06 Sep

El libro de Noruega

Por fin, tres años después del viaje, llega el libro de Noruega. Aunque estuvimos menos días que en Nepal, este libro es más gordo aún que el de Nepal, con 230 páginas.

Tengo que decir que este libro era el mayor escollo a mi producción librera, ya que antes del viaje a Jordania no guardaba las fotos en RAW revelado, por lo que tenía que retocarlas todas para hacer un libro. El de Noruega lleva 360 fotos, que he tenido que depurar una a una (ya que para la impresión siempre hay que aclararlas un poco, además de intentar equilibrar colores para que sean uniformes para las fotos sacadas con cuatro cámaras diferentes. Si no hiciera esto, las fotos serían un caos de colores similares pero no iguales)

El caso es que desde Jordania en adelante, las fotos están ya retocadas por lo que el esfuerzo de hacer un libro sólo consiste en maquetarlo. Lo cual me hace pensar que tal vez antes de que acabe este año alcance 2013 en los libros editados.

Sección de libros

También inauguro sección de libros en el menú, donde se pueden encontrar mis principales libros editados de todos los viajes, y comprarse incluso! Y pronto aparecerán el menú derecho el acceso directo a la compra del libro de Calabacín, que ya era hora :D

Próximo destino editorial: Jordania!

16 Abr

Noruega, capítulo 15: una cena en condiciones

Era nuestro último día en Noruega, aunque Xåbi y Karlstad se quedaban unos días más para visitar Copenhague. Nuestro último día, y amaneció en el aeropuerto de Evenes, tras toda la noche sin dormir. Tras el avión a Oslo y el tren al centro de la ciudad (los trenes de cercanías noruegos son una delicia, como cabría esperar), fuimos a Anker Hostel, donde habíamos vuelto a reservar, con intención de echarnos a dormir por la mañana.

La gran decepción llegó cuando descubrimos que aunque la reserva estaba bien hecha, no admitían checkins hasta las 3 de la tarde! Como la reventada era máxima, nos tiramos en los ya de por sí petados sofás de la recepción, que estaban hasta arriba de gente en situaciones similares, o con sus portátiles chupando del wifi, y allí echamos la mañana entre partidas de angry birds, sueños ligeros y conversaciones farfulladas.

Para hacer tiempo dimos un pequeño garbeo por el centro que no nos llevaría a mucho, por lo cansados que estábamos, así que cuando vimos una carpa de Microsoft publicitando la Xbox no dudamos en quedarnos a probar todos los juegos que había, así como el Kinect, en la caja de un camión:

Después de comer algunas patatas y galletas que nos sobraban conseguimos acceder a nuestra habitación, bastante mejor que la anterior que habíamos tenido, y nos echamos una siesta épica para recuperar y poder salir un poco por la noche.

Sí, nuestro último día de Oslo nos lo pasamos durmiendo.

Ya por la noche preguntamos un sitio para cenar y un sitio para salir. Parece que la zona del puerto estaba bien para salir, pero era un poco exclusiva. Así que decidimos cenar cerca del hostel (y del parque de los violadoreS), dándonos un supercapricho: Hamburguesas!!!

Cuando sacaron las hamburguesas nadie sacó ni un momento para hacerles una foto

No nos privamos de nada, langostinos, una hamburguesa gorda y jugosa, y un buen postre. Puede que la cena nos saliera a 70 u 80 euros por cabeza, pero la gozamos.

DEspués, tras buscar un rato, nos las arreglamos para encontrar el único bar que estaba ambientado en el rock de los 50, y que tenía un auténtico cadillac descapotable aparcado fuera (no decorativo, era el coche del dueño!)

La noche oslotarra

El bar Ryes, en una plaza cercana a Anker Hostel estaba lleno de señales de tráfico y de bares americanas, mucha gente, y música de calidad. Estuvimos un buen rato sentados probando los caros cócteles locales.

DEspués nos fuimos a la parte trasera, en la que había una pista donde la gente bailaba auténtico swing y rock’n’roll, con lo que ello suponía en codazos para los que estábamos cerca. No tardamos mucho en volver a la parte delantera, siempre siguiendo los dictados de Xåbi y su cacería. En la parte delantera hubo suerte. El exotismo de Xåbi atrajo a una muchacha de Stavanger,  que tras poco tiempo de conversación nos invitó a su mesa, donde había más amigas suyas.

Después de meditarlo, y reconociendo la fortaleza mental de Xåbi, nos fuimos al hostel de nuevo. En realidad había bastante sueño, y al día siguiente madrugábamos para coger los aviones, a Ibiza (sí, Iñigorg y yo volábamos vía Ibiza), y a Copenhague.

Aunque Xåbi se quedara a medias, fue un buen final para nuestra visita a Noruega. Siempre hay que dejar algo sin conocer para tener motivos para volver. En este caso, la chica de Stavanger y sus amigas.

 

26 Mar

Noruega, capítulo 14: Los últimos días de Lofotén

El único propósito del día 14 era pescar. La idea de conseguir una barca, pescar un bacalao y comérselo allí mismo había arraigado tanto que ya no podíamos concebir que acabara el viaje sin hacerlo. Así que no demasiado tarde, aunque sin prisa, recogimos todo de nuestra supercabaña, pasamos a devolver la tele al tipo militar del hostel, y arrancamos en busca de arrendadores.

A medida que fuimos probando en sitios fuimos descubriendo que eso de que llegabas a Lofoten y alquilabas un bote y pescabas en un fiordo era un mito. En ningún sitio sabían de qué hablábamos y lo más parecido que había eran esas excursiones de grupos, en barcos grandes, en las que sí, te dejaban pescar, pero te llevaban al mar abierto y eran carísimas. No era la idea de botecito y estar tirado con la caña. Lo peor es que aunque nadie alquilaba, en todas las casas, en todos los porches, había barcas con cañas de particulares que efectivamente practicaban lo de pescar en el bote.

Cuando finalmente descubrimos que pescar en esas condiciones iba a ser imposible, decidimos al menos conservar parte del plan, y alquilar una barca de remos para dar una vuelta por un lago. El sitio parecía Hobitton. Un camping con casitas de madera en medio de colinas pequeñas y verdes, con senderos que cruzaban hasta el lago central. En la casa del camping nos atendieron y nos dijeron que las barcas eran para huéspedes pero al final nos alquilaron una con un precio inventado sobre la marcha.

qué jodido

Remar en un bote no es algo tan trivial como puede parecer, hay que meter los remos adecuadamente, de forma sincronizada y con un poco de estilo. Rápidamente surgieron dos grupos de remadores: Bayusson, y los demás. Todos los demás cogieron el ritmo más o menos bien. El ritmo de Bayusson era navegar en círculos o con suerte en zig-zag. La navegación estuvo entretenida, salvo por la lluvia, de la que habíamos librado estos días, pero que empezó a caer justo cuando estábamos en medio del lago, sin ningún tipo de protección.

para otros era más trivial

o una patxanga directamente

Desde la barca podíamos ver a otros en otras barcas pescando, y casas junto al lago en las que había gente pescando, o botes con cañas… en fin…

Tras la barca salimos hacia Evenes. Hoy teníamos un problema, ya que teníamos un vuelo a Oslo a las 6 de la mañana, por lo que no habíamos cogido alojamiento. La cosa se debatía entre coger un alojamiento y dormir en el coche. De momento pusimos rumbo a Harstad, la ciudad junto al aeropuerto de Evenes, que era donde teníamos que dejar el coche y coger el avión.

Ya en Harstad, había opciones de alojarse, pero era un poco tirar el dinero ya que nos teníamos que levantar a las 4 y media. Así que decidimos hacer la de los titanes. Empezamos yendo a un centro comercial a  comer algo, que llevábamos todo el día a galletas. Era pequeño y agobiante, pero dedicamos un par de horas a recorrer tiendas en las que no teníamos nada que mirar, simplemente por hacer tiempo.

Xåbi con su jersey corporativo de Gamesa parecía un mozo de almacén, así que le hicimos una foto trabajando (poco)

Después de mirar todas las tiendas, comer algo y tomar unos batidos, tiramos hacia el centro de Harstad a ver si había algo que hacer.

En Harstad, como era de esperar, no había mucho que hacer. Era una ciudad grande comparada con los pueblitos de Lofoten, pero seguía sin pasar de minipueblo. Allí encontramos un bar elegante donde nos hicimos fuertes a base de cerveza.

Sin saber muy bien qué más hacer acabamos yendo al cine (kino, en noruego), para ver la peli más cara de nuestras vidas: Capitán América 3D! 20 euros al cambio!! Menos mal que la peli no estaba demasiado mal, y se dejaba ver.  Cuando salimos aún eran las once. Como quedaba mucha noche por delante, fuimos de nuevo al bar, que se había animado notablemente.

Cuando ya el sueño empezó a apretar arrancamos hacia el aeropuerto, para conducir lo menos sobaos posible. Llegamos a Evenes sobre las 2 y media, por lo que teníamos unas dos o tres horas para dormir en el frío del coche. Se hizo lo que se pudo.

Cuando por fin abrieron el aeropuerto nos fuimos al calorcito, con esa tontería típica de cuando no has dormido lo suficiente. A volver a Oslo.

 

16 Mar

Noruega, capítulo 13: A Å

Llegábamos ya al final del viaje y el checkpoint embarcadero estaba sin marcar. Además había surgido un nuevo checkpoint, pesca, también sin fullfillear. Pero hoy podía ser el día. Viajábamos hasta Å, el pueblo con nombre más corto en el que hemos estado (y eso que habíamos visitado Ea en alguna ocasión).

Å está en la punta más occidental de Lofoten por lo que el viaje desde Svolvaer nos llevaría un buen rato, pero además íbamos a parar en diversos puntos intermedios, para conocer las legendarias playas de arena blanca y aguas azules de las que nos habían hablado. No demasiado tarde nos levantamos en nuestra supercabaña y nos preparamos para otro día de coche. Tras la parada de rigor en el Kiwi, los supermercados más chachis, verdes, y baratos de Noruega para aprovisionarnos, iniciamos el trayecto para parar muy cerquita.

Panorámicas de Karlstad desde el mismo coche

Encontramos un puente bastante elegante saliendo de Svolvaer por lo que paramos a echar unas fotos, pero perdimos a Xåbi y sus karramarros. Estuvo un buen rato entre las rocas buscando bichos, recordando su infancia. Sin éxito.

Fiordo junto al puente

Seguimos nuestro camino parando en varios spots. El primero fue un vistapoint indicado en el mapa, que nos dio vistas a un gran valle entre los montes de Lofoten. Allí nos encontramos con un matrimonio de madrileños (si no recuerdo mal), que habían venido en coche desde allí, 8000 km llevaban a sus espaldas.

Otro spot interesante fue una playa, nuestra primera de arena blanca, aunque estaba un poco deslucida por las nubes en ese momento. En Noruega el tiempo cambia muy rápidamente.

Un nuevo espacio para los Karramarros

No tardamos mucho en llegar a Flakstad y a la playa de Ramberg, la más recomendada por las guías, con razón, ya que era la más espectacular.

Playa de Ramberg

SuperPan de Karlstad

Tras un buen rato y unos paseos románticos, amén de unos dibujos en la arena, de cuya autoría inicial nunca tendremos una idea clara, seguimos nuestro camino hacia Å.

Localizaciones aleatorias de Lofoten

Cerca de Å paramos en un espectacular pueblo pesquero, Moskenes. Las casas de madera de este pueblo se arremolinan entorno a un pequeño golfo colgando desde sus plataformas de madera. Todo el pueblo era peatonal, tenía una sola carretera por la que había que circular sin prioridad y con semáforos para regular el paso ya que en muchas partes era de un solo carril.

Moskenes junto al fiordo

Desde el pico se hace parapente y ese tipo de deporte en el que un tipo se tira al vacío sin ningún tipo de paracaídas y con un traje que le hace planear

Karlstad y su metralleta

Cerca de Moskenes, Xåbi era Máximo

Tras la agradable parada en Moskenes seguimos el camino hacia Å., pero llegó un momento en el que paramos a comer en un mirador en medio de un acantilado. Las vistas eran terribles, y el tiempo y las nubes iban cambiando de forma apreciable.

Vistas desde el mirador

La parte “mala” fue que mientras nos comíamos nuestros cutrebocatas de chorizo infecto, junto a nosotros había unos polacos equipadísimos que estaban haciéndose unos macarrones allí mismo con un camping gas, y poniéndose finos. La envidia fue máxima, pero las vistas hacían olvidarse de lo demás.

Después de comer, ya sí, iniciamos el trayecto final hasta Å. Cuando llegamos descubrimos un pueblo encantador, como Moskenes, pero mejor. Totalmente peatonal, casas de madera, zonas con bacalaos puestos a secar, y una zona de casas “flotantes” y… sí, con embarcadero!!

casas entre las rocas

en la terraza particular de alguna casa. menos mal que no estaban los dueños

posible portada del libro de noruega

por fin el embarcadero!!

Después de conocer un poco la “ciudad”, nos fuimos a tomar un chocolate a un bar muy molón que había en el centro, con vistas a la bahía, y gran capacidad, probablemente para cuando llegaban ferrys llenos.

muy ikea, pero muy elegante.

Era media tarde y llegó el momento de volver, ya que de camino a casa teníamos el objetivo de encontrar la playa de Unstad, famosa por el surf!! Parece que bastantes surfers animaos vienen hasta Lofoten a coger olas, a pesar de que la temperatura media del agua es de 5º. La playa de Unstad debe de ser la más famosa de las islas, así que fuimos allí para ver si había algún surfer. Por el camino encontramos nuevas escenas espectaculares

 

La recta final a Unstad ya era prometedora

Al llegar al pueblo se acabó la carretera y nos tuvimos que meter por un sendero de gravilla hasta llegar a la playa de los surfers. En realidad no había unas olas tan grandes, aunque igual no era el momento. Tampoco había surfers, pero la playa, de rocas, era bastante bonita. Xåbi aprovechó para seguir con su checkpoint particular.

medio metrito? no hay barrels... (jerga surfer aprendida en el curro)

Bus muy a lo "into the wild" que habría hecho las delicias de Iñigo. Todos nos acordamos de él según lo vimos.

Mission Accomplished

De vuelta a casa presenciamos un bonito atardecer entre los picos y valles de Lofoten.

Ya en nuestra supercabaña nos esperaba el episodio 1 de star wars. No era la mejor (probablemente era la peor), pero eh!, era star wars!!

Así que con unos nuevos macarrones nocturnos, vimos a Jar Jar dar la murga en versión original subtitulado en noruego.Y nos preparamos para nuestro último día en Lofoten, en el que había que cumplir el checkpoint de pescar.

01 Feb

Noruega, capítulo 12: La tierra prometida

La amanecida en Hamarøy fue agradable, no madrugamos demasiado y teníamos un buen desayuno esperando, yogur, galletitas marie (de chocolate, las más baratas y nuestras fieles compañeras de todos los días), y zumo barato. Pronto nos pusimos en marcha y nos despedimos de aquella cabaña, que era una de las más grandes que habíamos tenido.

Para cruzar a Lofoten había que coger un ferrry, así que fuimos a la recepción del camping a informarnos. En esta ocasión no estaba la chica del día anterior, si no los que parecían sus padres. A Karlstad y a Xåbi se les iluminó la cara al entrar en la recepción: toda clase de artículos de pesca de todo género.

Esto no está explicado antes, pero resulta que a parte de la obsesión de Karlstad por el embarcadero que le diera la world press photo de este año, llevaba unos días habiendo un run run de alquilar un bote, unas cañas e ir a pescar. Desde la planificación del viaje, Lofoten estaba pensado como sitio para ir a pescar con un bote alquilado. Los últimos días estábamos ya prácticamente saboreando el salmón pescado por nosotros en las tranquilas aguas de Lofoten, y al entrar en la recepción real (ya que el día anterior nos recibieron en una cafetería) del camping y ver tantos chismes para pescar, en alquiler, hubo grandes tentaciones de irnos a pescar ya mismo, en Hamarøy. Preguntamos a los señores sobre las opciones de pescar allí y en Lofoten, y nuevamente no sabían absolutamente nada de Lofoten, pero podíamos pescar allí. Tras pensarlo un poco decidimos que era mejor hacerlo en Lofoten, que para eso estaba planificado, y allí las aguas eran azules y cristalinas.

También descubrimos que la chica del día anterior iba a hacer un intercambio de estudios con alguien de Valencia, por lo que en unos pocos días se iba a bajar a España a pasar varios meses. Así que estaba tan interesada el día anterior… Los padres sin embargo tenían algo de miedo por perder a la hija durante tanto tiempo y tan al sur :P  No les faltaba razón… Ahora sabrán lo que es que tu hijo vaya a clase con abrigo y mantas… Curioso que un noruego tenga que bajar al Mediterráneo para experimentar eso…

Partimos sin más dilación hacia el ferry que nos cruzaría desde Hamarøy hasta Lofoten.

El ferry de los blandengues

El ferry de los cracks salía desde Bodø, y en 5 horas te subía hasta el extremo más occidental de Lofoten. Digo que era el de los cracks porque las 5 horas eran en su mayor parte por mar abierto y por lo que leímos, los mareos eran extremos y el 90% del viaje consistía en vomitar. Así que nosotros lo que hicimos fue subir por carretera 100 km más y coger el ferry en Hamarøy (en Bognes, de hecho, que estaba al lado), que era un ferry de poco más de una hora, por una zona mucho más cerrada y tranquila.

Así, sin ningún tipo de percance llegamos hasta Lødingen, nuestra conexión en Lofoten. De ahí fuimos directos hasta Svolvær, nuestro campo base de Lofoten. Lo que fuimos viendo por el camino iba anticipando lo que descubriríamos en los siguientes días: Lofoten era puro espectáculo natural. Era increíble que tan pocos noruegos lo conocieran. Montañas picudas y escarpadas bajaban abruptamente hasta playas azules de arena blanca. Nubes cerradas en los picos, algunos nevados, y sol en las playas.

Paisaje interior de Lofoten

a nuestro lado dejábamos arcoiris constantemente

Llegamos a Svolvær hacia medio día, y buscamos el camping. Nuevamente el camping parecía un campo de golf. Había lagos, bunkers, las cabañas estaban dispersas y grandes greens de esparcimiento. En la recepción apareció un tipo con cara afilada, corte de pelo que inspiraba confianza, y pinta de ser un adicto al deporte. Se dirigió a nosotros en tono marcial y disciplinado y nos acompañó, a todo meter, a nuestra cabaña.

La cabaña era GIGANTE. Una estancia que podía dividirse en dos o tres grandes salones, pero que era única, dos habitaciones grandes, cocina generosa, y dos baños. Tenía chimenea y todo tipo de lujos y comodidades, a parte de estar dentro del bosque, y sin vecinos cercanos. Pero no tenía TELE!!!! cómo íbamos a ver la parte 6 de Star Wars???!!

Mientras Karlstad y yo bajamos a ver si conseguíamos una tele, Xåbi e Iñigorg se quedaron enredando con la chimenea. Cuando volvimos con la tele alquilada, la humareda montada era brutal, ya que no habían abierto el tiro… :S

Entre humo comimos, y nos fuimos a explorar Lofoten (pronunciado Luften por los lugareños).

Nada más salir, fuimos al centro de Svolvær a ver si conseguíamos información sobre Lofoten, y sobre pescar. Increíblemente, después de hacer 3000 km de coche para llegar a la coronilla del mundo, después de pasar por 20 oficinas de turismo en las que nunca sabían nada de Lofoten, en la oficina de turismo central de todas las islas Lofoten, cuando pedimos información, la respuesta fue: “coged un brochure de esos que hay en el expositor”… un brochure! pero la gente de las oficinas de turismo de noruega de qué vive? siempre te remiten a los brochures!!

En fin, después de insistirle, nos explicó que en general se puede ver todo, varios pueblecitos pesqueros, incluído uno en el extremo más occidental. También nos dijo que había playas de arena blanca y aguas azules, lo cual era un poco chocante, pero nos confirmó que así era, y nos contó que había una en la que se hacía surf. De pescar más bien poco, nos dijo que había un tipo que alquilaba barcos (no txalupas, barcos), y que fuéramos a una tienda de deportes a ver si conseguíamos algo de cañas. Efectivamente en la tienda de deportes sólo vendían. Nos mandaron al pueblo de al lado. Así que con el fin de cerrar lo de la pesca y conocer un poco Lofoten, nos echamos de nuevo al coche.

De modo que llegamos a Kabelvåg, el pueblo de al lado, bastante elegante, aunque no con demasiada gente. Visitamos la tienda de pesca. Hacían tours de pesca de varias horas en los que llevaban a un montón de gente a alta mar y pescabas como un crack, pero valían un ojo de la cara. También nos dieron el teléfono de un inglés que vivía allí y hacía tours más económicos, pero había que cuadrar con sus horarios.

En resumen, la cosa parecía bastante complicada, pero seguimos de paseo hasta una de las playas de supuesta arena blanca. El resultado fue sorprendente

 

Una playa cualquiera

los montes picudos emergen desde la misma playa

Las playas no sólo eran de arena blanca y aguas azules, si no que eran impresionantes, con los montes nevados justo al lado, y los campos verdes con cabañas rojas. Las vistas eran impresionantes, y sólo estábamos en una playa cualquiera de Lofoten, sin señalizar, ninguna en especial.

Karlstad nunca dejó de ser un cowboy

los paseos fueron largos

Xåbi encontró una nueva afición, buscar karramarros entre las rocas. La iría desarrollando durante la estancia en Lofoten

Después de recorrer la playa y otras zonas cercanas a Svolvær, nos volvimos al camping. Aún era de día pero serían cerca de las 9, hora de Star Wars episodio VI! El día seguiría hasta la 1 de la madrugada, para luego ir anocheciendo levemente.

El final del episodio VI con las caras de hayden christensen en vez del darth vader original fue un poco decepcionante, pero dormimos como jefes en nuestra super cabaña.

25 Ene

Noruega, capítulo 11: Rodeo polar

Día gris en Mosjoen, que anticipaba lo que sería la jornada.

Teníamos dos rutas posibles para hacer unos 500 km. La ruta turística que bordeaba la costa y una ruta interior que no tenía gran cosa, pero en la que se hallaba la casa museo del círculo polar, en la altura en la que se cruzaba la línea del polo Norte. Éste era un checkpoint importante así que decidimos subir por la ruta interior hasta el círculo polar, después volver a bajar hasta Mo i rana y coger la carretera de la costa. El círculo polar estaba a 100 km, más otros 100 de bajar, más l0s 500 de costa, nos daba unos 700 km. Podía hacerse.

Así que empezamos no demasiado pronto, aunque tampoco muy tarde, el ascenso a Polarsirkel. Estaba en una zona bastante elevada así que nos comimos un puerto de montaña bastante estrecho, caravanas, camiones y muchas motos. Aunque no hacía un día muy bonito, cuando fuimos llegando a la parte más alta se fue despejando y dejando ver unos paisajes espectaculares. El bosque se convertía en tundra y los trenes trans-noruegos circulaban en paralelo a nosotros por estrechos pasadizos.

recordando a Alerta máxima 2

paisaje islandés

Hacia la una llegamos al Polarsirkel, con el monumento que indica que estábamos cruzando al círculo polar, y la casita turística llena de souvenirs y una cafetería. Aprovechamos para hacer unas buenas compras, la mayor parte de regalitos los trajimos de allí, del mismo círculo polar.

Junto al Paralelo 66.5º

esto esta por todo el mundo, va a haber que introducirlo en Bilbao también

Karlstad contribuye a la causa

super turist senteret

más en el paralelo

Después de un buen rato haciendo el mono por allí, bajamos de nuevo todo el puerto, haciendo una parada ultra rápida en un área de carretera para comprar unas patatillas para sobrevivir, ya que el hambre empezaba a apretar.

Al llegar a Mo i Rana tomamos la carretera turística de la costa, que tenía una pinta estupenda. Serían cerca de las cuatro de la tarde. Y el GPS nos marcaba… 13 horas hasta el destino! 13 horaS? cómo podía ser tanto! eran 500 km… Estaba mal, no podía ser…

Seguimos avanzando unos cuantos kilómetros pero pronto nos dimos cuenta de que el GPS no engañaba. Eran 13 horas, ya que la ruta incluía unos cuantos ferrys, que son más lentos y hay que esperar a que aparezcan. El GPS por lo visto da una estimación de la media que se puede esperar, aunque puedes tener suerte y llegar y que haya un ferry, también te puede tocar esperar 1 hora. Sin pensarlo demasiado, nos dimos la vuelta de nuevo para volver a la carretera no turística, la del polarsirkel, la que acabábamos de bajar.

Como eran horas un poco indecentes, nos pusimos a comer allí mismo en el coche, dejando indecente el propio coche. En una rápida parada en un Kiwi para comprar provisiones, Xåbi aprovechó para comer, ya que estaba conduciendo.

No tardamos mucho en recuperar la vieja ruta, hola de nuevo puerto, hola de nuevo vías del tren junto a la carretera, hola de nuevo paisaje de la tundra… hola de nuevo Polarsirkel!

hola otra vez polarsirkel!

hola otra vez tren!

hola otra vez montes!

Tras unas cuantas horas de coche insulso, y algún que otro ferry, llegamos a Hamarøy, el pueblo en el que pasaríamos la noche. Una vez más, el pueblo no era mucho más que el propio camping, que era enorme. Nos costó encontrar la recepción, ya que ésta consistía en un bar que estaba al fondo del mismo. El camping era un terreno en cuesta que bajaba hasta la costa de un tranquilo fiordo y donde se arremolinaban cabañas y caravanas. Podía haber habido un atardecer espectacular, pero el tiempo era bastante gris, y por una vez, estábamos empezando a notar un frío que se clavaba, más propio de Noruega.

Los recepcionistas no estaban, sólo su hija, una muchacha de unos 16 años que creo que estaba flipando por ver extranjeros, por la forma en que nos miraba y nos hacía preguntas de todo lo preguntable. Igual el camping era frecuentado por noruegos… Al día siguiente descubriríamos info adicional sobre la chica que nos dio alguna pista de porqué le fascinábamos.

Nos enseñó nuestra cabaña, enorme, a todo lujo, con un gran salón con sofás, y dos dormitorios independientes, y una calefacción muy agradable, teniendo en cuenta el frío que hacía fuera. Además, esta noche daban… sí! el episodio V de Star Wars!! estábamos en racha!!

Y allí, en medio del frío de Hamarøy, vimos las escenas de Hoth el planeta helado. Calentitos en nuestra cabaña de madera. Eran las 23.30 y aún era de día. El círculo polar se notaba!

Mañana llegábamos a Lofoten, la tierra prometida!

18 Ene

Noruega, capítulo 10: 20 horas de coche y una discusión desesperada

La paliza.

Nos esperaban un montón de horas de carretera para llegar a la mitad de nada, de donde saldríamos a Lofoten. Lofoten, la tierra prometida.

El décimo día teníamos que llegar hasta mitad de camino entre Trondheim y Lofoten, concretamente hasta Mo i Rana. Una pequeña palicilla, que se iba a quedar en nada, ya que no íbamos a llegar hasta Mo ir Rana, si no que nos quedábamos antes, con lo que el día 11 sería peor incluso.

El único incentivo del viaje era ver alces, porque la carretera atravesaba varios bosques. No vimos alces. Las horas de coche pasaban entre el juego de adivinar películas y el juego de adivinar personajes.

En algún momento cruzamos a la provincia de Nordland, dejando nuestro único testimonio gráfico de este día.

única foto del día; nuestro paso a Nordland

También paramos a comer en un restaurante, pero no amigos, no comimos “dentro” del restaurante, si no “junto” al restaurante, en uno de los bajos del mismo, ya que llovía y era como rancio comer en el coche. Así que mientras la gente se pinchaba unos buenos chuletones en el restaurante nosotros comíamos el choricillo barato pegados a una de sus paredes. El sabor del chorizo empezaba a ser imperceptible.

Llegó un momento en el que los juegos eran aburridos así que nos empezamos a dedicar a polemizar sobre diferentes cosas como la Iglesia o el Athletic (otra iglesia)

Al final llegamos a Mosjoen, nuestra “ciudad” intermedia. No era demasiado tarde y mientras Xåbi se daba una ducha vimos en la tele que esa noche daban el Episodio IV de Star Wars!!! Tremendo. Ya había plan.

Pero era pronto, así que fuimos a echar una partida de bolos a la bolera del camping, que sonaba a que tenían una de esas cutre pistas con bolitas de madera que caben en la palma de la mano. Pero no, tenía 3 señoras pistas de bolos en condiciones. Ganó alguien que no se lo merecía :P

Después de los bolos visitamos el pueblo de Mosjoen, que no tenía más que un par de calles, eso sí, con hotel y centros turísticos. Serían las 7 de la tarde y no había ni cristo así que era difícil saber quién demonios visitaría este pueblo perdido en la mitad de Noruega.

No demasiado tarde nos fuimos al camping, a cenar y ver un nuevo peliculón.

03 Ene

Noruega, Capítulo 8: la escalera de los trolls

Los días de turisteo por el sur de Noruega acababan hoy. La paliza de coche para subir a Lofoten empezaba hoy mismo, aunque con tranquilidad, nos esperaban 3 largos días de conducción intensiva. No nos levantamos demasiado pronto sin embargo. Las cabañas de Geiranger invitaban a dormir.

Geiranger y su fiordo

Antes de coger el ferry que nos llevaría por el fiordo más famoso de Noruega, subimos el superpuerto que habíamos bajado la noche anterior, ya que Karlstad había leído que había una cascada en alguna parte de ese puerto. La realidad era que si había una cascada no estaba en un lugar accesible, o no lo encontramos, pero en cualquier caso las vista de la ciudad con el fiordo a sus pies eran impresionantes.

trazas de la supuesta cascada :S

No tardamos mucho en volver a bajar el puerto para ir a por el ferry de Geiranger. El fiordo de Geiranger es en efecto espectacular, pero desde dentro del propio fiordo es muy parecido a otros fiordos vistos antes, así que por el frío que hacía, que era considerable, Iñigorg y yo nos pasamos casi todo el tiempo dentro del barco. Xåbi y Karlstad estuvieron como titanes en la cubierta peleándose con los chinos diversos y con las señoras (hasta en Noruega hay señoras!)

feed the birds, tuppence a bag...

El recorrido acabó hacia medio día, y emprendimos el camino hasta el que sería nuestro último checkpoint del día, y por ende, de la región sur de Noruega. Se trataba de la escalera de los trolls, Trollstigen, una carretera serpenteante que baja de una montaña hacia un gran valle, y que se ha usado en incontables anuncios y pruebas de coches. Trollstigen no estaba demasiado lejos. Además, había que cruzar un fiordo en ferry por lo que era un buen momento para darle al awful chorizo e ir ya comidos.  Nada más salir de Geiranger tuvimos que subir otro empinadísimo puerto que nos ofreció unas vistas bastante impresionantes del fiordo, de las que Karlstad no pudo evitar echar unas panorámicas.

Geiranger desde el otro lado

Superpan de Karlstad

En lo alto del puerto, todo volvía a ser como Islandia, rocas, paisaje árido, y nada de vegetación, lagos de los deshielos y glaciares.

La parte alta, mucha visibilidad

No tardamos mucho en llegar hasta la parte alta de Trollstigen, con una lluvia intensa y una niebla que no dejaba ver casi nada. Salí del coche y monté mi GoPro en el parabrisas, y he aquí el supervídeo que salió de la bajada de Trollstigen:

Ah no! que olvidé ponerla a grabar y me di cuenta cuando estábamos abajo! :D. La verdad es que una vez pasado tampoco fue para tanto, cualquier puerto de montaña un poco escarpado tiene cuestas y curvas como esas, lo más impresionante era el valle y tampoco se veía mucho. DE hecho, el puerto de bajada a Geiranger era mucho más abrupto y digno de una grabación con GoPro.

la bajada de trollstigen

La escalera de los trolls

entre la niebla


bajada empinada

Al llegar abajo, las nubes se quedaron atrás y vimos el esplendor del valle. Ahí más o menos fue cuando nos dimos cuenta de que no teníamos albergue para esa noche. Así que empezó la búsqueda de alojamiento para esa noche, que tenía que estar de camino a Dombås. Al buscarlo en un mapa se ve que está bastante desviado al este respecto a nuestro objetivo norteño de Lofoten, pero es que a petición de Xåbi íbamos a hacer un pequeño detour para visitar Røros, un pueblo minero que se alejaba bastante de nuestros destinos…

Desde Trollstigen hasta Dombås había unos 220 km, los cuales dan bastante de sí para buscar un alojamiento, aunque por ser tan turística la zona estaba mucho más complicada de lo que pensábamos. Teníamos un firme candidato “Kirketeigen”, en Kvam. Kirketeigen figuraba en nuestra guía de campings como “camping cristiano”, una cosa un poco rara… En cualquier caso, fuimos entrando en los campings que veíamos de camino por si había sitio, pero todos estaban hasta arriba.

Trollstigen atrás, en busca del camping

La cosa empezaba a ser un poco agobiante y nos veíamos durmiendo en el coche como en Islandia, sólo que aquí el clima era un poco más duro. Llegamos a Kvam y entramos de cabeza en Kirketeigen.

Al entrar nos dimos cuenta de qué era eso de “camping cristiano” (a parte de que Kirke sea iglesia en noruego). El camping era en efecto un centro de culto cristiano con un montón de cruces, capillas, etc, pero lo más llamativo es que estaba regentado por moteros cristianos, y en ese momento había una superconcentración de moteros cristianos. Cientos de motos, tipos con el pelo largo, cuero y cruces y cristos tatuados por todas partes. El tipo que nos atendió, que se parecía un poco a Hulk hogan nos dijo que por la concentración, estaba lleno y nos podía dejar un cuarto de utillajes para dormir en el suelo :D

Evidentemente pasamos en moto, nunca peor dicho, ya que éramos los únicos 4 pringados en coche, rodeados de motos, moteros, gente vendiendo biblias y gente rezando, todos ellos enfundados en cuero. Nadie se atrevió a sacar un foto, ya que  a pesar del entorno cristiano, y pacífico, su aspecto intimida a los legos como nosotros.

Seguimos nuestra búsqueda de camping cada vez más a la desesperada, siendo rechazados en unos cuantos más, hasta que por fin llegamos a Vinstra, el último pueblo medianamente grande (más de 50 personas viviendo) que quedaba por la zona. Allí encontramos el camping de Sjoa, que nos ofreció una cabaña por tan solo 180 NOK, unos 23 euros…

Claro, así era. La cabaña era sin duda la peor de todas las del viaje, un agujero infecto, para los estándares de Noruega, con camas llenas de polvo y una nevera que tuvimos que desenchufar por que hacía demasiado ruido. Aun así, fue gratificante saber que no teníamos que pasar la noche al raso. No tardó mucho en anochecer, por lo que nos fuimos al salón de televisión (en este camping no había tele en la cabaña), donde un nuevo peliculón nos esperaba: Cocktail.

Fuera caía el chaparrón de la década. Tras el chorizazo de rigor, y media peli de Cocktail, nos fuimos a la cama, esperando un día duro de camino a Røros

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