15 Dic

Kiwi el Aucklander 7: Piha

El fin de semana pasado por fin salimos de Auckland. No fuimos muy lejos, pero en cuanto sales del área urbana la cosa cambia radicalmente. El destino elegido fue Piha, una playa de arena negra que está en la costa oeste, al otro lado de Auckland, a sólo 35 km, aunque se tarde casi una hora en llegar. Piha es conocida por el surf, por la arena volcánica, y por ser una de las playas donde se rodó El Piano.

Se tarda un ratillo en salir del área metropolitana de Auckland, sobre todo si tienes el gps configurado para evitar autopistas (ouch!), pero en cuanto acaba, empieza el bosque cerrado de árboles exóticos, raros, retorcidos y de muchos colores. El camino es una carreterita rodeada de vegetación densa,  realmente espectacular.

Poco antes de llegar hicimos un alto en la estribación sur de la playa, que testá elevada  y permite ver la panorámica.

Según llegué me descalcé y subí a la roca central para ver las vistas. Piha tiene como dos subplayas, separadas por esa roca, la de la izquierda, pequeña y acogedora (pequeña pero más grande que la mayoría de las playas que conozco) y la de la derecha, que tranquilamente puede tener 3 o 4 km.

La playa es muy plana y las mareas la hacen desaparecer o la extienden muchos metros. También hace falta internarse bastante para que cubra más de la cintura.

La arena no parece negra, supongo que por efecto de la luz, pero en cuanto escarbas y llegas a la arena húmeda se ve el color negro intenso que tiene. Es bastante curiosa porque tiene una textura mucho más suave que otras arenas, supongo que la roca volcánica se pulveriza más fácilmente. Otra cosa curiosa es que al ser negra, cuando le da el sol quema mucho más. En Bilbao es normal que la arena queme a las horas centrales del día cuando ha pegado mucho el sol, pero aquí la arena  (seca) abrasa todo el rato.

Txusuru aprovechó para echarse unas olas (su tabla nos dio un poco la monserga en el coche, ya que las cinchas que la sujetaban vibraban con la velocidad). Pero parece que no estaba el mar muy propicio. Mientras yo me fui a recorrer la playa y echar algunas fotillos.

Como no podía ser de otra manera aproveché para hacer unos agujericos con túneles para hacer el canelo un poco.

Después de comer en la playa nos dirigimos a Kare-kare, otra playa mucho más grande al sur. Queríamos ir a la cascada de Kite-kite, pero no encontramos ruta para ir en google maps, así que probablemente había que internarse en algún tipo de bosque para encontrarla. En su lugar, fuimos a la cascada de Kare-kare, junto a la playa homónima.

La cascada era bonita, pero sin duda lo mejor era el camino para llegar hasta ella, era como estar en Parque Jurásico (creo que grabé un vídeo fingiendo ser perseguido por un velociraptor, auqnue ya no me acuerdo, tengo que revisar la gopro).

cuando terminamos, fuimos a Kare Kare, una playa muyyyy extraña. Para empezar había que recorrer un kilómetro por un sendero de arena rodeado de extrañas plantas tropicales. Aquí más que parque jurásico parecía que estábamos en la isla de Lost. Cuando salías a la playa, había tranquilamente 500 o 600 metros de arena hasta el mar, que estaba enbravecido. La playa es muy extensa, 10-12 kilómetros, y muy ancha también así que hay momentos que parece que estás en el desierto de Mad Max, sólo hay arena y sol, y a lo lejos el agua rompiendo.

La visita  a Kare KAre es muy recomendable, pero al día siguiente teníamos más planeado. Fuimos a Muriwai, otro de los paraísos del surf en esta parte de Nueva Zelanda, pero aparentemente las olas tampoco estaban a favor del surfer. A mí me daba igual y me fui a uno de los extremos de la playa donde habita una gran colonia de alcatraces. Nunca había visto pájaros de este tipo pero son muy bonitos y elegantes. coincidió además que en esta época acaban de venir a anidar, y estaban todos sentados sobre sus nidos, algunos de ellos con polluelos ya nacidos. Hay un momento del año en que deciden pirarse a Australia (2000 kilómetros de mar de Tasmania sin una roca donde posarse, menudos jefes). Pero esta era la época buena y estaban en Muriwai.

La playa grande Muriwai tiene más de 30 kilómetros, y nosotros estábamos justo en el lado sur, pero se veía creciendo hasta el infinito por el otro lado. Justo al otro lado de la colonia de alcatraces  (y la colonia de chinos que había haciéndoles fotos) había otra playa pequeñita y de difícil acceso que parecía más acogedora.

 

Después de comer y una siestita en la playa mecidos por el viento, salimos hacia otra de lass playas del oeste, Bethells Beach, que también tiene sus curiosidades. Para empezar hay una duna “gigante”, según los mapas, que no encontramos. Así que tan gigante no será. La duna de Pylat la ves desde cualquier sitio, y esa sí que es gigante. Pero la playa de Bethells era muy guapa per se, tenía una especie de ría, y desembocaba justo en la unión con otra playa más pequeña y muy salvaje. Aquí parecía que estábamos en Lost otra vez. Como no hacía muy bueno no nos echamos baño, pero eran playas muy propicias para hacerlo.

 

ASí que pasamos el fin de semana lejos de Auckland, por fin, y viendo playas muy interesantes, todas con arena negra y aguas calentitas. Entresemana lo más destacado es que aquí se acaba el trabajo ya hasta el 8 de enero, ya que no sólo es navidad, si no vacaciones de verano. Tengo entendido que Auckland se queda desierto en estas tres semanas.

Y como era la última semana, lo que hicimos fue organizar un secret santa con la gente del KEDRI, el instituto donde estamos haciendo la estancia, e intercambiamoss regalos en una terracita con unas buenas birras nacionales.

Resulta que el secret santa no es como el  amigo invisible que conocemos nosotros, donde tienes alguien a quien regalarle algo. No, en su lugar todos compran un regalo genérico y hay un mecanismo para ir cogiendo los regalos. El mecanismo no está muy bien diseñado ya que siempre penaliza o al primero o al último que cogen regalo. Por eso yo pensé un mecanismo alternativo que molaba un huevo. Pero la gente prefirió el tradicional buuuuu. En todo caso estuvo divertido y tuvimos regalos muy variopintos, desde chocolates, hasta cosas un poco más handmade, pasando por unas toallas para limpiar cristales (WTF?).

Y ya hoy estamos despidiéndonos de los compañeros hasta enero, y viendo qué se podrá hacer estas semanas, aunque probablemente la idea sea seguir con lo que estamos, que hay mucho trabajo pendiente.

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