14 Oct

Namibia, capítulo 3: Kalahari desde arriba

En nuestro segundo día en Waterberg teníamos una excursión contratada, ya que al ser una reserva privada sólo podías hacer excursiones con los tipos de la reserva, no con tu coche (que de cualquier manera no habría sido demasiado fiable, dadas las circunstancias). Por la mañana íbamos al plateau, la meseta. Como contaba anteriormente, Waterberg es una especie de oasis metido dentro de una herradura, que es una elevación con forma de V que rodea a la fuente de agua. La elevación es plana en su parte más alta y es conocida como el plateau, o meseta, y en ella guardan algunos de sus animales más preciados (para hacerlos más inaccesibles a los furtivos), como algún rinoceronte negro y algunos búfalos cafre.

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A primera hora salimos hacia el centro de reservas y nos recogió un guía junto con un grupo de alemanes tipo mayorquín y un par de parejas de viejos. Empezamos el muy vertical ascenso al plateau por las paredes de roca y poco más de 40 minutos después estábamos en lo más alto, con buenas vistas por un lado del interior de la herradura, y por otro, del desierto de Kalahari que se extendía kilómetros y kilómetros hasta llegar a Botswana._MG_5639 _MG_5642 _MG_5649

El desierto no está desierto, si no poblado por una capa de arbustos que en esta época del año (final de la temporada seca) estaban completamente grises. De ahí el nombre de los moradores de estas tierras, bosquimanos, o bushmen en inglés, literalmente hombres de los arbustos. Son ésos que salían en la peli de Los Dioses deben estar locos, y que hablan con chasquidos. Días después conoceríamos a uno de ellos y veríamos como efectivamente tenían ese extraño lenguaje. _MG_5653 _MG_5655

40 grados. El guía vistiendo pantalón largo, camisa de las gordas de manga larga, y chaleco de tela de polar. No sudaba

40 grados. El guía vistiendo pantalón largo, camisa de las gordas de manga larga, y chaleco de tela de polar. No sudaba

Arriba del plateau, más allá de las vistas del desierto, las fotos de todo el mundo, y las explicaciones del guía sobre los bosquimanos, los aceites que fabrican con las plantitas locales, y demás, pues no vimos ningún bicho llamativo. _MG_5664

Al final, y casi indistinguible entre los arbustos, nos encontramos con uno de los búfalos que vivían aquí. Era un bicharraco enorme (es uno de los big 5, junto con leopardo, elefante, rinoceronte y león). Molaba verlo de cerca, pero lo que no molaba tanto era ver al guía bastante angustiado, diciéndonos que estuviéramos en silencio y llamando por radio para decir que mientras el búfalo estuviera allí no podíamos bajar.

Al final el búfalo se movió un poco y lo fuimos bordeando con extremo cuidado (los alemanes escandalosos no tanto, se acercaban peligrosamente para echar fotos, algo que sí hizo sudar al guía). Pero al final conseguimos bajar del plateau para mudarnos a nuestro nuevo campamento (ya que alguien la habia liado con las reservas y teníamos que cambiar a otra zona de acampada para las otras noches).

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Allí comimos y fuimos a visitar por la tarde, andando, con toda la solana, al campamento principal del Waterberg, la Wilderness Lodge, que tenía las chozas de mayor nivel para la gente que venía con pasta. Estaba completamente vacío, así que estuvimos un buen rato en la cafetería usando el wifi, el único momento de toda la visita a Waterberg en el que realmente tuvimos acceso a internet. Bajo el sol abrasador volvimos a nuestro nuevo campsite, y estuvimos pasando el resto de las horas infernales del día en la charca de agua helada, bañándonos y leyendo un poco. Cuando refrescó un poco volvimos a subir al campsite de arriba, al que habíamos ido por la mañana para hacer la excursión, y allí nos tomamos unas cervezas y contratamos la excursión del día siguiente.

Nos anocheció bastante rápido así que nos volvimos a nuestro nuevo camping a cenar, esta noche sin criaturas del infierno, y a cambio con una hoguerita super chachi que hicimos, en la que no asamos nada de carne, pero nos daba calorcito y luz.

18 Nov

Nepal-Tibet. Capítulo 12: Durmiendo con los elefantes

No llegó a amanecer. Habíamos quedado con Dil Pahari a las 5 de la mañana! El día 12 era completo, ya que íbamos a ir a Chitwan y después a Pokhara, que están cada uno hacia un lado. Lo normal cuando se va a chitwan es hacer noche allí, pero nosotros, titanes, decidimos hacerlo todo en un día. Así que allí vino Dil con un driver que era más señor lobo que el propio dil, para llevarnos en furgoneta. El viaje a Chitwan se hace normalmente en autobús, pero Dil nos comió el tarro diciéndonos que las carreteras estaban muy peligrosas para hacer el viaje de noche y en autobús público. Además, eran 200 km y el viaje duraba 5 horas, así que podíamos hacernos una idea de lo duro que iba a ser. El nuevo driver probablemente dijo 6 palabras en las 5 horas. Era un tipo silencioso. Pero el viaje se llevó bien entre adivinanzas y el juego de las pelis. Finalmente sobre las 10 llegamos a Chitwan. Aún no lo he dicho, pero es el parque natural más chachi de Nepal, donde se ven elefantes, tigres, cocodrilos, monitos… De hecho según íbamos llegando ya veíamos diversos elefantes.

Junto al hotel

La terracita del hotel

Nada más llegar nos dieron una habitación en un complejo y nos dieron de desayunar. Desayunos ligeros a base de té y arroz para nuestros delicados estómagos.

Un buen desayuno en el resort paradisíaco

buen desayuno??

Tse-dhano sin altitud estaba mucho más saludable

Y mucho antimosquitos pestilente y crema de factor 90. De allí fuimos a nuestra primera actividad, bajo un calor fatigante y una humedad asfixiante. Paseo en canoas.

El embarcadero de los cocodrilos

Yo me lo había imaginado como un descenso por un río embravecido e iba un poco preocupado por llevar la cámara, pero al llegar allí descubrimos que era un paseíllo en una canoa de madera por una especie de manglar muy tranquilo en el que había cocodrilos. Era un poco preocupante ver a los cocodrilos por allí teniendo en cuenta la seguridad que ofrecía la barca. Íbamos tiesos como los juncos que había en la orilla, no fuera a volcar aquello.

Rodeados de pirañas

Parecíamos tranquilos pero se mascaba la tensión cocodrílica

El guía, estiloso, elegante, e irrelevante

El guía tampoco inspiraba demasiada confianza, pero era un tipo gracioso, cimbreante y siempre con unos prismáticos que nosotros nunca llegamos a catar.

las barcas no daban mucha seguridad

Después de aquello estábamos tan petaos (sin hacer nada, pero por el calor), que fuimos al hotel de nuevo y descansamos hasta la hora de comer en un baño de sudor.

de vuelta al hotel

Después de comer nos llevaron al hito estrella, el paseo en elefante.

En el jeep descapotable, de camino al elefante

Taxi elefante esperando

Normalmente se complementaba con un baño a los elefantes, pero al parecer el río estaba muy crecido como para bañarlos así que nos tuvimos que conformar con el paseo, que aunque suene a algo breve, duró dos horas y acabó con todos nosotros queriendo salir de las diminutas carcasas donde íbamos, ya que era agotador mantenerse allí. Una vez te montaban en elefante era curioso notar cómo respiraba, cómo se movía y cómo reaccionaba aquella mole.

Xhabitse e Iñigorkha, encajonados con los franceses que eran pareja pero no eran pareja

Menos mal que nos tocó el elefante de 3

Una moto se interpone en el camino del elefante. No dudó en comérsela

Entonces guiaban al elefante por una serie de recovecos en la jungla y allí podían verse monos, rinocerontes, ciervos, y pájaros diversos. En teoría había tigres también, pero no hubo suerte. Había bastantes momentos en los que parecía que el elefante caería (al bajar a una charca, o al entrar en un lodazal profundo), pero siempre aguantaba.

Un martín pescador posado en el lomo del rino

Rinos entrando en el agua tóxica

En cada elefante íbamos 3 o 4. Por lo que comentó Xhabitse, el conductor de su elefante era muy hablador y les contó que bajó hasta la india a por el elefante y luego se subió en elefante a Nepal, ya que había algún tipo de vínculo entre ele lefante y su piloto, que lo era hasta su muerte. Por lo visto también cayeron unas cuantas fichas a una francesa que iba en la carcasa con ellos.

En general los elefantes fueron un poco bluff, y después de aquello partimos hacia Pokhara, la ciudad antiguamente hippy, ahora hiperturistizada de Nepal. Personalmente la ciudad que más me gustó. Llegamos de noche y no pudimos ver gran cosa; es difícil imaginarse andar por una ciudad sin ningún tipo de iluminación nocturna hasta que estás en una Parece que hay un apagón continuo. Es bastante siniestro y curioso pensar que hasta hace 120 años todo el mundo vivía así… El driver nos llevó diligentemente hasta el Butterfly Lodge, nuestro Asmita bed and breakfast de Pokhara, un sitio realmente recomendable, sobre todo por lo amable de los tipos de la recepción.

Cenamos en una terraza, un plato de pasta brutal y nos fuimos a dormir.