23 Ene

Nepal-Tibet. Capítulo 18: Huida del Valle de la Muerte

Para mí nunca hubo amanecida. Fue una noche de constante tensión, pendiente de la puerta y quien estuviera al otro lado intentando entrar. A las 5 empezó a amanecer y empezó el movimiento en la calle en Beni. Cuando me aburrí, y teniendo en cuenta que había un bus a Pokhara que salía a las 7, movilicé a Iñigorkha. Sin pasar por la casilla de salida, ni por lo que podría haber sido el desayuno, fuimos a recepción directamente a cambiar dinero y a que nos indicara dónde estaba la parada de autobuses; de paso compramos alguna chocolatina y agua, nuestro alimento básico en los 5 días del Valle de la muerte.

El tipo, lejos de decirnos dóde estaba la parada de autobús, se emperró en acompañarnos hasta el mismo asiento. Resultó que la parada estaba en la misma puerta del hotel. Todo lo que no vimos el día anterior por ser de noche se revelaba ahora. Beni era un pueblo alejado de los circuitos turísticos. Éramos los únicos occidentales en el pueblo y por sus caras parecía que llevaban tiempo sin ver uno. Todos nos miraban como a bichos raros. Era un pueblo sucio, viejo, embarrado y con una población recelosa. El tipo del hotel, que era tan obsceno y grasiento como el hotel, y éste lo era como el pueblo, nos llevó hasta la ventanilla de tickets y nos los sacó él, pidiéndonos las rupias. Iñigorkha estaba convencido de que hacía esto para sacarse unas perras adicionales, la desconfianza en cualquiera de alrededor era máxima, después de los últimos eventos. Pero no, el tipo nos sacó los billetes porque sí, y nos acompañó al mismo asiento del autobús y nos dijo dónde debíamos sentarnos.

Claro que desde el minuto uno tuvimos dudas de que ese autobús fuera a Pokhara y no vete a saber dónde, así que preguntamos a todos los que pudimos para asegurarnos.

Cuando estuvimos en el valle de la Muerte parecía imposible montarse en un autobús peor que cualquiera de los 4 que cogimos durante la marcha aciaga. En Beni descubrimos que era posible, y de qué manera! A parte de ser una vieja furgoneta con ventanas a la que le habían puesto asientos, con lo que implicaba en cuanto a estrechez de los mismos (en un asiento me cabía medio cuerpo sólo), los asientos habían sido sacados de algún autobús indio retirado tras 50 años de servicio. El asiento de Iñigorkha tenía el respaldo blando, caía demasiado hacia atrás. Los de delante estaban demasiado cerca, así que yo no, pero él pegaba con las rodillas e iba absolutamente comprimido.

Además de las incomodidades del autobús per se, había que añadir el factor bus de línea. Quien ha cogido alguna vez el bus de línea de Bilbao, que va de Santutxu a Rekalde, o alguno similar sabe que son autobuses que para recorrer 4 kilómetros tardan 1 hora pasada (son más lentos que ir andando). Hay una parada, cogen gente, y a los 80 metros hay otra parada en la que sube gente distinta, pero lo más inquietante es que se baja gente que se había subido en la parada anterior! Hay que ser vago para hacer el trayecto gran vía 20 a gran vía 40 en autobús!

Pues este bus era igual, pero en Nepal. Y no eran 4 km, serían unos 90. Resultado, 150 paradas, incluídas paradas para mear! Sí! y 7 horas de viaje. Básicamente cada 3 minutos el bus paraba a recoger gente en cualquier sitio. Todo el camino de Beni a Nepal era una “carretera” (a esto llego luego) flanqueada por casas (que no pueblos), simplemente casas sueltas junto a la carretera.

TEníamos la idea de que el viaje sería por carretera y estábamos aliviados en ese sentido, pero en realidad casi la mitad del viaje fue por caminos de cabras tan malos como los que había por jomsom. Cuando por fin pisamos asfalto fue en parte aliviante. Sólo en parte, porque el temazo de este viaje fueron los acompañantes.

El viejuno: no es decir mucho en realidad ya que allí no había jóvenes. PEro detrás de Iñigorkha se sentó un viejuno minúsculo arrugado y quejoso que estaba a disgusto con su asiento: quería el de Iñigorkha! así que estuvo buena parte del viaje emitiendo sonidos quejosos, dando golpes al asiento de Iñigorkha, y gritando cosas a la gente de alrededor

La madre: Junto a mí, en el suelo del autobús (ya que iba a reeeeeveeentar) se sentó una mujer con 4 ó 5 críos. Cada cierto tiempo se agarraba a mi pierna, los críos se tumbaban sobre mi pie, o lloraban, o ella los amamantaba (esto era frecuente). Podría pensarse que éramos unos sucios perros occidentales que no dejamos a la señora nuestro sitio; pues no, yo lo intenté pero la señora pasó de mí. No quería relacionarse con perros occidentales. Al margen, nadie más le ofreció su sitio.

Los 5 acompañantes del viejuno, que se convirtieron en 7: El viejuno iba en la última fila del bus, pero no iban 4 ó 5 personas, que es lo normal, iban 6. Y llegó un momento en el que entró una señora que si no tenía 200 años no tenía ninguno, y la acomodaron atrás (el bus tenía acomodador). Así que metieron allí a la vieja y a su acompañante. Dos señores pasaron a tener a otros dos en sus regazos. El viejuno quejoso empezó a quejarse más y a aporrear el asiento. Y la vieja se sentó en el asiento del medio, es decir, prácticamente al lado mío. En Nepal hay una costumbre que no hemos contado: escupir en cualquier lado. Ibas por la calle y siempre había alguien haciendo el ruido horrible de coger flemas para después escupirlas. Era estándar. No pasaba nada, y estaban todo el tiempo haciéndolo. Estaban tan acostumbrados que necesitaban poder hacerlo también en los medios de transporte. Los que tenían ventanilla no tenían problemas, escupían por la ventana. Pero había una solución para los que no tenían ventanilla: el acomodador también era un repartidor de bolsas, como las del vómito de los aviones, que estaban pensadas para escupir. LA vieja de 200 años que se sentó en la fila de atrás, pero que iba echada hacia adelante, por lo que su cabeza estaba junto a mí, estuvo las 6 horas de viaje escupiendo. De forma constante e ininterrumpida. Sus bolsas de escupitajos se llenaban de forma repugnante y le acercaban otras. A veces se quedaba parte de la saliva (y otras porquerías) pegada en los labios (labios de 200 años… pellejos colgantes, más bien), y tenía que hacer ruidos y gestos adicionales para eliminarlo. Así, Iñigorkha tenía al viejuno dándole una barrila infame, y yo tenía al lado de mi oreja a la vieja escupidora.

El acomodador: un tipo que hacía el papel de acomodador, interventor, cobrador de billetes, suministrador de bolsas para escupir, y que nos pidió los billetes en varias ocasiones, como si se olvidara de los únicos perros occidentales que iban en el bus

El viejuno que llevaba unos fardos gigantes de vete a saber qué y los dejó en medio del pasillo: Este hombre debía de ser el Olentzero de Nepal o algo así. Era viejo, barbudo, no gordo, ni con pipa, pero sucio de carbón, y llevaba mil paquetes que dejó en medio del autobús. Habría dado igual de no ser porque en cada una de las 150 paradas que hizo el bus, varias personas tuvieron que cruzar el pasillo en ambas direcciones, con lo que más de una vez veías a una señora de 70 años escalando por los paquetes, o a un tipo gigante levantando la pierna tanto que su pie estaba en tu cara. Muy divertido.

Y en general, todo el resto de gente que iba en el bus, mucha, variada, y escupiendo constantemente.

CUando llegamos a Pokhara, algo que llevó horas y horas, el suelo estaba lleno de porquería, papeles, bolsas y la chica con varios críos que estaba al lado mío había estado sentada en un charco de vómito, presumiblemente de sus críos, pero vete a saber. No olía demasiado pero era igualmente repulsivo. Bajarse del bus fue absolutamente liberador. Cogimos el primer taxi y aquí empezó a notarse el cambio de políticas monetarias de Iñigorkha, le pedimos ir al Butterfly Lodge y no le regateamos. SImplemente llévanos, sucia rata!

Pero nos paró antes del Butterfly Lodge, para poder coger los viajes a Katmandú. ASí que fuimos a un par de agencias pero tampoco no esforzamos mucho, cogimos el primer bus de la mañana del día siguiente, que si todo iba bien, nos dejaría en Katmandú a medio día, con tiempo de sobra para realojarnos y prepararnos para la salida al día siguiente.

De allí al butterfly lodge. Jamás volver a un albergue de gama baja había sido taaaaan “feels like home”. DEspués del valle de la muerte, era nuestro jodido hogar. Era el cielo. Era Elvis!

Y la ducha. Sólo pedimos una cosa al tipo del butterfly lodge: “danos una habitación que tenga una ducha cojonudísima”. Esa ducha. Normal, en apariencia. Pero caliente. Con varios chorros. Con jabón. DEspués de 5 días sin pisar una, y con 4 grandes sudadas a nuestras espaldas. Esa ducha fue lo más próximo al paraíso que vamos a estar nunca.

Tras recrearnos en el agua caliente, buscamos en la guía el mejor restaurante de Pokhara, porque la comida de ese día iba a ser LEGEN…. wait for it…. DARY!

Así, nos dirigimos al Moondance, donde comí por fin unos macarrones con queso excelentes, Iñigorkha un filete presumiblemente espectacular, y una ensaladita. Qué vicio. San Miguel nos acompañó la comida. Lo creáis o no, es una de las cervezas más extendidas en Nepal, y probablemente la principal de importación.

Festín LE-GEN-DA-RIO. Qué bien saben unos macarrones cuando acabas de escapar del Valle de la Muerte.

Ni qué decir tiene que la mirada de los mil metros a estas alturas era la única mirada que teníamos.

Después de aquello nos dirigimos al butterfly lodge de nuevo donde la siesta fue una de esas siestas que entran en los manuales de las siestas y en el futuro los niños las estudiarán en el cole.

Por la tarde, tras especular un rato por los puestitos y por internet, cenamos un poco, y nos fuimos a dormir, no demasiado tarde, para poder disfrutar de unas camas que eran camas de verdad, y una noche en la que no iba a haber ladrones, mosquitos, tensión previa a un vuelo que no podíamos coger, ni nada por el estilo. Mañana era nuestro último día en Nepal.

 

20 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 13: Climbing in the rain

A las 5 ya era día en Pokhara. DEsde primera hora hubo cientos de pajarillos cantando y el día prometía ser luminoso y agradable. Fuimos a desayunar a una cafetería cercana en la que tardamos horas en ser servidos, pero en contrapartida, fue uno de los mejores desayunos que yo recuerdo.

Bajamos al lago Phewa, el que caracteriza a la ciudad de Pokhara, junto con el hecho de ser la segunda ciudad en la que más llueve del mundo (probablemente ambas cosas están relacionadas).  Allí dimos un pequeño paseo y en seguida nos decidimos a subir a la World Peace Pagoda, uno de los principales hitos de Pokhara, que estaba en un monte, al otro lado del lago.

Phewa con la World Peace Pagoda al fondo

Pokharlos y su arrozal. Foto buscada todo el viaje

Así que miramos en la guía y observamos que había dos formas de llegar, cruzando en barca y subiendo por un camino directo, o dando un rodeo impresionante y con una caminata de 2 horas largas. En vista de lo negro que se estaba poniendo el día, haciendo honor a la tradición de la ciudad, habría sido lógico usar el camino corto, pero nos decidimos por el largo (braaaavo). El camino largo implicaba atravesar todo POkhara, rodear el lago entero, y subir por la parte trasera del monte. En la travesía por POkhara paramos a mirar algunas tiendas de baratijas, observando que aunque los productos seguían siendo baratijas, aquí eran caros! Así que no nos paramos demasiado tiempo y seguimos, siempre acompañados por “papá cuéntame otra veeeeezz”, que se convirtió en la sintonía oficial del viaje. Menos mal que Pokharlos, Xhabitse y Tse-dhano se iban hoy… y con suerte Iñigorkha no me la iba a cantar a mí los demás días, porque podría haber resultado mortificante…

Qué jóvenes e inexpertos... pensábamos que caerían 4 gotas...

Pronto empezamos a bordear la ciudad y a pasarnos a la Pokhara Rural

En el momento en que llegamos al punto de no retorno, ya que estábamos a tomar por el saco, empezó a llover como si no hubiera llovido nunca. En ese momento fue también cuando llegamos al final del camino que estábamos siguiendo, y empezamos a ir monte a través siguiendo las indicaciones de los lugareños, y no siguiendo en absoluto el sentido común. (total, quién quiere sentido común cuando vas al monte…)

La oscuridad se cierne sobre nosotros

 

Así empezamos la subida, sin rumbo, sin un camino que seguir, sin nadie por alrededor, y bajo una intensa lluvia. Cuando pasaba cierto tiempo alguien comentaba “ya tiene que estar cerca, yo creo que es ahí arriba.” Por supuesto siempre se equivocaba porque las afirmaciones no tenían ningún tipo de fundamento lógico. Simplemente andábamos instintivamente hacia adelante. Cuando pasaron 2 horas ya las dudas eran tremendas, porque habíamos subido y bajado ya 3 cimas y no llegábamos a nada, no estábamos orientados, y seguía lloviendo. Sin embargo seguimos una dirección (de forma completamente aleatoria), que nos llevó a un camino, que habíamos perdido hace mucho, y por pura casualidad estuvimos en la cima en menos de media hora. Allí estaba la World Peace Pagoda.

todo para esto...

la motivada de la cumbre

a cubiertooooorrrlll

 

Cobertura tropical

Tras un rato de especulación por la cumbre, empezamos el descenso, pero esta vez por el camino corto. El camino corto suena muy bien, pero era corto por algo: estaba cortado a pico sobre un maldito acantilado selvático. Era terriblemente empinado y resbaladizo por lo que el descenso fue durillo, con múltiples resbalones, caídas y torceduras. En media hora estuvimos abajo, junto al lago, preparados para coger una barquita  y cruzar al otro lado. Con la mojada que llevábamos y la brisilla del lago iban a ser 20 minutos bastante frescos.

Phewa bajo la lluvia

Así, conseguimos un guía, una barca, nos compramos dos paquetes de patatas y unas cocacolas para reponer y nos pusimos a cruzar en barquita.

De vuelta en la barquita

Algo no funcionó bien. Algo no encajaba. De pronto miré adelante, y Pokharlos estaba remando. Miré atrás y Xhabitse estaba remando. Miré más atrás, y el tipo al que habíamos contratado estaba repanchingado comiéndose nuestras patatas. Vaya crack. Le pagamos, hacemos su trabajo y encima le damos nuestra comida. Fue una transición tan orgánica que nadie se dio cuenta hasta que nos bajamos de la barca… Eso sí, las patatas eran estilo Tandori, con lo cuál tuvieron en mí un efecto estilo Alex en la Naranja mecánica, casi me echo al suelo y empiezo a farfullar hecho un ovillo. En algún otro generaron un efecto ansia bastante gracioso.

Pokharlos Remando mientras el remero se comía nuestras patatas

Por fin de vuelta

Por fin llegamos al embarcadero en el que había bastante gente riéndose, probablemente en complicidad con nuestro guía y remero, y probablemente lo que decían era “jodidos pringaos”. DE todas formas se agradecía pisar Pokhara de nuevo. Lo que no hizo tanta gracia fue darse cuenta de que en el mismo instante en el que pisamos suelo, de pronto dejó de llover. 5 minutos después saldría un sol que ni en Benidorm. La lluvia duró exactamente el tiempo que tenía que durar para jodernos.

Jodida lluvia

5 minutos después ya estábamos secándonos al sol

Así nos fuimos al Butterfly Lodge, nuestro refugio, y nos dimos la ducha más gloriosa de todos los tiempos, y nos pusimos la ropa seca más gloriosa de todos los tiempos. Fuimos a comer, que el monte había abierto apetito, y no nos privamos de nada.

Una merecida comida

Sobremesa en Pokhara

El lago y los Annapurnas al fondo

Después de comer habría estado bien una siesta, pero no cayó la breva. Decidimos subir a Sarangkot, un monte de 2000 metros que está al lado de Pokhara, y desde el que hay vistas impresionantes de todos los Annapurnas, a parte de poder hacerse paragliding, que nadie quiso hacer… pero habría sido espectacular hacerlo, con la tarde que se quedó.

A este monte no íbamos a ser tan pringados de ir andando, así que cogimos el primer taxi que encontramos y le dijimos que nos llevara para allá. Si de por sí era un infierno ir los 5 en un taxi, en este fue especialmente infernal, ya que el camino era extralargo, y algo estuvo mal planificado, porque los que iban atrás iban 3 sentados y uno tumbado encima a lo largo de los otros 3, como una morcilla. Para subir a Sarangkot había un puerto de montaña bastante empinado. Las dudas sobre que aquel Suzuki maruti cargado con 6 personas pudiera subir ese puerto se despejaron en seguida: NO podía. El coche petó, y nos dejó tirados en una curva. Tuvimos que darle nuestra agua de beber para poder refrigerarlo de nuevo y que nos hiciera el camino final. El taxista era un crack y nos había llevado haciendo rally todo el camino.

El recorrido mereció la pena. Las vistas eran espectaculares.

Los Annapurnas

El machapuchare(cola de pez), con 6993m domina las vistas de Pokhara

"Yo quiero una foto como la de carlos!!!"

+ Annapurnas

El Valle entre el Sharangkot y los Annapurnas

Viejuno contemplativo

NO tan viejunos, pero tb contemplativos

Hipnotizados por los Annapurnas

Estuvimos allí más de una hora. Después iniciamos el descenso, pero al de 200 metros, pasando por un gran socavón, el taxi volvió a romper. Esta vez no hubo manera de arrancarlo. Estábamos lejísimos, y sin opciones de bajar. El tipo nos pidió que lo empujáramos un poco para sacarlo del socavón, y cuando estaba fuera nos pidió que montáramos. Todo parecía indicar que iba a usar la pendiente para arrancarlo, pero para qué molestarse! bajamos todo el Sarangkot sin motor!!! El tipo puso punto muerto, y ala,. dejarse caer. No habría sido tan espectacular de no ser porque el tipo casi no frenaba, iba  haciendo rally, y nosotros íbamos ultra apretados,con un nuevo hombre morcilla en la parte de atrás, que iba con la cabeza por fuera de la ventanilla. En sentido contrario pasaban autobuses, camiones… Fue bastante espectacular, y lo mejor fue que con la inercia casi llegamos hasta el hotel. Pero antes de eso el taxista paró en una gasolinera a ver si podía hacer algo. Como no pudo, paró otro taxi  y nos lo pagó para hacer el resto del recorrido. Increíble bajada en goitibera del Sarangkot! Eso es ahorro energético!

DEspués de aquello dimos una nueva vuelta por Pokhara, para acabar en una terraza donde pedimos la cena y vimos el atardecer. No tardaríamos mucho en irnos a la cama. Al día siguiente era la separación (era nuestra última cena). POkharlos, Xhabitse y Tse-dhano volvían a Bilbao, mientras que Iñigorkha y Bayupur se quedaban para hacer el trekking de los Annapurnas.

Durísimo.

18 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 12: Durmiendo con los elefantes

No llegó a amanecer. Habíamos quedado con Dil Pahari a las 5 de la mañana! El día 12 era completo, ya que íbamos a ir a Chitwan y después a Pokhara, que están cada uno hacia un lado. Lo normal cuando se va a chitwan es hacer noche allí, pero nosotros, titanes, decidimos hacerlo todo en un día. Así que allí vino Dil con un driver que era más señor lobo que el propio dil, para llevarnos en furgoneta. El viaje a Chitwan se hace normalmente en autobús, pero Dil nos comió el tarro diciéndonos que las carreteras estaban muy peligrosas para hacer el viaje de noche y en autobús público. Además, eran 200 km y el viaje duraba 5 horas, así que podíamos hacernos una idea de lo duro que iba a ser. El nuevo driver probablemente dijo 6 palabras en las 5 horas. Era un tipo silencioso. Pero el viaje se llevó bien entre adivinanzas y el juego de las pelis. Finalmente sobre las 10 llegamos a Chitwan. Aún no lo he dicho, pero es el parque natural más chachi de Nepal, donde se ven elefantes, tigres, cocodrilos, monitos… De hecho según íbamos llegando ya veíamos diversos elefantes.

Junto al hotel

La terracita del hotel

Nada más llegar nos dieron una habitación en un complejo y nos dieron de desayunar. Desayunos ligeros a base de té y arroz para nuestros delicados estómagos.

Un buen desayuno en el resort paradisíaco

buen desayuno??

Tse-dhano sin altitud estaba mucho más saludable

Y mucho antimosquitos pestilente y crema de factor 90. De allí fuimos a nuestra primera actividad, bajo un calor fatigante y una humedad asfixiante. Paseo en canoas.

El embarcadero de los cocodrilos

Yo me lo había imaginado como un descenso por un río embravecido e iba un poco preocupado por llevar la cámara, pero al llegar allí descubrimos que era un paseíllo en una canoa de madera por una especie de manglar muy tranquilo en el que había cocodrilos. Era un poco preocupante ver a los cocodrilos por allí teniendo en cuenta la seguridad que ofrecía la barca. Íbamos tiesos como los juncos que había en la orilla, no fuera a volcar aquello.

Rodeados de pirañas

Parecíamos tranquilos pero se mascaba la tensión cocodrílica

El guía, estiloso, elegante, e irrelevante

El guía tampoco inspiraba demasiada confianza, pero era un tipo gracioso, cimbreante y siempre con unos prismáticos que nosotros nunca llegamos a catar.

las barcas no daban mucha seguridad

Después de aquello estábamos tan petaos (sin hacer nada, pero por el calor), que fuimos al hotel de nuevo y descansamos hasta la hora de comer en un baño de sudor.

de vuelta al hotel

Después de comer nos llevaron al hito estrella, el paseo en elefante.

En el jeep descapotable, de camino al elefante

Taxi elefante esperando

Normalmente se complementaba con un baño a los elefantes, pero al parecer el río estaba muy crecido como para bañarlos así que nos tuvimos que conformar con el paseo, que aunque suene a algo breve, duró dos horas y acabó con todos nosotros queriendo salir de las diminutas carcasas donde íbamos, ya que era agotador mantenerse allí. Una vez te montaban en elefante era curioso notar cómo respiraba, cómo se movía y cómo reaccionaba aquella mole.

Xhabitse e Iñigorkha, encajonados con los franceses que eran pareja pero no eran pareja

Menos mal que nos tocó el elefante de 3

Una moto se interpone en el camino del elefante. No dudó en comérsela

Entonces guiaban al elefante por una serie de recovecos en la jungla y allí podían verse monos, rinocerontes, ciervos, y pájaros diversos. En teoría había tigres también, pero no hubo suerte. Había bastantes momentos en los que parecía que el elefante caería (al bajar a una charca, o al entrar en un lodazal profundo), pero siempre aguantaba.

Un martín pescador posado en el lomo del rino

Rinos entrando en el agua tóxica

En cada elefante íbamos 3 o 4. Por lo que comentó Xhabitse, el conductor de su elefante era muy hablador y les contó que bajó hasta la india a por el elefante y luego se subió en elefante a Nepal, ya que había algún tipo de vínculo entre ele lefante y su piloto, que lo era hasta su muerte. Por lo visto también cayeron unas cuantas fichas a una francesa que iba en la carcasa con ellos.

En general los elefantes fueron un poco bluff, y después de aquello partimos hacia Pokhara, la ciudad antiguamente hippy, ahora hiperturistizada de Nepal. Personalmente la ciudad que más me gustó. Llegamos de noche y no pudimos ver gran cosa; es difícil imaginarse andar por una ciudad sin ningún tipo de iluminación nocturna hasta que estás en una Parece que hay un apagón continuo. Es bastante siniestro y curioso pensar que hasta hace 120 años todo el mundo vivía así… El driver nos llevó diligentemente hasta el Butterfly Lodge, nuestro Asmita bed and breakfast de Pokhara, un sitio realmente recomendable, sobre todo por lo amable de los tipos de la recepción.

Cenamos en una terraza, un plato de pasta brutal y nos fuimos a dormir.

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