosque de Kauris. El Kauri es uno de los árboles nacionales, que sólo se da aquí, y que está muy amenazado por algún tipo de enfermedad que se ha traído desde fuera. En todos los sitios de bosque hay cepillitos y desinfectante para los pies para no arrastrar el hongo al bosque. Los kauris son unos bicharracos enormes, con troncos blancos, hojas pequeñas y duras y que viven muchísimos años (y crecen muchos metros a lo alto y ancho). En otra parte de la isla norte hay uno que se estima que tiene 3000 años. Iré a verlo dentro de poco.

También vimos una cascada cerca de los kauris, aunque era decepcionante. En realidad, casi todas las cascadas que he visto después de Islandia me han decepcionado un poco, exceptuando quizá algunas muy llamativas de Austria. Bajamos de allí a Coromandel Town y de ahí arraancamos por la costa oeste hasta el cabo norte. La carretera deja de serlo después de Coromandel town, y pasa a ser un horrible camino de cabras, por el que habíamos alquilado un todoterreno en vez de un coche normal.

Las vistas desde el camino están muy muy bien. Uno no se espera viendo los alrededores de la isla norte que aquí, en esta península haya un macizo en medio con montes bastante altos que bajan abruptamente hasta la costa, formando acantilados y campas verdes. Recuerda un poco a paisajes que vimos en el norte de Noruega, aunque con más y más variada vegetación.

Desde el camino hay momentos en que se ve Rangitoto, la isla que está en frente de Auckland, porque no hay que olvidar que hay barquitos que te traen de Auckland hasta aquí en poco más de una hora, aunque llegar en coche hace que parezca un sitio muy remoto.

En el cabo norte pudimos hacer un trekking entre hierbas que hacía mucho que no se cortaban y comimos en una campita con buenas vistas del Pacífico sur.

Volvimos hacia el alojamiento por el camino inverso y  parando en diversos looking points y playas desiertas.

 

Al final nos reunimos con el resto del team y nos fuimos a tomar unas cervezas a uno de los únicos bares que había por la zona, que  en general está bastante deshabitada. Nos tomamos el cacharro en una tabla de surf.

Y volvimos a nuestra “mansión”, una casa de 2 pisos de estilo peculiar, intentando ser victoriano pero sin conseguirlo, que habíamos alquilado entera par los dos días. Allí pusimos a cargar el motor eléctrico del todoterreno, algo que nos dio juego durante el viaje. El Mitsubishi outlander es un híbrido enchufable con un depósito de gasolina realmente ridículo y un motor eléctrico que probablemente en ciudad haga las delicias del dueño, primero porque es ultra silencioso y con mucha salida, y segundo porque quitas consumo de gasolina. Pero en el coromandel lleno de cuestas y montes la batería llena nos daba para 15 kilómetros, y luego tardaba infinito en recargarse. Eso sí, en un puerto es una maravilla, sales de cada curva con un reprís increíble.

En fin, al día siguiente iniciamos el camino de vuelta a AKL parando en diversos sitios, como un trenecillo que parecía era una reminiscencia del pasado minero de la península, pero al final descubrimos que no. Era una flipada de un tío que había decidido construirse un tren en su monte. Y lo había hecho. El trenecillo no tenía más de 30 años, y consistía en 2 trenes diesel y un sistema de vías, cambios de aguja y puentes hechos a mano que serpenteaban por la ladera del monte hasta llegar a un punto elevado desde el que se veía toda la bahía, incluyendo de nuevo Rangitoto, Waiheke y no se veia AKL porque estaba tapada.

DEspués del trenecillo volvimos a Coromandel Town, donde estuvimos comprando artesanía, ya que al parecer es lugar de muchos artesanos, y hay un montón de tiendas que venden cosas cutres. Por suerte encontramos una que tenía cosillas más elegantes. Y después comimos e iniciamos el regreso a AKL. Vuelta a las redes neuronales.

 

25 Feb

Kiwi el Aucklander 11: Orgullo Gnocchi

Dos de las últimas tres semanas se ha dedicado a llover en Auckland. Hemos pasado a vivir en Hanoi, lluvia, calor, y humedad extrema. Esto arruinó bastantes planes y nos dio algo de dolor de cabeza. Así que el fin de semana siguiente a hobbiton lo único que hicimos fue jugar al minigolf en un campo cubierto en Aotea.

Pero esa semana también asistimos al taller de gnocchi de la compañera italiana. Aparte de aprender a pronunciarlo bien (ñokki, y no genochi, como nos dijo un kiwi de una tienda de vinos), aprendimos rápidamente la ténica de elaboración, que es bastante simple. Básicamente hay que hervir patatas y hacer un puré con ellas, y luego mezclarlas con harina.

No me acuerdo muy bien de las proporciones de harina, pero básicamente hay que amasarlo como si fuera una masa normal y tiene que quedar con la misma textura fina gomosa y no pegajosa, así que con eso uno ya va viendo cuánta harina hace falta. Tiene que haber harina por todas partes, en la tabla, en las manos, en el pelo, en la nariz.. Todo harina.

Cuando la masa tiene una textura chachi y ya no se pega a los dedos como se puede ver en la imagen de arriba, se hacen unos rulitos largos e intentando que tengan todos el mismo grosor. Luego se cortan en subrulos de igual longitud y se hace el viejo truco con el tenedor para que 1. tengan un diseño molón con 4 estrías en el centro y 2. se cuezan mejor.

Otra cosa que siempre nos indica nuestra insegnante es que la harina debe ser harina de fuerza de esa. Creo que en castellano se le llama así. Aquí la llaman simplemente high grade.

Con los minirulitos hechos ya sólo hay dos opciones, o los cueces y te los comes al momento o los congelas, ya que guardarlos de otra manera hace que se peguen. Y si se pegan es desastre. Así que hay que almacenarlos sin apilar, sin presiones y congelados. Una vez congelados se pueden agrupar.

Para cocinar se echan al agua hirviendo, donde se hunden. Cuando están hechos salen a flote, así que sólo hay que ir pescándolos. Nuestra profe se los comió nada más hacerlos, con tomate y albahaca, en un plato muy mofas.

Pero yo los tuve un par de dias y los puse con pesto y unas hojas de orégano natural que ella tiene en su casa y me dio para la ocasión. Estaban realmente buenos pero llenan un buevo.

Ese mismo finde comenzó el cambio de tiempo, dejó de llover tanto, dejó de hacer tanto calor y empezó a hacer días como los que puede hacer en bilbao en septiembre, calorcito y día bonito pero refrescando por la noche con lluvias ocasionales. El mejor tiempo. DE hecho durante nuestra etapa Hanoi estuve durmiendo con las ventanas abiertas, lo cual en el centro de Auckland es muyyyy mala idea porque por alguna razón hay un montón de macarras con coches o motos sin silenciador, y que para más inri los revolucionan en los semáforos de todas las intersecciones. Así que puede haber un ruido muy serio. A veces vienen 12 motos (son choppers, nena), y empiezan a hacer el canelo y deseas que venga un terminator y se los cargue a todos con una m134. Anyway, en nuestro nuevo clima bilbaíno, las noches son fresquitas y se puede dormir con la ventana cerrada así que mucho mejor.

El caso es que tiempo aparte, el finde pasado se celebró aquí el día del orgullo gay, supongo que junio, en pleno invierno, no les viene muy bien, así que lo pasan a febrero. Y fuimos a ver la parade, que nos habían dicho que era “muy familiar”. Descubrimos que se referían más bien a “muy comercial”. Básicamente, aparte de cuatro grupos de señores y señoras que desfilan por su cuenta con sus banderitas, el grueso de la parada está compuesto por carrozas de las compañías y empresas locales y no tan locales. Que está muy bien que se impliquen en estas cosas, pero es imposible no pensar en que pueda tener algo que ver con cuestiones de imagen y maniobra comercial. En Nueva Zelanda las cuestiones de derechos de estos colectivos están muy avanzadas, y están por lo general totalmente aceptados, así que realmente para un banco, por ejemplo, igual es peor en términos de imagen no estar en el desfile que estar. Lo cual está muy bien, pero a mí me da la sensación de que se están promocionando y ya está.

Al margen de esto, había cosas curiosas en el desfile, como las hormigoneras!

El ejército desfilando!!!!  (impensable en otros sitios…) y aunque no tengo foto, desfilaba por detrás de la primera ministra.

y la policía, que no sólo desfilaba si no que había disfrazado a sus coches con banderitas y una luces en el frontal que hacían como KITT, pero arcoiris en vez de rojo.

Después de todo el sector oficial, que incluía unos brutales manifestantes por el orgullo asexual con una bandera gris y grandes pintas de acabar de salir de su cuarto de jugar al LOL, y que eran 5, llegó el mondongo de empresas, multinacionales y corporaciones. Que era el más masivo, con música, camiones y ventanas de avión para hacerse fotos. (raimbowroo entiendo que es juego de palabras con el kangaroo de qantas y el rainbow)

Esta carroza muy al estilo “it’s raining men” también era de alguna compañía.

DEspués del desfile algunos fuimos a cenar a casa unas pizzas, y estuvimos hasta bastante tarde hablando de cuestiones profundas humanas como dónde se come la mejor pizza.

La semana siguiente empezó de forma increíble, con un inesperado cumpleaños de Iñigo Martinez pero dedicado a mí, con mi foto en un globo y todo.  Estuvo muymuy bien abrir el ojillo con esos vídeos, pero aun mejoró más la cosa cuando en el curro tuvieron a bien acordarse y envolverme unas tabletas de WHITTAKERS!! mi chocolate favorito, y del que me bajo dos tabletas a la semana.

Hicimos una celebración en el Brewers Cooperative, nuestra parroquia cervecera, del que he hablado en alguna otra ocasión, que tiene como 20 tiradores de cerveza que cambian cada semana, así que siempre hay cosas interesantes para probar.  Allí nos fuimos unos cuantos y escuché el zorionak en varios idiomas incluyendo parsi, húngaro, italiano, alemán del este ¿?, y las mañanitas del rey david que se canta en Mexico.

También estuve largo rato hablando con nuestro compañero Mexicano de las diferencias de doblaje entre españa y latinoamérica, con grandes risas encontradas en la familia Addams, donde el padre Gómez se llama Homero, la hija Miércoles es Merlina, el hijo Pugsley es Pericles y el tío Fétido es LUCAS!!! MEnos mal que han mantenido a Morticia! Las conversaciones sobre diferencias idiomáticas han continuado en los días  subsiguientes y nos hemos echado risas en ambos bandos.

Otro regalo mofas fue la toalla de teenager milenial naranja rosácea que me cayó, después de caerme miles de vaciles sobre el ridículo tamaño de mi toalla normal, con la que apenas puedo cambiarme el bañador. EDIT necesario:  en casa tb me esperaba un bizcocho cumpleañero hecho en casita, lo cual estuvo muy bien Y me dio para desayunar un par de veces.

Al margen del día especial, la semana ha ido bien, haciendo grandes progresos en mi paper, ya que terminé las dos secciones más largas y ahora sólo queda hacer gráficos molones, y explicarlos. Hemos dado también una vuelta de tuerca a la implementación de redes neuronales de impulsos, terminando por fin una implementación en python que funciona bien, así que mola.

Y el final de la semana ha acabado con visita a Takapuna, con playa, lectura y cerveza, cine por la noche, con la nueva de Guillermo del Toro, que está bien, pero no tiene nada que ver con lo que promete el tráiler (gracias a MEV…), y hoy hemos ido al garitazo de CHULETAASSS. Resulta que en Ponsonby (donde fue lo del desfile) hay dos garitos de chuletas, una steakhouse con una pinta brutal (pero que estaba cerrada hoy), y una parrilla argentina donde al final hemos ido y nos hemos puesto titos.

El garito, llamado “El Sizzling Chorizo” está en una de estas galerías hipster que están tan de moda tipo el mercado de san miguel de Madrid, con muchos sitios con tablones viejos, sillas vintage y bombillas gordas con filamentos visibles. Al margen de la parafernalia modernaza, el argentino era brutal, tenía la parrilla a la vista y estaban usando unos maderos allí para hacer unas brasas exquisitas y sobre ellas la carnucia. No ha defraudado.

HEmos acabado tomando un helado mientras planeamos nuestro próximo viaje un poco largo, la visita a la península de Coromandel. Del que habrá noticias próximamente.

12 Feb

Kiwi el Aucklander 10.3: Huevo podrido Land

Rotorua es un poco huevo podrido land. Si se busca en un mapa se ve que está junto a un lago redondito y bonito. Ese lago, que es bastante grande, fue otrora la caldera de un gran volcán, y por tanto, aunque esté ahora tapado por agua, todos sus alrededores siguen calentitos y humeantes. Así que según llegas a esta ciudad empiezas a notar ráfagas de olor a azufre, que se acentúan cuando te mueves a ciertas zonas. De hecho en el centro de la ciudad hay un parque, para leer, jugar y echarse la siesta en el verde, como un parque normal vamos, pero que tiene unas cuantas fumarolas (valladas!) y agujeros humeantes con olor a muerto. Aquí teníamos nuestra residencia para ver un montón de highlights que tiene este sitio. Un alojamiento cerca del lago, sin muchos lujos pero con amplitud y comodidad para los 5 y medio que éramos. El primer día fuimos al super para aprovisionar, íbamos a estar dos días aquí y eso nos permitía hacer la compra y usar la nevera (wow!). La primera noche nos pusimos a hacer tortilla para descubrir demasiado tarde que la kitchenette no tiraba ni huevo, así que tardamos más de dos horas en preparar las patatas, pero al final la cosa salió bastante bien. Al día siguiente salimos hacia Waiotapu, uno de los highlights de la zona.

Waiotapu es una extensión volcánica con fumarolas, géiseres y lagos de colores raros debidos a elementos químicos del inframundo. En Islandia vimos algo parecido, en Krafla,  que me pareció flipante, un paisaje marciano en el que no había límites. Si te querías bañar en un pozo de ácido sulfúrico hirviente, pues tú mismo. Islandia era salvaje. Pero NZ no es lo mismo. El poder corruptor del imperio británico es extenso, y aquí TODO se paga, todo está rentabilizado de alguna manera y todo es parte de algún tipo de mecanismo capitalista. Así que yo que esperaba encontrarme un montón de agujeros fétidos en medio del monte, lo que me decepcioné un poco al encontrar un resort turístico que cobraba 35 dólares por ver los agujeros fétidos. Eso sí, estaba todo muy bien organizadito.

En el volcanic wonderland (así lo llaman, esto debería haberme alertado de su naturaleza sacacuartos), había un montón de pozos de ácido, azufre humeante, rocas amarillas y lagos de colores diversos. La visita llevaba un rato largo. Así que tuve que ir tachando items de la lista de cosas para visitar en Rotorua, ya que yo había pensado que esto era llegar con el coche, echar unas fotos y pa casa. Pero no.

Había multitud de pasarelas, banquitos y vallas, para que no te metieras en las aguas sulfurosas. Lo tenían bien montado, y dos horas después, bajo un sol abrasador ya estabas un poco como satisfecho de oler a rayos.

Curioso lago verde por el arsénico. Esto no había en Krafla

Así que estuvimos un buen rato en el recinto y a medio día nos fuimos a comer a un parquecito cercano a Waiotapu. Junto a la entrada había un géiser, pero por alguna razón sólo se podía ver a las 10.15 am, y nos lo habíamos perdido. Así que preguntamos si se podía ver al día siguiente con la misma entrada que habíamos usado y nos la sellaron.  Lo cual requería que al día siguiente volviésemos a huevo podrido land.

El géyser estaba marcado como otro highlight para visitar rollo aparco el coche, echo fotos,  me voy. Pero esto me hizo tacharlo de la lista también, que se iba acortando. También nos habían dicho para ver un espectáculo maorí de danzas y movidas (parece que en Rotorua viven muchos maorís). También lo taché porque costaba un ojo de la cara entrar a una especie de museo al aire libre de cultura maorí que acababa con la danza esa.

Y cerraba a las 5, como todo, así que tampoco teníamos mucho tiempo para verlo después de pagar esa cantidad. Igual mañana. Así que nos fuimos a un río de aguas termales que estaba cerca y donde había bastante gente bañándose. Lo importante es que era gratis.

De vuelta en Rotorua nos metimos al bosque de secuoyas de Whakarewarewa, donde había un recorrido por unas pasarelas elevadas entre los árboles, que nuevamente te sablaban. Por suerte, se podía hacer el mismo recorrido, y otros, gratis, si ibas a nivel del suelo. Así que es lo que hicimos.

Las secuoyas de aquí no son las californianas y desde luego no son tan impresionantes como las de Mariposa Grove, pero aun así tienen su impacto. Son grandes y rojas y con la corteza fibrosa. Y el paseo está más que bien, y se agradecía un poco de sombra, que llevábamos todo el día expuestos al sol y a los vapores pestilentes. Aquí olía a bosque (mayormente, ya que también había alguna poza cadavérica)

El paseo concluía en una zona de bosque tropical típico de NZ con sus helechos gigantes y árboles densos.

Al acabar, nos fuimos a tomar una cerveza, que después de todo el día danzando ya se echaba en falta. Encontramos un garito, the Pig and the Whistle, al que fuimos porque nos hizo gracia el nombre. Luego descubrimos que estaba metido donde antiguamente había una comisaría, así que lo del cerdo y el silbato igual iba con intención. Esa noche, ya conociendo la kitchenette hicimos una cena más rápida, y después de concursar en un juego que nos inventamos, en el que veíamos vídeos de la MTV  clásica y teníamos que adivinar de qué año era la canción, nos fuimos al sobre.

Al día siguiente nos levantamos con el ánimo para ir a ver el condenado géyser (media hora de coche para ir, media para volver). Yo sobre todo tenía intriga por saber por qué narices sólo se podía ver a las 10.15 am. Cómo sabía el géyser qué hora era?? Bueno fue un poco fraude. En primer lugar nadie nos pidió la entrada (así que si alguien viene a verlo puede entrar gratis). En segundo lugar, el géyser no es exactamente un géyser, es más bien un volcán de esos que hacen los niños para la clase de ciencias. Tiene agua con cierto carácter ácido, e hirviente, en su interior. Y le echan algún tipo de jabón o pastilla básica, y la reacción del ácido con la base hace que explote durante un minuto. Por eso está sujeto a horario, viene una chica y pone las pastillas y explota, y todos pa casa. Y en tercer lugar, como géyser tampoco era muy impresionante. Cualquiera de los géyseres cutreibol de islandia que rodeaban al principal eran mucho más guapos que este.

Ahora teníamos dos opciones, seguir explorando huevo podrido land, yendo a otro volcanic wonderland que había unos kilómetros más arriba, y que costaba otros 40 pavazos, o viendo lo de los maorís… oooo… ir a Tauranga, una ciudad costera, una de las más bonitas que hemos pisado en NZ. Elegimos B.

Tauranga está un poco por debajo de la península de Coromandel y es una ciudad muyyyyy bonita. Tiene una playa larguísima de arena blanca (8-10 km), y aguas azul turquesa. Además la parte urbana es agradable, como una de esas pequeñas localidades surferas californianas. Como tardmos dos horas en llegar casi se nos hizo la hora de comer, así que dimos un paseo breve por una colina que hay junto a la playa, que tiene unas vistas increíbles, y luego nos fuimos a comer. No buscamos mucho. Encontramos un sitio que se llamaba FAT COW. PERFECTO. Resultó además que estaba llevado por varios hispanoamericanos con los que nos entendimos rápidamente. Tenían un horno de leña en el que hacían la carne a fuego muy lento, así que todo estaba buenísimo. La cerveza en botellas que parecía orín, también.

Después de comer nos fuimos a la playa donde yo como un zeneke no me pude bañar porque no había metido bañador. Pero bueno le di un buen arreón al libro, y me remojé los pieses :D

La vuelta a AKL llevó casi 3 horas, pero sin tráfico se lleva mucho mejor. Tocaba volver a las redes neuronales una vez más.

Pero venía una  semana corta!

10 Feb

Kiwi el Aucklander 10.2: Hobbiton Land

Dormimos estupendamente en la casa de los puentes de MAdison, y el maorí simpático nos preparó un continental breakfast estupendo (no es algo frecuente en los airbnb q te hagan el desayuno), con productos locales y cosas ricas. Nos pusimos hasta las cartolas, preparándonos para las emociones del día que tocaba ver Hobbiton.

En todo caso Hobbiton era por la tarde así que como estaba a menos de una hora aprovechamos para ir a otra catarata que estaba cerca, Wairere falls. Estas cascadas eran mucho más espectaculares que las de MArokopa, aunque también requerían más esfuerzo. Si las otras estaban a 10 minutillos del parking, estas tenían un pequeño treking por un bosque tropical  de unos 45 minutos, por cuestas de barro, escaleras infinitas, cuevas goteantes y vados.

Durante todo el paseo estuve pensando que el propio trekking iba a ser mejor que la cascada, pero al llegar me quedé un poco a medias… la cascada era impresionante.

Llegué a toda piña a la cima y empecé a bajar, encontrándome por el camino a los demás y aprovechando para echar muchas fotos.

Al acabar el descenso teníamos buena petada, y buscamos un sitio para comer cerca, había justo al lado una bonita cafetería, Fantails, que parecía que iba a ser sitio para comer, pero sólo tenía bollería. Cuando le dijimos que queríamos algo más, la señora nos dijo que nos preparaba unos sandwiches con lo que pillara por la nevera y nosotros la gozamos. Nos hizo unos emparedados de queso y tomate que estaban buenísimos, y comimos a gustísimo en la terraza del Fantails, para acabar con un heladito. Y salimos pitando para Hobbiton, el gran highlight.

La verdad es que yo iba con pocas ganas a Hobbiton. Cuesta 80 dólares entrar, y yo pensaba que iba a ser típica visita rápida guiada notoquesnada, notehagasfotos, y que iba a ser un fraude, y un fraude caro. Pero no pude estar más equivocado. Puede que si no has visto las pelis o el señor de los anillos no te interesa mucho, esta no sea tu visita. Pero si tienes un mínimo interés en las cuestiones de la Tierra Media, esta visita es increíble. Desde que llegas al aparcamiento y te suben a un autobús para llevarte al set, en el que te ponen un vídeo de 10 minutos con Peter Jackson explicándote cosas, hasta que te vas en el mismo autobús, con más explicaciones y agradecimientos, toda la visita es una delicia.

Hobbiton tiene un montón de agujeros hobbit. Muchos. Aprovecharon para recrear todo el pueblo haciendo agujeros de diferentes tamaños para rodar con los actores grandes, los actores pequeños y los medianos :D.  Y entre ellos, un vergel auténtico con jardines, huertas y árboles frutales reales que están produciendo frutas y hortalizas y son mantenidos todo el año por jardineros. Yo pensaba que la visita duraba 45 minutos, pero realmente estás dos horas viendo las casitas decoradas con una precisión milimétrica, los huertos, los decorados que parecen auténticos, y te enseñan donde Gandalf se cruzaba con Frodo la primera vez, o donde los niños seguían a Gandalf y salían unos fuegos artificiales de su carromato.

Además, cuentan muchos detalles sobre el rodaje y lo extremadamente detallista que fue PEter Jackson. Cosas como “he leído en un párrafo al final del tercer libro que los niños hobbits juegan entre los ciruelos. Así que vamos a plantar ciruelos en todo hobbiton, y los vamos a dejar que crezcan. Un momento, han crecido y no nos sirven para la perspectiva forzada porque son demasiado grandes. No pasa nada, plantamos manzanos, dejamos que crezcan, RECOGEMOS TODAS LAS MANZANAS Y EN SU LUGAR PONEMOS CIRUELAS DE MENTIRA”. Todo esto lo hicieron para un plano de 2 segundos.  Otra cosa, el árbol encima de bolsón cerrado es el único árbol de mentira de todo el set. Es un roble, que parece que no se da por aquí. Bueno pues a parte de ser casi imposible adivinar que el roble es de mentira, cuando rodaron el hobbit, 10 años después de ESDLA, quitaron el árbol e hicieron una versión más pequeña del mismo, ya que el hobbit ocurre 60 años antes que el señor de los anillos. Todo para un planito así lejano en el que se ve el árbol. Alguien se habría dado cuenta? Peter Jackson sí.

En el grupo de visitantes había unos cuantos nerdazos, lo cual siempre se agradece. En vez de chinos molestos, nerds del señor de los anillos, fetén! Hicieron varias preguntas como “dónde está tom bombadil” o “por qué no sale el saneamiento de la comarca”. El guía, un escocés muy gracioso, no era el típico guía que te va señalando las cosas y se sabe su guión y listo. No, salió del paso en todas las preguntas con muy buenas respuestas, que convencieron al más nerd. Guía de Gooooce.

Además te  dejan bastante a tu aire hacer las fotos que quieras, y hacer el canelo. Van dando explicaciones en lugares clave y luego te dejan a tu aire. Lo cual mola. Y es todo un logro, teniendo en cuenta que sale un grupo de 30-35 personas cada 5 minutos!!! Pero Hobbiton es grande y absorbe a toda esa gente.

Después de la motivada de ver Bolsón cerrado tamaño hobbit (o sea, tamaño humano, o sea, aquí NO rodó Gandalf), nos pasaron por el campo de la fiesta (muy pequeñito), del que nos contaron que contrataron a más de 100 extras a los que tenían que tener motivados, pero sin resaca (3 días de rodaje), así que les dieron una birra especial para el evento que tenía poco alcohol.

También pasamos por la casa de Sam, donde se junta con Rosita y sus hijas al final.

Y cuando crees que te va a explotar la cabeza de emociones, te llevan al dragón verde. Yo pensaba que iba a ser una recreación de corchopan cutre y que íbamos a tener 4 minutos para beber una birra aguada. Cómo pude estar tan equivocado. En primer lugar, supuestamente te invitan a una ronda. Pero no, si tienes tiempo y ganas puedes tomarte todas las rondas que quieras gratis. La cerveza está buenísima. Tienen 4 variedades y las dos que yo probé estaban muyyy buenas. Te dejan entre 25 y 35 minutos, en función de lo que hayas tardado en hacer el resto del camino, así que a mí me dio tiempo a dos cervezas. Pero lo mejor, el Dragón verde es BRUTALLL. Está construido al detalle, no es un decorado, es una taberna de verdad! Con madera de verdad, tallas de verdad, retratos de hobbits en las paredes y bueno una locura. Es viajar a hobbiton de verdad.

yo me voy a por birra YA

Aquí está la birra!!

Había una talla de un dragón cerca de la barra que nos explicaron que habían tardado 3 meses en hacerla. Lo mejor de todo, cuando tuvieron que rodar la escena en la que Frodo ve en el espejo de Galadriel que Hobbiton está siendo arrasado por Saruman, prendieron fuego de verdad al Dragón verde, lo quemaron! Y luego lo volvieron a reconstruir con el mismo detalle. Dios, sólo un frikazo obsesivo podía hacer algo así.

En fin, demasiado extenuados por las emociones, salimos de hobbiton 2 horas después de haber entrado, con el mensaje de Peter Jackson en el bus, y la música de Howard Shore que casi te hacía saltar la lagrimilla…

Después de un breve paso por la tienda de regalos, en la que no encontramos nada destacable, era un poco castaña, nos montamos en el coche y salimos hacia Rotorua, nuestro destino final.

Con la convicción de que nada podría superar la visita a Hobbiton.

09 Feb

Kiwi el Aucklander 10.1: Gusanoland

El 6 de febrero es el día de Waitangi, la fiesta nacional de Nueva Zelanda, y como caía en martes teníamos ante nosotros un finde de 4 días, que aprovechamos para hacer una excursión de las largas. El plan era acercarse al centro de la isla norte, que está a unos 250 km de Auckland, que parece poco, pero al final las distancias se hacen largas cuando tienes carreteras de 1 carril para llegar a ellas, y tu velocidad media no pasa de 60. El primer día íbamos a visitar Waitomo, las cuevas más famosas de Nueva Zelanda y uno de los destinos más visitados y recomendados en las guias. Sobre el papel 198 km nos separaban de las cuevas. En la práctica, tardamos casi 4 horas en llegar. Entre paradas, atascos y carreteras de tercera.

Waitomo  es un complejo de cuevas que se pueden visitar individualmente o en conjunto y que tienen como principal atractivo la presencia de unos gusanos que dan luz azul, haciendo que los techos de las cuevas estén llenos de lo que parecen leds azules. Nosotros hicimos el tour de la cueva principal y un poco sin más. En primer lugar te enseñan algunas zonas de la cueva y te explican lo que es una estalactita y te enseñan algunas a las que les han puesto nombre. Muy Vietnam todo hasta aquí. Luego llevan a una sala en la que hay algunos gusanos, muy pocos  y con mucho menos brillo que en las fotos promocionales. Lo mejor es que hay un momento que dan la,luz y te explican como cazan estos gusanos, dejando caer un hilo de baba al que se pegan los mosquitos atraídos por su luz. Y funciona, vimos efectivamente mosquitos cayendo atrapados en los hilos. Esto molaba. Luego te llevan a un barquito y navegas por un río interno a la cueva que ahí si, el techo está plagadiiiiisimo de gusanos y parece que estás navegando bajo las estrellas. Esta muy bien esta parte pero no dura mas de 10 minutos. En resumen la cueva tiene potencial pero pagar 60 dólares por 10 minutitos de gusanos y una larga explicación de lo que es una estalactita pues como que no. Algo que me molesta mucho más es que no te dejan hacer fotos de la cueva, ni vídeo. Entiendo que restrinjan el flash, y que las fotos de alguna manera las prohiban para asegurar que nadie use el flash, pero el vídeo es inocuo, y básicamente hacen esto para venderte las fotos que te han hecho ellos a la entrada. Además te timan, y te dicen, justo al salir tendréis opción de hacer alguna foto, pero el momento en el que te dan permiso es fuera de la cueva ya… Así que cero fotos de Waitomo en mi página, si no pongo las mías no voy a poner unas suyas para que la gente vaya a verlas, cosa que no recomiendo. Por otra parte, hay otro tour de las cuevas que no sé si ven  gusanos o no, pero que tiene mucha mejor pinta, que consiste en hacer un rafting por un río interno. Eso sí, 200 dólares.

La visita a las cuevas había sido a las 4 de la tarde, que incluyendo comer en un descampado, es todo el tiempo que nos había llevado desde las 10 de la mañana que salimos de AKL para llegar a ellas. Realmente necesitas tiempo para moverte por NZ.

Por la tarde teníamos que ir a la casa donde nos alojaríamos esa noche y estar allí para las 8, que es cuando nos esperaba el señor. Pero antes decidimos visitar las Marokopa falls. Estaban en sentido opuesto al que íbamos a dormir, pero merecía la pena. Solo eran 30 km, así que podían ser 45 minutos para llegar.

Las cataratas de Marokopa estaban bonitas. Tenían un interesante camino de 10 minutos que te transportaba, de nuevo, a parque jurásico, y al final llegabas a una pequeña terracita donde las cataratas se veían a lo lejos romper con fuerza sin mojarte. Estuvimos un ratejo allí viendo como una chica vestida impecablemente se metía en el barrizal de más abajo para conseguir la foto  instagram perfecta, que se la haría su esclavo fotógrafo

 

Tras las cataratas, y en el camino de vuelta, paramos en el puente natural de Mangapohue, una formación de roca que hacía un puente de bastantes metros de altura sobre un río. La visita al puente también tenía paseo majo, incluyendo unos descampados propios del hobbit, pero eso mañana.

Cuando acabamos nos fuimos hacia Te Kuiti, un diminuto pueblo en medio de la nada que era donde íbamos a dormir. A la hora exacta llegamos a una casa estilo la de los puentes de Madison, con sátiras decoradas colonialmente, techos altos y un acogedor dueño que era un poco extraño pero nos trató como si fuéramos sus hijos. Después de acomodarnos en las habitaciones salimos a buscar algo de cenar y no encontramos gran cosa salvo una especie de pub enooorrme que estaba vacío y que tenía varias pistas que anunciaban follon, pero el follon nunca terminó pasando. Sin embargo nos comimos unas hamburguesas estupendas un enjambre de camareras que no tenían nada más que hacer, porque estábamos sólo  nosotros.  Eran todas maorís y en el pueblo también, y daba la sensación de que llevaban mucho tiempo sin ver occidentales.

 

Cuando vimos que allí no iba a venir nadie más, y con las hamburguesas en el buche, nos fuimos al sobre, donde pude usar una almohada plátano, estupenda para apoyar la cabeza y abrazar al mismo tiempo :D

31 Ene

Kiwi el Aucklander 9: Enero frío y gris

Sí claro, en Auckland. Frío y gris, jajaja. Más bien todo lo contrario, lo que viene pareciéndose a un julio por allí. Tuvo algo de gris al principio, que hubo una semana de lluvia, pero parece que eso quedó atrás, para volver la semana que viene, que nos vamos de excursión. En este mes hemos visitado varias veces la playa de Takapuna, que es de las más agradables de Auckland, con su jardincito detrás lleno de gente, y que tuvo unos cuantos días de aguas agitadas por la tempestad navideña, pero que ya ha vuelto a su cauce.

Otro día estuvimos en Saint Heliers, que suena a pueblo de la costa azul, y cuando vas allí lo parece más todavía, por la playa, y las casas y los coches que hay. Está junto a Mission bay, donde ya habíamos estado antes y que tenía potencial, pero estaba un poco arruinado por lo masificado que estaba. Las playas urbanas aquí son como una especie de parques, tienen un gran jardín detrás, muy bonito y práctico para tumbarse a la sombra de un árbol, y luego la arena. El problema es que, exceptuando Takapuna, son más bien estrechitas, tienen una arena muy limitada, y generalmente poco fina, así que invitan poco al baño, salvo cuando hace mucho calor.

Pero antes de llegar a Saint Heliers y comer en un restaurante “español” que ofrecía cosas como “huevos rancheros” (…), pasamos por el acuario, una instalación privada, de hecho lleva el nombre de una persona en su nombre, pero que actúa como si fuera pública. Este acuario es un poquito más grande que el de Donosti, y tiene cosas interesantes, como un tubo ártico que gira alrededor de una pasarela, dando una sensación de que es uno mismo el que está girando y mareando bastante, y un tubo de cristal con tiburones (típico, tópico, del jurásico), que tiene una innovación respecto a otros acuarios, tiene una pasarela móvil como la de los aeropuertos, pero circular. Así que te quedas quieto y te va moviendo lentamente por el tubo, y como es circular puedes dar N vueltas. Junto a la pasarela hay zona no-pasarelil, así que puedes bajarte a estar parado puntualmente.

El acuario tiene pingüinos, algo que no se suele ver mucho en este tipo de sitios, por el fresquito que necesitan (y porque ese agua tan fría hace que la humedad condense en la pared del tanque y realmente están siempre empañados por fuera, y baja la visibilidad). Pero bueno es curioso ver a los pingüinos haciendo el pingüino y lanzándose por diversos toboganes y pasarelas. Aun así, de esta parte una de las cosas que me llamó la atención era un tubo en el que podías meter la mano y probar lo que era meter la mano en agua de la antártida. Te retaban a tenerla 30 segundos, pero ninguno consiguió pasar de 5. Después un golpe de sangre venía de golpe a la mano y la sentías vivaaaa.

 

Otra de las innovaciones que hemos hecho en este mes es aprender a hacer pizza. Resulta que Elisa, la italiana de KEDRI, nos intentó enseñar a hacer masa de pizza allá por diciembre, pero fue un intento fallido. Esta vez hemos tomado el control y nos hemos puesto a ello. Con gran éxito. En primer lugar necesitábamos dos días, ya que según ella, y le vamos a creer porque el resultado habla por sí solo, hay que hacer la masa un día y dejarla al menos 12 horas reposando. Así que quedamos un miércoles para hacer masa y un jueves para cocinarla.

 

Parece ser por cada parte de harina se echan 0.6 partes de agua. El agua se echa tibia, ya que luego hay que poner levadura y se tiene que activar. La harina tiene que ser especial de panadería. Yo pensaba que todas estas cosas eran bullshit, pero parece que tienen una explicación química bastante relevante, en cuanto a formación de gluten, endurecimiento y ternura del resultado. Bueno el amasado es también muy importante, ya que un amasado muy duro (como el que hice yo), favorece la formación de ciertas moléculas que hacen que la masa se endurezca y luego no se pueda trabajar con ella. Así que tuvimos que compensar. Por cierto también echamos un poco de aceite (un bastante, al final), y sal.

Al día siguiente la masa estaba aparentemente más dura de lo que debía, debe ser una bola blandita y agradable, y estaba un poco dura, pero aun así se podía operar con ella. Resultó de todas formas que cuando estuvo un rato fuera del frigo y cogió temperatura ambiente se ablandó, y estaba exactamente como debía. Así que no lo hice tan mal.

Tiempo de rellenar, y algunos trucos infalibles de la italiana, que hacen que la cosa mejore mucho respecto a las mediocridades de pizza que hago en Bilbao:

-Poner poco tomate, no tiene que ser una balsa de tomate, porque eso ablanda la pizza. Usamos un bote de 300 gramos (allí me da para una pizza), y aquí nos sobró casi todo el  bote e hicimos dos pizzas con él.

-Si lleva tomate, mejor comprar uno triturado al que le añadimos sal, azúcar, aceite y pimienta.

-Si lleva tomate u otro componente así muy líquido, es mejor antes de poner el resto de ingredientes, meterla 10 minutillos al horno, no muy fuerte, que no se cueza la masa, para que el tomate se seque, y luego no arruine la masa. Punto super clave, no quedó buenísima haciendo esto.

-Usar pocos ingredientes, y elegirlos bien. Nuestras pizzas tenían 2 o 3 ingredientes, alguna 4, y con eso bastaba.

-Cambiar la base de tomate típica por alternativas: hicimos una con una especie de puré de calabaza en vez de tomate, champiñones y queso ahumado, que estaba ultra buena. (de hecho es mi favorita). Y otra con salsa de pesto en vez de tomate. A esta se le añaden unos tomates cherri y queso. Y carril, super rica.

Y con esas cosas nos salió pizza para alimentar a una familia de tragaldabas (como es el caso) y que sobrara.

 

Ahí se puede ver la base de pesto

 

Calabaza en vez de tomate, champiñón y quesito, pero queso ahumado en vez de mozzarela.

Clásica vegetal, con calabacín, tomate, pimiento y champiñón

Saca la foto ya que me estoy quemandoooo

Pizzas de verdad. Hay que volver a practicar pero como sigan saliendo así de buenas dejo el machine learning, el tráfico y las redes neuronales y me meto a pizzero. Pizzeria Baggiu.

Bueno el fin de semana pasado fue largo, parece que era el cumpleaños de Auckland, una especie de Aste Nagusia de Auckland (ya estuve en la de Ginebra, que apestaba, y ahora toca Auckland),  y el lunes era fiesta. El sábado a pesar de ello nos largamos a Ruakaka, que contra lo que su nombre parece indicar, es una playa ultrabonita. Larguísima, de arena blanca y aguas azules, y olas divertidas. Allí pasamos el día entre chombo y chombo, picnic playero y estrenando el nuevo refugio. Aquí sin refugio, sombrilla proh, o algo así, no puedes estar en la playa, porque el sol casca tantísimo que mueres. Todo el mundo viene con una especie de tienditas de campaña abiertas por delante para resguardarse del sol. Así que si no fuera porque las playas son enormísimas y está todo el mundo disgregado, parecerían un camping.

Ha habido que salir de la bahía (200 km al norte) para encontrar aguas cristalinas de verdad, ya que en la bahía de AKL siempre están turbias. Pero aquí pudimos echar unas buenas fotos submarinas y bueno hacer el mono submarino también.

Quién nos iba a decir que el 27 de enero íbamos a estar rogando entrar en el agua para quitar el calor. Por cierto que hasta ahora, todas las playas en las que nos hemos bañado (y no son pocas), tienen el agua supppper calentita. Puedes entrar a lo cafre sin que te dé cosica, lo cual se agradece mucho, y sorprende un poco también, no estamos tan lejos de la Antártida.

DE vuelta a casa paramos en unos lookup points desde donde se ve lo que podría ser Hobbiton (todavía no!), colinas y quebradas estilo Tolkien, las playas de fondo… Es una zona bonita, esta de Whangarei.

El domingo y lunes yo me quedé por AKL para ver un poco lo que había montado de festejos y movidas cumpleañeras. Bastantes de las actividades eran maorís, como montar en un barco maorí, remar en un chisme maorí, o ir en un velero maorí. Los maorís son muy de mar. El puerto organizó un evento nocturno (de 6 a 10pm), en el que había conciertos, camionetas de comida,  visitas a fragatas (que en vez de HMS eran HMNZS, o sea siguen siendo barcos de su majestad, aunque especificando que eran NZ!), y a última hora, la promesa de unos fuegos artificiales acompañados por orquesta que iban a rivalizar con los de fin de año de Sidney que salen en los telediarios.

El transatlántico paró el concierto con sus bocinas, y así todos pudimos mirarlo bien y notar que estaba allí, y que tiene un macro cine al aire libre en su cubierta 32.

Mofas los fuegos que rivalizan con los de Sidney… Y con el concierto con orquesta ni te cuento. Se tiraron dos horas tocando temas pop sin ton ni son, sin ningún tipo de hilo conductor, tan pronto tocaban Life on Mars (lamentable participación de la sección de viento), como Like a Prayer… Había un trío de cacatúas que son inexplicablemente famosas en NZ que versionaban y destruían minuciosamente cada tema que tocaban. Ahora que lo pienso, quitando a Madonna y a Michael Jackson, todas las canciones eran muy británicas y mucho británicas, así que igual esa era la articulación de todo. Los países de la commonwealth son tannn probritánicos después de todo…  Bueno el glorioso final, donde empezaron los fuegos, que estaban a la altura de los que tiran los vecinos de el Kalero (Basauri) en nochevieja cuando se pican unos con otros (altura literal, no iban muy altos, y metafórica, eran una castaña sin orden ni concierto), ocurrió mientras tocaban Bohemian rhapsody, haciendo enrojecer hasta a los imitadores de Freddy Mercury. Después pasaron a una canción de Katy Perry que se llamaba Firework (k astutos, jajaj saludos), para acabar (oooo sí, temazo cumpleañero), con una medley de temas de James Bond!! ¿Por qué no? Live and let die, a view to a kill, moonraker… encima todos los gloriosos de las pelis de Roger Moore… Bueno, lamentaBLA. Pero gracioso. No son muy de organizar movidones los neozelandeses, son más de disfrutar de vida.

La gente muyyy proh, se venía con sillas de playa, toallas y demás, para degustar el cocido popero con buenos tropezones.

En fotos que nos pasaron nuestros reporteros de la calle Union se puede ver el alturón de los fuegos, muy por debajo de la sky tower.

En mi investigación, sigo clusterizando días típicos de tráfico para luego hacer predicciones, y ahora ya estoy escribiendo el que espero que sea mi paper. Estoy tan clusterizador, que hasta me he comprado unos cereales específicos, los cereales del data scientist:

Que están MUYYY buenos, aunque son más caros que los que comía antes (unos tristes copos de avena), merecen la pena. Y encima son data-science compliant,  ya que vienen en clusters. Me pregunto si los habrán clusterizado con DBSCAN, con spectral, Kmeans…?

Y bueno, termino la chapa de enero ya, porque el finde que viene hay gran acontecimiento (que parece que se va a ver un poco empañado por la lluvia), pero en todo caso, nos vamos al sur a ver varias cosas: Waitomo, las cuevas con gusanos azules fosforitos; Rotorua, la zona volcánica con geiseres y lagos blancos; y Hobbiton!

Permanescan a la escucha!

09 Ene

Kiwi el Aucklander 8: Calabacín el Aventurero

Las últimas semanas de Aucklandismo han sido … un poco especiales…

Para empezar, el penúltimo fin de semana del año, mediados de diciembre, no teníamos mucho plan para hacer por aquí y nos fuimos a las playas del norte, concretamente a Omaha beach, que suena a tipo de crucero yanqui, pero no, es una playa cerca de la reserva natural de Tawharanui, que era nuestro objetivo primario, pero acabo perdiendo interés en favor de la playa. Para empezar llegamos tardísimo porque por esa carretera de la costa hay buenos atascos. Para seguir, al llegar había olas cutrecillas, pero “suficientes para aprender”, así que Txusuru me convenció para alquilar una tabla y hacer surf. Así empezamos el finde del 15 de diciembre!

Increíblemente me puse de pie a la primera (aunque luego tarde más de media hora en volver a conseguirlo) y estuvo bastante divertido, así que probablemente volveré.

Por la noche estuvimos en Ponsonby, un barrio residencial muy agradable de Auckland, tomando unos cacharrillos, y luego volvimos por Franklin street, una calle en la que todas las casas tienen decoración navideña muy llamativa y la gente va a verla. No sabemos cómo empezó esto, porque no es municipal, es una iniciativa privada (de muchos individuos diferentes) que ha ido ganando fuerza y al final recibe un montón de turismo. Imagino que en algún momento alguien decidiría poner lucecitas en su casa a lo salvaje y otros le copiarían y ahora se había convertido en tradición. Supongo que si te compras una casa en esta calle no puedes No poner las luces.

Kiwi noel

había también músicos callejeros y pasamos junto a una chica con una flauta, cuando la vi de lejos con la flauta pensé en el crack de Matt Mulholland y su flauta y me la imaginé tocando titanic. Cuando llegué donde estaba ella, ESTABA TOCANDO TITANIC!!! pero claro, no como Matt, que por cierto, también es de Auckland.

Anyway, al día siguiente hicimos excursión de medio día por el parque de Omanawanui, cerca de la playa de Kare kare en la que habíamos estado hacía unos días. De hecho la idea era llegar a Kare-kare por el lado sur, ya que es una scenic road y tiene un montón de playitas y bosques. Pero al final llegamos a una carretera de grava que con el coche cargado parecía que íbamos a morir allí mismo, así que nos dimos la vuelta y nos fuimos a una de las playas que habíamos visto para echar unos chombitos

Las vistas eran bastante scenic, como prometía, pero no fuimos mucho más lejos.

Y entonces.. al día siguiente…

Volví a Bilbao.

con parada en Tokio

Haneda en Navidad

Era un viaje stealth mode, sólo había avisado a una persona para que me recogieran en el aeropuerto y me abrieran la puerta de casa. Así que ha sido una navidad con bastantes sorpresas, muchas muchas comidas, banquetes y ágapes, y algún que otro regalo también.

Alguien se puso muy contenta…

Y de pronto estaba en Santo tomás comprando queso como si nunca me hubiera ido…

Si normalmente la suelo gozar bastante en navidad, esta ha sido especialmente gozable. Nunca había estado tan bien volver a Bilbao

Mientras en Auckland:

parece que uno de los primeros añosnuevos del mundo no fue muy espectacular, pero bueno, siempre es llamativo ser el primero en estas curiosidades.

15 días después ya estoy de nuevo en AKL, muriendo de sueño por el jetlag, pero sin que eso me impida meterme homenajes argentinos

se trata de un restaurante argentino en Takapuna, donde fuimos a pasar el domingo y a comernos una parrillada brutal. Parece que la navidad ha sido un poco movidilla en términos de tiempo por NZ, y ha habido un pequeño temporal, que hizo que el mar estuviera especialmente alto. Pero ahora las cosas ya vuelven a su cauce y hace el sol propio de Enero, o sea, de Julio.

Ayer tuvimos la opción de comer pan con corteza normal (algo absolutamente raro en este país, donde los panes tienden a ser cutres). Y también unas angulas, que aquí, como no hay una demanda disparada, valen sólo 24 euros el kilo. Tampoco son para tanto.

La navidad se acabó, y ahora toca volver a las redes neuronales!

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