12 Feb

Kiwi el Aucklander 10.3: Huevo podrido Land

Rotorua es un poco huevo podrido land. Si se busca en un mapa se ve que está junto a un lago redondito y bonito. Ese lago, que es bastante grande, fue otrora la caldera de un gran volcán, y por tanto, aunque esté ahora tapado por agua, todos sus alrededores siguen calentitos y humeantes. Así que según llegas a esta ciudad empiezas a notar ráfagas de olor a azufre, que se acentúan cuando te mueves a ciertas zonas. De hecho en el centro de la ciudad hay un parque, para leer, jugar y echarse la siesta en el verde, como un parque normal vamos, pero que tiene unas cuantas fumarolas (valladas!) y agujeros humeantes con olor a muerto. Aquí teníamos nuestra residencia para ver un montón de highlights que tiene este sitio. Un alojamiento cerca del lago, sin muchos lujos pero con amplitud y comodidad para los 5 y medio que éramos. El primer día fuimos al super para aprovisionar, íbamos a estar dos días aquí y eso nos permitía hacer la compra y usar la nevera (wow!). La primera noche nos pusimos a hacer tortilla para descubrir demasiado tarde que la kitchenette no tiraba ni huevo, así que tardamos más de dos horas en preparar las patatas, pero al final la cosa salió bastante bien. Al día siguiente salimos hacia Waiotapu, uno de los highlights de la zona.

Waiotapu es una extensión volcánica con fumarolas, géiseres y lagos de colores raros debidos a elementos químicos del inframundo. En Islandia vimos algo parecido, en Krafla,  que me pareció flipante, un paisaje marciano en el que no había límites. Si te querías bañar en un pozo de ácido sulfúrico hirviente, pues tú mismo. Islandia era salvaje. Pero NZ no es lo mismo. El poder corruptor del imperio británico es extenso, y aquí TODO se paga, todo está rentabilizado de alguna manera y todo es parte de algún tipo de mecanismo capitalista. Así que yo que esperaba encontrarme un montón de agujeros fétidos en medio del monte, lo que me decepcioné un poco al encontrar un resort turístico que cobraba 35 dólares por ver los agujeros fétidos. Eso sí, estaba todo muy bien organizadito.

En el volcanic wonderland (así lo llaman, esto debería haberme alertado de su naturaleza sacacuartos), había un montón de pozos de ácido, azufre humeante, rocas amarillas y lagos de colores diversos. La visita llevaba un rato largo. Así que tuve que ir tachando items de la lista de cosas para visitar en Rotorua, ya que yo había pensado que esto era llegar con el coche, echar unas fotos y pa casa. Pero no.

Había multitud de pasarelas, banquitos y vallas, para que no te metieras en las aguas sulfurosas. Lo tenían bien montado, y dos horas después, bajo un sol abrasador ya estabas un poco como satisfecho de oler a rayos.

Curioso lago verde por el arsénico. Esto no había en Krafla

Así que estuvimos un buen rato en el recinto y a medio día nos fuimos a comer a un parquecito cercano a Waiotapu. Junto a la entrada había un géiser, pero por alguna razón sólo se podía ver a las 10.15 am, y nos lo habíamos perdido. Así que preguntamos si se podía ver al día siguiente con la misma entrada que habíamos usado y nos la sellaron.  Lo cual requería que al día siguiente volviésemos a huevo podrido land.

El géyser estaba marcado como otro highlight para visitar rollo aparco el coche, echo fotos,  me voy. Pero esto me hizo tacharlo de la lista también, que se iba acortando. También nos habían dicho para ver un espectáculo maorí de danzas y movidas (parece que en Rotorua viven muchos maorís). También lo taché porque costaba un ojo de la cara entrar a una especie de museo al aire libre de cultura maorí que acababa con la danza esa.

Y cerraba a las 5, como todo, así que tampoco teníamos mucho tiempo para verlo después de pagar esa cantidad. Igual mañana. Así que nos fuimos a un río de aguas termales que estaba cerca y donde había bastante gente bañándose. Lo importante es que era gratis.

De vuelta en Rotorua nos metimos al bosque de secuoyas de Whakarewarewa, donde había un recorrido por unas pasarelas elevadas entre los árboles, que nuevamente te sablaban. Por suerte, se podía hacer el mismo recorrido, y otros, gratis, si ibas a nivel del suelo. Así que es lo que hicimos.

Las secuoyas de aquí no son las californianas y desde luego no son tan impresionantes como las de Mariposa Grove, pero aun así tienen su impacto. Son grandes y rojas y con la corteza fibrosa. Y el paseo está más que bien, y se agradecía un poco de sombra, que llevábamos todo el día expuestos al sol y a los vapores pestilentes. Aquí olía a bosque (mayormente, ya que también había alguna poza cadavérica)

El paseo concluía en una zona de bosque tropical típico de NZ con sus helechos gigantes y árboles densos.

Al acabar, nos fuimos a tomar una cerveza, que después de todo el día danzando ya se echaba en falta. Encontramos un garito, the Pig and the Whistle, al que fuimos porque nos hizo gracia el nombre. Luego descubrimos que estaba metido donde antiguamente había una comisaría, así que lo del cerdo y el silbato igual iba con intención. Esa noche, ya conociendo la kitchenette hicimos una cena más rápida, y después de concursar en un juego que nos inventamos, en el que veíamos vídeos de la MTV  clásica y teníamos que adivinar de qué año era la canción, nos fuimos al sobre.

Al día siguiente nos levantamos con el ánimo para ir a ver el condenado géyser (media hora de coche para ir, media para volver). Yo sobre todo tenía intriga por saber por qué narices sólo se podía ver a las 10.15 am. Cómo sabía el géyser qué hora era?? Bueno fue un poco fraude. En primer lugar nadie nos pidió la entrada (así que si alguien viene a verlo puede entrar gratis). En segundo lugar, el géyser no es exactamente un géyser, es más bien un volcán de esos que hacen los niños para la clase de ciencias. Tiene agua con cierto carácter ácido, e hirviente, en su interior. Y le echan algún tipo de jabón o pastilla básica, y la reacción del ácido con la base hace que explote durante un minuto. Por eso está sujeto a horario, viene una chica y pone las pastillas y explota, y todos pa casa. Y en tercer lugar, como géyser tampoco era muy impresionante. Cualquiera de los géyseres cutreibol de islandia que rodeaban al principal eran mucho más guapos que este.

Ahora teníamos dos opciones, seguir explorando huevo podrido land, yendo a otro volcanic wonderland que había unos kilómetros más arriba, y que costaba otros 40 pavazos, o viendo lo de los maorís… oooo… ir a Tauranga, una ciudad costera, una de las más bonitas que hemos pisado en NZ. Elegimos B.

Tauranga está un poco por debajo de la península de Coromandel y es una ciudad muyyyyy bonita. Tiene una playa larguísima de arena blanca (8-10 km), y aguas azul turquesa. Además la parte urbana es agradable, como una de esas pequeñas localidades surferas californianas. Como tardmos dos horas en llegar casi se nos hizo la hora de comer, así que dimos un paseo breve por una colina que hay junto a la playa, que tiene unas vistas increíbles, y luego nos fuimos a comer. No buscamos mucho. Encontramos un sitio que se llamaba FAT COW. PERFECTO. Resultó además que estaba llevado por varios hispanoamericanos con los que nos entendimos rápidamente. Tenían un horno de leña en el que hacían la carne a fuego muy lento, así que todo estaba buenísimo. La cerveza en botellas que parecía orín, también.

Después de comer nos fuimos a la playa donde yo como un zeneke no me pude bañar porque no había metido bañador. Pero bueno le di un buen arreón al libro, y me remojé los pieses :D

La vuelta a AKL llevó casi 3 horas, pero sin tráfico se lleva mucho mejor. Tocaba volver a las redes neuronales una vez más.

Pero venía una  semana corta!

09 Feb

Kiwi el Aucklander 10.1: Gusanoland

El 6 de febrero es el día de Waitangi, la fiesta nacional de Nueva Zelanda, y como caía en martes teníamos ante nosotros un finde de 4 días, que aprovechamos para hacer una excursión de las largas. El plan era acercarse al centro de la isla norte, que está a unos 250 km de Auckland, que parece poco, pero al final las distancias se hacen largas cuando tienes carreteras de 1 carril para llegar a ellas, y tu velocidad media no pasa de 60. El primer día íbamos a visitar Waitomo, las cuevas más famosas de Nueva Zelanda y uno de los destinos más visitados y recomendados en las guias. Sobre el papel 198 km nos separaban de las cuevas. En la práctica, tardamos casi 4 horas en llegar. Entre paradas, atascos y carreteras de tercera.

Waitomo  es un complejo de cuevas que se pueden visitar individualmente o en conjunto y que tienen como principal atractivo la presencia de unos gusanos que dan luz azul, haciendo que los techos de las cuevas estén llenos de lo que parecen leds azules. Nosotros hicimos el tour de la cueva principal y un poco sin más. En primer lugar te enseñan algunas zonas de la cueva y te explican lo que es una estalactita y te enseñan algunas a las que les han puesto nombre. Muy Vietnam todo hasta aquí. Luego llevan a una sala en la que hay algunos gusanos, muy pocos  y con mucho menos brillo que en las fotos promocionales. Lo mejor es que hay un momento que dan la,luz y te explican como cazan estos gusanos, dejando caer un hilo de baba al que se pegan los mosquitos atraídos por su luz. Y funciona, vimos efectivamente mosquitos cayendo atrapados en los hilos. Esto molaba. Luego te llevan a un barquito y navegas por un río interno a la cueva que ahí si, el techo está plagadiiiiisimo de gusanos y parece que estás navegando bajo las estrellas. Esta muy bien esta parte pero no dura mas de 10 minutos. En resumen la cueva tiene potencial pero pagar 60 dólares por 10 minutitos de gusanos y una larga explicación de lo que es una estalactita pues como que no. Algo que me molesta mucho más es que no te dejan hacer fotos de la cueva, ni vídeo. Entiendo que restrinjan el flash, y que las fotos de alguna manera las prohiban para asegurar que nadie use el flash, pero el vídeo es inocuo, y básicamente hacen esto para venderte las fotos que te han hecho ellos a la entrada. Además te timan, y te dicen, justo al salir tendréis opción de hacer alguna foto, pero el momento en el que te dan permiso es fuera de la cueva ya… Así que cero fotos de Waitomo en mi página, si no pongo las mías no voy a poner unas suyas para que la gente vaya a verlas, cosa que no recomiendo. Por otra parte, hay otro tour de las cuevas que no sé si ven  gusanos o no, pero que tiene mucha mejor pinta, que consiste en hacer un rafting por un río interno. Eso sí, 200 dólares.

La visita a las cuevas había sido a las 4 de la tarde, que incluyendo comer en un descampado, es todo el tiempo que nos había llevado desde las 10 de la mañana que salimos de AKL para llegar a ellas. Realmente necesitas tiempo para moverte por NZ.

Por la tarde teníamos que ir a la casa donde nos alojaríamos esa noche y estar allí para las 8, que es cuando nos esperaba el señor. Pero antes decidimos visitar las Marokopa falls. Estaban en sentido opuesto al que íbamos a dormir, pero merecía la pena. Solo eran 30 km, así que podían ser 45 minutos para llegar.

Las cataratas de Marokopa estaban bonitas. Tenían un interesante camino de 10 minutos que te transportaba, de nuevo, a parque jurásico, y al final llegabas a una pequeña terracita donde las cataratas se veían a lo lejos romper con fuerza sin mojarte. Estuvimos un ratejo allí viendo como una chica vestida impecablemente se metía en el barrizal de más abajo para conseguir la foto  instagram perfecta, que se la haría su esclavo fotógrafo

 

Tras las cataratas, y en el camino de vuelta, paramos en el puente natural de Mangapohue, una formación de roca que hacía un puente de bastantes metros de altura sobre un río. La visita al puente también tenía paseo majo, incluyendo unos descampados propios del hobbit, pero eso mañana.

Cuando acabamos nos fuimos hacia Te Kuiti, un diminuto pueblo en medio de la nada que era donde íbamos a dormir. A la hora exacta llegamos a una casa estilo la de los puentes de Madison, con sátiras decoradas colonialmente, techos altos y un acogedor dueño que era un poco extraño pero nos trató como si fuéramos sus hijos. Después de acomodarnos en las habitaciones salimos a buscar algo de cenar y no encontramos gran cosa salvo una especie de pub enooorrme que estaba vacío y que tenía varias pistas que anunciaban follon, pero el follon nunca terminó pasando. Sin embargo nos comimos unas hamburguesas estupendas un enjambre de camareras que no tenían nada más que hacer, porque estábamos sólo  nosotros.  Eran todas maorís y en el pueblo también, y daba la sensación de que llevaban mucho tiempo sin ver occidentales.

 

Cuando vimos que allí no iba a venir nadie más, y con las hamburguesas en el buche, nos fuimos al sobre, donde pude usar una almohada plátano, estupenda para apoyar la cabeza y abrazar al mismo tiempo :D

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